Ese miedo maravilloso


a

Muchos son de la opinión de que el miedo es algo negativo. Sin embargo, el miedo, al igual que la alegría, es un maravilloso indicador que nos avisa siempre de algo. La alegría o la felicidad no es, como muchos piensan, motivo de objetivo vital o camino a seguir o meta a alcanzar. Es sólo un indicativo de que vamos bien por la vida, es decir, de que lo que estamos haciendo es exactamente lo que pensamos y sentimos que debemos hacer. La infelicidad, por lo tanto, sería ese indicador de que estamos amargados por estar realizando algo que en el fondo de nosotros mismos no deseamos. También el mal humor, la tristeza o la depresión son síntomas inequívocos de que debemos cambiar de rumbo, de que algo no va bien. ¿Cambiar de pareja, de trabajo, de vida, de pensamientos, de inquietudes, de propósito vital? Todo debe enfrentarse a esa sirena llamada alegría, felicidad.

El miedo bien entendido nos avisa claramente si estamos o no preparados para emprender un nuevo camino, para tomar esa decisión transcendental en nuestras vidas, para emprender la aventura y de paso ser felices. Un exceso de miedo es simplemente un indicativo de que aún no estamos preparados, de que debemos asumir algunas experiencias o responsabilidades previas antes de abordar el asunto, sea el que sea. En los estudios clásicos sobre el mito, el miedo siempre está representado por monstruos que nos acechan en la senda emprendida. Esos guardianes del umbral están ahí para recordarnos que sólo los más valientes, los más preparados y los héroes de corazón podrán vencer a la bestia que todos llevamos dentro. Ser héroe es sólo seguir la verdadera naturaleza de nuestro corazón, de nuestro sentir interior, es reconciliarnos con aquello que palpita dentro y emprender el viaje.

El miedo es redentor en ese sentido. Si no fuera por él, penetraríamos en empresas que seguro terminarían mal. Por eso es una señal, un indicador al que debemos tomar con sumo respeto y atención. No significa que ese no sea el camino, simplemente nos avisa de que aún no estamos preparados y de que, a veces esa preparación puede tardar años y años.

Cuando hay ausencia de miedo ante una decisión, ante el reto de emprender un nuevo camino, entonces es que ha llegado el momento preciso para poder comenzar una nueva vida, un nuevo rumbo personal. Ninguna bestia interior, ningún cíclope nos alejará de nuestro cometido. Ningún dragón será lo suficientemente grande como para vencer nuestras ganas de aventura.

Si una idea nos aterra es mejor dedicar más tiempo a su preparación. No hay prisa, todo es cuestión de experiencia o sabiduría o conocimiento sobre las cosas. El miedo normalmente nace sobre el hecho de ignorar las causas que deberemos emprender, y por consiguiente, sus efectos. Sin embargo, la luz del conocimiento, la seguridad de sabernos ya en esas situaciones en el pasado debido a la sabiduría que nace de la experiencia nos hará crecer y salir airosos de toda empresa.

Por eso no tengáis miedo a tener miedo. Que esa idea no os perturbe. Y tampoco tengáis temor a decepcionar a nadie. A veces es mejor dar un paso atrás, recalcular todo, empezar de nuevo, antes que precipitarse por un abismo irreconciliable. A veces es mejor tener miedo, porque es señal inequívoca de que no estamos preparados. Y luego, una vez preparados, no tengáis miedo y lanzaros a la aventura.

(Foto: © Kasia Derwinska)

A modo de desahogo…


a

Nos llevamos un disgusto cuando unas horas antes de la firma del traspaso del local los futuros inquilinos nos llamaron para decir que no se quedaban con el mismo. La verdad es que se nos quedó cara de póker. Siete viajes de ida y vuelta para terminar de mudar todos nuestros libros y un montón de eventos programados para diciembre anulados para que los nuevos inquilinos pudieran disfrutar del inmueble. Siete mil euros de traspaso perdidos y un montón de previsiones incumplidas tan sólo porque en este país se perdió el respeto a la palabra y nosotros, gente confiada, no supimos darnos cuenta de que no todo el mundo entiende sobre el valor y la responsabilidad de las cosas.

Cansados y abatidos ayer nos tomamos el día con mucha filosofía. Intentamos cumplir con las exigencias diarias y pasamos a modo de buen humor para que el cabreo no terminara abatiendo nuestras alas.

Hoy nos levantamos, nos fuimos a trabajar en las mil cosas que rodean a este proyecto y asumimos que no podíamos hacer nada ante estos acontecimientos, excepto el seguir aprendiendo sobre la condición humana. Solo respirar profundamente mientras vemos como las vacas pastan en el prado de al lado, como las gallinas revolotean de un lado para otro sin importarles mucho la lluvia fina que cae a cada rato. Sólo nos queda observar la quietud de los árboles despoblados de sus ramajes, con esos tonos ocres que nos recuerda que es tiempo de recogimiento, de meditación interior, de fortaleza para aguantar el cada vez más cercano invierno.

Por suerte en esta humilde caravana se está bien. Ayer lo hablaba con Carolina: a estas alturas de la vida pocas cosas materiales podrían sorprendernos, ni tan siquiera las pérdidas como la sufrida estos días. Ya casi todo nos parece anecdótico, aunque cojamos algún cabreo necesario cuando la ocasión lo requiera y necesitemos a veces desahogarnos describiendo situaciones aparentemente incomprensibles. Digo aparentes porque ya sabemos a estas alturas de la vida eso de que nosotros tenemos mil planes en la cabeza y la vida uno magnífico y maravilloso para nosotros. De eso sí estoy convencido.

Quizás por eso nuestras aspiraciones ya no tienen nada que ver con esa asfixiante sensación de tener que llegar a fin de mes para no se sabe muy bien qué. Ya no queremos llegar a fin de mes. Queremos abrazar cada día con lo que trae, no importa si eso que nos llega podemos calificarlo de bueno o menos bueno. La vida sabe tejer las cosas de forma correctas para que todo encaje a la perfección, aunque nosotros no entendamos nada, aunque suframos aparentes pérdidas y decepciones. Es cierto que nos preocupa esa informalidad de la gente, no porque nos afecte a nosotros sino porque de alguna forma repercute a todos los que aquí nos visitan, pero sabemos que por algo ha ocurrido. Así que al mal tiempo, buena cara, y a seguir adelante, buscando fórmulas imaginativas para que el día de hoy esté lleno de experiencias positivas e imágenes inolvidables. Y trabajando mucho para preparar la acogida de fin de año, donde nuevos retos se presentarán y donde el significado profundo de la palabra luz tendrá mucho que enseñarnos y mostrarnos. Sigamos alegres y positivos hacia delante. La vida sigue, la vida se perpetua a pesar nuestro.

Preparando el Año Nuevo en O Couso


a

¿Aún pensáis que es imposible pasar un fin de año sin drogas, sin alcohol y sin artificios y además disfrutar del mismo como nunca antes lo habías hecho? Ya somos casi treinta personas con ganas de pasar un año nuevo diferente. No haremos ningún guateque, ni brindaremos con cava. Seguramente el salón no dispondrá de las comodidades y lujos que ese momento merece y disfrutaremos de una cena sin excesos. Tampoco nos dio tiempo a poner ventanas, cambiar techos, habilitar lavabos, disponer de algo de calefacción. A nadie de los que viene le importa la precariedad o la humildad de todo lo que se van a encontrar. Buscaremos fórmulas apropiadas para que todo fluya de la mejor manera. Cenaremos todos en familia y haremos que esa noche sea inolvidable. Nos bastará compartir el cariño y el amor a la vida para entender que las celebraciones son un momento de renovación y compartir, un momento de sentir la unidad de la familia humana.

Estamos llegando a acuerdos con los amigos de los albergues vecinos para quien lo desee pueda dormir esa noche calentito. Dispondremos de un piso en Samos donde poder ducharnos y donde podrán refugiarse también aquellos que lo necesiten. Para los más valientes estamos habilitando las caravanas con estufas para que no pasen frío. También estamos trabajando en la decoración, en los preparativos. Hay que celebrar este primer cambio de año en O Couso y queremos que sea especial. Seguiremos sin tener agua corriente ni duchas ni siquiera ventanas o lavabos, pero estamos convencidos de que todos, a pesar del frío y la lluvia, viviremos un momento único.

Así lo confirma toda la gente que sigue conviviendo y visitándonos en estos días a pesar del clima adverso y de las humildes condiciones en las que nos encontramos. El invierno agudizará nuestro ingenio y hará que nos enfrentemos con mayor alegría a lo adverso. Esa es nuestra consigna, al mal tiempo, buena cara.

Si aún estás pensando en acompañarnos por favor no dudes en escribirnos a info@dharana.org diciendo cuantos sois y qué día llegáis. Queremos ofrecer la mejor de las acogidas y para ello es necesario disponer del mayor orden posible.

También si tienes un plan alternativo y no puedes venir pero te gustaría apoyarnos o estar presente de alguna forma no dudes en decirlo. ¡Te esperamos en cuerpo o espíritu! Aquí estamos para ofreceros los mejor y acogeros con todo el cariño del mundo.

La inevitable recuperación de nuestro santuario


a

Esta tarde mientras volvía de mi cuarto viaje de mudanza me entretenía recordando como los templos, especialmente aquellos que se construyeron antes del siglo XVI, estaban orientados al Oriente, a la salida del sol. Al mismo tiempo que repasaba la historia de esta peculiar forma de enfocar los templos hacia la luz, de ese Ex Oriente Lux que ya se practicaba en la antigua Roma, recordaba la larga conversación que ayer tuve el privilegio de mantener con un joven cargado de entusiasmo por el mundo del espíritu.

Ante su curiosidad, le expresaba mi preocupación sobre ese otro templo, ese santuario representado por nuestro cuerpo, esa nave que alberga al Guardián, al Morador de los antiguos textos. Un templo que ha sido profanado, un lugar que en el mejor de los casos sigue sirviendo para acumular todo aquello nacido de nuestra psique, de nuestras costumbres, de nuestra abrumadora vida.

Resulta complejo pararse a pensar por un momento sobre la extraordinaria naturaleza de nuestro cuerpo, y sobre la importancia de tenerlo limpio, higiénico, preparado para albergar esa luz que nace del Oriente. De hecho, ignoramos este dato. Nuestro cuerpo, nuestra mente, no está enfocada en ese oriente ni en ningún otro. No esperamos por las mañanas a que nazca ningún sol, ni a que ningún rayo ilumine ningún altar. Estamos totalmente distraídos en las tareas diarias. Nos levantamos temprano, medio en sueños, nos aseamos, nos vestimos, desayunamos algo y vamos al trabajo, ese lugar donde pasamos casi todo el día y nos permite algo de dinero para poder comprar algo de comida, algo de vestido y cohabitar algún apartamento que tenemos a medias con algún banco. En esa rutina nos movemos y tenemos nuestro ser, nuestra consciencia, sin caer en la cuenta de que somos algo más que todo eso, y de que merecería la pena explorar más allá de ese ritual diario.

A veces tenemos la sensación de que la vida desea expresarse de forma artística, es decir, imaginativa, expansiva, depositando cierta sabiduría más allá de todo límite. Sentimos que eso podría ser posible si fuéramos capaces de empezar a construir ese templo interior, respetuoso, sagrado. Levantarnos con calma cada mañana buscando la luz de Oriente, no importa qué Oriente. Sentarnos cómodamente para conectar con ese rayito de luz e invocar las fuerzas creadoras de la vida. Sentir como esa luz de vida alberga nuestro templo y nos protege. Sentir y observar como esa vida fluye por cada uno de nuestros recovecos y poros. Sería hermoso poder dedicar unos minutos al día a consagrar este cuerpo, alimentándolo de forma saludable, limitando el uso de tóxicos que puedan dañarlo, disfrutando de su salud como oportunidad para que el Morador, con algo de paciencia, empiece a dar muestras de vida y empiece a expandir nuestra consciencia hacia ilimitadas experiencias.

Sería hermoso que en cada instante tuviéramos consciencia de esto, y que algún día, pudiéramos convertirnos necesariamente en luz viva, en un radiante santuario capaz de albergar desde una buena voluntad, amor y sabiduría. Quizás con unos pocos minutos de atención sobre nosotros mismos consigamos grandes logros futuros. Y quién sabe qué clase de influencia positiva podemos llegar a ser. Quizás esa sea nuestra tarea diaria: la inevitable recuperación de nuestro santuario interior.

(Foto: © Janek Sedla)

Todo para ellos


a b

Es fascinante atravesar las montañas cargadas de niebla. Es como entrar en otra dimensión, especialmente cuando sabemos que alrededor de todo sólo hay bosques y cumbres que reservan sus secretos para siempre. Uno se siente un poco caballero entre los caminos. Sabedor de algo especial que se cuece en el atanor de la vida y sus destinos y amante de todo ese ciclo inmortal que transcurre en silencio, en sigiloso movimiento continuo.

Con tanto viaje hemos perdido la noción del tiempo. El sábado dormíamos en Madrid y el domingo volvíamos a O Couso para luego el mismo lunes volver a Madrid y hoy a O Couso. Y mañana de nuevo a Madrid, y así todo lo que resta de semana hasta que completemos esta nueva mudanza. Pura impermanencia.

Ayer vivimos momentos emocionantes en la última meditación en Dharana. Casi no tengo palabras para expresar todo lo que ese lugar ha significado. Todos sentimos mucha pena por el cierre, pero al mismo tiempo, palpitamos en el ambiente una especie de impulso hacia algo mayor y mejor. Somos conscientes de la necesidad, de la urgencia de actuar. Ahora estamos aprendiendo a hacerlo con la mayor de las sabidurías. Para eso a veces hay que errar, porque al fin y al cabo es la propia experiencia lo que nos dota de esa sensibilidad especial hacia las cosas. Es cuando practicamos los caminos cuando de verdad podemos afianzar la enseñanza de los mismos.

Ver mapas, especular sobre las cosas, ayuda a hacernos un perfil aproximado de la experiencia. Pero no tiene nada que ver con la misma. Por eso sentimos que Dharana nos ha abierto a todos una gran puerta con la que poder sujetar desde ese plano arquetípico fórmulas apropiadas para ejercer en el futuro mayor seguridad y temple en la puesta en marcha de puntos de luz, de lugares para compartir.

Un punto de luz no deja de ser un foco de esperanza, de fe en el ser humano y en su condición plena. Es un lugar de encuentro donde se concentran las fuerzas necesarias para impulsarnos como meros transmisores de algo mayor que nosotros, algo más bello y transcendental. De ahí la necesidad de materializarlos, de precipitarlos desde lo más alto hacia lo más cercano. De ahí la urgencia de aunar esfuerzos para formar parte de esa luminaria invisible que pretende encender nuestros corazones.

Hemos practicado los caminos y alguna huella habremos dejado en esas almas con las que hemos podido disfrutar de tantas cosas. Nos dimos cuenta cuando ayer, en la despedida, la niña Giomar explotaba a llorar tras la meditación y el ágape. Sus hermosos padres nos decían que los niños no hacen más que hablar de O Couso, y de que les gustaría irse allí a vivir. La verdad es que escuchar estos testimonios que nacen de voces inocentes nos llena de fuerza para seguir adelante. Así que no importa cuantos viajes tengamos que dar esta semana. Todo será para gloria del gran arquitecto de esta conjura hermosa. Todo para ellos, nada para nosotros, como decía la caballería espiritual de antaño. Así nos sentimos, caballeros andantes, buscadores del Grial oculto, amantes de los Caminos. Seguiremos adelante, inevitablemente.

Despedida de Dharana


DSC_0161 DSC_0164

Esta mañana salía temprano de O Couso para dirigirme a Madrid. Aquí me esperaban miles de libros para ser empaquetados. Decía hoy a Laura que nuestra editorial debería llamarse Ediciones Itinerantes, ya que desde que se creó ha sufrido al menos siete mudanzas.

Lo de la mudanza de la editorial es lo de menos, uno termina acostumbrándose al trajín de las cajas de libros a la espera de que lo digital se imponga y ese trajín romántico desaparezca con seguridad.

Pero sí nos afecta de alguna forma el tener que cerrar el centro Dharana, un bonito lugar que se había construido con mucho amor y alegría. Los martes era especialmente bonito ver como una veintena de personas se unían en la meditación. Presentaciones de libros, conciertos, encuentros con autores… Algo se deja aquí, muchos momentos, mucha magia, mucho amor. Sobre todo la hermosa vida de barrio, con sus tertulias, sus chismes, su apoyo incondicional y la tristeza porque nos vamos. Malasaña y su calle Minas nos han adoptado en el corazón.

Laura Bermejo, su última guardiana, insiste una y otra vez en que volveremos. La verdad es que a todos nos gustaría volver, que se abriera otro centro Dharana aprovechando la experiencia y sumando mucha más luz en lugares como Madrid. Aún no sabemos como será esa vuelta, pero tenemos toda una vida por delante para materializarla, pensarla y abordarla.

Ahora lo que importa es poder trasladar todos los libros hacia el norte. Laura pensaba que sería una buena idea, a nuestro estilo romántico, crear el próximo fin de semana una caravana de libros, de personas que se animen a hacer una excursión a O Couso cargando el coche de libros. Puede que sea divertido. En todo caso, esta próxima semana nos esperan muchos viajes de ida y vuelta hasta que la mudanza total esté completa.

Realmente el mágico mundo de la impermanencia tiene sus cosas. Aprendes en esta vida a no apegarte a casi nada, a tomar decisiones rápidas para poder estar al ritmo de las olas de esta inmensa marea que es la vida. Hay personas que tardan decenas de años en tomar decisiones que nosotros hemos tomado en dos tardes. No son decisiones locas ni irracionales. Son simplemente movimientos que pretenden ensayar en la práctica el deseo interior. A veces ese ensayo práctico y pragmático funciona y otras veces no. Lo bonito de todo es que el aprendizaje es intenso, y que de cien errores siempre aparecen diez aciertos que lo valen todo.

El cierre de Dharana no lo vemos como un error. Nos ha dado tanto en tan poco tiempo que en cierta manera nos sentimos satisfechos por el experimento. Durante muchos años quisimos tener una librería. Por unos meses hemos cumplido el sueño de ser libreros. Hemos aprendido lo que se teje detrás de cada libro en el ciclo completo: escribirlo, editarlo y venderlo. De los tres, sin duda lo más difícil es venderlo.

Esta noche dormiré aquí, en la sala de meditaciones. Es una forma de despedirme cargado de energía y de forma simbólica, posar en la horizontal, en sueños, para estar eternamente agradecido al lugar. Convertimos un bar de copas en un pequeño punto de luz. Misión cumplida. Ahora que otros recojan sus frutos.

Cuando seas una llama


a

La maestría que caracterizaba a aquellos que habían emprendido el camino del Arte consistía en arder como una llama dulce y lenta. Siempre deseamos responder a la idea de personas rectas, como esas escuadras que se situaban estratégicamente en la construcción de cualquier edificio. Una escuadra bien alineada procura la construcción de un edificio con gran solidez y fuerza. La virtud humana es esa escuadra, ese temple que hace que nuestro edificio interior se fortalezca ante cualquier intemperie o circunstancia. Además, nace en esa maestría, en ese arte, el deseo de ser creativos, de ser creadores. Por eso se dice que nos convertimos en seguidores del Arte Real, es decir, del poder creador que la propia creación nos ha dotado.

Buceando en esa rectitud, en la experiencia de esa plenitud, acudimos al afán de poner nuestro trabajo artístico y vital en relación con el cosmos, es decir, de alguna manera sentimos el deseo de explorar las leyes de la naturaleza para traerlas y experimentarlas en la propia existencia terrenal. Ese afán nos conduce a avivar la llama interior, la tenue luz que desea iluminar ese camino. De alguna forma nos convertimos en llamas portadoras de ese conocimiento y ese poder creador.

Un símbolo, para serlo de verdad, debe operar en siete niveles. El ser humano, para ser completo, debe tener la capacidad de poder operar en siete dimensiones. Ocuparse pragmáticamente del mundo material, adecuando lo mejor para soportar una existencia equilibrada. Respirar adecuadamente la vida, sentirla en cada poro como ese algo etérico que todo lo engloba, como esa akashya invisible pero real. Utilizar la fuerza y el balance de las emociones positivas para mover hacia buenos objetivos todo aquello que merece la pena. Investigar desde los planos mentales cuales son los mapas más adecuados para la construcción de un buen edificio. Y luego utilizar el sagrado triple fuego de la Voluntad, el Amor y la Sabiduría para reconducir toda la vida hacia el bien común. Ahí está la labor de nuestra llama.

Hay mucha gente que limita su vida al primer aspecto de la existencia, el material, obviando todas las demás dimensiones del ser. Nos pasamos toda la vida preocupados por el qué comeremos, el qué vestiremos o donde habitaremos sin pensar por un momento en todo lo demás. En cierta medida eso produce un fecundo vacío que va minando nuestras fuerzas vitales, nuestras emociones, nuestros pensamientos e inclusive nuestra propia alma, la cual, triste y melancólica, se aleja de nosotros hacia lugares lejanos.

De ahí la necesidad de encender la llama interior. Esa llama produce luz, lucidez, claridad suficiente para poder divisar más allá de los aspectos materiales un mundo inmenso de creación y arte. También calor y amor. Por eso, cuando seamos llamas, seremos seres completos, capaces de cocrear y compartir, de portar luz y alegría al mundo. Cuando seamos llamas, nuestra misión será la de ofrecer al mundo un mensaje optimista y alentador. Seremos, inevitablemente, transmisores de conocimiento, de lucidez, de paz y dicha.

(Foto: © Michael Yamashita)

 

 

A orillas de lo excepcional


a

Escuchamos la lluvia. A pesar de que estamos ya casi a final de noviembre aquí dentro de la caravana superamos los quince grados. Eso, para nuestros cuerpos ya acostumbrados a la lluvia y el frío es casi un calor primaveral. La estufa de gas está haciendo un buen servicio y nos alivia pensar que incluso en una noche nevada podríamos estar aquí viviendo plácidamente. También hay una ayuda complementaria: las bolsas de agua caliente. Bendito invento. Por dos o tres euros podéis comprar una. Os recomiendo esa sensación de tener toda la noche algo caliente bajo los pies. Es como dormir arropado por un inmenso osito de peluche.

Me doy cuenta, y me siento feliz por ello, de que a pesar de las circunstancias que para muchos podrían ser terribles, nosotros las vivimos como algo excepcional, casi como algo maravilloso. La sensación de libertad ya casi no nos preocupa. Es algo más. Tampoco le damos importancia al hecho de ser o no ser felices. Damos por sentado que al estar haciendo lo que nuestros corazones nos dictan nos sentimos plenos y satisfechos. Eso produce ráfagas continuas de felicidad, de buen humor, de alegría y bienestar interior. Y en ocasiones pensamos con cierta ingenuidad qué más podríamos necesitar excepto lograr unas condiciones óptimas para poder compartir tanta dicha.

Nos damos cuenta de que todo esto es posible en cualquier circunstancia, al mismo tiempo que valoramos que unas ayudan mucho más que otras. Ninguna es despreciable, porque todas forman parte de nuestro aprendizaje humano, pero estar a las orillas de esta vida diferente e incomparable nos hace valorar cada instante, cada experiencia nueva como un auténtico regalo. Quizás sea porque al ordenar el tiempo de forma diferente hemos abierto un portal de oportunidad para valorar con más detalle cada instante de nuestras vidas.

Me gustaría poder invitar a todo el mundo a que valorara la vida como lo que es: una experiencia excepcional, irrepetible y única. Nunca somos conscientes de lo limitado de la misma, y, además, de lo irrepetible. Mientras esta mañana de nuevo brocha en mano pintaba una de las habitaciones del nuevo apartamento me daba cuenta de lo excitante de coger esa brocha y saberme único en ese momento. Sentía como la vida que recorre cada una de mis células traspasaba mi cuerpo y se fusionaba con todo lo que existe ahí fuera. Era consciente de que la vida no nos pertenece porque es como una capa etérica que flota por unos kilómetros sobre nuestras cabezas y lo envuelve a todo, hasta el último rincón oscuro.

Bendita vida y bendita excepcionalidad. Justamente ahora, mientras escribo aquí en la caravana y observo toda la vida que dormita ahí fuera siento una sensación extraordinaria. Precisamente porque somos extraordinarios viviendo un momento extraordinario. Mover un dedo, respirar, sonreír cómplice, guiñar un ojo mientras el agua resbala por las ventanas. Recordar viejas historias, viejos abrazos, mientras que al mismo tiempo imaginamos los futuros sintiéndolo todo en este perpetuo ahora que engloba todos los tiempos.

Sí, somos seres excepcionales, cada uno de nosotros en nuestros grados y condiciones, a pesar de nuestras circunstancias. Sólo tenemos que mirar uno de nuestros dedos, ver como se mueve y sentir que formamos parte de esa inmensa red de vida que todo lo envuelve. Sólo tenemos que respirar para darnos cuentas de todo eso y sentirnos privilegiados y honrados por tan profundo y extraordinario regalo. Veneremos la vida, cada instante, y demos gracias por tanta maravilla. Vivamos intensamente el misterio desde nuestro propio propósito interior.

(Foto: © Caras Ionut)

Un acto de libertad


DSC_0151

Cualquier observador objetivo diría que hoy es un día especial. No siempre ocurre que puedas, además en tiempos de crisis, poder comprar un pequeño piso y pagarlo al contado. Varias circunstancias se dieron para eso. La primera tiene que ver con un golpe de suerte empresarial. Algo tuvimos que hacer bien en el pasado para que en este presente llegara un dinero inesperado.

Intentamos, con al menos parte de ese dinero arreglar los tejados de la casa que compramos para el proyecto O Couso, pero por un golpe de mala suerte, no pudimos encontrar a nadie que nos lo pudiera hacer. Eso nos ponía en un grave apuro a la hora de ofrecer este invierno unas condiciones adecuadas para acoger a las personas que vendrán a celebrar el año nuevo a nuestro lado. También ante la incertidumbre de no saber como puede ser la supervivencia en las caravanas cuando el invierno aceche ahí fuera. Empezamos a buscar alternativas y vimos que había un pequeño piso que la compañía estatal de Correos subastaba. Empezamos a pujar y como fuimos los únicos en hacerlo, pudimos sacar la subasta por diez mil euros menos de lo que solicitaban. Otro golpe de suerte. Por menos de la mitad del dinero que habíamos recibido y por menos de lo que me había costado mi último coche nos hicimos con un piso en el centro de la ciudad de Samos.

La mala suerte de tener que cerrar el centro de Madrid revierte en la buena suerte de tener un lugar en Samos donde refugiar a todo aquel que por circunstancias diversas no pueda aguantar las incomodidades de la vida campestre aquí en el bosque. Eso para nosotros es una satisfacción porque no todo el mundo puede soportar el hecho de que aquí arriba no dispongamos de agua corriente, ni de duchas, ni de lavabos ni de electricidad.

La otra ventaja que vemos es que podremos traer a ese lugar nuestras empresas, ahorrando así alquileres y otros gastos que a veces resultan imprescindibles para cualquier negocio, y también, dicho sea de paso, difícil sostener en los tiempos que corren.

Visto desde la distancia, lo que en un principio parecían actos de “mala suerte” con el tiempo ha ido cogiendo forma y casi de manera algo mágica ha situado nuestra ya de por sí privilegiada situación –vivir en una caravana tiene muchas ventajas- en algo extraordinario. De hecho tememos que el halo romántico de esta situación se difumine algo por la cosa de tener un lugar adicional donde ducharnos, donde disponer de una lavadora o incluso un lugar donde pasar algún tiempo de relax si el frío fuera excesivo. Cualquiera diría, visto desde fuera, que nos estamos aburguesando. Sea como sea, nos sentimos satisfechos por la manera en que todo se ha desarrollado y tejido. Es como si al tomar la decisión radical de venirnos a vivir al bosque viniera acompañada de cierto «dharma» añadido. Y además todo de forma tan rápida, porque fue empezar a tomar decisiones cuando el universo empezó a su vez a darnos hermosas sorpresas.

Cuando esta mañana firmábamos en la notaría de Santiago de Compostela la compra del piso y lo pagábamos al contado, sin hipoteca, los vendedores de Correos y la inmobiliaria casi no daban crédito. A decir verdad, nosotros tampoco. Esa especie de sensación de libertad, de no depender de bancos, de hipotecas, de intereses debería ser el ideal a alcanzar. En lo profundo de toda la cuestión, para nosotros que habíamos perdido algunas casas en el camino era como un verdadero acto de psicomagia. Una especie de regalo por haber aguantado las inclemencias del destino y a su vez, no haber renunciado a nuestros sueños más profundos. La magia, dicho así, a veces se manifiesta a raudales.

Ahora que todo parece tomar cierta forma, nuestra prioridad consiste en construir con nuestras manos todas las casas que sean posible para que muchos puedan beneficiarse de esa clase de libertad. Disponer de una vivienda digna sin amañar con ello tu existencia de por vida. Ojalá esto se convirtiera algún día en un alto ideal universal.

(Foto: Esta mañana en la notaría de Santiago mostrando el título de compra de la vivienda).

La hermosa sabiduría de un loco


 

 

Cuando esta mañana intentaba editar “El Camino del Loco” ante la lluvia y el frío que llega en este hermoso otoño, me encontraba de repente visionando el video que la amiga Suzanne me había enviado. En él aparece un “loco”, Matthew Silver, quizás el loco más cuerdo que jamás haya visto en mi vida. Semidesnudo, como el loco de las cartas del tarot que enseña sus secretos y los comunica a los durmientes, este loco generoso y moderno nos habla con rotundidad de lo verdaderamente importante.

Ante la pregunta de cual es el sentido de la vida el loco responde: “Vivir en el misterio y encontrar el propósito”. Esta frase es lapidaria, profunda, enigmática, vital y necesaria. Apunta desde una perspectiva profunda e inquietante cual es el verdadero sentido de la existencia del ser. No tan sólo vivir en el misterio , estado de gracia que los ocultistas de todos los tiempos, los místicos y religiosos de diferentes filosofías ya lo advierten, también vivir enfocados en nuestro propósito vital. Pero el loco va aún más lejos y nos advierte con rotundidad: “y vivir en el ahora”. ¡En la magia del ahora! ¡En el amor! Ese es el profundo significado de la existencia, poder respirar en ese ahora, aquí, en este instante, y contemplarlo desde la compasión y el más insondable amor.

¿Cuál es tú recuerdo más aventurero? Le preguntan. Y la respuesta no podía ser más elocuente: «¡¡¡Éste!!! ¡¡¡Recuerdo éste!!! ¡¡¡Éste es la aventura!!! ¡¡¡Éste es el recuerdo!!!» Sí querido, el recuerdo de éste momento y no otro, el recuerdo de nosotros mismos y la aventura de sabernos vivos en este maravilloso viaje del ahora.

¿Qué consejo tienes para las nuevas generaciones? Le vuelven a preguntar. «¡¡¡Vivan el momento!!! ¡¡¡No envejezcan!!! ¡¡¡No juzguen a la gente!!! ¡¡¡Porque no puedes ser libre cuando juzgas!!!»

¡¡¡Amen ahora!!! ¡¡¡Creen!!! ¡¡¡Inspiren!!!

¿Cómo defines la libertad? La respuesta de nuevo sabia y contundente: “Hacer lo que uno ama”

¿Qué es lo que amas? ¡¡¡Esto!!! ¡¡¡El momento!!! ¡¡¡Amar ahora!!!

¿Qué otro consejo tienes para nosotros? “Que ya están haciendo… Qué siempre hagas lo que esté en tu corazón… ¡¡¡No pueden alejarse de su corazón!!! Porque la vida es una paradoja… Es un espejo de la confusión… Entonces… amen… ¡¡¡ahora!!!”

¿A quien amas? ¡¡¡Yo los amo!!! ¡¡¡A todos!!!

La enseñanza más grande y profunda que he escuchado nunca… Gracias querido Loco por esta sabiduría eterna. Gracias por caminar como un verdadero cuerdo.

Pd. Para saber más:

Matthew Silver es un hombre que recorre Nueva York casi desnudo haciendo y diciendo cosas que la mayoría de sus conciudadanos nunca se atreverían a hacer ni a decir; en esta ocasión en particular, predicar amor para ellos a todo pulmón.

http://www.maninwhitedress.com/

 

El peligroso contacto con el recuerdo


a

Si miramos a nuestro alrededor, sin aún saberlo, vivimos en una especie de escenario. Nada de lo que hay en él es real. Todo, absolutamente todo, está condicionado por nuestras proyecciones sensitivas, emotivas y pensamientos. La configuración del mundo que nos rodea es maleable, moldeable, flexible. Podemos estar tristes o alegres y eso condicionará totalmente eso que llamamos realidad. Un día maravilloso para unos puede ser atroz para otros. Está en juego nuestra supervivencia y también la supervivencia del escenario que hemos montado, que al fin y al cabo es nuestro espacio de seguridad psicológica.

Muchas veces ese escenario no nos gusta. De repente vemos que todo lo que antes tenía un valor empieza a derrumbarse. Eso ocurre cuando por algún motivo ha existido un cambio profundo en nuestro interior. Ese cambio a veces tarda un día, dos años o toda una vida. Hay gente que nace y crece en su mismo barrio. Que trabaja toda la vida en un mismo trabajo o tiene los amigos de siempre. Es gente que no ha necesitado o no ha percibido un cambio real en su interior. Cuando nada cambia por dentro, nada cambia por fuera. Es posible que haya existido una pequeña transformación en el mundo de las creencias, o el conocimiento se haya ampliado y podamos filosofar de una u otra cosa. Pero a niveles existenciales, todo sigue igual. Nuestros patrones de vida siguen inamovibles.

Hay otra gente que cambia de escenario cada dos días o cada dos años. Nuevas amistades, nuevos trabajos, nuevos lugares donde vivir. Ese exceso de cambios a veces tiene que ver con una realidad incómoda de la que se huye. Otras a esa exagerada necesidad de dar cabida a todo un mundo de curiosidad y conocimiento. A veces muchos cambios exteriores no son sinónimo de cambios interiores. Tan sólo son esquivas, insatisfacciones continuas o meras inquietudes.

Existe sin embargo, un cambio de naturaleza diferente que tiene que ver con lo que Platón llamó anamnesis. Trata de la capacidad que tiene el ser para recordar todo aquello que olvidamos cuando venimos a la vida. Realmente es una percepción diferente de las cosas, no necesariamente sujetas a nuestros impulsos emocionales o circunstancias mentales. El mundo se ve tal como es, y no tal como nosotros lo imaginamos según nuestras creencias perceptivas. Ese “tal como es” es profundamente hermoso, pero entraña una dificultad añadida, y es la amplitud del marco de referencia, la generosidad de la propia percepción y la dilatación de todo cuanto existe.

En ese estado de cosas lo que antes parecía importante ahora deja de serlo. Lo que antes era primario ahora pasa a un segundo plano. Se abre una visión diferente del mundo que nace de lo que Gurdjieff llamó el recuerdo de sí mismo. De alguna forma se abren portales a dimensiones hasta ahora ignoradas. Entonces esa plasticidad del mundo se convierte en un campo de experiencia diferente. La vida cobra un sentido vasto de considerable holgura donde poder estar enfocados en algo mucho mayor que la propia necesidad de cuidarnos a nosotros mismos. Cuando de repente nos topamos con esa visión, con esa intrínseca contemplación meditativa, todo lo que antes eran problemas se transforman automáticamente en mensajes o aprendizajes. Todo lo que antes eran meras dolencias emocionales ahora se ven como un mar donde navegar y fortalecer la presencia del ser. Somos conscientes de que todo cuanto existe es un mero escenario que podemos cambiar a nuestro antojo si con eso damos verdadera salida a nuestra inquietud interior, a nuestro propósito más profundo.

Ya no hay necesidad de entender el mundo, ni de expresarlo con conocimiento. Ahora se es uno con el mundo, se respira con la existencia, se navega en ese éter que todo lo envuelve y se perfila el horizonte como una asombrosa continuidad de la creación. Mirad a vuestro alrededor y contemplad esa profundidad maravillosa. Mirad dentro de vosotros y escudriñar más allá de vuestros límites. Soltar amarras y elevad velas. Es tiempo de navegar por otra dimensión del ser.

El otro día no parábamos de cantar una canción con el mismo mensaje. “Je me suvian, I remember, yo recuerdo”. Recordad quienes sois. Algo importante cambiará en vosotros.

(Foto: © Kasia Derwinska)

El bien está ya cerca


a

“Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.” (Cervantes, Don Quijote)

Mientras hoy ayudaba a pintar el nuevo local de Laura aquí en Galicia intentaba hacer recuento de todos los cambios sufridos en estos años adversos, y de cuantas paredes tuvimos que pintar antes de establecer un timón cierto hacia el norte basado en valores profundos de generosidad y cooperación. La dureza de la crisis golpeó nuestros corazones y nuestras almas. Arrasó con todo lo material y nos quedamos desnudos, prácticamente sin nada. Pero cierto anhelo de supervivencia avivó la llama del optimismo e insufló en nuestra más severa perseverancia la ruta a seguir.

Hace un momento recibía de un buen amigo un informe de casi cien páginas sobre el futuro económico de nuestro país. Sus letras y estadísticas están cargados de optimismo. The Case for Spain III intenta animar a la inversión ante un futuro prometedor y lleno de oportunidades. Nadie diría que ese país que describe el informe es el nuestro, a no ser por la seriedad del mismo.

Quizás exista, en estos tiempos, una sensación de alivio. Subidos a esta tarima flotante que sin ser muy halagüeña, nos ha permitido estar a flote, todo parece que se ve de forma diferente. Ni siquiera sabemos como lo hemos hecho. Tantos años sin trabajo, sin casa, sin posibilidad de futuro, y de repente, nuestra colectividad se ve ante una especial sensación de desahogo. De alguna forma, a pesar de la fractura a nivel estatal que estamos sufriendo, eso que los expertos llaman “una crisis de estado”, interiormente nos sentimos fortalecidos.

A nivel personal no puedo quejarme. Al menos no debería hacerlo. No podría estar contando todo esto de forma tan alegre si no fuera por la enseñanza sacada, la esencia de todo este proceso: lo hemos conseguido porque nos hemos apoyado, porque hemos colaborado unos con otros, padres con hijos, hijos con padres, amigos con amigos, personas con personas. Unos pusieron una mano y otros pusieron otra. Siempre había alguien para ofrecer algo y alguien para recibirlo. Nada hemos recibido de los gobiernos de turno, y sí mucho de la sociedad civil que se ha movilizado para demostrar eso tan manido de que el pueblo unido jamás será vencido.

Ahora nos tocará enfrentarnos a retos mayores. ¿Qué haremos con esa enseñanza? ¿Volveremos de nuevo a la vorágine del consumismo, a ese ciego materialismo que casi nos engulle, o desplazaremos nuestros valores y principios hacia metas más reconciliadas con el ser y el establecimiento de un orden más justo y equitativo? Mi deseo personal es poder contribuir a esto último. Recordar en la memoria colectiva la necesidad del apoyo mutuo en contra de la competitividad desbordante. Memorizar la necesidad de la grandeza generosa en contra del egoísmo incipiente. Desbordar con ejemplos vivos la fortaleza de la cooperación en contra del individualismo y la mezquindad. De ahí que espero estar a la altura en los próximos años y ser un buen ejemplo de todo esto. ¿Qué podría hacer sino en los consiguientes años de vida útil? Sólo dependerá de nosotros y de nuestra actitud que el bien esté ya muy cerca y que además, tengamos la fortaleza y la lucidez para poder compartirlo. Que así sea por muchos años, o al menos, hasta la próxima crisis.

(Foto: Hoy ayudando a Laura Fernandez Giner en su nuevo centro de masajes en Sarria. Puertas que se cierran para permitir abrir otros portales… ¡¡¡Suerte Laury!!!! Que tus manos sanen muchas almas).

Centro Dharana de Madrid: liquidación por cierre


a

Siempre hay cierta tristeza cuando un proyecto no tuvo tiempo de crecer y llegar a su madurez. El Centro Dharana se abrió con mucha ilusión hace menos de un año para dar soporte y cabida a proyectos que pudieran apoyar todo lo que estamos haciendo en O Couso. Todos sabemos que cualquier proyecto necesita al menos un par de años para consolidarse, pero viendo el aluvión de personas que nos visitan diariamente en O Couso y todas las necesidades imposibles de atender en el día a día nos imposibilitaba estar presentes en el Centro de Madrid como se merecía. Así que tristemente hemos decidido cerrarlo y centrar todas nuestras energías en Samos.

Pensamos y sentimos que no es un cierre definitivo, que la experiencia de tener una base en Madrid es hermosa y necesaria. Cuando tengamos más recursos o más voluntarios que puedan ayudarnos en esta tarea volveremos a estar de nuevo allí. De momento hemos decidido venir a vivir a O Couso y así atender la acogida ya que mucha gente se acerca a diario a conocer el proyecto y ver en qué fase se encuentra a pesar de que ni siquiera tenemos agua corriente o electricidad. Incluso ahora en invierno no paramos de acoger gente bonita.

En el Centro Dharana hemos podido compartir un trozo de toda la filosofía que queremos ofrecer. Sin duda, han sido muchos momentos emotivos y han sido muchas tardes especiales, sobre todo la de los martes, donde un continuado grupo de unas quince o veinte personas se reunían siempre para disfrutar de una hermosa meditación.

Ahora toca tiempo de dar las gracias a todos los que habéis participado en este reto y de invitaros a unir fuerzas para seguir adelante. Nada de lo que allí se ha hecho ha sido inútil o estéril. A todos de alguna forma nos ha ayudado a practicar un relato diferente de nuestras vidas.

Así que gracias, gracias, gracias de corazón a todos por vuestro amor y cariño.

El centro estará abierto en la Calle Minas, 13 hasta finales de noviembre. Habrá ofertas en libros y en todos los productos que allí tenemos. Todo lo que se recaude irá a parar a O Couso, lo cual nos ayudará a seguir habilitando lugares donde la gente que viene pueda estar acogido en invierno y pueda ser recibida con una sopa caliente y un corazón ancho.

Seguimos adelante… Un abrazo sentido…

 

 

11N


a

Por primera vez, liberado de las cadenas del estado, el individuo podrá desplegar su talento, su inventiva, su genialidad y su instinto de apoyarse en sus semejantes y a la vez protegerlos”. Proudhon

Hoy he dormido en el local donde tenemos un pequeño lugar de meditación en Madrid. Ha sido un placer enorme poder despertar junto a la vela que a tantas almas ha iluminado en estos últimos meses. Por desgracia esa vela se extingue. Hay que apagarla por un tiempo y trasladarla a lugares seguros, donde pueda permanecer aún más libre de prejuicios, de pensamientos peligrosos, de ausencias, de creencias infantiles, lejos de banderas y patrias. Incluso lejos de estructuras y adormideras del espíritu.

Podía haber dormido en cualquier lugar. Amigos no me faltan en esta bella ciudad de Madrid. Incluso podría haber dormido en hermosos hoteles o en lugares inimaginables. Pero elegí el riguroso suelo de este lugar de meditación para sentir en las carnes esa sensación de libertad que a uno le acompaña cuando hace lo que realmente siente en su fuero interno independientemente de estructuras mayores, ya sean políticas, económicas o sociales.

En mi 11N particular me jacto de haber dormido con un profundo libro de Proudhon donde analiza el anacronismo de los estados y la necesidad de crear colectividades autónomas y autosuficientes capaces de prescindir de mediaciones capitalistas y estatistas.

Es por ello que siento, al igual que Proudhon, cierta perplejidad al observar con sumo detalle los acontecimientos que navegan, en contra de la historia, en Cataluña: la intentona de crear nuevos estados. Proudhon soñó con las federaciones de productores libres. Esta tarde llegaré a una de ellas. Un territorio que hemos liberado del yugo de la propiedad privada para protegerla de los envites del egoísmo y la ignorancia, la separatividad y la competitividad. En ese privilegiado espacio no hay más banderas que las que se enarbolan desde las ramas de los árboles abrazando a otros árboles. Es el bosque y su aliento el que produce el anhelo suficiente de identidad. Son los prados los que originan el alimento que asciende por nuestras venas para sabernos útiles con la tierra. Allí compartimos la inercia del vivir en un estadio justo y equilibrado, sin necesidad de supeditar nuestras necesidades a altares mayores. No tenemos más Dios que el del Amor y más patria que la generosidad que nace de nuestros corazones. Es así como entendemos la libertad. Allí no hay fronteras, hablamos todos los idiomas y nuestra cultura nace de la suma de todas nuestras circunstancias. Nos gusta sumar.

Por eso aborrecemos la idea de esclavitud que encierra ese maremágnum de sentimentalismos en torno a una bandera, a la creación de un nuevo estado opresor y controlador. Por eso nos escandaliza la sola idea de ver a todo un pueblo hipnotizado por una sucesión de manipulaciones emotivas que sólo pretenden favorecer a la ignorancia. Amaríamos a un pueblo insurrecto en contra de un estado tiránico, pero no de una parte de un pueblo que aborrece a un estado con la única intención de crear otro de similar naturaleza. Eso no es ni revolucionario ni procede de ninguna razón de libertad. Es simplemente un ajuste de cuentas histórico que nace de la visceralidad más patética y el degradado sentimiento de xenofobia histórica.

En mi propio 11N me siento libre. He votado dormir en el suelo y me he levantado con la voluntad de cerrar las puertas de la ignorancia y la fácil arrogancia sentimentalista. No os contaré ningún cuento. Pero por favor, no mezáis ninguna cuna. El ser adulto se emancipa por propia naturaleza de banderas, estados y emociones trasnochadas. El desarrollo del alma humana prescinde de arrebatos contra la autoridad y persigue humildemente la unidad y el bien común. Sencillamente porque la única y posible autoridad es la que nace de la lucidez interior y de la generosidad con lo otro, sea lo que sea lo otro.

(Foto: © Ruben Redondo)

 

Los Portales, treinta años de esfuerzo y compromiso


a

Hicimos un hermoso y tranquilo viaje desde Galicia a Madrid y de allí a Córdoba. Pasamos la noche tras un día largo de coche. Tuvimos las llamadas de dos amigos cuyos padres habían fallecido. Así que inevitablemente durante el viaje una reflexión profunda sobre la muerte nos acompañó. La muerte como momento de cambio y transformación, pero también de regeneración de lo viejo por lo nuevo, de oportunidad para que el ciclo de la vida continúe irremediablemente. La muerte como un portal que se abre mientras otro se cierra.

Por la mañana habíamos quedado con un fraile que nos hablaba de impermanencia y advaita. Su rostro era más parecido al de un sufí mozárabe que al de un entregado a la iglesia católica. La “entera” con tomate que tomamos junto a las murallas cordobesas nos supo a poco. Seguimos la marcha atravesando casi toda Sierra Morena hasta que nos adentramos en la Sierra Norte de Sevilla. Allí la Comunidad Los Portales iba a celebrar sus treinta años de existencia y nos habían invitado para poder participar de esa hermosa celebración en un extraordinario paraje natural, una enorme finca rodeada de montañas y valles que daba al sitio una majestuosidad inesperada.

Treinta años dan para mucho. Allí estaban todos condensados. Un trozo de utopía hecho realidad con el esfuerzo de tres generaciones. Treinta años de osadías, de promesas, de ilusiones, de sueños, de muchos sueños. Resulta difícil explicar y condensar tanta historia y tantas historias en un espacio tan breve. Pero ellos lo hicieron de la forma que mejor lo saben hacer: dejándonos soñar.

Cerramos los ojos y cuando los abrimos estábamos rodeados de gente que cantaba y relataba con cierta emoción toda la historia. Asistimos a la sala donde explicaron las anécdotas de la construcción de los edificios, de cómo aquellos belgas iniciaron una aventura asombrosa que cambiaría sus vidas para siempre. Algunos pioneros estaban allí treinta años después, mezclando francés y castellano y sonrisas inextinguibles. Volvimos a cerrar los ojos y nos enseñaron como hacían con la agricultura, como mejoraban la energía, como se danzaba en los sueños para desde una posición junguiana dilucidar un marco terapéutico individual y comunal. Como ellos mismos explican, en la tribu Senoi, el hecho de contar sus sueños al grupo, crea un marco seguro en el que cada uno puede mostrarse en su totalidad, tal como realmente es, sin recibir de los demás más que respeto, empatía y apoyo.

Así lo hicieron en esa entrañable noche. Así nos lo hicieron saber y así lo demostraron. Pudimos disfrutar de unas bellísimas canciones que interpretaron emocionados expresando todas aquellas angustias y alegrías que durante treinta años habían padecido, pero también la hermosa y profunda sensación de que a pesar de todo, había merecido la pena.

Nos dimos cuenta de que la construcción de un nuevo proyecto comunitario, de un portal que intente ampliar la consciencia del conjunto humano, no es una tarea nada fácil. Tomamos consciencia de lo complejo que resulta todo, no tan sólo en los aspectos materiales y económicos, también en los aspectos humanos y relacionales. Siempre faltan manos, siempre faltan estímulos, siempre faltan corazones. Una magna tarea se abre por delante y un gran portal nos espera para continuar, agradecidos por el tesón y el trabajo que se está realizando en Los Portales. Gracias con cariño a todos por vuestro esfuerzo y compromiso. Los Portales continua su labor. Ojalá ayude a muchos a entrever la promesa del nuevo día.

Estuve solo en el bosque y amé los lugares secretos


a

Ego fui sola in sylva, et dilexi loca secreta”, (Helen Waddell, The Wandering Scholars)

Vivimos en el bosque. Caminamos semidesnudos como locos altamente libres de un lado para el otro. Nos agachamos y observamos el mundo etérico de las plantas. Alzamos la mirada escudriñando el halo de los árboles. Cada rama es un pozuelo de sabiduría. Cada tallo es un rayo de luz que alcanza algún cielo. Suspiramos con el corazón ancho cuando vemos posar en una de esas extremidades el suave vuelo de cualquier ave. Los pájaros son representantes de las estrellas. Son seres astrales, como todos los animales cuyo pensamiento aún es simiente. Se mueven por el influjo de la luna, por el deseo y el instinto, por eso es fácil comprender cuanto aman la noche, el sueño.

Cuando tocamos la tierra vemos aquellos seres que la cuidan, que tratan de dotarle de la mejor sabia para que culmine el proceso. Vemos como el rocío perfuma cada trémula hebra de hierba. Vemos atentos como el misterio se perdiga por toda la creación.

La naturaleza te da algo que los humanos han rechazado. Nos ofrece el saber, la luz suficiente para crear sobre nuestras cabezas la estrella de cinco puntas. El conocimiento arcano renace cuando observamos la liebre en los prados o rociamos los brazos con el halo de la montaña. El bosque suspira, palpita en su silencioso balanceo. Reclama el silencio, el callar de los sabios. Murmura íntimos secretos a los pocos afortunados que acaricia.

A veces la tormenta agita nuestro frágil hogar. La lluvia y el viento barren toda impureza y el temor a la debacle nos atropella. Pero algo poderoso nos amarra a la paz de sentirnos fuertes. Algo más allá de nosotros nos aproxima a esas fuerzas, trayendo arquetipos poderosos a nuestras manos.

Cuando caminamos por el bosque observamos atentos cada rincón. En la soledad amamos los lugares secretos que nos llevan hacia el aliento vital de toda existencia. Existe un baile en todo lo creado, una danza sagrada que todo lo envuelve. Se cuece la alegría en las miríadas de vidas que recorren todo el orbe. A cada paso un resplandor superior envuelve el susurro caminante. Sentirnos poseedores y guardianes de estos secretos nos obliga a enfundar el camino del loco para desvelar, con claves y arquetipos, el sendero que toda alma debe recorrer. El sendero del corazón, de la vida interior, de la entrega voluntaria a los sublimes ciclos cósmicos.

Aquí, sentados bajo todas las luminarias, observamos la rosa que crucificada en el pecho arroja luz a todas las almas. El vasto camino de la experiencia se abre para ser practicado. El mundo se expande mientras respiramos al unísono. Respirar, conspirar. Respirar. Conspirar. Ha llegado la época en que el Éter hable claro cara a cara sin disfraz, sin retener nada, en respuesta al profundo escrutinio de las cosas sagradas…

 

Tras el velo de Isis


a

Selene, la diosa de la Luna, adormeció enamorada al pastorcillo Endimión para gozar de él en sueños. Esta alegoría que nace del mito nos aproxima a una realidad mistérica que tiene que ver con el avance de nuestro ser en la vida ordinaria. Con esa necesidad de vivir más cercanos al mundo real que nace de aquello que nos inspiró la vida.

En muchas ocasiones vivimos sedados por un contexto que no sentimos, pero que palpita, a cual hipnosis, en nuestro devenir. Selene, la diosa lunar, pidió al dios Hipnos que durmiera al pastorcillo. Así ocurre en nuestras vidas, por eso es difícil desembarazarse de la diosa Selene, de todo aquello que de forma ilusoria nos adormece y nos aleja de nuestro destino. Muchas veces esta diosa se muestra en forma de seguridad, de trabajo, de bienestar, de pareja, de cualquier tipo de cosa que nos sujeta a una realidad cómoda. Ignoramos que la Isis desnuda nos espera para dotarnos de la visión necesaria y traspasar todos los velos que nos aproxime al camino realmente elegido. Ignoramos que la senda del héroe, que no es otra que nuestro propio camino cuando lo emprendemos con valentía y decisión, nos aguarda cueste lo que cueste.

Existe una materia oscura en nuestras vidas difícil de ver, más aún incomprensible al entendimiento intelectual o filosófico. Sin embargo, actúa de manera eficaz. Es como una sombra que nos han inyectado y que adormece a nuestro verdadero ser. Como si un doble que no fuéramos nosotros interpretara una vida que no nos pertenece. Pero cuando despertamos lejos de ese dormitar lunático, cuando nos desprendemos de ese pesar, de ese camino oscuro, contemplamos ese halo de luz que era representado antiguamente por la diosa Isis. La materia blanca se nos presenta como un camino auténtico y dejamos de habitar en la tierra de los durmientes. La diosa lunar, Selene, nos esclaviza, por ello debemos elegir si ser pastores como Endimión y dormir a los pies de Selene o despertar próximos de la madre Isis, la luz solar, el soplo de vida.

El que despierta más allá del velo que nos separa de Isis debe permanecer atento y vigilante incluso durante el sueño normal. El despierto tiene como función librarse de la influencia de la luna negra y no recaer en la adormidera de los durmientes. Todo aquello que nos aleja de nuestro propósito, de nuestro latir interior, todo aquello que retrasa nuestro caminar debe ser abandonado. Aquí entra en juego un tremendo laberinto de difícil interpretación. El maya, la ilusión de estar en lo correcto será poderoso y desearemos dormir por toda la eternidad para no molestar a Selene.

No es cómodo caminar hacia nosotros mismos. No resulta siempre fácil entender aquello que palpita dentro de nuestra espiral de vida. Hay señales, pequeñas percepciones que a veces nos avisan de cual es la senda.

Existe una especie de extramundo, un lugar remoto, un páramo en tinieblas donde el Espíritu se halla extrañamente humillado y solitario. Allí tenemos la oportunidad de despertar del sueño. Allí podemos enfrentarnos al camino que conduce a nuestra liberación interior. Sólo debemos aprovechar la oportunidad de poder divisar ese lugar y sembrar en él la semilla del cambio. Eso es lo único que permanece y eso es lo único que nos hará despertar hacia la vida nueva.

 

 

La magia de preparar una taza de té


a

El que ha cruzado la última puerta interior se convierte en algo distinto de los demás: queda lleno de júbilo, felicidad y paz”. (J. A. Comenius)

Hay mucha confusión con respecto a lo que es y no es la magia. Algunos hablan de magia negra y otros de magia blanca. La primera tiene que ver con todo aquello que hacemos para obtener poder material. Es decir, es todo aquello que realizamos en nuestras vidas para nuestro propio beneficio. La magia blanca sería aquello que realizamos para beneficio de los demás y que nace de un estímulo oculto y espiritual. Sería algo así como el resultado de dirigir la actividad creativa del mundo intangible hacia el plano de la materia para beneficio de todos.

Aquellos que han dedicado su vida a conocer las leyes ocultas para invocar esa mediación de lo Espiritual se llaman magos. La magia se ocupa del conocimiento que nace de esa estimulante vida interior para ser dirigida hacia el servicio a los demás. Sólo la magia negra está al servicio del poder y de uno mismo con sus graves consecuencias.

Dicho esto muchos pensarán que la magia en todo caso es cosa de magos. Pero si analizamos con atención toda nuestra vida diaria, nos damos enseguida cuenta de que todos somos magos y todos practicamos magia porque visto el mundo con ojos inocentes, todo parece estar hecho por «arte de magia». Sólo debemos desvelar el velo que cubre nuestra mirada para darnos cuenta de ello. Imaginémonos preparando una taza de té. Si prestamos atención, en ese sencillo acto estamos invocando a los cuatro elementos.

No es posible preparar un té sin la ayuda de los seres que la tradición arcana llama elementales. Para calentar el agua son necesarios los seres del fuego, las salamandras llamadas en la tradición; el agua reside en los dominios de las ondinas; las hojas que se hierven surgen del dominio de los gnomos, los señores de la tierra, mientras que el vapor está en el de los silfos. Una vez se hemos apartado el velo que cubre con ingenua reverencia nuestra visión, queda revelada la verdadera significación espiritual incluso en los actos más sencillos.

En esta época de confusión donde todo vale, los verdaderos magos no evocan a los elementales para su control ni invocan a supuestas entidades superiores para requerir ayuda. El mago “reza”, entra en oración y meditación profunda con el único requerimiento de hallar más inspiración y lucidez en su sendero para servir mejor, para amar mejor. En silencio, humilde. No crea conjuros extraños ni se vale de extraños maestros o sibilinos mandamientos. Ritualiza su propia vida para darle significado profundo. Sacraliza la vida ordinaria para que una simple taza de té pueda ser excusa perfecta para agradar y servir al otro. Respeta todas las fuerzas y sólo hace uso de ellas si con eso mejora la ayuda al prójimo. Nada pide para sí, todo lo entrega.

Como bien observó Goethe, muchas mariposas parecen pétalos de flor. Hay en esa observación una profunda enseñanza. El verdadero mago es aquel que florece como una rosa y prosigue su transformación hasta que, de tanto compartir néctar, se transforma en mariposa, en luz, en resplandor…

(Foto: © Takis Poseidon)

 

 

¿Por qué te quieres suicidar?


a

Supongo que todos, o la mayoría, hemos considerado alguna vez el poder esfumarnos, desaparecer, evaporarnos de la vida, alejarnos de ella y dormir el sueño eterno para siempre. Los momentos de grandes crisis personales, ya sea por traumas irreconciliables de la infancia, por pérdidas irrecuperables, por rupturas de todo tipo o por momentos francamente terribles han hecho buscar de forma desesperada ese flechazo hacia la muerte.

Los más valientes lo han incluso intentado, a veces con más o menos éxito. Otros sólo soñaron con la intentiva, viendo en esa posibilidad una solución a todos los problemas. Los hay que se suicidan en módicos plazos, como aquellos que fuman o beben creyendo vagamente que la vida es eterna y que los tumores y los cánceres de turno no va con ellos. Es una forma de suicidio colectivo inconsciente, porque la mayoría abusamos en nuestras vidas de algo que de alguna forma sabemos que nos daña. ¡Somos tan inocentes e ingenuos!

Pero cuando alguien llega muy seriamente a tu vida y te plantea la posibilidad del suicidio es difícil enfrentarte a la responsabilidad de convertirte en un salvavidas, en su última tabla de náufrago o en la desesperada esperanza que en un momento de lucidez nace como solución. Me ha pasado más de una vez el tener que enfrentarme a situaciones de este tipo. Normalmente con adolescentes que veían en mi persona algún tipo de locura inquietante que podría distraer sus ganas y necesidad de ir al otro barrio. Os aseguro que cuando veo el panorama una cierta necesidad de enfundarme el traje de faena surge en mí, pero también de responsabilidad dura, muy dura.

Cada caso es único e irrepetible aunque en la adolescencia, en ese proceso de duelo que todos tenemos que pasar para “matar a papá y mamá” y encontrar por fin nuestra identidad psicológica, es donde mayores casos he encontrado. Muchos no quieren enfrentarse a esa ruptura, a veces por problemas de emancipación económica, otras por abusos de todo tipo, otras por dependencias emocionales irrenunciables. Hay cientos de casos donde el vínculo ancestral se pierde y nos pierde, inutilizando la posibilidad de reencontrarnos con nuestro verdadero yo, con nuestra verdadera identidad, con nuestro verdadero propósito existencial. Entonces acudimos a la macabra solución del suicidio.

Hay otro tipo de suicidios, como aquellos que nacen de la posición filosófica de la eutanasia. Esta es una inmolación consciente y razonada, quizás alejada de esa adolescente desesperación. No vamos a entrar en ella porque partimos a otro debate. Pero es buena tenerla presente y separarla del resto, ahora que está tan de moda por el caso de Brittany Maynard, esa hermosa norteamericana que se marchó recientemente.

¿Por qué te quieres suicidar? Preguntaba estos días a una persona que había intentado hacerlo sin mucho éxito pero que de nuevo le acechaba la tentativa. La respuesta siempre es compleja porque parte de una pérdida de sentido vital. No encontrar sentido a la vida, ningún tipo de sentido, por muy minúsculo que sea, es detonante suficiente para la huida desesperada. Morir, o dejarse morir, como solución final.

Una de las reflexiones más apasionantes de la vida es que cada segundo que pasa resta en la cuenta. Es decir, nos abocamos irremediablemente hacia el final. La muerte, aunque no seamos conscientes de ello, es algo irremediable que nos aguarda paciente. De alguna forma nuestros cuerpos se suicidan de forma programada, cíclica. Es una especie de mecanismo higiénico que permite que la vida siempre sea saludable, renovada, evolutiva. ¿Para qué entonces adelantar ese proceso? Cuando alguien se acerca con esa innecesaria carga de pesimismo interior intento inyectarle dosis de vitalismo. Es un proceso complejo pero a veces resulta efectivo. La vitalidad no es un sistema filosófico, es algo que debe ser inyectado en vena, que debe partir de un requisito previo: la experimentación. Y uno sólo puede reencontrarse con la vida cuando la vive, cuando la abraza, cuando cada experiencia resulta diferente y emotiva.

Es cierto que la vida es compleja. Pero también es cierto que merece ser vivida. Si te estás planteando quitarte de en medio, antes de hacerlo date una vuelta por el mundo. Si es por desamor enamórate, si es por pérdida material abandona incluso tus vestiduras y camina desnudo. Si es por enfermedad, abraza sus enseñanzas y compártales con el otro que las pueda necesitar. Experimenta con la salud y sánate a cual Lázaro que se levanta de su tumba. Ahí nos queda siempre la esperanza, la vida, el amor, el abrazo inmortal del espíritu para reencontrarnos con algún sentido vital. La existencia es amplia y la muerte sólo un ápice de experiencia. ¿Para qué adelantar su llegada?

(Foto: © Josh Separzadeh)

Aquí dentro arde la llama


a

Hace frío. Llegó ayer después de un excelente veranillo inesperado que nos permitió vivir más fuera que dentro. Ahora caigo en la cuenta de que estamos protegidos por las frágiles paredes de una pequeña caravana. Casi no puedo mover los dedos al teclear. Bajo las mantas se está bien, pero fuera de ellas sale un vaho que lo inunda todo. Ahí fuera se ve la neblina que cubre de rocío montes y prados. El bosque dormita en un silencio agudo, plagado de secretos nocturnos que se desvelan solo si la imaginación es capaz de atravesarlos.

Estaba intentando leer la biografía de Max Theon pero me resulta difícil componer una idea clara de ese llamado maestro desconocido cuando apenas puedo concentrar la mirada en el frío aluminio de mi bonito ordenador. Mañana tendremos que aclimatar algo de calor en estos cobijos improvisados. Me pregunto una y otra vez como la fundadora de la comunidad escocesa de Findhorn vivió hasta los setenta y dos años en una caravana. Allí el frío es más intenso y los días más cortos. Recuerdo cuando viví allí que a las cuatro ya era de noche. Todo el día se pasaba lloviendo, igual que aquí, que no ha parado excepto ahora en la noche trémula.

¿Qué tipo de vida nos espera a partir de ahora? No puede ser más que una agitada vida interior. Un reconocimiento de gratitud hacia todo lo existente, un momento de retiro espiritual inevitable hacia los adentros del ser. Los grandes seres siempre son reconocidos por su inmensa gratitud hacia todas las circunstancias. Tendremos que imitar esa actitud aunque aún no hayamos alcanzado ningún tipo de maestría. Tendremos que aprender a estar alegres y felices y no dormitar en la angustia o la adversidad. Quizás esa sea la enseñanza.

Por suerte estos días no hemos estado del todo solos. Carolina ya lleva diez días con nosotros y al parecer desea pasar un buen tiempo compartiendo inclusive el frío. Este fin de semana pasado fuimos trece personas y el próximo vendrán más. Es hermoso poder acoger a gente a pesar de las circunstancias. Y para nosotros, es increíble que personas de todas partes de España sigan llegando para compartir gratitud. Hoy mismo Selene y Koldo compartían un buen rato con nosotros. Encendimos el primer fuego dentro de la casa y sirvió para hacer más agradable la comida y la sobremesa. Nos sentimos emocionados por ver que la comunidad se está tejiendo poco a poco y que en cuanto tengamos un mínimo de comodidades vendrá mucha más gente a convivir.

En todo caso, sigo pensando con cierta emoción en Eileen Caddy y su original caravana rodeada de hermosos jardines y huertas. Es normal que en estas noches de frío intenso recibiera tanta inspiración. Nuestro deseo es precisamente ese. Días fríos y lluviosos que harán que el inevitable contacto interior se produzca. Por eso nos sentimos agradecidos. Tendremos que buscar algún tipo de solución para poder al menos teclear en el ordenador con algo de calor exterior. Mientras llega, damos gracias sinceras por esta oportunidad única e intensa. Sí, hace frío, pero aquí dentro arde la llama.

(Foto: Koldo Aldai encendiendo la llama).

Todos son santos


a

La estación oscura o Samhain en la tradición celta daba paso a los fríos meses de invierno. En el norte de España también se celebra con otros nombres como magosto o castañada. En los pueblos anglosajones se quiere imitar a la tradición celta como fecha de transición o de paso hacia el otro mundo llamándolo, conectado con la tradición cristiana, con el nombre de Halloween, mezclando ritos paganos con tradiciones religiosas.

Cuarenta días después del equinoccio de otoño empezaba tradicionalmente la muerte de la Naturaleza, el letargo, el silencio angosto, el lúgubre tiempo del reposo. Las tradiciones que nacían de la tierra daron paso a las tradiciones que se convirtieron en ritual necesario para optimizar y explicar la relación de la muerte de la Naturaleza con la propia muerte humana. De esa inevitable relación nació la celebración de todos los Santos, de los vivos y de los muertos.

Ayer en O Couso llenamos la ermita de velas para simbolizar la luz interior que brilla inclusive en los momentos de mayor oscuridad. La estación oscura es un buen momento para florecer la luminaria que todos llevamos dentro. Éramos trece. Cantamos algunas alabanzas y canciones cargadas de emotividad. Encendimos trece velas cuya luz iba pasando de uno a otro expresando la importancia de la transmisión de luz, reconocimiento y cariño a todos los presentes. Honramos a todos los santos, a los vivos y a los muertos, pero especialmente a todos los santos anónimos que trabajan día y noche por hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Esos santos que se manifiestan en la labor de la madre paciente con sus hijos, en los trabajadores que hacen largas jornadas para llevar el pan a los hogares, de aquellos que sacrifican su vida por mejorar la vida de los otros, de los abuelos que pacientemente cargan con la responsabilidad de transmitir lo mejor a las siguientes generaciones. La lista de santos anónimos era interminable, y a todos ellos quisimos rendirle homenaje.

Nuestra fiesta fue precedida de un paseo por el bosque y los prados y un aluvión de sonrisas y carreras por la hierba jugando con unos y con otros. Ninguno se disfrazó de vampiro o muerto viviente ni tuvimos necesidad de bucear en mayores complejidades. Algo sencillo, angosto, pero lo suficientemente impactante para crear un ritmo acelerado en nuestro interior y el recuerdo inolvidable de un compartir único.

Nace la estación oscuro ahí fuera. Es momento de interrogarnos sobre la importancia de encender el caldero interior, la luminaria de nuestro espíritu para que caliente nuestras vidas con sentido, con dirección, con propósito. Es tiempo de celebrar la cosecha del verano y de repartir los bienes con los otros. Es tiempo de abrir los brazos al mundo para envolver con cariño a todo aquel que lo necesite.

Comimos castañas bajo la luz de las velas y el calor humano que nace de la común unidad. Nos mirábamos tímidos a los ojos reconociendo en el otro esa luz que brilla con fuerza y expresión. Nos sentimos afortunados por haber creado de repente una familia unida por algo más que palabras. La conclusión fue clara: realmente todos somos santos. Sólo debemos conservar y compartir esa luminiscencia.

¿Cómo es un día en O Couso?


DSC_0133

Tenemos el privilegio de vivir una vida diferente, totalmente emotiva y cargada de experiencias que nos enriquecen día a día. Es cierto que existe un marco de referencia, unos principios filosóficos que sostienen el proyecto desde los planos intangibles, pero es en la vida diaria donde esos valores se plasman de forma hermosa y espontanea.

Existe una rutina que paradójicamente nunca nos resulta rutina. El secreto es la libertad con la que abrazamos las tareas y labores diarias, y el grado de improvisación, según nuestra consciencia y ánimo, que abarca cada actividad.

Nos despertamos a eso de las siete y cuarto. Solemos aprovechar hasta las ocho para leer las noticias mientras nos desperezamos o hablamos sobre los sueños que hemos tenido en la noche. En ese tiempo solemos ir a las letrinas para hacer nuestro primer servicio matutino. Si hace buen día es un gustazo poder salir y ver amanecer entre los árboles y las montañas. Si llueve, nos ponemos las botas de agua y el chubasquero y hacemos algo de malabares para poder llegar hasta la letrina. Como no tenemos agua corriente ni lavabos, hemos habilitado un espacio reservado y coqueto entre los árboles para pode hacer nuestras necesidades. Un agujero escavado en el suelo y rodeado por tres grandes piedras nos sirven de lavabo. Es un sistema limpio e higiénico que nos hace hacer ejercicio de buena mañana.

A las ocho estamos en la pequeña ermita para meditar durante veinte minutos. Creemos que es un tiempo justo y necesario para tomar consciencia de nosotros mismos, de nuestro cuerpo, de nuestro estado de ánimo, de nuestras emociones y pensamientos y poder así conectar de paso con eso que llamamos nuestro ser. Es un momento de silencio acompañado por la tenue luz de una vela y el acogedor ambiente de la vieja ermita.

Tras la meditación nos vamos a preparar el desayuno al mismo tiempo que abrimos el corral a las gallinas y contamos los huevos que nos han depositado. Unas tostadas, leche de avena, cereales, mermeladas, magdalenas, frutas y galletas completan la bienvenida al sol.

Tras el rico y siempre abundante desayuno hacemos lo que llamamos el círculo de consciencia mientras gallinas, gato y perros juguetean a nuestro alrededor. Se trata de abrir, antes de empezar a trabajar, un ambiente interior, de percepción consciente para ver en qué estado nos encontramos y de paso encauzar nuestro ánimo a aquella actividad que más nos beneficie. Algunos escogemos ir al jardín, ir al pozo a por agua, otros al bosque a recoger leña, otros trabajan en la casa o quien lo desee dedica ese tiempo a sus actividades personales o simplemente a descansar. Como aquí nada es obligatorio, si bien de diez de la mañana a dos de la tarde nos hemos fijado el trabajar para la comunidad, somos conscientes de que nosotros y nuestro bienestar también forman parte del sentido de unidad. De ahí nuestro esfuerzo en que todos y cada uno se sienta en libertad de hacer lo que mejor sienta que deba hacer. Es un sentimiento que nos relaja y al mismo tiempo nos llena de responsabilidad individual y grupal.

Antes de las dos ya hay un grupo que ha preparado la comida. Si somos poquitos, como ahora, donde los comensales oscilan entre tres o quince personas, como este próximo fin de semana, la organización de las comidas fluye de forma hermosa y armónica. Todos los días nos chupamos los dedos con algún manjar vegetariano, pero muy orientado a la cocina mediterránea. Nada de cosas raras y sabores extraños. Todo muy de casa. Lentejas, tortilla de patatas, arroces, pasta, croquetas, sopas. Disfrutamos mucho en la cocina sin dañar a nadie.

Antes de empezar a comer cerramos el círculo de la mañana para ver como ha ido la jornada y comentamos entre risas y bromas las anécdotas. Luego agradecemos los alimentos, para ser generosos con ese reconocimiento que le debemos a la madre Tierra y a todos los que han trabajado para que esa comida llegue hasta la mesa.

Después de comer algunos aprovechan para descansar en las caravanas, darse un baño en nuestra ducha solar, leer, pasear o trabajar en las actividades de cada uno. Las tardes suelen ser todas diferentes ya que cada uno atiende a su trabajo interior o a su jornada laboral fuera de la comunidad o simplemente damos paseos por los impresionantes bosques y prados que nos rodean. A las ocho ya estamos cenando algo ligero y a las once casi todo el mundo está ya durmiendo en su caravana, viendo el espectáculo nocturno desde las ventanas.

A pesar de que es otoño no para de venir gente. Este próximo fin de semana vamos a ser unas quince personas que aprovecharemos para hacer un pequeño ritual en honor a los santos anónimos que siempre se celebra el uno de noviembre. Siempre tenemos las puertas abiertas y cualquiera puede venir a pasar unos días. En diciembre queremos celebrar el año nuevo de forma especial y ya se han apuntado más de treinta personas. Ahora falta ver como hacemos para que todos estén cómodos y contentos. La vida aquí siempre es diferente, pero sobre todo, nos hace feliz y hacemos feliz a muchos peregrinos que encuentran calor y hogar a pesar de las condiciones en las que aún estamos. Sin luz, sin agua, sin baños. No importa. Ir al pozo a por agua o encender una vela también es símbolo de vida.

(Foto: Enseñando las ruinas de la casa que estamos reconstruyendo a unos amigos visitantes).

Cuando los sueños traspasan la brecha de la realidad


a

La brecha que separa un sueño de una realidad tangible puede ser imposible, abismal o palpable. Nunca sabemos qué es aquello que hace que un sueño se vuelva realidad. Mi experiencia apunta que la intención enfocada desde la sinceridad y la insistencia son fuerzas casi indestructibles. Cuando hoy una editorial me enseñaba la portada y la tripa de un libro de mi autoría que pronto será editado pensé que algo diferente había ocurrido. Siempre quise ser escritor y para serlo necesitas a alguien que te reconozca como tal. Al menos a alguien que te lea, que sienta cierta atracción hacia lo leído y que apueste por esa obrita. Para mí escribir no es más que un medio para compartir, y de alguna forma el poder compartir algo bonito y hermoso que haga feliz a los demás o que les inspire algo siempre fue mi motivación.

La profesión de editor me había puesto en el otro lado. Soy yo el que lee y el que apuesta por unos y por otros. A veces encuentro mucha gratitud y humildad en el otro y otras sólo soberbia y orgullo. Ahora que tengo la oportunidad de ser tan sólo un humilde escritor porque alguien se atreve a reconocer esa valía, desearía ser de los primeros, es decir, agradecido y humilde.

Recuerdo que de pequeño, cuando leía las primeras obras de Julio Verne, ya soñaba con estar en alguna parte del mundo escribiendo y compartiendo aventuras e impresiones. Siempre soñé con eso. Dediqué muchas horas, muchos días y mucho mundo a intentar enfocar la escritura desde la sinceridad de corazón y la insistencia pertinaz. Y ahora veo como ese sueño noble se hace realidad, y además, con un libro que habla sobre la impermanencia del camino de la vida.

De aquello que hace veinte años parecía imposible y que hace diez años se volvió abismal ahora resulta que es palpable. Así que suspiro con calma, con cierta tranquilidad interior al comprobar que la vida aún guarda ese regazo de magia, ese instante de plenitud. Sin embargo, la satisfacción ahora es diferente. Sí, ya sabemos por experiencia que algunos sueños, los que de verdad nacen del corazón, se pueden alcanzar. Pero lo hermoso es cuando esos sueños nacen para ser compartidos. Ahí la grandeza de lo que ocurre es milagrosa.

Siendo así, pronto podré compartir con vosotros un libro titulado “Practica los Caminos”. Es algo que nació hace un año y que ahora ve la luz ahondando en la impermanencia de todo lo que existe, inclusive nosotros, nuestros anhelos y nuestras realidades. Algo que quiero compartir desde la alegría de poder sentirme humilde y agradecido, formalmente sumido en un sueño palpable y expresamente inmerso en la vida compartida. Deseo practicar los caminos con todos vosotros, seáis quién seáis, hagáis lo que hagáis y penséis lo que penséis. Siento esa necesidad de fundirme en la unidad que nos une y de paso, disfrutar del otro y de lo otro formando parte del ritmo cardinal del mundo.

En fin, que estoy cargado de agradecimiento y sólo quería compartir esta alegría. Aunque sea a trompicones, con esas ganas de seguir contando cosas que pasan y cosas que ocurren, aquí, ahora, mientras respiras estas letras, en la intimidad de tu silencio, mientras me imaginas en esta caravana que sobrevive en la noche oscura rodeados de bosques y montañas y yo te imagino sonriente y cómplice en cualquier lugar del planeta. En ese hilo conductor nos encontramos. En ese milagroso hacer nos envolvemos y somos Uno. Es tiempo de soñar.

(Foto: © Marcy Cicchino)

Empatía y cooperación: hacia la nueva era de Acuario


a

En un futuro quizás no muy lejano, el trabajo tal y como lo conocemos hoy día desaparecerá. En 1995, el economista estadounidense Jeremy Rifkin escribió un libro que pronto se convirtió en bestseller titulado así: “El fin del trabajo”. Es inevitable. Los avances tecnológicos aplicados a la robótica y a la comunicación harán que toda la estructura social y económica provoquen que la flexibilidad laboral pase por ajustes en la reducción de la jornada de trabajo, la potenciación de la economía social y cultural y una también inevitable renta básica. La economía productiva verá una pronta revolución gracias a la energía del hidrógeno aplicada para sustituir a los combustibles fósiles. En estos momentos ya estamos viendo como dos revoluciones paralelas se están gestando en el mundo del automóvil: los coches puramente eléctricos y los coches impulsados por células de hidrógeno. De momento los primeros tienen ventaja sobre los segundos y ya muchas importantes marcas de coches empiezan a comercializar alternativas eléctricas. Esto es una buena noticia para el planeta.

Otra revolución futura tendrá inevitablemente que ver con todo lo demás. Al ser menos dependientes de un obsoleto modelo de estado y de un también obsoleto modelo de economía productiva basada en sueldos y salarios, las sociedades avanzadas deberán reordenar sus prioridades y reorganizar su modelo de convivencia. Las relaciones humanas verán una revolución igual de inevitable a nivel psicológico y social.

No es casual que en la última década hayan proliferado por todo el mundo modelos alternativos de convivencia como las comunidades intencionales, las ecoaldeas o las coviviendas, donde la empatía y la cooperación reemplazan poco a poco a los exiguos modelos de depredación basados en la competitividad y el egoísmo. De alguna manera estamos pasando de un modelo puramente materialista a un modelo donde el bienestar del individuo y no la posesión de cosas está tomando un importante papel.

Esto implica una verdadera revolución a todos los niveles. Compartir un espacio, un ideal, una intención común, incluso a veces un trabajo y una economía compartida es algo que cada día será más común. El fracaso de la familia tradicional dará paso a un nuevo modelo de familia comunal donde un pequeño número de personas sin parentesco sanguíneo ni nacional se junten para compartir un nuevo modelo de vida.

El trabajo más duro lo harán las máquinas y el bienestar humano en su máxima expresión será el resultado de esta revolución tecnológica. Siendo optimistas, el mundo será más saludable y los seres humanos habrán comprendido que la falta de estrés, nacido este de la competitividad constante, produce bienestar en la salud individual y en el planeta. La empatía y el apoyo mutuo serán la base de este nuevo modelo. Ahora sólo toca experimentarlo y vivirlo con tranquilidad, a sabiendas de que los tiempos futuros no serán como hasta ahora y que una nueva visión del mundo está llegando. Quizás los hippies de los años sesenta tenían razón: la nueva era de acuario está naciendo.

El hechizo de la Nueva Era


DSC_0270

Cuando paseamos por los bosques y prados nos damos cuenta de la simplicidad del mundo. No importa si hablamos del mundo material o del espiritual. En el fondo estamos hablando del mismo mundo con diversos reveses o visiones. Pero la hoja que cae en otoño es tan material como espiritual. Es algo que cae suave desde un árbol y que implica en su ciclo vital muchos aspectos desconocidos.

En estos días de crisis y desengaño material existe una especie de hechizo que de alguna forma pervierte ese suave caer otoñal. Hay cientos de personas insatisfechas que buscan desesperadamente productos, técnicas o gurús que puedan aliviar su descontento. Hay muchos que desean comprar por una pequeña cuota aquello que satisfacerá su necesidad imperiosa. Existe para ello un amplio abanico de “empresarios” de lo espiritual que aprovechan para vender sus productos y técnicas a buen precio. Realmente se trata de un hechizo psíquico, de una manipulación que nada tiene que ver con lo espiritual o con el misterioso reino de los planos interiores.

Cuando nos tumbamos en la hierba y miramos con atención la multiplicidad de vida que recorre cada recoveco sombrío, cada hebra verde, entendemos que es en la simplicidad de encontrar lo divino en lo ordinario donde podemos realmente alcanzar esa transformación anhelada. Poco a poco vamos despertando de ese hechizo para hacernos más conscientes de lo simple y directo que es el antojadizo misterio de la vida. Lo divino, lo espiritual, no es más que un acto enteramente interior que tiene su repercusión en el mundo con la práctica del amor incondicional. Todo lo que se salga de esa simple enunciado es precipitarse hacia un engaño ilusorio y distorsionado.

Ya terminó el tiempo de los gurús, del patriarcado espiritual, de los dogmas y creencias, de aquello que divide y no suma, de aquellos que proclaman algo nuevo y diferente y transformador a cambio de una módica o a veces mortífera cuota. O de incluso aquellos que manipulando la buena voluntad de la gente para ofrecer epidérmicas técnicas de salvación. Ocurre lo mismo con las patrias y las naciones. No hay salvación global si uno no empieza a revisar su propia vida. No hay mayor sentido de libertad que aquel que nos dirige hacia la emancipación consciente, libre y simple que nace de dentro. No hay mayor reguero de paz interior que aquel que nace de las fuentes de la vida ordinaria, alrededor del fuego familiar, de la pareja, de los hijos, de los amigos, de la comunidad. Allí está nuestro marco de referencia para dar expresión al amor incondicional, a la poderosa llama que nace de nuestras moradas interiores.

Todo lo demás es hechizo, ilusión, magia negra que nos manipula y nos desvía de la sencillez. Demos un paseo por cualquier bosque, por cualquier prado y miremos de frente a Dios. Está siempre ahí, en la hoja que cae, en la hebra cargada de animalillos, en la sonrisa de un bosque pleno de vida. Cada vez que necesitemos transformarnos, miremos de frente a la Naturaleza que hemos abandonado. Ella es la poseedora de todo conocimiento y de toda transformación. Ella es la verdadera guía ante nuestra siempre poblada ignorancia.

(Foto: Paseando por los prados cercanos a O Couso.)

¿Somos hippies?


a

Cuando íbamos a Londres y comprábamos castañas en ese mercado que hay cerca del Trafalgar Square y el Piccadilly Circus lo hacíamos siempre abrazando las cosas hermosas de la civilización. Pasear en otoño por las calles de esa hermosa y cosmopolita ciudad es algo que siempre ha gustado a aquellos que algún día imaginaban una vida próspera en una ciudad universal. ¿Quién no ha querido alguna vez vivir en Londres y montar allí la sede de una importante empresa?

Ahora las castañas las recogemos del suelo aquí en O Couso. Los aldeanos nos dicen que si esperamos unos días a que se sequen al sol la piel es más fácil de sacar. Así que mientras paseamos nos agachamos para “apañar” alguna castaña y disfrutar de su sabor único en las meriendas.

En la zona nos llaman los hippies de O Couso, y aquellos que han profundizado más en nuestra idiosincrasia nos llaman “los de la comuna”. Es cierto que somos algo ecologistas y que nos gustan los animales. Pero aquí no escuchamos rock psicodélico, ni groove ni folk contestatario. Tampoco abrazamos ningún tipo de revolución sexual ni tenemos ningún tipo de creencia sobre el amor libre. Es posible que alguna vez hayamos participado en política por puro interés en mejorar nuestra sociedad, pero actualmente no andamos en activismos radicales. Ni siquiera en el uso de marihuana y alucinógenos como el LSD y otras drogas con la intención de alcanzar estados alterados de conciencia. Nos basta la naturaleza para elevar nuestra consciencia sin necesidad de drogas. Es cierto que meditamos veinte minutos por la mañana pero lo hacemos porque no hace ningún mal. Aunque por las circunstancias en las que nos encontramos practicamos cierta simplicidad voluntaria, no estamos totalmente en contra del consumismo. Es decir, nos gusta consumir cosas sanas y que nos alegren la vida y que nos aporten experiencias positivas.

Algunos somos empresarios, otros practicamos profesiones liberales como la abogacía, la psicología o la antropología. A nosotros se acerca gente con muchos recursos y otros que no poseen nada. Algunos funcionarios o políticos o empresarios o estudiantes o personas que practican el mecenazgo. También camareros, actores, campesinos, tenderos, médicos, abogados, profesores, ingenieros, economistas. La puerta siempre está abierta para recibir a toda persona de buena voluntad.

Ni nos escondemos ni rechazamos al extraño. Tampoco juzgamos o creamos juicios de valor. Ni siquiera estamos en contra del sistema, aunque nos esforcemos por mejorarlo. Ni tampoco huimos de un tipo de vida, sino que ofrecemos una alternativa diferente, ni mejor ni peor, diferente a secas, sin mayor o menor calificativo.

Queremos decir con esto que realmente no somos hippies ni estamos montando una comuna aunque en el imaginario colectivo de la zona ya nos llamen de todo. Tampoco somos una secta porque para serlo tendríamos que tener un líder, o un dios o un dogma y no tenemos nada de esas tres cosas. Nos sigue gustando viajar a Londres y a cualquier ciudad del mundo y nos sigue gustando disfrutar de las cosas buenas de la vida. No renunciamos a nuestros coches aunque estos sean híbridos por eso de respetar al medio ambiente ni tampoco renunciamos a nuestros trabajos o empresas para vivir una vida “alternativa”. Estamos en el mundo y soñamos con un mundo mejor. Eso es todo. De ahí nuestro empeño en compartir aquello que vayamos aprendiendo para mejorarlo y de paso seguir comiendo castañas cogidas del suelo o disfrutarlas en aquellas calles londinenses que nos aguardan y enamoran. Todo está bien si sabemos respetar al otro y sabemos disfrutar de las bonanzas que nos da la vida.

(Foto: Comiendo croquetas vegetarianas en O Couso).

HACIA UNA ERA DE LUZ


a

Para la mente iluminada, el mundo entero arde y brilla con luz”. (Ralph Waldo Emerson)

 

El año 2015 ha sido proclamado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Luz. El título no deja de ser explosivo, tanto a nivel ordinario como a nivel profundo. El primer destello de luz surgió hace mucho, mucho tiempo, de alguna caverna perdida de la prehistoria con la invención del fuego. No fue hasta millones de años después cuando en el siglo XIX, la primera luz eléctrica surgió de los laboratorios de Humphrey Davey y Thomas Alva Edison.

Hablar en términos de luz es algo hermoso. Es la luz del sol la que nos provee de vida y es la luz de la consciencia la que nos llena de actividad imaginativa, superando con ello nuestra vida material y alineándonos de paso con el misterio de la existencia. San Juan nos hacía referencia a esa luz humana e inmaterial. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Decía.

Realmente existe una tecnología de la luz, un trabajo exterior e interior para poder producir más luz, más lucidez, más consciencia de esa luz que no somos nosotros pero que ilumina nuestra faz interior. Existen ejercicios, un marco disciplinar, técnicas y conocimientos suficientes para explorar el sentido profundo de toda esa energía que se despliega por el universo entero. La luz material nos ayuda a ver bajo el dominio de los sentidos. La luz interior ilumina nuestra senda, nuestro camino en la vida, nuestro propósito vital.

Sabemos que hay muchos tipos de calidad de luz. Algunos viven en las más profundas oscuridades, dejándose llevar y arrastrar por los designios de los sentidos y la materia. Allí donde hay tinieblas hay ilusión, engaño, sombras, irrealidad. El noventa por ciento de la población nos dejamos arrastrar por eso que tan bien explicó Platón en su alegoría de la Caverna. En ella Platón explica cómo con conocimiento podemos captar la existencia real de los dos mundos que él describe: el mundo sensible, conocido a través de los sentidos, y el mundo inteligible, alcanzable mediante la razón.

Hay dos aspectos interesantes en esta alegoría. Primero la esclavitud propia de la ceguera. Platón describía cómo aquellos hombres que miraban a la pared eran esclavos y solo veían sombras que ellos mismos identificaban con la verdad. El otro aspecto es cuando uno de los esclavos es liberado, sale de la cueva y vuelve para rescatar a los demás, tomándolo ellos por loco hasta el punto de querer asesinarlo si fuera preciso, haciendo alusión seguramente a la muerte inútil de Sócrates.

Sea como sea, cada día hay más prisioneros que se liberan de sus cadenas y que viajan fuera de la cueva. Cuando mediante el conocimiento y la disciplina que produce la nueva visión encuentra ese marco de realidad superior, su deseo innato es volver a la cueva para liberar al resto.

Quizás la humanidad esté en un punto donde el conocimiento y la consciencia estén cada día más cerca de poder emancipar al individuo. Quizás este año internacional de la luz sea un acto simbólico de las Naciones Unidas, pero también, a nivel interior, una señal para que vayamos librándonos de nuestras cadenas demandando ¡¡luz, más luz!!

(Foto: paseando por la bella playa de las Catedrales, en Galicia).

 

¿Cuándo alcanzamos la cumbre de nuestras vidas?


a

«El pie del niño aún no sabe que es pie, y quiere ser mariposa o manzana. Pero luego los vidrios y las piedras, las calles, las escaleras, y los caminos de la tierra dura van enseñando al pie que no puede volar, que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces fue derrotado, cayó en la batalla, fue prisionero, condenado a vivir en un zapato«. (Pablo Neruda)

Necesariamente nos empujan a crecer, a ser lo mejores, a tener un buen trabajo, una buena casa, a que el éxito se mantenga en todas las circunstancias de nuestras vidas. Como en el poema de Neruda, hacen de nuestro pie algo enclaustrado en un zapato. Nadie quiere enseñarnos a ser libres, a andar descalzos, a dejar que el pie se convierta en una mariposa o en un bello atardecer rodeado de prados y montañas. A nadie le interesa llegar a la conclusión de que teniendo poco se gana mucho.

Recuerdo cuando compré mi primer pisito, y luego una casa más grande. Los vecinos paseaban alrededor de aquellos adosados aspirando a tener uno algún día mientras presumía de rosales. Tendremos nuestro adosado y así podremos sembrar algún rosal, pensamos. Pero cuando llega el adosado resulta que aspiras a una casa mayor porque el jardín y el rosal se quedaron pequeños. En el trabajo aspiramos a lo mismo. Ganar más, ser jefes algún día porque si lo somos podremos plantar en nuestra casa muchos rosales. Luego todo se derrumba cuando tras trabajar durante décadas nos damos cuenta de que queda poco para morir y que ninguno de esos rosales ni adosados ni casas maravillosas podrán acompañarnos. Cuando decidí perder mi bonita casa de diseño entendí algo. Sus grandes ventanales y sus vistas majestuosas realmente enclaustraban al pie en el zapato.

Olvidamos que es el olor de la rosa lo que permanece. Olvidamos que es trabajar para el bien común lo que nos engrandece. Relegamos lo importante porque nadie nos explicó qué era lo importante. Confinamos la felicidad en cápsulas de vanguardia para ir tirando sobre la creencia de que lo último y lo nuevo nos hará mejores y más plenos. Vivimos en un engaño del que no queremos despertar. Se está tan bien en el ensueño.

Luego, a veces cuando ya es demasiado tarde, descubrimos cual es el verdadero sentido de la vida. Pude verlo en aquellas lágrimas de un amigo que lo ha tenido todo en este planeta, cosas que ni siquiera mil personas como nosotros podría llegar a tener o vivir en diez vidas. Pude ver como esas lágrimas sinceras que brotaban de un alma dolida demandaban algo más, un esfuerzo mayor para entender donde se haya la verdadera felicidad. Había algo de dolor en ellas, una especie de desgarre por sentirse preso de sus propias circunstancias.

Estos días de buen tiempo paseamos por los prados y bosques. Cuando regresamos a nuestra caravana de diez metros cuadrados nos alegra el pensar que ya no necesitamos más. Que ya tuvimos nuestro pisito, nuestro adosado, nuestros rosales en la casa aislada con maravillosas vistas junto al bosque, nuestros buenos trabajos y buenos coches. Nos alegra y nos alivia pensar que eso quedó atrás, y que cuando mueres a eso, naces a una especie de paraíso donde lo único que se necesita es sonreír todas las mañanas sean cuales sean las circunstancias.

De alguna forma intuimos que hemos alcanzado cierta cumbre. La despreocupación sobre qué comeremos o qué vestiremos mañana nos deja tiempo para maravillarnos de la vida que recorre cada instante, cada hebra de hierba, cada rama de árbol y cada paisaje majestuoso cargado de atardeceres infinitos. Ese despertar a esta llama de emoción tiene que ver también con la necesidad de compartir todo esto y de activar en el otro esa necesidad de volver a la vida sencilla, a la aspiración pura, al manso recodo donde todas las fuentes confluyen para terminar en el océano que nos espera. Tenemos la necesidad de abrazar al visitante para que su visión comprenda que el olor de la rosa puede estar en cualquier lugar y que los pies de Neruda pueden viajar peregrinos hacia ese lugar que nos espera siendo mariposa o manzana. No esperemos a un cáncer, a un accidente, incluso a la muerte misma para entender esto. Aprovechemos esta oportunidad vacilante para despertar a la verdadera cumbre de nuestras vidas.

Un momento de calma


a

Es cierto que llevábamos unos días adaptándonos a nuestra nueva vida en los bosques y nos habíamos tomado estas semanas con algo de filosofía, sin excesos, sin atosigarnos, sin renunciar a la calma merecida y al descanso. Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo que inusualmente acontece en estas celtas tierras por las fechas que corren dábamos paseos por la playa, por pueblos hermosos y ayer una preciosa excursión de castro a castro por la sierra de Édramo, la misma que protege nuestro pequeño valle que por lo que nos contaron, en alguna época lejana debió ser un glaciar.

Estáis viviendo en el epicentro del glaciar, nos decían ayer. Hoy nos decían cosas más profundas y metafísicas sobre el lugar que curiosamente coinciden con cosas que ya nos habían dicho personas diferentes.

Hace unos días tuvimos uno de esas jornadas extrañas en las que ocurren acontecimientos encadenados igual de extraños. Los animales estaban como desquiciados, la gata Gaia tuvo una especie de ataque de histeria que luego, por la noche reprodujo el perro Geo. Era como si ambos hubieran visto a un fantasma o algo peor. Luego, cuando parecía que todo había acabado y los sustos se habían terminado notamos como de repente un silencio inusual se apoderaba de todo. No se escucha el ladrido del perro vecinal, ni los grillos, ni el viento, ni nada que pudiera cortar aunque fuera un trozo de ese mutismo sigiloso. Fue un momento de calma de lo más extraño.

En el paseo de ayer nos decían que estamos viviendo cerca de un lugar sísmico muy potente, y que es muy frecuente, antes de que ocurra un pequeño temblor o terremoto que los animales tengan comportamientos extraños o que todo se silencie de repente. Ese día tuvimos algo de miedo, pero esa explicación que parecía razonable nos tranquilizó.

Sea como sea y a pesar de estas anécdotas estamos tomando poco a poco consciencia de la situación en la que nos encontramos. De repente es como si la realidad que nos envuelve nos estuviera abriendo muy despacio los ojos. Hoy mientras paseábamos por los prados con amigos que han venido desde Barcelona para pasar unos días con nosotros nos dábamos cuenta real de donde estamos. Sentí cierta emoción interior al descubrir que tras muchos años de pruebas y divagaciones habíamos llegado al punto de construir con nuestras manos y ya no sólo con palabras la utopía soñada. Los golpes que esta mañana daba mientras arrancaba unas maderas de la pared eran golpes reales, ya no sólo el teclear buceando en principios filosóficos sobre la creación o no de esto o aquello. Esa madera era real, ese sonido era cierto, mis manos estaban tocando la casa de piedra, de acogida, y mis pies se apoyaban en los prados y bosques que albergarán a cientos de almas en búsqueda de transformación interior.

Más allá de las riquezas materiales, estamos tomando consciencia de que las riquezas interiores no tienen precio, y de que toda esta calma que hemos sentido estos días no son más que el preludio de una nueva vida de entrega y servicio hacia una causa mayor. Y sentimos que no es una causa nuestra, que nos pertenezca, sino que somos simplemente integrantes de algo desbordante que desea rebosar por todas partes. Sentimos que el paso que hemos dado es un paso de esperanza, de pequeña ola que se suma a ese inmenso océano que ha de llegar. Lo sentimos porque no paran de llegar almas peregrinas que nos confiesan extrañados de sí mismos que aunque aquí no tengamos lavabos ni agua corriente ni luz ni casa habitable merece la pena hacer miles de kilómetros para compartir un trozo de tiempo. Algo transformador se palpa en el ambiente y todos quieren conocerlo. Suponemos que se trata de esa riqueza oculta, como ese terremoto que produce un inmenso momento de calma para luego transformar y remover las profundidades. Así es, y así parece que ocurre en todos los que llegamos hasta aquí.

(Foto: un momento de calma en la hermosa sierra de Édramo, con Laura y Geo)

Dejemos de hablar. Cuando la voz ha fallado, la salida se convierte en el último recurso. Sobre Cataluña


Miles de catalanes se manifiestan para reclamar independencia y pacto fiscal

Mas le dijo algo parecido a Maragall cuando este, en 2005, le acusó sobre las comisiones del tres por ciento. Recordemos que Mas, durante su etapa de Consejero de Obras Públicas de la Generalitat se vio envuelto en los casos de corrupción sobre las comisiones que cobraba su partido por adjudicaciones públicas. Años más tarde toda la familia Pujol y CIU se encuentran con problemas con la justicia por delitos de corrupción.

En 2010 Mas consigue ser presidente de la Generalitat gracias al declive del tripartit. En plena crisis económica y de relación con el gobierno central, Mas y el resto de dirigentes de CDC anuncian el giro independentista a favor de la autodeterminación de Cataluña. Algunas fuentes señalan que la razón fundamental de dicho cambio es la de distraer la atención de los escándalos de corrupción en los que CiU está implicada.

Banca Catalana, el caso Palau, la trama de las ITV, los escándalo en la sanidad, el agujero en las cajas de ahorro y todas las comisiones de investigación que fueron acumulándose en el Parlament desaparecieron para enfocar la atención en el proceso soberanista. Si eso estaba en la ruta del “círculo de confianza” que Mas reclamaba a Maragall para silenciar su denuncia, el objetivo ha sido conseguido. Ya nadie se acuerda del «problema» que denunciaba Maragall.

Con respecto al 9N, ya existe un antecedente: el referéndum independentista de 169 municipios de 2009 y la declaración como territorio catalán libre de 197 municipios y 5 comarcas en 2012. Recordemos que Cataluña está formada por 947 municipios y 41 comarcas. En 2009 participaron en la consulta 200.000 personas (aproximadamente un 30% de los convocados). El «sí» a la independencia ganó con casi el 95% de los votos, frente al «no» con un 3,52%. Se espera que en el nuevo 9N ocurra exactamente lo mismo. Es decir, que vayan a votar aquellos que están única y exclusivamente a favor del referéndum y la independencia. Por lo tanto, el éxito del “sí” está garantizado. Es bueno recordar que la inmensa mayoría de municipios de Cataluña (920 de 947) han aprobado, en los últimos días, mociones de apoyo al 9-N.

Junqueras hoy ha ido más lejos: “Dejemos de hablar y proclamemos ya la independencia”. ¿Para qué votar? El objetivo del independentismo no es votar y preguntar a la gente, es declarar la independencia a costa de lo que sea. La votación es un puro trámite. Sea como sea, estas palabras, desde un punto de vista político son duras y desde un punto de vista social son preocupantes, muy preocupantes.

El sacro error del Estado Español ha sido no facilitar los medios apropiados para que dicha consulta-desahogo emocional encuentre sus vías de escape. En Cataluña no todos están por la labor de la independencia, pero sí es cierto que los que están hacen mucho más ruido y cada día se multiplican exponencialmente.

¿Qué hacer ahora? El programa de ERC está muy claro. Según me confesaba uno de sus dirigentes en un encuentro en el Parlamento, lo que se pretende es el «choque de trenes». De ahí el tono radical de Junqueras. CIU sigue siendo para ellos otro mal menor que hay que soportar y que utilizan para aglutinar al resto sobre su propio programa. El 9N es otro mal menor porque el objetivo es la independencia. Siguiendo los pasos que Macià hiciera con su pequeño ejército de voluntarios conocido como complot de Prats de Molló, se trata de crear otro complot más sofisticado que en la jerga interna independentista, según sus propias palabras, se conoce como “choque de trenes”.

¿Qué puede ocurrir a nivel nacional e internacional con todo este proceso acelerado y poco meditado por ambas partes? Los más pesimistas afirman que la fragmentación de España en pequeños estados-naciones hará que la entrada masiva de emigrantes por sus fronteras con África debiliten y termine con la cultura y la hegemonía europea a medio plazo. El racismo aumentará y los conflictos serán inevitables (véase lo que ya está ocurriendo en países como Francia o Austria). Los más optimistas hablan de que la independencia forma parte de un proceso de readaptación de los estados-naciones inevitable en la propia evolución de la cultura humana. A niveles prácticos no cambiaría nada. Sea o no sea Cataluña independiente los casos de corrupción seguirán existiendo en ambas partes y las crisis sociales se resolverán de igual forma. Los peajes seguirán existiendo porque pertenecen a La Caixa y el expolio quedará en casa, o cerca de ella (Andorra). Si Cataluña dejara de tener como rival al resto de España, se verían de cara con un serio problema. ¿A quien culpar ahora de todas las desgracias?

Sea como sea, estoy de acuerdo con Junqueras. Quizás sea el momento de dejar de hablar y repensarlo todo desde el principio. La independencia de momento no ha traído nada bueno excepto la fragmentación de la sociedad catalana y la radicalización de algunos. Quizás sea tiempo de callar y dejar de ver enemigos donde no los hay. L’Avi (Macià) defendió que el alzamiento armado de los catalanes era la única salida para la independencia. Esperemos que el choque de trenes no traspase ninguna línea roja y que la ciudadanía y no el rancio nacionalismo o el casposo patriotismo termine por gobernar nuestras vidas.