Voces del Desierto


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«Si has construido castillos en el aire, no es necesario que tu trabajo se pierda; es ahí donde deberían estar. Ahora, pon los cimientos debajo de ellos.» H.D. Thoreau

Clamar desde el desierto tiene su propio sentido. Muchos pesimistas piensan que el mundo se derrumba, que el viejo modelo está caduco y muere inevitablemente. Otros no pierden el tiempo en ese taciturno discurso. Simplemente se remangan las manos y se ponen a trabajar en el nuevo paradigma, en una nueva realidad, en una nueva esperanza.

Se les ha llamado de todo. Lo cierto es que hasta hace poco sólo se les tildaba como a ese grupo de hippies que se reunían para quien sabe qué. Pero ahora es diferente. La generación hippie ha dado paso a una generación diferente, cargada de emprendedores, incluso de empresarios que han decidido apostar por un nuevo modelo de vida y convivencia. Una sociedad avanzada y madura produce una masa crítica más anticipada, más preparada e informada para afrontar los nuevos retos. Ya no es escapismo lo que se busca, ahora tocan soluciones reales, experimentos reales, proyectos que pasan de la utopía a un efectivo campo de aprendizaje y acción.

Estos días hemos estado en el desierto de Almería, en el Cortijo los Baños de Lucainena de las Torres, en el encuentro nacional de la RIE, la Red Ibérica de Ecoaldeas que a su vez pertenece a la GEN, la Global Ecovillage Network. Ha sido emocionante compartir con tanta gente ese “otro mundo es posible”, pero desde la acción. Ya no es sólo posible de palabra, de sueños. Hay mucha gente que desde la ciudad o desde el campo están construyendo formas alternativas de vida, más acorde con los nuevos tiempos, donde ese sentido ecológico y primordial de cuidar a la tierra y de paso a nosotros mismos que cada día más va tomando forma.

Ya no se trata de la infantil queja. No es salir a la calle para darte cuenta de que ni un ápice de reivindicación ha surtido efecto. Ahora se trata de meter las manos en el barro y construir casas con un sentido diferente, alimentadas con energía limpia y cuidada por habitantes que pretenden crear una red de respeto y apoyo mutuo. Ya no se trata de correr bajo la pesada carga del miedo. Se trata de arriesgar un trozo de vida valiente y arrojarla al impacto positivo de crear algo hermoso y cargado de emoción.

Estos días de compartir nos hemos sentidos afortunados por clamar desde el desierto de Almería que otro mundo es posible y se está construyendo, ahora, en este instante. Además, por una masa de jóvenes que bucean cada día más ante la responsabilidad de contribuir activa y positivamente en la construcción de un mundo más habitable. Quizás esa sea la madurez de esta comprometida juventud: dar a conocer como hemos de perseguir el sueño humano de un mundo cargado de valores y compartir y de cómo obrar para hacerlo realidad.

Gracias de corazón a todos por el esfuerzo de intentarlo, y sobre todo, por el esfuerzo de vuestro sincero testimonio.

Elien en el Contigo Somos Más Paz


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Queridos amigos,

Un año más, compartimos con mucha alegría la convocatoria al IX Contigo Somos + Paz, que este año tendrá lugar DM el domingo 21 de septiembre —Dia Internacional de la Paz–  a partir de las 11 de la mañana en el Teatro Nuevo Apolo, Tirso de Molina 1, 28012 Madrid, con aforo para 1.150 personas.

Tendremos como ponentes a Elien, Fidel Delgado y Carlos Fiel. Cada uno de ellos hablará por espacio de 30 minutos para dar su punto de vista sobre cómo para que haya paz en el mundo es necesario primero que haya paz en cada uno de nosotros. Hablarán pues sobre esa conquista personal e intransferible que es la paz interior, que nos puede llevar a la calma profunda en un mundo agitado.

Este año contamos con cuatro interpretaciones musicales de 15 minutos cada una. Los invitados son Ravid Goldshmidt, José Carlos Gómez, Mark Walden y la sangha de Thay en Madrid, que nos propondrá cantar juntos dos preciosos temas sobre la plena consciencia. Haremos también un tiempo de OM colectivo, como en años pasados.

A la salida tendremos el precioso regalo de nuestros amigos de Plantamos Árboles, que entregarán a cada uno de los asistentes un arbolito que han plantado y hecho crecer amorosamente durante un año, con la idea de que cada uno de nosotros lo plante en un lugar ya definitivo y lo cuide, contribuyendo así con 1.150 nuevos árboles al planeta.

La contribución a este encuentro son 10€. Los posibles beneficios se destinarán a financiar las Causas Solidarias de Fundación Ananta (ver enlace). El acto durará hasta las 14 horas y se abrirán las puertas a las 10 de la mañana.

http://www.fundacionananta.org/web/index.php/causas-solidarias-ananta

Los ponentes y músicos participan sin recibir remuneración alguna, y les agradecemos su entrega y generosidad.

Las entradas pueden adquirirse en los siguientes 6 puntos:

Materia Gris, Mejía Lequerica 12, 28004 Madrid
Lunes a viernes de 10 a 14 horas
Por favor llamar antes al 91 445 76 64

Ecocentro, Esquilache 2-12, 28003 Madrid

Lunes a domingo de 10 a 20 horas
Teléfono 91 553 55 02

Hotel Princesa de Eboli, Pablo Picasso, 10 (junto al CC Princesa de Eboli), 28320 Pinto
Permanentemente en recepción

Desdes el 23 de agosto: Pista de hielo La Nevera de Majadahonda
Fresa 14, 28220 Majadahonda
En taquilla de entrada de lunes a viernes de 10 a 14 horas

Centro de Yoga Sivananda Eraso 4, 28028 Madrid, Telef. 913 61 51 50
De lunes a viernes de 10 a 22 horas, sábado y domingo de 10 a 18 horas

El día del evento, desde las 9am en las taquillas del Teatro Nuevo Apolo
Tirso de Molina 1, 28012 Madrid

Para más información por favor enviar un mail a info@fundacionananta.org y contestaremos en el mismo día.

Os animamos a ser parte de este encuentro.

Con el afecto de siempre,

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Puedes comprar el libro de Elien en: http://www.editorialdharana.com/catalogo/reflexiones?sello=nous

Somos lo que comemos


En un rato nos vamos de viaje a Almería para participar en el encuentro nacional de Ecoaldeas. Antes de irme visualizaba de nuevo este video. La reflexión que podemos sacar de esta visión tiene, de alguna forma, que hacernos pensar, reflexionar. Estar atentos a todo cuanto hacemos, decimos y pensamos es difícil. Hay una emoción estremecedora cuando vemos toda esa crueldad inconsciente que vamos acumulando día a día. Nos quejamos del mundo pero no hacemos para por cambiarlo. Sólo tenemos que mirar nuestro plato de comida todos los días. ¿Cuantos gramos de crueldad hemos derrochado en nuestro paladar? ¿Cuantos cadáveres han entrado hoy por mi boca, acumulando muerte, sufrimiento y dolor en nuestros estómagos? Sí, nos quejamos, pero no hacemos nada. Preferimos seguir con nuestras costumbres y esperar que los otros cambien. Esta es la gran mentira de nuestro siglo. La irresponsabilidad de delegar en el otro lo que a nosotros nos corresponde. Vivimos en una insoportable hipocresía difícil de entender. Vivimos en un mal vivir del que no somos totalmente conscientes.

Ese lugar donde la locura vaga libremente


 Zulito

He probado los sistemas, todos los sistemas de la razón.

Ahora sólo busco un lugar donde mi Locura pueda vagar libremente.

Jalāl ad-Dīn Muhammad Rūmi

 

 Las palabras de Rumi tienen un profundo significado. Cuando has catado todas las posibles formas de vida, cuando has procurado tener una observancia firme y tenaz sobre nuestro comportamiento y conducta individual y grupal, se aferran pocas opciones y se diluyen muchos sueños inocuos que carecían de sentido propio.

Aquí posado, en el café de la Luz, donde tantas y tantas cosas se han soñado, espero paciente para seguir adelante. Mientras esta mañana miraba atento el zulito donde he pasado casi dos años de mi vida, pensé que ya era suficiente. Que este cobijo, este refugio ha hecho su papel y es hora de abandonar su comodidad, su seguridad. Miro los libros y me pregunto qué puedo hacer con ellos en esta vida mía tan errante, tan díscola, tan disparatada. A la luz de la normalidad, tanto infortunio puede parecer una locura. Quizás no sea tan solo pura apariencia. Ahora que vamos a publicar en Nous “El Camino del Loco”, tanto cambio, tanto trajín, tienen y cobran un profundo significado.

Buscar un lugar donde la locura pueda vagar libremente es algo prohibitivo. Realmente cuando alcanzamos unas metas, unas conquistas, el espíritu curioso te empuja a viajar a otros lares, a bucear en otras metas. Esto, sin duda, no es compatible con una vida normalizada. Necesita de cierto grado de valentía, pero también de fortaleza. La incertidumbre siempre es problemática. Siempre te llena la vida de retos. Siempre te llena el espíritu de nuevas enseñanzas que requieren análisis, respeto y sinceridad interior.

Mientras espero paciente, aún con dolor en el pie accidentado, me pregunto como afrontar esta nueva situación de vivir sin casa, sin un lugar donde poder descansar de cada batalla. El zulito siempre fue un seguro refugio donde volver siempre. Ahora, sin refugio, sin lugar, la alteridad del momento me obliga a suponer una vida de verdadero peregrinar. Salir a los caminos, practicar los caminos, decía el Buda. Quizás se trate de eso. De no apegarse a la comodidad de la materia, sino moldearla a nuestro antojo, al antojo de esa fuerza superior que nos empuja a caminar, a perseguir sueños, a practicar las enseñanzas sublimes, a bucear en la conjetura de poder compartir más experiencias.

Añoraremos las oscuras noches del zulito. De allí nacieron muchas cosas. Ya está imantado, impregnado de valor y coraje. Ahora que lo disfruten otros. Me marcho a los caminos, que suena bien y parece romántico. ¿Cómo seguir escribiendo libros si no me cargo de experiencias? ¿Cómo seguir atemperando la fortaleza interior si no es a base de pérdidas y victorias? Gracias zulito por tus batallas. Ahora la vida continua… 

Madrid, Madrid, Madrid


Madrid 

Ayer llegamos a la capital. El calor era asfixiante. Hoy también. Sudor, mucho sudor. Me quedaba atónito mirando cosas que ya había olvidado. Ver como de los grifos sale agua en abundancia, la cama grande de la cual esta mañana no quería salir, una nevera vacía. Tras tres meses viviendo en los bosques todo lo de la ciudad parecía artificial, sacado de una película de ciencia ficción.

Por la tarde Fernando Sánchez Dragó me invitó a hablar sobre libros. Subí al tercer piso, me pidió que me quitara los zapatos y charlamos durante un buen rato en la que hace dos años iba a ser mi morada en Madrid, compartiendo un trozo de hogar con el afamado escritor. Me contó cosas espeluznantes sobre las cloacas del Estado debido a la investigación que durante dos años ha tenido que hacer para un libro que pronto saldrá. Realmente nada me era desconocido ya que en mis tiempos de joven aprendiz silencioso había visto cosas peores. De hecho me hablaba y sentía lo mismo que sentí ayer. Como si todo se tratara de una película de ciencia ficción.

Luego por la tarde asistí a la meditación de los martes locos en el Centro Dharana. Éramos casi treinta personas deseosas de compartir un rato diferente, una especie de salvavidas donde poder respirar algo de aire fresco en toda esta maraña de vida ficticia. Observaba que en la ciudad resulta difícil contemplar un amanecer, abrazar los rayos de la tarde, bucear en las grietas de los surcos de la tierra o simplemente maravillarse por esos infinitos tonos dorados y verdes que se entremezclan en los prados y montañas celtas.

Echaba de menos la ciudad, pero hay tanto ruido en ella. Lo notas especialmente cuando vienes del silencio, cuando aterrizas después de un tiempo alejado de los tonos grises. Por la mañana empecé a leer con calma las noticias políticas, lo que ocurre en Irak, en Escocia, en Cataluña. Las imágenes del Estado Islámico decapitando a un inocente periodista aún me aterrorizan. También los absurdos nacionalistas, los estados, las naciones. Me parecen un insulto a la inteligencia, pero ahí están, ordenando nuestras vidas, ofreciendo eso que llamamos progreso. En Barcelona las calles se llenan de banderas. También sacan banderas en la nueva Irak. En el fondo es lo mismo. En el estado islámico decapitan a inocentes periodista. En El País una periodista catalana, Nuria Amat, se quejaba de que ha muerto civilmente en Cataluña. Sí, en el fondo es lo mismo, queramos o no queramos verlo. Un problema de banderas, es decir, un problema animal aún no resuelto en la consciencia humana.   

Salí a la calle a hacer algunos recados y de nuevo ese ruido al que tristemente nos acostumbramos tan fácilmente. Aquí el silencioso pasear de los peregrinos quedaba lejos. También las silenciosas mariposas del campo, el vaporoso viento susurrando las copas de los castaños y robles. No veía por ningún lado el halo mágico de la naturaleza. Eso me hacía pensar lo difícil que será para las próximas generaciones afrontar la ambiciosa tarea de volver a humanizar las ciudades, de volverlas más sanas, más sensatas, con algo de cordura y sentido común.

En la meditación veía a casi treinta almas desesperadas por hinchar sus pulmones con esa calma. La evasión es casi necesaria. Me preguntaba mientras posaban sus manos sobre el pecho qué sentían, qué era aquello que seguía atrapando a tanta y tanta gente en la felicidad del ruido, en la taquicardia diaria, en el egoísmo supremo, en el consumismo presumido, atropellado, absurdo, en las banderas, el dinero, el poder, el… Me pregunto si es posible un cambio radical respirando tanto asfalto, tanta desconexión con la extrema maravilla del mundo silencio que nace de la naturaleza. Me pregunto si aún estamos a tiempo de desmontar todo este mundo incierto para volver a lo natural, a lo sincero, a lo silencioso. Me pregunto humanamente qué sentido tiene la vida cuando la consumimos ante tan dichosa hornada de absurdos perpetuos.

Tercera semana de experiencia en O Couso


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Cada día resulta más difícil describir con palabras el raudal de emociones y encuentros que vivimos en O Couso. Queremos empezar dando gracias a una de las semanas más emotivas, quizás porque el número de personas que nos ha visitado ha superado nuestras expectativas y quizás porque nunca llegamos a imaginar que algo tan sencillo como es el compartir unos días en el campo pudiera llegar a convertirse en algo tan profundo.

Así que antes de continuar con el relato, gracias de corazón a Raúl, Joanna, Laura, Javier, Nadia, Sergio, Alex, Cristina, Raúl, Merce, Xosé, Teresa, Carlos, Sandra, Paco, Filo, Roberto, Susana, Patricia, Luis, Bea, Carolina, Carmen, Iván, Marian, Luna, Eva, Mario, Antonio, Rosana y Luije. También a los amigos y familias que vinieron en la semana de “no experiencia”, especialmente a la familia Meys con Rafa, Mey y sus hijos Pablo, Samuel y Eva, a la hermosa familia de Eva y Jorge con sus hijos Guillermo y Guiomar, a la familia de Samuel y Lucía y su hija Francesca que vinieron desde tan lejos, a Anuska, Antonio, Manuel Jesús, Laura, Chema, Teresa, Antonio, Juan, Mamen, Rosana, Mario, José Luis, Paco, Sagrario, Víctor, Koldo, Selene, Roberto, María, Lourdes, Antonio…

Han sido más de cien personas las que nos han visitado en estas semanas de experiencia y en todos los días de este intenso verano. En la tercera semana de experiencia se han consumado varios hitos que nos han llegado de mucha alegría. El primero de ellos ha sido la finalización de la huerta-mandala. Ha quedado tan bonita que cuando empecemos a sembrar alguna cosa parecerá una gran flor vista desde muchas partes. Estamos muy agradecidos a Iván por recordarnos la necesidad de darle forma al mandala-huerta y a Bea y al equipo de Raúl por darle forma siguiendo las enseñanzas de la permacultura. También pusimos el nuevo suelo de la “ladeira” y el suelo del nuevo cuarto de baño, así como gracias a los donativos de esta semana, pudimos hacer el nuevo pozo para tener agua directa del manantial. También tenemos por fin las ventanas de la ermita y pronto empezaremos con el resto de la casa.

Han sido muchos los trabajos y el esfuerzo de tantos, pero lo más importante ha sido el testimonio de todos los que habéis estado, vuestras ganas de compartir, vuestras ganas de conocer en directo una forma diferente de hacer las cosas, un lugar donde la generosidad, el apoyo, la cooperación, pueden obrar auténticos milagros exteriores e interiores. Vuestro ejemplo de solidaridad y respeto, de entendimiento y alegría han sido toda una llama de luz y esperanza. El ejemplo de personas como Paco que rozando los setenta años nos daba a todos una lección de trabajo, esfuerzo y superación ha sido todo un regalo. “Los hombres de Paco” aprendimos mucho a su lado. También el ver como las familias se han adaptado a todo tipo de incomodidad sin importarles mucho el que no hubiera agua corriente o luz. Especialmente todos los niños los cuales jugaban y disfrutaban del paisaje, del bosque, de todos los animales, de Geo y Gaia, las cobayas, los conejos, las gallinas… Era emocionante cuando llegaba la hora de marcharse y no querían hacerlo. Ha sido especialmente emotivo el ver que nadie quería marcharse, y que incluso algunos que venían para dos días, como Merce, Carmen o Nadia, terminaban quedándose semanas enteras. O aquellos que han repetido una y otra vez, especialmente Rosana y Sergio, que compiten para ver quien tiene el reto de visitas. También repitieron Patricia, Xosé, Luis y Carolina y disfrutaron a lo grande.

Ahora se abre el reto del otoño y el invierno. Queremos preparar la casa para poder resistir las inclemencias del tiempo y provocar que en diciembre haya unos mínimos de acogida. Un grupo de tres personas estaremos allí de forma permanente, así que cualquier visita será siempre bienvenida. También cualquier tipo de apoyo material o financiero, ya que son muchos los frentes que habrá que abordar estas semanas. Estamos muy felices y agradecidos, así que simplemente gracias, gracias, gracias por ser partícipes de esta vuestra casa.

 

Pd. Muchos de vosotros nos habéis dicho que os gustaría celebrar con nosotros las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Estamos haciendo un esfuerzo extra para poder habilitar todo cuanto podamos para esas fechas. Si conseguimos cambiar todo el tejado y habilitar al menos tres habitaciones para poder acogeros será hermoso el poder celebrar esos días con todos vosotros.

 

 

 

El Gran Prisionero


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Después de nuestras tareas cotidianas, reunámonos para cambiar ideas sobre el corazón. Ello nos conducirá más allá de los dominios de la tierra, hacia el mundo sutil, con el propósito de cercarnos a la esfera de Fuego”. (Prefacio del libro “Corazón”, de Nicholas Roerich).

Es fácil alejarse de las doctrinas del corazón. Existe siempre la amenaza constante que pretende desviar nuestro rumbo de aquello que nace de nuestra más íntima esencia. En algunas tradiciones el corazón es representado como un ancla en un día de tormenta. Resulta difícil penetrar dentro de nosotros. Ahí fuera hay una gran tempestad, un diluvio de tentaciones que desvían nuestra atención hacia las diez mil cosas de las que hablaba Laotzi.

Debemos estar precavidos para presentir la gran batalla y el amenazante peligro que se cierne sobre todos aquellos que pretenden hollar el sendero de la pureza interior, del aclamado alarido del alma. El corazón es considerado siempre como nuestro refugio ante la adversidad. Allí reside el átomo simiente, la llama dulce que ilumina la cueva del nacimiento, la luz que guía nuestros pasos en la oscura noche del alma. Allí está nuestra confianza en las fuerzas celestes, en los movimientos cósmicos que describen las leyes universales, la profunda impermanencia de todas las cosas y el orden que se teje en la red de compasión que subyace en toda la creación. Es esa rejilla de luz y amor que nos envuelve y que encuentra sentido ahí dentro, en la penumbra de su nacimiento.

El corazón fue llamado el Gran Prisionero por hallarse a merced de esas fuerzas que nacen del plexo solar, algo más abajo de esa aspiración del alma que pretende arrebatarnos hacia los mundos sutiles. A veces ocurre que el corazón se siente preso de las circunstancias, de nuestros delirios, de nuestras debilidades, impidiendo toda expresión. En esa prisión se mancilla, se olvida su propósito y desterramos de nuestras vidas la ilusión por la realización de un mundo mejor, más bello, más armónico, más lúcido.

Sólo desde el corazón, el minúsculo átomo humano se conecta con el fluido de la Gran Vida. Sólo cuando alcanzamos a penetrar esa voz sutil que nace desde dentro podemos comprobar que lo ígneo se realiza en ese gran plan de luz y poder. Mientras eso ocurre anhelamos palacios y comodidades, lugares plácidos donde poder teorizar sobre la vida olvidando que la savia que brota está en el esfuerzo, en el trabajo constante y diario, en la a veces pesada trasiega hacia lugares incómodos, fríos y desolados.

Reflexionaba estas cosas mientras mecía mi vida debajo de la sombra de un castaño centenario y observaba como los conejos y las gallinas se aproximaban desde su propia visión al flujo vital. El corazón humano tiene la certera sensibilidad de aproximarse a estas observaciones y hacerlas útiles para un mayor contacto con la vida. Las gallinas se acercaban desde su inconciencia abrazando los últimos rayos de la tarde. El corazón humano que las observaba desarrollaba con su fugaz revelación una extrema sensibilidad hacia toda manifestación de vida. Aquellos que conocemos y amamos son nuestro campo de experimentación para provocar el mundo sutil e ígneo. El corazón es nuestra primera puerta para penetrar en esos profundos misterios. No lo hagamos prisionero de nuestros apetitos, necesidades y perturbaciones. Dejemos que se exprese. Dejemos que crezca para bien de todos. Practiquemos los caminos.

La verdad de la pura unidad


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Decía el Maestro Eckhart que las condiciones previas para lograr una consciencia absoluta son tener amor, despreocupación, paz y tranquilidad en el lugar donde estemos, cesando todas las actividades del cuerpo, no hablando en exceso, no escuchando lo burdo y torpe, no viendo lo irreal, eliminando toda pereza y todo cansancio. Y las recompensas por practicarlas, según el Maestro Eckhart, son la capacidad ampliada para ver más allá, la elevación hacia la maravillosa sabiduría divina y la eternidad sin tiempo y espacio, solo el presente (el “ahora”), que no es más que la penetración en la verdad de la pura unidad.

Esa penetración en la unidad es posible en condiciones favorables. Uno se da cuenta de que las rectas relaciones humanas no son una mera utopía. Es posible realizarlas si los valores que los sostienen nacen de la fraternidad, del cariño, de la comprensión, del anhelo de trabajar por un mundo más verdadero y justo. Es cierto que cada uno de nosotros somos diametralmente diferentes, pero es posible llegar a acuerdos de mínimos, a buscar un mismo fin humano desde esa unidad.

En O Couso estamos en fase experimental. Todo funciona bien, en armonía, paz y equilibrio gracias a la buena energía que entre todos creamos. Cuando llega el momento de marcharnos de aquí a todos nos cuesta. Cuando se está lejos existe una especie de melancolía grupal, como si algo bonito y único se hubiera tejido en la malla invisible de la condición humana. Hay una red donde los valores pueden compartirse sin dolor, sin sufrimiento, desde la felicidad y la paz más absoluta.

Ahora que tan sólo nos quedamos seis almas en el lugar es como si aún así esa fuerza que todos dejaron aquí siguiera viva. Aquí hemos tenido momentos de mucho amor, mucha despreocupación por los problemas y los abismos personales, una paz y un tranquilidad sincera. Por eso, como decía el Maestro Eckhart, era fácil llegar en algún momento de lucidez a una consciencia absoluta. Hemos podido gozar estos días de la capacidad de ver más allá, hemos elevado nuestros espíritus hacia ese egregor donde lo humano roza el estado angélico y donde las miradas se entrecruzan con esa complicidad propia de almas viejas. Hemos vivido inmersos en el eterno ahora, sin saber a qué día estábamos, ni qué hora del día transitaba en esos momentos. Cogíamos el pico y la pala, la azada en el huerto o nos fundíamos en un eterno abrazo y podíamos disfrutar inmensamente de cada segundo, de cada instante.

Siendo así, me preguntaba qué más se podía esperar de la vida. Y la respuesta siempre es inmediata: compartir todo esto con el resto. Alguien me lo decía en un mensaje: no dejéis de compartir todas vuestras vivencias. La experiencia nos está mostrando que otro camino es posible y que la única y verdadera posibilidad de que sea real es si tenemos la capacidad sincera de poder compartirlo. A eso nos debemos, desde el amor, desde la paz interior, desde el respeto absoluto. Nuestro verdadero gozo reside en esa misión. Nuestra verdadera tarea consiste en cumplir nuestra parte desde ese punto de partida. La vida tiene sentido cuando nos ofrecemos a los demás. El mundo cobra significado cuando hacemos de nuestro propósito vital una constante entrega al resto. Cuando eso ocurre, nace la visión de la verdadera y pura unidad.

 

Un lugar donde cada uno pueda expresarse


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Tras más de cuatro mil kilómetros por toda España con el pie aún doliente, desde Lugo a Córdoba y Málaga y de ahí a Barcelona y de nuevo Lugo, llegué a O Couso entusiasmado por pasar unos días en la tercera semana de experiencia con más de veinticinco personas. El ver como los círculos se amplían de personas venidas de todas partes nos hace pensar ya en el próximo verano y en todas las necesidades que tendremos que cubrir para que cada día sea más cómoda la acogida.

Realmente se trata de eso, de acoger almas peregrinas con algún anhelo, con alguna esperanza, con alguna duda, con algún compartir. A veces se acercan personas con necesidad de cosas profundas. Buscan en uno y otro alguna teoría cosmogónica que sacie su sed de búsqueda. Hay otros que vienen a ofrecerla y nos preguntan una y otra vez porqué no participamos de esta u otra creencia. Los miramos amables y amorosamente y escuchamos atentos sus teorías sobre los maestros ascendidos, sobre las jerarquías, sobre la luz o sobre cualquier otro tipo de sistema ideológico o de creencias. Nosotros insistimos en buscar la divinidad o cualquier otro aspecto psicológico o espiritual desde la vida ordinaria, desde el compartir y el respeto hacia todas las formas visibles e invisibles.

La explicación viene motivada por la apertura que queremos dar a la acogida. No podemos enseñar desde tal o cual perspectiva porque no todos pensamos igual, ni creemos igual, ni tenemos una relación con lo íntimo y absoluto de la misma forma. Por lo tanto, ¿qué importancia tienen los sistemas de creencias? Para nosotros es más importante una recta conducta acorde con cada creencia, una recta relación humana, una aproximación a las virtudes universales y a los valores que deben gobernarnos, una ética que nazca de un correcto uso de la palabra, el pensamiento, la emoción y la acción. Más allá de todo eso debe existir un silencio acorde con la responsabilidad que otorga el mayor o menor grado de conocimiento, el mayor o menor grado de compromiso con la naturaleza, con el entorno y con los seres sintientes.

Esta mañana nos reprochaban que ese silencio podía ser una actitud cretina. Que debíamos expresar abiertamente el conocimiento, la creencia, la subjetiva verdad. Atendimos el comentario con amor y nos refugiamos de nuevo en el silencio y la sonrisa. Es cierto que aquí escuchamos atentamente todo lo que los demás quieran expresar. Aprovechamos cada instante para aprender de los otros. Pero lo hacemos sin imposiciones, sin dogmas, sin dioses, sin maestros, sin gurús. Nuestra única referencia posible y la única medida a la que nos debemos es el propio ser humano. Ahí valen los abrazos, el respeto, la mirada, el cariño, la comprensión, la sinceridad, el amor, la calidez, la inteligencia, el buen humor.

Hay suficiente trabajo interior y exterior. No necesitamos más. Nos esforzamos en pulir nuestra piedra pacientemente, con el otro, con la naturaleza, amando los animales, las plantas, cada piedra, alzando la mirada hacia el cosmos, hacia el mundo entero. Pero desde el respeto y la libertad más absoluta. Quizás eso sea lo que provoca que todos los que vienen se van cargados de amor y cariño, que todos de alguna forma quieran volver a esta su casa. Un lugar donde cada cual puede expresarse y donde cada cual puede albergar dentro de sí la esperanza en un mundo nuevo.

El proyecto está en marcha. Es imparable. Nuevas almas vendrán y a todos los acogeremos con una sonrisa, un abrazo y una respuesta libre a todas sus necesidades. Que cada uno deje lo que pueda y coja lo que necesite. Sin más.    

Ahora a por luz y agua


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Pensábamos que vendrían pocos, y que de esos pocos, pocos serían los que volverían tras comprobar las condiciones precarias en las que nos encontramos. Pero desde que empezó el verano no ha parado de venir gente bonita a O Couso, y muchos de ellos repiten una y otra vez la experiencia de compartir todos juntos momentos únicos e irrepetibles. Tal es el éxito que ya hay tres voluntarios continuos que están entregando sus días y preparando el circuito de seis meses para poder aspirar a participar en la futura comunidad.

Aún no tenemos carteles, ni anuncios en ninguna parte, pero el boca a boca corre como la pólvora y cuando algo se hace con amor y cariño, esto termina notándose. Vamos consiguiendo muchos retos y vamos viendo como la casa día a día se transforma para pronto acoger al mayor número de personas posibles. Las caravanas ya se nos están quedando pequeñas y estamos empezando a albergar a personas en tiendas de acampada y en la pequeña ermita que hemos convertido en refugio provisional nocturno.

Nuestro afán de compartir experiencias nos hace acelerar los trabajos para que la casa de acogida esté lista lo antes posible. Ya pudimos poner uno de los tejados que estaban más deteriorados y estas semanas estamos ya instalando los suelos de la que será la futura cocina y uno de los lavabos. Hasta ahora hemos podido ir haciendo todo esto gracias a pequeñas contribuciones y al trabajo incesante de muchos amigos que nos ayudan con ilusión y alegría.

Ahora nos vemos obligados a afrontar un nuevo reto, importante y significativo para que todo el mundo que vamos acogiendo tenga algún tipo de comodidad añadida: disponer de luz y de agua corriente.

Para el agua, gracias a las indicaciones de un zahorí y una radiestesista que nos visitaron no hace mucho hemos decido acudir al manantial que existe aproximadamente a unos sesenta metros de profundidad. Al parecer, si conseguimos alcanzarlo tendremos agua en abundancia todo el año.

Para la luz, hemos acordado profundizar en las energías renovables y vamos a dotar a toda la finca de una importante instalación de placas solares y aerogeneradores de viento para poder ser completamente autosuficientes. El hecho de que el coste de engancharnos a la luz eléctrica convencional sea equivalente al coste total de toda la instalación ecológica ha ayudado mucho en esta dirección.

El coste total de ambas instalaciones es de doce mil euros. Nueve mil euros la instalación eléctrica y unos tres mil euros el pozo de agua y la instalación de bomba y tuberías. Para ello vamos a emprender una campaña de captación de fondos con la esperanza de que pronto podamos acometer dichos retos y así podamos acoger con un mínimo de condiciones a todos los que nos estáis visitando con tanta ilusión y entrega.

Hacia el vuelo mágico


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En uno de esos viajes relámpagos tuve que dejar el oasis gallego para atravesar toda España y desembarcar en el sur de Andalucía donde mañana me espera una reunión de trabajo. Todo eso con uno de los pies inmovilizados pero con el entusiasmo de ver como las cosas avanzan por su camino.

Mientras esta noche, medio asfixiado por este calor sureño, elegía el tono de la alarma que me despertará mañana, de repente observaba como mi mano bailaba al son de la música. Veía su ritmo que nacía y danzaba, observaba dentro de eso que llamamos imaginación, como poco a poco la mano se iba transformando en una sencilla pero elocuente mariposilla. Los dedos se convertían en alas que despegaban de repente primero de mi mano y luego de la habitación. Ahí fuera, en la noche calurosa, las alas se hicieron grandes y lo que antes era un pequeño animal de primavera se convertía en un ágil ave que volaba y volaba hacia lo alto.

A partir de ese momento el viaje es inevitable, y ves como el valle del Guadalquivir junto a Sierra Morena se quedan pequeñitos, y ves como esa blanca paloma que son los pueblos que nacen como luminarias se quedan pequeños y minúsculos ante la inmensidad. Sigues subiendo y subiendo y tocas toda Andalucía, rozas los cuernos septentrionales de África y Europa empieza a nacer entre nubes y mezcolanzas.

Cuando estoy bien alto de repente me dejo caer en cualquier lugar. Puedo aterrizar perfectamente en una calle de Budapest o de Praga o quizás en Casablanca o navegar por la circuncisión de la Tierra y llegar hasta Chicago o San Francisco o el Mar de la Plata o el Quebec o ir más allá y atravesar de nuevo las montañas de Altai o el Gobi o las vastas mesetas de Transilvania.

Hoy me llamaba un editor que pasaba sus vacaciones en alguna parte de Italia. Podía escuchar el mar mientras me daba consejos útiles para enfrentar la reunión de mañana. “Eres joven y tienes una vida por delante”, me decía. “No vendas, no vendas, no vendas”, repetía incansablemente. Hasta siete veces repitió esa palabra. Mañana, cuando suene el despertador mi mano se volverá a convertir en mariposa y esta en ave. Mi pesado cuerpo se levantará pero mi mente seguirá viajando. Cuando llegue a las costas de Málaga no me importará para nada el éxito o el fracaso. Escucharé atento todas las propuestas y no vacilaré, antes de afirmar un sí o un no, que lo mejor que puede pasar es que sigamos volando. Que todas las mañanas tengamos la oportunidad de escuchar ese sonido que nos recuerda la urgencia del vivir. No importará si digo sí o no a todo cuanto se ponga sobre la mesa. Lo hermoso de toda esta aventura, pase lo que pase, estés en la situación en la que estés, es que en cualquier momento puedes utilizar una mariposa para sentir que hay más vida de la que podemos abarcar, para adueñarnos de ese mundo de sueños y magia que trasgrede las normas de la física.

No sé en que momento vital de tu vida te encuentras. Poco importa si eres feliz o no, si padeces sufrimiento o éxito. Lo que importa es que mañana quizás suene el despertador y puedas lograr el vuelo mágico. Así lo llamaban los antiguos. Así se expresa en la voz silente de aquel que lo practica embelesado. Mañana conduciré de nuevo a pesar de mi pie fracturado. Miraré la vida con calma, respiraré profundamente y recordaré las montañas de Altai. Allí lejos había una cueva de cuarzo blanco donde apareció un rayo de luz violeta, una llama de convicción y poder. Allí, o en cualquier parte donde viajes como un ave veloz, puede ocurrir lo milagroso.

Aquello que es justo para nuestra felicidad


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El otro día mientras trabajaba quitando grandes lajas de pizarra de la “ladeira” de la casa cayó una enorme encima de mi pie. Sentí un profundo dolor mientras observaba como todo se paraba de repente. Fuimos a urgencias, me hicieron una radiografía y por suerte solo tenía alguna pequeña fisura en uno de los dedos. Una semana de reposo y supuestamente como nuevo. El dolor fue intenso. La niña Francesca me preguntaba porqué no lloraba. Sostenía el dolor y le respondía que la meditación diaria a veces sirve para algo. Sobre todo para no perder la calma ni los nervios en momentos traumáticos, en tragedias a las que no sabes como responder como ser humano. Respiraba y miraba su inocencia con ese cariño que los adultos muestran en los infantes y dejaba que impusiera sus manos para sanar mi dolido pie.

El intenso golpe quiso parar mi ritmo. En cierta forma sentía que necesitaba unas pequeñas vacaciones y la vida forzó las mismas. No nos damos cuenta que cuando atendemos excesivas cosas perdemos la mirada sobre lo esencial. Creo que eso me estaba pasando. Mirando y atendiendo las diez mil cosas de la casa, las goteras del tejado, las maderas de las vigas, las piedras que hay que recolocar, el pensar cuando podremos tener ducha, agua corriente, electricidad, un lavabo en condiciones, una cocina, camas, suelos, nuevos tejados, ventanas, el atender las visitas, el estar con los amigos que llegan y se van… Son tantas y tantas cosas que a veces perdemos la perspectiva de lo verdadero y necesario y es entonces cuando la vida nos para con un accidente, con una enfermedad, con un acontecimiento traumático, con una depresión, una pérdida.

Cuando perdemos la perspectiva de nosotros mismos la vida nos recuerda que hay mucha más existencia de la que somos capaces de abarcar. Que debemos tener tiempo para nosotros, para nuestras limitaciones, nuestros sueños, nuestros deseos. Que debemos retirarnos de aquellas cosas que ya no producen satisfacción y arriesgar todo por aquello que nos da vida, ilusión, alegría, felicidad. No importan los costes de la perdida o la ganancia, lo que importa es que mientras perdemos o ganamos estamos haciendo aquello que es justo para nuestra felicidad.

Es importante comprender que no hemos venido a este mundo a sufrir, a padecer, a endiablarnos con esa mala suerte que aparentemente para nuestras vidas. Cuando recibí fuertemente el impacto de la piedra comprendí enseguida el mensaje. No me quejé, no lloré, no grité. Sólo acepté el mensaje, el aviso de que debía mostrar más atención a las cosas sencillas, disfrutar aún más de cada instante, de saber parar cuando estoy cansado y disfrutar de la pereza de no hacer nada si eso es lo que pide el cuerpo.

Así que eso haré esta semana de inmovilización. Disfrutar del “no hacer”, de mirar por la ventana el flujo continuo de vida, de ver como se mecen los árboles en su recorrido vital, de escuchar el grito del gallo y ver pasar las nubes hacia ese horizonte infinito. Me encantan estas cosas, como ahora, mientras escribo y la gata Gaia observa atenta el movimiento rápido de mis dedos sobre el teclado. Pone cara de curiosidad, de intriga, sin comprender en absoluto el acto creador de este instante. Pero atendiendo a cada uno de mis dedos con asombro. A veces la vida te pide que pares y que te asombres de las cosas simples, de las cosas ordinarias. A veces las desgracias sólo son avisos para que atendamos las cosas imprescindibles de la vida. A veces, como decía el otro día, es necesario andar despacio. 

Caminando despacio


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Este verano está siendo intenso. O Couso es un proyecto ambicioso al que hay que dedicarle recursos, trabajo y atención, mucha atención. Especialmente para todos aquellos que vienen a experimentar una forma diferente de convivencia, de apoyo, de cooperación, de valores, en definitiva, que tienen que ver con esa proximidad a la nueva cultura ética que poco a poco estamos integrando en nuestras vidas.

Cuando veo las noticias el mundo me parece lejano. Todo lo que ocurre en él me parece incluso extraño. Esta es una visión peligrosa porque de alguna forma te aísla de la realidad envolvente y de alguna forma te inmuniza de ciertas cosas. Por ello me estoy planteando dar un giro importante en muchas cosas para no separarme del mundo, para no olvidar que ahí fuera hay más vida de la que podemos abarcar y de que O Couso es un trozo de ella, pero no es la totalidad.

Es hermoso ver como vienen personas desconocidas y en poco tiempo forman casi parte de una familia invisible. Este fue un lejano sueño que de forma misteriosa se ha tejido este año. Por eso creo que este año es muy bueno, un año de esos que llaman dhármico, de recoger todo aquello que durante tanto tiempo se ha ido sembrando. Pero no un año definitivo, no un año donde poder por fin descansar de los sueños. ¿Para qué hemos alcanzado estas alturas? El amigo Whitman tiene una certera respuesta: «sólo para seguir adelante».

En lo interior ya se está tejiendo los nuevos retos para acelerar los procesos, las vivencias, para empujar hacia delante todo eso que germina en el interior. Las almas libres tienen esa potestad para poder viajar como aves peregrinas de un lugar a otro, proyectando en cada estación un trozo de aire fresco, de visión diferente, como ese Juan Salvador Gaviota que tras perfeccionar el vuelo quiso volver a los mares para compartir lo aprendido. Es una necesidad vital. La vida es un juego de ganancia y pérdida, y todo vale para llegar a la conclusión de que hay que compartir todo, absolutamente todo, incluso la experiencia vital.

Quizás de ahí surja la necesidad de caminar despacio, atento a las señales y los estímulos que la vida interior proyecta en el mundo exterior. Reflexiono sobre la magia de estos días, contemplando con paciencia como la casa va tomando forma, como la gente va enriqueciendo sus experiencias entre abrazos y amables y sencillos rituales de servicio y compartir. La vida es un regalo y pronto estaremos compartiendo cientos de cosas. Hay muchas ganas de vivir, de sentir, de abrazar todas las experiencias. De tener salud interior y exterior para poder seguir caminando hacia nuevos horizontes, nuevos retos, nuevas sendas.

El cielo sigue apretado de luminarias. El alba domina todo el horizonte posible. Todos los mundos, el placer y la sabiduría nos esperan. Somos afortunados. Estamos vivos. Somos estrellas radiantes. Somos caminos y oportunidad. Todas las cosas que contienen este universo nos esperan para ser abrazadas. Disfruta mientras puedas de cada instante. Camina, no te detengas ante el infortunio o la gloria. Sigue adelante y comparte.

 

Olvidamos cuidarnos y ser felices


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La felicidad se puede gestar en cualquier parte. En mitad de un desierto, en un bullicioso barrio de una gran ciudad, en un recóndito bosque como el que ahora nos rodea. No importa tanto el lugar, sino más bien el cómo estés por dentro observando con diligencia todo lo que te rodea. La madurez necesaria para poder afrontar la dicha proviene de un recorrido largo. Tiene mucho que ver con estar haciendo lo que deseas, lo que sientes interiormente. También ayuda que tengas buena salud, que hagamos cosas responsables para conservarla, que llevemos una vida pacífica en todo momento, incluso en la comida. Son pequeñas cosas que van sumando, especialmente a cierta edad, donde de alguna forma estamos viviendo de los réditos de todo aquello que sembramos en nuestro cuerpo y nuestra psique en años pasados.

Cualquiera podría venir por aquí y pensar que esto es el paraíso. Pero luego vas tres hectáreas más abajo y resulta que para algunos paisanos esto es el mismísimo infierno. Cabe preguntarse qué clase de paraíso o infierno hemos construido en nuestras vidas para que un mismo paisaje resulte afortunado para unos e indeseable para otros.

Es complejo vivir una vida saludable. En los últimos años el Estado del Bienestar ha proporcionado una salubridad pública más que sospechosa. Digo sospechosa porque es cierto que ha aumentado el nivel de vida en nuestros países occidentales, pero también es cierto que las condiciones y el precio que hemos pagado por ello no son del todo deseables. Especialmente cuando observamos que ese porcentaje mayor se recluye o se aparca en garajes de desechos humanos llamados geriátricos donde parece que la humanidad acaba ahí mismo.

El modelo de familia está cambiando. Ahora los abuelos ya no son el pilar más importante de nuestras comunidades. Sólo son un estorbo porque consumen nuestra seguridad social y hay que pagar además cientos de medicamentos, residencias donde aparcarlos y no se sabe qué otras cosas. Hemos llegado a un estado reprobable. Lo que aún no sabemos, quizás por ignorancia o puro optimismo es que las estadísticas nos dicen que nosotros tenemos un mayor porcentaje de terminar igual o peor. Al cambiar el modelo de familia, también cambia el modelo de relaciones. Cada día es más normal encontrar a gente de sesenta años que se encuentra totalmente sola tras el fracaso de un cúmulo de relaciones de pareja. Lo asumen con cierta dignidad, ignorando que en poco tiempo se verán recluidos en una triste y terrible realidad. No sabemos aún como dirigiremos en el futuro ese nuevo modelo unipersonal en nuestras vidas y relaciones sociales.

El panorama es complejo y el futuro insospechado. Abusamos de la comida, del tabaco, del alcohol y de las drogas y eso se traduce luego en enfermedades que tras un cúmulo de vida y circunstancias explotan en tumores o cánceres o alzhéimer. Nadie piensa, cuando está ya cansado de la vida, que eso puede llegar en cualquier momento. Nadie piensa que la felicidad tiene mucho que ver con ese estadio final. Y nadie piensa, dicho sea de paso, como conseguir esa felicidad en la vida ordinaria, sencilla, humilde. Nos creemos todopoderosos cuando las cosas van bien, pero obviamos que la vida tiene un curso que se agota, limitado, y que requiere oxigenar constantemente la existencia. Olvidamos cuidarnos y ser felices. Olvidamos que la vida camina veloz.

Tejado: reto conseguido


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Hace unas semanas nos parecía imposible, o como mínimo, muy difícil el poder afrontar el pago de ese trozo de tejado que se estaba cayendo. El constructor nos llamó y nos dijo que podía empezar la obra en dos días, cuando pensábamos empezar el mismo a mediados de agosto y así tener algo de margen para encontrar recursos. Por alguna extraña intuición aceptamos el reto y a los pocos días nos llegó parte del dinero.

Hoy, justamente el último día de trabajo en el tejado y finalización exitosa del mismo, nos llegaba el resto de dinero para poder afrontar su pago total. Era una suma considerable pero la vida obra esos pequeños milagros que ayudan a seguir adelante, fluyendo con determinación y sin miedo hacia lo que inevitablemente tiene que suceder.

Aún quedan muchos retos por delante, pero vamos con fuerza hacia los mismos, sin aminorar la marcha, confiando en las premisas y permisos que nos hemos concedido para seguir por esta hermosa senda. No es fácil, nadie dijo que este reto lo fuera, pero estamos convencidos de que sucede lo que inevitablemente tiene que suceder. Así lo sentimos desde el minuto cero y así creemos y podemos constatar que está sucediendo.

Todo esto nos anima a pensar que tendremos al menos tres habitaciones habitables para este invierno, lo que significa que podrá habitar la casa un grupo de personas suficiente para continuar con la obra y el trabajo. Es maravilloso pensar en esto porque durante unas semanas veíamos difícil afrontar el invierno en estas condiciones. Pero ahora es como si se hubiera abierto una puerta cargada de esperanza y coraje que nos permitirá afrontar este gran reto de lluvia y frío y ver de paso como nos adaptamos a la climatología del lugar.

Queremos dar las gracias especiales a los amigos de la Asociación Tesana y especialmente a Elien y a todos los que han creído en nosotros por haber sido partícipes de este hermoso reto. También a la obrita editada desde Nous y titulada “Reflexiones” por haber dado un pequeño empujón a la obra.

En O Couso estamos felices por haber culminado este trozo de trabajo y ya estamos embarcados en los próximos retos. Gracias de corazón a todos por hacerlo posible.

Segunda semana de experiencia en O Couso


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Cada semana es diferente, cargada de emociones, de silencios, de risas, de alguna lágrima, de esperanzas, de bienvenidas y últimas de adiós. La segunda semana de experiencia ha sido un éxito en lo humano. Se unen lazos que hasta hace pocos días no existían los unos para los otros. Se crean vínculos hermosos y nace un egregor especial y diferente que tiñe de colores infinitos un mundo nuevo, diferente y amoroso que germina a cada instante.

Luis, Carolina, Xosé, Sara, Chus, Patricia, Sergio, Mercedes, Luije, María, Roberto, María José, Elvira, Eduardo, Alex, Laura, … No son solo nombres, tras ellos existen infinidad de cosmos, infinitos avistamientos del sempiterno mundo. También nos hicieron compañía los perros, gatos, cobayas, conejos y gallinas que han participado activamente en la semana. Sin ellos la semana hubiera sido diferente, sin duda.

En lo material hemos consumado muchas cosas. Ya tenemos un hermoso leñero, también un lugar para el compost, algunas habitaciones limpias del todo, una estupenda cocina y comedor de verano, una parte del tejado totalmente rehabilitado y listo para soportar el duro invierno, unos muros cada vez más claros y un prototipo de jardín y huerta que cada día va tomando forma. Los avances se ven cada vez más y al final del verano se habrá consumado parte del primer propósito imaginado hace unos meses.

Si la anterior semana de experiencia predominó la cultura andaluza, en esta ha sido la gallega la que se ha reunido en torno a una mesa que cada día se hacía más pequeña. Los corazones iban encontrándose con el misterio de la vida ordinaria, por descubrir en el trabajo diario, con consciencia, momentos de lucidez, de profundidad, que compartidos con el grupo, crean esa magia necesaria para poder transformar las cosas desde uno mismo. El trabajo diario y compartido bajo las premisas del apoyo mutuo y la cooperación son en sí mismos auténticos talleres didácticos, profundas escuelas de entrenamiento y aprendizaje. No necesitamos dogmas, ni gurús, ni enseñanzas, talleres o disciplinas especiales. La propia vida profundiza en nuestra psique liberando aquello que necesitamos a cada instante.

Aquí aprendemos que la solidaridad es más productiva que la competencia, que la paciencia produce milagrosas obras que antes parecían imposibles. La naturaleza nos enseña que todo está compuesto de ciclos y de calma, que cada cosa tiene su tiempo y que hay que sembrar y ver madurar el fruto para luego poder recolectarlo. También nos enseña la complejidad de las cosas, y lo fácil que resulta desenredar toda cuestión con la mera observación. El trabajo consciente es una auténtica universidad de concentración, ese arma poderosa que puede con todo y crea cuanto se desee. Estar concentrados y atentos en la vida provoca que podamos vivir más intensamente cada acontecimiento, cada contacto humano, cada abrazo, cada sentimiento.

Eso hemos hecho, abrazar el instante, tocar el corazón del otro pecho a pecho, beso a beso, susurro a susurro. Sin prisas, mirando de frente la felicidad, aquí y ahora, sin nada más que hacer que seguir el estremecedor camino de la vida.

Lo demás simplemente ocurre


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Todos coinciden, algunos ya con ojos húmedos, en que no se quieren marchar. Parece incomprensible. Trabajan cuatro horas bajo un sol de justicia sin cobrar nada, pasan frío por las noches, no tienen agua corriente ni luz eléctrica. Los lavabos son unos agujeros en el suelo adornados con algo de tinte mágico en mitad de un bosque. Las comidas son lo que son, sin carnes ni pescados, sin alcohol, ni siquiera un triste vino para amenizar. Duermen los más privilegiados en unas caravanas donde traspasa el frío y el calor y el resto en tiendas de acampada al ras del suelo. Se levantan temprano para meditar en una ermita que carece de todas las comodidades. Las tardes quedan agotados entre paseos y emociones, entre compartires e improvisaciones de todo tipo. Y aún así no se quieren ir. Y algunos aún repiten no una o dos o tres veces, sino muchas.

No nos cansamos de decir que aquí no se ofrece nada excepto nuestra compañía. Incluso cuando reclaman conversaciones profundas les invitamos a que miren al sol o paseen por el bosque porque allí, en su contemplación, están todas las respuestas. No hacemos talleres ni prácticas extrañas que nos ayuden a conseguir un mayor grado de satisfacción personal. Sólo ponemos el escenario para que cada uno de los actores cree esa magia que nace en el grupo, en ese egregor que se forma cada vez que más de dos se juntan. Un bosque, un hermoso prado, las montañas y nuestras sonrisas. Eso es todo. Lo demás simplemente ocurre.

Es cierto. Todos los grupos tienen vida propia. Cada grupo tiene una especie de nota clave, de ritmo, de sintonía interior que provoca situaciones y experiencias diferentes ante una misma rutina. Todo es bien fácil aquí: levantarse, una corta meditación de veinte minutos, cuatro horas de trabajo, comer algo, un paseo por la tarde, cenar y dormir. Sin embargo algo pasa con todos. Algo sucede que los transforman y se van con otro sentir, con otra luz interior. Algo acontece aquí en este bosque encantado que todos quieren volver para compartir, para demostrar que el apoyo mutuo y la cooperación es posible, que el dar sin esperar nada a cambio puede realizarse, que la utopía se crea en pequeños pasos, cooperando en la cocina, ayudando a levantar un leñero entre todos, convirtiendo un trozo de bosque abandonado en algo armonioso y sublime. Algo debe ocurrir cuando la armonía se instala de forma extraña, cuando los conflictos, de haberlos, se resuelven con amor y paz, cuando todos nos abrazamos como si nos conociéramos de toda la vida y nos contamos profundas historias tras dos horas de convivencia.

Las semanas de experiencia están resultando todo un éxito a pesar de que aún no tenemos capacidad para casi nada. Pero algo se está haciendo bien entre todos los que estamos aquí, los que vienen y se van, los que nos quedamos un poquito más para saborear cada momento. Algo hermoso se está tejiendo para que todos, algún día, podáis disfrutar de esta magia y este lugar. Gracias de corazón por apoyarnos de todas las maneras. Gracias de corazón por crear la magia que hace posible que el ser humano se pueda mirar a los ojos, arrincone sus diferencias y bese la palma de la generosidad en su extremo más sublime. Es cierto, lo demás simplemente ocurre.

El infinito ciclo de todas las cosas


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El ser humano es bien complejo. Por definición anda perdido, aturdido por la grandeza de la existencia. Se codea diariamente con la muerte pero no le tiene miedo, excepto cuando ya es inevitable. Somos transicioneros finitos, incapaces de apreciar la importancia de la existencia en su máximo esplendor, incapaces de sabernos cercanos al instante presente, único, irrepetible. Deseamos entender qué ocurre pero en algún momento de nuestras vidas, quizás por pura supervivencia, desistimos en el empeño de los interrogantes y las certezas. Nada permanece, nada podemos llevarnos a la otra vida, y aún así nos aferramos a las cosas como si fueran de nuestra propiedad, como si eso que dan por llamar propiedad privada fuera algo cierto y real. ¿Qué mayor ficción que la de creernos que somos dueños de algo? Ni siquiera la propia vida que nos anima y nos da fuerzas y energías para sentir y experimentar y comprender, ni siquiera eso puede sostenerse, medirse, pesarse, poseerse.

No somos capaces de desprendernos de nada. Acumulamos cosas que realmente no necesitamos. Tantas y tantas cosas ficticias que no hacen más que ocupar y llenar nuestros vacíos. Somos que Josué ordenando al sol que se detenga, ignorando las leyes del universo profundo, empeñados en construir un templo como los artesanos Oholiab y Besalel sin ser capaces de entender los fundamentos de la arquitectura primera. La humildad, el inclinarnos ante la creación que todo lo abarca, resulta aún un reto para el ser humano. Ni siquiera somos capaces de pacificar nuestros alimentos, volverlos dóciles y fuera de toda violencia. Y luego pedimos paz en el mundo. ¿Cómo es posible eso?

Fijémonos bien en nuestro día a día. Resulta fácil atender a esas voces que reclaman valores, consciencia, serenidad, armonía. ¿Pero cómo demandar esas cosas al mundo si nosotros mismos no somos capaces de mantener un ápice de atención en todo lo que nos rodea? La belleza exuberante de los montes, la increíble demostración de vida que cada mañana se desparrama al amanecer, el despertar diario de miles y miles de semillas que ante la tierra húmeda explotan en mil pedazos, mueren para resucitar en ellas un nuevo fruto. Ignoramos todas esas cosas y sin embargo ocurren a cada instante, a cada momento bajo nuestros pies. Pero nos creemos tan importantes en nuestros oficios, en nuestras familias, ante nuestros amigos. ¿Qué importancia tendrá para nosotros un amanecer? Tan estúpida y simple es nuestra reflexión, ignorando que ese maravilloso milagro diario permite que todas las mañanas podamos continuar sumidos en nuestra ignorancia, en nuestras creencias cargadas de vacíos.

Ignoramos que nuestras vidas están cargadas de misterio. Obviamos que si fuera por un motivo de azar o destino, cada acontecimiento diario está ahí para hacernos partícipes del mismo, para comprender su enseñanza o su existencia. Excluimos de nuestras vidas la milagrosa promesa del soplo de cada segundo, del susurro radiante de cada suspiro.

Esta mañana alguien se interrogaba sobre la consciencia y cómo alcanzarla. Años y años haciendo meditación, yoga, disciplinas diversas y no alcanzaba a entender la consciencia. Lo invitamos a que se diera un paseo por el bosque. Allí, sobre cada poro de vida, la consciencia palpita libre y natural, capaz de entender que no hay mayor orden posible, que no hay mayor entendimiento alcanzable que el de saber situarse aquí y ahora en plenitud absoluta. Concentrar nuestro alarido diario en ese instante es comprender que la consciencia máxima es la de sentirnos vivos y radiantes, pacíficos y humildes ante la creación. No parando el sol como Josué. Siendo un sol mismo que gira en torno al infinito ciclo de todas las cosas.

El amor a la belleza


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Querido L.,

me ha emocionado tu escrito. La verdad es que han pasado muchas cosas desde la última vez que nos vimos. Me alegra mucho todas las noticias que cuentas, especialmente lo de tu sobrino, lo cual es motivo de gozo. Una nueva vida, un nuevo ser encarnado, un nuevo sentido para la comunidad y para la familia. Aunque no la conozca personalmente, le deseo todo lo mejor a tu hermana y por supuesto a tu sobrinito. Felicidades tío.

Dime a qué dirección te envío el librito de Ramiro y mío. Me hizo especial ilusión escribirlo junto a él. Recuerda que nos conocimos en una de las presentaciones de Ramiro y mira como es la vida. Siempre tan sorprendente si conseguimos verla con esa generosidad del tiempo y la perspectiva.

Sí amigo, amor es relación, por eso sé que algo me amas. De alguna forma siempre estás ahí, siempre tienes un momento para relacionarte con el otro, para compartir tu afecto y cariño, para dar un trozo de ti. Algún día tendremos que dedicar el capítulo de alguna obrita para explicar la milagrosa conjunción entre dos entidades de mundos diferentes. Lo especial de todo es que de alguna forma, al aceptar al otro, al diferente, al distinto, estamos aprendiendo a aceptar una parte muy íntima nuestra. Es como decir que desde algún punto de la transcendencia aprendimos a relacionarnos con el otro, es decir, con nosotros mismos. Quizás por eso sea necesario compartir la buena noticia de que me escribí con nuestro común amigo y hemos quedado por fin en vernos este verano, en agosto. A ver qué tal va el reencuentro y a ver si somos capaces de rescatar tantas cosas.

Lo de O Couso es difícil de explicar. A medida que pasan los días aquí voy descubriendo el verdadero sentido de todo. Recuerdo las vidas de Thoreau o Whitman y los imagino juntos en aquel joven pueblo americano de Concord junto a su mentor Emerson. Emerson diría a sus discípulos: la naturaleza sirve a otra necesidad del hombre aún más noble: el amor a la belleza. Creo que aquí en O Couso hemos encontrado ese refugio donde poder apreciar más directamente esa belleza. Es un contacto íntimo, profundo, desnudo ante los acontecimiento diarios, con sus pruebas y sus misterios. La naturaleza tiene algo difícil de descifrar y descubrir en las grandes ciudades. Aquí la lluvia y el sol y el viento y la tierra forman un quinto elemento traslúcido, una especie de movimiento silencioso que hace temblar alguna membrana interior sintiendo la vida con mayor intensidad. Aquí inevitablemente te vuelves poeta y nace un diálogo con la Creación más directo, más sonoro, más profundo. Este es sin duda el lugar desde el cual se puede saborear ese amor a la belleza. O Couso no es más que eso, un proyecto vital que tiene que ver con el ser y el descubrimiento de la vida, de su misterio.

Me alegra mucho el sentido de servicio que observo en tus palabras y sentir. Eso denota ya una madurez consolidada tal y como lo expresas. Sin duda, y no todo el mundo lo sabe, una vez has conseguido servirte a ti mismo el siguiente paso es servir a la familia y a la comunidad. Es así como hemos sobrevivido como especie durante tantos siglos. Y es así como la belleza y el misterio de nuestra propia naturaleza se manifiesta. Dios nos ha querido para servir a su creación, y a eso nos debemos. Podemos tardar más o menos en darnos cuenta, pero servicio es la palabra clave de todo. Incluso en algunas antiguas tradiciones iniciáticas, donde después de pasar por el silencio meditativo (aprendiz) y el conocimiento y aprendizaje (compañero) llegas a la maestría, es decir, al servicio a los demás. Este servicio a los demás es la única puerta para poder entender algunas claves esenciales. La introspección y el aprendizaje no tienen sentido sin el compartir.

El tema Séneca es una cuestión económica y de tiempo. El alzheimer de mi padre va creciendo de forma rápida y me siento con la necesidad vital de ayudarles como pueda, especialmente a mi pobre madre que este verano la he notado bastante agotada. Ya sabes que mis padres me dejaron algún dinero hace unos años para empujar la editorial y terminar la casa. Ahora creo que ese dinero lo necesitan más que yo y la única forma de devolverlo es intentar vender la editorial. Existen cuatro interesados de momento que están valorando la compra. Estos años la editorial ha ido bien. Conseguimos algunos éxitos y ganamos algo de dinero que hemos invertido en la compra de O Couso y en dejar las cuentas de Séneca saneadas. En fin, me da pena desprenderme de esta joya y de todo su valor simbólico pero si no queda más remedio ese será el camino. El stock de la editorial es de 250 mil euros en libros actualmente. La editorial se vende casi por la mitad de ese stock. Si alguien la comprara quedaré libre de deudas y seguramente empezaría de nuevo con una editorial más pequeña editando libros de alta calidad, muy seleccionados, como hace Jacobo Siruela con Atalanta, y acompañados ahora sí, de la experiencia de todos estos años. De todas formas, si se te han ocurrido otras ideas no dudes en compartirlas, me hará ilusión escuchar cualquier propuesta o idea. Como tú dices, más allá del valor editorial Séneca tiene un valor simbólico que no tiene precio.

Por lo demás estoy bien. Exceptuando la inquietud inevitable por el estado de salud de mi padre, interiormente me siento equilibrado y feliz por ver que todos esos sueños se van cumpliendo poco a poco, realidades que vienen acompañadas de nueva siembra para el futuro. Es hermoso crear, formar parte de la belleza de la Creación. Con la editorial he descubierto el poder de crear sueños propios y ajenos. Cada libro ha sido como un trozo de creación. Ahora siento la necesidad vital de seguir cocreando con mayor compromiso. Me seduce mucho la idea de esas personas que no poseían nada pero que lograron crear emociones e ideas que han durado miles de años. Buda, Jesús, Laotzi, Whitman, Cervantes, Mozart… Ellos crearon algo bello para nuestra humanidad que perdura en el tiempo por su poder y grandeza. Cuando construí mi casa me sentí satisfecho pero pronto descubrí que no era suficiente. Una casa puede durar cien años, o cinco siglos como la casa que ahora estamos rehabilitando. Pero una idea, una emoción, una poesía… Eso puede ser eterno…

Un abrazo sentido querido Luis, y nos vemos pronto en alguna parte… Gracias por permanecer ahí, sigues siendo para mí un ejemplo de muchas cosas, especialmente en lo referente a la relación, es decir, al amor.

Con el cariño de siempre, tuyo,

El reto de vivir seis meses de experiencia


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Estimadas,

Me veo en la obligación y la necesidad de expresar algunas consideraciones sobre este ciclo de 21 días en el que me encuentro y que en unos días finalizará dado mi deseo profundo de seguir experimentando en esta experiencia comunitaria.

En primer lugar, mi agradecimiento sincero por haberme hecho partícipe de este sueño ahora convertido en realidad. Esto no hubiera sido posible si no hubiéramos unido el deseo de todos en algo mayor a la suma de nuestras partes. Cada vez que miro por la ventana de la caravana y observo el paisaje majestuoso algo dentro de mí se remueve. Es sincera felicidad y regocijo interior al comprobar que nada es casual y que todo obedece a ese misterio que no somos capaces de sondear en toda su complejidad.

Como nosotros mismos nos hemos autoimpuesto el seguir las pautas que hemos marcado para otros, ruego tengáis en consideración mi deseo de continuar con el ciclo propuesto, y poder así afrontar los seis meses de experiencia. Tras vivir algún tiempo inmerso en la acogida y en la primera semana de experiencia y tras convivir más de tres semanas seguidas en este lugar me siento fortalecido en mi deseo de continuar, aportando todo cuanto sea posible para que la obra continúe.

Dicho esto, me he dado de plazo dos meses para ordenar mi vida personal y poder adecuarla al nuevo reto. Seis meses es una cifra considerable viendo el cansancio acumulado de estos días, pero entiendo que también será cifra necesaria para encontrar las herramientas oportunas para adecuar mi fortaleza a los requisitos del lugar.

Dado que en el apartado de “Programa de Acogida y Experiencia” se especifica lo siguiente en el apartado cuatro:

 4)        PROGRAMA DE SEIS MESES. Este programa sólo estará disponible para aquellos que hayan podido experimentar el resto de programas y sólo será posible bajo petición del interesado y bajo invitación y aceptación de la comunidad.

os ruego tengáis en consideración mi petición abierta de continuidad con el programa de seis meses de experiencia. Espero ser útil a la comunidad y al bien común y espero que mi estancia en O Couso sea siempre provechosa, servicial y sólida.

Gracias de corazón por vuestra consideración.

En amoroso servicio,

Javier

Amor es Relación


amor

Queridos,

 

Hace unos años me interrogaba sobre las claves del amor, la diferencia entre amar, querer y estar enamorado. Lo hacía en un libro que titulé “Ama hasta que te duela”. Allí expresaba la necesidad de comprender que cuando se traspasa el enamoramiento visceral y el querer egoísta y se llega al amor verdadero, éste oprime nuestro limitado pecho, nuestro limitado ser, y algo duele ahí dentro por falta de espacio físico, psicológico y metafísico.

Más tarde hablé sobre otro tipo de sexualidad no condicionada a traumas, modas o instintos y llamé al librito “Asexualidad”. La intención era provocar otra nueva forma de acercarnos al sexo sin ningún tipo de condicionantes, sólo expresando aquello que se siente de una forma desapegada, tanto que ni siquiera es necesario un acercamiento íntimo que a veces incluso puede llegar a resultar violento. En fin, una forma diferente de ver y sentir la sexualidad.

Ahora tocaba cerrar la trilogía sobre el amor en todas sus vertientes con una visión madura y relajada, realizada conjuntamente con el amigo Ramiro Calle y prologada generosamente por el amigo Joaquín Tamames. “Amor es relación” es un libro ligero y ameno que profundiza aún más en las claves del amor, de la relación en pareja, de las relaciones con los otros y con lo Otro, con eso que llamamos el misterio más profundo. Un libro de ágil lectura pero profundas reflexiones que seguro os llevarán este verano a una forma diferente de acercarnos al amor. Aunque la idea del libro nació hace algunos años, pensé que lo mejor era compartir la reflexión y así practicar ya desde el minuto cero la frase del título. Dicho sea de paso, mi mayor agradecimiento a Yolanda, la cual inspiró no sólo el título y la idea, sino una nueva forma de entender las relaciones humanas desde el respeto y la comprensión absoluta, descubriendo de paso que no hay mayor amor que el que se relaciona desde el desapego y el dejar ir.

Como mi forma de amaros es relacionándome con vosotros desde la escritura, aquí está mi muestra de afecto y cariño. Así que gracias de corazón a todos por seguir ahí junto al sol que brilla cada mañana y se relaciona con nosotros aportando vida.

 

El libro se puede comprar en el siguiente enlace al precio de 10 euros gastos de envío incluídos (5 euros versión Ebook):

http://www.editorialdharana.com/catalogo/amor-es-relacion?sello=nous

A partir de septiembre en todas las librerías.

 

La peligrosa vida de los bosques


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Sólo cuando vives en tus propias carnes la falta de estímulos que tienen que ver con el consumo y te entregas a la vida abundante del campo te das cuenta de lo innecesario de tantas y tantas cosas y del peligro que conlleva vivir esta experiencia donde poco o casi nada se necesita. Mientras esta mañana intentábamos construir un leñero para el invierno con algunas maderas que encontramos dentro de la casa observaba con detalle todo lo que pasaba alrededor. El perro Geo jugueteaba en el prado con las mariposillas, la gata Gaia cazaba moscas en la caravana, las gallinas buscaban algún rincón entre la maleza para depositar algún huevo. Llegó la cartera para entregarnos las primeras cartas y de repente tuve esa sensación extraña de recordar que ahí fuera hay algo de vida más allá de la imagen bucólica de la vida en los bosques.

Vivir aquí tiene sus peligros de cara al sistema. No necesitamos estar conectados a la red eléctrica, tenemos un pozo con agua abundante y pronto tendremos una huerta y algún sistema eficaz para producir alimentos todo el año. Nos rodean más de tres hectáreas de bosque con abundante leña para pasar el frío invierno. Podríamos decir que las necesidades básicas de alimento y cobijo las tenemos más o menos resueltas. Lo que en nuestras ciudades hemos dado por llamar comodidad y progreso aquí se traduce en aventura. Ducharte o ir  a la letrina seca puede ser todo un estímulo para empezar el día de forma diferente. Comer en la antigua era de trigo rodeado de bosques y prados es un privilegio diario.

¿Cómo suplimos las necesidades sociales y de relación? Vivir cerca del Camino de Santiago es como vivir en un aeropuerto internacional. Todos los días llegan riadas de peregrinos procedentes de todas partes. Algunos escuchan la existencia de este lugar y se dejan arrastrar por la curiosidad. Si queremos conocer gente nueva e interesante solo tenemos que bajar a comprar arroz y entonces puede ocurrir de todo. Las semanas de experiencia y los días de acogida nos enriquecen diariamente. Personas interesadas en el proyecto vienen, aportan sus dones y talentos, su sonrisa y su generosidad y se van dejando un halo de magia y bienestar en todos.

Los conflictos son escasos, y de haberlos se resuelven siempre de forma amorosa. Los principios de ayuda mutua y cooperación supera con creces el individualismo o el egoísmo primario. No hay tiempo para discusiones y si mucho tiempo para compartir ideas y emociones. La mayoría de los que participamos en el proyecto hemos tenido una rica vida profesional, por lo que nuestro interés en este lugar no deriva de una ambición personal hacia metas económicas o de poder. Por suerte superamos esa necesidad y lo único que perseguimos es una vida sencilla y de valores. Este punto es importante porque difiere un poco de otros planteamientos. Los valores y los principios forman parte de nuestra tierra común. No deseamos acumular poder o dinero, propiedades o estatus ni tampoco vivir una vida endogámica. Ese tipo de cosas quedaron atrás. Ahora nos interesa enriquecer esa parte trascendente de la vida, penetrar en la comprensión de ese misterio que nos rodea y poder compartirlo con el resto. Por eso dedicamos cuatro horas al trabajo y el resto a enriquecernos en todos los aspectos. Es el ideal utópico de todos los tiempos, y aquí estamos empezando a trabajar para poder alcanzarlo. Los retos siguen floreciendo. La riqueza de los mismos fortalecen nuestra alma.

La experiencia de comprenderse, de buscarse, de amarse


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«Pienso que desde mi juventud nunca me ha abandonado la intuición que una vida de comunidad pudiese ser el signo de que Dios es amor y solamente amor. Poco a poco surgió en mí la convicción que era esencial crear una comunidad con hombres decididos a dar toda su vida y que buscasen comprenderse y reconciliarse siempre: una comunidad donde la bondad del corazón y la simplicidad estuviesen al centro de todo» (Hermano Roger, Dios sólo puede amar).

No sabemos realmente el significado profundo de la palabra Dios tal y como desea expresarlo el hermano Roger, fundador de la comunidad de Taizé en la que tuve la suerte de visitar en más de media docena de ocasiones. Cuando paseaba por sus calles en el sur de Francia, cerca de Clunny, o cuando escuchaba sus canciones en Escocia o Alemania en las frías noches de invierno en cualquier iglesia recóndita siempre sentía ese amor incomprensible y misterioso que nace de la común unión de seres que anhelan la reconciliación.

Estos días, en la primera semana de experiencia oficial en O Couso sentía ese anhelo. Ruth hablaba de la unión de todos los pueblos y el derrumbe de los estados con ese deseo ardiente de aquellos que anhelan la ciudadanía universal en contra de tanta frontera. Agustina sentía ese amor abrazando a unos y otros y especialmente a todos los animales que cada día son más. Soledad se emocionaba desde el minuto cero, cuando contemplaba la belleza del verdor y los bosques, compartiendo esa sensibilidad por todo lo existente. Miguel, siempre incansable, facilitaba la vida ayudándonos en todo lo que podía, ideando nuevas soluciones a los retos diarios. La decoración del retrete o la construcción de una ducha de agua caliente han sido uno de sus hitos, además de las lecciones sobre alimentación crudivegana. Marga sentía dentro de sí la generosidad del lugar, sus energías emocionada ante la potencia de las mismas mientras que su pareja Ángel revivía en sus carnes la experiencia comunitaria. Sergio amenizaba las tardes junto a Luije, incansables en humor y trabajo, en cooperación y ejemplo de alegría y bien estar. Francis llegó y no tuvo más remedio que quedarse atrapada en los abrazos, devolviéndolos con esa suavidad propia de ángeles que desean permanecer alados. El pequeño Pedro siempre nos sorprendía con sus cosas, a veces profundamente incomprensibles para mentes simples como las nuestras y a veces sorprendentes por su ocurrencia. Su hermana, la princesa Jimena, se ha convertido sin querer en la sacerdotisa de este pequeño reino angelical. Y la abuela María con esa sabiduría que nos deja a todos boquiabiertos con ejemplos claros y conocimientos de otro tiempo que cultiva en nosotros la semilla del saber. Y su hija María y Laura empeñadas en profundizar de igual forma en esa triada necesaria para manifestar la fe y la esperanza en ese mundo nuevo que ya llevamos dentro de nosotros y que anhela renacer.

Todos tienen sus virtudes y sus talentos, pero todos están dispuestos a prestar atención a la simplicidad de una vida sencilla y austera, al acercamiento donde la bondad humana nace. Todos tenemos ese anhelo palpitante de sentirnos más cerca de ese misterio que nos lleva a unir nuestros corazones en silencio en las meditaciones mañaneras, a abrazarnos pecho contra pecho de forma sincera en los círculos de consciencia, a sentir el palpitar y el aliento del otro mientras trabajábamos en cualquier tarea. El anhelo se ha hecho real, lo hemos sentido, lo hemos tocado y lo hemos atrapado por instantes. Así hemos aprendido de la experiencia de buscarnos, de encontrarnos, reconocernos y amarnos.

He aprendido mucho de esta primera semana de experiencia. Ya casi sin tiempo de recuperarnos andamos preparando la segunda. Almas bonitas acuden a nuestro encuentro de compartir. No pedimos nada a cambio. Sólo esa alegría de sentirnos vivos, de sentirnos palpitantes ante la nueva buena. Hemos dejado la pesada carga de la red de peces y ahora nos hemos convertido en pescadores de almas. Nuestro anhelo es tan sólo el de dar aliento a todos aquellos que andan en el Camino. Somos afortunados por poder verter algo de agua en sus copas sedientas. Y privilegiados por compartir en la mesa común el pan de la comunión.

Ya se echan de menos a todas esas almas que permanecen vivas en nuestro corazón cada vez más grande y ancho. Ya esperamos el regreso de la esperanza y la fe en un mundo más sano, más real, más vivo. Gracias de corazón almas bellas. Vuestro aliento ahora es nuestro aliento. Ya conspiramos juntos en un mismo sentir.

Primera semana de experiencia


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La semana de experiencia ha empezado en O Couso y no hemos parado de reír y compartir buenos momentos. En este constante goteo de dar y recibir van llegando gente bonita, muy bonita desde todas partes de España. Incluso hoy hemos tenido la bonita presencia de Peter, un peregrino checo que se ha quedado a ayudarnos toda la mañana a cargar piedras y ha comido con nosotros. El grupo sevillano ha aportado alegría y buen humor a la primera jornada. Dejaron la antigua era de trigo como nueva. Ruth, Soledad, Agustina y Miguel están como en casa, como si llevaran aquí toda la vida. Nosotros nos sentimos igual, como si los conociéramos de toda la vida.

El tiempo pasa tan deprisa que no tenemos tiempo de asimilar tantas experiencias, tanto compartir, tanta gente bonita que nos visita. Otro peregrino nos llegó en el coche de Sergio esta tarde. Pensaba empezar en Sarria pero al final ha terminado con nosotros. Al parecer ha sido un futbolista de primera división ahora reconvertido en otras profesiones, y, en su pensar, de forma surrealista se ve envuelto en esta especie de celebración continua, de alegría y paz serena.

La naturaleza ofrece al ser humano esa especie de sensibilidad especial, de hermandad entre todos, de belleza cristalina. Peter, el peregrino checo, llegó sin nada a O Couso tras tres años de caminar sin parar y se ha ido cargado de muchas cosas. Un saco nuevo, algo de dinero, regalos y presentes y sobre todo, una mañana llega de amor y cariño. Muchos peregrinos a veces sienten esa soledad humana. Aquí no tienen tiempo. Son tantas emociones, tantas experiencias juntas en tan reducido instante que no hay tregua para suspirar.

Aún no puedo entender como hemos conseguido todo esto con tan pocos recursos. Nadie se queja de que no exista luz corriente, ni agua, ni duchas, ni letrinas, ni camas ni ningún tipo de comodidad. No importa si son niños o jóvenes o adolescentes o mayores. Nadie se queja de nada de eso. Al contrario, experimentan la vida desde otra singular mirada. Cuando además tengamos esas comodidades y todo sea más sencillo, la magia aún se multiplicará mucho más.

Estamos felices y satisfechos por afrontar esta primera semana de experiencia a la cual todos estáis invitados. No hay ninguna exigencia. Deja lo que puedas y coge lo que necesites es nuestro lema y nuestra convicción más profunda. Lo demás vendrá por añadidura.

Gracias a todos por esta oportunidad única. Gracias a todos los que hacéis posible una vida más humana, más cercana, más próxima.

Cuando recibes tanto


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Por la mañana salíamos dirección Beariz. Íbamos dos coches porque la amiga Rosa estaba esperándonos para donarnos muebles, mantas, utensilios varios, sacos de dormir, somieres, sábanas, jarapas y un poco de todo para ir solucionando algunas necesidades básicas de O Couso. Nos recibió cariñosamente como siempre junto con su amiga Lila, la cual nos deleitó con una exquisita comida.

Tuvimos una agradable sobremesa y recordábamos viejas anécdotas, sobre todo esa en la que Rosa me sorprendió en un acto en Madrid regalando libros y me recordó que lo que yo tenía era una empresa y no una ONG. Nunca había vendido tantos libros como en esa mañana en la que Rosa se puso al timón del stand y a mí me puso a firmar libros de mi propia autoría. Hoy, de nuevo generosa, llenó nuestros coches, pero sobre todo nuestros corazones de amor y esperanza.

Siempre he defendido que los gestos, sean del tipo que sea, son indicadores de la calidad humana que hay tras ellos. Todos los días ocurren este tipo de gestos que nos hacen pensar que la vida está cargada de abundancia, especialmente aquella que tiene que ver con el cariño y el amor. Los seres nos relacionamos precisamente bajo ese pretexto. Estamos marcados por esa inevitable necesidad de amar. Porque en el fondo sabemos, comprendemos, que eso es lo único que merece la pena.

Como los gestos nunca vienen solos, tras los postres y el café nos llevaron a ver un hermoso pueblo lleno de impresionantes horreos gallegos. Allí nos encontramos con un aldeano que quiso enseñarnos su impresionante casa. Tenía muchos animales dentro de unas cuadras y terminó regalándonos una pareja de hermosos conejos y otra de hermosas cobayas, la hembra, además, preñada. Así que de repente hemos visto como la familia ha crecido de forma estrepitosa y casi sin darnos cuenta. De nuevo abundancia, cariño de un desconocido que al ver nuestra cara de fascinación por esos animales quiso compartir un trozo de su vida con nosotros. ¿Cómo agradecerlo? ¿Cómo compensar tantos guiños y abrazos invisibles?

Quizás la generosidad sea algo que se contagia, una acogida misteriosa que la vida nos ofrece cuando menos lo esperamos. Quizás solo tengamos que tener esos pequeños gestos a diario, con cualquier persona, con cualquier actor que entre en juego a cada instante para activar ese trueque mínimo. Un abrazo, un guiño, una sonrisa. Cualquier cosa es posible. Sin exigencias, sin expectativas, sin pedir nada a cambio. Sólo abrir las manos para poder dar y recibir, como esa espiral cósmica en la que vivimos, sentimos y tenemos nuestro ser. Quizás la vida sea eso. Dar y recibir, dar y recibir. No importa si son unas jarapas o un beso, una caricia o un simple guiño. Como ese sol que nos ilumina día a día, inagotable, y sólo solicita a cambio de ello una leve sonrisa en nuestro rostro, un leve agradecimiento a la vida. Gracias querida Rosa, Lila y el aldeano anónimo por tan generoso día. Gracias por vuestro trozo de luz que ya reposa y abunda en nuestros sonrientes corazones.

La revolución energética


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Dios manda a sus peores batallas a sus mejores guerreros. Lo decía hoy Luije mientras cenábamos unas judías verdes con zanahorias y patatas de la huerta del Alquimista, que hoy nos visitó con ricas viandas junto a la bella María.

Esa frase me hizo pensar sobre la cuestión que hoy me ha embargado. Hace unas semanas compramos por sesenta euros una placa solar. Con el inversor y la batería el precio subía algo más, pero la placa en sí costaba eso. Con sesenta euros somos capaces de alimentar los móviles, los ordenadores, alguna bombilla, la batidora y otras cosas que vamos utilizando a medida que surgen necesidades básicas. Si necesitas conectar algo más como una lavadora o un frigorífico hay que aumentar la capacidad de las placas, su número, así como las baterías y el inversor. Si no hay sol puedes tener un molina de aire y llevo días pensando que si no hay sol ni aire, podríamos idear algún tipo de sistema con imanes o simplemente conectar alguna bicicleta estática a algún generador, haciendo deporte al mismo tiempo que generas energía.

Lo fascinante de todo es que con una mini batería de doce voltios y una placa solar puedas conectar este ordenador desde el que escribo ahora mismo, de noche, con toda la independencia y emancipación posible. Cada vez que lo pienso me surge de dentro una especie de emoción, de ver que realmente es posible esa revolución energética donde todos podamos emanciparnos energéticamente al mismo tiempo que contribuimos a mantener un planeta más limpio y seguro.

Cuando veo las noticias de que están regulando el sector energético para perjudicar a las energías renovables y el autoconsumo energético mientras que de forma paralela los ex gobernantes pasan a integrar los consejos de las grandes compañías de energía una leve sonrisa me surge en el rostro. Los de siempre podrán hacer lo de siempre, pero esta revolución es imparable, como lo fue la revolución eléctrica en detrimento de la contaminante industria del carbón y como lo será próximamente en el mundo del automóvil en detrimento del obsoleto negocio del petróleo.

Cada vez que enchufo este ordenador a la placa solar en mitad de este hermoso bosque perdido en alguna parte recóndita y aislada de casi todo siento cierta felicidad y cierta tranquilidad interior. Es posible vivir con los avances tecnológicos en comunión con la naturaleza. En los próximos meses se presentarán retos importantes pero estoy convencido de que se puede vivir de forma generosa en una vida rebosante de abundancia. En los próximos meses resolveremos algunas cuestiones imprescindibles, como llegar poco a poco a la emancipación alimentaria, y cuando esto esté resuelto, tendremos la posibilidad y la necesidad de compartir esta maravillosa experiencia con el mundo. La revolución ya está en marcha. Esta es una batalla difícil, pero estamos preparados para afrontarla con valentía y decisión. Estamos convencidos, estamos deseosos.

Cuando el miedo aúlla


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De nuevo nos encontramos en la caravana disfrutando de una de esas tormentas que hace rugir todo el bosque. Viendo como el agua y el viento lo empapa todo mientras que aquí dentro el perro y el gato duermen a pierna suelta y todo lo demás parece en calma. Ahora que los prados están de nuevo empapados quizás sea una buena ocasión para descifrar destinos.

Resulta que cuando tomas decisiones drásticas, radicales, de alguna forma se levantan ampollas y actitudes que a veces resultan increíbles. Decía en el mensaje a cuento de la venta de la empresa que uno, y quizás el más importante de los motivos por el que decía venderla era por la enfermedad de un familiar. La respuesta del noventa por ciento de los afectados, ante mi decisión, sólo venía enmarcada en la preocupación de sí mismos, de si se iban a publicar o no sus libros, de que iba a ser de ellos en no sé qué cuestiones. Me resultó increíble el que tan sólo un diez por ciento dedicara una línea de comprensión a la enfermedad. Esto me hace pensar en lo acertado de la decisión. Me hace pensar que cuando decidí realizar la dación en pago de mi casa fue lo mejor que pude hacer porque igual que ahora, pude comprobar como unos pocos, estaban ahí en las duras y las maduras y el resto desaparecía misteriosamente.

La sensación es agridulce, pero siempre he dicho que este tipo de actos lo que provoca en los otros es miedo. Mientras que por dentro se tiene una sensación de certeza y seguridad interior, por fuera se remueven todos los fantasmas que nos rodean, todos los miedos que se revelan.

Es cierto que hay una apuesta radical que con el tiempo aspira a hacerse más patente y más visible. La vida nos pide esa radicalidad, esa coherencia, esa honestidad sincera hacia lo que sentimos, pensamos y realizamos. Es la afluencia radiante de los corazones que entran en el fuego y dedican toda su vida a la sustancia de las cosas invisibles. No deja de ser un sacrificio, pero también una recompensa. No se trata de dejar una casa, una vida entera, una empresa, unos ahorros. Se trata de ser cada día más coherente con esa llamada que nace de aquella mirada oculta que no se puede explicar ni atrapar.

Quiero animaros a que sigáis vuestra llamada, vuestro voz interior, vuestra consciencia. No importa todo aquello que puedas perder en el camino. Mientras tengas vida hay camino, y ese camino será saludable si por dentro te reafirmas en tus convicciones. No se trata de hacer cosas al azar, se trata de marcar un rumbo hacia tus propios sueños y no dejar de perseguirlos. Todo lo demás es redundante, innecesario. No tengamos miedo. La tormenta exterior es necesaria para comprender la fortaleza que se siente cuando expresamos la luz de dentro. El camino siempre se revela. El camino siempre se manifiesta para facilitar el tránsito.

Pd. Gracias a todos los amigos y amigas que estáis ahí con la comprensión y el amor de siempre. Todo está bien.

 

De nuevo el desapego


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Hace unos días me contactaba un reportero de televisión para realizarme una entrevista y hablar de cómo se vive sin tarjeta de crédito. Hace unos años, y ya casi no lo recordaba, escribía un artículo donde explicaba mi determinación de vivir sin hipoteca y sin tarjetas de crédito. Un viaje a Etiopía y otro a la India y su profunda y extrema miseria me habían hecho reflexionar sobre nuestra condición humana y sobre nuestra forma de gestionar nuestros recursos. Eso y la crisis cada día más extrema ayudó a tomar algunas primeras drásticas decisiones.

Aprendí pronto a navegar en la tabla del desapego. Primero fueron los créditos, luego las tarjetas, luego las casas que fui dejando por el camino hasta que me quedé prácticamente sin nada. Digo prácticamente porque aún conservaba mis libros y la editorial, que hasta el momento ha sido mi medio de vida y una buena motivación de servicio a la cultura y a las ideas.

Estos días de visita a la familia y de observar el terrible estado que proporciona en mi padre la enfermedad de alzhéimer me ha hecho de nuevo reaccionar. Esta misma tarde escribía a amigos empresarios, a personas vinculadas a la política, a diplomáticos, a diputados, a exministros y expresidentes de bancos y grandes compañías, a inversores, a conocidos periodistas, a intelectuales y escritores de fama y talento, a actores y conocidos de la farándula, a amigos pudientes en todas sus clases y condiciones para que me ayudaran a buscar un comprador para mi empresa. Busqué en mi lista de contactos y amigos y sin tapujos puse un precio a la empresa. Un precio más bien simbólico cuya suma equivale a las deudas personales que tengo con algún amigo y familiar.

De nuevo volver a empezar. De nuevo el desapego hacia lo creado, hacia lo conseguido. En un momento en el que la editorial va bien, que está libre de cargas y que desea crecer, me veo en el compromiso interior de ayudarle en su desarrollo. El reto no es baladí. Me siento con fuerza para volver a empezar. Para una vez sin deudas, sin compromisos, con algo más de tiempo, volver a crear. Ahora necesito empezar de cero, pagar esas deudas que ayudarán de paso a que la enfermedad de mi padre sea más llevadera y de paso cerrar ese círculo kármico que uno contrae con el pasado y que de alguna forma siempre termina afectando a nuestro presente.

Si alguien que lea estas letras está interesado en un proyecto retante, que se ponga en contacto directo conmigo. Si eres emprendedor y quieres sacar rédito de una idea cargada de emoción no dudes en decirlo. Siento la obligación moral de ayudar a los que me dieron la vida, cueste lo que cueste, desde el desapego más sincero. Esto no será ninguna solución, pero hará el tránsito inevitable más llevadero.

(Foto: en una de las primeras e ilusionantes reuniones con los primeros editores senequistas).

La sociedad glotona


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«Constato la devastación actual, la alarmante desaparición de especies vivas, ya sean vegetales o animales, y el hecho de que, debido a la densidad demográfica, el ser humano vive en una especie de régimen de envenenamiento interno. Pienso en el presente y en el mundo en el cual voy a terminar mi existencia. No es un mundo que me guste«. Lévi-Strauss

 

A veces uno siente miedo de enfrentarse a esta locura constante que nos envuelve. El antropólogo francés Lévi-Strauss acusaba a la sociedad parisina de «glotona». «Más o menos cada cinco años necesita llevarse algo nuevo a la boca», ironizaba. Realmente no es algo que haya remitido. Más bien es algo que va creciendo sin remedio en el imaginario social, que se ritualiza en cada acto de nuestras vidas casi como algo “normal” o “sagrado” hasta el punto de que la glotonería, sea del tipo que sea, ahora se exige, se reclama hasta la amenaza si hace falta. Sí, esa glotonería se está volviendo obscena y da miedo.

El sábado participé por primera vez en muchos, muchos años, en una boda de un familiar cercano. Este tipo de actos sociales siempre me han dado cierta urticaria y los he evitado al máximo porque siempre me han resultado algo glotones, pero dada la avanzada enfermedad de mi padre y dado que hacía muchos años que no veía a más de un familiar pensé que sería necesaria cierta presencia. Realmente disfruté del acto aunque no comulgue con ciertos ritos y terminamos en la cama a eso de las cinco de la madrugada, más por complacer a mis padres que por propia voluntad.

Como era natural, al día siguiente me desperté tarde, muy tarde. Comimos algo y aunque era domingo avancé algo de trabajo en la editorial. Suelo tener el móvil siempre apagado, fuera de cobertura o en silencio. Mi timidez siempre me ha alejado de ese sonido molesto e inoportuno y delego casi siempre las llamadas a alguien. Como tenía que enviar unos archivos a la imprenta localicé el móvil y vi un montón de llamadas de una persona a la que he visto una sola vez en mi vida y luego unos mensajes que empezaban de forma paciente a solicitar algo para luego transformarse en exigencias que rozaban casi el insulto o la intimidación. No daba crédito.

Me di cuenta en ese instante de lo vulnerables que somos. De los riesgos que conlleva entreabrir la puerta, aunque sea compartiendo reflexiones o sueños o tristes trópicos, como hacía Strauss, y de repente verte mancillado por arrebatos e intimidaciones. Lo siento si no contesto al teléfono. Lo siento si no tengo por costumbre complacer todo cuanto me gustaría. A veces uno se queda sin fuerzas y mira las circunstancias con cierta lejanía. A veces simplemente uno tiene ganas de estar en silencio, paseando junto a la muda presencia de la soledad sin esperar nada a cambio. Sí, a veces uno es humano, y aunque las letras nos eleven hacia planos más angélicos y poéticos, a veces, y lo siento, no puedo soportar amenazas de ningún tipo. Así estoy aún, estupefacto, asombrado por la condición humana, la mía propia, por no saber qué hacer ni qué pensar cuando alguien amenaza en ir a buscarte para… vete tú a saber qué sólo porque ese día no te apetecía contestar llamadas. Sí, así somos en nuestra extraña y glotona condición humana, una especie que se envenena a sí misma y que vive marchita sus últimos días.

 

Salud y enfermedad


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Hoy me sentaba en la escalera de la casita familiar que tenemos en Córdoba junto a mi padre, el cual padece un alzhéimer avanzado. Él me miraba en silencio mientras gruñía con ese mal humor característico de la enfermedad y yo hacía lo mismo en silencio, contemplando con cierta tristeza como la merma de salud desemboca en algo tan atroz como la enfermedad.

Sentía pena por la situación. Especialmente pena por saber y observar que nadie nos educa para afrontar la enfermedad. Mi madre, consumida por el continuo cuidado de su pareja enferma afronta con sumisa paciencia la dureza de la situación.

También es evidente que nadie nos enseña a conservar la salud. Vemos diariamente como esos insalubres hábitos ordinarios, y ya no me refiero solo a los que afectan directamente a nuestro espacio físico, están ahí mermando de forma invisible nuestra fortaleza.

Es cierto que no podemos controlar al cien por cien nuestro vigor. Podemos evitar algunas cosas obviando en nuestra vida ordinaria hábitos como el tabaco, el alcohol, las drogas, el mal humor, el mal carácter, el stress, los malos pensamientos. Eso ayuda a mantener cierta higiene y salubridad. Los factores genéticos de familia y raza afectarán indudablemente, pero también los accidentes y los abusos. Realmente lo milagroso es estar absolutamente sanos. Especialmente a medida que avanza la edad, una tendencia forzada gracias a los avances médicos empeñados en alargar la vida a costa de casi todo.

La enfermedad de alzhéimer sin duda es terrible para el que la padece, pero especialmente para el conjunto de personas que están al cargo del enfermo. Son ellos los que terminan en un estado frágil y desamparado. El Estado, tan preocupado en pagar ejércitos, coches oficiales y cargos vitalicios, rescates bancarios e intereses deudores no tiene tiempo para encargarse de las familias que padecen este tipo de crisis en su ciclo vital.

¿Qué hacer ante estas situaciones? Sólo se me ocurre pensar en la tradición. Antiguamente era la comunidad la que cuidaba de los niños y los ancianos enfermos. Creo que la nueva comunidad, esa que esta resurgiendo de las cenizas de esta civilización deberá prever los mecanismos suficientes para poder atender de forma solidaria y amorosa todo tipo de situaciones. Mientras trabajamos por esa utopía, seamos conscientes poco a poco de nuestra salud y cuidemos todo lo que podamos de ella. Nos va la vida, la nuestra y la de los que nos rodean.