Sobre la hipocresía de la carne de caballo


ternera

Si pudieras ver o sentir el sufrimiento, no lo pensarías dos veces. Vuelve a la vida. No comas carne”. Kim Basinger

Se llama carne de ternera a la carne de las vacas que se han criado por lo menos seis meses de edad hasta el momento del sacrificio. El sacrificio significa aplicarle una muerte lo más rápida posible, desangrándolas, con un corte profundo en la carótida que puede llegar al corazón. Se deben mover repetidamente las patas para bombear fuera toda la sangre posible y luego pasar al desguace de todas sus partes.

La mayoría de los seres humanos de la llamada “civilización” occidental delegan este trabajo a otros, pagando ya por un trozo de ese animal cuya vida no llegó a los seis meses en el mejor de los casos.

En la hipócrita sociedad en la que vivimos, contemplamos con horror como unos productos de ternera han sido mezclados con carne de caballo. Como si el caballo fuera algo noble y la ternera algo que necesariamente debe pasar por la piedra del sacrificio. Todos dándose golpes en el pecho y haciendo del acto atroz de comer carne de caballo algo terrible mientras que no les importa hacer lo mismo con la tierna y jugosa carne de ternera. Todos rasgándose las vestiduras por ese amor a los perros, a los gatos y a nuestras mascotas mientras que por otro lado nos comemos a sus congéneres.

Quizás esto ocurra por desconocimiento, porque estamos más acostumbrados a ver la mirada de un caballo y negar la increíble mirada de una ternera. Quizás todos los seres llamados “civilizados” deberían dar un paseo por una granja sacrificando su tarde de compras o de fútbol y contemplar, aunque sea por un instante, la mirada de uno de esos “animales”.

Quizás algún día el “civilizado” occidental comprenda que la vida de una vaca no merece ser sacrificada para mantener una dieta a base de cadáveres y podredumbre, y que esa dieta puede ser cambiada por productos menos agresivos a la sensibilidad de cualquiera que posea un mínimo de civismo ecológico no sólo hacia los seres sintientes, sino también, y de paso, hacia su entorno y hacia sí mismo.

No hay caballero sin espada, ni dama sin esmeralda


Montsegur

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca, debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de experiencias”. Konstantínos Kaváfis. ÍTACA.

Quiso la naturaleza de nuestro mundo dotarnos de dualidad. Por eso el día no podía existir sin la noche y la oscuridad sin su luz. Y el ser humano, de igual forma dual, fue dotado de espada y esmeralda para cumplir con el propósito de la conquista de la Unidad primordial. Ambos, cogidos de la mano, circundan la existencia vida tras vida para reencontrarse en las cumbres de la fusión mística, lugar donde ya no serán dos sino Uno. Por eso el camino es dual, y la soledad solo su llama ilusoria en la ascensión. Cuando el ego lo comprende, busca a su «otro yo», a su gemela alma, compartiendo justos el descenso al valle del compartir y la compasión. 

La dama y el caballero llegaron hasta las puertas del lugar justo al mediodía en punto. La tempestad arreciaba y la caballería dudaba si seguir la marcha hasta el castillo de Montsegur o volver a un lugar seguro donde refugiarse, abandonando con ello “la llamada” y convirtiendo, como Dafne, sus raíces en laurel. Todo el Languedoc y toda Europa estaban anegadas por los peligros de la nevada. 

Hubo momentos de auténtica tensión pues el vendaval parecía querer terminar con la paz de aquellas montañas y valles, llenando de viento y nieve todos los caminos. Tras un buen rato de duda en la cámara de reflexión, pensando en volver a un lugar «seguro», decidieron, valientes, seguir la marcha hasta el destino, el propósito, la «llama-da», haciendo el recorrido sin «cadenas», juntos pero libres, como esas dos gaviotas que vuelan en un mar de cielos.

Despacio, la experimentada caballería resbalaba en el firme descubriendo entre barrancos y obstáculos la fortaleza de la decisión. Anduvieron lentos pero decisivos hacia delante, sin mirar atrás bajo la venda presente, cogidos de la mano del valor y la esperanza. No había miedo ni temor que les parara, hasta que por fin, tras peligros y aventuras, llegaron a la tierra prometida.

Hubo un momento de silencio. Breve, inmediato, necesario mientras la nieve caía sosegada en sus rostros. Un momento necesario para contemplar en el plano arquetípico los lazos, los nudos, los nodos, las esencias, la naturaleza primordial de esa reminiscencia, el tesoro oculto. Bastó un segundo para cerrar el círculo del eterno retorno.

No hacía falta nada más. Allí estaba el castillo y el Prat dels Cremats, la memoria de los Perfectos y Perfectas y el recuerdo de aquella historia aparentemente incompresible. En el mundo de las formas sólo fue un segundo. En el mundo arquetípico fueron mil años de historia y mil lazos que resolver en el corazón del laberinto. Ariadna, la más pura, les había guiado y el Minotauro y sus cíclopes habían sido vencidos. Y allí estaba todo condensado, con la espada y la esmeralda como únicos testigos, junto al Liber Mutis y la Providencia expectantes.

Todo viaje iniciático tiene sus pruebas. La prueba de la tierra, del agua, del aire y del fuego. La primera prueba fue superada en el encuentro con el viaje y la decisión del mismo, partiendo desde Barcelona hasta la ciudad de Foix. La tierra sostiene y amalgama la decisión y procura camino y aliento. En los lugares conocidos como Ax-les Thermes y a nueve kilómetros de Montsegur se superaron las pruebas del agua, las emociones que nos alejan del propósito, los miedos que nacen de nuestros propios guardianes del umbral para alejarnos del camino y su transmutación.

En la misteriosa plaza de Rennes-le-Chateau, había una advertencia en la entrada del templo: “Terribilis est locus iste” (este lugar es terrible). Se consiguió vencer sin embargo la prueba del aire, esos pensamientos incoloros que nos confunden y nos arrastran hacia los precipicios de la ignorancia o la ceguera, a veces ofuscándonos en egos y orgullos. Y la del fuego, alumbrando por dos veces la faz del terror que estaba en el portal del templo y alumbrando con la doble llama interior la oscuridad del atanor. Dos llamas fueron encendidas para la posteridad en la mesa del misterio y el sacrificio. Como testigos del mismo, Magdala y la sangre real. El Grial de los tiempos.

Tras la contemplación del monte de Bugarach, situado en el cantón de Couiza, y su inevitable ascensión simbólica, paso iniciático en todo recorrido sagrado pero también ilusorio para el ego que pretende las grandes cumbres, vino el necesario descenso a los valles, previo paso por el camino estrecho. No sin antes provisionarnos junto a la atenta mirada del perro observador y guía de todo loco, porque cuando la razón permanece dormida, sólo el instinto y la intuición saben ser leales a su dueño.

Antes de llegar al valle del compartir, de la compasión y la unión, todo camino pasa inevitablemente por el sendero estrecho y por su paso necesario hacia el otro lado del portal. Como en el nacimiento de cualquier ser antes de abandonar el seno de la madre para reencontrarse con la luz del mundo. Y al otro lado estaba la luz, el nuevo día, el despertar. De repente todo el paisaje cambió y la paz y la alegría por las pruebas superadas nos llevaron hasta buen puerto. Sí, había luz, más luz. Relux. Y cansados tras el viaje pero libres, el caballero, como guarda la tradición, entregó a la dama sus guantes, antes de partir de nuevo a la batalla.

Ahora el sendero aguarda con más misterios, con más incertidumbre que nunca. Lao Tse dice: «Titubeo y me muevo cauteloso por la vida porque no sé lo que ha de suceder. No tengo principios que me sirvan de guía. Debo decidir en todo momento. Nunca decido de antemano. ¡Decido cuando llega el momento!»

(Foto: ayer a las puertas de Montsegur, en el Languedoc francés)

La tradición iniciática


 iniciacion

Tradición no significa viejo o antiguo, sino calidad o garantía, es decir, algo que ha perdurado en el tiempo y en el espacio gracias a su buen hacer y su correcto proceder testado por miles y miles de personas a lo largo de la historia humana. Iniciática significa ver las cosas de la vida cotidiana desde otra perspectiva, desde otra dimensión o desde otra percepción más amplia y alejada de los sesgos y la niebla propia de la confusión diaria.

Por eso, un iniciado, un dos veces nacido, se le reconoce no porque haya pasado por complejos ritos de paso, de iniciación o de cualquier otro tipo de mecanismo simbólico que en algunas órdenes se realiza a modo de arquetipo. Al iniciado, dentro de la tradición primordial, se le reconoce porque es capaz de transformar su vida y la vida de todos aquellos que entran en su círculo de influencia. Transformación no significa bueno o malo, significa cambio. Y el cambio es lo único que permanece.

Un iniciado puede ser un jardinero, el cabeza visible de una manada de lobos o esa flor que en primavera llena de fragancia su mundo vegetal. Esa fragancia es el mundo espiritual de los vegetales, al igual que el vuelo de las aves es la fase más expansiva en el movimiento animal, aquello que realmente nos diferencia de flores y plantas. Nos movemos porque tenemos impulsos, emociones y un sistema nervioso desarrollado que provoca una comunicación más amplia entre nuestros extremos. El maravilloso vuelo de un ave o sus cantos imposibles es lo más espiritual del reino animal.

El homo-animal también se mueve, pero además, lo hace con cierta racionalidad. Y el ser humano completo, ese que además de racionalidad tiene consciencia, asume un rol iniciático diferente con respecto a su antecesor. Las artes en general, la música, la belleza de sus creaciones. Eso es lo realmente espiritual en ellos.

Por eso, en toda la naturaleza, iniciar o iniciado no es más que entrar a un nuevo estadio que nos hace mejores y más útiles en el orbe universal. Estar despiertos no significa más que alejarnos de nuestra podredumbre, de aquello que nos enfanga en la oscuridad y la ignorancia y aprovechar con ello las oportunidades de la vida una. Esto no significa realizar grandes proezas, simplemente significa realizar bien aquello que estemos realizando. Es decir, hacer todo lo que hagamos desde nuestra consciencia, ya sea esta vegetal, animal o humana. Pero hacerlo bien, con compasión, sin necesidad de provocar daño o sufrimiento tal y como nos enseñó el Buda o con la necesidad de añadir a todo acto compasión, tal y como nos enseñó el revolucionario Jesús el Cristo.

Cada uno en su mundo, en su propósito, elevando cada día más nuestro grado de compromiso con esa vida que nos recorre y siempre, siempre, siempre, realizando nuestra parte en el misterioso orden universal. ¿Cuál es nuestra parte? Pensemos en ello…

Eterno retorno


Barcelona

Había una delicada pradera de agua salina cuando llegué a Barcelona. Realmente me aterra todo lo que tiene que ver con el mundo acuífero, por eso nunca me gustó fregar los platos ni nadar ni nada que tuviera que ver con ese elemento. Pero nací en el Mediterráneo, y por lo tanto, siempre tengo la necesidad vital de respirarlo cada vez que me marcho a vivir lejos de él y vuelvo, porque siempre todos volvemos. Por eso, cuando hoy llegué a la ciudad condal por una doble cita, tuve tiempo de acercarme hasta sus olas y respirar la mar.

Tras el chapuzón simbólico, fui hasta el Passeig de Sant Joan, donde asistiría a una interesante conferencia sobre tradiciones iniciáticas en la biblioteca Arús. Hace justamente ocho días me despedía de Barcelona en el mismo lugar, donde hicimos la presentación de un libro de la misma persona que hoy presentaba la charla. Y hoy hice el mismo recorrido, como si hubieran hecho un corta y pega y no hubieran existido estos ocho días. De la biblioteca Arús fui al barrio de Gracia y desde allí fui acompañado por la indescriptible A. hasta la Plaza del Sol. Entramos en el café Sol y pedimos las mismas cosas que pedimos hace ocho días. Como si de una secuencia repetida se tratara, entró el hindú que vendía claveles y formalizamos el mismo ritual. Todo exactamente igual excepto en una cosa: ella se había cambiado de zapatos y yo de camisa. Por lo demás, todo parecía una repetición secuencial de algo indescriptible, imposible de entender si no fuera por esas vagas señales arquetípicas que a veces asoman pudiendo simular algún atisbo de entendimiento.

Y mañana, para celebrar el reencuentro, intento de viaje hasta el mediodía francés, hacia Montsegur y el Prat dels Cremats. Deberemos descifrar, desde el pasado, el presente o el futuro, la reminiscencia que nos lleva hasta allí, o que nos intentará aproximar, porque según las previsiones, el tiempo parece haber conspirado contra cualquier intento de acercamiento. Y el tiempo será el representante de nuestros lestrigones y cíclopes, los guardianes del umbral de todo viaje iniciático. Y este viaje promete serlo. No se explica sino la secuencia hechizada del eterno retorno.

Dos luces en el camino


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Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Jorge Luis Borges

Tras comer tres tortitas de maíz sin gluten, me fui hasta la calle Santa Isabel, donde había quedado con Lucía Etxebarria. Llegó con su simpática y amorosa perrita que se pasó todo el rato subida en mis faldas, lamiéndome y comiendo aceitunas que, al parecer, las devoraba entusiasmada. Lucía es una persona dulce y tímida, inteligente y culta, de carácter amable y con esa sabiduría que la vida y sus avatares tejen en el signo de cada personalidad. Tiene una belleza, quizás sin ella saberlo, que eleva a los altares de lo sublime.

Hablamos de mil temas a la vez. Del mundo de los libros, por supuesto, pero también de los árboles genealógicos, de cómo nos afectan, de cómo podemos repetir una y otra vez el arquetipo y el patrón familiar, y de lo difícil y frustrante a veces que resulta el hacerlo. También de las personas buenas y de las personas tóxicas, esas que entran en nuestras vidas, se acomodan, y se esfuerzan en destruir todo aquello que tocan.
Lucía es una persona extraordinaria que puede presumir de ser una superviviente del mundo de las letras. Lo hace bien, lo hace con coraje y convicción y eso crea un público amable y fiel que ella cuida con mimo y cariño. Me han gustado sus sabios consejos con respecto a tantas y tantas cosas y me ha llenado de cierto aliento para seguir adelante. Así que gracias Lucía por ese instante de paraíso.

Salí corriendo de la calle Santa Isabel hacia la calle Goya pues allí había quedado en el café Nebraska con el amoroso Ramiro Calle donde me esperaba otro paraíso hermoso. Como llegaba tarde tuve que coger un taxi que me llevó volando y puntual a la cita. Ramiro me recibió con ese siempre cariño y entusiasmo que nos hizo devorar el tiempo con una interminable charla sobre las cosas de la vida. Hablamos de libros (este año le editamos cuatro), claro que sí, pero también de los árboles espirituales, y de cómo sus ramas nos conectan a unos y a otros, de cómo nos afectan y de cómo podemos empaparnos de su savia. También hablamos de las personas buenas, no importa si son conocidas o anónimas, y también de aquellas otras que, perdidas en algún reguero de su maltrecho ego, implanta sombras donde antes solo había regueros de paz.

Ramiro es una persona extraordinaria, como Lucía, un nacido dos veces que expresa su sabiduría y su amor en todo lo que dice y hace. Incluso sus críticas son amorosas, porque lo único que pretenden es sacar ante el reto de la luz todo aquello que debe transformarse (necesariamente). De nuevo me invitó a una de sus clases y de nuevo disfruté de sus increíbles enseñanzas.

Así que este ha sido el doble regalo de hoy. Regalo que ahora comparto con vosotros con gozo y alegría antes de que mañana, de nuevo, y por motivos del relux naciente, me marche a Barcelona. Allí, o en cualquier otra parte, estaré hasta el domingo.

Bomberos, los nuevos héroes


bomberos

bomberos

bomberos

El rechazo de los bomberos a colaborar en el desahucio de una anciana en Galicia me recuerda también cuando se enfrentaron a los policías en las protestas ciudadanas del año pasado. Quizás el ejemplo del cuerpo de bomberos sea lo más parecido a los héroes de nuestro tiempo, porque saben, porque lo tienen claro ante su consciencia, de qué lado están y saben a quienes deben rescatar.

Algunos jueces parece que también empiezan a salir de su letargo y no tienen miedo a condenar a quién tengan que condenar por corrupción, poniendo en orden toda esa perversa realidad de nuestros días donde los que menos tienen terminan perdiendo lo poco que les queda y los que roban se van a esquiar a Canada de rositas, tomándonos el pelo a unos y a otros y riéndose de nuestras desesperadas vidas.

¿Os imagináis que el ejército saliera también a las calles, sin armas, y se enfrentara a los policias que día tras día custodian el poder secuestrado? ¿Y los jueces, y los empresarios honrados, y los abogados autoresponsables, y los jardineros y los malabaristas y los cirujanos y los paracaidistas? ¿Si lo han hecho los bomberos en plena capacidad de sus consciencias, porqué no el resto? Porque realmente se trata de eso, de una democracia secuestrada con tintes muy oscuros.

Gracias queridos bomberos por demostrar de qué lado estáis. Vuestra consciencia ha ganado, y también nuestro respeto y admiración.

Queridos hermanos del espíritu libre


ceguera

«Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.» José Saramago

En la calle San Bernardo, justo dos calles de donde vivo actualmente, se creó el primer taller para hombres libres allá por 1728. Las Tres Flores de Lys, nombre vulgar que adoptó del hotel francés donde se hospedaban, fue el primer taller que se fundó fuera de Inglaterra y por lo tanto, la primera sede internacional de los hombres libres. Su nombre real, la Matritense, es el que pervivió a los avatares del tiempo.

San Bernardo también era el nombre del barrio donde vivía en las faldas de Montserrat, y San Bernardo era también el nombre del barrio en el que vivía en la Montserrat del Mediodía, la conocida como Montaña de los Ángeles, sede espiritual de místicos, eremitas y herejes.

Hoy se celebraba el aniversario y me invitaron para asistir a los trabajos. Sin embargo, y quizás por la pesadez que aún arrastraba del lunes negro, me sentía más un miembro de la Antigua y Noble Orden de los Gormogones que cualquier otra cosa. De hecho cada vez me siento un poco más hereje allí donde voy. Con ganas de romper las reglas del juego si eso sirve para crear un poco de luz allí donde solo hay carcasas de algodón disfrazadas de egoicas paradas ambulantes.

Rompiendo las normas del juego saludé de una forma sorpresiva e inhabitual, pronunciando, sin complejos, esa frase mía: “queridos hermanos del espíritu libre”.

Realmente es una frase que no gusta porque pretende romper con una lanza que la inteligencia no siempre soporta. ¿Quién es hoy día realmente libre? ¿Y quién se siente hermanado con todas las cosas? La combinación es explosiva en corsés que pretenden ceñirse a la norma o a lo normal, como si eso fuera, dentro de la podredumbre de la ignorancia, el marco a seguir.

Desde hace días me viene fuerte una imagen: una mujer y un hombre, abrazados con fuerza y siendo quemados juntos en el “prat dels cremats”. Esa es la llama purificadora que por dentro me hace algo más libre. Esa imagen profunda de antiguas reminiscencias son las que me catapultan a ese tratado del fuego cósmico, algo tan incomprensible y tan alejado de lo humano que resulta difícil descifrar. Sea como sea, ahí están los arquetipos, las señales y el camino. Ahora solo hay que fluir con lo que tenga, inevitablemente, que suceder.  Mientras tanto, dejemos que los burros sigan portando el tesoro, como decía el sabio. Su misión es llegar a la Montaña para ser transmitido a aquellos que, limpios de corazón, aprecien sus humildes ropajes. La ceguera es congénita a la ignorancia. El perdón de la misma es la esperanza de los estúpidos.

Solecismos, copulativas y subordinadas en un lunes negro


lunes negro

«Cuando se lucha contra monstruos hay que tener cuidado de no convertirse en monstruo uno mismo. Si hundes largo tiempo tu mirada en el abismo, el abismo acaba por penetrar en ti«. Friedrich Nietzsche

‎»La bondad es la única inversión que nunca quiebra«. Henry David Thoreau

Hoy me he mirado al espejo y como buen lunes negro me he dicho a mí mismo: mi oscura sombra es más grande que mi zulito. Se nota que no se nada de lobos, identificarme con ellos es insultarlos, he visto en directo la falta de valentía en episodios que debía haberme comido un cordero. Los que me conocen bien están cabreados conmigo porque cuando hacen balance ven que han estado con un aprovechado camuflado de místico. Además, soy capaz de crear en ellos ira y rencor, proyectando procesos de cicatrización y aprendizaje para distinguir los zorros con piel de cordero. Un tío con morro metido en un personaje irreal que ha creado a raíz de un blog, unos cuantos libros y alguna que otra historia. Una persona que confunde y crea violencia, separación y desconfianza en los demás, incluso pena y lástima. Egoísta y manipulador. En fin, podría seguir hasta el infinito porque hoy la infinita calamidad se ha proyectado en ese extraño espejo.

Y cuando miraba al retrato y veía todo eso me daba un poco de pena. Porque en el fondo todos tenemos una sombra, un lado oscuro que se afana por sobrevivir a costa de todo, un monstruo al que rechazamos y apartamos la mirada pero que a la mínima de cambio nos acecha y se abalanza contra nuestras vidas destruyendo, de paso, todo lo que nos rodea. Ese abismo se esconde entre nuestras sombras, se acurruca tranquilo, a la espera, acechando cualquier descuido, cualquier tormenta, cualquier momento de debilidad. Ahí está aguardando con sus dientes afilados y sus garras puntiagudas. ¿Quién no lo ha sentido alguna vez? ¿Quién no alguna vez se ha dejado arrastrar por su fuerza y furia?

Pero no tengáis miedo. Se puede vencer a la bestia. A veces llega alguien con su aliento protector, alguien capaz de abrazarte incluso si eres bestia, de besarte o simplemente sonreírte y hacer de ese gesto un milagroso resurgir de vida y optimismo. No estamos solos. Existe la poderosa transformación de la terrible bestia, en algo bello. Por eso hoy, ha sido un día negro, cargado de oscuridad y pesadez, pero también de luz, más luz… relux… Porque siempre hay en el mundo trozos de bondad que levantan el alma y y te elevan a lo más grande… Siempre están ahí…

Tratado sobre la ignorancia y sus consecuencias


ignorancia

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Albert Einstein

Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. Joan Baez

Siguiendo los consejos de una amiga, titularé así este artículo, aunque también se podría titular de tantas maneras como imaginación tuviéramos a la hora de analizar la peste que recorre a nuestra sociedad. Y utilizo la palabra peste porque parece como si se tratara de una epidemia imparable que terminará por destruir -afortunadamente- toda esa podredumbre que nos envuelve.

La peste tiene sus propios síntomas y se manifiesta últimamente en la aparición de corruptos por todas partes. Especialmente en la política y la economía, no sólo amigos de lo ajeno, sino amigos de casi todo lo que tenga que ver con las malas artes y prácticas en cuanto a conducta y honorabilidad se refiere. Esta última palabra me hace especial gracia en nuestra cultura, donde lo honorable se perdió para siempre, es decir, se perdió la dignidad de tener honor y respeto hacia el otro y lo otro.

Sin embargo, no debemos estigmatizar al corrupto por sus malas artes. ¿Quién no, a veces intoxicado por otro, se ha corrompido alguna vez? Los que aparecen por méritos propios en la tele no son más que un arquetipo social que se reproduce una y otra vez a lo largo de la historia. Es, digámoslo así, un mal endémico.

Corrupción política, corrupción empresarial, corrupción policial, corrupción urbanística, corrupción ambiental, corrupción tributaria, corrupción sexual, corrupción deportiva, incluso corrupción lingüística o corrupción de materiales. De todas ellas, la definición de esta última es la que más me gusta: la alteración de la pureza o integridad de una sustancia, tanto si es por su desmembración, por la mezcla con otras sustancias o por la desviación de su curso esperado.

Porque realmente eso es lo que ocurre: una alteración del alma humana y de su integridad. La cultura, la mala cultura, y la educación, la mala educación, son la base de este espolio del alma, de esta peste que se extiende cada vez más por la masa uniforme.

Por eso la peste no es más que la ignorancia en su estado mayor, manifestándose con síntomas cada vez más difíciles de combatir con los anticuerpos propios de la cultura, la educación y la sanidad (recordemos que precisamente esto es lo que la ignorancia más ha recortado en los presupuestos a favor de bancos y banqueros, es decir, los amigos de lo ajeno, los que administran y dirigen nuestros ahorros y depósitos para crear “riqueza”).

Y la plaga se extiende en todos y cada uno de nosotros. Por ejemplo cuando sacamos al perro en la gran ciudad y no somos capaces de recoger, con perdón, su mierda. Cuando mentimos a nuestras parejas, padres o hermanos o robamos a nuestros amigos. Cuando engañamos a nuestro cliente o embaucamos a nuestro proveedor. Cuando insultamos al diferente y maltratamos al otro. Cuando cerramos el corazón y somos egoístas. La peste nos persigue y se apodera de nosotros y de nuestras vidas, de nuestras gentes, de nuestro sentido de la existencia. No son los corruptos, es nuestra común ignorancia. ¿Cuál es el antídoto? Más cultura, más libros, más enseñanza, más sanidad (la nuestra propia me refiero, ¿cuándo dejaremos de fumar, de emborracharnos -vivimos embriagados y no nos damos cuenta-, de drogarnos, de mutilar nuestros estómagos con restos de cadáveres…?)… En definitiva, luz ,más luz…

Deuda pública: estamos en un lío serio


la foto

Según los últimos datos, 882.300 millones de euros es la deuda pública acumulada, batiendo todos los datos históricos y acercándonos, de seguir así, a la época de la pérdida de las colonias y la guerra con USA.

Si hacemos memoria reciente, el Gobierno pidió en 2012 casi 40.000 millones a sus socios europeos para inyectar dinero a la banca, a los que habría que sumar los 110.000 millones de años anteriores. Total: 150.000 millones de euros para los bancos.

A todo esto hay que sumarle la recesión en la que estamos y una economía con seis millones de parados.

Además, debemos sumar a estas jugosas cifras lo que todos los españoles deberemos dedicar para pagar exclusivamente los intereses de la deuda: 38.660 millones de euros es lo que recogen para este año los Presupuestos Generales del Estado (PGE), un 33% más que lo presupuestado para el año pasado.

¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer? En la Edad Media, los reyes endeudados eliminaban a sus acreedores, como en el caso de la Orden del Temple. En 1920 los banqueros se suicidaban. También se inventaron algunas guerras para salir del atolladero financiero, como la primera y la segunda guerra mundial. ¿Qué vamos a inventar ahora? ¿Seguimos engordando la bola hasta cuando o hasta dónde? ¿Seguimos subiendo los impuestos y el IVA y recortando en pensiones y en sanidad y en educación para seguir inyectando mientras tanto dinero a la banca? ¿Cuál es la solución social y global a este problema, que en tiempos pasado era caldo de cultivo para que estallara una guerra o una revolución? ¿Estamos ante el estallido del Estado del Bienestar o ante el estallido del modelo capitalista? Ahora mismo solo tengo interrogantes con difíciles respuestas, porque la respuesta es tan compleja que necesitará de algo más que un post.

I dreamed a dream in times gone by



Acompañé a toda la marcha hasta el final. Y el final era la Puerta del Sol, una puerta que me conectaba con otra puerta y con otro Sol y con otro tiempo aún latente, aún en llama. Y allí, entre toda la multitud, rodeado de cientos de alientos y corazones que latían al unisono, sentí de repente una tremenda melancolía. Como si todo me abandonara, como si a todo abandonara.

Así que me dejé arrastrar por las calles, como un vagabundo que no resolvía esa sensación extraña que de repente me poseyó. Era como si todo permaneciera en silencio y las luces de la ciudad se apagaran. Las estrellas enmudecían y el cielo quedó atravesado por una oscuridad insoportable.

Me vi solo ante el universo entero, ante la inquietante travesía de la infinitud. Miré por todas partes y solo había trozos de nada, de vacío, de apocalíptica transición hacia un nuevo estado. ¿Qué hacía allí flotando en esa nada? ¿Hacía donde quería conducirme? ¿Cual era su mensaje? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué estaba experimentando aquí dentro?

El corazón pareció estallar en mil pedazos. Y los miles de minúsculos ápices se estrellaron por todas partes. Pero al destruirse, fue como si volviera de nuevo a nacer, iluminando de nuevo todo el espectro presente.

Volví a deslizarme calle tras calle, estrella tras estrella, hasta que el Sol volvió a brillar de nuevo, pero ahora con más fuerza, con más luz, con más relux. Como si todo hubiera sido un mal sueño, o un instante de vida que hubiera intentando matar el sueño que soñé. Por suerte la luz volvió como un rayo y se hizo el fiat lux interior, naciendo de nuevo a la llama.

No son suicidios, son asesinatos


De nuevo en la calle. Las últimas muertes desesperadas justifican que estemos de nuevo aquí. ¿Qué otra cosa podemos hacer? También he perdido mi casa en esta crisis, así que puedo empatizar con este problema en primera persona. Y de nuevo somos legión… Un abrazo desde Paseo de Recoletos…

La fugaz revelación


fugaz revelacion

Mi querida R…

el verdadero vacío solo puede llenarse con verdadero amor. El verdadero amor no es una persona o una cosa, es algo que está en todas las personas y en todas las cosas. Lo único que debemos hacer es despertar a esa fugaz revelación (porque casi siempre es fugaz) y sabernos con la esperanza de que algún día podremos atravesar las espesas capas de todo aquello que nos aleja y separa de lo que realmente es real. Mientras tanto vivimos en una ilusión, en una especie de reflejo del reflejo, aquello que describió Platón como su cueva plagada de sombras, donde, paradójicamente, las sombras están ahí fuera, y no aquí dentro.

No seamos tampoco exigentes con nosotros mismos. Tenemos que aprender a amarnos también a nosotros, supliendo nuestras carencias y nuestros errores a base de pegamento amoroso. No podemos aspirar a la sublime tarea de ser dioses, así que seamos humanos completos, con todas las consecuencias. ¿Qué más podemos hacer mientras la vida pasa? Precisamente eso, vivirla, experimentarla en su máxima potencia, sin exigirnos más que eso, estar vivos. Porque a veces nuestro problema, nuestra ceguera insensata es precisamente eso, el creer que somos inmortales o el vivir una vida muerta, sin emociones, sin caminos, sin errores, sin equivocaciones. ¿Acaso Dios no se equivocó cuando creó la imperfección de las cosas? Quizás Él también esté aprendiendo de nosotros y su perfección no sea más que la suma de todos nuestros vicios y virtudes.

Hablas de vacío… ¿Quieres llenarte? Respira profundamente… Es tan sencillo… Respirar con consciencia y sentir como la vida empieza a brotar por todas nuestras células, despertando su minúscula somnolencia a un nuevo estado del ser. ¿Para qué íbamos a complicar el método? Con una simple respiración diaria podemos sentir la vida, y en ese instante, la vida nos perseguirá hasta el fin. Por eso no hace falta analizar si los ángeles tienen o no tienen sexo, si la cuadratura del círculo es la mejor forma de llegar a la conclusión exacta o si el gran misterio de la vida sigue siendo el porqué a los peces no les entra agua en los ojos. Ya no necesitamos respuestas a los grandes interrogantes. Si aprendemos a respirar, se activará la vida, y por tanto la poderosa intuición que nos llevará hacia las certezas que necesitamos para seguir adelante.

Así que sigamos fluyendo, agradecidos por los regalos diarios, por las promesas cumplidas, por el trato amable con el otro igual. Sigamos abrazando el infinito en cada gesto para que el infinito entre en nosotros.

besitos y feliz sabat…

Todas las paradojas pueden reconciliarse


luz

«El corazón del hombre es un instrumento musical, contiene una música grandiosa. Dormida, pero está allí, esperando el momento apropiado para ser interpretada, expresada, cantada, danzada. Y es a través del amor que el momento llega» Rumi.

Uno de los principios herméticos más profundos es el principio de polaridad: “Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semi-verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse.”

Ayer hablaba casi una hora por teléfono con un amigo que si algo somos es antagónicos en muchos aspectos. Pero defendía mi postura de que amo los opuestos, amo las diferencias, y amo a aquellos iguales que por su grado o condición pertenecen a dimensiones diferentes. Es la única forma de abrazar la diversidad, y luego, de cara al aprendizaje, reflexionar sobre las paradojas que nos unen o nos separan a unos y otros.

Ayer también le decía a una amiga que el amor sin voluntad y sin sabiduría no puede llegar muy lejos. Toda energía necesita de una fuerza, como el cincel que es golpeado por el mallete. El cincel representa la sabiduría, pero de nada sirve si no está la fuerza del mallete. Solo con la combinación de ambos se talla la belleza y nace la armonía. Lo mismo ocurre con todas las cosas y con todas las relaciones. Podemos ser diferentes, pero podemos también tallar las aristas que nos separan hasta confluir en la profundidad de todo aquello que nos une. Aquello que más allá de nuestros propios egos, nuestras imperfecciones y nuestras deformaciones, son la base desde la que poder construir un hermoso edificio.

¿Por qué temer entonces a la diferencia? ¿Por qué no amarla y abrazarla hasta confluir en la paradoja, hasta encontrar el punto de equilibrio y conciliación? Iguales o distintos, la llama del aprendizaje siempre estará dispuesta a iluminar nuestros caminos. Sólo debemos abrirnos sin temor hacia el profundo conocimiento de nosotros mismos, es decir, del cosmos, del Absoluto.

La poderosa llama del conocimiento ilumina los trabajos para que la magia del cincel golpeado sabia pero rotundamente por el martillo pulan nuestra piedra interior y ofrezca un cubo perfecto para el edificio cósmico. Y cuando eso ocurre, aparece inevitablemente la piedra que encaja a la perfección en nuestra pared, en nuestro edificio. Porque cuando nos hemos pulido y desechado las aristas del ego, inevitablemente encajamos a la perfección con todas aquellas piedras que a su vez han sido pulidas. Y el encuentro, o mejor dicho, el reencuentro en la construcción es inevitable.

Protegiendo la ilusión


Ikea

«Pensamos demasiado, sentimos muy poco«. Charlie Chaplin

«Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo«. Oscar Wilde

Todos sabemos como funciona la ilusión. Es como una tenue llama que cuando sopla fuerte cualquier viento, termina apagándose. Si las circunstancias ayudan y no hay viento ni meteoritos que caigan sobre ella, puede sobrevivir y hacer crecer la llama interior. Y cuando eso ocurre, cuando la llama verdadera crece, se vuelve indestructible.

En eso pensaba mientras a las tres de la tarde conducía el híbrido hasta el Ikea de Alcobendas para comprar algunas cosas. Pasear por el Ikea es como pasear por casa, ¿verdad? Sólo que allí hay mucha gente y puedes mirar sus auras ilusionadas por esas cosas inútiles que siempre terminamos comprando. Desde que el Ikea existe, la gente ha empezado a comprender que ellos no son sus cosas. Porque sus muebles no tienen historia, no son aquellos que heredábamos de los abuelos, hechos de madera noble, firmados a veces con la fecha de fabricación estampada en oro. Ahora ya no podemos identificarnos con esos muebles de cartón piedra, de usar y tirar. Ahora las cosas son volátiles y no las necesitamos excepto para ilusionarnos de vez en cuando con alguna estúpida adquisición más. Por eso ahora cada vez más hay personas  que se sienten completas por lo que son, no por lo que tienen. Sólo el ser incompleto necesita de cosas para llenar su vida vacía.

Hoy mi vida se sentía completamente llena, pero por necesidad debía ir al Ikea. Hacía una hermosa temperatura que rondaba algo más de los quince grados en todo Madrid. Algo de tráfico lento para los que salían de fin de semana. Carreteras vacías para los que íbamos a comprar algo. Y ese algo tenía un presupuesto de cien euros para adquirir una mesa y una silla ya que el próximo miércoles L. empezará a trabajar con nosotros unas horas a la semana.

Hace unos meses, aún viviendo en La Sacedilla y cuando aún íbamos a comprar alguna cosa al Ikea de Alcorcón, pusimos un anuncio para buscar editores. Recibimos más de dos mil solicitudes. Nos quedamos desbordados hasta que en Navidades, mientras pintaba el zulito para acondicionar mi nueva vida, L. nos escribió una original, emotiva y hermosa carta a los Reyes Magos. Escrita en uno de esos papeles azules estampados con camellos y estrellas de oriente que de pequeños solíamos echar al buzón, pedía no sólo trabajo, sino que lo hacía con ilusión y creatividad. Quedamos una tarde y su sonrisa transparente además de su vocación y amor a los libros hizo el resto. Así que contratada, por original y por haber mantenido la llama de la ilusión hasta límites insospechados. De las dos mil solicitudes, fue la única que insistió y además con increíble originalidad. Así que su ilusión, su llama, terminó germinando en alguna parte del universo.

A los pocos minutos de estar en el Ikea, recibía el oxígeno de unas letras que resguardaban del viento y los meteoritos la pequeña llama. Me senté tranquilo en el primer sillón que encontré para contestar ilusionado a las letras recibidas. Como digo, era como estar en casa. Fue tanta la ilusión que además del sillón y la mesa terminé comprando tres velas perfumadas para simular arquetípicamente la triple llama que ha de nacer si se cuida. A veces esos pequeños detalles nos hace reconciliarnos con el misterio de la vida, hasta tal punto, que la vida no puede más que responder con sorpresas tras sorpresas.

Tanto es así que cuando salía del parking del Ikea casi choco con un Toyota Auris de color blanco (el mío es un Toyota de color negro). Al mirar la persona que iba dentro no podía creerlo. Salió del coche una joven vestida de blanco inmaculado (yo hoy llevaba un suéter negro) de nombre además igual a la editora que empezará el martes, L. Esta mujer, miembro activa de BK, la vi por primera vez hace unos años en mi casa de la Montaña.

Salía, como todas las tardes después de comer al jardín a echarle algunas migas de pan a los pájaros que por allí pasaban. Era un rito que me encantaba y aprovechaba para darme baños de ese sol del sur andaluz que ahora tanto añoro. Ese fin de semana había retiro en mi casa con los ángeles de BK. Mientras salía con las migas, aparecieron y entre ellos L., una joven tímida, de origen venezolano, que hablaba muy bajito pero que irradiaba con su mirada todo el amor puro y casto que desprenden las meditadoras de BK. Nos volvimos a cruzar en algún que otro retiro allí en La Montaña y alguna vez en Madrid. Así que el encuentro ha sido emotivo por ambas partes.

Ayer hablaba de asexualidad y hoy me tropiezo con una persona que practica, por motivos religiosos y espirituales, una castidad pura y sincera. Me ha gustado este extraño guiño del universo. Estas extrañas sincronías y causalidades que desentrañan algún tipo de mensaje. Nos hemos despedido contentos por el casual encuentro y cada uno ha seguido su camino alegre.

Lo importante de toda esta historia entrelazada es que llegué a casa ilusionado, pero consciente de la fragilidad de la ilusión, por ello quizás, con plena fortaleza interior para abrazar al destino, sea cual sea. Así que rodeado de magia pero algo cansado por tanto acontecimiento, me voy a dormir tranquilo y en paz, protegiendo la llama de los meteoritos que esta noche caerán y esperando paciente poder algún día encender esas tres hermosas velas perfumadas.

Navegando en la ola del Zubuya


juan

Estimado J.,

la semana que viene empezarán a picar por fin la obra magna… Ese camino del loco que tanto nos altera y que tanto nos sumerge en la magia de la existencia… ¿Hacia donde nos llevará mañana? Nadie lo sabe, porque lo mágico de navegar en esta ola del Zubuya es que nunca deja de llevarnos más y más lejos…

Acabo de llegar de Barcelona tras la presentación en la biblioteca Arús de un libro de esos raros que editamos aquí sobre masonería escrito por un buen hombre y mejor persona… «Tecnología masónica«… te hubiera gustado estar… Este Florencio Serrano hace una mezcla hermosa entre Occidente y Oriente…

Es muy especial lo que dices: «estoy para ayudar». Realmente para eso hemos venido, para cumplir nuestra parte, nuestro propósito vital, que corresponde sin duda al Propósito que los Maestros conocen y sirven». Y cuando hablo de maestros me refiero a esa plaga de seres invisibles que trabajan en silencio, sin presunción, manejando esas fuerzas que derivan en ideas y movimientos. Fuerzas y energías, porque las unas no podrían existir sin las otras. Por eso, nosotros, pequeños grumetes, aprendices de poca monta, que diría aquel, solo somos sus fieles servidores, aquellos que sin atisbar la profundidad de las cosas en su máxima medida y expresión, replicamos vagamente el soneto que escuchamos latir fuerte aquí dentro, en nuestra cueva, en el sentido mayúsculo de nuestro devenir.

¿Qué más podemos pedir desde nuestra humilde condición? Somos los últimos, y aún así, somos necesarios. Y es que todo tiene un sentido en el universo. Todo mantiene su profundo equilibrio desde la quietud de su presencia. Y ahora estamos presentes, y el universo nos necesita tanto como nosotros a él. ¿Qué más podemos hacer? ¿Qué más nos exigirá la vida? Sigamos cumpliendo nuestra parte, y lo demás vendrá por añadidura.

Espero que la luz del Oriente donde ahora transitas se conviertan en prósperos rayos. Falta hacen para esta tierra de cambios…

Un abrazo sentido,

Soy asexual, ¿y qué?


 mujer con flores
San Valentín puede ser un buen día para salir del armario. Así que aprovecharé este tiempo de incertidumbre para hacerlo de forma clara y sin cortapisas: soy asexual. Lo intentaré explicar de alguna forma. 
A raíz de un encuentro fortuito en alguna calle de Madrid, intercambié durante unos días algunas letras con la conocida y polémica escritora L. E. Habíamos quedado hoy para tomar un café por la mañana y por la tarde para asistir a la llamada fiesta de San Calentín, un momento de encuentro para solteras y solteros donde debes colocarte un lacito para identificar tu condición sexual. Todo iba bien hasta que confesé algo que nunca había hecho en voz alta: soy asexual. Esa confesión no sólo causó extrañeza a mi interlocutora, sino que, de alguna forma, ayudó a perder el poco interés por mi persona. Mi propia conclusión fue que poco podía encajar en una fiesta donde uno de los requisitos era la división por tendencias sexuales. No había en el menú ningún lazo para mí. 
 
Nunca le había puesto esa palabra. Ni siquiera sabía que alguien hubiera antes podido definir esa inquietud interior que desde hacía ya algunos años me arrastraba hacia la incomprensión más absoluta. Pero este fin de semana pude conocer a alguien que le puso nombre, que lo definió de forma sensata y que, al confesar que yo lo era, no me juzgó. Más bien todo lo contrario, ambos sentimos un cierto alivio y una profunda liberación, ya que hasta entonces, hasta ese mismísimo instante, no habíamos conocido a un igual. 
 
Sentí cierta liberación metafísica y filosófica. Sentí cierto alivio al poder expresar a alguien abiertamente que no me interesaba el sexo, ni esa presunción mercantilista que del mismo se hace a modo de bombardeo constante y sistemático en nuestra sociedad actual. Mis críticas en este blog siempre habían sido abiertas y claras, pero nunca las había podido definir de alguna manera tan sencilla y especialmente contundente, a pesar de que la antropología, a veces de forma algo torpe, lo había intentando analizar
 
Mis parejas, cuando detectaban lo que ellas llamaban el “problema”, decían y argumentaban que lo único que podía diferenciar a una pareja de una mera amistad era el sexo y su práctica. Ante esa argumentación, uno siempre intentaba cumplir con la hoja de servicio, dependiendo de con quién, unas veces mejor que otras. Pero mi sensación interior era nefasta porque no entendía ese vocabulario moderno de “echar un polvo”, “follar” o tener sexo por tener. 
 
Había para mí una sacralidad en el mismo acto, una fusión no sólo de dos cuerpos, sino además, de dos almas. Veía en ese acto íntimo algo capaz de reencontrarse con los límites de la creación, con los alaridos de la infinitud. Algo tan inmensamente grande que me resultaba triste tener que reducirlo al acto de «echar un polvo». Por lo tanto, mi sufrimiento era pervertido cuando nos enfrentábamos a ese momento como un mero requisito de la condición de ser pareja. Un trámite para perpetuar la ilusión de que realmente estábamos en pareja. 
 
Resultaba por lo tanto difícil comprender para muchos el hecho de que no me masturbe, o el que mi primer beso lo diera con 20 años y mi primera relación sexual la tuviera con 26. También resultaba difícil comprender, en el mundo de pareja, que no tuviera un especial interés por el sexo. Y eso hacia, quizás porque la otra parte se sintiera de alguna forma rechazada o por la misma incomprensión del hecho en sí, que terminaran mis relaciones. 
 
Y de ahí la liberación de estos días. Gracias a este fin de semana intenso he podido comprender la esencia de mi propio ser y mi propia condición “sexual”. Sin juzgar de donde viene esa asexualidad (muchos podrían pensar que de algún tipo de trauma no resuelto o alguna historia místico-esotérica de perturbada anomalía), sin pretender comprenderla o analizarla racionalmente. Sin buscar excusas o pretextos, como hasta ahora, para disimularla o esconderla. Ahora lo puedo decir abiertamente y enfrentarme a lo que tenga que venir con esta claridad. Sí, soy asexual, y la vida sigue… Así que feliz día de San Valentín a los que estéis enamorados y feliz día de San Calentín a los que deseáis, como yo, poder enamoraros… 
Pd.- Algunos escritos anteriores donde tocaba de forma tímida este tema:

Mundo maravilloso… a veces…


mundo maravilloso
Ayer a las ocho éramos trece personas en la presentación del libro. No me importó. Mucho más que eso, estaba feliz porque antes de salir de nuevo dirección a Madrid había quedado con una persona muy especial a la que me apetecía ver para despedirme con un abrazo sentido. Dimos un corto paseo por gracia. Cenamos algo ligero en la Plaza del Sol y confesamos a pecho descubierto historias para no dormir. Ambos no entendíamos como había sido posible tanta confianza en tan solo tres encuentros, como si nos conociéramos de toda la vida, como si nos conociéramos de todas las vidas. 
 
Haciendo balance, veo que estas semanas están resultando hermosas. Al menos en lo que respecta a la esperanza de cruzarme por el camino con seres que son capaces de resolver en una mirada el cúmulo de dudas que siempre nos atraviesan insistentemente. Hay personas que poseen esa magia, ese poder de transformación, o que llegan a tu vida justo en el momento oportuno, justo cuando más las necesitas, o justo cuando más te necesitan, creándose un lazo irrenunciable, estrecho y hermoso. Sin pedir nada a cambio, sin exigir nada a cambio, sin esperar nada a cambio. Y este mes, de formas diferentes y diversas, ocurrió en más de una ocasión. Como si de repente el cielo se abriera y empezara a gotear lazos de amor, inesperados y bienvenidos milagros capaces de arrastrarnos hacia emociones verdaderas, hacia una tierra maravillosa. 
 
Hay cosas que aún no podemos entender del todo, cómo funcionan o cómo se manifiestan. Ni siquiera podemos entender cual es esa fuerza que nos arrastra hacia situaciones o seres capaces de metamorfosear nuestras vidas. Llegan de repente y algunos tejen con empeño esa felicidad interior que nos avisa de que todo está bien, de que a pesar de los días grises y las tormentas, hay momentos para alcanzar el punto de quietud y contemplar el cosmos como esa sinfonía armónica. 
 
Sin embargo, no todo es un mundo maravilloso. Ayer leía anestesiado la noticia del matrimonio que se suicidó por no poder hacer frente a su situación económica. Y veía tristemente cómo personas Toni Cantó defendía las corridas de toros y cómo la brutalidad se “culturizaba” en nombre de una barbarie encubierta. Y cómo se instalaba la hipocresía en los políticos que abanderaban unas y otras cosas, jugando no ya con nuestra felicidad, que eso es patrimonio individual, pero sí con aquellos resortes jurídicos que hacen que la manifestación de la misma sea de mayor o menor calidad. Para el anciano matrimonio de Mallorca ya no habrá más esperanza. Para nosotros, los que hemos preferido no sucumbir a esta barbarie, aún seguiremos mirando al cielo esperando que ocurra de nuevo lo milagroso.  
 

Ada Colau y el derecho a la vivienda… o de como nos olvidamos de ellos y votamos a los toros


En nuestra España de pandereta y botijo, se rechaza una Iniciativa Popular Legislativa a favor del derecho a la vivienda y sin embargo se pasa a trámite una a favor de los toros. Tenemos lo que votamos. Gracias valientes votantes. La «legitimidad»-«dictadura» del Parlamento lo decidirá esta tarde, rechazando, con los votos del PP, la iniciativa que ha conseguido más de un millón de firmas. Estamos en un país de vergüenza torera.

Reminiscencias de almas gemelas


 la foto
Siempre hemos sentido una poderosa atracción hacia esa concepción platónica, la de las almas gemelas, difícil de entender y menos aún de experimentar. Pero a veces el universo te pone a prueba, reflexiva e intencionalmente, para que profundices en conceptos abstractos y a veces de compleja tesitura.
 
Platón también hablaba de la reminiscencia. El recuerdo de sí mismo en situaciones extraordinariamente diferentes, adquirir conocimiento recordando lo que el alma sabe cuando habita el inexplorado mundo de las ideas. Ambas ideas, almas gemelas y reminiscencia están intimamente relacionadas en la siguiente reflexión. 
 
Estos días hablaba con una amiga de una reminiscencia curiosa: Rennes-le-Château. Este es un lugar que visité con mucho interés en agosto de 2005. Para mí era una extraña reminiscencia a la que durante algunos años me refería con insistencia. En aquel lugar, los cátaros que huían del Languedoc francés se refugiaban de las llamas de la inquisición. Este movimiento herético nació y creció en el mediodía francés, muchas veces protegido por los nobles de la corona de Aragón. Los conocidos como “Puros”, “nuevos perfectos” o bonshommes eran vegetarianos y asexuales, practicando una especie de gnosticismo maniqueista crítico con los estamentos de la época. 
 
Cosas de la vida, ambos nacimos en la antigua Corona de Aragón. Cosas de la vida, ambos tenemos poca simpatía por el agua, como los Cátaros, que pensaban que el bautismo católico era un error de la Iglesia, ya que Cristo sólo bautiza con fuego y fue Juan el Bautista quien lo hacía con agua. Con nuestras lecturas y nuestras actitudes ante la vida, de alguna forma, ambos habíamos sido bautizados en fuego. Ambos, además, éramos críticos con la situación actual -política y social- y con los estamentos que nos gobiernan. Ambos somos asexuales, descubrimiento que a ambos nos ha liberado en una especie de hermandad del espíritu libre y que nos ha servido, casi en secreto y en la clandestinidad de estos tiempos, para argumentar de forma poderosa y simple un deseo profundo y nunca entendido hasta este momento (hablaré de ello en profundidad en un escrito aparte). Y como los cátaros, ambos tendemos a reflexionar sobre la necesidad o no de ser vegetarianos, como los bonshommes
 
Somos tan iguales en pensamiento, forma de entender la vida y actitud, a veces irónica y plagada de un humor negro poco entendible, que ayer, mientras paseábamos por el pequeño Tíbet que hay en el Garraf pensamos que habíamos sido hechos de un mismo molde. Dos gotas de agua que se encuentran en un tiempo y un espacio extraño, que se reconocen y se admiran mutuamente, desde el más absoluto respeto y sin ningún tipo de presión o tensión sexual o de otro tipo. Dos almas gemelas libres, entendiendo como “iguales” y «libres» ante los ojos de la luz (o del relux), que se conocen y reconocen en un paseo cualquiera. Y una reminiscencia que aparece una y otra vez en todas las conversaciones: la herejía y la libertad de ser como somos. 
 
Además, así fue como me conoció o reconoció, tanto monta, buscando algo sobre los cátaros y cayendo, cosas de la vida, en un artículo que publiqué hace algunos años. A. no sólo es una mujer bella e inteligentísima, sino que además es un alma libre y sensata. Por eso ayer, en el pequeño Tíbet, justo el día del año nuevo tibetano 2140, año de la Serpiente de Agua, día de máscaras y carnaval (pagana y herética costumbre) dos viejos conocidos se reencontraron en otro espacio y en otro tiempo celebrando esa común unión, alegres y felices por poder pasear, aunque solo fuera por un instante en este trozo de tierra. Hermoso reencuentro, hermosa y platónica reminiscencia y hermosa magia. Ahora la vida sigue, y el amplio campo de la experiencia continua. Pero se realiza desde una soledad diferente. Más fuerte, más protegida, más entendida, cómplice. Una soledad que ya no requiere compañía porque encontró en el lazo místico su reencuentro con las almas. 

Beatriz Talegón avergüenza al socialismo internacional


Por desgracia, las instituciones políticas y sociales están secuestradas por una casta endogámica difícil de expulsar. Por suerte, hay personas aún con capacidad de reacción, aportando miligramos de esperanza a una causa que ya parecía perdida.

La política, la democracia está secuestrada… ¿cómo podemos liberarla? Con voces como las de Beatriz quizás sea posible.

Paseo interior y exterior


la foto

Ayer hacía un tiempo inmejorable en Barcelona. Había una luz radiante que presagiaba una tarde de sorpresas. Habíamos quedado en la plaza Urquinaona y como siempre suelo llegar excesivamente pronto a los encuentros, aún tuve tiempo de dar un paseo solitario por los alrededores y disfrutar del carnaval barcelonés. Ella también fue puntual, así que enseguida dejamos deslizar nuestros caminos cruzados en la deriva de la improvisación.

Fuimos hasta el Gótico, mi querido y entrañable Gótico. Allí nos enseñamos nuestros secretos. Ella alzó mi mirada hacia arriba y pude contemplar misteriosos símbolos en la fachada de la Catedral. Hice lo mismo y le enseñé mi viejo Aleph, ese lugar secreto desde donde se puede divisar todas las partes infinitas del universo. Exteriormente fuimos a lugares hermosos y entrañables e interiormente empezamos a sorprendernos mutuamente sobre temas que nunca antes habíamos podido hablar con nadie.

Esto último me llenó de entusiasmo y admiración hacia una persona que empezaba, por su naturaleza y forma de ser, a sorprenderme gratamente. Justo el mismo día que de forma algo pesimista le contaba a un amigo que ya pocas personas logran sorprenderme o emocionarme. Así que lo que iba a ser un café de un par de horas, se convirtió en un intenso paseo de más de ocho horas.

A. consiguió atraparme en esa especie de comunión de almas que logran alcanzar cierto equilibrio entre el entendimiento, el respeto y la comprensión mutua. A media tarde me sentía ya menos sólo en el mundo y destripando, gracias a sus reflexiones valientes en voz alta, una revolución interior de consecuencias ilimitadas. No es fácil encontrar a una hereje capaz de ser libre en pensamiento y vida y que además tenga la capacidad de abrirse sin miedo sobre reflexiones que podrían terminar en la hoguera del estigma social, así que la complicidad crecía por instantes.

La inteligencia es hermosa en mujeres jóvenes y valientes, pero cuando viene acompañada de entusiasmo y atisbos de consciencia, de sublime encanto y valerosas apuestas por un mundo diferente y más profundo, más atrevido, la mezcla puede ser explosiva. La intensidad de sus ojos azules acompañado del buen humor hacía que la luz radiara por sí sola en una tarde que terminó siendo mágica.

Tanto fue la sorpresa ante el descubrimiento que hoy quedamos para seguir profundizando en los misterios de la vida, y de paso, hacer unas fotos a algún Buda para la portada de un libro. La vida siempre tiene estas cosas. Y algún día hablaré con detalle sobre la liberación interior que ayer sentí gracias a este hermoso ser. Así que gracias A. por el paseo interior y exterior. Demuestras con tu presencia que otro mundo es posible.

Tretas de un viajero


quijote

Estimado F.,

Me ha gustado tú decálogo del viajero, que hago mío. No soy turista, (no soporto el turismo) pero viajo mucho, o lo intento. Viajaría más si no fuera por la crisis. Vivir de los libros es difícil, y requiere sacrificios necesarios. A Mongolia fui a buscar Shamballa. La encontré prologando el libro de Roerich sobre la Resplandeciente y me convencí de que el mejor viaje no sólo es exterior. Interiormente se viaja más, sobre todo fluyendo, como en el Tao. Agua, somos agua. Y fuego. La tierra y el aire solo sirven para sostener a los dos primeros.

Ahora planeo de nuevo el viejo sueño de un viaje en coche por África, con la excusa pertinente de hacer algún trabajo de campo como antropólogo. La antropología me gusta casi más que la escritura, pero también depende del día. Escribir es viajar, sin duda. Y mejor solo, si no encuentras buena compañía. Por eso no me parece descabellado recorrer África en solitario. Hace dos años lo planeaba hacer en autogiro. El mismo día que estaba probando en la fábrica esos locos aparatos conocí a mi querida embajadora. A las pocas semanas me fui a vivir con ella a ese mundo de diplomacia extraña y el viaje no se hizo. Qué cosas. Así que África, Asia y América aún esperan mi viaje. Todo se andará. Algún día.

Al final no nos vimos para ese café estos días en Jesús del Valle. Fue toda una suerte porque tú tienes tantas ganas como yo de hacer nuevos amigos. Quizás por eso me caes bien, no eres peligroso en ese sentido y no vas a exigir, a no ser que surja, algún tipo de vínculo estrecho. Porque a mi edad me ocurre como a ti a la tuya, aunque ambos hayamos perdido la agenda en un mismo tiempo, son pocas las ganas de explorar lo ajeno a no ser que surja de forma espontánea  milagrosa y excitante. Bastante tenemos con lo nuestro, que también es rutinario y mediocre a su manera, y quizás por eso pocas personas tienen ya la capacidad de crearnos algún tipo de estímulo o curiosidad. La casual pérdida de sendas agendas quizás sea excusa para reencarnarnos de nuevo y abrir las canillas a lo nuevo. No lo sé… habrá que meditarlo.

Pero mientras ocurra y recuperamos la agenda, no descartemos ese café, no para ser amigos, sino para tener una correcta relación entre casero e inquilino, y de paso hablar de viajes y libros y soledades y mujeres, que sé que te gusta, como a mí, hablar de ellas. Miento, creo que últimamente es de lo único que me gusta realmente hablar. Lo demás son solo artilugios para llegar a ellas.

Un abrazo desde Barcelona…

Desde la catalana tierra


la foto

Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena. A nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ese es el precio que tienes que pagar: la soledad”. Chavela Vargas

Acabo de llegar a la catalana tierra y todo el camino pensaba sobre esa soledad que arrastra a las aves que vuelan por esos cielos extraños. Realmente existe cierta incomprensión y cierto rechazo. Y también desconfianza. Creo que es natural. Duro, pero natural. Y quizás ese sea el sino, la soledad. Así que habrá que acostumbrarse a ella poco a poco, sin prisas por nada, sin agobios, sin espasmos.

Esta mañana, antes de partir, tomaba un té en casa de S. Tenía que recoger unos libros que guardaba en su sótano para entregarlos en Zaragoza. Mientras cargaba los libros paré un momento y fui a abrazarla con todo el cariño del mundo. Por un momento sentí también su soledad y quise mostrarle que la soledad también puede ser un refugio, o puede ser compartida de forma inocente y hermosa con un abrazo sentido.

Y me pregunto porqué nos empeñamos en esa soledad tan desolada, como decía el poeta. Soledad cósmica, pero también soledad humana. Soledad de soles, incapaces con su luz de abrazar a cualquier otro ente cósmico. Soledad extraña y soledad prematura.

Y digo prematura porque es demasiado pronto para sentirnos solos. Y cuando llegué a la casa familiar y vi al Rastra con esa carita suya, tan suya. Tan solo hace un año andaba medio salvaje en la calle y ahora aquí, gordito que se ha puesto. Nos hemos abrazado como en los viejos tiempos. Cuando el corría libre por la Montaña y yo corría igual de libre entre bosques y espesuras.

Alimentos para el alma


Alimentos para el alma

Mientras preparaba las cajas de libros que debo llevar mañana a Zaragoza y Barcelona, remiraba en la nevera para ver qué perecederos tendría que comer hoy para que no se echaran a perder. Zanahorias, champiñones, cebolla, un pimiento verde… Lo pelé todo, lo lavé bien y lo metí en la cazuela con un poco de aceite y especies. Luego añadí arroz y salió una buenísima paella vegetariana con las sobras y los restos.

No deja de ser curioso que el alimento, eso que nos mantiene vivos, haya pasado desde hace mucho tiempo a un segundo plano. Ahora gastamos mucho más dinero en pagar hipotecas o alquileres que en comer. La comida está siendo olvidada porque estamos olvidando el vínculo estrecho que tenemos con la naturaleza. Ya no alimentamos vida, sino que hemos convertido nuestro cuerpo en un estercolero donde solo echamos basura. Comida basura, tabaco basura, drogas basura, de todo tipo de substancias ajenas a nuestra naturaleza. Hemos olvidado la importancia de cuidar nuestro templo, nuestra casa, el lugar que habitamos. Llenamos nuestros pulmones, que son el recipiente de la memoria colectiva, de humos contaminados, volviendo gris y tóxico algo que debería ser puro, limpio, algo que permitiera absorber con delicadeza el recuerdo de nosotros mismos. La respiración profunda es lo que nos conecta con todos los vínculos, con todas las dimensiones. Es el aire que entra dentro el que aviva nuestro fuego interior, nuestra llama.

Y las piedras con las que construimos nuestra casa, ¿de qué material están hechas? ¿Hemos considerado alguna vez la piedra noble con la que construimos los ladrillos de nuestro edificio? ¿Hemos considerado alguna vez que en vez de construir templos cristalinos estamos edificando paredes mancilladas con cadáveres? ¿Cuánto sacrificio y dolor hemos acumulado en nuestro interior? ¿Qué clase de ser podría habitar en una habitación plagada de muerte?

Pero nunca pensamos en estas cosas. No tenemos tiempo porque de alguna manera nuestra condición insensata no nos deja ver lo que realmente somos. Pensamos, día sí y día no que la vida nunca termina, que nada nos habita excepto un puñado de células que se entrecruzan entre sí mayor función que la de ir tirando. Olvidamos que han hecho falta millones de años de evolución para que la perfección de nuestra máquina humana haya llegado hasta aquí. Y millones de antepasados han tenido que vivir y morir para dejarnos esta maravillosa herencia. Y olvidamos que solo somos eslabones de esa gran cadena que es la vida, y olvidamos que debemos ofrecer a las futuras generaciones algo mejor de lo que recibimos.

Y olvidamos sistemáticamente que el Ser que nos habita, el receptor de toda esa herencia es mucho más que todo aquello sobre lo que pensamos, sentimos o hacemos. Olvidamos, porque nuestro flujo, nuestra conexión con el cosmos y la naturaleza ha sido capada por todo el lastre de contaminación e infortunio que arrastramos en nuestras vidas, olvidamos porque no somos capaces de vernos desde la pureza de lo que realmente somos.

¿Y qué hacer cuando descubrimos lo que realmente somos? Esforzarnos día y noche por ofrecer al mundo lo mejor de nosotros mismos. Esforzarnos para que cuando de aquí a cien años ya no pisemos este planeta, hayamos obrado en rectitud hacia algo mejor. Esa debería ser la única respuesta que condicionara todas las preguntas. ¿Qué hacer con los restos de la nevera? Transformarlos con el poder alquímico del amor en algo útil y verdadero.