Creando Utopías, segunda edición en nuestro quinto aniversario


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En unos días, el blog Creando Utopías va a cumplir su quinto aniversario. Cinco años escribiendo día tras día y para muchos de vosotros cinco años siguiendo día tras día, en silencio o con vuestros comentarios y guiños las reflexiones de este “Loco de la Montaña”, como alguna vez fue bautizado, requería un bonito premio. Y lo vamos a celebrar reeditando en una segunda edición ampliada y revisada el libro que le dio nombre al blog.

A este libro le tengo un especial cariño, por eso hemos intentado mimar esta segunda edición revisándola y ampliándola, buceando aún más en las causas de la esclavitud estructural y en las formas de alimentar la esperanza de deshacernos de sus grilletes. Fue un libro premonitorio sobre lo que unos meses más tarde iba a ocurrir con la crisis. En ese sentido, tiene un doble valor. El libro que dio nombre a este blog ahora se puede comprar también en formato ebook. Los tiempos cambian.

Recordaréis que “Creando Utopías” fue escrito en las Highlands escocesas, en la hermosa bahía de Findhorn. Estaba trabajando en la tesis doctoral sobre las comunidades utópicas. Las tardes de ese frío invierno de 2007 las dedicaba a redactar las líneas que marcan este libro. La estructura social y sus sistemas de «esclavitud» es el tema principal, así como las formas de rebeldía físicas y metafísicas para luchar contra ellos. En julio de 2013 visité de nuevo las Highlands y pensé que era una buena excusa para sacar esta segunda edición. Espero que os guste y la disfrutéis. Sin duda, este es un libro que nos hace pensar, y como estáis viendo, aunque sea seis años después, es un libro que nos hace actuar. Lo que allí se dijo, está a punto de plasmarse en la utopía, porque justamente ahora, seis años después de su primera edición, se está creando la utopía.

El libro ya está a la venta en el siguiente enlace:

www.editorialdharana.com

No es el viento, sino la colocación de las velas


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Todos elegimos lo que deseamos ser. Nadie nos empuja ni obliga. Podemos embaucarnos a nosotros mismos pensando que es así, pero no lo es. El mismo viento que impulsa una nave contra las rocas pudo impulsarla hacia un refugio seguro. En pocas palabras, no es el viento, sino la colocación de las velas. Un hombre que niega esta verdad es un débil que desea echarle la culpa a otros por el rumbo de su vida. Capitanes y reyes, de Taylor Caldwell.

Hay dos caminos posibles, o quizás existan infinitos caminos pero dos direcciones claras. Una la que nos lleva hacia nosotros mismos y la otra la que nos aleja de nuestra luz interior. La primera nos obliga a profundizar en aquellas experiencias que nos han acercado a la miel del espíritu. Como decía Nietzsche, nos convertimos en colectores de ese conocimiento dulce y amable.

El otro camino es una tragedia. Nos obliga a alejarnos de nosotros mismos, a ser auténticos desconocidos ante la presencia de nuestra alma interior, de nuestra construcción infinita. Es normal que ocurra. Si nunca nos hemos buscado, ¿cómo íbamos a encontrarnos algún día?

La búsqueda interior siempre empieza con una llamada, como esas doce campanadas que retumban de repente al mediodía aproximándonos a una realidad que hasta entonces habíamos ignorado. Es un grito atronador en nuestro interior que sentimos con esa abrasadora fuerza, con esa claridad inusual. A partir de ese momento, el resto de la vida sólo tiene sentido si las vivencias superan el deseo de volver a sentir ese mediodía. Necesitamos esa sed, esa hambruna que nos haga buscar en todas las flores de este nuevo jardín la miel brillante y transformadora.

Ante esa llamada hacia el interior nos toca recolocar las velas y adoptar la figura de capitán de un nuevo navío que desea zarpar hacia incógnitos mares. ¿Hacia donde nos conducirá ese viaje? Siempre dependerá de esa cuestión que tanto nos preocupa desde eones: traer algo a casa, como decía crítico Nietzsche. Pero, ¿quién tiene la osadía suficiente para olvidarse de ese algo efímero y lanzarse a la aventura con nuestros cinco sentidos? ¿Quién es capaz de dejar esa filosofía de la mañana, traslúcida y trasparente, para meterse de lleno en el mediodía de sus vidas a bucear en los oscuros océanos y contemplar desde cualquier isla desierta esos atardeceres imposibles?

La vida sigue ahí, invocando sus misterios. Y nosotros seguimos aquí, sin conocernos a nosotros mismos, alejados de nosotros mismos, ajenos a nuestro sentir y verdadera vocación interior porque nunca dedicamos un ápice de tiempo y entusiasmo a pensar sobre nosotros, a dudar sobre nosotros, a escribir en un nuevo libro de sabiduría todo aquello que somos y queremos ser.

La osadía que nace del autoconocimiento no deja dudas hacia el rumbo que debemos tomar. El otro, reflejo fiel del nosotros, nos espera para potenciar así la vivencia de la vida plena. El otro como escenario donde potenciar los valores que han de gobernar el futuro de la nueva vida. El otro como despertar hacia esa luz interior que nos lleva irremediablemente a contemplar al mundo desde la alianza y la versatilidad de lo posible. La cooperación y la cocreación nos espera en ese nuevo mundo que nace del conocimiento de nosotros mismos, los osados y atrevidos conocedores.

Cartas sobre la asexualidad


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Querido Javier,

he leído y releído los trabajos de tu blog, y he comprobado, otra vez más, lo fenomenal qué escribes.

No se si sabes, creo que no y lo digo en mi autobiografía, que empecé escribiendo a la par libros de yoga y de sexualidad, independientemente. Muchos años después vendrían los de tantra. Tuve problemas con la censura por todos lados.

Te declaras asexual en un trabajo que es como una operación quirúrgica de la psique sin anestesia, o sea muy sincero, abriéndote en canal. ¡Intrepidez que admiro de verdad! En el tantra hay tres posturas con respecto a la sexualidad; tantra seco, que no incluye ningún tipo de manifestación sexual; tantra semi húmedo, con caricias, besos y demás y tantra húmedo, con relación sexual plena. 

La asexualidad, ¿viene dada por un trabajo interior? ¿De modo natural, como el niño que un día abandona espontáneamente sus juguetes? ¿Cómo autoimposición? ¿Como el desenlace de la búsqueda espiritual? ¿Cómo idea e intenso deseo de suprimirla, o sublimarla, como en el Agni-yoga?

Se plantea una cuestión  (y yo he pasado por mis fases de brahmacharya, aunque hace tiempo, cuando también ejercía ayunos, etc), ¿cómo se concilia la persona sexuada con una persona que no lo es si la tiene de pareja? Y otra cuestión, sin sexualidad, ¿la relación con otra persona no es siempre fraterna aunque parezca de pareja? Y aun otra: Si uno no tiene ya necesidad sexual, ¿no es más idóneo relacionarse con varias personas a modo de amistades amorosas? Y también, pues mucho he indagado sobre el tema, me pregunto si quien ha entrado en la asexualidad, como abiertamente anuncias, ¿puede mantener relaciones sexuales apasionadas y gozosas? Porque si yo no tengo hambre, no tengo interés en comerme un alimento, si no es por sobrevivir. 

O sea, que como vez, me ha salido mi vena de buscador y de psicoanalista., obviamente pudiendo tu aplicar a estas preguntas el denominado «noble silencio».

Un abrazo muy grande, R.

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Estimado R,

acabamos de llegar de vuelta tras visitar con la arquitecto la «casa-asrham» gallega que queremos comprar en las próximas semanas si todo va bien y conseguimos el dinero suficiente. Vamos a ver como va todo, pero estamos ilusionados y con muchas ganas de poner en práctica todo eso que llevamos años predicando desde el plano de las ideas.

Con respecto a la asexualidad es algo que tiene que ver con mi propia condición de místico moderno, o como a mi me gusta llamarlo, de monje vestido de modernidad.

Desde muy pequeñito siempre me he sentido un poco anciano. Tener ochenta años en un cuerpo de niño siempre ha sido un poco extraño. Nunca me interesó el sexo. Mientras que mis amigos iban a las discotecas a ligar yo me quedaba encerrado en casa, con quince añitos o menos, leyendo libros de misticismo, de filosofía, de ciencia, y escuchando música clásica e intentando convencer a mis padres que no quería seguir comiendo carne. En el instituto me llamaban «xavi-cristo», y cuando ocurría algo, venían a tocarme para ver si podía sanarlos. Algunos dicen que llegué a curar milagrosamente a un amigo que se estaba muriendo de leucemia, pero eso solo son rumores. Lo cierto es que el amigo se curó, pero quizás más por los avances médicos, y no por mi intervención. También dicen que sacaba demonios de mujeres poseídas. Algo extraño pasó con una amiga que parecía realmente endemoniada, pero como digo, quizás todo fue producto de una extraña casualidad.

J. siempre dice que tengo mucha facilidad para conquistar a las mujeres y la misma para luego dejarlas a los pocos meses. Realmente todo tiene que ver con la asexualidad, que en mi caso es totalmente «seca» según tu clasificación tántrica y que a veces, por sacrificio o compasión hacia la mujer que tengo en frente pasa a semihúmeda o incluso húmeda en alguna ocasión. Pero como digo, para mí es como una especie de sacrificio, ya que no encuentro ningún placer especial en el sexo, aparte del sensitivo o animal. Ni hay nada que me motive a practicarlo por mi mismo. El sexo, como digo, es algo que me aburre y al que no le muestro la mayor importancia. Intento en todo momento desapegarme de lo que la sociedad, a base de anuncios publicitarios y películas y literatura nos induce a creer sobre el sexo. Todo un conglomerado de artilugios para distraernos sensitivamente. A veces da la sensación de que si no actúas como un verdadero actor hollywoodense  no eres un verdadero ser humano.

No es una autocensura personal el no practicar sexo, ni tampoco una autoimposición de algún tipo de celibato especial. Simplemente, no me interesa.

Sí es cierto que el trabajo interior existe y ha existido, y quizás, como bien dices, un día, gracias a ese trabajo, decidí abandonar el sexo como los niños abandonan los juguetes. Pero no fue un afán por eliminar el deseo hacia el mismo, sino una condición que se dio de forma natural. En cuanto a las cuestiones que planteas:

1) ¿Cómo se concilia una persona sexuada con otra asexuada? Pues la verdad es que hasta ahora ha sido difícil, por no decir, imposible. Era el hecho de mis rupturas anteriores. L. está siendo una excepción porque de una u otra forma está comprendiendo mi sentir y lo respeta al máximo. Por lo que ella confiesa hasta el momento, sin un exceso de sacrificio. Aceptando esta peculiaridad en su pareja sin restar mérito a lo demás.

2) ¿Se convierte en una relación fraterna y no de pareja? Bueno, creo que se convierte en un tipo de pareja diferente. El sexo puede llegar a ser algo más dentro de una pareja, pero no es algo imprescindible o exclusivo de la misma (prueba está en que se puede encontrar sexo fuera de ella). Una mirada o un abrazo también puede ser un tipo de sexo, quizás más sutil, pero sexo al fin y al cabo. Una meditación se puede convertir en una auténtica orgía cósmica sin necesidad de implicar otro tipo de energía más burda, más animal, más violenta.

3) Las amistades amorosas existen, por supuesto, y diría que son necesarias. Pero también una complicidad emocional con tu pareja, exclusiva. El amor es siempre universal (algo cuento en mi libro «Ama hasta que te duela»), y la exclusividad de pareja siempre nace de la necesidad egoica de separación e identidad.

En fin, no sé si he contestado a todas tus preguntas pero estaré encantado de profundizar en ellas si lo deseas.

Un abrazo sentido,

J.

 

 

 

La fortaleza que nos guía


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Hace un rato, mientras tendía la ropa y el saco de dormir que hemos utilizado en el hotel Prius, me miraba las piernas sin motivo aparente. Sentía su fragilidad, su delgadez, la sensación de depender de su fortaleza estructural para desplazarme de un lado para otro. Recordaba cuando nada más llegar de Galicia esta tarde me llevaban hasta el cine para ver una de esas películas americanas que nada aportan al mundo excepto un par de horas de entretenimiento. Millones y millones de dólares reducidos a un par de horas de distracción. Salíamos de la sala Capitol y había tres chicas que tocaban de forma prodigiosa el violín en una de esas calles que bajan hasta Sol. Parábamos para escucharlas un rato y seguir así distraídos. Unos metros más allá, tres chicos americanos tocaban la guitarra y cantaban canciones de estribillo fácil y pegadizo. A todos nos gustaban sus melodías, quizás por eso, porque eran fáciles de seguir y no requerían pensar en nada mientras meneabas la pierna de un lado hacia el otro siguiendo el ritmo.

Había una brisa agradable a media noche. Unos policías jugaban con un grupo de niñas orientales en la plaza. Los turistas parecían tranquilos y felices. Dos niñas compartían una gran pelota en la puerta donde comprábamos una botella de horchata, la cual sería nuestra cena. La metimos en la nevera satisfechos pero el cansancio nos pudo más y terminamos en la cama, ella durmiendo y yo escribiendo estas reflexiones. ¿Para qué cenar? ¿Para qué seguir distrayendo los sentidos?

Esta mañana en Galicia rozábamos la hierba en los paseos que dábamos con la hermosa arquitecto y su despierto hermano por la finca. Entramos en las entrañas de la historia al contemplar cada viga, cada piedra quemada quién sabe si por algún antiguo fuego de esos que avivan los fríos inviernos de aquellas tierras. Intentábamos descifrar cada señal, el significado de cada esquina. Esto quizás fuera el lugar de los animales y seguro que aquello era la estancia de alguien importante, al contemplar las dimensiones de los espacios. Jugábamos con los significados mientras nos proyectábamos allí limpiando una por una cada piedra, en silencio, quizás con alguna sonrisa cómplice y tal vez arrebatados del frío que entraría por todas partes. La proyección era idílica en cuanto a la consecución de este primer reto: comprar el lugar.

La arquitecta nos advertía de la dificultad de darle forma a una casa tan grande y tan abandonada por el tiempo. Mientras escuchábamos atentos sus explicaciones recordábamos la noche que habíamos pasado perdidos en algún lugar de la sierra de Courel, una espectacular zona de montes impresionantes y bosques encantados cerca de allí que nos arropaba mientras podíamos ver desde las ventanas del coche la increíble noche y sus trémulas lágrimas de San Lorenzo cayendo sobre nosotros.

Ayer, unas horas antes de que cenáramos en el coche los restos de tortilla de patatas que Laura tan pacientemente había cocinado para el viaje, intentábamos negociar el precio de la finca con una inmobiliaria de Monterroso. Mi camisa y mi pantalón bien acordes con el momento contrastaban con el mismo calzado que llevé en el Camino de Santiago hacía tres meses y de los cuales no he podido desprenderme desde entonces, como si el Camino aún no hubiera terminado y aún fueran muchos los kilómetros por recorrer. Los mismos calzados con los que hoy he ido al cine y que miraba mientras tendía la ropa pasada la media noche. Tras la fragilidad aparente, porque por una parte somos seres frágiles que gustan de distraerse viendo películas que cuestan millones de dólares o escuchando violines en las calles, notaba que había una gran fortaleza en ellos. Unos zapatos que fueron capaces de soportar mis pies cansados en todo el Camino y que ahora resistían los avatares del nuevo Camino, sin prisa por abandonar el trecho que aún queda por recorrer. Un trecho que sin duda será duro, pero no más duro que esas nieves de primavera que hoy recordábamos en un O Cebreido muy cambiado, sin nieblas ni frío, o esos interminables caminos que nos llevaron, casi cuarenta días después, a las puertas de lo que ahora está sucediendo.

Es fortaleza lo que traemos de este viaje a Galicia, porque somos conscientes de que ningún obstáculo podrá detenernos ni distraernos de nuestro propósito interior. La seguridad interior es mayor que la fragilidad, y a ella nos debemos. Por eso, a pesar de todo lo que este fin de semana nos ha mostrado de duro, estamos hinchados de valor y coraje y seguiremos adelante. La fortaleza nos guía, el amor nos empuja.

(Foto: Ayer en O Couso, tras la entrevista que mantuvimos con la inmobiliaria que gestiona la finca).

Reencuentros con el ser


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Ayer tuvimos una bonita cena de reencuentro con el grupo que viajó hasta Findhorn en julio. Les contábamos felices como la gente estaba colaborando con el proyecto de Galicia, donde mañana viajamos para cerrar algunas cosas. Estamos emocionados por ver como tantas y tantas personas están apoyando lo que algunos ya llaman un proyecto de esperanza en el ser humano.

Fue hermoso estar de nuevo con ellos, recordar ese lugar tan especial y comprobar como puede llegar a transformar nuestra visión del mundo, nuestras ganas de colaborar, aunque sea realizando cosas sencillas como preparar unas ensaladas recién cogidas de la huerta o limpiar el suelo de un lavabo. No importa la actividad que hagamos si la hacemos desde esa perspectiva, desde ese estado meditativo que nos permite gozar de la visión penetrante. Esa visión hace fluir nuestro ser interior, nuestro ser real. Nos aleja de esas capas invisibles, condicionantes, que la sociedad, que la familia, que el árbol genealógico ha tejido sobre nosotros. En ese estado nos reencontramos con nosotros mismos y empezamos a recordar quiénes somos, qué somos, a qué hemos venido. Es un momento de luz, placentero, pero también de inquietud, de duda, de miedo.

Cuando nos vemos a nosotros mismos tal y como somos todos los guardianes del umbral que han ido creciendo en nuestro espacio de confort y seguridad aparecen de repente para susurrarnos y recordarnos lo importante de todo aquello que hemos alcanzado. De repente hacemos un repaso de todas las cosas que tenemos, de todo el estatus que hemos conseguido gracias al esfuerzo de años y años. Realmente esa sensación de aparente seguridad parece absurda ante el reto de sabernos vivos y con deseos inquietantes de seguir explorando más allá de nuestras limitaciones.

Ayer comentábamos los riesgos de reencontrarnos con nosotros y de la necesidad de, una vez hecho ese contacto con nuestro interior, reorganizar nuestras vidas de forma amorosa pero también inteligente para seguir los pasos del nuevo sendero, de la nueva vida más estrechamente ligada al cúmulo de experiencias por encima del cúmulo de cosas. Las cosas de hecho se convierten en organismos secundarios que utilizamos si nos sirven para potenciar las experiencias. De no ser así, tenemos la capacidad de devolverlas a su lugar de origen a sabiendas de que todo ese cúmulo de objetos, sean los que sean, no podrán acompañarnos una vez extingamos nuestras vidas. Pero si tenemos alguna certeza con respecto a la vida que pueda existir tras la vida, de haberla, quizás sí podamos llevarnos esas ricas experiencias para seguir creciendo en este infinito transitar. Y de no ser así, al menos podríamos buscar la fórmula para poder compartir dichas experiencias y hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

El proyecto de Galicia pretende precisamente eso. No hacer meditaciones guiadas ni incitar a las personas a que hagan cosas extrañas. Simplemente acondicionaremos el lugar para que sea propicio y sensible, para que ayude a las personas a entrar en estado meditativo en las cosas simples y sencillas del día a día en la cocina o en el jardín o donde más guste, ayudando con ello a la posibilidad de reencontrarnos con nosotros mismos, con la lucidez, con la infinitud que nos espera, con la luz que nace en el interior de cada ser en un mundo necesitado y hambriento de belleza y amor.

(Foto: en la comunidad de Findhorn, trabajando en la cocina, julio de 2013).

De la utopía a la eutopía


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Todo va tomando forma, todo va adquiriendo sentido. Todo se precipita cuando ha sido trabajado de forma coherente. Hoy recibíamos el gesto de una persona que nos ha conmovido. Depositaba en nuestra cuenta mil euros. Se describía como una mujer mayor de cuarenta años, en paro. Con una ilusión y alegría a prueba de bombas nos decía que para ella lo mejor que podía hacer era invertir lo poco o mucho que tuviera en una utopía. Su testimonio nos ha llenado de felicidad, pero sobre todo de responsabilidad ante tanto cariño y muestras de amor y de apoyo. “No se me ocurre otra forma mejor de utilizar el dinero que ponerlo al servicio de la utopía”, nos decía emocionada.

Con esas palabras recibíamos también la buena noticia de que el precio de la casa ha bajado de 125 mil a 100 mil euros. Esto no sólo es una buena noticia, sino un alivio para afrontar el reto que nos corresponde. A día de hoy ya hemos conseguido gracias a vuestra generosidad y confianza 20.302€, casi una cuarta parte del precio actual. El viernes vamos a Galicia para cerrar el trato y empezaremos los trámites para buscar en alguna banca ética el dinero que nos falte hasta el total. Era un paso que queríamos evitar, pero no nos importará darlo si con ello estamos más próximos de poder empezar a obrar en silencio piedra sobre piedra.

Si todo fluye como hasta ahora, el otoño se presenta caliente. Os escribiremos desde Galicia, describiendo paso a paso como se reconstruye la fe y la esperanza no sólo de un lugar físico, simbólico, sino la fe y la esperanza en el ser humano. Ese será nuestro mensaje, esa será la verdadera reconstrucción interior, ese será nuestro reto.

La casa es sólo un pretexto, una excusa para mostrar a todos que otro mundo es posible. La utopía, el no-lugar, se convertirá en una εὐτοπία (εὐ, buen; τόπος, lugar), es decir, en una eutopía, en un “buen lugar”. Así que vamos hacia ello, de la utopía a la eutopía para crear fe y esperanza, solidaridad y cooperación, apoyo mutuo y una irremediable Nueva Cultura Ética gracias a personas como las que hoy y en todo este tiempo habéis confiado en nosotros. Gracias siempre de corazón. Seguimos…

 

El quinto cardinal


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Desde las tierras del sur recibía una sugerente brújula. Una amiga, recordando que el septentrión y el mediodía, el levante y el poniente se habían estrechado en vital búsqueda, me recordó el quinto punto cardinal, ese que poco es nombrado y que tantos y tantos persiguen cada día con más fe y esperanza: la utopía.

Me recordó mi búsqueda por esos ensayos que de alguna forma habían inspirados a unos y otros. Siempre me viene con cierta añoranza el lago Walden, en el bosque de Concord, en Massachusetts, donde Thoreau intentó sobrevivir durante dos años en plena naturaleza. Su vida inspiró a otros, especialmente a personas como Skinner, que en plena Segunda Guerra Mundial escribiría su conocida Walden Dos.

Los experimentos utópicos prosperan en tiempos de crisis. Persiguen adueñarse del ideal de un mundo mejor o, como mínimo, un mundo más anclado en las esencias que nos hacen humanos. El colapso de nuestras sociedades, queramos o no aceptarlo, incitan a muchos a replantearse la vida desde una perspectiva y valores diferentes.

¿Sé puede vivir mejor? Quizás no, porque materialmente, como sociedades avanzadas, ya hemos llegado a un techo casi aceptable donde, excepto en momentos de crisis como el actual, casi todas nuestras necesidades son satisfechas, y además, prolongando la esperanza de vida hasta los setenta o los ochenta años, el doble que en otras sociedades con peor suerte (no olvidemos, y seamos totalmente conscientes de que hoy día, la esperanza de vida a nivel global es de 64 años. En países africanos como Zambia, la esperanza de vida no llega a los 37 años). Siendo así, ¿de donde surge la renuncia a tantas y tantas cosas para volver al mundo sencillo, a una vida más simple, para contemplar el lago Walden y discurrir sobre el arte, la literatura, la música o la propia investigación científica? ¿Qué es esa cosa que nos incita a dejar títulos universitarios, doctorados, buenos puestos de trabajo, estatus y demás proto-esencias sociales para apaciguar nuestros días bajo un atardecer o una arboleda?

Ya sabemos que el ser humano es insaciable a la hora de interrogarse sobre los hechos de su propia existencia, y que esa persecución de respuestas le llevó a explorar mundos desconocidos más allá de los límites establecidos. Eso ocurre también en la vida social. Una vez que ya hemos llegado a los límites de la socialización, necesitamos bucear en otras respuestas, experimentar con otros límites, volver a las esencias tal y como las describía el sociólogo alemán Ferdinand Tönnies con respecto a la comunidad.

Esta sociedad, que perdió el norte hace mucho tiempo (quizás en la Segunda Guerra Mundial con Hitler o Hiroshima y Nagasaki), necesita una nueva brújula, un nuevo punto cardinal que señale un nuevo rumbo. Y ese punto cardinal quizás no sea otro, como me recordaba esta tarde mi buena amiga, que la utopía.

Cómo explicar un proyecto de filosofía franciscana en el Palace


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Habíamos quedado para comer en el restaurante Artemisa, muy cerca del Congreso de los Diputados. Tienen un exquisito menú vegetariano y una clientela fiel desde hace muchos años. Quizás se trate de uno de los restaurantes pioneros en la cultura vegetariana, y eso se nota en sus apreciados platos.

J., empresario y buen amigo desde hace años quería hacer un generoso donativo al proyecto pero necesitaba entender su filosofía y profundidad. Desde lejos, daba la sensación de que nos estábamos tirando desde un avión sin paracaídas y que en el vuelo, de forma ingenua, estábamos disfrutando de las vistas, desconociendo el porrazo que podríamos darnos si no teníamos atadas algunas cosas. Sus consejos y sus preguntas nos han ayudado mucho porque las cosas que se sienten profundamente desde el corazón necesitan de la guía de una inteligencia sana y ágil que pueda poner sobre el mapa de lo intangible las bases materiales que puedan ayudar en todo el proceso.

Tras terminar en Artemisa nos invitó a tomar una infusión en el hotel Palace, el que fue el hotel más grande y lujoso de su época. Mientras esperábamos la llegada del buen amigo C., bajo la cúpula-vitral interior del hotel, en el denominado jardín de invierno, recordaba los lujosos desayunos que años atrás tomaba en el vecino Ritz.

Realmente era paradójico intentar explicar la filosofía casi franciscana de un proyecto sencillo y humilde bajo esa gran cúpula. Mirábamos alrededor y veíamos lo difícil que sería poder explicar algo así, rodeados de personas que ni por un momento podrían entender nuestra necesidad vital de abandonar estas comodidades por una vida parecida a la de “il poverello d’Assisi”. ¿Cómo explicar bajo esa cúpula que lo que realmente nos conmueve del lugar donde vamos es precisamente su estado humilde, su sencillez, su aparatosa desnudez y su máxima austeridad, y que lo único que pretendemos es levantar piedra a piedra como si de un sencillo ritual de reconstrucción espiritual se tratara?

Tras la interesante conversación salimos los cuatro del Palace y nos dirigimos hacia un centro de yoga, donde hemos participado en un ritual de Satsang de tradición hindú. Allí hemos dejado de hablar para únicamente sentir, y hemos sentido profundamente y con claridad que estamos en el camino correcto. ¿De donde surge esa certeza? De la felicidad y la emoción que sentimos cuando explicamos a unos y otros este aparente salto sin paracaídas.

Descubrimos con cierto regocijo interior que hay angelitos que nos ofrecen día a día sus alas para que la caída siga siendo placentera, y que, con absoluta confianza, están ahí para dirigir nuestros pasos. Lo vemos a cada instante cuando nos ofrecen ayuda, casas enteras, muebles, dinero, sus propias manos de personas que ni siquiera conocemos. En diez días han pasado historias tan hermosas que nos hemos sentido arropados por todas esas alas angélicas que nos rodean. Hemos recibido cartas realmente conmovedoras y llamadas de ánimo constante. ¿Cómo no creer así que la utopía es posible?

Así que seguiremos, bajo cúpulas de oro o árboles sedientos, explicando y poniendo en práctica el ideal tangible en el que nos estamos volcando. Con ilusión, optimismo, alegría y amor, a pesar de la aparentemente incomprensible dureza que nos espera y la recompensa futura de haber cumplido con nuestra parte. Así que gracias a esas alas que nos protegen y nos elevan. Gracias de corazón por vuestro aliento.

Impermanencia y Punto de Quietud


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Justo en frente del parque del Retiro vive un hombre sabio, maestro de maestros, instructor de príncipes y reinas, de políticos y empresarios, de gente famosa o sencilla o anónima que buscan un punto de quietud en sus vidas, que comparte su vida de increíble afecto, cariño y amor con su joven y hermosa mujer acompañados de su también hermoso gato Emile.

Hemos pasado una agradable tarde con más de cuatro horas de intensa conversación compartiendo los avatares de la vida, sus más de cien viajes a la India, sus más de doscientos libros editados, sus ganas de vivir y compartir vida. Pero también, y esto es importante, ese periplo no hubiera tenido sentido sin el sabroso acompañamiento de la horchata preparada especialmente por L, su mujer. No es que esa horchata sea más importante que doscientos libros o cien viajes, pero el amor que encierra su elaboración es igual al amor que se puede mostrar en esos vitales acontecimientos. Realmente ese era el tema de una de las conversaciones. Lo fenomenológico no tiene sentido sino somos capaces de descubrir en lo pequeño la sencillez del amor. En una horchata, en un gato, en una mirada, en una tarde agradable con buenos amigos. El resto está bien, pero sólo si hemos aprendido a amar lo sencillo.

Hace unas semanas le editamos un hermoso libro sobre Buda y estamos preparando un nuevo libro que llevará por título “El Punto de Quietud”, el cual he tenido el humilde honor de prologar. A cambio, él ha prologado con unas hermosas palabras el libro que recogerá la experiencia de impermanencia que sufrí en el Camino de Santiago. Hablábamos de ello mientras le hacía firmar algunos libros que deseaba regalar.

Realmente ambas esferas de la filosofía de este buen hombre, el punto de quietud y la impermanencia, podrían describir a la perfección su síntesis, su conclusión sobre todo lo buscado y hallado. Una persona que ha recorrido cientos de caminos en el plano fenomenológico y que ha sabido acotarlos para llegar a la conclusión, a la síntesis de lo sencillo, de la pequeñez y la ingravidez que se puede encontrar en el simple roce de un cuerpo que se mueve con lentitud, concentrado en el momento presente, en la impermanencia de la quietud, en ese punto que nos conecta con la vida real y que ocurre en cualquier instante presente, posible, inmediato.

El propio gato Emile parecía un punto de quietud anclado en una sabiduría que los cuatro admirábamos con ese asombro y respeto que siempre sentimos hacia el mundo animal. No necesitábamos de ningún tipo de creencias para comprobar que cualquier vida, por muy simple que nos parezca, encierra dentro de sí un gran misterio, una profunda muestra de bondad y ternura, un ejemplo vivo de naturaleza, de amor, de compasión. De ahí nuestra necesidad de respetarla, de admirarla y saborearla desde la vida, y no desde la muerte. Cualquier ser vivo por pequeño que sea tiene derecho a expresar vida plena y en libertad. Nuestra obligación moral es respetar ese hecho profundo y natural.

Eran cerca de las diez de la noche cuando ambos nos han acompañado un trecho de paseo por el Retiro. Nos hemos despedido con un abrazo sentido mientras hablábamos con cariño de amigos comunes y de viajes y experiencias y proyectos y aventuras. Mañana nuevos encuentros y nuevas experiencias. Mañana de nuevo una aproximación a la vida desde la experiencia del otro, desde el cariño y la ternura de estrechar círculos con personas que comparten y muestran su luz a pecho descubierto. Gracias L. y R. por estos gratos momentos. Seguimos caminando.

Una experiencia diferente con Laura


lauramassageNUEVO

… Una vez instalada y descansada, Laura comienza a trabajar en Madrid siguiendo con su actividad de servicio y su incansable labor terapéutica.

A partir de la semana que viene, día 12 de Agosto, abre consulta en el domicilio de Malasaña, Madrid.

Se define como masajista-terapeuta, estudió quiromasaje y demás especialidades para ir ampliando su curriculum. Masaje Coreano Abdominal, diferentes estudios de Medicina Tradicional China, prácticas de Ayurveda, Naturopatía, entre otros.
Tras varios años de experiencia ha creado un estilo personalizado en sus sesiones.
Trabaja a nivel holístico (mente, cuerpo y espíritu). Usa diferentes técnicas , incluyendo técnicas energéticas.
A nivel físico trabaja la reflexología podal, digitopuntura, masaje terapéutico, cráneo-facial y cráneo-sacral, neuro-sedante y relajante. A nivel energético, equilibra los canales que puedan estar bloqueados o tengan una información que generen falta de armonía o falta de fluidez, intentando que vuelvan a su estado correcto evitando enfermedades o anomalías que puedan generar problemas en un futuro o estén produciéndose en el presente.

En general su trabajo es una fusión de diferentes técnicas a través de su larga y exitosa experiencia.

Su devoción por el trabajo le ha llevado a entregarse a un nuevo enfoque a la hora de cobrar sus sesiones: pide la voluntad, con el fin de ayudar al máximo de personas posible, con o sin recursos.
El único requisito que demanda es tener cierta formalidad y puntualidad para mantener en orden las sesiones y no crear retrasos con otras personas.
Quién necesite una sesión puede contactar con ella llamándola directamente a su número: 671.86.45.34.
Gracias!

Gracias, Gracias, Gracias


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Estimados todos,

Estamos muy felices por ver como amigos e incluso personas anónimas nos estáis apoyando en el proyecto utópico. Personas que tan sólo conocemos de una cita o que nunca hemos visto jamás nos han apoyado con corazón y entrega, con confianza e ilusión en un sueño que tiene que ver con esa necesidad nuestra de mejorar las cosas, de hacerlas mejor, y sobre todo, de compartirlas. Realmente se trata de eso, de compartir y generar el motor del cambio a partir de ese ejemplo que constantemente recibimos de la Naturaleza y toda la creación: dar, dar, dar.

El apoyo mutuo y la cooperación no sólo son una realidad, sino que deberá ser el valor de cambio de las futuras generaciones. Estamos totalmente convencidos y es por eso que hemos abierto este proyecto para todos.

Tras estos primeros diez días de Crowdfunding hemos conseguido algo más del 20% del dinero que necesitamos. Ahora nos toca a nosotros empezar a movernos para poder estar lo antes posible restaurando la casa para pasar así a las siguientes fases del mismo. A este ritmo, creemos que podremos estar a punto para el trabajo duro de verdad este mismo otoño.

Para que os hagáis una idea de cómo estamos funcionando, hemos recibido hasta ahora las siguientes cantidades:

Préstamos: 8.000 €  (uno de 6.000€ y dos de 1.000€)

Donativos: 11.302 € (dos de 3.000 €, cuatro de 1.000€, una de 500€, una de 350€, tres de 100€, uno de 32 €, dos de 30€, dos de 20€ y cuatro de 5€).

Como decíamos hace unos días, no importa la cantidad, sino más bien el gesto, la alegría de compartir un proyecto común, difícil pero realizable, de mucho trabajo pero también de mucha satisfacción por ver como la esperanza en el grupo, en las personas, en la sociedad, puede cambiar nuestra pequeña parcela de influencia.

Con la intención de hacer bien las cosas,  estamos haciendo contratos privados para comprometernos a devolver en amortizaciones aplazadas los préstamos conseguidos. Nuestra intención es asumir nosotros, a modo particular, dichos préstamos. Una vez estén pagados, haremos entrega del lugar a la Fundación Los Ángeles, que es la institución que utilizaremos para dar forma a la segunda y tercera fase del proyecto.

Sólo queríamos estrechar el corazón con la ilusión de ver que otro mundo es posible, y sentir en nuestras carnes y almas como es posible crear la utopía que tantos y tantos soñamos.

Gracias, gracias, gracias…

Dios, de Emilio Carrillo


DIOS, EMILIO CARRILLO

Economista, Experto Internacional en Desarrollo Local por Naciones Unidas y Técnico de la Administración General del Estado, Emilio Carrillo ha desplegado una amplia labor académica, política y de gestión en Desarrollo Económico y Territorial y Hacienda Pública, materias en las que ha publicado más de veinte libros, siendo profesor de diversas universidades españolas y extranjeras, vicealcalde de Sevilla, vicepresidente de la Diputación hispalense y presidente de la Red de la Unión Iberoamericana de Municipalistas.

Compaginó siempre estas actividades con el interés por otros ámbitos temáticos. Fue a partir de una serie de experiencias vitales y conscienciales cuando su atención se centró prioritariamente en la Filosofía, la Historia, y, sobre todo, en la Espiritualidad, campos en los que ha impartido multitud de conferencias y talleres y en los que es autor de varios libros de temática interesante.

En Nous hemos tenido el placer de poder editar sin duda un libro único e impactante: Dios. Este libro recoge una serie de entrevistas realizadas a Emilio Carrillo por Nagual, Chamán de los Anu-kui-ghanos, una pequeña comunidad ubicada en Wiñaymarca, la “Ciudad Eterna” del Lago Titicaca, de la que ese pueblo es “guardián” desde épocas ancestrales.

Los diálogos se centran en un tema del que así, sin más, se habla poco: “Dios” (o como cada cual quiera denominarlo). Las respuestas que surgen nacen desde una visión ajena a “credos” y religiones; y desde una espiritualidad nueva y radicalmente libre. Se consigue de este modo indagar y profundizar tanto en Dios y su Naturaleza, con todo lo que conlleva, como en sus implicaciones para el ser humano y su vida cotidiana, enlazando además lo divino con las aportaciones científicas más vanguardistas a través de la “Física de la Deidad”.

Por todo esto, lo que encontraremos en estas páginas es imposible de resumir y, desde luego, no se corresponde con la visión de Dios “ortodoxa” o “religiosa”. Quizás sólo cabe adelantar que en ningún escrito u obra contemporánea se aborda la Divinidad, así como sus impactos concretos y prácticos en nuestra vida diaria, con la sapiencia, precisión, armonía, ternura y Amor que aquí se despliegan.

¿Exageraciones? Como Nagual afirma: “Les animo a comprobarlo”. Hallarán los contenidos y repercusiones de la “tragedia del creyente”, la “tragedia del incrédulo”, la “tragedia de las religiones” y “la insoportable levedad del ego”; una potente aproximación a la “nueva” espiritualidad que brota en la Humanidad; un hondo discernimiento sobre las causas del sufrimiento humano y cómo evitarlo; las claves sobre la “innecesariedad de hacer”; y cómo fluir en la veloz Evolución en la que todo se halla. Y, desde luego, una atinadísima descripción del “Retorno al Hogar” anunciado por los místicos de todas las épocas y corrientes espirituales y vivido por Emilio y una espectacular inmersión en el Amor que todo lo impulsa y en todo bulle.

Por lo mismo, tendrán una ocasión única para conocerse mejor, aceptarse y saber, a su vez, lo que realmente son, recordando o descubriendo su “verdadero ser” y “naturaleza esencial”. Si abren el Corazón, “escuchan” las palabras que se desparraman por los capítulos de la presente obra y éstas resuenan en su interior, la vida, su vida, será otra, pues la Paz, el Amor y la comprensión de las pautas de la Creación habrán anclado en ella para siempre.

Podéis comprar este libro directamente en nuestra editorial (Gastos de envío gratis).

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Ataraxia en el Jardín de Epicuro


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«Hace 200 años, los estadounidenses hubieran pensado que eras absurdo si abogabas por la abolición de la esclavitud. Hace 150 años, se habrían reído de ti por sugerir que las mujeres deberían tener derecho al voto. Hace 75 años, se habrían opuesto en voz alta a la idea de que los afroamericanos reciban la igualdad de derechos bajo ley. Hoy se ríen de nosotros por sugerir que la esclavitud de los animales no humanos se termine. Algún día no se reirán más.»  Gary Smith.

Los existencialistas suelen ser personas excesivamente inteligentes pero desorientadas en el plano vital. Asumen que la vida es una derrota y que no vale la pena seguir en ella. Son “derrotados sociales” que huyen o se esconden, porque, en la mayoría de las veces, ven la vida con desesperanza y desespero. “No hay nada que hacer”, piensan.

Los vitalistas llegan a conclusiones parecidas a los existencialistas, pero su actitud ante la pésima visión del mundo les hace combatirla de alguna forma. Son igual de inteligentes que los primeros, pero además, rebosan un optimismo hacia el mundo sin igual, creando movimientos o escuelas que intentan optimizar los conflictos y las crisis para aliviar el dolor humano.

Ambas actitudes están rebasadas por una inteligencia privilegiada que les hace contemplar la vida de forma diferente, inconformista y combativa. Ambos, existencialistas y vitalistas, intentan llegar a una especie de ataraxia, unos por el camino de la vida y otros por el camino de la derrota, de la extinción, el ocaso, el final. Optimismo y pesimismo ante un mismo hecho pueden tener resultados completamente diferentes en unos y otros.

Epicuro de Samos era de los primeros, un vitalista que intentó buscar algún tipo de alternativa ante los conflictos que se presentaban en su época. Pensó mucho sobre la normalidad y la anormalidad. Ambas se miden con raseros aparentemente diferentes según el observador. El canibalismo era una práctica normal hace algunos miles de años. Tan sólo hace cien años era normal que las mujeres no pudieran votar. O que los negros no pudieran sentarse en los mismos restaurantes o asientos de autobús que los blancos. O incluso hasta hace poco era normal el fumar en los restaurantes un puro habano o… ¿el comer carne roja delante de los niños? ¡Ah, perdón, eso aún es normal!

Para Epicuro no lo era. Fue vegetariano, como lo fueron personajes bien conocidos: Aristóteles, Diógenes, Cicerón, Sócrates, Platón o Séneca, por citar algunos clásicos. Además, un día decidió alejarse del mundanal ruido, consciente de que la vida, según su criterio, sólo podía amarse en plenitud en contacto directo con la naturaleza. Creó lo que dio por llamar “El Jardín”, una escuela en un lugar paradisíaco donde cultivaba una huerta y practicaba sus enseñanzas, principalmente aquellas que tenían que ver con la ataraxia, es decir, la ausencia de perturbación ante los placeres y el dolor. Su doctrina, lo que más tarde se dio por llamar epicureísmo, se define como ese sistema filosófico que busca una vida buena y feliz mediante la administración inteligente de placeres y dolores. Su regla de oro, la ética de la reciprocidad, que más tarde recuperaría la Ilustración, era bien sencilla: minimizar el daño, de los pocos y de los muchos, para así maximizar la felicidad de todos. ¿No se trata precisamente de esto?

Para Epicuro, esta felicidad pasa necesariamente por la vida simple o la simplicidad voluntaria, es decir, la felicidad y el bienestar deben conseguirse mediante el mínimo coste de recursos, evitando siempre aquello que pueda considerarse superfluo. Ejemplos de este estilo de vida lo hemos visto en personas como Rabindranath Tagore, Gandhi o Francisco de Asís, pero también en nuestro querido Thoreau, que tanto nos enseñó en la cabaña que construyó el mismo junto al lago Walden y en la cual vivió dos años, dos meses y dos días.

Tras traspasar el umbral existencialista y volverme un vitalista completo y radical, siento ganas de seguir los pasos de un Epicuro y construir mi propio Jardín. Con ello no voy a conseguir cambiar el mundo, ni siquiera ser una parte importante en la influencia positiva que nuestra sociedad tanto necesita. Pero como nos enseñó Epicuro, estoy convencido que con este pequeño gesto, minimizaré el daño causado por el ser humano a la naturaleza de la que somos parte y al mundo. Minimizar el daño para así maximizar la felicidad de todos. No está mal.

Gracias


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Gracias a todos de corazón. Es increíble la gente bonita que hay en el mundo, con ganas de mover el cambio, con ganas de apoyar ideas nuevas y proyectos que pretendan guiarnos por un camino diferente, por una alternativa real y palpable. No queremos dar la sensación de que los proyectos utópicos son huidas de una realidad desagradable, sino más bien todo lo contrario, son apuestas, convicciones que pretenden hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. En ese sentido nos sentimos responsables sobre las formas y la imagen que queremos proyectar al mundo, y queremos emprender un camino humilde y sencillo donde todos, sin excepción, puedan verse reflejados. No para abandonar nada, no para dejarlo todo a la búsqueda de un sentido. El sentido está en cada uno de nosotros y se traduce siempre, a cada instante, en los pequeños gestos.

En estas semanas hemos recibido el apoyo de muchas personas que de forma anónima y silenciosa nos han echado una mano. Hemos conseguido una parte simbólica a modo de préstamo para poder financiar la primera fase del proyecto. Pero ha sido suficiente para darnos cuenta de que con paciencia todo es posible. Algunos no podían ayudarnos financieramente pero nos enviaban cinco o diez o veinte euros. Esos pequeños gestos nos llenaban el corazón de entusiasmo y ánimo. La cuestión pedagógica no era recibir cinco o cinco mil euros, sino más bien el gesto, la intención de saber que juntos podemos hacer muchas más cosas que separados, que el amor, el apoyo mutuo y la cooperación algún día vencerán al egoísmo y la lucha de unos contra otros. Algún día vencerá la unidad contra la separatividad y la envidia será apartada para dar paso a la comprensión, la empatía y la compasión.

Las muestras de cariño y entusiasmo han sido convincentes y poderosas. Ahora sabemos que ese es el camino y vamos a luchar por conseguirlo. En silencio, sin hacer ruido, desde la responsabilidad y el trabajo serio. Estamos convencidos de que pronto empezaremos a devolver todo lo que de forma generosa y entregada estamos recibiendo desde el ánimo, el apoyo y la comprensión. Ese diezmo, ese diez por ciento conseguido es fuerza suficiente para seguir adelante. Ahora nos toca a nosotros hollar el camino y ver hasta donde nos llevan nuestros esfuerzos.

Gracias de corazón por vuestros cimientos, sin ellos no hubiera sido posible empezar a levantar esta casa, este hogar, vuestro hogar. Gracias por todo lo que nos habéis enseñado sobre el apoyo mutuo y la cooperación. Otro mundo es posible, estamos convencidos, y vamos a por ello.

La grandeza de ser amantes


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«Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio«. Ghandi

Amar la partícula minúscula de un pétalo de amor. Amar el átomo que roza nuestras mejillas o ese haz de luz que atraviesa nuestras ventanas. Permitir abrazar esa música o ese cuadro, ese baile o esa tropa de excursionistas que vienen de un agotador fin de semana. Abrazar con fuerza irreductible, con amor profundo a los amigos que dejas atrás y que no sabes cuando volverás a ver de nuevo. Qué grandeza la de ser amantes de todo cuanto existe, de bailar al son de todo cuanto se mueve.

Dos días para completar no sólo una mudanza, sino para demostrar que el amor a veces es capaz de vencer lo conveniente, la vida fácil y cómoda desplegada en un paraíso atómico, cargado de belleza, paz y tranquilidad. Es hermoso ver y observar como a veces uno es capaz de renunciar a todo eso, y más, con tal de vivir el sueño, la grandeza del amor, de la esperanza y de la fe en un mundo amoroso, sabio, comprensible, tierno, infinito.

¿Qué música palpita dentro de aquellos que lo dan todo por nada? ¿Qué cosa es esa capaz de mover a un ser a desplegar toda su grandeza para reducirla a una sola mota de humilde aportación?

Ya estamos en Madrid, ya hemos cerrado un ciclo más y se abre de nuevo la aventura y el reto. Aquí no tenemos hermosas calas donde pasear con los pies descalzos, ni esos chiringuitos donde tomábamos los batidos de chocolate que tanto me gustan. No nos importa, porque ahora viene la utopía, y necesitamos centrar los esfuerzos en la misma. Queremos abrazarla y ser sus amantes, para algún día, ser como esa minúscula partícula o haz de luz. Queremos ser grandes, ser amantes de todo cuanto existe, desde lo pequeño, desde el silencio, desde la humilde aportación de nuestras vidas al eterno ciclo de la existencia.

(Foto: Hoy en la despedida de Cadaqués y amigos, con el coche al fondo preparado para la aventura, cargado de fe y esperanzas).

 

 

Las increíbles historias de un… ¿escritor?


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Tengo amigos que han escrito un libro o un articulo y ponen en sus currículos o sus biografías que son escritores. A pesar de que llevo toda mi vida escribiendo y hay cinco títulos de mi autoría en el mercado, nunca me había atrevido a autocalificarme como escritor. Algunos títulos están agotados y andamos preparando segundas ediciones, pero me parecía presuntuoso autocalificarme así, por eso de que uno es lo que los otros ven en ti, es decir, sería autor o escritor si mis iguales me reconocieran como tal.

Pero hoy ha ocurrido una de esas estrambóticas anécdotas que a veces me gusta contar por su propio surrealismo mágico y que me ha hecho reflexionar sobre si ya es hora de que salga del armario y empiece también a decir, valga el ego, la presunción y la falsa modestia eso de «soy escritor».

Estaba trabajando en la maqueta de un libro de título “Orgullo y Furia”, extraño nombre para una calurosa tarde de un viernes de principios de agosto, sudando entre sus casi cuatrocientas páginas mientras que fuera podía escuchar el disfrute de la gente en las calas y playas. Cadaqués está a rebosar de turistas y en estos más de dos meses, aún no he podido gozar de un solo baño.

Laura estaba disfrutando del presente de Javier, un amigo masajista que como regalo de despedida había decidido concederle una sesión. Todo parecía dentro de la más absoluta normalidad hasta que de repente alguien llamó a la puerta. Como esto ocurre con frecuencia no hice mayor caso, y al ver que Laura no contestaba, seguí con mi “Orgullo y Furia”. Llegó un momento que la insistencia se hizo tan insoportable que Laura o Javier atendió a la llamada. Se asomaron y era la policía.

Estaban buscando a Javier porque al parecer alguien había desaparecido en Madrid y los últimos datos que tenían conducían hasta él. Javier, muy asustado, atendió a todas las preguntas del policía hasta que en el algún momento de la conversación escuché desde la habitación que a quien buscaban era a otro Javier, a Javier León.

Enseguida salí para ver que pasaba y me presenté. Las caras de Laura y Javier eran un poema ante la imponente presencia del policía. Tenían miedo porque no entendían nada. Al parecer, un joven de 18 años, de nombre Claudio Q. H. había desaparecido en Madrid y lo último que estaba haciendo era leer y subrayar mis cinco libros. No había dejado ningún rastro excepto esas pistas. Allí estaban sus pertenencias, su documentación personal y mis libros subrayados y querían saber si yo tenía algún tipo de relación con él. Busqué en mis archivos, en la relación de clientes, en el FB y en los más de mil suscriptores del blog para ver si encontraba alguna pista. Pero para nada me sonaba su nombre y no pudimos encontrar con esos datos nada que nos pudiera llevar hasta él. ¿Dónde estará Claudio? ¿Qué hacía leyendo y subrayando mis cinco libros antes de desaparecer? ¿Adónde ha ido y por qué?

La historia nos parecía surrealista por muchos motivos mientras que los interrogantes empezaban a amontonarse uno a uno. Le pregunté al policía como habían dado conmigo, ya que nadie sabe que estoy en este domicilio y no he notificado en ninguna parte que estoy residiendo, al menos hasta el domingo, en Cadaqués. Uno puede buscar por internet y leer todo mi blog y hacerse alguna idea de por donde ando, pero llegar al número y a la casa donde estoy… El policía tampoco tenía más pistas que estas que le habían llegado desde la central de desaparecidos de la CNP, del Cuerpo Nacional de Policía de Madrid. Laura, el mismo policía y el otro Javier empezaron a alucinar aún más cuando les conté, para quitarle un poco de hierro al asunto, mis historias con el CNI, mi vida en la embajada, el haberme codeado con tal y cual personaje y ese tipo de cosas que a uno le pasa en una vida que sin duda no deja nunca de ser sorprendente.

Lo que me asusta de todo este asunto es que no sé qué clase de cosa habré inspirado a Claudio con mis escritos. «Creando Utopías», el libro que escribí en Escocia hace cinco años sin duda es un libro revelador. Sea lo que sea, y si ahora me está leyendo, que se ponga en contacto conmigo o con su familia, la cual está extremadamente preocupada. Y en todo caso, gracias por haber hecho hoy sentirme un poco escritor, porque sin duda, el que alguien tenga mis cinco libros subrayados encima de su mesita antes de su propia desaparición no deja de ser ya argumento para una auténtica novela. En fin, cosas surrealistas en un verano sin duda surrealista… En todo caso espero y confío en que Claudio esté bien y todo termine en susto y anécdota…

(Foto: El… ¿escritor? Javier León mostrando uno de sus libros que se puede leer en la biblioteca de la Comunidad de Findhorn, en Escocia, donado por el mismo en el año 2007).

La difícil tarea de construir un sueño


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«No te juzgues por tus fallos… abrázalos con el mismo amor que haces con tus éxitos… al fin y al cabo, de eso nos componemos, de luz y oscuridad. Pero más allá de eso estamos nosotros brillando en nuestra quietud y nuestro propósito interior. Cuando buscamos esa llama, esa luz, perdemos por el camino muchas, muchas, muchas cosas… pero ganamos una cosa irrenunciable, nos ganamos a nosotros mismos, nuestra libertad y nuestra vida. Eso no tiene precio. Todos tenemos días malos, meses malos, años peores. No importa, lo importante es nuestra actitud ante esos retos y la transformación inevitable ante los mismos«. J.L.

Hay personas que son soñadoras y proyectores. Tienen un poder desarrollado capaz de materializar cualquier sueño o proyecto que imaginen, por ambicioso que sea. Buscan siempre las formas y las herramientas, los retos y los obstáculos adecuados para hacer de ellos impulsos que les eleven hacia la realización. No temen las barreras, no se anquilosan ante el desplante o la falta de oportunidades. No son capaces de inmovilizarse o de abandonar aquello por lo que creen firmemente.

Cuando conectan con un sueño, con la expresión profunda de un sentir que nace desde lo más hondo del interior, como si la vida les fuera en ello, se agarran a las dificultades para hacerlas su aliado.

Los sueños no son más que las señales inequívocas de aquellas cosas que tenemos pendientes. Es como si alguien proyectara en nuestra mente ese propósito interior que no somos capaces de ver o sentir, de escuchar ante el ruido diario y constante de la vida cotidiana.

Pero cuando, gracias al silencio interior, se escucha claramente, ya sólo queda un camino, el camino de la realización, de la intención, del impulso que nos eleva a remover cielo y tierra para alcanzar nuestras metas más nobles.

Tres meses encerrado en un zulo, ante el calor de la oscuridad y el silencio más absoluto dan para mucha reflexión interior. La primera apertura exterior fue para centrar aún más esa concentración conseguida. En la majestuosa sierra de Gredos se afianzó, en un increíble retiro Vipassana la agudeza del sueño, del propósito. Allí me topé con la impermanencia de todas las cosas, pero también con el sentido profundo de las mismas. Y especialmente, a estar atento, siempre atento a las señales del Camino.

Esa atención profunda, tras rechazar sendas invitaciones a Japón y Mozambique, me llevaron durante cuarenta días a atravesar las innegables cumbres del Camino de Santiago. Tres meses de profunda reflexión en una cueva oscura, diez intensos días de retiro en absoluto silencio y meditación más cuarenta días de abstracción profunda siguiendo las señales del Camino.

Estos acontecimientos, unos seguidos de otros, no parecían dispersar mi atención. Más bien todo lo contrario, se mostraban como un regalo para orientar el Camino. Centraban aún más el sueño, el propósito, el lúcido despertar hacia el Camino del Alma. Y ese Camino, que anteriormente había sido figurado y teñido de trampas y tentaciones que no pretendían otra cosa que desviarnos, ahora se mostraba dulce y amable, sereno, fuerte, dócil. Y a pesar de que en todo camino hay piedras, han podido ser superadas por la claridad y la confianza interior, sin menguar ni un ápice, sin ceder ni un solo milímetro sobre los pies. Por eso ahora nos lanzamos al mismo con esa decisión aplastante, superando uno a uno todos los obstáculos. Porque cuando la certeza nace en el interior, nada puede demorar la difícil tarea de construir un sueño.

Sobre imbéciles y canallas


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«Creo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que menos gobierna”, y me gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Llevado a cabo, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan«. Thoreau

Llevo unos meses ausente de la política. En silencio. Observando. Sin asistir a interminables asambleas o insondables gestoras o vespertinas reuniones ejecutivas siempre a deshoras. Cuantas horas y horas habré dedicado a intentar hacer otro tipo de política, más silenciosa y eficaz, más implicada con los problemas reales de la gente. Cuantas horas y días y semanas dedicadas de forma voluntaria a viajar por medio mundo buscando soluciones reales y pragmáticas, hablando con unos y con otros, escuchando la opinión de ideólogos, de personas con ganas de cambiar el mundo.  Hace una semana me acerqué a una de las ya frecuentes manifestaciones en Madrid. No hice ruido, no levanté ningún brazo, no seguí ninguna consigna. Quería solo estar atento, entender el momento, ver soluciones, imaginar futuros. Admito que volví desencantado, extrañado.

Hoy seguía con atención lo que ocurría en el Senado con la intervención de Rajoy, el presidente sorpresivo. Agustín Conde Bajén, diputado del PP por Toledo chillaba desde su tribuna contra su rival político: “¡imbéciles! ¡canallas!”, se podía escuchar. Me quedaba de piedra ante el circo. Atónito, avergonzado, ridículamente estupefacto.

Admito que echo de menos la política. Aquella que se reunía en los barrios para ver y escuchar la necesidad de la gente. Aquella otra combativa que salía a la calle para reclamar derechos y también obligaciones. O aquella otra en la que nos jugábamos dos años de libertad, estando cuatro años en caza y captura por el simple delito de ser pacifistas. Echo de menos esa política inteligente, de servicio, de consciencia sobre los problemas grupales y las formas de potenciar el bien común. Esa política que habla con mendigos, con sin techo, con minorías, con desarraigados y desamparados, con aquellos que no tienen para comer o perdieron sus casas o sus trabajos, intentando buscar en los bancos de alimentos un paquete de arroz y una lata de tomate que repartíamos felices por haber hecho algo útil, aunque sólo fuera un pequeño y ridículo gesto entre tanto y tanto caos y dolor.

Pero el señor Agustín Conde, que seguramente no sabrá lo que significa el perder un trabajo o pasar hambre o no tener un techo se limita a llamarnos a todos imbéciles y canallas. Porque cuando el insulto nace de una institución pública que pretende gobernar los designios de todo un país, ese insulto es para todos los ciudadanos. Y en algo tiene razón el señor Agustín Conde. Realmente somos imbéciles y canallas por haber permitido que personas como él estén representando los ideales más nobles y elevados de un pueblo.

Cuando escucho a personas como Agustín Conde siento la responsable necesidad de volver de nuevo a la política. Al menos para intentar evitar que la vergüenza que siento cada vez que miro la actualidad no termine con nuestra cada vez más menguante dignidad ciudadana. No sé aún como lo haremos, pero Agustín Conde Bajén nos hace ver el arquetipo que no debemos seguir y nos guía, sin él saberlo, hacia el buen camino.

La ilógica fortaleza interior


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«Me siento agradecido por lo que soy y por lo que tengo. Daría las gracias eternamente. Es sorprendente cómo se puede estar satisfecho sin nada definitivo, solo con un sentido de la existencia. Mi respiración me resulta agradable. Me río cuando pienso en mis vagas e indefinidas riquezas. Mi ‘banco’ nunca podrá agotarlas, porque mi riqueza no está basada en las posesiones, sino en el disfrute de la vida«. Henry David Thoreau

La miro y me asombra su fortaleza y decisión. Una persona capaz de no cobrar por su labor, excepto la voluntad que recibe de sus clientes, y facturar lo suficiente para vivir más que bien con su trabajo, autónomo y libre. Que pasa sus días en un auténtico paraíso en una hermosa cala de la Costa Brava en una apacible casa donde por la noche parece ser mecida por las olas del mar. Una persona que vive libre y feliz pero decide que la felicidad está no en lo que se tiene sino en lo que se entrega. Y se la juega todo a una carta llamada incertidumbre, lo deja todo para instalarse de forma provisional en un frío y oscuro zulo en una ruidosa y pantanosa ciudad, con la idea de dar un salto cuántico hacia tierras gallegas para pasar los próximos cinco años trabajando picando piedra o cortando hierbas o lo que sea necesario, sin luz ni agua ni comodidades, en pro a lo que ella califica abiertamente «labor de servicio».

Ya lo demostró en el Camino, cuando andaba más de treinta kilómetros al día calzando unas simple chanclas de playa, con las piernas destrozadas pero siempre con una sonrisa en el rostro cargada de buen humor y alegría, sin quejarse, ayudando a todo el mundo a contemplar la vida desde otro sentido. Demuestra su valentía cuando no le importa perderlo todo a consciencia de que, como tan bien expresa Thoreau, la riqueza verdadera no está basada en posesiones sino en el disfrute de la vida.

Y cuando ese disfrute viene acompañado de la necesidad interior de servir al mundo, de entregar la vida bajo la tutela de la renuncia y el sacrificio, lo incomprensible se apodera de lo comprensible, de lo lógico, de lo racional y lo coherente.

Porque, ¿qué lógica es esa que te impulsa a dejarlo todo a cambio de un duro, muy duro futuro? ¿Qué lógica era esa que empujaba a exploradores y soñadores a dar la vida por un mundo mejor? ¿Qué lógica era aquella que decía eso de “déjalo todo y sígueme”, y cuya recompensa era, en el mejor de los casos, la humillación, la persecución o la propia crucifixión? ¿Qué lógica hay en esas cosas que se construyen tan sólo desde la entrega voluntaria y el tesón, desde la renuncia de tu vida personal en pro de la mejora grupal?

Quizás sea tan sólo el sentido de existencia, el sentido de propósito o misión más allá de toda lógica, o quizás sea que el mundo necesita de este tipo de ejemplos sencillos, cargados de dignidad, de amor al prójimo, de sentido amplio de la responsabilidad no tan sólo hacia uno mismo, sino hacia el mundo entero.

Recién llegado a Cadaqués, la miro atento en sus últimos días de paraíso. La observo amoroso mientras que le ayudo con las últimas cosas, más bien pocas, porque ha decidido dejarlo todo aquí y regalarlo para llevar tan sólo una ligera mochila. Este proceso de desapego me suena por haberlo vivido en mis propias carnes en más de una ocasión, por eso le sonrío en silencio y le animo a que no tenga miedo, porque las riquezas del mundo, del mundo real, ahora le pertenecen.

(Foto: Laura sirviendo de voluntaria en la cocina de la comunidad de Findhorn, en Escocia).

Cooperación y cocreación con la Naturaleza, la nueva revolución


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Aquella mañana me subí a un árbol que había a las afueras del barrio, en una vía muerta donde ya no transitaba el “carrilet” y donde íbamos a cazar lagartijas que luego soltábamos tras observas sus increíbles cualidades. Allí había un mundo de vida y color que se había plagado de verde y animales y que para nosotros, habitantes de la ciudad, era como un estallido de misterios e increíbles descubrimientos diarios. Me acompañaba ese día en la aventura mi primo “el gordo”, que así le llamábamos cariñosamente por haber superado en carnes la cuota estética admisible. La crueldad de los niños en aquella época era siempre inocente, teniendo yo el apelativo de “el conejo” o “el caballo”, por disponer de una hermosa dentadura que destacaba por su grandeza y brillantez.

Más allá de donde estábamos circulaban los caminos que iban hasta el río, que por aquel entonces aún presumía de poseer algunos peces y bonitas ranas de San Antón que saltaban de rama en rama por toda la vereda, por las huertas y por los campos abandonados donde pastaban los últimos rebaños de oveja que aún quedaban en el barrio. Recuerdo que nos entrelazábamos entre las cañas que crecían por todas partes, imaginando cuevas hacia mundos imposibles. Cuando eres pequeño, tres pares de cañas juntas pueden simular una nave multidimensional o la entrada misteriosa al paraíso perdido.

Desde aquel inmenso árbol pensamos que era muy arriesgado ir más allá de los límites permitidos para nuestra corta edad, pero aquel trozo de vía muerta podría ser perfecta para organizar nuestra primera iniciativa ecológica. Tendríamos unos diez años y a la institución la llamamos “Grupo Ecologista El Lince”. Nuestra primera acción fue llenar la vía muerta de nidos hechos de madera que sacábamos de la carpintería del padre de mi primo. Hicimos unos cuantos nidos que llegamos incluso a pintar de azul y verde. Poblamos la vía y sus árboles de nidos que cargamos con alpiste para animar a sus futuros inquilinos a habitar tan dichosas y acogedoras casas. Y allí nos tirábamos horas enteras esperando a que algún pájaro curioso se atreviera a disfrutar del nuevo hogar.

Cuando tenía unos seis años más, ya en plena efervescencia adolescente, con esas camisas de Greenpeace que decían eso de “salvemos a las ballenas” o “nucleares no, gracias”, creamos un segundo grupo, esta vez con la hermosa Tatiana, amiga ideológica y batallera de aquel entonces. Esta vez el grupo se llamó simplemente “Flores de Asfalto”, intentando emular la necesidad de convertir el gris de la ciudad en un mundo bello y armónico. Hicimos varias campañas en el instituto y algunas actividades más hasta que marchamos a la universidad y nuevos grupos y nuevas aventuras completaron nuestra formación activista.

Ahora que recuerdo desde la distancia y cierta nostalgia aquellos primeros actos, aquellas primeras ganas de coparticipar y cocrear con la naturaleza me doy cuenta de lo revolucionario de aquellas primeras e inocentes muestras de activismo. La cooperación y el amor a la Naturaleza siempre ha estado implícito en mi existencia, no por un asunto ingenuo de niñez o adolescencia, sino por una apertura hacia la consciencia y la urgencia de actuar.

Esa urgencia aún existe, y también las ganas de seguir siendo un activista que desea hacer de este mundo bueno, un mundo mejor. Ojalá todos los niños de nuestras ciudades pudieran un día subirse a un árbol, observar los pajarillos y cantar y sentir la necesidad imperante de ayudar en el proceso intrínseco de la vida. Esa es nuestra revolución pendiente y esta es la pedagogía necesaria.

Del materialismo al postmaterialismo: una crisis inevitable (y necesaria).


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Crisis o decadencia de un modelo. Quizás ambas cosas. Algo debió ocurrir en la revolución industrial. La gente abandonó el mundo rural y se amontonó en calles de ciudades que vieron un increíble desarrollo y crecimiento. Entre 1873 y 1890 hubo la gran depresión de aquel final de siglo. Luego vinieron otras. También hubo crisis en el sistema feudal, especialmente en el siglo XIV, y en las archiconocidas caídas de los imperios milenarios de la antigüedad.

Las crisis son inevitables. Nos ayudan a crecer, a reconsiderar el modelo y ajustar los sistemas al nuevo paradigma. En esta época estamos viviendo una decadencia del sistema materialista. Un modelo que ya no se sostiene por sus propias contradicciones, las cuales provocan catástrofes naturales de difícil cuantía. El cambio climático y el aumento de la temperatura del planeta entero quizás sólo sean un botón de lo que pueda llegar a ocurrir.

Por suerte la naturaleza se regenera y busca los mecanismos apropiados para volver a su estadio natural. La sociedad humana, convertida en peligrosa plaga que está poniendo en entredicho el equilibro natural del planeta, está ante un serio dilema no tan sólo de desarrollo, sino de su propia supervivencia.

Si el modelo materialista hace aguas, ¿cuál es la alternativa? En el libro “Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas” recojo las tesis de algunos investigadores sociales como Ronald Inglehart y Christian Welzel, los cuales preconizan el cambio de modelo cultural y la secuencia del desarrollo humano. Profundizar en la democracia (véanse las teorías sobre la democracia profunda) y entender los nuevos valores que se expresaran en una edad postmaterialista nos da pistas sobre la base en la que deberá tejerse el nuevo modelo. Un modelo inevitablemente más ecológico y humano, de retorno al mundo rural donde las experiencias, más que las cosas, suplantarán la necesidad de consumo de bienes por servicios. La revolución postmaterialista de la que estamos siendo testigos reducirá inevitablemente la feroz aberración contra la naturaleza. Será inevitable que poco a poco, en los próximos cincuenta años, tomemos plena consciencia de la necesidad de cambio en nuestras costumbres y hábitos.

La crisis de cambio de paradigma, de decadencia de un modelo para abrazar a otro nuevo, nos está ayudando a tomar consciencia. Hay un reclamo optimista en todo ello, de adaptación, de profunda transformación interior e individual y también colectiva y social. Una nueva reconciliación con la Naturaleza, inevitable y urgente, a la que debemos dar inaplazable prioridad.

(Foto: El autor en O Couso, Galicia, verano de 2013. La vuelta a la vida rural es un proceso inevitable en los cambios del nuevo milenio. Lo que ahora parece anecdótico en un futuro será norma).

¿Qué es un punto de luz?


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Realmente todos somos puntos de luz. Si hay algo que nos diferencia de los otros reinos de la naturaleza es precisamente ese pequeño resplandor que a medida que vamos creciendo como individuos y humanidad, se va acrecentando. Una piedra, una flor o un ave tienen también su propio punto de luz, pero son de naturaleza tan tenue que apenas es visible a los ojos de nuestra limitada consciencia.

Sin embargo, en el ser humano, hay una poderosa luz, una poderosa fuerza de lucidez y resplandor que se refleja en su grandeza y en su increíble naturaleza. Durante los últimos decenios, sin embargo, el ser humano ha mancillado ese resplandor, esa lucidez, enterrando su brillo bajo espesas capas de egoísmo y sinrazón. Cada vez que bajamos dos peldaños en la escala humana nos parecemos más a animales que a seres humanos verdaderos. Y la escalera evolutiva dice que debemos traspasar el umbral del homo-animal que somos para ser humanos completos, lúcidos y vivos, y llegar poco a poco a conquistar el plano angélico, que simbólicamente hablando, sería el próximo estadio evolutivo a alcanzar.

¿Cómo podemos ser potentes focos de luz? Luz viene de lucidez, de inteligencia activa, de amor-sabiduría que penetra en nosotros para reactivar nuestra alma interior gracias a la fuerza de la voluntad, integrando así nuestro ser real. Hay muchos ejercicios y muchas corrientes místicas y filosóficas que nos hablan de la luz, y de cómo conseguirla en nosotros. Los pasos son realmente sencillos: un cuerpo sano y una mente sana. La constitución cuádruple de nuestro ser humano (cuerpo físico, cuerpo vital o energético, cuerpo emocional y cuerpo mental) deben estar limpios y sanos, fuertes y alineados en esa pureza de la que tanto se habla para que la triada se manifieste fuerte en nosotros. Por nosotros mismos es difícil conseguir esa pureza ya que estamos anquilosados en hábitos que arrastramos desde lejanas centurias.

¿Cómo es posible desprendernos de esos hábitos añejos? Buscando focos de luz más potentes que los nuestros, luminiscencias que puedan iluminar nuestro lado oscuro, lugares de fuerza y poder que sean capaces de sacudir nuestras capas más oscuras. Una sacudida nos puede desprender por un tiempo de esas capas. Dos, tres, cuatro sacudidas pueden crear en nosotros el hábito de ir en búsqueda de la luz.

Y esa luz interior provoca en nosotros una irremediable transformación, porque con la luz, con la lucidez, somos capaces de ver lo que algunos llaman el mundo real. Alejados de la ilusión, del maya, de lo falso y mentiroso, contemplamos la vida desde un plano diferente, amplio, abierto, con el pecho descubierto y en plena expansión hacia los confines del universo y sus misterios.

Estamos convencidos de que esto es así porque en ocasiones lo hemos experimentando en nuestro interior, porque hemos visto como nuestras vidas se han transformado en los últimos años y porque vemos como nuestra particular sacudida ha tenido efectos positivos. Por eso estamos empeñados en crear nuestro propio foco de luz, nuestro pequeño y humilde punto de luz, para ayudar a otros a sentir esa sacudida interior y así tener la oportunidad de contemplar las estrellas y los infinitos desde la más amplia lucidez. El método es sencillo, las técnicas son simples. Conocemos el camino hollado y queremos ayudar a que otros lo descubran. De ahí nuestro empeño en contribuir a ello, para que así “afluya luz a las mentes humanas”.

Pd.- Ya tenemos listo el dossier sobre el «Proyecto O Couso» para el que lo quiera revisar. Gracias por difundir.

¿Qué haremos en la utopía?


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1. REHABILITACIÓN DEL LUGAR Y COOPERACIÓN CON LA NATURALEZA

No tenemos una intención económica. Queremos ser cocreadores con la Naturaleza, y para ello queremos asumir sus prácticas y valores. La base del lugar será la cooperación y el apoyo mutuo, imitando y recuperando con ello la esencial armonía existente en la Naturaleza. Con ayuda desinteresada de todo el que desee participar en el proyecto y con la entrega voluntaria de todo participante, el proyecto deberá sostenerse bajo los principios de la belleza y la armonía, del amor y el respeto por todo lo existente, de la sabia convivencia con el entorno y la voluntad de mejora de todo cuanto exista.

No pretendemos crear una casa común para desarrollar las economías individuales de sus miembros ni intereses particulares o económicos. Las personas que vivan en la misma dispondrán de forma libre de sus propios medios de subsistencia y de autosuficiencia. No habrá propiedad privada, sino uso compartido de la tierra y el lugar. Por lo tanto, cualquier actividad que se realice, ya sean talleres, retiros, encuentros o cualquier otro tipo de actividad grupal siempre se hará de forma voluntaria y gratuita, atendiendo necesariamente a la consciencia de cada participante para el soporte de las mismas. Nos basaremos en el principio vital de la Naturaleza: “dar gratis lo que recibimos gratis”.

2. ALBERGUE DE PEREGRINOS

Habrá dos tipos de peregrinos:

a)    Los peregrinos del Camino de Santiago.

b)   Los peregrinos de la Vida.

A ambos se les servirá por igual, siempre atendiendo al programa de convivencia establecido (uno-dos días, una semana, seis meses, un año). No se fijará ningún tipo de cuotas o pagos establecidos, pero sí un intercambio racional de labores. Cada uno dará lo que pueda según su libre consciencia para apoyar su propia convivencia, siendo este un lugar de trabajo interior y exterior, y no un lugar de vacaciones. Esto será parte de nuestra esencial pedagogía. Por eso nuestro lema vital será: “Da lo que puedas o coge lo que necesites”.

3. ESCUELA DE MEDITACIÓN, ESTUDIO Y SERVICIO

La metodología será siempre sencilla y práctica: meditación, estudio y servicio.

a) Meditación. Será una meditación sencilla de media hora por la mañana y otra de media hora por la tarde. La idea es mantener una actitud meditativa en toda la jornada y acercarnos a la ciencia de la meditación y sus beneficios sin prisas y con calma, con quietud y paz.

b) Estudio. Habrá un tiempo de estudio para poder mejorar la convivencia y la práctica diaria, para mejorar intelectualmente los conceptos que hacen mejor las cosas y las experiencias y crear así un canal necesario entre la expresión abstracta y los contenidos pragmáticos de la vida real.

c) Servicio. Servicio a la convivencia, al visitante y a todo aquel que desee conocer esta sencilla metodología. Servicio a la Naturaleza y sus principios vitales y sus leyes interiores. Servicio silencioso y desinteresado por el bien común.

4. COMUNIDAD ABIERTA

Comunidad abierta no significa convivir en un espacio cerrado o delimitado, sino que concebimos la comunidad como una entidad viva, más allá de todo espacio o tiempo. La comunidad nacerá del lazo místico que una a sus miembros. O Couso será un espacio más, pero la idea que tenemos es la de proyectar más espacios y más oportunidades bajo bases sencillas y armónicas de convivencia, donde primarán los valores de la nueva cultura ética, de la belleza, la armonía, la limpieza interior y exterior, la cooperación y cocreación con la naturaleza, el desarrollo de las artes y las ciencias, la sabiduría y la buena voluntad en acción, el compartir bajo la cooperación y el apoyo mutuo sin lideres, sin dogmas y sin gurús, siendo cada cual responsable, líder y maestro de su propio trabajo y de su entrega común.

Bajo estas sencillas bases pretendemos crear un punto de luz, de esperanza, de vida, de ilusión y de compartir para que todo el que desee focalizar su vida con unos valores diferentes tenga la oportunidad de hacerlo.

No dejes de apoyarnos. En la foto de la derecha iremos poniendo el avance en todo. Ya solo falta tu piedra, o tu granito de arena. Gracias de corazón a los que ya habéis participado con vuestro apoyo, tangible e intangible. Ya sólo queda:

FALTAN – 96.975 € PARA LA UTOPÍA

Gracias a los primeros en hacer su aportación: a L., a T., a A., a L. y a J. por los primeros apoyos. Sus nombres serán grabados en las piedras de la casa en agradecimiento por su amor, y los nombres de todos los que nos apoyéis… Gracias, gracias, gracias infinitas.

 

Cuando el miedo desaparece


 O COUSO

Cuando el otro día paseaba por la casa de la Montaña me di cuenta de que el viejo paradigma estaba muerto. El individualismo ha creado monstruos difíciles de manejar. No tenemos una visión de miras que sea capaz de salir de nuestros propios ombligos. Estamos deseosos de ir a nuestros trabajos, de trabajar más si es posible para así poder comprar más cosas, tener más dinero, más coches, una casa más grande. Cuando has disfrutado de todo eso y de forma ridícula y dolorosa lo has perdido todo, la vida te muestra otros caminos, otras respuestas. Te hace reflexionar sobre decisiones que tuvimos que tomar hace tiempo y que, en consciencia, por no hacerlo, nos lleva a caminos errados. La vida siempre nos pone en nuestro verdadero lugar, alejándonos de nuestras propias complejidades y contradicciones. Cuando despiertas a la vida, esta siempre te muestra lo mejor de sí misma y la urgente necesidad de cooperar con ella.

Por eso cuando lo has perdido todo, el miedo desaparece. Dejas de tener miedo a empezar de cero, desde la nada. No tienes miedo a hablar de utopía y diseñar un proyecto de esa envergadura. No tienes miedo a salir a la calle a buscar los recursos necesarios para empezar a construir con fuerza e ilusión el sueño. No tienes miedo a implicar a amigos y conocidos porque crees firmemente en ellos y ellos en ti. Y porque esa implicación lleva consigo la semilla del nuevo paradigma, la semilla del apoyo mutuo, de la cooperación inteligente entre los humanos, entre ellos y la naturaleza interior y exterior.

No tendremos miedo cuando tengamos que marcharnos a una casa ruinosa y levantar allí un hogar común, para todos. No tendremos miedo de compartir ese techo y la comida con todo aquel que lo necesite. No tendremos miedo en aceptar al diferente, comprendiendo que la diversidad provoca riqueza y complicidad. No tendremos miedo cuando llegue el primer invierno y tengamos que buscar la forma de calentar el rincón elegido. Ni tendremos miedo si por nevadas nos quedamos aislados en mitad de la nada. No tendremos miedo en fomentar el apoyo mutuo y la cooperación desde el minuto cero, buscando la fórmula de crear un nuevo modelo de colaboración con un mundo que sufre. No tendremos miedo en ser pioneros y dar nuestra vida por este sueño si ello  sirve para mitigar algo la tensión y el conflicto.

Ya no tenemos miedo, ni siquiera a no conseguir los suficientes apoyos, porque estamos dispuestos a cualquier cosa con tal de perseguir el ideal. Hay personas que nos han escrito temerosas, diciendo que no creen en el proyecto, que es difícil, imposible en los tiempos que corren asumir este reto. Pero no tenemos miedo porque lo difícil se hace y lo imposible se intenta. Y nosotros lo vamos a intentar hasta la extenuación, porque creemos en el proyecto, porque creemos que ese es el Camino que debemos seguir y porque creemos que sólo un ejército armado podría apartarnos de nuestro convencimiento.

También hay personas que esta mañana temprano, tras conocer la noticia, nos han llamado para decirnos con fe y esperanza ese hermoso “puedes contar conmigo”. Y lo hacemos encantados y conmovidos, a sabiendas de que ese gesto forma parte de la utopía en la que creemos. Ese “puedes contar conmigo”, desde la manera más humilde o más poderosa, es la base que deberá regenerar nuestra sociedad del miedo. Miedo a perderlo todo, miedo a que nos quiten todo, miedo a abrirnos a un nuevo sentir. Pues queridos amigos, queremos deciros que ya no tenemos miedo, y que vamos a salir de nuestro confort para vencer al tedio y la desgana y provocar el cambio que queremos ver en el mundo.

CREANDO LA UTOPÍA


O COUSO 2

«Ya es hora de levantarnos del sueño»

Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam

Introducción

Llevamos tiempo trabajando sobre el apoyo mutuo y la cooperación y especialmente sobre los valores que deben impulsar la Nueva Cultura Ética. Hemos hecho una tesis doctoral sobre este asunto, enmarcado en las comunidades utópicas y sus valores y llevamos años trabajando desde diferentes oportunidades en la creación de dicho ideal.

Desde hace ya algún tiempo hemos considerado la idea de crear la utopía, de materializar dicho proyecto en algo aún más tangible. Nuestros escritos y experiencias querían ser un referente o la plasmación de esa utopía, no sólo ideológica, también pragmática. Pero, ¿cómo hacerla? Hemos crecido, hemos vivido las experiencias oportunas y sabemos lo que queremos y cómo realizarlo.

Primero necesitábamos una base filosófica, un ideario que mantuviera el proyecto hacia un rumbo fijo.

La segunda tarea era buscar un lugar apropiado y ya lo hemos encontrado. O Couso, en Samos, en el mismo Camino de Santiago.

La tercera tarea es la de buscar los recursos necesarios para poder materializar la idea. Habíamos pensado pedir un crédito bancario a una entidad de banca ética. Pero creemos que si la idea base del proyecto es la cooperación y el apoyo mutuo, debemos empezar desde esa misma base dicho proyecto. Por eso sentimos que la fórmula ideal para empezar es mediante el llamado crowdfunding, ayuda de amigos o cooperación colectiva.

O Couso

Por su posicionamiento junto al Camino de Santiago, O Couso puede ofrecer una proyección al mundo, a buscadores y personas con inquietudes. Concebimos el lugar como un centro de descanso y acogida desinteresada, tanto para peregrinos como para personas que comulguen con los principios e idearios  que quieran sumarse a una vida comunitaria, en pleno contacto con la naturaleza, intentando dotar su vida de una dimensión espiritual.

O Couso tiene una extensión de terreno de 35.000 m2 de prados y bosques con posibilidad futura de ampliación, ya que está rodeado de prados y otras fincas.  Está situada en un entorno único y privilegiado en la población de Samos, con una historia de cenobios y monacal que data del siglo VI, con su importante abadía como reclamo, una de las más significativas de Galicia. La finca tiene una casa de piedra grande en dos plantas (unos 400m2), con base de piedra, tejados y paredes en buen estado, con más de 23 estancias que se pueden, poco a poco, adaptar a salas multiusos. Tiene además una pequeña capilla de dos plantas que se puede adaptar como sala de meditación y/o oración.

Financiación

En una primera fase necesitamos 125 mil euros para adquirir la finca de O Couso. De los mismos hemos conseguido negociar 25 mil euros gracias a un acuerdo con los propietarios, los cuales nos permiten financiar este dinero a medio plazo.

El resto, 100 mil euros, queremos solicitar la ayuda a amigos que puedan, a modo de préstamo, dejarnos un mínimo de mil euros con la fórmula de crowdfunding.

¿Qué haremos en O Couso?

Hay tres proyectos que se tejerán poco a poco en paralelo.

El primero será el rehabilitar el lugar para convertirlo en un centro de acogida a peregrinos del Camino de Santiago y a amigos que deseen vivir una experiencia diferente a nuestro lado.

El segundo será crear una escuela de experiencia sobre los valores de la Nueva Cultura Ética. Una escuela de Meditación, Estudio y Servicio donde se puedan poner en práctica dichos valores.

El tercero será crear una comunidad abierta, donde las personas que se sientan inspiradas por estos valores puedan vivir una vida plena y completa en un lugar y entorno especial.

¿Qué ofrecemos a cambio de tu apoyo?

a) El compromiso de reintegrar lo antes posible según nuestro progreso el dinero prestado.

b) El hacer de este lugar vuestro hogar siempre que necesitéis un tiempo de descanso o meditación, de pausa o refugio sin pediros nada a cambio, excepto vuestra compañía.

c) El apoyar vuestros proyectos e inquietudes en todo lo que podamos.

¿Qué necesitamos en esta primera fase?

a)    Una aportación inicial a modo de préstamo, con un mínimo de mil euros.

b)   Una donación a fondo perdido para apoyar el proyecto. Desde un euro o lo que podáis.

c)    Cualquier cosa que pueda ser útil para la rehabilitación del lugar una vez lo hayamos  conseguido.

d)   Personas que deseen colaborar en el mismo de forma más directa.

Gracias de corazón por vuestro apoyo sincero.

Podéis apoyarnos en alguna de nuestras cuentas:

Triodos Bank: 1491 0001 22 1034701613

La Caixa: 2100 4448 32 02 00017410

También puedes hacer un donativo en el siguiente enlace:

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PARA MÁS INFORMACIÓN:

JAVIER LEÓN: javier.leon@editorialseneca.es

LAURA FERNANDEZ: lauryfegi@hotmail.com

Gracias Leonardo DiCaprio


THE 11 HOUR es un documental exquisito y necesario para concienciarnos de donde estamos como especie biológica. Agradezco a personas como Leonardo DiCaprio que son capaces de entablar esa sensibilidad especial con los problemas de nuestra humanidad. Ojalá su ejemplo cunda entre el mundo.

BANCA ARMADA VS BANCA ÉTICA


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Para crear la utopía necesitamos concienciar al planeta entero de las alternativas, del nuevo paradigma, de los nuevos valores. Ese es nuestro propósito como empresa cultural, como personas comprometidas por esa causa noble que es la de servir a la Nueva Cultura Ética.

Es por eso que en este empeño editamos libros comprometidos que nos dan una visión diferente de las cosas. Es posible cambiar los hábitos diarios. Cambiar de hábitos supone un cambio de conducta, y un cambio de conducta, de pensamiento, de acciones, de emociones, crea un cambio inevitable de realidad.

Sólo tenemos que empezar a provocar ese cambio con nuestras pequeñas decisiones diarias. Hace ya años que a nivel personal prescindo de tarjetas de crédito o de hipotecas o de préstamos con entidades bancarias. Esto tiene sus propias incomodidades, pero también proviene de cierta coherencia interior. También desde hace años trabajamos a nivel personal y empresarial con banca ética, es decir, aquellas que tienen una actitud constructiva para la sociedad con nuevos valores y un nuevo paradigma social y empresarial.

Nosotros seguimos empeñados en nuestra misión pedagógica, y por eso hemos editado el libro titulado Banca Armada vs Banca Ética, el cual ya podéis comprar en nuestra web o en librerías.

Aquí no sólo denunciamos de forma clara y con datos contundentes el uso que los bancos tradicionales hacen con nuestro dinero, sino que además, mostramos alternativas para poder aplicar dicha coherencia interior en la vida cotidiana. Os invito a que adquiráis el libro no sólo para leerlo vosotros e intentar tomar consciencia de que es posible cambiar el mundo con pequeños gestos, también para que lo utilicéis para cambiar vuestro entorno, convenciendo a los vuestros de que otro mundo es posible. Y somos nosotros, sólo nosotros, con nuestros gestos diarios, con nuestro compromiso y valentía, los que cambiaremos el mundo. No deleguemos esta responsabilidad en el otro. Actuemos.

COMPRAR AQUÍ BANCA ARMADA VS BANCA ÉTICA (10€, gastos de envío gratis) 

 

Pd.- La banca tradicional nos ha dejado en el año 2012 a todos los españoles unas pérdidas de más de 26 mil millones de euros. Mientras esto ocurre, véase el panorama en nuestra sociedad: http://economia.elpais.com/economia/2013/07/26/actualidad/1374856943_526101.html

Sobre la tragedia


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Escribo desde Madrid, desolado, incrédulo ante lo ocurrido en Santiago, en el mismo lugar por donde pasé hace tan solo un par de meses. La muerte siempre resulta dura, pero cuando es cercana y trágica y en masa la desconfianza es aplastante. Desconfianza por sabernos tan frágiles, por no ser del todo conscientes de que cualquier error, por minúsculo que sea, puede terminar en trágico final. La fatalidad acecha a cada instante sin darnos cuenta. Lo he notado estos días de intensos viajes en coche, donde de repente un loco aparecía de la nada provocando repentinos frenazos o un despistado se dormía al volante balanceando el camión que daba tumbos de un lado para otro. Hoy, en el trayecto de Córdoba a Madrid viajaba aún más atento y precavido, viendo como todo puede terminar en un soplo de aliento.

Ochenta vidas sesgadas, así, de repente, es cruel y duro. Me interrogo por cada una de esas existencias aisladas. Por sus familias destrozadas, por sus huérfanos o viudas o amigos que no acaban de creerse la noticia. Me hace pensar que mañana, o quizás pasado, o quizás en unos años, todos nosotros, sin excepción, pasaremos por ese túnel que ahora nos asusta y nos aterra ante la desgracia.

Nunca sabemos como ni cuando y eso nos da cierta visión de futuro, de esperanza, de permanencia. Pero realmente vivimos en una constante mentira, porque ese futuro incierto puede ser hoy mismo, en cualquier segundo de existencia. Así es la comedia vista desde el ego, desde la luminiscencia de la personalidad. Fatídico y sin sentido. Además, en Santiago. Además, en víspera de la fiesta de Santiago.

Ochenta vidas son muchas vidas para un solo error, para un solo instante de descuido. Aún no podemos aceptar ni creer que estas cosas aún puedan ocurrir en nuestros tiempos. Aún cuesta aceptar que no seamos capaces de evitar tanto sufrimiento innecesario. Estemos alertas, estemos atentos, pues el futuro es un juego de naipes que se decide a cada instante, a cada segundo de vida.

El sueño de la Montaña


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Ha sido un día duro, intenso. Tras atravesar toda Escocia, Inglaterra, Francia y algo de España, hoy ha tocado atravesar la península de norte a sur, de la intensa Barcelona a la calurosa Córdoba, en el mediodía andaluz. Doce horas intensas que han dispuesto un tiempo hermoso para profundizar en todo lo que se avecina.

Salimos antes de las nueve de la mañana y llegamos a eso de las nueve de la noche a la Montaña. Lo primero que hice fue reencontrarme con la casa que años atrás se había convertido en un proyecto hermoso. Cuando llegué a ella casi no podía reconocerla. Estaba medio enterrada entre maleza y árboles descuidados. El jardín se había convertido en un auténtico bosque asalvajado. Me llamó mucho la atención que las golondrinas, quizás por primera vez en muchos años, no habían anidado encima de lo que hasta hace poco fue mis grandes ventanales.

Sentí cierta tristeza al ver el paisaje desolador, y el comprobar lo que ocurre cuando el espíritu que mueve las cosas abandona un lugar. Ahí quedó la experiencia, la enseñanza, el conocimiento, el testigo de un camino errado, muerto, caduco. También quedaron los ahorros de una vida y los errores, y el como el gesto que dura un segundo puede aniquilar el esfuerzo de toda una existencia.

Sin embargo, tras ese gesto, algo nuevo nace. Y es la fortaleza, la certeza, el propósito, la seguridad de saber cual es el camino correcto, cual es el camino que no debemos abandonar. Esas experiencias traumáticas, trágicas, de pérdida y desapego, sirven para fortalecer el espíritu, para hacerlo grande y al mismo tiempo humilde. Sirve para templar la vida, para transformarla en un cúmulo de sentido, de experiencia y, por lo tanto, de cierta sabiduría.

Y la urgencia del vivir me recuerda esas cartas que desde ayer estoy recibiendo apoyando el nuevo reto, el nuevo propósito, la nueva esperanza. Ahora más generosa, más abierta, ya no como meta individual sino como algo colectivo, algo que nace para ser compartido y expresado de forma abierta. La vida en la Montaña sólo fue un aprendizaje en la columna del Mediodía. Ahora hay un inevitable tránsito hacia la columna del Septentrión. Y es allí donde el experimento continua para mayor gloria y tesón. Es allí donde el templo podrá completar la obra.

Esta bonita casa de diseño donde un día deposité todas las ilusiones y también todos los miedos, ahora sólo sirve de prueba palpable. Una prueba más en el Camino del Corazón, en el Camino del Alma que siempre es sabio y verdadero.

Mañana intentaré dar respuesta a las inquietudes surgidas sobre el proyecto utópico que ya está en marcha. La utopía es posible. Es hora de experimentarla, de apretarla entre nuestras manos y hacerla tangible y viva. Nuevas golondrinas volverán a anidar nuevos tejados, ahora más amplios y acogedores. Sigamos caminando…