Creando Utopías


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Mientras repasaba las “Máximas de los Kobdas” recordaba la lluvia que caía por toda la Costa Brava esta misma tarde. Me acompañó hasta Barcelona, donde aterricé ya entrada la noche. Estaba cansado tras el largo viaje desde las Tierras Altas de Escocia, pero noto que no hay tiempo para el descanso. Que la vida pasa rápida y no podemos perder ni un ápice de tiempo en lamentaciones o dilaciones. Recién llegado a Barcelona, pasada la media noche, y ya preparando el cuerpo, o los cuerpos, para mañana seguir ruta hasta la abrasadora Córdoba, repasaba las anotaciones del intenso día de hoy en Cadaqués.

Ha sido un día estimulante, trabajando sobre la forma de levantar y crear la utopía en el mundo tangible. Tras repasar la docena de páginas escritas sobre el proyecto de la utopía hecha carne y la carta fundacional, necesitábamos conseguir una fórmula para poder financiar la primera fase del mismo. El crowdfunding parece ser la fórmula más acertada dada la naturaleza del proyecto. Es decir, conseguir, a modo de préstamo, el apoyo de amigos y familiares para levantar los primeros muros, la primera fase del ambicioso proyecto.

Pero, ¿qué haremos allí? El lugar es ideal para poner en práctica la utopía. Hay tres proyectos que se tejerán poco a poco en paralelo. El primero será el rehabilitar el lugar para convertirlo en un centro de acogida a peregrinos del Camino de Santiago y a amigos que deseen vivir una experiencia diferente a nuestro lado.

El segundo será crear una escuela de experiencia sobre los valores de la Nueva Cultura Ética, una especie de punto de luz donde se tejan pedagogías que inciten al cambio de paradigma y nos lleven de la mano hacia esa añorada Nueva Era de valores humanos, solidarios y generosos. El tercero será crear una comunidad abierta, donde las personas que se sientan inspiradas por estos valores puedan vivir una vida plena y completa en un lugar y entorno especial.

Hemos aprendido algo en estos años de investigación, observación y convivencia con el alto ideal, y a estas alturas, pensamos que ha llegado el momento de poner en práctica todas estas promesas. Ha llegado la hora de crear utopías. Y lo vamos a hacer cueste lo que cueste, porque las piezas encajan y no podríamos seguir adelante si no fuéramos capaces de poner en práctica todos estos valores.

Así que pronto todos tendréis una nueva casa, un nuevo hogar donde no se os va a pedir nada excepto que estéis atentos a lo que allí ocurra, porque promete ser un lugar milagroso, mágico, lleno de experiencias únicas, de compartir, de confraternidad y de espíritu vivo. Pronto vamos a poner la primera piedra, creando utopías de verdad, palpables y vivas. Seremos piedras vivas, humildes, sencillas, cocreadores con la naturaleza y cómplices de la luz. Y vosotros seréis invitados a esta fiesta. Ha llegado la hora de la utopía. Ha llegado el momento de dar un paso más allá de las palabras.

(Si queréis ampliar más información sobre el proyecto y la forma de colaborar en el mismo no dudéis en escribirme).

De vuelta…


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Existen muchos motivos para sacrificar la vida fácil a favor de la experiencia que nos ha de acercar aún más a nuestro particular camino. Incluso existen motivos suficientes para intentar acomodar la realidad a los requisitos de ese Camino, inmolando prioridades para que el largo plazo resulte potencialmente enriquecedor.

Tres días de viaje, primero atravesando toda Escocia e Inglaterra y luego dos días para atravesar toda Francia por las interminables nacionales que intentaban evitar los abusivos peajes y que a cambio nos regalaba la visión profunda de un país hermoso y aparentemente ordenado y cuidado. Ayer hicimos parada obligatoria en la Comunidad de Taizé, en la Borgoña francesa, donde pasamos unas horas orando con sus cantos y los miles de visitantes que estos días pasan allí su particular semana de experiencia. Acostumbrado a cantar en pequeños grupos, ayer fue emocionante ver a tantos miles de jóvenes en el modesto pero inmenso templo de Taizé orando y cantando tras un mismo mensaje de paz y unión fraternal.

Nos dio tiempo a visitar, a pocos kilómetros, la antigua e importante, en sus días, abadía de Cluny, la cual, en un tiempo memorable, fue cuna de una gran influencia intelectual y espiritual en Occidente, sosteniendo bajo su mandato a más de dos mil prioratos. Cuando hace años visité por primera vez estos lugares pude sostener cierta analogía entre la antigua influencia en el mundo espiritual de la Orden de Cluny y la ahora adoptada por la Comunidad de Taizé en el nuevo mundo espiritual. Es como si Taizé fuera una reminiscencia de la antigua Cluny que vuelve a manifestarse y a congregar a unos nostálgicos monjes vestidos de modernidad.

Curiosamente, siguiendo el hilo de las sincronías, en la Comunidad de Findhorn, donde todos los días sin excepción se cantan los cantos de Taizé, existe un lugar llamado Cluny, que fuera anteriormente palacio victoriano, hotel y ahora parte anexa de la comunidad. Allí he pasado todas estas últimas mañanas, trabajando en la cocina de la comunidad y aprendiendo la importancia de trabajar en paz y armonía.

Repasaba todo esto mientras llegábamos esta noche a la Costa Brava, casi exhaustos, cansados pero con muchas ganas de seguir adelante. Mañana de nuevo viajes y más viajes. Esta vez a Córdoba, donde iré a llevar a mis padres que pasarán en la casa familiar un mes de descanso. En un par de días regreso a Madrid y a seguir empujando a la vida hacia sus misterios más recónditos. Seguiremos vestidos de modernidad, aunque por dentro llevemos ese monje que trasgrede el tiempo y se reúne con sus hermanos época tras época.

El Camino del Amor


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El Camino del Amor no es otro que el camino del corazón. El corazón puro nos conecta con la mente pura y esta hace de puente hacia el alma pura, la intermediadora entre el Espíritu y todo el universo entero. Es un camino simple pero que solemos recorrer durante eones, cegados por la ilusión de la vida y sus desviaciones. Se identifica rápidamente porque el amor puro se convierte en acción, y es capaz de transformar la vida de muchos con su ejemplo y dedicación. 

Hoy ha sido un día de despedida en la Comunidad de Findhorn. Escocia parecía toda radiante con ese sol inusual que calentaba la sala de reuniones. Todos nos mirábamos a los ojos y cuando relatábamos nuestra experiencia, dedicábamos entre sollozos hermosas y profundas palabras.

Había un liderazgo espiritual, profundo, que pretendía conectarnos con la esencia de lo realmente importante. La sinceridad, la honestidad, el amor entre todos, el coraje de sentirnos una familia entera unida por las alas del espíritu, la amabilidad en nuestros gestos y la broma continua que nos hacía amables y dóciles. La intensidad del día de hoy, tras abandonar nuestros trabajos en la cocina o en los jardines, venía dada por la fuerza de este lugar.

Findhorn, a pesar de sus complejas contradicciones, sigue siendo un lugar de luz y amor. Sus gentes son como luciérnagas en la noche oscura, como lámparas que se alzan juntas para iluminar un poco más el mundo, para comunicar un don especial, una experiencia diferente.

El resultado de todo es compartir este don, esta necesidad de ver al mundo desde una perspectiva diferente y unida. La necesidad de crear nuevas escuelas, nuevos centros de luz donde capacitar al ser humano de las herramientas necesarias para crear el cambio que necesitamos en este tiempo. La necesidad de empezar a doblegarnos a la luz de la unión y la hermandad dejando atrás la diferencia y la separatividad. La necesaria comunión, nacida dentro de nosotros y también fuera, con los otros, con nuestro entorno, con la naturaleza. El bosque, el río, la amable brisa, el hermano sol, la hermana luz que atraviesa eones para visitar nuestros corazones e iluminar nuestras anquilosadas cavernas. La profundidad de toda esta expresión de vida y luz debe ser compartida, y esa es la misión de todo aquel que pretenda saciar su sed de espíritu. De nuevo la promesa de dar, de nuevo la promesa de compartir este estímulo en el peregrinar del alma. De nuevo el reencuentro con la verdad de que somos minúsculas chispas de un Dios inabarcable, y que, por lo tanto, somos representantes de la grandeza de toda existencia. Ahí está y reside nuestro estímulo, nuestra necesidad de seguir adelante cueste lo que cueste, en la luz, el amor y el servicio. Que así sea…

Mientras, mañana volvemos a España en un interesante viaje de reflexión que durará dos o tres días por media Europa. Esperamos que todo vaya bien.

LOS SIETE RAYOS


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Es emocionante estar leyendo la biografía de Peter Caddy mientras paseo por los jardines y los lugares que él describe detalladamente en la misma. Trabajar por las mañanas en el antiguo palacio victoriano de Cluny para luego compartir experiencias en la Comunidad original resulta especialmente conmovedor.

A cada paseo, a cada intervalo de tiempo que discurre entre una y otra actividad me interrogo sobre la fuerza que ha hecho posible este milagro. En su libro autobiográfico encuentro algunas interesantes respuestas. Peter siempre fue guiado por los mensajes sensitivos y canalizados que iba recibiendo de su esposa Eileen y su amiga Dhorothy Maclean, la cual aún vive y con la cual podemos compartir las meditaciones de la mañana. La fe inquebrantable de Peter, sin ser él mismo un sensitivo, pero sí un fiel creyente y seguidor de la luz que dirigía desde lo invisible todo aquel vasto proyecto, hizo que todo se precipitara, se creara y naciera al mundo tangible.

Peter explica con detalle su extensa formación espiritual y esotérica, lo cual nos dota de una idea cierta sobre el origen de todo. Nos habla de su creencia en la Esencia Divina y como se manifiesta en tres diferentes cualidades: Voluntad, Amor/Sabiduría e Inteligencia. Estas tres cualidades, tal y como nos enseñan las tradiciones esotéricas y que yo mismo he podido contrastar en los estudios de diferentes escuelas espirituales de diferente calado, interactúan y se mezclan unas con otras de siete maneras distintas. Estas siete formas de interactuar a veces es conocida como “los Siete Rayos”.

En cada rayo predomina alguna de estas primeras cualidades, exactamente como los tres colores primarios (rojo, amarillo y azul) y que en sus siete combinaciones forman los siete colores del arco iris. El Primer rayo tiene que ver con el aspecto Voluntad, el Segundo con el Amor/Sabiduría, el Tercero con la Inteligencia Activa, el Cuarto con la Armonía/Belleza, el Quinto con el Conocimiento Objetivo o la Ciencia, el Sexto con la Devoción y el Séptimo es Actividad Ordenada, Organización o Síntesis. Cada una de nuestras personalidades y de nuestras almas están regidas interiormente por una de estas fuerzas o energías, y uno de los propósitos interiores es identificar cual es nuestra cualidad y alinearnos por lo tanto con el trabajo de ese rayo. Para profundizar sobre estos temas y comprender un poco más sobre la organización de estos rayos, sus energías, cualidades y fuerzas os recomiendo la lectura del libro que nosotros mismos hemos editado titulado “Sirviendo a la Humanidad”, el cual sirve de iniciación o puerta de entrada a un vasto y complejo mundo más profundo y arquetípico.

Para Peter era muy importante establecer estos principios ocultos de forma natural, estableciendo cierto orden de Luz, Amor y Sabiduría en todo lo que hacía. Para él , hacían falta al menos tres personas para anclar las energías espirituales en un Centro o Punto de Luz, y cuatro para comenzar a construir en lo manifestado. Sin duda, esas tres personas estaban representadas por Eileen, Dhorothy y Peter.  La cuarta se sumó más tarde: la anciana y mística Noemi, creando uno de los centros más importantes de la Nueva Era y de la Nueva Consciencia que se está manifestando en nuestros tiempos: la Comunidad de Findhorn.

Y como lo afín atrae a lo afín, seis años más tarde comprendo de forma consciente porqué fui atraído a este lugar para empezar mi tesis doctoral. No fue casual, sino que interiormente hay una intencionalidad cada día más clara en todo lo que ocurre. Ayer, en una hermosa sesión sensitiva, alguien muy conocido y que acompaña estos días de plácida lectura y paseos se acercó, y llamándome “hermano” dibujó en mi rostro una cruz de la que salía una hermosa rosa de su centro. Nadie excepto él y yo podíamos entender el mensaje oculto de ese símbolo que fue canalizado en ese momento. Con lágrimas en los ojos, y para sorpresa del canal, di las gracias por ese pequeño gesto y milagro. La rosa del Amor sigue naciendo en la cruz de la perseverante Luz y Sabiduría.

 

Amor y Lealtad


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Peter Caddy fue uno de los fundadores de la comunidad de Findhorn. De joven había leído los libros de Madame Blavatsky, Alice Bailey y Max Heindel. Valga el paralelismo con mi propio biografía, se hizo rosacruz, teósofo y masón. “En el momento oportuno”, sus memorias que ahora repaso gracias a una tarde relajada en esta hermosa y pacífica bahía escocesa, contaba que la clave para cualquier tipo de éxito y liderazgo no consistía tanto en tener una excelente inteligencia y eficiencia, sino en la habilidad para inspirar amor y lealtad.

La importancia de demostrar y vivir mediante la experiencia es lo que nos dota de cierto sentido. Hablar, predicar y decir cosas bonitas con cierta inteligencia puede estar bien, pero lo verdadero nace de un amor sincero y una lealtad a prueba, capaz de ser próxima y cercana a todo aquello que dices, piensas, sientes y haces. Lo que haces por amor y lealtad a ti mismo y a los demás, en consecuencia, es lo que valdrá de faro y de luz al mundo.

Por eso a veces nos decepcionan aquellos que esgrimen grandes verdades sin llevarlas lealmente y con amor en sus propias vidas. Por eso nuestro gran enemigo, al menos el enemigo de aquellos que pregonan valores esenciales y virtudes necesarias, es ser consecuentes con las mismas. Ese es el reto que comúnmente hace peligrar nuestra integridad, y ese es el mayor trabajo al que debemos enfrentarnos.

Esto lo aprendemos constantemente en las experiencias de grupos que aquí en la comunidad de Findhorn tenemos diariamente. Esta mañana empezábamos el día en el lugar que llaman el Santuario de la Naturaleza, un lugar mágico cavado en la tierra, recubierto de hierba y piedra y recogido en el calor del suelo. Allí cantamos cantos de Taizé durante un rato. En ese estado de ánimo espiritual vamos a la sesión de meditación que se realiza en otro recinto, cerca de la caravana original que dio vida a todo este movimiento comunitario. Allí he tenido la suerte de sentarme hoy junto a Dorothy, una de las fundadoras, aún viva, de este lugar.

Y tras la meditación, hemos empezado la jornada de trabajo en los jardines y las huertas. Mi tarea ha sido sencilla y consistía en quitar las “malas hierbas” del jardín y sus aledaños. La prueba de que los cantos y la meditación previa al trabajo surge efecto en la forma en la que luego se desarrolla el día. En todo el trabajo diario había amor y lealtad a los principios y valores que aquí se desarrollan. Amor y lealtad constante los unos con los otros, apoyándonos y animándonos en el trabajo con alegría y respeto. Amor y lealtad hacia la naturaleza, el entorno y la vida. Esa ha sido la lección de hoy y la enseñanza profunda. Poder vivir una vida íntegra y equilibrada interiormente para luego mostrar al mundo integridad y equilibrio, amor y lealtad.

Fe y Esperanza hacia una nueva comunidad


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Ayer fue un día interesante e intenso. Sin tiempo para entrar en el interior de uno pero con la facilidad de hacerlo a través del otro. Quizás esa sea la sabiduría de este tiempo, ser uno mismo con el ser, y el ser lo incluye todo. Lo eterno y lo perecedero. Lo palpable y lo intangible. Lo visible y lo que sin ser visto, es. Quizás por eso cuando ayer nos  preguntaron como nos sentíamos lo describí con una palabra: fe. La fe como esa sustancia que emerge de lo invisible para señalarnos, quizás para indicarnos, que hay más vida de la que podemos abarcar, y sobre todo, que hay una vida diferente, una esperanza hacia algo mejor. Y esa vida la sentimos ayer cuando fuimos al bosque mágico para abrazar al árbol maestro, al sabio abuelo del bosque que con su majestuosidad protege toda esa ola de vida que cuida de todo cuanto allí ocurre.

Es hermoso ver como la vida en comunidad tiene un nuevo sentido. Ya no se trata de dejarnos fascinar por experiencias cumbre, por momentos mágicos –a veces ilusorios- ni por exquisitas y privilegiadas oportunidades. Se trata de traspasar el modelo añejo de convivencia y empezar a explorar la oportunidad de un mundo nuevo, diferente, mejor. No porque lo que tenemos sea malo o imperfecto. Tan sólo con la humilde intención y de nuevo, la fe, de querer mejorarlo. Y esto implica un esfuerzo generacional. Lo veo en las personas que llevan más de cincuenta años en esta comunidad, que han sacrificado media vida para que el ideal se tornara carne y de como esa nueva fe y esperanza es traspasada, a cual testigo, a las nuevas generaciones. Hay un trabajo ya hecho, ahora toca sacar las nuevas versiones, mejorarlas y proyectarlas hacia el mundo.

Es el precio de ser pioneros, de ser la avanzadilla de un ideario que deberá ser imitado por útil y por necesario. Sin entrar en detalle en todas las imperfecciones u errores a los que podría caer cualquier tipo de experimento, doy gracias sinceras por este ejemplo y por este esfuerzo individual y colectivo. Un día hermoso y mágico donde las experiencias se han multiplicado para llenar este momento de enseñanza y consciencia.

EL ÁRBOL MAESTRO


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A las siete cincuentainueve el autobús ya estaba arrancando para salir exactamente a las ocho, ni un minuto más ni un minuto menos. La famosa puntualidad inglesa también es extensible a Escocia. En pocos minutos llegamos a Cluny, una de las extensiones de la comunidad. Desayunamos algo y nos fuimos cada uno a nuestro departamento de servicio.

Antes de empezar el trabajo en la cocina, hicimos un círculo donde nos presentamos cada uno a su manera para luego, estrechados con las manos, dar gracias por la oportunidad de servir y agradecer la compañía y las fuerzas del mundo angélico. Ese pequeño ritual que ya experimenté hace seis años pretende inspirar una nueva forma de trabajar. Y lo cierto es que lo consigue. Me imaginaba haciendo este mismo gesto en todos los trabajos, en todas las empresas, instituciones y organismos. Sentarse en círculo simplemente para dar gracias mirándonos a los ojos e invocar la inspiración correcta para el trabajo correcto. Ese simple gesto diario sería una revolución en el trato existente en las empresas y en la forma de trabajar de sus miembros.

Así que mientras preparábamos ensaladas, pasta y otros manjares con productos recién recolectados de la huerta de la comunidad, sentíamos que ese alquimia en la cocina tenía un algo especial. Al terminar el trabajo, cerramos de nuevo el círculo para agradecer esa oportunidad de servicio y de presencia con el espíritu uno, con la belleza de poder participar en la cocreación universal.

Tras comer en el lujoso hotel convertido en comuna, cogimos de nuevo puntualmente el autobús que nos llevó al centro de la Comunidad. Sin tiempo para nada, hoy tocaba dinámicas de grupo que nos haría transformar nuestra percepción interior y exterior. Algunos lloramos, otros reímos, otros se mostraban felices y radiantes, otros tímidos al principio y plenos al final. Lo importante era crear el ágora grupal, el sentido uno más allá de nuestras percepciones y personalidades. La dinámica lo consiguió.

A las seis cena y de nuevo nuevas charlas y experiencias. Una muy bonita ha sido la intervención de una mujer muy especial, sensible hasta el extremo y con una conexión indescriptible con el mundo de la naturaleza. Con sencillez y naturalidad y un rostro totalmente angélico nos ha hablado de los devas, de las fuerzas de la naturaleza y de la importante conexión que el ser humano debería forjar en cuanto formamos parte de ese ciclo de vida que todo lo envuelve. Nos ha hablado de lo que llama el árbol maestro, esos árboles viejos habitados por espíritus especiales y que protegen a todo un bosque con sus raíces y su extrema aura.

La charla ha sido tan inspiradora que nos hemos marchado al bosque a dar un paseo y allí hemos disfrutado con los conejos y un hermoso ciervo que se ha cruzado entre las dunas y los árboles. Una bonita despedida para un bonito e intenso día. Ahora es media noche en punto y toca cerrar los trabajos. Mañana habrá más y mejor.

(Foto: Conversando con algunos miembros de la Comunidad).

LA COMUNIDAD DE FINDHORN, UNA ESCUELA DE MISTERIOS


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Javier, Ana y Maita son los facilitadores que nos guían por las múltiples actividades que vamos a desarrollar durante la intensa semana de experiencia. Javier era psicólogo de profesión en Madrid. Un día, cansado del mundanal ruido de la vida en ciudad decidió dar un giro a su vida y terminó en Findhorn. De eso hace más de veinte años. En los primeros días de su estancia en la comunidad, cuando el mismo estaba ofreciendo lo que aquí llaman “amor en acción”, es decir, los trabajos que se realizan en toda la comunidad, tuvo una revelación. Aquella mañana le había tocado limpiar el musgo de los jardines de Cluny, una de las áreas de la comunidad que se encuentra a unos kilómetros de aquí, un antiguo hotel reconvertido en comunidad. Era invierno y llovía y no entendía qué hacía allí, porqué abandonado su cómoda vida de psicólogo para terminar quitando musgo. En ese momento sintió una voz interior que le dijo: “no has venido al mundo para hacer nada, sino para ser”. No importa lo que hagas, nos explicaba Javier, lo que importa es con la intención o el propósito, con la consciencia que apliques a cada acto de tú vida.

Aquí la luz entra muy temprano por los ventanales de la casa ecológica. A las cuatro de la mañana empiezan los primeros rayos de luz que nunca se ven. A las siete ya estás desvelado y pronto empieza la jornada. Todo el día se vive en esa neblina gris que cubre todo el cielo y durante el día tienes que ir bien abrigado a pesar de ser mediados de julio.

Vivir en una ecoaldea tiene sus peculiaridades. Al ser domingo media comunidad estaba concentrada a las nueve y media en el “Meeting room” del Centro Comunitario para participar en los cantos de Taize. Todos los días a las ocho menos cuarto hay una breve celebración de estos cantos después de la meditación de las seis y media. Pero al ser domingo la celebración se ha alargado y la participación rondaba casi las cien personas.

También, al ser domingo, hemos comido a las once de la mañana. La hora habitual es comer a las doce y media y cenar a las seis. Después de comer hemos tenido un tiempo para trabajar en grupo, presentarnos, hacer alguna dinámica y marcharnos de visita a Cluny. El paseo ha sido interesante porque allí Ana, la cual ha sido hasta hace unos meses la directora de la Comunidad, nos explicaba el origen espiritual de la misma. Un origen teosófico y rosacruz, conectado con el cristianismo esotérico y con el sufismo, ya que los tres fundadores pertenecían a una de estas ramas de la espiritualidad. Ana lo ha expresado de forma muy clara y sin tapujos: Findhorn es una comunidad de Servicio pero también una escuela de misterios. Es muy interesante esta definición por muchos matices que tienen que ver con esas cosas que no entendemos pero que la vida lo muestra, ante nuestra ignorancia, como un “misterio”. Existen los misterios mayores y los misterios menores, así como las Escuelas de Misterios Menores y las Escuelas de Misterios Mayores tal y como lo explica la antigua tradición. Las escuelas sirven para enseñarnos a comprender los rasgos y particularidades de esos misterios, y sobre todo, para identificarlos ante el ser, ante la presencia una.

Tras un paseo hermoso por los jardines de Cluny hemos vuelto en el autobús de la comunidad, hemos cenado y hemos hecho más dinámicas de grupo con bailes y danzas que intentaban inculcar algún tipo de valor o intención. Luego hemos repartido las áreas de servicio y me ha tocado en la cocina de la comunidad de Cluny, a la cual dedicaré las próximas mañanas para reencontrarme, entre ollas y guisos con el “ser” y sus “misterios”. Que así sea.

Desde Findhorn, Highlands, Escocia


 

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«Basta de hablar sobre los viejos tiempos, es momento para algo grande.
Quiero que salgas y hagas que funcione»… Thom Yorke

Tras tres días viajando por tierra y mar, atravesando ciudades como Paris, Londres o la hermosa y eterna Edimburgo que ayer nos acogió pasando una buena tarde, durmiendo en lugares increíbles como en ese perdido lugar de las Highlands donde anocheció sin anochecer y nos despertó un sol sin sol, llegamos felices, sanos y salvos, a la bahía de Findhorn.

Cuando dejamos atrás los prados verdes y las colinas bajas y llegamos a Forres, los nervios y los recuerdos empezaron a amontonarse de repente. Llegamos cansados pero felices a la Comunidad de Findhorn. Poco o nada había cambiado excepto la construcción de nuevas viviendas a lo largo de la bahía. Los colores parecían más vivos que los de aquel frío invierno de 2007 donde mantuve una relación muy estrecha con la experiencia de vivir en la utopía hecha realidad.

Comimos algo en el añorado “Blue Angel”, dimos un paseo por las dunas y la playa, atravesamos la bahía y nos dio tiempo de reposar un rato tumbados en la hierba a la espera de que llegara el grupo que completaría con nosotros la “semana de experiencia”. Cenamos en el comedor comunitario, el mismo donde hace seis años conocí a Anja y a continuación se marcharon a experimentar unas danzas shamánicas que al parecer te hacen entrar en trance.

He preferido quedarme solo en la casa, escribiendo un poco y ordenando correos y consultas de clientes que ya preguntan por el nuestro próximo lanzamiento, “Dios”, un especial y sugerente libro escrito por Emilio Carrillo y que ya se puede descargar en formato ebook desde nuestra web.

Desde esta silenciosa ventana veo el verde y las flores de la comunidad, los tejados cargados de hierba, las madreselvas que todo lo cubre y la exuberante y espectacular naturaleza que por aquí se despliega por todas partes. Hemos llegado sanos y salvos y ahora toca responder a cuestiones y doblegar sentires. Toca acariciar el rostro de la inmensidad de cerca, agradecidos, humildes. Toca abrazar la generosidad y compartirla, pero toca también dejar atrás el pasado y ponerse a trabajar en el presente y el futuro. Ya no vale mirar a otra parte, ahora hay que ponerse el traje de faena y del compromiso y dar una vuelta de tuerca más a la creación y la plasmación de la utopía. Estamos atentos, estamos preparados.

Desde Londres


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La ventaja de viajar en un coche híbrido es que puedes recorrer media Europa por poco dinero. Si además duermes en sus cómodas estancias y te duchas en cualquier fuente, el placer del viaje libre es doble. La comida se soluciona a base de las casi cincuenta croquetas vegetarianas que hicimos dos días antes y algunos cereales y galletas que nos acompañan junto a dos garrafas de ocho litros de agua. De lujo.

Eso hemos hecho estos días. Ahora tomamos un café en Londres, aprovechando que por la noche cruzamos el Canal de la Mancha por tan sólo 23 euros (hacerlo de día puede costar cinco veces más) y dormimos en un barrio lujoso rodeados de bosques y campos, acurrucados en el coche porque aquí hace frío (vamos con el forro polar y manga larga). No hay sol, todo está gris, pero todo es emocionante.

Nos dirigimos a Escocia y pasaremos nuestra tercera noche en tierras de reminiscencias. Mañana por la mañana tendremos que estar en la comunidad de Findhorn, donde hace tres meses había programado pasar al menos seis meses allí para terminar la tesis doctoral y que, ahora, por temas diversos, tan sólo visitaré durante una semana para terminar algunos rápidos flecos. Unas previsiones de ingresos en la editorial que al final, por deslealtad o caprichos del destino no hemos recibido, han impedido que las cosas salieran de forma más recta. Pero eso no ha impedido que intentemos condensar los seis meses en seis días intensos para redactar parte de la tesis y cerrar un gran capítulo vital.

Lo demás será aventura, porque viajar así, prácticamente con el dinero ajustado al milímetro y sin capacidad de mucha reacción en caso de que las cosas se complicaran, tiene sus cosas. Pero es el precio que hay que pagar para hacer aquello que tienes que hacer a pesar de las difíciles circunstancias. Las cincuenta croquetas se terminaron esta mañana, así que tocará improvisar alguna modesta comida.

Seguimos la ruta hasta donde lleguemos y más allá. Todo sea por la causa, y las causas. La “semana de experiencia” en Findhorn nos espera, y sobre todo el recuerdo de saber que allí empezó todo, en esa hermosa bahía, hace ya algunos años. Suficiente excusa para que la aventura Utópica nos anime a seguir. “Creando Utopías” nació allí, y ahora, verá luz, más luz… con o sin dificultades añadidas… (¿No son estas las pruebas de todo viaje iniciático, vencer los miedos y la incertidumbre y salir al encuentro de la aventura desnudos, sin nada?)

La picadura del Absoluto


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Chögyam Trungpa, un maestro budista que nos habla del materialismo espiritual decía: “recorrer el sendero espiritual correctamente resulta ser un proceso sutil; no se puede emprender el camino con un salto ingenuo. Hay en el camino numerosos desvíos que sólo conducen a una visión deforme y egocéntrica de la espiritualidad; nos convencemos de que estamos creciendo espiritualmente cuando en realidad sólo fortalecemos nuestro egocentrismo por vía de las técnicas espirituales”.

Este camino y estos desvíos de los que sabiamente nos habla Chögyam Trungpa los hemos vivido plenamente en nuestras carnes. Tienen que ver en muchos casos con esa parafernalia que pervierte todo cuanto rodea a lo interior, ofreciendo expresiones de consumo de última generación, elaboradas y complejas teorías mistico-esotéricas, las últimas modas en artilugios de toda clase para poseer, aparentemente, una vida superior, mejor, espiritual.

Pero en verdad esas cosas nos alejan tremendamente de lo “espiritual”, porque no dejan de ser avisperos de egos que se reúnen en torno a una confusa y vaga idealización del misterio. Nada que ver con la sencillez del simple y humilde amor al prójimo, o del radiante ejemplo del sol como dador universal. En la espiritualidad materialista solo nos queremos a nosotros mismos, y sólo esperamos nuestra salvación.

La tarea difícil, la que reclama más cuidado y atención es bajar el ideal al mundo tangible sin hacer ruido, sin creernos de una raza diferente por practicar el último rito o emular cualquier meditación transcendental delante de un grupo de acólitos. Lo difícil es expresar simpatía, compasión y respeto, valga la paradoja de estas palabras, por aquello que nos acerca al infinito para llegar exhaustos al finito. Lo difícil es expresar humildad auténtica para reconocer que toda esa parafernalia que hemos construido alrededor nuestra no sirve de nada sino somos capaces de lo más sencillo, de lo más humano, de lo más leve.

Y reflexiono sobre estas cosas a unas horas de emprender un viaje largo en hotel Prius hacia el norte de Escocia. Un intensivo de una semana para comprender aún más las dificultades de poner en práctica el ideal, ahora que tan cerca estamos de vivirlo en nuestras carnes. Viajar hasta la bahía de Findhorn y convivir de nuevo, como hace unos años, con las gentes que me acercaron a la utopía, tiene mucho de parafernalia, quizás la última en un eslabón torcido que pronto será abandonado.

Esa será la tarea, cerrar un ciclo largo que empezó allí, con la escritura además del libro que dio nombre a este espacio, “Creando Utopías”, dotando a este tiempo de una nueva oportunidad para, ahora sí, hollar el sendero sin necesidad de deformaciones ni saltos ingenuos, sin desvíos y sin atolladeros que nos alejen de la esencia de ese Camino que en el plano ideal llevamos años transitando. Es hora de dar un salto aún mayor, de conjugar un compromiso más estrecho y seguir la línea de experimentación que se ha trazado para los próximos años.

Por lo tanto este viaje tiene mucho que ver con esa picadura del Absoluto que alguna vez describí en un libro de próxima publicación, esa picadura que te conmueve y no te deja vivir a no ser que sea mirando en lo profundo, sintiendo la alegre emoción de seguir en la llama viva y aprendiendo que nada sirve si no somos capaces de volver al círculo de la humildad absoluta, a la sincera práctica del amor sincero. Cuando el Absoluto te ha picado, ya no puedes volver la cabeza atrás. Todo se transforma y todo se encamina hacia un propósito claro y conciso. Ya no hay excusas. Ya no hay vuelta atrás. Sólo hay Camino y ese Camino sólo puede ser transitado en silencio, humildes, pobres. La falsa promesa de la abundancia nos desvía, porque el Camino ya es abundante de por sí, por lo tanto, lo único que necesitamos es perderlo todo para ganarlo todo. Caminar sin nada, caminar sedientos.

El Camino del Alma


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Estimado L.,

aquí te adjunto las cartas de los años 2004-2006. Te he buscado entre sus páginas pero no te encontraba. La razón es simple. Aún no nos conocíamos. Descubro con sorpresa la intensidad del epistolario con M., y que, tras la selección de estas primeras cartas, existe un compendio mayor a partir de 2006. Así que si todo va bien, habrá una segunda parte.

Me ha escrito M. esta mañana. Muy escueto, pero suficiente para abrir una brecha. No sé si pudiste hablar con él. Si fue así, te lo agradezco porque ha dado resultado. Si no fue así, no importa, nos hemos adelantado en unos meses a los dos años que predije.

Haremos un libro modesto, sin grandes pretensiones. No competirá con el tuyo en ningún sentido porque son diferentes. Sólo servirá para hermanarnos aún más, y por mi parte, cerrar una etapa con broche de oro.

Mañana, en el viaje a Escocia, donde voy para cerrar otra etapa, empezará un nuevo reto, una nueva historia, un nuevo momento vital importante en mi vida. Espero que participemos juntos en nuevas aventuras en la vida cíclica. Hoy no podremos vernos en la Costa Brava. Mañana viajo y ando apresurado cerrando algunas cosas. A ver si a la vuelta con calma tienes un hueco. De todas formas, a partir de agosto dejamos Cadaqués y estaremos, al menos ese mes, por Madrid.

He visto tu web. Muy buen trabajo. Sólo enfatizar algo: tienes mucha, mucha, mucha madera de escritor. Y además, tienes mucho, mucho, mucho talento como escritor. El brillo es innegable. Acuérdate de lo que hablamos del alma. Olvídate de lo aparatoso. Eres muy bueno y debes quitarte los miedos e inseguridades que pudieran mancillar tu escritura.

Con esto me refiero a que no necesitas de tu nombre ni de tu apellido para ser bueno, sólo de tu alma. Aprende a escucharla, y recuerda que eso solo se consigue con el silencio, el exterior y el interior. El ego, la vanidad, el orgullo, las apariencias, nunca fueron herramientas de un Whitman o un Borges.

El camino del alma es muy lento, pero siempre es seguro. Crea tu propia leyenda exterior, de éxito, de victoria. Pero la batalla verdadera la encontrarás en lo interior. Recuerda el ejemplo de tu tío pero no intentes imitarlo. Recuerda el ejemplo y las cosas buenas de un M. o de un J., pero no intentes imitarlos. Tú eres lo suficientemente bueno para ser mayor que ellos, más grandes que ellos. Sólo tienes que bucear un poquito en tu búsqueda y en el sentido interior de tu existencia.

Ahí dentro hay un propósito hermoso que podrás expandir sin dificultad, e irradiar todo lo que llevas dentro. ¿Cómo ser inmortal en ese proceso? Dando… Dando tu brillo a los demás, preñarlos de ti con tu talento, sea el que sea. Ese es el Camino del alma.

Un abrazo sentido y gracias de corazón por estar ahí.

La técnica de la presencia


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Resulta difícil vivir la vida ignorando, como muchas veces se hace, a la propia vida. Estar presentes no es fácil. Nos levantamos de forma autómata sin ser del todo conscientes de que existimos, de que estamos vivos. Es un tema recurrente, necesario abarcar, para ir marcando el poso en la consciencia. Lo es porque resulta cada vez más difícil estar aquí y ahora sin perder el norte de lo que somos. Lo es también porque muchos aún no hemos intuido o no sabemos lo que somos.

Vivir en la ilusión placentera del día a día, con sus preocupaciones diarias, con sus miedos a la hora de afrontar nuestra carga semántica, nuestro vocablo abyecto, nuestra desidia por todo, tiene sus márgenes de lucidez. Hay que aprovechar esos atisbos, esas ráfagas de luz que a veces nos atraviesan para condensar en ese instante el impulso necesario para hacer aquello que justamente debemos hacer.

Detrás de la escena del devenir diario existen unos propósitos, unas intenciones que marcan el rumbo de nuestras vidas. Siempre vivimos ajenos a esos estímulos que nacen de lo profundo, a esas metas que nos llevan por caminos la mayor de las veces increíbles. A veces sentimos la incredulidad de seguir más allá, de apostar más allá, de bucear y profundizar más allá.

Pero la vida nos puede. La depresión nos puede. La responsabilidad nos puede. La tristeza nos puede. El tedio nos puede y guía nuestros pasos autómatas. ¿Por qué nos sentimos así de pesados e inertes? La razón es porque no habitamos en la Presencia, es decir, no habitamos en nosotros mismos, y por lo tanto, ignoramos la realidad profunda de todas las cosas y la realidad profunda de lo que somos.

¿Cuándo vamos a empezar a explorar lo que somos para entrar de lleno en la vida? ¿Cuándo vamos a interrogarnos sobre nuestro propósito vital? ¿Y sobre el propósito de la existencia entera? ¿Aún no sentimos curiosidad por el misterio de un amanecer o el tierno balanceo del aire y su susurro? ¿Nadie es capaz de despertar a la consciencia cuando le roza el aleteo de una mariposa o el beso de un ser amado? ¿Aún no somos capaces de estremecernos ante tanta belleza y ver en nosotros esa extrema perfección?

La técnica de la presencia consiste precisamente en pararnos y ver en lo cotidiano, constantemente, la increíble expresión de vida y la maravillosa existencia danzando a cada instante. Cuando lo hacemos, empezamos a saber quienes somos y empezamos a caminar felices, muy felices, por el extremo superior de nuestro verdadero camino, sintiendo nuestro verdadero linaje interior y la expresión del mismo ante las maravillas de la vida. Cuando estamos presentes, de alguna forma intuimos quiénes somos y empezamos a obrar en consecuencia.

Seguimos comprometidos


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«Nuestro deseo es que paséis un verano feliz donde podáis descansar y reflexionar sobre todo aquello que nos hace mejores. El esfuerzo individual y común nos ha de conducir hacia la resolución de los conflictos. Nosotros queremos seguir apostando con nuestro compromiso y trabajo en esa labor«. 

Nuestra editorial debe ser de las pocas existentes en España que ha sobrevivido a la crisis con cierta dignidad y sin la necesidad, desde su creación en el año 2006, de recurrir a ningún crédito bancario. Eso nos ha permitido en todo momento ser una editorial totalmente independiente de intereses o lobbies, editando así libros comprometidos y ajustados a nuestra filosofía de compromiso y responsabilidad con el bien común.

Editorial Séneca edita libros no comerciales, es decir, que tienen escasa o nula pervivencia en el afanoso mundo de la venta. Esa fue la condición de su creación. Una editorial diferente que ayudara (y así lo ha hecho con más de cien autores) a editar libros de escritores noveles, desconocidos, anónimos, que difícilmente hubieran podido entrar en el escenario literario a no ser de la mano de proyectos como el nuestro. Además, tiene como misión el poder rescatar nuestra cultura más arraigada, profunda y anónima, con la esperanza de poder ofrecer esas historias de nuestra gente y de nuestra cultura intangible que por razones diversas terminan desapareciendo para siempre.

También tenemos un compromiso marcado con la nueva consciencia, con la nueva cultura ética y con todo aquello que tenga que ver con el cambio que se ha de tejer en el individuo. Para ello nació Nous, un sello que pretende conservar y difundir no sólo la sabiduría perennis, sino también aquellos valores y principios que han de hacer de personas buenas, personas mejores.

La Editorial Dharana es un proyecto ambicioso que pretende poner ese acento enlo común, en lo grupal, en el compromiso con la sociedad y con la comunidad. Sus libros desean impulsar el movimiento de la consciencia grupal, denunciando todo aquello que pervierte nuestra convivencia y poniendo énfasis en los valores de la nueva cultura ética que ha de guiarnos por un mundo diferente y mejor.

Este esfuerzo es ingente. Al ser una editorial independiente y al editar libros no comerciales resulta cada vez más compleja su supervivencia en el devastador mundo de la cultura y la empresa. Sin embargo, seguimos ilusionados y apasionados por nuestra labor, porque estamos convencidos de que tiene un valor hacia el bien común, provoca, aunque sea de forma testimonial, un trozo de ese cambio que todos deseamos y despierta consciencias necesarias para la fundamental e imprescindible transformación grupal.

Este mes tenemos algunas novedades importantes. Entre ellas, vamos a lanzar el libro “Banca Armada vs Banca Ética”, un libro denuncia escrito por Jordi Calvo y prologado por Arcadi Oliveres. La impresión y la difusión del mismo tiene un coste aproximado de unos cinco mil euros. En los meses de julio y agosto las ventas siempre son muy escasas, por eso, como todos los años, queremos lanzar algún tipo de oferta que nos ayude a afrontar de forma independiente la impresión de este importante libro en meses difíciles.

Este año ofrecemos a todos aquellos que deseen apoyar esta causa, cuatro libros (a elegir entre todos nuestros sellos y libros) al precio de treinta euros. Podéis enviar vuestros datos de compra y envío a seneca@editorialseneca.es y hacer una transferencia directamente a nuestra cuenta de la editorial (Dharana Press SL, cuenta en el banco ético Triodos Bank número: 1491 0001 24 2029261720

Como siempre, gracias de corazón por vuestro compromiso y apoyo y pasad un feliz verano consciente.

(Foto: Editor senequista transmitiendo los valores de la lectura en bibliotecas).

Glamour, sus contados días de gloria…


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La Verdad no puede rebajarse, es más bien el individuo quien debe hacer el esfuerzo de elevarse hacia ella. No pueden traer la cumbre de la montaña al valle; si quieren alcanzar la cumbre de la montaña, deben cruzar el valle, subir la cuesta, sin temor a los peligrosos precipicios”.  Krishnamurti

DK escribía un libro a mediados de la década de los cuarenta del siglo pasado con el sugerente título de “Glamour, un problema mundial”. En aquellos tiempos ya era incipiente que lo glamuroso, el espejismo, el maya, la ilusión, empezaba a hacer mella en la sociedad moderna, al menos de forma cada vez más generalizada.

El glamour es el hijo bastardo de la vanidad, del ego que se alimenta de sí mismo, esa «oscura y ame­nazante nube» que sirve para ocultar la «nube de cosas cognosci­bles» tal y como lo expresa Patanjali en su Libro Último. Empieza a colarse en nuestras vidas de forma inocente. Primero un halago, luego un impulso, hasta que llega a la esfera de poder e influencia y ahí nos posee.

Cuando eso ocurre perdemos el sentido de la realidad, de lo ético, de lo correcto. El fin se convierte en meta y los medios no importan, ni las formas, ni el sentido de coherencia o ética. Lo que antes era amor incondicional ahora se convierte en una perversa forma de engaño y burla.

En estos años he podido ver como el glamour se apoderaba de la vida de personas por las que sentía un especial cariño. Veía como el engaño y la mentira se apoderaban de ellos y como los focos y las luces de los flases encerraban su alma en una caja oscura, apartándola de lo esencial.

Todo empieza como un inofensivo juego. Una entrevista en la tele, una portada en una revista, gente que admira incondicionalmente sus vidas. Luego llega el fraude y la mentira, porque ambas, cuando perdemos el sentido de las cosas, arremeten contra todo. Cuando nos queremos dar cuenta, ya vivimos y nos alimentamos del glamour, y no podemos prescindir del mismo. Se convierte en una especie de parásito cuya simbiosis no podemos despreciar.

Estos días, y por segunda vez en pocos años, estoy viviendo de nuevo la experiencia del desgarre, de ver personas a las que quieres como se pierden en el turbio camino del glamour sin entender que el trabajo hacia la Verdad no pertenece a un individuo, sino que es el poder de un grupo integrado, compuesto por personas que tienen una visión común y un propósito grupal establecido, lo que crea las condiciones para que el trabajo Uno pueda prestar un gran servicio a la humanidad.

Los egos vanidosos se pierden en el camino y fracasan en su trabajo de unidad. Crean instituciones y mensajes poderosos que utilizan en nombre de cierta “verdad”, esperando que sea esa verdad la que baje de la montaña. Por dos veces en pocos años veo como dos personas queridas se pierden en la decadencia del ego, y además por la puerta grande, llenos de glamour y cámaras.

En 1929, un sabio Krishnamurti disolvió la Orden de la Estrella de Oriente. En su discurso de despedida dio un mensaje que rompía claramente con el glamour y la mentira, con las “verdades” que se utilizan y se proclaman de forma gregaria y sectaria. Los que han aprendido la lección trabajan en silencio apoyados por la fuerza grupal, a sabiendas de que la solución a toda esta pérdida de sentido siempre será un verdadero espíritu de humildad. Los egos glamurosos, tras vivir sus días de gloria, terminan olvidados y arrinconados en la más espesa soledad. No fueron capaces de renunciar a sí mismos, y al olvidar esa gran prueba del Guardián del Umbral, perdieron la batalla en el último tramo. El Ángel se retira y vence el Morador. La derrota ya está trazada.

Embelleciendo nuestro mundo


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Todos los días gastamos miles de millones en cosas y acciones que no añaden nada a nuestra evolución ni a nuestra felicidad. Miles de millones en drogas, en golosinas, en licores y tabaco, en joyas, en pieles, en placeres y violencia, en armamento, en guerras, en inútiles acciones diarias que nos complican la existencia en vez de mejorarla.

Gastamos mucho dinero en distracciones que nos alejan de nuestro principio esencial, de nuestro camino en la vida, de nuestra lección vital para mejorar como seres y como raza. Vivimos aún, a pesar de los avances, anclados en el individualismo más arrollador, donde lo importante es satisfacer nuestros pequeños placeres diarios, empezando por ese derroche violento que ejercemos en la comida y ese derroche constante en pequeños gestos que provocan que la suma de todos ellos se conviertan en una plaga aniquiladora de planetas enteros.

No somos conscientes del poder que todos esos gestos provocarían si reutilizáramos esas acciones en cosas y acciones que ayudaran a la humanidad en su búsqueda por un nuevo camino, un nuevo despertar, unos nuevos valores que propagar y compartir. La existencia de una nueva civilización siempre empieza por el cambio gestual de nuestras acciones individuales, de nuestros pequeños gestos diarios.

Paradójicamente, se necesitan miles de millones para vencer al egoísta y endogámico materialismo. Se necesitan miles de millones para reconstruir nuestros valores y reconducir nuestro camino, para embellecer nuestras casas, nuestros hogares, nuestras ciudades, nuestros países con una luz diferente, con una belleza indescriptible que haga de nuestra vidas algo con sentido.

¿Cómo podemos invertir nuestros recursos en embellecer nuestro mundo? Primero hay que tirar y reciclar todo lo viejo. Vaciar nuestras casas de objetos inútiles, de cosas y cosas que hemos ido acumulando durante tanto tiempo. Esa higiene de “cosas” provocará una higiene de “energías” acumuladas en esas cosas que enturbian nuestras vidas, que la embrutecen y la confunden. Es necesario dejar de estar atrapados a esa energía, a esas cosas, y es necesario deshacernos de lo añejo para que la nueva luz pueda entrar. Cuando las cosas y los hogares se iluminan con esa nueva luz, empieza un bonito trabajo que nos ayuda a caminar más ligeros por el camino de la nueva consciencia. ¿Qué significa eso? Significa que estamos más libres y abiertos para conectar con nosotros mismos, ya alejados de los hilos y cadenas que nos atan a la vida cotidiana, a sus objetos, a sus energías. Por eso la limpieza es tan necesaria. Nos estimula y nos rejuvenece exterior e interiormente. Por eso debemos limpiarnos física, energética, emocional y mentalmente alejando de nosotros lo añejo y la podrido.

Luego es bueno decorar nuestras vidas con tonos suaves, con esa belleza que vemos en la naturaleza. Una planta, una piedra en alguna esquina, un cuadro que describa un amanecer, una pared blanca o celeste como el cielo… Es tan fácil hacer esa limpieza y redecorar nuestras vidas con nuevas energías.

Lo segundo es tener consciencia de las cosas que volvemos a meter diariamente en nuestras vidas e interrogarnos si esas cosas van a mejorar nuestra felicidad, y si realmente las necesitamos. Empezando por la esclavitud que durante eones se ha establecido en lo que comemos, en lo que vestimos, en lo que adquirimos. Más allá de las modas impuestas y de los gustos externos, ¿realmente necesitamos esas cosas?

Lo tercero tendrá que ver mucho con lo segundo y lo primero. Ya hemos cambiando la consciencia sobre lo que no queremos, sobre el cambio necesario, y ahora, ¿qué hacer con todo ese ahorro de nueva energía y nueva consciencia? Compartirlo… ofrecerlo al mundo para que mejore, para que sea mejor. Salir a la calle y barrer nuestro portal si está sucio. Ayudar a aquellos que ayudan a mejorar el mundo. Donar nuestro tiempo y nuestro dinero sobrante a causas que pretendan embellecer la vida de los demás, o crear nuestras propias causas. Haciendo esto pasamos del individualismo egoísta al pensamiento y la acción comunal, a la consciencia de grupo, de pertenecer a algo mayor. Nos convertimos, como decíamos ayer, en soles radiantes, en luminarias de un cielo nuevo y una nueva tierra plagada, incesantemente, e inevitablemente, de nuevos amaneceres. Hagamos de este mundo bello, un mundo mejor. Cumplamos con nuestra parte.

Dar


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Todo se pone en orden. Todos acudimos a la llamada de aquello con lo que resonamos. Cada cual termina alineándose a aquellas fuerzas que concurren libremente en el cosmos. Vivimos por resonancia. Si vibramos con esto o aquello seremos redirigidos hacia eso con lo que nos sentimos cómodos.

Si resonamos con una flor, esta se inclina ante nosotros para mostrar su perfume. Si tintineamos nuestra alma hacia los senderos más sublimes, estos nos conducen hacia esa paz interior que nos mece hacia las infinitas atmósferas de lo incognoscible.

Los seres elevados que nos cruzamos por el camino se identifican tan sólo por un gesto. Son imitadores del sol. El sol ilumina, solo sabe dar, solo muestra gratitud y generosidad sin esperar nada a cambio. Es un fiel reflejo de un principio cósmico que sostiene todos los astros y todos los universos. Es el principio del apoyo, del sostén. Es el armazón y el cimiento con el que se construye todo cuanto existe. Es el amor, y el amor es la generosidad en su más extrema manifestación.

La abundancia nace del dar, no del recibir. Dar no significa hacerlo a sabiendas de que vamos a recibir algo a cambio. Dar significa dar, sin esperar nada, sin obtener beneficio, plusvalía o contravalor. Por eso los seres elevados dan y desaparecen. Dan todo lo que pueden, todo lo que necesitas sin coger nada a cambio, sin reclamar nada a cambio. Esa es su grandeza, y así se les identifica.

Cuidado con los que dan y te reclaman pago, o los que dan y te exigen, o los que ofrecen pero esperan un interés. Cuidado con los que dan y presumen de ello, o lo recriminan cuando no respondes a sus expectativas.

Dar es soltar, es mostrar en silencio que nada tiene sentido en la vida si no nace de esa amalgama universal. La mixtura que sostiene toda la creación es lo que nos debe dar aliento, porque ese dar es la señal de que empezamos a comprender el mecanismo de esta alianza universal.

Dar francamente, dar calladamente, en los pequeños gestos diarios. Dar una sonrisa, un saludo, un abrazo, una mirada. Dar sin que tu mano izquierda vea lo que hace tu mano derecha. Dar y no pedir, dar y no exigir, dar y no oprimir ni ofender. Dar incondicionalmente, totalmente, completamente. Darlo todo y perderlo todo para que el universo restablezca la paz en el mundo. Cuando das de esa manera, te conviertes en sol y en estrella y en nube. Te conviertes en parte imprescindible de la creación y por lo tanto, te conviertes en firmamento.

Ya es hora de levantarnos del sueño


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“¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices? Si tú, al oírlo, respondes «Yo», Dios te dice: «Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien, busca la paz y síguela». Regla de San Benito

Estaba releyendo la Regla de San Benito y me vino a la memoria esos primeros cenobitas, esos hippies de la época medieval que formaban monasterios para intentar llevar una vida mística, en comunidad y cerca de la esencia del Absoluto. En aquella época de revival espiritual eran muchas las voces que se levantaban en contra del mundo mentiroso, como lo llamaban algunos. Ese mundo no era otro que el del egoísmo, el de las guerras, el de la ilusión de la materia, que ellos creían provenía de las fuerzas de la oscuridad, del mismísimo Satanás.

Por eso se retiraban, desencantados de ese mundo mentiroso, a vivir una vida sencilla y austera lejos del ruido de la ciudad. Elegían lugares inhóspitos, normalmente en montañas inaccesibles. A esos lugares, de hecho, le llamaban “desiertos” o “montañas”, porque fue en el desierto donde Jesús se enfrentó durante cuarenta días al “mal”, y es en la montaña simbólica donde se accede al mundo angélico, al mundo divino que nos ha de mostrar una forma diferente de entender la existencia.

El propio Jesús decía: «¿quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?» No todos lo queremos, ni lo deseamos. A veces marchamos como muertos vivientes, autómatas que dirigen sus vidas hacia lo que el mundo mentiroso nos reclama. Y resulta difícil encontrar la plena felicidad cuando nos regimos por cadenas invisibles, cuando no somos capaces de vivir en la más profunda de la humildad, sin desear nada, sin poseer nada excepto el aliento suficiente para continuar propagando la vida y sus enseñanzas.

Siendo así, ¿quién habitará en su morada, o quién descansará en su monte santo?, tal y como decía el profeta. Es algo tan difícil. Es tan difícil en este mundo cada vez más iluso el poder desprendernos del maya que atormenta nuestra visión. Son tantas las cosas y los estímulos continuos, es tanto aquello que nos hipnotiza a cada instante, tenemos tanto que proteger y defender, ignorando que esas cosas jamás podremos llevarlas a ninguna parte tras este viaje.

¿Cómo entonces luchar contra tamaña fuerza, ante tamaña red de complicidades? Nadie nos enseñó a ese “déjalo todo y sígueme”. Eso es de locos, de personas que han perdido el norte o no han sabido adaptarse a las promesas del mundo grosero y basto. Aún estando tan cansados de ese mundo, seguimos en sus manos, arrancando de nosotros el sentido verdadero de la vida. Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam, decían los templarios: nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, todo para la gloria de tu nombre.

Ese todo para ellos y nada para nosotros tiene una profundidad poco entendida. Es el sacrificio del ego para que pueda nacer el espíritu puro, el alma que nos une a todos en esa comunión de lazos invisibles. Es doblegarnos ante esa realidad que ahora permanece oculta, velada y confusa por el mundo tramposo. Es apostar por la vida plena, perderlo todo para ganarlo todo en absoluta libertad y alegría. ¿Quién está dispuesto?

¿Por qué ese sufrimiento voluntario?


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Esta era la pregunta que me lanzaba una queridísima escritora mexicana, amiga del alma desde hace muchos años y que sigue desde su pequeño palacio a este loco peregrino. Reflexionaba sobre ello mientras que escuchábamos las sabias palabras de Eduard, el dueño de la tienda «El Tao» de Cadaqués, el cual nos enseñaba orgulloso viejas ediciones argentinas de libros del Tibetano que yo admiraba como editor y lector asiduo de esos índigos volúmenes. Nos contaba sus andanzas en la Rue de Varembé de Ginebra, calle que yo mismo había frecuentado muchas veces. Y nos contaba como el suizo presumido hacía gala de su buen vivir mientras criticaba a otros pueblos quizás no tan afortunados sin caer en la cuenta de que ese buen vivir tenía un doble rasero, ya que mucha riqueza de ese país existía a costa de personajes como nuestro Barcenas, o de ladrones de guante blanco, o de tráfico de armas o de drogas o de…

Él hablaba y escuchábamos con atención, pensando que el Camino del corazón a veces es ajeno a casi todo lo que tenga que ver con lo superfluo y lo rancio, lo epidérmico y lo banal.  Cuando el Camino aparece claro y contundente no podemos apartarnos o huir del mismo o perder el tiempo en esas cosas que nada aportan a la esencia de lo que somos. Debemos saltar todos los muros que a veces crecen ante nosotros para obstaculizar la marcha. Los muros del miedo, de la desidia, de la pereza, del desazón. Pero también los muros del orgullo, de la vanidad y de la tristeza interior, de la crítica fácil y del egoísmo encubierto en miseria vital. Nuestra meta no es el no parecernos a un Bárcenas. Nuestra meta es profundizar en nosotros mismos para sacar a la luz del día nuestro más bello sol interior. Compartir nuestra luz, abrazar con nuestros rayos todos los rincones oscuros.

Siempre hay algo más poderoso que todo esa superflua enjundia. Caen todas las máscaras desgarradas por el patrón de la ilusión y la fuerza interior. Caen las cadenas que nos ataban a un pasado angosto y caen las turbulencias, los océanos infinitos que nos mantenían ahogados en esa playa aislada en mitad de la nada. El entusiasmo ante el portal que nos conduce al Camino es mucho más poderoso. La idea firme de saber cual es nuestro propósito nos conduce irremediablemente hacia la meta del logro, de lo posible, de la visión amplia, de la mirada profunda. Observantes, privilegiados ante la atalaya de la quietud, tranquilos ante toda circunstancia.

A veces, cuando sientes la necesidad de caminar por ese sendero claro y firme surge el sufrimiento voluntario, que no es más que soportar las asperezas propias del que se mueve, del que se inclina hacia la acción y abandona el regazo de la comodidad para adentrarse en la vida plena. ¿A qué tememos? ¿Qué importa aquello que pueda ocurrir en el camino? ¿No es más satisfactorio el resultado de la satisfacción interior que aquellas piedras inevitables, aquel fango, aquellos ríos y montañas imposibles, aquella penuria ineludible?

Realmente todo resulta apasionante, inclusive cuando tienes ante ti un angosto desierto y debes atravesarlo con tan sólo un poco de agua. La vida tiene esas cosas. Pero al final, merece la pena vivirla, con o sin sufrimiento, con o sin dolor.

Saber, querer, osar y callar


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Cuando era apenas un joven adolescente impresionado por todo lo que la vida aún tenía que mostrar, recuerdo que conocí a un anciano de pelo y barba blanca, vestido todo de blanco, alto, nacido en Japón y gran conocido en Perú y Venezuela, artista, compositor, diplomático, había sido un poco de todo. Sus discípulos le llamaban maestro, y a mí eso, junto a toda la parafernalia que seguía todos sus movimientos me llamó mucho la atención.

De alguna forma se interesó por aquel joven asustado y una mañana me encerró en una habitación y empezamos a hablar durante horas que parecieron años. Me dijo algo que nunca olvidaré: Debes saber, debes querer, debes osar y debes callar. Era algo incomprensible para aquella mente aún no formada, abierta a todo pero sin un sostén seguro, ni intelectual ni crítico. Saber, querer, osar y callar. Eso era todo lo que aquel hombre, que meses más tarde moriría para desgracia de sus acólitos, pudo ofrecerme.

Ahora con la edad y con el tiempo veo que aquella frase encerraba un mensaje, un potente conocimiento, un gran arcano que se pronuncia desde un estado íntimo y acogedor y que nos devuelve a la sabiduría primigenia, al método correcto para comprender el obrar de los grandes seres que en silencio, siempre en silencio (callar) osan y construyen un mundo mejor desde el querer y el saber. Y es ese silencio el que les conduce a un estadio superior de consciencia que no es otro que el de la más absoluta de la humildad. La humildad del sabio y la humildad del poderoso que sin hacer ruido, construye mundos y universos. La humildad de saber callar, de saber escuchar todo lo que nos rodea, de aceptar la diversidad en la unidad, de saberse paciente y consciente de que todo lo que ocurre, todo cuanto pasa, no es más que el destello de algo superior, invisible, conexo a todo lo existente.

Toda esa ligazón de vida, de sabiduría que entraña respuestas pausadas, pero osadía, mucha osadía para emprender el trabajo de doblegar lo fausto a un destino más noble y propenso. Como aquel hombre sencillo, ataviado con su túnica blanca que casi sin decir palabra, o expresando tan sólo un vocablo capaz de traspasar la barrera del tiempo hasta este mismísimo instante, es capaz de fusionarse con el sonido de ese oleaje marítimo que ahora escucho frente a mí. No hay mayor poder que trabajar en silencio, y transformar consciencias como ese mirlo que se posa junto al camino, te mira y te sujeta toda la existencia en un arrebato de belleza y ternura. No hay mayor imperio que el de perseguir oleajes en el tiempo, y ser recordado en una noche cualquiera por haber mostrado al mundo tan sólo cuatro palabras mágicas, poderosas, eficaces.

Presentación de «Voces Prestadas»


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Rosa Regàs es una conocida escritora que tuvo la gentileza y generosidad de acompañarnos ayer en la presentación del libro de nuestra querida Grela Bravo “Voces Prestadas”, en el Fnac de Barcelona. Rosa nos habló desde su experiencia y vocación de la necesidad de compromiso. Me gustó esa reafirmación constante ante la falta de compromiso y la necesidad de una sociedad comprometida.

El libro de Grela nos habla precisamente de esa vocación que muchas personas de buena voluntad tienen a la hora de comprometerse. Grela lo hace en todos los ámbitos de su vida. No sólo como artista y escritora comprometida, si no en su propia profesión y vida entera.

La violencia de género no es otra causa más. Lleva dentro lo que Grela describió como el miedo ancestral, el terror del ser humano a ser descubierto y apresado, reaccionando ante ese temor con violencia y fatalismo. A veces contra una mujer, y a veces contra todos los que rodean ese entorno familiar, especialmente los hijos que padecen esos escenarios.

Al final de la presentación y un poco con la necesidad de romper el hielo del público le pegunté de donde salía tanta violencia. Puse el tonto ejemplo de la violencia que ejercemos en la vida diaria, en la mesa, sin ir más lejos, cuando comemos. Algunos no entendieron el ejemplo pero había una profundidad en esa imagen que pudiera parecer aterradora. Somos violentos cuando comemos y ejercemos una violencia directa o indirecta, cuando sacrificamos un pollo y no lo comemos sin pensar en las implicaciones que ese acto natural ejerce en nosotros y en la sociedad.

A partir de ahí se desencadenan, a veces de forma desapercibida, una serie de patrones culturales arraigados en nuestra psique colectiva que ejercen la violencia como algo normal, y que solo nos escandaliza ante situaciones límite como guerras o asesinatos o violencia de género.

Una Grela inspirada expresó muy bien la necesidad de arrancar de raíz de nuestra sociedad esa plaga violenta, y la única fórmula posible y segura es mediante la educación. Una educación que empieza en los hogares y continua en las escuelas. Pero insisto, también en la mesa, en la televisión, en el deporte, en los patrones que nos condicionan desde hace generaciones y generaciones, creyendo a pies juntillas que eso que vemos como correcto, no es más que un arcaico comportamiento homo-animal.

Hubo un público generoso y entregado, una sala repleta y un ambiente acogedor. Intervino también Daniel, amigo de la autora, y tuvimos la interpretación musical de Begoña y Pilar, las cuales compusieron un tema inédito para este evento.

Así que gracias de corazón a todos por la acogida de ayer y gracias especiales a Grela Bravo por su generosidad y compromiso, por donar sus derechos de autor a la ONG ACTIVA y por expresar amor y compasión en todos sus actos y gestos. Al fin y al cabo, todo se traduce en pequeños gestos, que son los que nos hacen grandes.

Si podéis, tal y como nos decía Rosa Regàs, ayúdanos con este compromiso social a difundir este hermoso libro. Estamos convencidos de que con tu gesto podrás ayudar a muchas personas que sin saberlo, han sufrido o sufren violencia de género.

http://www.editorialdharana.com/catalogo/voces-prestadas?sello=seneca

Conduciéndonos hacia un propósito mayor


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Sólo cuando los cimientos están correctamente construidos se consigue que la superestructura reúna las condiciones requeridas. A veces, antes de que esos cimientos se hayan asentado fuertemente y arraigado a una roca firme pueden pasar años, muchos años.

Los placeres, los anhelos materiales, el sabroso sabor de la satisfacción personal, la complacencia sobre las aspiraciones más burdas… Hay una lista inmensa de fragmentos de nuestra vida que desembocan en ofuscaciones y juicios que nacen de la docilidad a la hora de satisfacer nuestros miedos y nuestra sensual comunicación con la existencia. Todo este cúmulo de emociones nos alejan de ese principio superior que nos hace humildes ante el estímulo de crecer humanamente, con altos ideales, con aspiraciones que superan nuestro interés particular, parcelario y egoísta.

Es difícil atravesar esa frontera, conectar con la esencia vital de eso que es mayor que nosotros y ceder a su Camino, a su irremediable consecución. Uno puede estar años construyendo la base ideal. Años de angosto trabajo para culminar una firmeza irreductible sin que a simple vista se vea resultado alguno. Pero una vez está la base bien construida, el resto de la casa se asentará fuerte y rápidamente sobre los cimientos. Surgirá de repente y de la nada la grandeza de la paciencia y el tesón, de la humildad y el esfuerzo.

Esos cimientos son la fortaleza interior, el no dejarnos arrastrar por la confusión, por el egoísmo, por la ignorancia y la credulidad, por el juicio o el prejuicio, por la vanidad y la pereza, por la desazón y inconstancia. Cuando eso se ha conseguido, cuando nos convertimos en una roca firme, empiezan a levantarse los tabiques, las paredes de los altos ideales, de la generosidad, de la humildad, del amor, de la compasión hacia todas las cosas.

Y ese alto ideal nos arrastra necesariamente hacia una nueva vida, hacia un nuevo renacer, hacia una nueva luz. Un nuevo sendero se apodera de nuestra existencia toda para llevarnos a la consecución de algo increíble y diferente. Lo que antes parecía una utopía ahora se torna una realidad bella y tangible. Lo que antes parecía un imposible ahora se vuelve tierno y dócil. Ya no nos interesa lo burdo, lo torpe, lo vanidoso. Ya no llevamos grandes relojes ni viajamos en potentes coches. Ya sólo nos interesa, como aquellos pescadores de hace dos mil años, dejarlo todo y seguir el Camino, la Verdad y la Vida, la verdadera Vida, que no es otra que la de convertirse en pescadores de almas, en seguidores de esa luz misericordiosa y bondadosa, de ese amor incondicional hacia todas las criaturas sintientes. Ese propósito mayor requiere de una gran confianza y fortaleza interior, porque el Camino, la Verdad y la Vida son sagradas razones para terminar nuestros días ante un apasionante viaje cargado de increíbles pruebas. Ya queda poco para que la Utopía se convierta en Creación. Ya queda poco para atravesar el sendero estrecho y sacar la cabeza hacia el otro lado.

La poderosa arma de la Quietud


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Es hermoso pasear tranquilo entre barcos que anclan en la pequeña bahía, entre huracanes que se mueven en todos los planos y entre esos seres del umbral angosto que pretenden alejarnos de ese Camino que nos ataña a todos, sin excepción. Me movía hoy tranquilo de un extremo al otro, desde la cala de Sa Cueta a la playa del Ros, intentando equilibrar las fuerzas, las energías que a veces se mueven en planos convergentes. No quería sentir esa frustración típica del cansancio o el aburrimiento por ver que las cosas no siempre suceden de forma armoniosa.

A veces la armonía hay que entenderla desde un plano superior entre eso que crea desequilibrio y aquello otro que arrastra al equilibrio perenne. Entre todo caos y todo orden siempre hay un punto de quietud. Es como esos grandes relojes de péndulo que nacieron en el siglo XVII donde la gran aguja central cae poderosa arrastrando el segundero de un extremo al otro del alargado instrumento. Si pudiéramos ver ese movimiento desde lo alto del péndulo, allí no habría más que quietud.

Ese punto de quietud es lo que nos mantiene firmes en nuestro propósito, en ese propósito poderoso que nos arrastra hacia las cosas más increíbles independientemente de las circunstancias adversas. Antes han tenido que existir muchas oscilaciones, mucha pérdida de energía entre un extremo y otro para saber encontrar el punto de equilibrio final, ese lugar donde nada se mueve, esa postura de observante donde no importa lo que ocurra ahí fuera mientras el interior siga indemne.

¿Y cómo gestionar esas energías que constantemente sacuden nuestro interior y nuestra vida cotidiana? Tan sólo con la poderosa fuerza que desarrollamos en nuestro afán diario por superarnos y por ser mejores personas, mejores seres humanos, mejores guardianes de la esencia de nuestro espíritu y nuestra raza. La quietud es una poderosa arma que nos catapulta hacia la indescriptible aventura de la vida. La quietud nace cuando somos capaces de vencer todo aquello que nos separa de nosotros mismos, y por lo tanto, del mundo real.

El día del Exceso


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¿Cómo construir una casa iluminada para morar en ella? La ONG Global Footprint Network mide con datos precisos la huella que el ser humano ejerce en el planeta. Sus datos suelen ser alarmantes. Por poner sólo cifras del año pasado, y según ellos explican en su informe anual, desde el 22 de agosto de 2012, la humanidad vivía a crédito. En los primeros ocho meses del año, los seres humanos agotaron la totalidad de los recursos que la Tierra es capaz de producir a lo largo del año. El 22 de agosto se alcanzó lo que Global Footprint Network llama el “Global Overshoot Day”, es decir, “el día del exceso”.

Esto no nos dice nada nuevo, pero sí algo en lo que debemos pensar continuamente, constantemente, con humildad e inteligencia: vivimos a crédito. Y no me refiero a crédito financiero. A crédito con los recursos de la naturaleza que año tras años menguamos y reducimos a la mínima expresión.

La Naturaleza siempre tiende a reaccionar ante las plagas. Ya sea con virus, con catástrofes naturales, con guerras. En los últimos años no estamos haciendo nada para combatir nuestros propios excesos y vivir en paz con el ecosistema. No alcanzamos la consciencia humana y global suficiente para poder apostar por una forma de vida diferente y tenemos, por más que nos pese, una forma de vivir semejante a la de las plagas que todo lo destruyen. Somos la plaga del planeta.

Algunos individuos, tal y como explico en el libro “Apoyo Mutuo y Cooperación en las Comunidades Utópicas”, están haciendo una apuesta sólida y contundente para cambiar el ritmo de vida y la convivencia comunitaria. Del individualismo egoísta pasan a una convivencia en comunidad totalmente armonizada y ecológica, con una sensibilidad y una conducta ejemplar en cuanto a la gestión de los recursos para la propia supervivencia de la especie y del planeta.

Pongamos un ejemplo práctico de la vida cotidiana. En una comunidad de 20 vecinos cualquiera de un barrio cualquiera de una ciudad cualquiera existen veinte unidades de casi todo. Veinte lavadoras, veinte secadoras, veinte taladradoras de agujeros, veinte o más vehículos, etc. En una ecoaldea de 200 habitantes, sólo existe una o dos taladradoras, un par de vehículos, algunas bicicletas, algunas lavadoras y algunas secadoras. El consumo de cosas es mínimo porque no necesitamos realmente poseer materialmente, por ejemplo, una taladradora que a lo mejor usamos una o dos veces en la vida.

La irracionalidad de nuestro modelo de vida, de nuestra forma de vida necesita de una revolucionaria visión y de una apuesta radical de nueva convivencia. ¿Cómo lograrlo sin que la madre Naturaleza acabe con la que ya es una de las mayores plagas de la historia del planeta Tierra? Debemos actuar con radical urgencia, como individuos y como sociedad, creando modelos alternativos de convivencia y modelos alternativos de pensamiento y conducta. Sólo la conducta radicalmente opuesta a la que tenemos podrá salvarnos.

Desde hace unos años, junto a unos amigos, estamos preparando el asalto a este modelo diferente de vida. Es una apuesta consciente y radical no sólo para cambiar nuestro modelo de vida, si no también para servir de ejemplo a otros pioneros que deseen dar un cambio cuántico en su devenir. En unos días os daremos más información y más detalle de esta radical apuesta por si tenéis interés en participar en ella de alguna manera.

Dar más fuerza al sol


 CORAZONDELUZ

Los ciclos de la naturaleza nos hablan sobre la impermanencia, sobre el continuo cambio en el que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. El solsticio nos recuerda que a partir de ahora, los días empiezan a ser más cortos y el astro Sol pierde fuerza y luz. Es por eso que en la antigüedad se encendían hogueras para revitalizar al sol, para que no se apagara en su menguante huida hacia el invierno.

Este solsticio está resultando algo extraño. Las hogueras de San Juan ya están preparadas. Sólo falta prender la mecha y que lo antiguo, lo pasado y lo caduco se limpie, sea depurado por el fuego. Sin embargo no siento calor. Ahí está la Costa Brava, fronteriza con el sur de Francia, pausada, con las mujeres y sus rebecas y los hombres aún con algo que les proteja de la fresquita o la tramontana. Ayer incluso llovía y tuvimos que ponernos el chubasquero cuando fuimos a pasear.

Sea como sea toca limpiar. Por dentro y por fuera. Depurar, dejar espacio para que algo nuevo pueda entrar. Para eso se hacían las hogueras. No sólo para dar la bienvenida a la nueva estación y dar más fuerza al sol. También para arrojar a las llamas lo caduco.

Pero, ¿realmente lo hacemos? ¿Arrojamos a las llamas esas rancias sillas de más de cuarenta años? ¿O esa oscura ropa de colores opacos y muertos? ¿Somos capaces de deshacernos de las viejas rencillas, de los antiguos patrones, de aquellos celos, de aquella rabia, de aquel tormentoso recuerdo, de aquella frustración o promesa incumplida?

¿Hemos sido capaces de depurar nuestros cuerpos, de limpiarlos? ¿Nos hemos sacudido por dentro y por fuera expulsando de nosotros esos demonios que nos acompañan día y noche? Miremos nuestras casas y luego miremos nuestro interior. ¿No somos capaces de ver esas cosas que están esperando ser arrojadas al calor de la brasa?

De alguna forma estamos vinculados a los ciclos de la naturaleza, y también al Sol. Llevamos impresos en nuestro interior un sol que irradia luz a nuestro entorno. Un sol que a veces se debilita o se refuerza según la estación de nuestras vidas, según nuestro combustible interior, según seamos capaces de prender la mecha y hacer arder todo lo caduco en esa hoguera simbólica que nace en la cueva del corazón. De ahí la necesidad de limpieza constante, de renovación constante, de fluir con los ciclos y con la demanda cósmica y planetaria. De ahí la sutileza de estar conectados a la llamada no sólo de nuestro interior, si no a la que nos enlaza con el resto de las criaturas sintientes, el resto de universos y dimensiones posibles. Acercar la mirada al rito es acercar la mirada a la profunda enseñanza del cambio. Por eso toca sacar todo lo añejo y sucio y quemarlo en las brasas del fuego purificador. Por eso toca dar más fuerza a nuestro universo interior, a nuestra luz y a nuestro sol interno.

El cansancio de todas las civilizaciones


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Hay días que nos sentimos cansados, muy cansados. No es un cansancio físico, ni vital. Es algo mayor. Es como si el cansancio de todas las civilizaciones, de todas las existencias, de toda la especie humana se ciñera sobre nosotros. Nietzsche lo llamaba el gran hastío. Algo así como un agotamiento metafísico que llega ante la impotencia de todo lo que hay por hacer, y la poca voluntad existente por mover un solo dedo ante el reto que se nos presenta como especie.

En estas fechas en las que el linaje de los embusteros parece no dar tregua, algunos se ríen ante esos grandes titulares donde aparece el escándalo de escuchas y países enteros espiados por vete tú a saber qué mecanismos de seguridad. ¿Pero acaso alguien lo dudaba? Y no en Reino Unido o Estados Unidos, ocurre en todas partes, a todas horas. Puedo dar fe y testimonio porque de alguna forma participé en esas siniestras entrañas del Leviatán. Pero os aseguro que eran otros tiempos.

Vivimos en un mundo mentiroso, de seres débiles que frecuentan la moralina del resentimiento. Realmente todo este mundo, este imperio que hemos creado y cuyos cimientos están carcomidos por la podredumbre no tiene muchos atisbos de futuro. A no ser que creamos fielmente en la espera, en la esperanza, o en la acción irremediable de la rebeldía metafísica, y todos, absolutamente todos, nos volvamos de repente seres profundamente espirituales, despiertos, vivos, responsables y comprometidos con nuestra raza humana y con nuestra madre naturaleza.

Pero esta es la descripción pesimista de un mustio y consternado melancólico que asume su rol de indignado cuando se da una vuelta por el mundo, lejos del paraíso del laborioso trabajo de lo armónico. ¿Qué ocurre ahí fuera, cuando asomamos tímidamente la cabeza lejos de la quinta dimensión donde habitan ángeles y devas?

Ocurre que dentro del horror de todo lo que pasa calladamente en los barrios que viven ciegos a la macilenta realidad, a veces nacen flores entre el asfalto, o se escucha el tímido y leve silbido de un gorrión o podemos contemplar la sonrisa abierta de un recién nacido. Y entonces nos acordamos de la esperanza, de la regeneración que nace de lo podrido y lo muerto y de la vida que retorna una y otra vez, día tras día, vida tras vida, galaxia tras galaxia.

Por eso el cansancio del que hablábamos antes podrá ser digerido en cuanto volvamos a salir a la calle y nos reencontremos con el infinito anhelo de la existencia. ¿Estáis cansados? Dormid, desconectad la máquina, respirar profundamente y buscad vuestra flor en el asfalto. Mañana vendrá el nuevo día cargado de esperanza, de espera, o de acción irremediable…

El misterioso itinerario


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¿Qué hay más allá de la esfera de lo estético? Hay personas que parecen haber nacido para no aceptar las cosas tal y como son dadas, otras nos comportamos como burguesitos ciegos incapaces de atravesar la pompa de lo posible para adentrarnos en la insondable temeridad de lo imposible. Lo imposible no es más que aquello que tememos, que nos da terror afrontar. Llevamos años, diría que toda la vida, viviendo cómodos en nuestro intocable círculo de seguridad. Allí tenemos nuestro palacio, nuestro reino conocido, dominado, controlado. Esa seguridad nos da paz, nos fortalece ante los demás y nos reconforta ante la temeridad del mundo.

Pero hay personas que siempre se preguntan qué hay más allá de ese “círculo-no-se-pasa”. Si el zoológico que nos rodea ya no es suficiente, ¿por qué no invocar a criaturas fantásticas? Unicornios, sirenas, dragones, naguales… ¿Y por qué no exigir más? Quizás podamos contactar con las hadas del bosque y los elfos.

Pero el conformismo no tiene por qué desarrollarse tan sólo en la fantasía desbocada o en la ilimitada imaginación que expresamos en sueños y ensoñaciones. La vida se muestra apasionante, cargada de retos diarios, desafíos cargados de magia si somos capaces de vivir conectados a esa dimensión superior, más allá de nuestros miedos y temores.

Si os fijáis atentamente en las cosas, por ejemplo en un libro o una lámpara o una silla, si os fijáis detenidamente, veréis como de repente dejan de ser un simple libro o una simple lámpara o una cotidiana silla. Ocurre que se transforman en otra cosa, en algo superior, en algo increíble, en algo maravilloso que forma parte de una realidad indescriptible. Y los lazos ocultos que unen al libro con la lámpara y la silla nos llevan a una senda, a un itinerario misterioso que nos revela un sentido nuevo ante la vida, una visión penetrante y segura de todo cuanto existe.

Cuando la luz se precipita


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Cuantos hombres se precipitan hacia la luz, no para ver mejor, sino para brillar”.  Friedrich Nietzsche

Cuando algo está destinado a suceder, inevitablemente sucede. A veces nos extrañan los tiempos, los espacios. Lo que ahora está sucediendo estuvo a punto de suceder hace unos siete años. Era en el mediodía, y no en el septentrión, como ahora. Hace no mucho recuerdo que le dije a un amigo: intuyo que debo hacer un periplo hacia el norte. Aquella intuición, que no entendía, está tomando forma ahora de forma precipitada.

Las cosas se precipitan cuando le ha llegado su hora. Es como si un bidón de agua se hubiera llenado gota a gota y de repente, la última hace que el bidón se vuelque y se derrame todo su contenido. Eso parece estar ocurriendo estos días.

La luz, eso que tanto nos gusta llamar luz, no es más que un halo de lucidez, de sentido, de misión, de propósito, de vértigo existencial ante la existencia ineludible de aquello para lo que hemos sido creados. Cuando palpitamos con ese sentido, con ese esplendor de los adentros, cuando resonamos con ese propósito mayor al que servimos en silencio, ya no podemos mirar hacia ningún otro lugar. Se ha precipitado la luz y ahora sólo debemos cumplir con nuestra parte. Pero no es un deber obligado, más bien vocacional, inspirado en el don de sabernos partícipes del baile celeste, cocreadores del mundo que nos envuelve, amables servidores de la belleza, del saber, del amor.

Eso es la luz, esa es la luz que queremos precipitar y para la cual estamos preparados. Ya no hay excusas, ya ha llegado el tiempo y ya se nos ha puesto, en el mágico septentrión, el espacio para consumarlo. En la pira de lo sagrado, ya está todo dispuesto. Es hora de brillar.

De nuevo en el Camino


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Llegué, tras toda una larga noche conduciendo, a las seis de la mañana a Cadaqués. Nos duchamos y a las pocas horas estábamos, junto al cuerpo inerte de la gata Cuca, dirección el Camino. Fue extraño recorrer todo el Camino en coche. Lo que antes tardabas tres o cuatro días en transitar andando, ahora lo hacíamos en pocas horas.

A pocos kilómetros de Burgos, pasado San Juan de Ortega y muy cerca de Atapuerca, encontramos una hermosa alameda. Cerca de allí fue donde nos conocimos, y pensamos que sería un buen lugar para enterrar a Cuca. Así lo hicimos. Cavamos un poco, pusimos unas flores, le dimos las gracias por tantas y tantas cosas entre lágrimas y abrazos y nos fuimos.

Antes de entrar a Ponferrada, muy agotados por el largo viaje y a las puertas de Galicia, nos entró el sueño y dormimos en un paraje aislado en el hotel Prius. Nos despertamos con los rayos del sol y con el canto de los pajarillos. Seguimos hasta Samos, hasta el lugar donde las señales nos llevaron. Allí estuvimos dos horas en el que parece ser el lugar para crear la utopía. Dos horas intensas y mágicas.

Tras las dos horas, de vuelta a casa tras conducir toda la noche. Tres días de viaje para dos horas intensas. Tres días haciendo miles de kilómetros para un instante, un fugaz instante cargado de misterio. Tantos esfuerzo, tantas sincronías, tantos viajes, tanto Camino, para dos horas de intensidad.

Ahora el destino deberá tejerse en otra dimensión. Porque ayer, en esas dos horas, se abrió la puerta. Una estrecha puerta que conduce a otro lugar, a otra galaxia de propósitos y destinos. Ahora llega de nuevo la utopía para hacerse carne.