La incompatibilidad de las drogas en el mundo espiritual


Ayahuasca

Muchos amigos me preguntan con frecuencia sobre la ingesta o no de cierto tipo de drogas o hierbas para acceder a planos superiores de consciencia o a mundos “espirituales”. Siempre respondo lo mismo: en el mundo espiritual no hay atajos. No sólo no hay atajos sino que es un camino lento y penoso que requiere de mucho sacrificio y simplicidad. No fumar, no beber alcohol e incluso mantener una dieta disciplinada son sólo primeros pasos para acercarnos al camino. No estamos en el Camino, pero podemos ir acercándonos a su orilla con ciertos requisitos y disciplinas físicas, emocionales y mentales. Ni la ayahuasca, ni el LSD, ni ningún tipo de hierba sagrada nos va a facilitar nada.

Ese control sobre la triada inferior es necesario antes de poder empezar a entablar cierta quietud dentro del sendero espiritual. Muchos buscadores prueban todo tipo de sustancias, técnicas, gurús y disciplinas pensando que encontrarán algún tipo de lucidez especial. Perversamente ocurre todo lo contrario. Aquellos que intentan llegar a la espiritualidad por asalto se alejan incomprensiblemente de ella. Ahondan en el ego, en la autosatisfacción personal y practican, sin darse cuenta, cierta magia negra que sólo pretende inclinar la balanza hacia fines egoístas y personales.

Una visión espiritual sana primero busca el bien hacia uno mismo para luego poder obrar de forma cualificada en el bien hacia los demás. Ese es el recto camino hacia cierta realización, y para ello, qué mejor lección que cuidar nuestros cuerpos para disponer de vehículos útiles a la realización del bien y el servicio. Sin atajos, sin muletas, sin ilusorias promesas sobre el mundo fenomenológico.

Revisando la edición que pronto saldrá a la luz de un libro que hemos titulado “El Camino del Loco”, me encuentro con este interesante texto que lo resume muy bien y que ahora comparto:

“Nuestro Maestro nos había prohibido a todos la menor experimentación con drogas, bajo amenaza de expulsión del círculo. Nunca quiso discutir los motivos de esa prohibición, limitándose a decir que el abuso de las drogas podía perjudicar el desarrollo espiritual durante varios tránsitos terrenales. Incluso los narcóticos más débiles y otros principios activos de las hierbas pueden ejercer efectos deletéreos sobre el alma y el espíritu de los humanos. Son las semillas de Set, comida para el mono-demonio. Consideremos el acónito, que es una hierba venenosa. Quien la toma empieza a temer el futuro, a temer la muerte. Al mismo tiempo se persuaden de que son capaces de predecir el día, por lo general no demasiado lejano, en que esa muerte se producirá. Sin embargo, lo que suelen decir los grimorios de wicca, los manuales de brujería, es que el acónito le hace a uno clarividente. Que con ayuda de ese veneno se empieza a vivir en el mundo de lo Espiritual, aunque no se haya preparado uno para tan difícil residencia. De lograrse con éxito esa inserción en un dominio para el cual no está uno especialmente preparado, significaría que se ha debilitado su relación con el plano de lo físico. Aunque esa persona sobreviva, con frecuencia sucede que las facultades espirituales quedan tan debilitadas que la víctima llega a creer que todo es un sueño. Una vez más, vemos ahí la impronta del mundo superior, porque realmente, en comparación con las intensas riquezas de los dominios superiores, el mundo material palidece, en cierto modo, como un sueño. Si se toma veneno en exceso, sobreviene la muerte. Es una muerte muy dolorosa, y en tanto que auto-infligida, el dolor no cesa ni siquiera con la separación del cuerpo. La clarividencia que precede a este tipo de muerte indica, simplemente, que el espíritu se está separando ya de lo físico y entrando en el Plano Astral. Es característica del acónito la impresión de estar separado del propio cuerpo, hasta tal punto que se cree poseer la facultad de volar”.

Más abajo, en una nota interior, el libro sigue dando pistas:

«En la tradición esotérica el café se considera perjudicial porque el espíritu se sumerge en lo material y en este sentido, puede ser cierto que ayude a pensar con claridad. El consumo del tabaco es perjudicial por varias razones, pero sobre todo porque atrae los espíritus de grado bajo y oscurece el mundo espiritual tanto para el fumador como para quienes le rodean. El alcohol ataca el organismo que sirve para el desarrollo del Ego, y hace posible que los espíritus se apoderen de la personalidad por la vía de la sangre. Toda esta cuestión de las toxicomanías y los alucinógenos es de profundo interés para los cultivadores del esoterismo».

Kadosh y Adeptus


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Así llegó a ser la humanidad. La humanidad se hizo con las lágrimas emanadas de mi Ojo. (Canción del dios egipcio Atum, siglo IV a.C., según el mito de la Creación del Papiro Bremner Rhind).

Adeptus significa en latín “el que consigue”, “el que alcanza”. En cierta literatura esotérica significa uno que ha alcanzado un cierto grado, por lo general elevado, de visión y compromiso con los propósitos de la vida. En este sentido designa a un “Maestro del Arte”, cualquiera que ésta sea, pero entendiéndose normalmente como el arte de la transformación interior, el arte de conseguir el proceso alquímico necesario para poder transcender la ceguera y la ignorancia y ponernos al servicio de ese algo mayor que aún desconocemos.

Algunas escuelas de la antigüedad ofrecían entrenamiento para llegar a esta categoría. Existían complejos mecanismos de iniciación donde se recibía a aquel que estaba preparado para la renuncia y la conquista de cierto grado de realización. Algunas tradiciones espirituales a muchos de estos iniciados los llamó “santos”, en hebreo kadosh, “elegido por Dios” o bien persona diferenciada, distinguida. En masonería, el “caballero Kadosh” es el grado 30 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Al igual que siglos atrás hacía la caballería espiritual, entre sus obligaciones están las de defender los principios ocultos, al igual que la de proteger a los peregrinos que se encaminan a “tierra santa”.

Cuando el neófito era iniciado, una de sus funciones consistía en convertirse en cuidador del antiguo conocimiento oculto, solo transferible a aquellos que estuvieran preparados para entenderlo. Uno de los principales secretos y una de la más ambiciosa meta de todo adepto era la de poder ofrecer una ayuda compasiva a la humanidad.

Para ello debía atravesar un mundo cargado de pruebas donde sus tutores y guías revisaban cautelosamente todos sus avances. Las antiguas escuelas pensaban que las pruebas ofrecidas sólo pretendían reforzar la determinación del iniciado en continuar su avance y comprobar si realmente su fortaleza interior y su preparación eran dignos de mayor recompensa.

Todo esto ocurría y ocurre incluso ahora, aunque sea de forma anecdótica y casi residual en órdenes iniciáticas que transmitían generación a generación los secretos del silencio, el estudio y el servicio. Eran iniciaciones humanas, más bien con un valor simbólico para proveer al neófito espiritual de ciertas pistas y comprensión sobre el verdadero valor de la iniciación real.

Dichas pistas se ofrecen al curioso, pero el hermetismo de la verdadera enseñanza es tal que resulta casi imposible poder llegar al mismo para el estudioso ordinario. Las revelaciones verdaderas ocurren en los planos interiores, siendo el secreto de dichas revelaciones uno de los principios por los que se puede seguir avanzando. Hablar de cierto control de la materia, de la transformación de los metales, como dirían los antiguos alquimistas, añadido al control de los planos emocionales y sus fuerzas así como las energías de los planos mentales no tendría sentido si no fuera por la rigurosa prueba de fuego que invita al silencio.

Por eso resulta difícil encontrar a verdaderos Adeptos. Su trabajo silencioso e invisible hace casi imposible el contacto, a no ser que se haya desarrollado cierta visión e intuición para poder reconocerlos. Las pistas que ofrecen las escuelas que se aproximan al estudio de los misterios menores nos ayudan a potenciar el entendimiento y acercamiento a los verdaderos principios de los Misterios Mayores, aquellos que promueven bajo un sagrado juramento la disposición para “unirnos con nuestra más alta y genuina divinidad”, o lo que es lo mismo, «unirnos con nuestro superior Genio Divino».

La prueba real nada tiene que ver con las versiones simbólicas. La iniciación Solar, alejada de la humana, sólo es posible cuando nos enfrentamos realmente a la renuncia de todo cuanto hasta ahora nos ha representado. Todo lo demás no deja de ser anecdótico, simbólico e ilusorio para el estudiante y comprometido buscador que desde su propia ingenuidad cree haber alcanzado algún tipo de meta oculta o realización espiritual. Nada más alejado que eso. Tal es su despiste que sigue en la creencia de que ciertos conocimientos y prácticas pseudoespirituales le dotarán de realización.

La cuestión es, ¿qué significado puede tener esto hoy día? Mucho o ninguno, dependerá de nuestro acercamiento al Arte y su profunda comprensión. Como decía un antiguo Adepto: “Toda la vida nos ha sorprendido que se necesite tan poca actividad de la Voluntad para engendrar notables revelaciones acerca de ese dominio Espiritual que se halla al otro lado del velo fenoménico. Será porque el dominio de lo Espiritual es muy generoso con sus bienes, muy propenso a dar de sí a quienes encuentra preparados para buscar y recibir”.

Libres


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«Yo soy Perseo, el que venció a la Gorgona de trenzas de serpiente, el que osó montar sobre los vientos en alas batiente».

(Ovidio, Las Metamorfosis, IV, 697).

Aquella tarde de invierno me creí ciertamente libre cuando logramos llegar tras una inesperada nevada hasta la misteriosa iglesia de la Magdalena de Rennes-le-Château. Había sido un viaje largo y convulso por tierras cátaras pero al final conseguimos el objetivo. Era una época en que la libertad la entendía como libre albedrío y allí, en el sur de Francia, pensé que la había encontrado.

Estos días en los que estamos viviendo en mitad de la nada, en este paraje desolado, aislado del mundo y del ruido, nos levantamos al alba y lo primero que hacemos es ir hasta la letrina seca donde siempre nos espera un bonito cartel que indica que está “libre”. Empezar la mañana con este mensaje es poderoso. Días y días reflexionando cada mañana sobre el mismo símbolo, el mismo arquetipo en un momento de nuestras vidas donde hemos sacrificado nuestro confort para estar libres de muchas cosas es algo profundamente significativo.

Pero esta vez la libertad no la entendemos como libre albedrío, sino que empezamos a explorarla y entenderla más bien como todo lo contrario. Libertad de estar en el flujo de la vida, en la poderosa llama de un propósito mayor. Libertad entendida como fijeza en un objetivo que no nos pertenece, desdeñando todo aquello que durante años ha distraído nuestras vidas y alejado, dicho sea de paso, de aquello por lo que siempre hemos creído. Es como sentir la libertad de los astros, de ese cosmos regido por unas leyes sutiles que crean orden y concierto. Nuestro planeta no se queja ni busca enemigos por su paciente rotación y traslación. Realiza su propósito y gracias al mismo, gracias a su complejidad, nos provee de vida, de existencia.

Escuchaba estos días a alguien que hablaba en términos de sacrificio. Sacrificar los deseos personales, sacrificar los apetitos, sacrificar la ansiedad por tener más, por poseer más. Eso nos libera de nosotros mismos. Librarnos de esos constantes estímulos, incluso librarnos de nuestros hábitos, de nuestras conductas, de nuestros pensamientos, de nuestras creencias, de nuestro pasado y expectativa futura. Ese tipo de libertad posee un carácter diferente, una cualidad distinta. Esa libertad está más próxima al sentido de la vida amplia.

Libertad, descubrimos estos días, no es hacer lo que queramos cuando queramos. Libertad es estar libres de aquello que nos amarra, aquello que nos encadena, aquello que nos confunde y nos aleja de nuestro verdadero propósito. ¿Estamos realizando en nuestras vidas eso que sentimos interiormente? ¿Hemos osado montar sobre los vientos en alas batientes?

En este tiempo hemos elegido dejar nuestras cómodas vidas para acercarnos un poco más al misterio de la acción grupal, al resultado de la convivencia comunitaria. Es una prueba de fuego porque los intereses personales desaparecen para profundizar en los intereses grupales. Realmente es un sacrificio que de alguna forma nos libera para entrar en una onda expansiva mayor, en un estado de consciencia diferente. Ahora estamos inmersos en una especie de prueba que no sabemos describir pero a la que hemos llegado gustosamente, con alegría, con cariño, con amor. Hemos renunciado a algunas cosas pero a cambio hemos ganado otras de mayor calado, de mayor profundidad. La vida austera no significa vida vacía o pobre, significa encontrar en lo simple las riquezas invisibles. Como ese cartel que nos saluda todas las mañanas y nos recuerda que somos libres. Una libertad exquisita, diferente, profunda.

(Foto: cartel de entrada a la letrina seca en O Couso)

En las orillas del corazón


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© Adam Dobrovits

 

Los corazones se sienten abrumados y perdidos. Casi siempre con esa sensación de soledad, de abandono, de injusticia y rabia. Sobre todo con esa sensación de pérdida, de vacío. No es de extrañar. En nuestra vida se entrecruzan corrientes que nacen de nuestro pasado aún no olvidado, traumas que no cicatrizan, circunstancias presentes que no acompañan a una correcta armonización. Y luego está el mundo, con sus contradicciones, con su vida aún anclada en el conflicto, en la guerra, en la búsqueda de adversarios y enemigos.

En los tiempos más antiguos los sabios consideraban al corazón como la morada de Dios. Para ellos ese lugar recóndito era la cueva donde nacía la promesa del espíritu, la salvaguarda del misterio de la vida. Hablar del corazón es hablar de trabajar sobre el Bien, sobre lo Bello, afirmando el poder del conocimiento que nos arrastra inevitablemente a reconocer y practicar el principio creador de la benevolencia.

En nuestra época hemos olvidado el verdadero poder del corazón, por eso es necesario volver a sus orillas, aproximarnos a la reconciliación con su esfera de influencia. Un corazón sano, benévolo, armónico, es capaz de cualquier cosa. El corazón no es tan sólo la fuerza motriz que nos da vida, es también la poderosa llama que nos acerca al fluir invisible, al velo tejido que separamos con amor y candor para atravesar al otro lado. Todos nuestros corazones juntos representan el templo de la humanidad. Todos nuestros corazones juntos laten como un tambor cuyo poder invocador es ilimitado.

Orientamos nuestro corazón hacia la Vida, hacia la verdad infinita. Nos relacionamos con la vida mediante el amor y nuestra inteligencia es capaz de convertirse en el medio evocador, en el propósito que nos guía por la correcta conducta y el verdadero propósito. Sólo desde el amor que nace como una llama potente de nuestro corazón podrá consumir todas esas aristas que arrastramos, toda esa negrura que pesa sobre nosotros.

Quién es capaz de amar de igual manera a una flor y respetar la vida de un animal se encuentra en el sendero del corazón. No es posible entrar en la puerta del Misterio si antes no se ha conseguido este respeto. Los guardianes del umbral no dejarán entrar a aquellos que tengan mancillado su sendero. Para subir a esa cima es necesario comprender que el amor que nace de un corazón recto empieza siempre por lo más primario, por lo más sencillo, por el amor a una flor y el respeto vital hacia la vida de nuestros hermanos más pequeños. No es posible entender la Vida si no somos capaces de aproximarnos a ella practicando mediante pensamientos y actos puros, mediante un enfoco primordial en la expresión del amor universal y la generosidad, aquello que equilibra al mundo.

Las riquezas materiales y espirituales nacen del amor, del corazón, del compartir. Es una ley suprema. Esas riquezas son un puente que nace desde lo más alto para darnos la oportunidad de comprender el verdadero significado de la comunión. Es el corazón la morada del recto conocimiento, de la recta comprensión de todo misterio. Los arcanos secretos se desvelan en los papiros de nuestro interior. Nuestro corazón es el hogar de nuestra consciencia, un proceso lento pero necesario para poder entender desde una vida sensible y abierta los retos del devenir. Aquel que no reside en el corazón no puede mejorar su consciencia, y por lo tanto, no puede llegar a entender los principios de la vida.

¿Y cómo llegar a ese entendimiento si no somos capaces de acallar nuestras voces y atender su latido? Aún no estamos capacitados del todo para comprender que al acallar nuestros ruidos y acercarnos a los latidos del corazón, el despertar nuestro centro cardiaco, conduce inevitablemente a la consciencia grupal, a la propia humanidad y a la consciencia del todo.

¿Cómo nutrir nuestros corazones? En silencio, en comprensión de la unidad, en el estudio necesario de las causas y los arquetipos y en la generosidad de un servicio enfocado hacia el bien común. Sólo con amor y en amor podremos romper con las barreras que nos limitan y comprenderemos la fuerza transmutadora de nuestros corazones. Caminemos lentamente a sus orillas. Caminemos al hogar del espíritu. Que la doctrina del corazón nos ayude.

 

Feliz revolución solar


laura

Llegaste como una peregrina y desde que se cruzaron nuestros caminos no hemos parado de andar. Las sendas se abrieron ante nosotros y estipularon como pacto el acercarnos al Misterio juntos, no para explorarlo, cosa que ya habíamos hecho, ni para buscar el Grial, cosa que ya habíamos encontrado en nuestros corazones. Vino a nosotros el propósito para reconstruir en la Tierra un trozo de Cielo. Ese fue el pacto y la alianza y por eso, en menos de un año, todo se materializó.

Y hoy que cumples treinta y algo añitos me siento afortunado de seguir persiguiendo el sueño, de levantarme siempre con ese tu calor, tu compañía, tu buen humor. Esa alegría que nos ensalza hacia metas mayores a las nuestras propias y que nos encubre de fuerza para seguir adelante. Ese despertar feliz por sentirnos protegidos por angelitos del otro lado.

Ser pareja sólo fue una excusa. Lo sabíamos desde el principio. No era un requisito necesario, pero hacía todo más fácil. No hubo enamoramiento ni flechazo, pero sí una pasión vital por dar forma a eso que llamamos propósito grupal. ¿Cómo realizar un sueño de todos si no empezábamos haciéndolo entre todos? Y en ese todos empezamos tú y yo, andando, caminando, salpicando el camino de alegría, de bondad y paciencia, de amor desapegado y cariño por todo.

Eres una buena mujer, pero sobre todo eres una buena persona. No es adulación, es reconocimiento. Te aprecio porque das tu vida por el otro sin miramientos, sin razones, sin exigencias. Cualquier presente te hace feliz, no importa si es un viaje a Londres o un trozo de piedra decorada con alguna hierba. Alejada del lujo y la pompa, aprendiste pronto a considerar como valioso aquello que siempre luce invisible a los ojos de lo estólido. Fuiste capaz de sacar fuerzas de donde no las había y lo has demostrado hasta hoy. Tanto fue así que no tuviste ni el menor remordimiento en desapegarte de tu paraíso en la Costa Brava para viajar hacia la incógnita más insondable.

Y aquí estás, celebrando tu cumpleaños de la forma más humilde, levantándote sonriente en una caravana en mitad de la nada, mimando a tu pareja con esas tostadas mañaneras y sirviendo humildemente al propósito encomendado sin ninguna queja, sin ningún sollozo o lamento. Todo lo contrario, la alegría que desprendes es suficiente para inspirar a todo un valle que ya no es el mismo desde que tú lo habitas.

Gracias de corazón querida Laura por todo lo que eres y representas y espero que hoy, en un día tan especial, renazcas a la luz del misterio y vuelvas a engrosar la lista de aquellos que engloban la avanzadilla de este nuevo mundo.

Feliz revolución solar. Feliz vida nueva.

 

La escritura oculta de las estrellas


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«El conocimiento de los antiguos egipcios, ¿no se escribió en signos místicos acaso? ¿No suelen las Escrituras hablar en parábolas? Y las más deliciosas fábulas de los poetas, fuente y manantial primero de la ciencia, ¿no se envolvieron, perplejas, en las alegorías?» (El seudo-alquimista Subtle a Mammón, en El Alquimista, de Ben Johnson).

 

Dicen que los antiguos magos que obedecían a las enseñanzas del zoroastrismo podían leer en los mensajes celestes los designios de la humanidad. Era costumbre absorber desde los pétalos místicos la sabiduría arcana que susurraba desde dimensiones desconocidas todo el devenir. El Astrum Mercurius de los alquimistas era ese lugar donde los más agraciados podían ver, podían asomar la visión de aquello que aparentemente parece incomprensible pero que, desde ese espejo dimensional, puede volver en orden aquello que parece caos.

Este fin de semana ha venido mucha gente a visitarnos. Algunos, asombrados, no daban crédito a tamaña ruina. ¿Cómo es posible que nos hubiéramos embarcado en semejante lío? ¿Cómo reconstruir una casa del siglo XVI en estado semiruinoso? ¿De dónde sacar las fuerzas y los recursos necesarios para hacerlo?

Resulta fácil responder a estas preguntas cuando asomas la cabeza al otro lado, cuando lees la escritura oculta de las estrellas, cuando puedes ver como a pesar de la ruina, cientos de personas vienen a visitarnos diariamente para beber de cierto néctar que, sin ser palpable en cuanto a la visión normal, se pueden sentir y acariciar con un poco de aguda sensibilidad. Plutarco lo hubiera dicho con un verso revelador: en cinco ramificada inflorescencia de fuego. Por ello no nos preocupa mucho el mundo de la apariencia, nos gusta más jugar con aquello invisible que es capaz de mover montañas, que asoma como señales luminosas advirtiendo de la bondad del camino, que crea arco iris sublimes en momentos de belleza inesperada. Señales como los de estos amigos que venían desde Cádiz recorriendo toda la península solo para estar un día y medio con nosotros. ¿Qué es eso que los mueve y conmueve a tamaño viaje?

Dicen que los ángeles no tienen el poder de mandar ofrendas imperativas, pero sí de enviarnos señales, advertencias, pequeñas guías cargadas de símbolo y belleza. Nosotros creemos, en todo este camino, haber sentido esa presencia angélica. ¿De qué modo sino nos hubieramos embarcado en esta locura? ¿Qué clase de sentido tendría el haber venido hasta tan lejos, muy cerca del Final del Mundo, dejarlo todo y meternos en una humilde caravana para trabajar silenciosamente sobre unas ruinas de más de cuatro siglos? ¿Qué fuerza es esa que nos empuja a semejante empresa? ¿Y qué cosa es esa que hace que tantos y tantos peregrinos del alma vengan a ayudarnos en dicha labor? ¿Qué cosa es esa que les conmueve para atreverse a sumarse en esta reconstrucción espiritual?

Sólo un fuego abrasador en ramificada inflorescencia, sólo un apretón sublime en el pecho flamante, solo un poderoso mandato nacido del toque de clarín de nuestra alma, solo la chispeante y lúcida centella que nos guía podía arrebatarnos de nuestras cómodas vidas para arrastrarnos hacia esta senda aparentemente caótica e inverosímil.

La montaña mística de los filósofos debía contener una profunda y misteriosa cueva interior. Es dentro de esa cueva donde se produce la verdadera alquimia, la transformación interior. No cuesta mucho creer que un día saliéramos de nuestros confortables castillos para emprender la búsqueda del Santo Grial. Y en esa búsqueda nos encontráramos con esta hermosa montaña y en ella plantáramos nuestra espada para entender la importancia y la urgencia de la transformación. Cuando miramos al cielo, eso podemos leer en sus estrellas. Y en ese doble mundo vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser para servir con cariño y amor a todo aquel que quiera asomar la cabeza a estas ruinas…

 

(Pd.- Gracias especiales a los amigos que este fin de semana han viajado desde Cádiz hasta O Couso para estar un día y medio con nosotros. No nos conocíamos, pero al vernos es fácil reconocernos. Su testimonio son para nosotros esas piedras que van construyendo poco a poco este hermoso edificio hecho con amor y para el amor. Gracias de corazón a Begoña, May y Eduardo. Gracias también a las casi veinte personas que nos han visitado este fin de semana. Sus testimonios, su belleza y su calidad humana nos alienta).

 

 

La vida es un Misterio


byss

«Incluso la pasión que os he revelado en la danza circular a ti y a los demás, es mi deseo que se llame Misterio». (Cristo a Juan después de la Pasión, según los Hechos de San Juan, capítulos 94-102)

 

Estaba trabajando en la edición de un libro sobre alquimia y disfrutaba de todo ese conocimiento oculto que encierran tantos y tantos documentos antiguos ya olvidados, que a nadie o a pocos le interesa y que sin embargo, aportan una sabiduría necesaria para comprender y explorar el universo en el que vivimos.

Mientras hoy me duchaba con agua helada en una tarde igual de gélida sentía cierta libertad al comprobar lo dichoso que puede llegar a ser el poder ser un tránsfuga de lo cotidiano y envolver cada instante de momentos extraordinarios. Miraba el bosque que me rodea mientras me frotaba temblando. Observaba cada rama, cada hoja que caía de cada uno de los árboles. El suelo se llenaba de un color otoñal mientras que los animalillos corrían de un lado a otro en busca de víveres. Había una especia de danza circular, de dichoso momento cargado de plenitud, de orden, de armonía, de paz.

Cuando hay días nubosos tenemos que conectar el ordenador a la batería del híbrido. La placa solar no termina de realizar su función debido a su baja potencia y debemos buscar alternativas para seguir trabajando. Realmente en esta circunstancia es toda una ventaja poder disfrutar de un coche semi-eléctrico. A veces se convierte en oficina improvisada, como ahora mismo, que trabajo a oscuras pero agraciado por la noche y el refugio del coche. Resulta extraño mirar por las ventanas y comprobar el silencio que ahí fuera sobrecoge a todo ser viviente. Resulta igual de extraño respirar profundamente en esta anómala circunstancia, donde uno nunca hubiera imaginado que este tipo de vida es posible. Dormir en una caravana, trabajar en un coche híbrido, mirar alrededor y contemplar, día tras día, la espesura del bosque, el verdor de las praderas, las vacas pastando por todo el valle de Mao. La sierra de Édramo nos protege en este pequeño valle del que ahora somos guardianes.

Hay algo misterioso en todo esto. Podría pensar que cada vez que descubro un hongo mientras paseo, o que cada vez que me levanto por la mañana para ir al baño improvisado en el bosque llenándome siempre las botas de rocío, es lo más natural del mundo. Quizás lo fue hace unos siglos. Pero ahora es como si todo esto fuera ajeno a nuestra condición humana. Cuando te alejas del ruido de las ciudades y de su asfalto cuesta creer que esto exista. No deja de sorprenderme el vuelo del ave, el sonido de la lluvia y la luz de todos los amaneceres. Resulta milagrosa toda esta danza de vida, todo este caldo de Misterio. A veces me siento como ese loco que salió de la tumba acompañado de dos bastones. Con uno de ellos exploro el mundo de lo visible, con el otro descubro el mundo oculto, el mundo de los noumenas, el mundo accesible a aquellos que se preñan de entusiasmo por las cosas naturales.

La vida es un Misterio, no tengo duda de ello. Si estamos atentos a todo cuanto nos rodea habrá algo que nos empuje a salir de nuestra propia tumba para caminar en la locura de una vida nueva. Ahora que estoy aquí, en mitad de la nada, del silencio, de la tierra y el cielo, descubro con asombro aquello que decía Hermes con respecto a aquellos que se habían alejado de la vida ordinaria: esos que iniciaron el Camino y que de alguna forma se apartaron de la “procesión del Destino”. Salir de la tumba, dejar de ser un Durmiente, caminar por el sendero que conduce al fuego de los dioses. Todo guarda un néctar esotérico, todo encierra un esplendor que nos conduce al inevitable reencuentro con el Ser. Cuando te levantas de la tumba empieza la danza circular del Misterio.

Llueve


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Es cierto que los días son largos o cortos según fijemos nuestra atención en la pasividad o la actividad. Cuando pasas la noche en una acogedora caravana que logra tambalearse por la potencia del viento, el nuevo día nace como una sobrecogedora experiencia. La lluvia no ha parado desde que amaneció. Por la tarde, en el tradicional paseo con Geo terminamos los tres empapados. Alguien nos advirtió que en las tierras del norte llueve con contundencia. Realmente la lluvia no nos molesta y el viento puede ser un buen aliado para alimentar baterías que nos den algo de luz en cuanto podamos adquirir un molino aerogenerador. Nos gusta ver los aparentes inconvenientes en oportunidad.

La lluvia también nos permite recogernos, estar atentos a la vida interior, intentar despegar la imaginación creadora para trabajar en esos planos más sutiles donde energías y encuentros con fuerzas de todo tipo pueden completar una vida rica e intensa. No podríamos quejarnos jamás de ese regalo interior que la lluvia nos ofrece. Estamos agradecidos plenamente por sabernos acogidos en el templo que nace aquí dentro, en lo recóndito, en lo misterioso, en lo expansivo.

Ahora pensamos en el frío que pronto llamará a las puertas de la frágil caravana. No sabemos aún como amortiguarlo. No nos dio tiempo a cambiar todo el tejado, y las ventanas que encargamos en junio aún no han llegado. Aquí todo es muy lento. No puedes programar nada en lo inmediato, y la urgencia es una palabra que desaparece entre los prados y los bosques de robles y castaños. Cuatro meses esperando nos parece mucho, pero quizás para ellos sea lo normal, o incluso poco. Quién sabe los motivos por los cuales todo se retrasa por aquí. Lo cierto es que si eres albañil y trasladas tu domicilio a estas regiones nunca te faltará trabajo. Los pocos que hay o los pocos que quedan se quejan del exceso de trabajo que tienen. Algo paradójico en una tierra que sufrió el envite de la emigración a las américas y que ahora sigue decreciendo demográficamente. Dicen que los jóvenes se marchan a las ciudades y que los viejos, cuando mueren, dejan un vacío insoportable. Lo decía hoy nuestra querida Lourdes, nuestra vecina más querida que tanto nos cuida y mima. Preocupada no sabía vaticinar un futuro muy positivo para las gentes que queden en esta tierra.

Y nosotros, nuevos pobladores, sentimos sin embargo un halo positivo y esperanzador. Como digo, esto que para muchos es un impedimento, el drástico clima, para nosotros es una oportunidad de crecimiento y sabemos que también lo será para futuros exploradores de lo incógnito, de aquellos que anhelan aproximarse al nuevo paradigma grupal. También lo ha debido de ser en países del norte de Europa, especialmente en los nórdicos, donde el clima es aún más insoportable y sin embargo, parece que tienen un nivel de progreso superior a los países de climas más suaves. Quizás la dureza les hace hábiles en cuanto a la búsqueda de bienestar. A nosotros nos alumbra el camino para reencontrarnos con el ser, con la quintaesencia del Misterio, y de paso, trabajar en cierto equilibrio exterior, que para nada está mal.

Sigue lloviendo. Es bueno que llueva. Así mañana los prados seguirán verdes y las cosechas interiores crecerán a raudales. Que llueva, que llueva, que todo crece y se expande. Que todo mina nuestros valles y ríos de poderosa intuición.

(Foto: El Bosque de los Ancianos, un maravilloso rincón que siempre nos acoge con cariño).

Hacia un nuevo estilo empresarial


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Muchos amigos dicen que mi pequeña editorial no tiene categoría de empresa. Que más bien es otra cosa, difícil de definir y más difícil aún de describir con certeza. La Comisión de la Unión Europea sugiere la siguiente definición para empresa: “Se considerará empresa toda entidad, independientemente de su forma jurídica, que ejerza una actividad económica. En particular, se considerarán empresas las entidades que ejerzan una actividad artesanal u otras actividades a título individual o familiar, las sociedades de personas, y las asociaciones que ejerzan una actividad económica de forma regular”.

El término se aproxima algo a lo que en 2006 creamos de forma un poco díscola y desordenada. En los primeros años llegamos a ser cuatro socios capitalistas, porque algo de capital se puso para poder poner en marcha tan semejante locura. No fue mucho pero lo suficiente para empezar a tejer sueños. Al principio era todo muy artesanal, casi familiar. Uno de los socios se encargaba de diseñar las portadas y yo, de forma muy rudimentaria, aprendía a hacer una web y a maquetar libros. Luego, al ver que la cosa iba en serio, llegaron nuevos socios y amigos que quisieron apostar por el proyecto.

En los primeros tiempos nos reuníamos en una finca con todo lujo de comodidades. Era antes de la crisis. Las reuniones tenían un tono casi festivo, siempre de buen humor, tomándonos el proyecto más como un entretenimiento que como algo realmente serio. Luego llegó la crisis y hubo silencio y diáspora. Los socios desaparecieron y me quedé sólo y desnudo con la romántica idea de seguir adelante a pesar de todo.

Este verano tuve un bajón “empresarial”, uno de esos que de vez en cuando te dan cuando ya no sabes si seguir con el proyecto o venderlo al mejor postor. El problema de esta humilde aventura es que a nadie de Silicon Valley le interesa. No me iba a hacer millonario vendiendo una editorial en plena crisis del sector. Sin embargo, cuando lo intenté, algo diferente pasó fuera y dentro de la misma, incluso fuera y dentro de mí mismo. Me di cuenta de que todo lo que durante años habíamos creado tiene un “valor”.

Mi amigo tiene razón cuando a este proyecto que ya ha editado más de cien libros en ocho años no se le puede llamar empresa. Recuerdo cuando trabajaba desde Alemania, en aquella bucólica granja de caballos creando Nous, el segundo sello editorial. Recuerdo también cuando vivía en aquella hermosa casa de diseño que aparentaba albergar a un joven empresario de éxito y en cuya terraza ideamos el tercer sello, Welton, que murió al poco de nacer. Realmente aquel aparente triunfo lo hubiera sido si los escrúpulos de un humanista no hubieran sido más fuertes que las decisiones empresariales. En tres ocasiones perdí la oportunidad de hacerme con bastante dinero con tal de seguir eso que llaman principios o valores. Es lo malo de conjugar romanticismo con empresa. O quizás lo bueno de empezar a creer que otro tipo de modelo empresarial es posible. Empresas con alma, entidades con valores.

La editorial siempre ha sido de alguna forma itinerante. Ya ha tenido más de seis sedes sociales y parece que no termina de encontrar, como su creador, un lugar donde descansar en paz.

O quizás estemos ante un nuevo fenómeno de empresa, un nuevo modelo rompedor que tiene más que ver con las nuevas tecnologías que con las antiguas creencias empresariales. Cuando observo con detalle mi nueva mesa de trabajo, un tablón de madera anclado en la parte norte de esta pequeña pero hermosa caravana me pregunto si no estamos, sin darnos cuenta, creando una nueva forma de crear riqueza, un nuevo paradigma a la hora de tejer otras maneras de entender el capital y el lucro.

Quizás ahora pueda parecer ridículo o incluso cómico el estar trabajando en una mesa de caravana. Pero no lo es tanto si pensamos eso de que grandes empresas nacieron en un garaje. O incluso el como ha evolucionado empresas como WhatsApp. Su creador, Jan Koum, de origen ucraniano llegó a Estados Unidos casi sin saber inglés. No terminó la universidad y durante años vivió ayudándose de cupones para poder comprar comida. Las oficinas de WhatsApp han pasado de estar en una pequeña sala dentro de la sede de una empresa de fundas, a ocupar un edificio de cuatro plantas en el centro de Mountain View, muy cerca de la parada del tren que recorre Silicon Valley. Nosotros seguiremos creando en nuestra humilde caravana… y quién sabe si el humanismo y los valores algún día consiguen triunfar en el mundo de la empresa.

(Foto: Mi humilde despacho en Mao Valley, en el centro neurálgico del proyecto O Couso).

¿A qué he venido a esta tierra?


o couso

“He venido a esta tierra para introducir un sistema social enteramente nuevo; para cambiar la sociedad, que ahora es un sistema ignorante y egoísta, convirtiéndola en un orden social iluminado que unirá gradualmente todos los intereses en uno, eliminando las causas de enfrentamiento entre los individuos”. Robert Owen

 

Owen fue empresario y el padre del cooperativismo, pero también fue un utópico que deseó conjugar el sueño de una nueva tierra mediante la regeneración del mundo, moral y materialmente. Lo intentó con su comunidad New Harmony y fracasó como tantos. Sin embargo, en su obra hay algo interesante: lo intentó.

Mientras acarreamos la carretilla llena de tierra de un lado para otro y lo conjugamos con nuestros propios trabajos a veces bajo la lluvia y otras bajo el viento y el frío, seguimos pensando concienzudamente que merece la pena, que todo este esfuerzo no es para vivir una vida plena, marginada y aislada, sino para, de alguna forma, poder contagiar a otros de una forma diferente de hacer las cosas.

No buscamos inmovilismo, ni pasividad, ni siquiera una marginación retraída en tiempos remotos. El sentido de crear una comunidad, una alternativa al modelo egoísta imperante, es simplemente por una necesidad de compartir un marco razonable, mejorable y amoroso dentro de un mundo tan convulso. No hacerlo desde la teoría, que está muy bien y resulta imprescindible, sino dando un paso más hacia delante, arriesgando un poco más y comprometiéndonos hasta donde nos parezca razonable y lógico con la idea.

Creemos que es lo más sensato y lo más coherente. Muchos despertamos dentro de nosotros esa necesidad de cambio en nuestras vidas y en nuestras sociedades pero dotamos de flaqueza las fuerzas que nos han de impulsar al cambio real, material y moralmente dentro de nuestras vidas, de nuestras actitudes. Por eso no nos da miedo la dificultad. Ni siquiera la idea de fracaso tal y como ocurrió con la New Harmony de Orwen y de tantos y tantos experimentos. El único fracaso es el dejar de intentar, y el único instante de frustración viene cuando no actuamos acordes a nuestra palabra, idea o sentir.

Si pasamos toda la vida criticando un modelo de sociedad, un modelo opulento, masificado, egoísta y dócil ante el despilfarro y lo abundante, debemos actuar con cierta coherencia. De alguna parte tienen que salir las fuerzas para dejar la comodidad, el aparente bienestar y la seguridad de una vida fácil para poder enfrentarnos a la construcción de algo diferente.

No se trata de insensatez. Cada vez que miramos a nuestro alrededor creemos firmemente que al menos, el haberlo intentado formará parte de ese sueño que todos albergamos dentro de nosotros. Y no creemos que sea un sueño ingenuo. Creemos que la humanidad, de forma solidaria con el resto de ecosistemas, algún día deberá inclinarse ante un nuevo orden moral y social. Algún día dejaremos de enfrentarnos los unos a los otros, dejaremos de competir y de presumir, dejaremos de pisotear al otro como si fuera un auténtico enemigo. Algún día alguien enfrentará la suficiente valentía para emprender el camino de lo generoso. Y ese día muchos lo seguirán.

Cuando miro a mi alrededor y veo campos y bosques y animalitos y praderas pienso: ¿a qué he venido a esta tierra? La respuesta es muy parecida a la de Orwen. Deseo introducir un sistema social enteramente nuevo. A lo que añadiría: deseo al menos intentarlo.

¿Qué más necesitamos?


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Mientras cae la lluvia y veo los prados mojados y el perro Geo descansando de la carrera que hemos disfrutado juntos hago balance de todo lo que tenemos y todo lo que nos falta. Tenemos paz, tenemos amor, tenemos cariño, tenemos dignidad. Tenemos también estos prados y estos bosques, una bonita caravana donde ahora vivimos cómodamente a pesar de los pesares. Nos acompañan la gatita Gaia y Geo, las gallinitas y el conejo que aún sobrevive a los avatares de la vida salvaje. Ahora contemplo el horizonte, el silencio solo roto por el sonido del viento y la lluvia. Las montañas de la sierra de Édramo, el valle de Mao, el cielo con sus nubes.

Hacía balance y no sabría decir qué nos falta. Cuando rozaba los veinte años quería terminar la carrera y encontrar un trabajo fijo bien remunerado. Eso era casi una obsesión. Con un trabajo fijo y estable teníamos oportunidad de acceder a una hipoteca y empezar así el ciclo de la vida en pareja. Cuando lo conseguí y rocé los treinta quería vender mi pisito de noventa metros cuadrados para tener una gran casa. También lo conseguí y luego vinieron casas más grandes, y palacios de ensueño que entraban y salían de mi vida acompañados de aristocracia y poder. En ese momento llegó la crisis y perdí casi todo. Pero no me refiero a las cosas, me refiero a la paz, al amor y al cariño y la dignidad. Porque perder las cosas, haciendo balance a estas alturas, tarde o temprano siempre se pierden. Pero perder lo que realmente nos hace frágiles y humanos… eso es terrible.

Decía hoy en voz alta que mucha gente se acerca a uno si tiene muchas cosas. Si tienes un buen puesto de trabajo, una buena casa o poder habrá muchos que de forma incondicional estarán cerca. Al menos hasta que algo de eso desaparezca.

No ocurre lo mismo con las personas que se acercan buscando paz, amor y cariño. Ellas saben que cuando falta algo de eso es responsabilidad propia, porque todos tenemos la facultad de abrazar, de consolar en momentos difíciles e incluso de estar ahí cuando más lo necesitas. Otros tienen la facultad de desaparecer en la noche oscura y no volver nunca más cuando las cosas desaparecen.

Ahora miro el valle y los prados y mi caravana y me siento cargado, lleno, dispuesto a compartir el trozo de pan y el trozo de cielo. La naturaleza nos ofrece todo su esplendor. El viento se encarga de recordarnos las cosas imprescindibles. Aquí no tenemos ningún palacio, tampoco un trabajo que requiera ningún estatus de poder. A veces nos toca coger el pico y la pala y otras limpiar la estancia de las gallinas o rellenar de agua del pozo los bidones vacíos. Cada uno hace lo que puede, y según el día, lo que requiere. El estatus se mide por la fortaleza interior, por la sabiduría del silencio, por la mirada cálida y firme. La riqueza se valora por la capacidad de dar, por la exquisita generosidad con el otro, por la asertividad ante las flaquezas del grupo.

¿Qué más necesitamos? Quizás nuestras aspiraciones tengan que ver con poder ofrecer alguna cama, alguna ducha, alguna comida, algún retrete donde poder uno sentarse, ya que ahora hacemos nuestras cosas como lo hacían los mal llamados primitivos. Realmente, cuando amanece todos los días no sentimos ninguna angustia vital que tenga que ver con necesitar algo. Más bien, nuestro sentir tiene que ver con otra pregunta: ¿qué más podemos ofrecer?

(Foto: compartiendo una hermosa tarde con Geo y Gaia)

 

 

Bienaventurados los mansos


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¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios mío, qué inmenso es su conjunto! Si me pongo a contarlos, son más que arena; si los doy por terminados, aún me quedas tú. Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno. (Salmo 138)

Realmente no sé qué haría ni cómo reaccionaría ante una guerra, ante una epidemia, ante una situación dramática como esas que todos los días aparece en la televisión. Desde hace tiempo intento que las circunstancias exteriores no perturben la paz interior, el propósito interior. Es algo complejo porque la vida no siempre es un camino de rosas ni las cosas ocurren como uno desea. Pero existe una especie de hilo conductor que da sentido a muchas cosas. El conocimiento de ese inconmensurable designio del que habla el Salmo, al menos la intuición de su probable existencia te hace ver la vida de forma diferente. De alguna forma, terminas por volverte un manso, es decir, un alma que fluye con la substancia de las cosas, con la inmensidad y con el misterio. Ya no lucha por doblegar las circunstancias, sino que aprende que las mismas están ahí para que no cedamos en nuestros principios, en nuestros valores, en nuestras metas.

Si el camino, nuestro camino propio y colectivo, alguna vez se desvía de aquello a lo que hemos venido a este mundo, todo confabula para que la guía apropiada aparezca. A veces en forma de enfermedad, de accidente, de suplicio. A veces en forma de silencio, de profundo silencio o de una mano amiga que te lleva hasta ese camino de realización.

Ser manso no es fácil. Requiere de cierto entrenamiento, de cierta actitud, de cierta aceptación. Aceptarnos a nosotros mismos con nuestros defectos, nuestras sombras, nuestras virtudes y luces. Y aceptar que existe algo mayor a nosotros mismos que nos mueve y nos conmueve. Eso que llamamos vida. Eso que llamamos misterio. Y lo llamamos así porque ignoramos realmente el sentido de toda la existencia. Ignoramos hasta el punto de que nos creemos poseedores de algún atisbo de verdad. No somos aún conscientes de que lo inabarcable es imposible entenderlo desde nuestro limitado prisma. De ahí la humildad, el respeto y la inclinación mansa ante todo lo que nos rodea. De ahí la necesidad de dejarnos guiar por el devenir, con curiosidad, con amistosa calma, con esmero y ganas.

Me daba cuenta esta tarde mientras veía como las gallinas deambulaban por el prado de un lado a otro. La hierba se mecía bajo el manto del atardecer y las castañas caían desde lo más alto de las ramas hacia esas florecillas violetas que ahora en otoño lo inundan todo. Había un crujir en la escena, un halo extraño y misterioso. Tanta belleza hipnotiza. La naturaleza, vivida desde cerca, encierra un hermoso y profundo mensaje. Es como una guía palpable sobre el camino eterno. Es como una revelación que nos pone a prueba sobre nuestra finitud y el como empleamos este tiempo único hacia el bien común, cumpliendo siempre nuestra parte, consumando siempre nuestro propósito. Somos un suspiro y es nuestra responsabilidad dejarnos mecer por lo profundo. Bienaventurados los mansos, ellos heredan la tierra porque suyo es el reino de todos los cielos.

(Foto: © Ibai Acevedo)

Ciudad jardín: hacia un mundo más habitable


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El anhelo de todo soñador siempre ha sido el de crear un entorno donde pudieran convivir de forma armónica e inspirada la naturaleza en su más grandioso esplendor y la vida del ser humano.

Algunas veces estos sueños se hacen realidad, como ocurrió en 1963 en Nærum (Dinamarca), en Brøndby, a quince kilómetros de Copenhague. Inspirados por las ilustraciones del arquitecto Carl Theodor Sørensen que trataba sobre un proyecto moderno de jardín llamado “Runde haver” y con el apoyo del arquitecto Erik Mygind, se decidió elaborar planos para una comunidad compuesta de huertas urbanas familiares. Los planos agrupaban doce unidades circulares, subdivididas en casas que no sobrepasan los cincuenta metros cuadrados.

Cuando diseñábamos la comunidad de O Couso, primero en el plano de los sueños, luego traspasando el plano mental hasta que las sincronías unieron nuestras diferentes sensaciones, nos dimos cuenta de que en muchas partes del mundo se estaban tejiendo ideas similares. Cuando leí la noticia de la ciudad jardín danesa, un lugar cuya estructura intentaba emular la de las villas que usan el centro como espacio para la socialización, no podía creer que ese experimento ya existía. El diseño, que constituye un ejemplo de arquitectura sustentable, es exactamente igual al que habíamos soñado por vías diferentes.

Estos días de interminables paseos miramos por todos lados entre la pradera y el bosque de qué forma podríamos situar las casas sin que representara un impacto visual extremo su construcción. ¿De qué forma se pueden crear casas ecológicas integradas en un bosque o una pradera verde? Sabemos que queremos emular las casas redondas como símbolo de unidad y comunidad, y también sabemos que queremos construirlas con los propios materiales que da la tierra: piedra, madera de castaño y pizarra. Pero queremos hacerlo de forma que el impacto visual sea el mínimo.

Ahora estamos viviendo en una acogedora caravana, pero es algo tan circunstancial como esos sueños que deambulan desde hace años en nuestra mente y corazones. Es un paso, un peaje arriesgado, pero que nos libera de muchas pesadas cargas que podrían impedir construir el sueño. Muchos pensaréis que es pura valentía o espíritu libre. Es cierto que tiene algo de eso, pero también es cierto que tiene mucha racionalidad encubierta. No hacemos las cosas por azar. Trazamos un camino en los planos sutiles y luego vamos dando pasos para conseguir las metas. Ahora estamos felices en la caravana, trabajando gracias a una pequeña placa solar que alimenta nuestros ordenadores y cocinando cosas riquísimas a camino entre la ruina de piedra y la caravana. Los paseos de la tarde junto al bosque y la pradera son inspiradores. Vemos a los animalillos del bosque, a las castañas que ya están cayendo desde los altas ramas, el agua que empieza a brotar por todas partes. El paraíso hecho realidad, y con el propósito interior de ser compartido con todos. De ahí nuestro empeño, nuestra arriesgada valentía. Sólo con esa necesidad circular, solar, de compartir. Crear una pequeña comunidad sostenible, habitable, para que muchos puedan comprobar que la vida sencilla ofrece una felicidad que las cosas, las diez mil cosas de las que nos rodeamos, no es capaz de ofrecer. Lo estamos experimentando ahora, en este instante, rodeados de bosques en esta pequeña caravana de no más de diez metros cuadrados. Aquí hay de todo, no nos falta nada. Y ahí fuera, un inmenso océano de sensaciones que esperan ser compartidas.

Seguimos trabajando en la propuesta de comunidad mientras construimos la casa de acogida. Es un reto imparable y estamos felices de todos los ánimos y apoyos que recibimos. Ya hay una comunidad que se está construyendo más allá de esas bonitas casas que esperan a sus habitantes. Sentimos que la comunidad ya se está tejiendo en gestos y experiencias inolvidables. Gracias por ser parte de este sueño vivido.

(Foto: Ciudad Jardín “Runde haver”, en Dinamarca).

Hogar, dulce hogar


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Ayer salí a las diez de la noche de Barcelona y atravesé toda la península de este a oeste casi sin descansar. A las diez de la mañana ya estaba en tierras gallegas, con lluvia, con vacas por todas partes, con ese verde intenso tan especial. Quería darle una sorpresa a Laura y lo hice, recibiendo a cambio un inmenso abrazo que me recordó eso de que el verdadero hogar está allí donde te reciben con amor y cariño, sin importar si el lugar es un palacio o una humilde choza. En mi caso, nuestro nuevo hogar es una caravana. Es cierto que este verano lo hemos pasado aquí alegremente con amigos y personas que venían de media España para contagiarse de entusiasmo y alegría. Pero hoy la sensación era muy diferente. Tras abandonar el piso, el calor y el refugio de Madrid, venir a Galicia con lo puesto ha sido toda una proeza de desapego. Una gran lección que demuestra que lo verdaderamente importante no tiene forma ni aspecto ni color. Carece de textura y solidez, no precisa de adornos ni figuritas. Es sólo ese abrazo de Laura con lágrimas en los ojos. Es ese paseo interminable por el bosque, imaginando el mundo lleno de niños correteando alegres de un lado para otro a la caza de duendes y hadas. Ahora que puedo decir que he vivido en los más luminosos palacios y en los más oscuros recovecos puedo decir lo que es verdaderamente el hogar.

Ese es el verdadero sentido de la palabra hogar: calor, cariño, amor. Por eso, cuando fijéis vuestras metas futuras, no esperéis de la vida una gran casa, un adosado en la sierra, un palacete en una gran ciudad junto a un trémulo río. Dibujad en ese futuro un abrazo sincero de alguien que os quiere de verdad, de alguien capaz de dibujar una sonrisa o una lágrima al recibiros con emoción. Cuando penséis en el futuro, no esperéis vivir en un gran palacio. Fijaos si las personas que están a vuestro alrededor lo están por vuestro dinero, por vuestro estatus, por vuestra posición, o simplemente lo están por un amor incondicional, por un verdadero y sincero gesto de amor . Así, si por las cosas de la vida cayerais enfermos o lo perdierais todo en un golpe de mala suerte, os asegurarías de que de sus manos y de su rostro brotaría el amor incondicional, y no el egoísmo o la rabia o el cansancio o el reproche. Así, si las cosas fueran mal y lo perdierais todo y lo único que os quedara fuera una humilde caravana en mitad de un prado verde, siempre os quedaría ese abrazo, ese sincero hogar que acoge por igual al rico y al pobre, al sano y al enfermo, al bueno y al despistado. Hoy, sin tener nada, me he sentido la persona más afortunada del mundo, porque al perderlo todo, lo gano todo, porque al sentirme libre y resuelto a abrazar con amor el nuevo destino, me podía sentir lleno y feliz. Mi reino por ese abrazo. No está mal.

Y además con esta compañía incondicional que en estas ya frías noches celtas, bajo el mando de lluvia y soledad, abraza mis ramajes, penetra con su aliento y calor en todo el misterioso significado de la vida. Afortunados aquellos que en la pobreza o en la riqueza disfrutan de un amor sincero y entregado. Afortunados aquellos que en la salud y en la enfermedad podrán sonreír porque a su lado siempre brotará la llama del amor sincero. Hogar, dulce hogar. Ahora puedo entenderlo.

Enfrentado al gran reto de la vida


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Me marché de Madrid con cierta emoción interior, con ese escalofrío que te indica de que ahora toca enfrentarse a un reto mayor, a una nueva forma de retomar el hilo de la vida. Tras años surcando mareas contra corriente, era como si en este momento simplemente me dejara arrastrar por el agua que fluye. Y en ese arrastrar dejaba el piso que albergó mis sueños y mis letras durante dos años. Pedí a la persona que había vivido esa aventura desde el principio que me acompañara en el cierre. Pensé que sería más hermoso poder abandonar tantos recuerdos con alguien que también había participado de los mismos. Ella, generosa como siempre, aceptó. Así que llevamos juntos los últimos paquetes, limpié el lugar dejándolo mucho mejor de cómo me lo había encontrado y cerré la puerta.

En el viaje no miraba hacia atrás. Un gran arco iris acogió la despedida hasta que la lluvia y la noche dieron paso a cierta paz extraña. Uno debería ponerse triste cuando de repente se da cuenta de que no tiene piso, ni casa ni un lugar donde guardar sus cosas. Pensé en mis primeros años de universidad cuando hice un trabajo sobre los “sin techo” y pasaba horas y horas con los transeúntes intentando comprender cómo en nuestro siglo aún había personas sin hogar. Tiene gracia que ahora me encuentre así, no por necesidad sino por voluntad propia, por ampliar eso que llaman consciencia y compartirla desde la situación privilegiada de no poseer nada. Ligero, simple, expectante. Quizás tan solo sea un marco transitorio. De momento viviré en una hermosa y acogedora caravana en mitad del bosque donde podré vivir la experiencia de esa libertad absoluta, de ese respirar profundo en plena naturaleza.

Ayer en Andorra reflexionaban sobre eso de la vida multidimensional. Es hermoso tomar consciencia de ello. Es cierto que tenemos una vida material, a veces con más o menos cosas, con más o menos privilegios. Pero también tenemos una fecunda vida emocional, mental, y para los más arriesgados, espiritual. La vida emocional puede ser igual de rica, especialmente cuando compartes emociones sanas con un gran número de personas. La mente es un privilegio. Poseer una vida intelectual y reflexiva es apasionante. La vida espiritual, complementada con el resto, es una forma de ver y experimentar la existencia desde otro ángulo diferente. La perspectiva es amplia, desapegada de los avatares cotidianos, siempre peregrina y dispuesta a enfrentarse a los retos más insospechados. Se engrandece el estímulo por la existencia y se ensanchan las experiencias vividas. Estos días, mientras dejaba atrás todo un pasado para enfrentarme desnudo a un nuevo reto sentía que esa experiencia de libertad formaba parte de esa vida espiritual. Podía elegir sobre toda circunstancias qué camino seguir. Y lo hacía con amor, sin rabia, sin rencor. Sólo con agradecimiento y ese trocito de sabiduría que nos acompaña en toda gran decisión. Me siento afortunado de poder hacerlo. Me siento afortunado de enfrentarme de nuevo desnudo al gran reto de la vida.

(Foto: Ayer paseando por Andorra).

Otro mundo es posible… y lo estamos construyendo


 

Hemos preparado este pequeño video recordatorio de todo lo que hemos estado haciendo en O Couso. Es sólo una muestra que pudimos recoger en la tercera semana de experiencia y que vale como resumen de todas las almas bellas que nos acompañan todos los días. Gracias de corazón por todo lo que nos dais y gracias de corazón por hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

Lo que ocurra… Lleva la barca mar adentro…


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«Lleva la barca mar adentro». (Lucas 5, 4)

Hoy Arturo nos lo recordaba de nuevo en la meditación que ha dirigido esta tarde en el Centro Dharana: “Maestro, qué esperas de la vida. Lo que ocurra, contestó”. Esa contestación entraña una profundidad aplastante. Significa fluir abiertamente con la vida, con la existencia, con el devenir. Es, como dice el evangelio de Lucas, llevar nuestra barca mar adentro, olvidarnos de nuestros miedos y sentir la presencia y la necesidad de explorar en las profundidades. Eso implica dejar de buscar, dejar de empeñarnos en dividir nuestros esfuerzos en la constante e interminable búsqueda. Si buscamos es porque carecemos de la fe suficiente para aceptar que realmente existe un Misterio, que realmente existe algo que sobrepasa nuestro dócil entendimiento. Si buscamos es porque aún albergamos dudas y cierta esperanza, pero sobre todo muchas inquietudes no resueltas.

Cuando nos dejamos arrastrar por el flujo existencial, cuando entendemos que lo único que debemos buscar es la forma de contribuir al bien, entonces la vida toma un cariz diferente y la magia, eso que transforma toda nuestra realidad, se manifiesta a cada instante.

Lo que ocurra tiene mucho que ver con nuestra certeza de estar labrando el surco, la senda que conduce a la realización interior. Lo que ocurra tiene que ver también con esa necesidad de contribuir al orden invisible, a esa red que ordena todo cuanto ocurre en el caos aparente. También significa que de alguna forma nos convertimos en tejedores de luz, en nodos absorbentes de esa inmanente necesidad de ser útiles al Misterio.

La vida entera está llena de ocultas redes que transportan dádivas celestiales a aquellos que dejan de hacer cosas para procurar el aliento y la dignidad al mundo. Dejan de acumular, dejan de preocuparse por el qué dirán, dejan atrás los prejuicios y las ofuscaciones para convertirse en auténticos faros de luz. La historia nos ha llenado de ejemplos de personas y personajes que han entendido a la perfección el verdadero significado de llevar la barca mar adentro. De convertirse en pescadores de almas, de peregrinos que deambulan perdidos y que son arrastrados por sus redes a una causa mayor, a un estadio de consciencia desde el cual se puede divisar la vida desde una perspectiva más amplia y segura.

Lo que ocurra nos transmite el mensaje de que todo es posible, de que incluso lo más pequeño y ridículo puede transformarse en algo maravilloso y único. Algún día descubriremos en nosotros esa grandeza y seremos como dioses bondadosos. La generosidad y la inteligencia activa posarán al servicio de lo inmanente. Que ocurra… que la barca te lleve mar adentro y te libere…

La misión. Deja que la semilla se rompa…


the mission

“La luz brilla en la oscuridad y ésta no la vence”, Juan 1:5

Tras tener el honor de presentar esta mañana en Madrid el primer libro de Elien, me marché a comer con el amigo Luis y luego terminamos la sobremesa viendo la película de Roland Joffé, “La Misión”. Acabamos medio llorando en el salón de su acogedora casa y preguntándonos qué misión tenemos como seres humanos.

Luis me hablaba de la inevitable llamada, de la necesidad de discernimiento para poder saber qué es lo mejor, de qué forma debemos actuar y hacia donde dirigir nuestros pasos siempre para mayor gloria de Dios. Elien se refería a eso mismo diciendo que para poder discernir bien ese camino, primero debemos morir, como muere la semilla para que nazca una nueva planta. Si tenemos miedo a morir, si no lo hacemos realmente, entonces lo nuevo nunca llega a nacer. Elien nos animaba a ello: “deja que la semilla se rompa”. Su frase y su tono fueron los adecuados para sembrar en nosotros una semilla de esperanza y cambio.

Tras el visionado de la película nos sentíamos aturdidos por el mundo, por sus cosas, por sus intereses y máscaras. El final es impactante y te hace cuestionar muchas cosas. Lo importante fue el poder mirarnos juntos al espejo y preguntarnos al unísono: ¿cuál es nuestra misión en la vida? Llegamos a una conclusión parecida: servir. El servicio como aquello que nos hace compartir lo que somos, que nos hace comunicar al mundo nuestro propio don. ¿Qué es aquello que se manifiesta en nosotros de forma brillante? Eso es servicio. Porque cuando compartimos lo mejor de nosotros, de alguna forma estamos ayudando a construir un mundo mejor para Ad maiorem Dei gloriam. Así lo sentíamos ambos y así buscamos juntos la manera de perfeccionar ese camino de servicio, cada uno desde su posición privilegiada, a sabiendas de que debemos dejar que la semilla se rompa para que siempre nazca lo nuevo, lo mejor, lo maduro.

Es cierto que en esa llamada siempre hay miedo y perdición, confusión y despiste. No importa. Todos sabemos que en este maravilloso mundo la gloria se alcanza en las cosas pequeñas y cotidianas, sin necesidad de grandes proezas. Cualquier gesto, por pequeño que sea, ya forma parte de ese contingente de cambios posibles.

Peregrinos, nómadas y vagabundos


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Estos días en Madrid están siendo intensos. El hecho de tener que dejar el piso que me dio cobijo durante dos años es ya motivo suficiente para pensar que algo va a cambiar a partir de ahora. Lo único que permanece es el cambio, me repito una y otra vez, así que este pequeño cambio espero que sea para seguir adelante. No siento que me esté despidiendo de Madrid, pero sí que antes de marcharme debo poner algunas cosas en orden, más interiormente que por fuera.

Hoy asistía a una charla muy interesante en una fundación que pretende crear una comunidad en el hermoso valle del Tiétar. Se trata de un proyecto cuya característica especial es que estará habitada por personas que están ya en ese hermoso y maduro proceso de la senectud. Pretenden crear una especie de cohousing donde poder compartir en un espacio privilegiado una experiencia de actividad común. Había visitado en estos años de investigación antropológica muchos tipos de comunidades intencionales, pero hoy era la primera vez que me enfrentaba a una intención tan hermosa: compartir la madurez de la vida, el retiro, no en algo pasivo sino en algo creativo, compartido y cargado de experiencia comunitaria. Esto es síntoma de que algo bueno está pasando ya no sólo a niveles de juventud con ganas de cambio, también en la esfera de la plenitud madura.

Al salir me encontré con un viejo amigo con el que terminé pasando la tarde. Su lucha, su intención es la de ganarse la vida, la de ser un nómada que cambia de traje por las mañanas y por las tardes para conseguir aumentar su caudal de divisas. Decía que se sentía cansado del mundo de las máscaras y le pregunté cual era el motivo de su insatisfacción. “Quiero discernir lo que es verdadero”. Su respuesta me hizo pensar y llegué a observar que quizás ese mundo de disfraces, que al final resulta ser un inocente juego, también forma parte de esa cosa verdadera. Más allá de la moral de nuestro tiempo, más allá de la ética en la que naveguemos, las máscaras también pueden ser una forma de enfrentarnos a la realidad.

Me gustó la distinción que hacía entre nómada, peregrino y vagabundo. Nunca lo había pensado hasta hoy. Pensé que ninguno es mejor que el otro. Quizás el peregrino tenga una intención clara, un destino para su viaje, para su peregrinar, y quizás conozca algo de su camino. El nómada es desplazado según las necesidades vitales y la fortuna a la hora de buscar refugio y alimento. El vagabundo no le da ninguna importancia ni a uno ni a lo otro. Navega libre sin saber qué comerá y sin saber a dónde ir o cual es su meta o propósito en la vida. En el fondo todos, en alguna fase de nuestras vidas, tenemos algo en común con todos ellos. A veces nos sentimos nómadas, otras peregrinos y otras simples vagabundos con necesidad de abrazar a un gran oso de peluche para sabernos, al menos, queridos por el mundo. Es posible que el mundo de las máscaras produzca cierto tipo de soledad parecida a la del vagabundo. Puede llegar a ser peligrosa si no sabemos reconducirla. Errar por la vida sin un propósito, sin una meta, sin un camino puede llegar a ser incómodo. Pero no todos están dispuestos a presentarse ante el camino con el desapego de un vagabundo y la fortaleza de un nómada. No siempre estamos dispuestos a perderlo todo para reencontrarnos con nuestra verdadera esencia. No todos, como los amigos del cohousing, están dispuestos a llegar a cierta edad para afrontar un importante reto, una actividad bien alejada de la vida pasiva y tranquila que para muchos esa edad requiere.

Y emprendí la búsqueda de mí mismo…


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…» y emprendí la búsqueda de mí mismo«… (Heráclito)

Toda nuestra vida está marcada por una triple ansiedad, nos dice Dürckheim: el miedo a la destrucción, la desesperación ante lo absurdo y la angustia ante el aislamiento. Esto es motivo suficiente para buscar constantemente seguridad, sentido a la vida y amor. Sin embargo, esto no es válido para todos. Hay seres que sienten una nostalgia superior a la seguridad, el sentido –incomprensible- de las cosas y el amor. Buscan más allá y no se conforman con la limitante experiencia profana. Lo sagrado invisible ocupa sus horas, sus deseos, sus anhelos. Sus ansias de trascender enriquecen cada segundo de su existencia. Su vida fluye como un manantial cuya fuente es inagotable.

Lo decía Paracelso: “que no pertenezca a otro quien pueda ser dueño de sí”. A otro o a otra cosa. El camino de sí mismo, la búsqueda incesante del raudal de vida libre desenmascara a los impostores que intentan encadenarnos o confundirnos. Las naciones, las creencias, los mitos, los dogmas, la costumbre, los dioses, el dinero, el poder. Fantasias inventadas por el humano para saciar sus miedos. Un sinnúmero de fantasmas que hipnotizan nuestra vida para mecernos en ese caudal de promesas y sueños. A veces resulta difícil liberarnos de ese mundo narcotizado, aletargado, entumecido y somnoliento. A veces simplemente dejan de existir, de repente, ante la inevitable senda de la búsqueda del Ser.

Dürckheim escribió un libro sobre meditación que subtítulo acertadamente “hacia la vida iniciática”. Entiende la trascendencia como ese lugar donde el Ser se libera de los frondosos bosques, de la oscuridad y la ceguera. Un camino donde la premisa es liberarnos de nosotros mismos, de nuestros prejuicios, de nuestras banalidades, de nuestros apegos y cárceles materiales y espirituales. El camino iniciático requiere pérdida inevitable. Lo añejo muere, existe realmente un ritual de expiración para dar paso al nuevo ser, al ser que aspira a completarse humanamente hacia cuotas mayores.

Al principio hay oscuridad, confusión, duda, miedo. De alguna forma descubrimos nuestro cautiverio y aspiramos a ser seres totales y libres. Allí al fondo está esa tenue luz, ese latir excitante, ese toque de clarín que nos anima a continuar hacia el elixir deseado y sentido. Tras la oscuridad emprendemos la inevitable travesía del desierto. Nace entonces la incomprensión, el escándalo para aquellos que no soportan el vernos dirigir nuestros pasos hacia la firme consecución de nuestra plenitud y realización. Más duda, más miedo, pánico a ese aterrador sendero plagado de incertidumbre.

Esta experiencia provoca inevitablemente transformación. Nos fijamos más en los silencios que en la palabra, nos sentimos más cómodos con el verbo que con el sustantivo. Los adjetivos desaparecen y el continuo gerundio se manifiesta constantemente en nuestras vidas.

Es arriesgado, pero todo aquel que haya la senda de la realización siente la necesidad de dar testimonio de la misma. A veces en callada pose, en ejemplar vida como aquella de los santos. Otras simplemente ayudando a elevar la aspiración humana hacia esas cotas alcanzables de realización. De alguna forma te abandonas a la progresiva necesidad de abrazar lo absoluto. Pérdida y conquista. Emprendimiento y revelación. Un mundo fascinante se cierne sobre nosotros una vez vencido el miedo.

 

Cambiamos “cosas” por “vivencias” y dejamos de existir


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Ahora que estoy haciendo mi mudanza hacia ninguna parte, hacia un lugar etéreo donde aún no sé qué formas tendrá, veo como día a día, con esfuerzo y tesón, el ser humano se empeña en acumular cosas. Miro a mi alrededor y me pregunto como llegó esto o lo otro y para qué sirve realmente. Me pregunto qué necesidad tenemos de acumular objetos cuyo uso ridículo ni lo sabemos. Tenemos tantas y tantas cosas que atesoramos con auténtica obstinación. Esas cosas realmente son inútiles. El ser humano está empeñado en producir, producir y producir para luego tirar, tirar y tirar. Nos hemos convertido en una especie de máquina de hacer cosas inútiles. Figuritas, adornos, muebles para llenarlos de más figuritas y adornos, grandes maletas para transportar en cada viaje cientos de cosas que luego no utilizamos. Tenemos una lista infinita de objetos que nunca nos ayudarán en nada. Sólo nuestro empeño en acumular puede darle algún tipo de explicación irracional a todo este proceso.

Por suerte hay personas que empiezan a comprender que las experiencias y las vivencias pueden enriquecerte más que mil objetos acumulados. Para poder tener vivencias es necesario disponer de tiempo. Por eso hay gente que ya empieza a comprender que a más tiempo, más experiencias. Algunos piden reducción de jornada, otros directamente dejan sus antiguos trabajos para dedicarse a lo que realmente les motiva. Unos se van de voluntarios a diferentes países y otros acuden al ahorro en cosas para transformarlos en aventuras y viajes. Cada vez que dejamos de comprar algo y lo canjeamos por una experiencia estamos de alguna forma acumulando tesoros existenciales, profundos pozos de sabiduría sutil.

Cuando uno muere las cosas se quedarán aquí. Vendrá alguien y las tirará al contenedor y todo nuestro afán de acumulación habrá terminado. Sin embargo, las experiencias nadie podrá borrarlas de nuestra existencia. Algo quedará en el universo cuando nosotros no estemos. Algún tipo de memoria metafísica se encargará de ordenar en la psique colectiva todo ese cúmulo de riqueza experiencial. En la versión inversa, cuando cambiamos cosas por vivencias de alguna forma dejamos de existir. Compramos una cosa para satisfacer nuestro primario impulso consumista. Cuando lo conseguimos la cosa en sí ya no tiene valor y queda olvidada. Sin embargo, las experiencias las recordamos constantemente. Aquel abrazo, aquel atardecer, aquel viaje, aquel amor de verano, aquellas flores en el jardín, ese inolvidable paseo por el bosque. Esos son tesoros que siempre nos acompañan.

Piénsalo bien antes de gastar dinero. ¿Qué clase de tesoros deseas acumular en la vida? Sin duda, el mayor de ellos, el que más satisfacción e influencia ejerce en nosotros es el acto generoso de compartir. Más allá de vivir experiencias, el compartirlas nos eleva aún más en nuestra condición humana. Nos llena de satisfacción y rebosa en gozo a todos los que participan en ella. Cualquier gesto, por minúsculo que sea, provoca en la humanidad entera un estímulo hacia el desarrollo positivo. La esperanza de un mañana diferente y mejor pasa inevitablemente por este tipo de experiencias compartidas. El amor se magnifica cuando responde abiertamente a acciones que militan en el proceso diario de nuestras vidas. Cuanto más amorosos somos, más rica y profunda resulta nuestra existencia. Cuantas más experiencias vivimos mayor es nuestro reino de los cielos.

Nacionalismo catalán, no puedo ser neutral


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No soy neutral. Estoy a favor de la independencia pero en contra del lavado de cerebro que padece Cataluña. Estoy a favor del derecho de autodeterminación pero no a costa de ese rancio nacionalismo imperante (por ambas partes, por los casposos de Madrid y los paletos catalanes). Estoy a favor de votar pero como lo hacen en Escocia, no como lo hacemos aquí, a base de totalitarismo (por ambas partes) y de apartheid y xenofobias por ambos bandos.

No soy neutral, y digo: ¿cual es la alternativa al Estado Español, una réplica del mismo? Puestos a pedir, me gustaría ser independiente de lo rancio, lo casposo y lo paleto. ¿Un nuevo estado? ¿Acaso no tenemos ya suficientes? ¿Para qué, para seguir subvencionando a más chorizos y mangantes? ¿De verdad queremos o necesitamos más estados?

Claro que no quiero un Estado como el español. Sólo hay que mirar al Cañete, con acciones en petroleras y aquí de Ministro de Medio Ambiente y allí de Comisario de Energía y Cambio Climático. Suena a guasa. Pero tampoco quiero un estado catalán donde el padre de la honorabilidad resulta que era otro ladronzuelo. Pero como digo, no es culpa de esos pobres ricos, sino de los pobres-pobres que siguen votando a los mismos, que siguen aspirando a ser como ellos, que siguen embaucando sus penas y desgracias culpando al otro. Es lo único que hemos sabido hacer en España: insultar al otro, envidiar al otro. Ese es nuestro verdadero seny. Vivimos en un país de supersticiones y fechorías. Ya lo decía Ortega. Es como los que se quejan de ciertas «tradiciones» salvajes. ¡¡¡Hipócritas comedores de pollos y vacas!!! ¡¡¡Salvajes civilizados!!! El salvajismo del Toro de la Vega es similar al vuestro… Sangre, sangre y más sangre… ¿Alguien miró alguna vez los ojos de una ternera? ¿Acaso eso no es salvajismo? Lo mismo ocurre con los nacionalismos y los patriotismos. ¿Qué clase de mentiras nos han acunado para creer verdaderamente en ellos?

¿Cómo votar en un país donde ya se está construyendo las bases del nuevo estado sin ni siquiera haber votado? ¿Qué clase de juego maléfico es ese? ¿Y desde cuando el pueblo llano y libre ha votado para crear más prisiones conceptuales llamadas estados, naciones o banderas? ¿Qué clase de veneno le echan al LLobregat y el Besos para que todos de repente se vuelvan nacionalistas?

Ni siquiera las banderas de Corea del Norte o los desfiles militares de China han podido competir con esa gran estelada catalana. ¿Qué clase de uniformidad están inculcando en esos jóvenes patriotas que salen a la calle cargados de banderas? ¿Qué clase de intoxicación sufren para que todos de repente anhelen montar embajadas en todo el mundo para enchufar a los primos y cuchados de los que les gobiernen? ¿Qué clase de miopía puede vivir un pueblo para salir a la calle a defender algo que en el pasado sólo ha sido fruto de guerras y discordias, de aniquilamientos y de guerras mundiales? ¿Desde cuando la causa nacional le importó al panadero o al agricultor? ¿No es acaso más importante desde los tiempos de Babilonia cultivar el trigo y hacer el pan para alimentar al pueblo?

¿Es tanta la ceguera y tanto el engaño? ¿Dónde están los críticos, los intelectuales, los luceros del alba, la lucidez? ¿Todos vendidos por un plato de lentejas acompañado de una bonita estelada? ¿Es este el verdadero silencio de los corderos que prefieren seguir en su inopia antes que decir pío por miedo a ser señalados o ajusticiados? ¿Es que nadie se da cuenta de lo que está pasando? Lo siento, pero no puedo ser neutral y mirar a otro lado. Algo terrible está pasando y no puedo ignorarlo.

Sexualidad según Osho


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El otro día alguien me invitaba a dar una charla sobre asexualidad en Tailandia a raíz de la publicación de mi libro sobre el tema. La propuesta parecía surrealista, pero venía de una persona que sabía de lo que hablaba. Me preguntó abiertamente porqué era asexual. Le expliqué la conexión que había entre dedicar un tiempo enorme a satisfacer los impulsos y placeres de la carne o dedicar ese tiempo al poder creador. Esta mañana mientras comía con una amiga en el centro de Madrid me decía que de donde sacaba el tiempo para hacer tantas y tantas cosas. Quizás la respuesta esté en este texto de Osho que me permito compartir con vosotros.

«La vida te va llenado de energía. Y siempre que la energía acumulada es demasiada, el tercer ojo lo siente y empezarás a percibir que hay que hacer algo. A este tercer ojo los hindúes le han llamado el ajna chakra, el centro de mando, donde se dan las órdenes, la oficina desde donde el cuerpo recibe las órdenes… La Naturaleza ha construido un proceso: en cuanto acumulas demasiada energía, el tercer ojo presiona el centro del sexo, ambos se unen y empiezas a sentirte sexual. Se trata de un dispositivo automático creado por la Naturaleza en el cuerpo. Y a partir de ahí, existen dos caminos en la gestión de esa energía interior acumulada: descenderla o ascenderla.

Descenderla significa desahogarte. Así es como para la mayoría de la gente funciona el sexo: una medida de seguridad, porque se puede acumular tanta energía que puedes estallar. El sentimiento de sexualidad no es más que un dispositivo para evidenciar la acumulación de energía. Y una de las maneras de usar tu energía es sintiendo placer a través del desahogo.

La otra forma es decir: “No dos”. Yo soy uno con el Universo. ¿Dónde desahogarla?; ¿con quién hacer el amor?; ¿dónde echarla? No hay ningún lugar distinto a mí, yo soy uno con el Universo. Entonces, al no hacerla descender del tercer ojo, al no desahogarte, empieza a ascender. Y llega así al último chakra, el séptimo centro, situado en la cabeza por encima del tercer ojo y al que los hindúes llaman sahasrara: el loto de los mil pétalos.

Estos son los dos caminos posibles para usar tu energía interior acumulada. Cuando la haces descender, hay placer. Cuando no te desahogas y permites que ascienda desde la compresión consciente del “no dos”, la energía alcanza el sahasrara y hay bienaventuranza. Y ten en cuenta que el placer y el sentimiento de bienestar que el descender la energía provoca sólo puede ser momentáneos, pues el desahogo es pasajero y genera una sensación efímera. Sin embargo, la bienaventuranza puede ser eterna, porque la energía no se descarga sino que se reabsorbe. El centro de la descarga es el sexo, el primer centro o chakra; y el centro de la reabsorción es el séptimo, el último. Ambos son los extremos de un mismo fenómeno energético. Desde un extremo, al desahogarte, la energía se descarga; te sientes relajado porque ahora no hay energía para hacer nada y te duermes. Es por eso que el sexo ayuda a dormir. Y si te vas al otro extremo, en el que la energía se reabsorbe, el loto de los mil pétalos se abre y sigue abriéndose y abriéndose. No tiene fin, porque la energía vuelve hacia el interior, es reabsorbida.

Puedes llegar desde el sexo a la superconsciencia. Este loto de mil pétalos es el centro de la superconsciencia. Así que cuando vuelvas a sentirte sexual di “no dos” con comprensión, consciente, en alerta. Y de pronto sentirás que algo está pasando en la cabeza: la energía que solía caer hacia abajo se está moviendo hacia arriba. Y una vez que alcance el séptimo centro, será reabsorbida. Entonces te vas convirtiendo en más y más en energía; y la energía es deleite, éxtasis. Ya no hay necesidad de descargarla porque ahora eres el ser infinito… Puedes absorber el infinito, el todo, y aún quedará espacio… Este cuerpo es estrecho; tu consciencia, inmensa. Este cuerpo es una taza pequeña; un poco más de energía y se desborda. Tu práctica sexual es el desbordamiento de la taza, del cuerpo estrecho. Pero cuando el sahasrara se abre, un loto de mil pétalos se abre en tu cabeza; y va abriéndose y abriéndose sin fin. Aunque el todo se derrame sobre ti, todavía quedará un espacio infinito.

Se dice que un buda es más grande que el Universo. No su cuerpo físico, por supuesto, pero el Buda sí lo es porque el loto se ha abierto. Ahora este Universo no es nada; millones de Universos pueden caer en él y ser reabsorbidos. Puede seguir creciendo. Es perfecto y todavía sigue creciendo. Esta es la paradoja; porque nosotros pensamos que una perfección no puede crecer. La perfección también crece; crece hacia ser más perfecta y más perfecta. Sigue creciendo porque es infinita… Este es el vacío del que habla Buda: shunyata. Cuando tú estás vacío, todo el Universo puede caber en tu interior y todavía queda un espacio infinito, más Universos pueden caber en ti».

(Extracto del capítulo 9 de “El Libro de la Nada”, de Osho)

Ábrete al vasto dominio de la actividad del espíritu


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Cuando estamos enfrascados en los aspectos materiales de la vida nos perdemos muchas experiencias y vivencias que van más allá de esas necesidades. Cuando las necesidades gobiernan nuestra existencia, limitamos nuestra capacidad de crecimiento humano y no somos capaces de alcanzar las esferas de actividad que existen más allá de esas restricciones.

Imaginaros el breve instante de vida que nos es otorgado. En nuestra ceguera, vivimos cada segundo como si fuera eterno, como sí realmente nuestra naturaleza quisiera vivir por siempre en el mismo escenario. No somos conscientes de que nuestra vida puede cambiar radicalmente en un breve lapsus de tiempo. Un accidente, un cáncer, una muerte súbita. Basta un instante de descuido para que todo termine. Y en ese instante de nada sirve todo el esfuerzo, todas las riquezas, todos los estudios, todo el trabajo realizado. Simplemente se manifiesta y nos vamos, desaparecemos materialmente para siempre.

Pero hay algo más que todo eso. Cuando otorgamos algún resquicio de oportunidad a nuestra imaginación, a nuestro poder creador, algo diferente empieza a ocurrir en nuestras vidas. Sí, tendremos que comer igualmente, tendremos que vestir y buscar la fórmula para satisfacer algunas cosas esenciales, pero ya no será nuestra obsesión y ya no viviremos nunca más aferrados a esa experiencia limitante.

Cuando buceamos en los adentros de nuestro propio abismo, un tesoro se manifiesta en lo más profundo de nuestra condición humana. Es el vasto dominio de la actividad del espíritu. Aquí entramos en otro tiempo, en otros espacios diferentes, en una dimensión donde nuestra visión se ensancha y nuestro corazón se expande. Pasamos de un estado semi-animal a una plenitud existencial diferente.

Al ensanchar nuestro corazón descubrimos que uno de los misterios más profundos de la naturaleza tiene que ver con el compartir. Las células comparten información, se multiplican y se reproducen en diferentes ambientes y especies para compartir la memoria de su periplo cósmico. Comparten en las ramas de los árboles, en la charca, en el cielo azul, en la profundidad de la tierra. No importa la forma que adquiera esa célula, puede ser una lombriz o la semilla de un roble. La misión de todo organismo vivo es la de compartir información, experiencias.

Así, el ser humano ensanchado, abierto, explora todos los confines para buscar la mejor manera de compartir. Compartir un trozo de pan, un trozo de amor, un trozo de conocimiento, de arte, de belleza, de cariño. Compartir un segundo de vida o una mañana, vaciarnos para compartir la quietud. Meditamos para ser mejores y poder compartir mejor, estudiamos para alcanzar esa sabiduría de cómo hacer mejor las cosas para que la generosidad encuentre vías eficaces. Nos desprendemos de la necesidad de acumular para abrazar la suerte de cooperar. Cuando se abre el vasto dominio de la experiencia del espíritu nacemos de nuevo. Otra realidad nos espera y nos empuja. Otra visión, otro mundo nos aguarda. Y lo más importante: todo lo demás viene por añadidura.

Newsletter ocousera, «Preparando el invierno»


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Estimados todos,

Estos meses de verano han sido muy especiales. Más de cien personas han podido convivir en O Couso en unas semanas inolvidables, cargadas de emociones, de risas, de alegría, de algún llanto a la despedida, de experiencias únicas e irrepetibles. Estamos muy agradecidos por todo el amor y el cariño recibido, por todos los granitos de arena que han hecho posible tantos y tantos avances no tan sólo en el plano material, también en el plano de la amistad y la convivencia. Hemos demostrado que la fuerza del grupo puede hacer muchas cosas y que cuando estamos unidos siempre sacamos lo mejor de nosotros mismos. Somos seres maravillosos cuando entendemos que uno de los principios de la naturaleza es el de compartir. La generosidad de todos en estos meses han sido prueba suficiente de que así es y de que esa debe ser la guía para nuestro futuro como humanidad.

Ahora llega el otoño y estamos afanándonos para preparar el invierno. Queremos compartir con todos vosotros las noticias que van ocurriendo en O Couso para que sepáis qué hacemos y cuales son los siguientes pasos en esta aventura compartida.

  1. Muchos de vosotros nos habéis pedido el poder celebrar las fiestas de solsticio, Navidad y año nuevo en O Couso. Para nosotros esto representa un reto importante ya que disponemos de tan solo unos meses para intentar habilitar la casa y poder albergar a cuantos más mejor. Por favor, si estáis interesados en venir a pasar esas fechas de forma especial escríbenos a info@dharana.org indicando cuantos queréis venir y en qué días.
  2. Para que el primer punto sea posible vamos a lanzar una campaña de crowdfunding gracias a la ayuda incondicional de Rafa y la familia Meys. Tenemos que hacer una inversión de unos veinte mil euros para habilitar las cosas más básicas de la casa y poder aislarla del frío de invierno. Es un reto importante en el que todos estamos ya trabajando y esperamos que todo culmine de forma favorable. Si no lo conseguimos no pasa nada, nos achucharemos todos para entrar en calor y bailaremos mucho para que el ánimo no decaiga…
  3. Hemos abierto una cuenta en Triodos Bank, la banca ética, por si queréis ayudarnos en este nuevo reto. Cualquier euro que recibamos será bienvenido y ayudará a la rehabilitación de la que será también vuestra casa. No importa si podéis ayudarnos con uno o diez euros. Cualquier gesto será siempre bienvenido. Los números de cuenta son:

                 Triodos Bank: ES54 1491 0001 2121 2237 2325

                 La Caixa: ES78 2100 1651 0802 0024 0825

  1. ¿Has estado en O Couso? Hemos habilitado en la web un apartado para que podáis compartir vuestras experiencias. Lo hemos llamado Libro de Visitas. Por favor, no dudéis en escribir vuestras impresiones para ayudarnos a que el calor y el cariño de vuestras palabras y experiencias puedan ser compartidas. Avivemos la llama constantemente.

http://proyectocouso.org/libro-de-visitas/

  1. ¿Estás en Madrid? Allí tenemos el bonito centro Dharana donde todos los martes nos reunimos para meditar un rato y compartir los avances en O Couso o simplemente pasar un buen rato compartiendo galletas. Si tienes que hacer algún regalo no dudes en adquirir allí algún libro. Cualquier euro que recibimos en Madrid lo destinamos a promover la reconstrucción. También necesitamos voluntarios para crear círculos de trabajo y búsqueda de recursos. Si tienes algún ratito no dudes en venir a echarnos una mano.
  2. ¿Qué más cosas se necesitan? Sobre todo vuestro ánimo. Todo lo que hemos recibido este verano, alegría, serenidad, comprensión, respeto, valores, convivencia, amistad… es algo que no tiene precio. Todas las semillas que se han sembrado ya forman parte de ese jardín hermoso que entre todos estamos construyendo. Tus ideas siempre serán bien recibidas y nos ayudarán en la construcción arquetípica.
  3. ¿Quieres venir de voluntario este invierno? Hasta el próximo verano no volveremos a implantar de nuevo las semanas de experiencia, pero si quieres acompañarnos algunos días como voluntario ayudando en las tareas de la casa por favor escríbenos y dinos qué días podrás venir. Recuerda que no tenemos agua ni luz y que las condiciones en invierno son aún más complejas y difíciles.
  4. ¿Quieres venir en las semanas de experiencia del verano? Si ya tienes clara alguna fecha o la intención de venir este próximo verano, por favor, escríbenos para poder organizar mejor la acogida. El próximo verano serán muchos los que vendréis y tenemos que estar preparados. ¡¡¡Por lo menos para que no falten galletas para los desayunos!!!
  5. ¿Quieres vivir en comunidad? Muchas personas se interesan por la idea de ir creando la comunidad y la posibilidad de una convivencia más larga. Si estás interesado puedes ampliar la información en este link: http://proyectocouso.org/comunidad/
  6. ¿Estás pasando por un apuro? ¿Necesitas algo? Por favor, no dudes en pedir aquello que necesites. Entre todos buscaremos alguna solución. Por supuesto, siempre serás bienvenido y recuerda que nuestro mayor lema es “deja lo que puedas y coge lo que necesites”. Siempre que necesites algo no dudes en pedirlo y haremos todo lo que podamos entre todos para apoyar tus necesidades.
  7. Tras crear los primeros círculos de consciencia y empezar con los primeros círculos de sabiduría, estamos pensando en la creación de los círculos de apoyo y cooperación. Por favor, si estás interesado en este punto escríbenos. Hay mucha gente que lo está pasando mal en todos los niveles y quizás podamos ayudarla de alguna forma.
  8. Estamos preparando una humilde revista de difusión del proyecto donde compartir experiencias, ideas, entrevistas, artículos. Si quieres escribir algo sobre O Couso o sobre los valores que nos mueven por favor no dudes en enviarlo… Hay tanto por hacer…

Gracias de corazón por estar presente en este reto y gracias de corazón por seguir apoyando este proyecto compartido. Estamos felices y contentos. Estamos deseosos de poder seguir abrazando y compartiendo…

La Dorada, verdadera patria


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Me fui abrumado por tanto circo mediático en torno a los nacionalismos trasnochados a dar un paseo por la España real, por la que pasa hambre y necesidades y que trabaja de sol a sol para llevarse algo de comer al estómago, o para, una vez olvidada la resaca de la crisis, volver de nuevo al ataque con el consumismo atroz y la falsedad egoica. Me marché al sur con una frase que había leído en algún periódico de tirada nacional: “dice John Gray que “los humanos son diferentes porque habitan un mundo imaginado, creado por sus propias ideas, mitos y fantasías, que toman como reales”. Y pone como ejemplo el modelo de vida liberal, “cuyo encanto”, dice, “consiste en que permite a la mayoría de la gente renunciar a la libertad sin saberlo”.

Ese encanto del que habla Gray resultaba gracioso en esa especie de fiesta ilusionante, apropiada para que los mercaderes sigan frotándose las manos al ver a la masa y la turba gritando consignas apropiadas, uniformados con banderas, sin ser conscientes de que esa atenida libertad a la que aspiran es solo un silogismo ficticio, un nuevo yugo del poder totalitario y discriminado. No me fío de los nacionalismos. Sólo hay que repasar la historia para ver que hurgar en las diferencias no trae nada bueno. Y lo que ahora parece una fiesta no es más que una renuncia a una parte de nosotros mismos…

Tras pasar la mañana en la antigua capital del califato omeya con los maestros instalados, me marché a la calurosa Málaga donde pude disfrutar durante toda la tarde del sábado de la amistad y el calor de buenos amigos. Pasaron las horas y pude olvidar durante un trozo de tiempo ese dolor intelectual y emocional al ver como hermanos empiezan a separarse irremediablemente por cuestiones patrias. Se hizo muy tarde y por no molestar terminé en las playas de Nerja, durmiendo bajo la sombra de “La Dorada”, conocido barco que ahora descansa en la plaza de “Verano Azul”. Fue emocionante volver a la infancia y retomar la verdadera patria, la de los recuerdos, la de las emociones y vivencias de esa primera niñez. Y fue extremadamente emocionante recostarme en el asiento del híbrido y dormir plácidamente bajo la sombre del barco que tantos recuerdos mecía a esas horas. Eso sí me pareció un acto libre. Dormir a mis anchas en cualquier parte, sin amo, sin patria, sin dios.

Tras pasear por las calles de Nerja y desayunar algo en el Balcón de Europa, en la mañana del domingo surgió una improvisada jornada de trabajo en un lugar con miles y miles de libros. El hombre bueno, el maestro del oficio, llenaba mi espíritu joven de consejos mientras entusiasmado me enseñaba las últimas novedades editoriales. Era una sensación extraña estar allí en un día no laborable, alejados del ruido de la veintena de empleados que todos los días viven rodeados de letras. Me sentí privilegiado por poder hurgar en los secretos editoriales en un mundo donde cada día se lee menos y se cree más, donde el espíritu crítico deja paso a la turba, al ruido de la masa y su inconsciente colectivo, a la ignorancia y la falta de reflexión y profundidad en los acontecimientos de la historia. Esa misma masa uniformada es como aquella que creyeron el mensaje marciano de Orson Welles, o como esa sensación de pensar que Colón murió sin saber que había descubierto América, o como la cara de John Farynor, humilde panadero que en 1666 hizo arder toda Londres al dejarse encendido el fogón del horno. La humanidad comete errores, a veces la sociedad en su conjunto padece miopía o incluso desviadas percepciones de la realidad. Alguien debería explicarnos de qué o quien seremos «independientes» los catalanes. Y sobre todo a quien interesa y por qué.

Al volver al centro, al zulito ya despejado de recuerdos y enseres personales a la espera de ser entregado en fecha próxima repasaba de nuevo la prensa. “Aunque no nos dejen votar, votaremos y ganaremos”. Esa es la nueva consigna para el 9N. «Votaremos y ganaremos». Claro, votarán sólo ellos y ganaran, por supuesto, en nombre de todos, por inmensa mayoría. Porque aunque no lo parezca, hay gente que no quiere votar.

En fin, me quedo con el dulce recuerdo de “La Dorada”, la verdadera patria, y mañana será otro día. Gracias a Javi, Tito, Quique, Bea, Desi, Piraña, Julia, Pancho y a Chanquete, mi viejo pescador, que esta noche me han mecido bajo su barca. Hoy habéis sido lo más aproximado que he tenido sobre eso que llaman patria, nación o tierra.

(Foto: «La Dorada», más conocida como el barco de Chanquete, esta mañana en Nerja).

De la Diada a la díada


 

Decían los austracistas eso de Pro Lege, Rege et Patria. Pero ahora todo es tan maravilloso, todo es tan armónico en los planos de la inteligencia. Pronto, muy pronto, nos daremos cuenta de que la cultura nada tiene que ver con las patrias, ni con los estados, ni siquiera con ese conglomerado de símbolos que llamamos naciones. Muy pronto saldremos a bailar como lo hace Matt, siguiendo la estela de la unidad ante la diversidad, desde el respeto, la magia del abrazo y el sentido de potenciar juntos nuestras fuerzas y anhelos. Haremos de las banderas pañuelos para proteger al otro y de los himnos patrios susurros para enamorarlo.

Muy pronto tendremos la facilidad de mirar al otro de alma a alma, de guardián a guardián, sin necesidad de mirar si son unionistas o independentistas, si son negros o árabes, si son altos o bajos, ricos o pobres. Realmente lo único que nos diferencia son ciertas coordenadas, ciertos ciclos, ciertas conjeturas del universo que convierte lo paradójico de la existencia en fortuitas obras.

Por eso mañana deseo que todos los que salgan a celebrar el anhelo de libertad lo hagan desde el respeto profundo de esa palabra. Desde la responsabilidad que nace tras la boca de ese paladar. El compromiso no es ni con la historia ni con las futuras generaciones. El compromiso es hacia el alma que subyace en todas las cosas, hacia el arte de toda cultura, hacia el espíritu de todos los tiempos.

Nos sentiremos gozosos el día que abracemos a la madre Tierra como única nación, como verdadera bandera de nuestros destinos. Seremos dignos de llamarnos humanos el día que las fronteras caigan una a una. No sólo las fronteras nacionales, también las ideológicas, las que nacen de la creencia o la diferencia, las que se precipitan desde la inconsciencia colectiva. Seremos dignos de sentir la hermandad y volcar toda nuestra energía en proteger y ayudar al otro, en salvaguardar la dignidad de todo aquel que cohabite nuestros lugares de paso con nosotros.

La sombra de un árbol dura lo que el sol tarda en transitar de un lado al otro el horizonte. Lo mismo ocurre con las diferencias. Podremos pensar que ahí, en lo oscuro de su sombra hay algo que nos diferencia y divide. Pero al mirar hacia arriba y observar que lo que oculta el bosque es la radiante luz del mediodía sabremos mirar al mundo con otros ojos.

Esa mirada ya está llegando alejada del miedo, del rencor, de la rabia y del pasado. Esa visión ya es palpable en las nuevas generaciones sedientas de hermandad. Pronto renacerá la vida radiante del sol, de la luz, de la lucidez, del candor. Pronto bailaremos todos juntos en cualquier plaza para celebrar el advenimiento de un nuevo mundo. Pronto la Diada se convertirá, como exclaman los filósofos, en la díada: en la unión de dos seres o dos principios especialmente vinculados entre sí.

 

Vivir para los demás es la Regla de la Naturaleza


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“Nada en la Naturaleza vive para sí mismo. Los ríos no beben su propia agua. Los árboles no comen su propia fruta. El Sol no brilla para sí mismo. La fragancia de una flor no se esparce para sí misma. Vivir para los demás es la Regla de la Naturaleza”.

 

Hoy en la meditación lo decíamos tímidamente. Debemos descubrir la apertura hacia el otro, el trabajo grupal, la acción conjunta. Estábamos acostumbrados a reunirnos por obligación, a veces social, a veces económica. Pero reunirte por un valor diferente requiere de mucha fortaleza.

Siempre habíamos teorizado sobre la espiritualidad. Incluso hemos sofisticado las creencias añadiendo complejas jerarquías, poderosos argumentos a favor de la magia blanca, increíbles técnicas de meditación para lograr el punto de quietud y con ello la puerta a otras dimensiones. Pero en esa compleja intelectualidad habíamos olvidado la poderosa llama del acercamiento al otro, el poderoso flujo del abrazo sentido, la experiencia de levantarte, compartir una breve meditación grupal y empezar a trabajar para los demás y no para uno mismo de la forma más humilde y sincera. Amar al semejante es mirar de frente a Dios, como dice la canción de los Miserables.

Realmente habíamos olvidado que nada en la naturaleza vive para sí mismo, y que nosotros debíamos respetar esa gran regla. Por eso cuando abrazamos al otro, cuando trabajamos para el otro, cuando despejamos las dudas sobre la verdadera espiritualidad en ese sincero silencio que ofrece el compartir y la generosidad, comprendemos de repente la gran obra. Cuando suspiramos en la llama del hogar común obviando que lo importante no es qué comeremos mañana o qué vestiremos sino de qué forma podré alegrar el corazón ajeno, entonces ocurre el milagro.

Meditar y estudiar son necesarios, pero de nada sirve si no somos capaces de abrir los pétalos celestes de nuestro corazón para compartir con el otro la experiencia vital. Estamos comprendiendo que si no creemos firmemente en que nada nos pertenece, sino que todo es para ellos y en su gloria, como decía una y otra vez la caballería espiritual, todo ese recorrido es estéril. Por eso debemos apartarnos a las orillas de la humildad, agacharnos y arrodillarnos como el último entre los últimos y limpiar y aliviar los pies del otro. Por eso debemos convertirnos en servidores de la vida una apagando nuestro interés para dar vida a la promesa del otro. Dejar de ser capitanes y líderes de nuestros egoísmos para convertirnos en obreros, en sencillos y silenciosos constructores del nuevo mundo.

El sol irradia, la flor comparte su perfume, el árbol da fruto, los ríos no beben su propia agua y ninguno de ellos pide reconocimiento o gloria. Ahí están ofreciendo lo mejor de sí mismos para enriquecer la vida común. Vivir para los demás debería ser nuestra meta, nuestro camino, nuestro sendero. Vivir para los demás debería ser nuestro mayor tesoro labrado en la roca de la enseñanza más profunda. Sólo abrazando al otro, sólo atesorando riquezas en lo sutil podremos comprender la esencia que nos hace inmortales. Sólo arrodillándonos ante la evidencia de aquellos que ya lo hacen podremos imitar sus pasos. La flor, el río, el sol, el árbol.

Abrazar la unidad y empezar a practicar los caminos del amor en acción es sin duda el mayor milagro que la naturaleza ha puesto ante nosotros. Ser conscientes de ello y ponerlo en práctica es la mayor revolución que jamás la raza humana haya podido hacer. Comprenderlo y practicarlo debería ser nuestra mayor revelación espiritual, y por lo tanto, la mayor grandeza de nuestras vidas.

El camino de la creación consciente, de Víctor Brossa


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Estimados amigos,

Tenemos el honor de presentaros el nuevo libro de Víctor Brossa editado por Nous y titulado «El Camino de la Creación Consciente».

Este libro te recordará cómo puedes crear realidad propia de forma coherente con lo que te pide el corazón y te impulsará a reprogramar lo que hasta ahora formó parte de una realidad cotidiana que no te satisfacía.

Para convertirte en el artista consciente de tu vida solo tienes que reconocerte como el dios creador de tu universo, creértelo y actuar como tal, eligiendo generar una realidad a imagen y semejanza de ese cielo único y maravilloso que llevas dentro. Conocer la forma en la que el inconsciente actúa y se programa te llevará a responsabilizarte de lo que expresas, piensas, sientes y haces desde la cotidianidad de tu vida, aprendiendo a usar todo lo que nace de tí para proyectarte de una forma saludable.

Si abrazas el camino de la creación consciente, lo primero que transformarás será tu propio personaje, ese que representas y con el que tanto te has ido identificando a lo largo de los años. Te darás cuenta que solo es una creencia más que manifiestas para poderte mover dentro de este escenario que todos compartimos. Un medio para ayudarte a encarnar tu misión interna dentro de este juego mágico de la vida, lleno de contrastes y posibilidades de experiencia, al que simplemente has venido a ser tu mismo.

 http://elcaminodelacreacionconsciente.blogspot.com.es/

http://www.editorialdharana.com/catalogo/el-camino-de-la-creacion-consciente?sello=nous

 

 

Creando Comunidad: el reto de la existencia humana


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El ser humano pasó inevitablemente por su parte egoísta e individualista. No debemos verlo como algo dañino ni debemos ejercer una crítica feroz sobre esa fase que damos por llamar capitalismo. Realmente era una especie de emancipación necesaria. Sentíamos la necesidad como colectivo de atravesar los aspectos más individuales de nuestra condición humana. Al emanciparnos, primero desde el aspecto material y luego desde el intelectual, nos empoderamos como seres libres y exigimos un giro importante en la historia humana. Aprovechamos de paso para mejorar nuestros aspectos de seguridad, de bienestar y riqueza. Cuando llegamos a la fase en la que ahora nos encontramos, algo nuevo está surgiendo y algo nuevo está empoderando nuestras vidas.

Lo que ocurre es la manifestación de un nuevo empuje, de una nueva fuerza que ya Marx llamó vagamente comunismo en su teoría sobre el materialismo histórico e investigadores como Cowan y Beck con su Dinámica Espiral o el propio Ken Wilber con su teoría integral intentan explicar. Realmente es una fuerza nueva relacionada con la acción grupal y participativa, con un modelo de convivencia basado en la ayuda y la cooperación y alejado del individualismo y el materialismo propio de épocas pasadas.

Esa nueva fuerza tiene que ver con buscar de nuevo las raíces de la comunidad y afrontar el reto de poder reactivar el compromiso de crear alternativas equilibradas a nuestro crecimiento y existencia. Se pretende crear un hábitat donde la humanidad pueda convivir en paz alcanzando propósitos comunes a través de experiencias compartidas. Esto será posible gracias a la promoción de la conciencia colectiva y la comunidad global, remarcando el interés ecológico de la inevitable supervivencia de la vida en la Tierra desde una perspectiva integral y holística.

Para poder alcanzar esto debemos cada día más olvidar nuestra parálisis egoísta y empezar a trabajar en términos de grupo. No sólo creando redes de colaboración sino apostando sin miedo ni parálisis por compartir espacios, lugares, hogares, dinero, trabajos y todo tipo de actividad humana desde esta nueva perspectiva. Tenemos por delante el reto de transformar nuestras ciudades en puertas que conduzcan a la realización humana y cooperativa. Tenemos el reto de profundizar en nuestra relación con la naturaleza en los campos y ambientes rurales, proveyendo de nuevas alternativas de colaboración y participación en todos los ámbitos de la vida. Todo esto desde una conexión que nace desde dentro, desde lo más puro y espiritual del ser humano hacia fuera, hacia el grupo.

Inevitablemente, sin perder la percepción del individuo emancipado y empoderado, sin restar espacios de soledad  individual, será necesaria una apuesta colectiva por todo aquello que tenga que ver con nuestra vida basada en nuevos valores, en una nueva cultura ética que nos hermane y acompañe hacia el equilibrio perfecto con la naturaleza. Cada vez será mayor esta tendencia, e inevitablemente, cada vez será mayor la necesidad de poder compartir todo lo nuestro con el otro sabiéndonos poseedores de unas correctas relaciones humanas basadas en el respeto, la generosidad, el esfuerzo común y colectivo y la responsabilidad con nuestras vidas y actos. Esta es la apuesta presenta y futura y ese es el ámbito donde deberemos desarrollarnos.