OFERTA DE NAVIDAD: PARA VOLVER A NACER


Hace unas semanas nos solicitaron para un evento doscientos libros de la bella y cuidada segunda edición de Jorge Carvajal, «Para Volver a Nacer». Al final los doscientos libros no llegaron a tiempo y se quedaron en nuestro almacén. Pensamos que este libro que habla de la Navidad puede llegar a ser un buen regalo para estas fechas entrañables, así que para dar salida al stock, hasta el diez de noviembre lo vamos a vender al 50% hasta agotar el stock de libros. La única condición es que los serviremos en lotes de un mínimo de diez libros (precio del lote: 50€). Espero que os pueda servir de regalo para esos diez amigos en los que ya estáis pensando… Un abrazo sentido…

Para recibir los libros podéis escribir directamente a nous@editorialnous.com o a javier.leon@editorialseneca.es

Podéis hacer el pago mediante transferencia o ingreso en la cuenta de La Caixa:

2100 4448 32 02 00017410

Gracias de corazón…

El raudal de poesía y profundo conocimiento de Jorge Carvajal se vuelcan en esta ocasión en la Navidad. Su verbo entusiasmado y entusiasmante nos empuja ahora al perenne desafío de nacer de nuevo, cuidando que sea desde lo más elevado de nosotros mismos. 

Jorge nos invita a apurar el dulce turrón, a juntar nuestras copas, sobre todo a reunir nuestros corazones y voluntades. En las páginas que tienes entre manos, nuestro entrañable amigo, guía y hermano le saca todo el brillo y el color, toda la razón de ser a esta fiesta, a este símbolo universal.

 

 

Pensamientos Simientes, de la Fundación Ananta


La Fundación Ananta envía todos los días unos hermosos pensamientos simientes que nos ayudan a la reflexión y a profundizar sobre las cosas intangibles y sobre todo aquello que nos interesa y preñan nuestra mirada interior. Si queréis recibirlos, podéis escribir al presidente de la Fundación, Joaquin Tamames, (joaquintamames@fundacionananta.org) para que os añada en la lista de envío.

Os dejo el pensamiento simiente de hoy:

«¿Qué diferencia hay entre un materialista y un espiritualista? Para tomar una imagen muy simple os diré que el espiritualista transporta por todas partes su casa con él, mientras que el materialista no puede desplazarla. Sí, el espiritualista, para quien los tesoros verdaderos son interiores, lleva siempre consigo su bagaje de alegría, de felicidad, de expansión, (ésta es su casa), mientras que el materialista no puede desplazarse con todo lo que posee, debe dejar la mayor parte en su sitio.

En realidad, el ser humano sólo es rico en la medida que tiene conciencia del ser. Si el espiritualista no es consciente de su riqueza, es más pobre que todos los materialistas. Pero si aprende a expandir su conciencia, se siente en contacto con todas las almas evolucionadas del universo que le dan su ciencia, su luz y su alegría. Y entonces, ¿qué materialista puede compararse a él? Incluso las piedras preciosas y los diamantes palidecen ante el centelleo de todos sus tesoros interiores.»

Omraam Mikhaël Aïvanhov (1900-1986). “Pensamientos cotidianos”, Editorial Prosveta. Imagen: la cumbre del Mont Blanc (28 julio 2010) (foto de Jonás Cruces  <http://www.todovertical.com/

Decálogo para ser feliz


1. Danza, baila, escucha música o practica algún ejercicio.

2. Aliméntate ligera y sanamente. Cuida la alimentación y lo que comes.

3. Respira hondo todos los días y siente la vida que te recorre a cada instante dando gracias por todo lo bueno que ha de llegar.

4. Gasta el dinero en experiencias, no en cosas.

5. Enfrenta los retos, sin miedo. Afronta con valentía tus experiencias.

6. Relaciónate, no te aísles, la vida es relación.

7. Rodéate de personas y lugares hermosos, de pensamientos y emociones sanas.

8. Se amable con todos y honra la presencia del otro. Siempre tienen algo que enseñarte.

9. Piensa menos, no interpretes la vida, siéntela. Estudia y aprende que cada día es un milagro.

10. Comparte y sé generoso.

La valentía de ser empresario sin ser empresario


Hoy comentaba con un buen amigo lo difícil que es crear una empresa sin haber mamado lo esencial para ese tipo de aventuras. He conocido a pioneros que emprendieron sus sueños sin saber lo que era un business plan, una recapitalización, un CEO, un ebipda o algo tan sencillo como una factura proforma. El mundo de la empresa es complejo y hay muchas personas que se preparan a base de IAE o IE o master de empresas o simplemente porque han nacido en un entorno así y lo han «sufrido» de pequeños. El resto, aprendemos a base de ensayo y error, que es lo que nos enseñaban en las tesis doctorales o en las carreras que intentaban crear un marco científico a base de métodos, técnicas e indicadores.

Llevaba semanas reflexionando, tras seis años de aventura empresarial, de cómo reformular mi vida desde otra perspectiva. Una de las primeras cosas que he decidido ha sido trabajar media jornada, es decir, pasar de las dieciséis horas de media a una leve jornada de ocho horas diarias. El resto de tiempo lo voy a dedicar a crear, porque un emprendedor, ante todo, tiene que ser creador, y para eso necesita inspiración, y para eso necesita tiempo. Así que voy a dividir la rentabilidad temporal entre algo de ocio -para despejar mente y cuerpo-, espacios para lo interior –algo importantísimo para un neo-empresario que quiera comprender los retos de este milenio y «ver» hacia donde vamos-, la formación y la autoformación -necesito entender los entresijos del ebook y el epub para poner la empresa al día (parece mentira pero aún no he tenido tiempo de comprar un lector electrónico en estos años), y la tesis doctoral, que a pesar de que tengo amigos que opinan que ya hay muchas tesis doctorales en el mundo, soy de los que opinan que hay mucha ignorancia congénita y que lo ideal sería poder avalar y multiplicar por mil los estudios doctorales y cualquier clase de estudios que hicieran de la masa humana un producto inteligente, independiente, justo, armónico y feliz. Y para todo eso, el conocimiento, sea del tipo que sea, ayuda. Así que hay que estudiar, como disciplina diaria, siempre. Para luego poder compartir, como disciplina diaria, por siempre. (Pobre de aquel que guarda lo que posee en donde se corre el riesgo de perderlo todo).

En fin, creo que el futuro debe dibujarse, tal y como está el patio, en retos empresariales, en personas autónomas que creen su propia empresa, en emprendedores que sean capaces de ver las oportunidades de cambio que esta crisis nos demanda. Creo que es importante que dediquemos tiempo a esta reflexión ya que estamos rozando cuotas exageradas de incertidumbre. Así que todo mi ánimo y aliento para aquellos que estén atravesando una situación difícil pero que sean capaz de darle la vuelta buscando soluciones imaginativas… Palabra de superviviente.

La inmensidad de las pequeñas cosas


Hoy, en vez de ver las noticias, he puesto la novena de Beethoven y he cocinado una coliflor con patatas y alioli bien picante. En vez de lamentarme de cómo está el mundo he cogido una barrita de incienso de Agarbatti y he disfrutado de los recuerdos de la India. En vez de ir a comprar a un hipermercado he alimentado mi alma con la lectura de un libro tolteca que hablaba sobre la maestría del amor y sus componentes mágicos. En vez de llorar lo perdido, me he tumbado al sol desnudo, abrazando sus rayos y su vida y dando gracias por este privilegiado instante. En vez de persuadirme con la pobreza de mis ahorros, me he sentido afortunado e inmensamente rico por poder contar uno por uno los dedos de mis pies y las sonrisas de mi rostro. En vez de cultivar la arrogancia y el orgullo he trasplantado una flor a un jarrón más grande para que cumpla mejor su propósito de embellecer nuestras vidas y hacerlas más puras y alegres con su perfecta presencia. En vez de agarrarme al futuro incierto he hecho de este día un lugar confortable, plagado de oraciones y agradecimiento, inmenso en cuanto a sintiente humanidad. He inclinado mi rostro, he mirado al cielo y he visto que la grandeza de sentirnos vivos en cada minúsculo detalle ha hecho que el baile sinfónico de esta melodía haya logrado el milagro de la obra cumplida. Así sea por siempre.

La Alegría como método curativo


Los pensamientos de un mundo sano no están enfocados desde la mañana hasta la noche en la curación de sí mismo. Los pensamientos de un mundo enfermo como el nuestro requiere dedicar gran parte de nuestros esfuerzos diarios en sanar nuestra maldad, nuestra ignorancia y nuestro orgullo. Por ello no debemos preconizar el autoconocimiento tan solo con fines curativos, sino también con fines de gozo y plenitud. Cualquier persona despierta al mundo del gozo y la alegría vital suele ser en nuestro mundo una rara florescencia de una generación de emprendedores del espíritu. Por ello su misión será la de hacer penetrar la alegría en todas las empresas y actividades humanas, no como sistema de autocuración o autoconocimiento, sino como herramienta imprescindible para alcanzar altas cuotas de paz y amor universal. ¿Qué técnicas, actitudes y capacidades serán necesarias para introducir la alegría en el mundo? ¿Qué clase de valor haremos brotar para estimular la vida de nuestros semejantes? ¿Qué clase de fuerza y poder pondremos al alcance de los nuestros para que la sanación global no sea un fin, sino una consecuencia inevitable de nuestro cambio de actitud y consciencia?

Hacia el suicidio colectivo


El suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras.
(Johann Wolfgang Goethe)

La estadística de suicidio se ha realizado ininterrumpidamente desde 1906 hasta 2006. En 2007, el mismo año en que empezó la gran crisis, se adoptó la decisión de suprimir los boletines del suicidio. En estos años sin estadísticos, somos muchos los que hemos perdido nuestro puesto de trabajo, nuestras casas, nuestras empresas y nuestras cosas.

Esta mañana, aprovechando que la vida nos regalaba una hora más, he salido desnudo al salón y me he dado un baño de sol tumbado en el parqué. Era una forma hermosa de reivindicar la vida por encima de todo, por encima de la pobreza, por encima de las cosas, de las casas, de los problemas, incluso del hambre de aquellos que no les queda más remedio que hurgar entre basuras algo que comer. Lo vi hace unas semanas en Madrid en pleno centro y se me derrumbó el alma.

Así que desnudo, sin nada, pero digno, con vida, con ganas de vivir, con ganas de seguir a pesar de la “economía de guerra” que estamos atravesando, según se leía hoy en la prensa con la noticia del 25% de personas desempleadas, con fuerzas aún suficientes para soportar las amarguras que la vida nos ha de mostrar aún.

Alguien me comentaba el otro día que esa expresión, “economía de guerra”, era algo exagerada. Que teníamos hospitales, y comida y vestido y que los desahucios eran solo unos pocos… Sí, digamos que unos pocos, trescientas cincuenta mil familias, pueden no ser demasiados. Si lo comparamos con los muertos que murieron en Hiroshima (140.000) o Nagasaki (70.000) quizás sean muchos. Si lo comparamos con los muertos de toda la Segunda Guerra Mundial quizás sean pocos, a no ser que a esas trescientos cincuenta mil familias sumemos todas las de Europa, cuyas cifras podrían ser escandalosas. Porque para muchas personas cuya conciencia se ha regido durante milenios a identificarse con las cosas, cuando las pierdes, es como perder la vida.

Si tuviéramos acceso a las cifras de suicidios, las cuales algunos estudios cifran en diez suicidios diarios solo en España (3.500 criaturas al año) como las dos personas que se han suicidado estos días porque les desahuciaban la casa, el suicidio colectivo ante la pérdida de «cosas» sería mucho más que alarmante. Pero, ¿qué hacer ante este panorama tan desgarrador?

Pedir un verdadero rescate, pero no para salvar la banca y sus intereses (tampoco para salvar las «cosas» que representan), sino para salvar a todas esas familias perdidas y desahuciadas de su propia razón de ser. No expulsarlas de sus casas («cosas») ni desahuciarlas, sino llegar a un acuerdo a largo plazo con ellas, ya sea un acuerdo de mínimos, de alquiler social o de lo que sea, con tal de que su dignidad como personas no sea mancillada o perdida.

No se puede expulsar a una familia de su casa sin más porque más que perder «cosas», pierden dignidad, y cuando eso ocurre, para muchos, la vida no vale nada. Deben legislarse mecanismos legales para que eso no pueda ocurrir en ninguno de los casos en situaciones de “economía de guerra” o de cualquier tipo de economía, a no ser un desahucio pactado entre ambas partes por imposibilidad de asumir las pruebas del camino. No podemos seguir rescatando a bancos y políticos y dejar a la población a merced de los acontecimientos. Si seguimos por esta vía, estamos condenados al suicidio colectivo como sociedad y como proyecto humano, y nuestra dignidad colectiva jamás podrá vencer la batalla de la amargura que viene.

¿Donde tenemos enfocada nuestra consciencia?


 

¿Dónde tenemos enfocada nuestra consciencia? ¿En el tener, en el deseo, en el poder, en el amor, en la palabra creadora, en la visión y comprensión, en el Ser?

Croquetas vegetarianas, la disciplina de una dieta diferente


“Desde una edad temprana he rechazado el uso de la carne y llegará el día en que hombres como yo, verán el asesinato de animales como ven el asesinato de personas”.Leonardo Da Vinci ( 1452 -1519 )

La comida basura nos hace tener una vida basura. La comida rápida nos hace vivir en una vida rápida, sin fundamento. La comida basada en cadáveres nos hace vivir una vida muerta, sangrienta, alimentada a base de sufrimiento. Suena drástico pero a veces, la educación que hemos recibido durante milenios solo puede ser contemplada desde una visión drástica. Por eso es importante apostar por una nueva educación, por una nueva consciencia, por una nueva cultura que empiece desde lo más básico. ¿Por qué no nos educan a comer bien? Es difícil, pues en torno al negocio de la alimentación y sus consecuencias, las enfermedades, gira mucho dinero. ¿Quién iba entonces a fabricar fármacos para paliar nuestros excesos y nuestras enfermedades derivadas de la mala alimentación?

Y aún resulta más difícil terminar con los hábitos. A cuantos vegetarianos he escuchado quejarse de lo difícil que resulta ausentarse de un buen solomillo, o de una tapita de jamón, o de un buen vino. Nosotros no somos la generación cuya responsabilidad gira en radicalizar y anular de golpe todos esos hábitos. Somos la generación cuya responsabilidad estriba en generar nuevos hábitos. Eso no supone dejar de comer jamón y hacerse radicalmente vegetariano. Supone simplemente ir cambiando nuestros hábitos alimenticios poco a poco, sin prisas. Y con nuestro ejemplo, inspiraremos a nuevas generaciones que ya no vendrán con el sesgo cultural del imaginario colectivo donde una buena tapa de jamón debía venir acompañada de un cigarrito, una copa de vino y un buen partido de fútbol. Todo eso está cambiando en nuestras representaciones simbólicas, y poco a poco seguirá haciéndolo hasta que sepamos cultivar una forma diferente de relacionarnos con el mundo.

Os dejo aquí las reflexiones de algunos sabios que tiempos atrás ya hablaban de algo parecido:
“Mientras el hombre continúe siendo el destructor despiadado de seres inferiores no conocerá la salud ni la paz. Mientras el hombre masacre animales, se matarán unos a otros. Ciertamente aquél que siembra la semilla del asesinato y dolor no puede cosechar gozo y amor”. Pitágoras ( 585-500 A. C. ).

“Si alguien dijera que voy a morir si no como caldo de carne o carne de cordero incluso por consejo médico, preferiría morir. Esa es la base de mi vegetarianismo. Para mí ese fue un gran descubrimiento en mi búsqueda de la verdad”. Mohandas Gandhi.

“Mientras seamos las tumbas vivientes de bestias asesinadas, ¿cómo podemos esperar condiciones ideales sobre esta tierra?”. “El domingo oramos pidiendo que la luz ilumine nuestro camino. Estamos cansados de guerras, no queremos más combates, pero sin embargo, nos atiborramos de cuerpos muertos”. George Bernard Shaw.

“No extraño en absoluto ningún plato de carne, sí extraño el olor a tocino, pero no lo tocaría porque sé de donde viene. Cuando veo a un pedazo de tocino veo a un cerdo, veo un pequeño amigo y es por eso que no lo puedo comer”. “Creo que en el futuro Mc Donalds será vegetariano porque sé que será más económico para ellos. No tendrán que pagarles a todos esos granjeros para que críen a estos animales y los transporten al matadero, será un momento feliz”.
“Si alguien quiere salvar el planeta lo único que tiene que hacer es dejar de comer carne. Esa es la cosa más importante que puedes hacer. Cuando lo piensas es asombroso. El vegetarianismo se ocupa de muchas cosas a la vez: ecología, hambre, crueldad, y es algo espiritual para uno mismo ¡hagámoslo!” Paul McCartney .

“Nada beneficiará tanto la salud humana e incrementará las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana”. Albert Einstein.

“La clasificación de las formas, funciones orgánicas, costumbres y dietas demuestran de un manera evidente que el alimento normal para el hombre es vegetal como los antropoides y los simios y que nuestro dientes caninos están mucho menos desarrollados que los suyos. No estamos destinados para competir con bestias salvajes o animales carnívoros.” Darwin.

Una mente libre y un corazón compasivo


Conocí a Sister Jayanti en la comunidad de Mount Abu, en uno de los retiros organizados en India. Luego coincidí con ella en otro retiro al que me invitaron amablemente los amigos de BK en Oxford hará un par de años. Mi experiencia con el movimiento BK siempre ha sido muy positiva, hasta el punto de que organizaron muchos retiros y encuentros en mi casa de La Montaña. Los vecinos del pueblo se asustaban porque pensaban que algún tipo de secta diabólica había invadido el pueblo. Pero nada más lejos de la realidad, en todo caso, una secta angélica, ya que sus miembros son todo amor, personas de buena voluntad capaces de transformar tu vida con tan solo mirarte. Auténticos ángeles en la tierra, que intentan inculcar una forma diferente de vida y convivencia. Hablo de ellos en mi tesis doctoral y les estoy muy agradecidos por todo lo que siempre han hecho para poder entender las diferentes formas de acercarnos a la espiritualidad de nuestro tiempo. Así que os invito, sin prejuicios y sin ningún tipo de dogmas, a que podáis escuchar las enseñanzas de esta hermosa mujer.

Bandidos extranjeros


Así es como un nacionalista catalán ha llamado hoy a los españoles. Para argumentar su tesis, además, aclamaba la creación de un ejército catalán para defenderse de dichos bandidos. Supongo que el debate en Cataluña y pronto también en el País Vasco tiene más que ver con una reflexión animal, como los perros que salen a la calle y marcan su territorio a base de meadas. Porque sino no puedo entender el debate de las banderas, de las patrias y de los ejércitos en pleno siglo XXI. Supongo que esto ocurre porque con la crisis estamos dejando de leer y de viajar y de experimentar la complejidad de nuestro ancho mundo y estamos cerrando nuestra mirada a lo más visceral de nuestra anatomía.

Lo preocupante de esta cortina de humo que pretende encubrir el verdadero problema de la crisis económica y de la incapacidad de gobiernos regionales y estatales de afrontar sus responsabilidades a la hora de abonar facturas pendientes y otros compromisos, es que está sembrando una escalada de odio cada vez mayor entre unos y otros. Habrá personas que aún pensarán en la necesaria defensa de cualquier patria a costa incluso de la sangre. Habrá aún personas que dediquen un miligramo de cordura a creerse el cuento chino de que las libertades se consiguen a base de garrote vil, de banderas y patrias. En todo caso, estas han sido mis respuestas en un debate absurdo y sin fundamento, enfocado desde la aspiración animal y alejado de las ideas y los planteamientos sólidos. Espero que disculpéis el tono de coña:

– marcar els territoris … No és això el que fan els gossos quan van a pixar? Som gossos o humans? I si som humans, per què seguim marcant els territoris amb banderes i pàtries?

– jo no vull pàtries ni banderes, vull pa, educació, salut i treball i una churri que em xucli el membre viril cada matí perquè els meus feromones animals no estiguin pensant en exèrcits sinó en amor … Si seguim portant el debat de les idees al debat de l’absurd (exèrcits, pàtries, banderes) aviat sortirem desfilant al carrer amb el braç a l’aire i cantant patriòtics un nou cara al sol …

– el dia que no tinguem ni pàtries ni banderes no tindrem exèrcits … és així de fàcil, perquè ja no serem animals gregaris, sinó éssers humans lliures, sense pàtries, sense nacions, sense exèrcits, sense fronteres …

– si… asaltem la caserna del Bruc i expulsem l’exèrcit d’una vegada … un exèrcit menys … i en la caserna fem una universitat per a l’estudi i la investigació del comportament gregari a la raça humana amb una tesi doctoral titulada: «com passar de ser animals gregaris a éssers humans complets i lliures, introducció a l’humanisme i la il·lustració»

¿Qué es ser espiritual?


 

Entiendo espiritualidad como aquello que nos diferencia realmente del mundo animal y que nos obliga cada día a ser más humanos. No hablo de un dogmático programa de buenas intenciones ni de creencias epidérmicas. Hablo de la acción diaria y comprometida por un mundo mejor.

Eso, además, requiere una visión amplia, miras e interrogantes al infinito, que fue, precisamente, de donde surgieron todas las religiones y pensamientos filosóficos. Un infinito que nace en nuestro interior y se expande hacia el exterior, por eso de que como es arriba es abajo, y como es adentro es afuera. De ahí la importancia del discernimiento, para poder saber la diferencia entre el abrir los ojos a nuestro maestro interior como a los maestros que la vida nos pone en el exterior.

Las creencias en ese marco de referencia deben ser siempre provisionales, a sabiendas de que la sabiduría sólo puede construirse vaciándonos a cada momento de nuestra pesada carga semántica y a sabiendas de que no hay mayor guía que nuestra propia intuición, verdadera luz de nuestro propósito.

Ser espiritual es sentir un profundo respeto hacia todos los seres sintientes, aquellos que forman parte de esta nave Tierra y sin cuya compañía nuestro mundo carecería de todo sentido. También hacia todas las tradiciones humanas: iniciáticas, religiosas, místicas y espiritualidades de nuevo cuño. Sentir, a su vez, un gran respeto por todos aquellos cuya fe se basa en no creer en nada.

Ser espiritual es ser humanista, creer en la posibilidad de un hombre nuevo y mejor. Soñar  en un estado angélico como ese nivel que deberemos alcanzar en algún punto de nuestra inmanente evolución. Ser un amante nocturno de ritos y tradiciones ancestrales, símbolos y sabidurias perennes, a sabiendas de que la fe es la sustancia de las cosas que no se ven y de que el Misterio es la ansiada antorcha que nos ilumina en la noche de la absoluta ignorancia.

Ser espiritual es pasar muchos años interrogándonos sobre el misterio de la muerte, pero sobre todo, respondiendo al misterio de la vida. Indagar en todas las filosofías y creencias, a sabiendas de que todas tienen siempre algo de verdad y de mentira. Agarrarnos por ello al inminente ocaso de las cosas, desprendiéndonos con ello al verdadero aprendizaje de la vida. Porque más allá de ella, se abre de nuevo el eterno interrogante. De ahí que el mejor cielo, de momento, es el que se puede construir con la virtud y el buen hacer en este presente y en este mundo.

Ser espiritual es creer en los hombres y mujeres de buena voluntad que participan en esa obra virtuosa, y a ellos nos debemos en nuestro ser. Es creer en el Propósito de un mundo mejor, el propósito que los maestros conocen y sirven.
Por eso, ser espiritual es entender la máxima oculta del todo para ellos, nada para nosotros, siendo la generosidad, el compromiso y la entrega nuestra más valiosa espiritualidad.

Los Grandes Bienes


Isaiah Berlin fue un conocido politólogo y pensador letonio que dedicó parte de su vida a expresar ideas y compartirlas en revistas, diarios y pequeños ensayos que más tarde fueron recopilados para mostrar parte de su extensa obra. Muchos autores luego famosos empezaron sus primeros pasos en el mundo de la escritura apostando por pequeños artículos que publicaban aquí y allá, para luego dar el salto cualitativo y cuantitativo de las grandes obras. El pensamiento de una vida o de una época siempre han encontrado culto en esos pequeños retales que aparecen aquí y allá, conceptualizando un momento único e irrepetible.

Isaiah nos decía en “El fuste torcido de la humanidad” que algunos de los Grandes Bienes no podían cohabitar. Decía que estamos condenados a elegir, y que toda elección puede entrañar una pérdida irreparable. No se trata de que una u otra elección sea cobarde o falsa en contraposición de otra valiente y verdadera. La justicia y el devenir pueden ser valores absolutos dentro de un individuo que podrían chocar con valores quizás menos fundamentales para algunos como la piedad y la compasión. ¿Qué hacer entonces cuando hay un choque de este calibre en nuestro interior? Imaginémonos a un joven y entusiasta escritor con ganas de proveer su vida de sentido mediante el arte de la palabra escrita. De repente, como tantas veces ha ocurrido, se da de bruces con la realidad, y observa que su pasión puede ser constreñida por las circunstancias adversas. Y esto, en los tiempos que corren, sirve tanto para un camarero como para un agricultor. ¿Qué hacer cuando tu pasión te aleja tanto de la realidad en la que vivimos?

Kant nos advertía que nada recto puede salir de un fuste tan torcido y retorcido como lo es el ser humano. Sin embargo hay cosas que nos pueden maravillar con solo contemplarlas, y hacer de nuestras vidas un recto y sentido renglón expansivo.

A veces me preguntan porqué mezclo en estos escritos partes biográficas con pensamientos de toda índole, ya sean políticos, místicos o económicos. No se trata de ninguna rareza. La escritura nos ayuda a mostrar el sufrimiento de un hombre que también puede ser el sufrimiento de una época, especialmente cuando la vida que siempre hemos conocido es transformada por fuerzas que están más allá de nuestro control. Por eso no reparo un ápice en mostrar todo cuanto pasa a mi alrededor, que también es, a modo de un holograma universal, una pequeña muestra de lo que pasa en el mundo. Y al hacerlo podemos reflexionar y advertir de que nuestro fuste puede ser moldeado hacia un leño forjado hacia el recto devenir.

Os pondré un ejemplo tierno. Hace años viví en uno de los países más hermosos e increíbles que he conocido: Alemania. El pueblo alemán me entusiasmó en muchos sentidos. Sus gentes y su país, plagado de naturaleza viva y cambiante, creó en mí un sentimiento de profunda complicidad. Alguien que lee estas letras sabe de ese sentimiento, aún sin conocerme, sin haberme visto jamás antes. Pero tiene la delicadeza de enviarme por correo un trozo de su bosque germano. Entonces me doy cuenta de la grandeza del ser humano cuando capta la esencia de lo bello, de lo increíblemente necesario, de lo verdaderamente imprescindible. Ya no se trata entonces de ninguna elección que ponga en compromiso nuestras vidas o nuestros valores tal y como reflexionaba Isaiah, se trata simplemente del puro y bello disfrute del compartir. Y ahí no hay elección, solo agradecimiento y amor. Sólo grandes bienes que se manifiestan en pequeños detalles.

(Foto: Hojas y flores llegadas desde Alemania gracias a la complicidad y generosidad de nuestra querida T. Así que gracias de corazón por compartir tan increíble regalo).

Paseos otoñales


 “Sabes si estás en el camino correcto cuando a cada paso sientes la alegría de vivir”. Alejandro Jodorowsky

Cuando salimos a pasear por el Monte del Pilar llovía a cántaros. No nos importó. Él cogió su vara y nos pusimos el chubasquero andando pausados por los campos pastados por rebaños. Era hermoso compartir historias de vida, hacer un repaso a la política del país, a los inquietantes momentos que estamos viviendo.

Pasamos tristes por la que iba a ser la sede española de la prestigiosa London School of Economics, cuyos cimientos llevan ya meses parados debido a la crisis financiera y la falta de inversión. Cuando era un joven estudiante universitario, siempre soñaba con poder estudiar algún día en un lugar así. Y ahora tengo la sede, inacabada, a menos de quinientos metros de casa. Paradojas del destino. Y pena de no disponer de los diez millones de euros que hacen falta para terminarla.

Tras el hermoso paseo, marché al sur de Madrid para degustar el sabroso menú que se servirá en la cena benéfica a favor de Colores de Calcuta. Aprovechamos para hablar de las cosas de la vida, de los paralelismos que existen en todas partes con respecto a aquello que nos guía y nos refuerza.

Por cierto, recordé en la conversación, hablando sobre la necesidad de seguir escribiendo y de lo impulsivo que a veces parezco a la hora de hacerlo, aquellos tiempos en los que había días donde las visitas al blog se contaban a miles. El record fue un día que casi rozamos las siete mil visitas. Durante muchos meses, especialmente cuando tocábamos temas políticos, las visitas únicas diarias rondaban las mil diarias. Ahora, que todo está calmado, estamos en el entorno de entre los trescientos y los cuatrocientos amigos que nos visitan de forma diaria desde todas partes del mundo. Eso crea cierta responsabilidad y cierto compromiso libre, pero sobre todo, cierta necesidad de dar gracias a todos aquellos que visitan y aportan con sus silencios, miradas o comentarios su granito de arena. Gracias de corazón por estar ahí…

 

Hacia el recuerdo de sí mismo


“Recuérdese a sí mismo, siempre y en todas partes. Recuerde que usted ha venido habiendo ya comprendido la necesidad de luchar contra sí mismo: únicamente contra si mismo. Por lo tanto, agradezca a quien quiera le dé dicha oportunidad. Sólo al vencer los obstáculos puede un hombre desarrollar en sí mismo las cualidades que necesita.” (G.I.Gurdjieff )

En todos los rituales iniciáticos siempre se nos recuerda que el mayor de nuestros enemigos somos nosotros mismos. Hay un momento en que esta enseñanza se imparte de forma increíble, atravesando nuestras consciencias con absoluta claridad. Es por ello que todos aquellos que nos rodean, especialmente nuestras parejas, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos… son siempre nuestros maestros, aquellos que han de mostrarnos las cosas más hermosas de nosotros mismos, pero también las más horribles. Siendo así, ¿por qué huimos de ellos? ¿Por qué tendemos a huir de nuestros verdaderos maestros?

El verdadero maestro interior es aquel que reconoce, ante la luz de la evidencia, que aquellos que nos sacan de nuestras casillas son los mejores maestros para crear en nosotros la verdadera templanza, la auténtica serenidad y la necesaria gobernanza de nuestros incontrolados deseos. Por eso nuestro maestro interior elige a consciencia (aunque para nosotros sea, aparentemente, un acto totalmente casual o inconsciente) a aquellas personas que han de obrar en nosotros el milagro de la transformación.

Es evidente que no debemos obligar a nadie a que permanezca a nuestro lado. Eso siempre es una elección voluntaria que nace del libre albedrío, pero sí resulta hermoso, al menos cada vez que se avanza un paso más en la disciplina del autoconocimiento, el elegir a aquellas personas que sienten la vida desde la misma perspectiva. Es decir, que son capaces de mirarse al espejo de la vida y reconocer a su verdadero enemigo. Siendo así, las vidas parejas siempre tejerán una increíble e imperecedera complicidad que hará que el crecimiento interior se vuelva, con el tiempo, en implicación hacia el mundo exterior. Ese es el camino de los que desean hollar la senda de la vida plena, aquella que observa expectante las sutilezas de todo lo creado.  Sepamos pues elegir correctamente a nuestros compañeros de viaje, aquellos que en consciencia desean progresar hacia el infinito, aquellos que tienen el recuerdo de sí mismos y obran en consecuencia ante los errores, las virtudes y los defectos.

Pequeñas historias de esperanza


Estaba leyendo la biografía del escritor norteamericano Henry Miller, especialmente cuando vivió y pasó hambruna en Paris, viviendo debajo de cualquier puente y recibiendo limosna para sobrevivir. Es la típica historia de cualquier artista que haya vivido en cierta bohemia obligada debido a la falta de medios y recursos. Un día, un compatriota le abrió la puerta de su casa, le ofreció una habitación y le remuneró con diez francos diarios para que hiciera con ellos lo que quisiera. La fe de su paisano fue suficiente para que el olvidado artista llegara a la fama mediante la creación literaria.
A veces este tipo de historias te animan, te hacen ver la miseria desde otra perspectiva y sobre todo, te llenan de fe y esperanza. En el fondo, no importa las dificultades. No importa que Miller durmiera durante meses debajo de los puentes parisinos, ahí está su legado, su obra literaria y cultural.
Ayer recibía desde la Montaña la buena noticia de que la biblioteca que rescatamos hace unos años por fin había vuelto a abrir sus puertas. En aquella otoñada ya lejana, un grupo de voluntarios decidimos abrir las puertas de la biblioteca cerrada a cal y canto, olvidada. Estuvo llena de historias bonitas, de donaciones de libros y de aventuras hermosas hasta que una terrible tempestad hundió su techo y tuvo que cerrar hasta estos días en que ha podido ser abierta de nuevo. La de Miller y la biblioteca de la Montaña solo son historias, pero siempre llenan algún rincón del alma de algo positivo, de algo bueno, de algo necesario.

(Foto enviada desde la biblioteca de Mesas de Guadalora, en la Montaña de los Ángeles, con algunos libros senequistas que donamos y lo blog en la pantalla).

«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»


NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros «poetas muertos»,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los «poetas vivos».

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

Walt Whitman

La importancia del trabajo subjetivo


Una de las cosas que nos diferencian del reino animal es precisamente nuestra capacidad de pensar, o mejor dicho, nuestra capacidad de abstraer el pensamiento. Sin embargo, esto no se ha conseguido del todo. Uno de los fracasos de nuestra humanidad consiste en ver como casi el noventa por ciento de los humanos aún están anclados en el mundo animal y en la satisfacción de sus necesidades más básicas. Por eso el mundo abstracto es tan importante para la humanidad en general, pero para poetas, científicos, creadores, arquitectos, soñadores, filósofos, matemáticos, ingenieros, artistas y escritores en particular. Es allí donde se consagran los ideales y las hazañas que nos hacen humanos y es desde allí de donde se recogen las semillas que deberán germinar en las consciencias de nuestra humanidad. Y el objetivo de todo eso no será otro que ese mismo: humanizarnos, alejarnos cada día más de lo puramente animal para trasladarnos con paciente trabajo hacia el nuevo mundo.

Por eso hay muchas personas que parecen vivir en Babia, por utilizar el símil, o dan la sensación de que viven en otro mundo, aparentemente alejados de la realidad cotidiana. Todos ellos merecen nuestro mayor respeto, porque realmente están creando, están construyendo el ideal humano, están potenciando la calidad de nuestra vida presente y futura. Para poder entender la profundidad de su trabajo, veamos resumidamente los diferentes tipos de trabajadores subjetivos y pensadores que existen:

1. Los primeros se dedican a imponer la condición humana. Desde ese rayo de voluntad que les caracteriza, son capaces de destruir las viejas formas para que las nuevas florezcan de forma luminosa y verdadera. Su misión principal es la de destruir las viejas estructuras mentales y los viejos y anticuados hábitos que obstaculizan el progreso. Lo antiguo y lo caduco se destruye y desintegra bajo su implacable influencia, terminando con las viejas formas desde un impulso de amor inteligente, destruyendo lo que lamentablemente nos arrastra a la oscuridad del mundo e inspirando las fronteras del nuevo ideal.

2. Los segundos piensan y meditan sobre las nuevas ideas nacidas de los primeros. Intentan reunir a un pequeño grupo de pensadores para analizar la nueva corriente, las nuevas fuerzas subjetivas, los nuevos ideales que deberán influir a toda la humanidad, creando pequeños grupos aquí y allá donde se discuten y estudian dicha inspiración. Su misión es la de introducir tímidamente estas nuevas ideas en la masa humana. Ellos construyen las moradas que deberán albergar el nutriente que hará nacer la verdadera alma humana.

3. La misión del tercer grupo de pensadores es la de estimular el intelecto humano, agudizándolo y animándolo a crear, pensar e intuir. Ayudan en el trabajo de estimular la intuición humana con el fin de, mediante el empleo de la palabra y la escritura, adaptar los cimientos del nuevo pensamiento a las masas en general. Su misión es la de propagar y describir esas ideas, compartiendo, mediante libros, conferencias y entrevistas todo cuanto saben.

4. Siguiendo el antiguo comentario: “el aspirante del cuarto grupo toma las ideas a medida que surgen de la elevada conciencia de aquellos para quienes trabajan los del primer grupo; el trabajador del segundo grupo las presenta de forma elocuente, adaptándolas a la necesidad inmediata y la fuerza del intelecto de los del tercer grupo las plasma en palabras”. La tarea principal de los pensadores del cuarto grupo consiste en armonizar las nuevas ideas con las antiguas para que no se produzca una interrupción o una violenta y peligrosa grieta. Se dedican a construir puentes, ya que conocen la ley de la síntesis, de la integración y del bien común, y su deseo es perpetuar el progreso pacífico y consciente.

5. Las personas del quinto grupo está integrado por los pensadores científicos que investigan las nuevas ideas e intentan profundizar en las mismas buscando su poder motivador. Sus inventos y reflexiones mejoran la calidad de la vida humana y la idea de la interdependencia grupal, tan importante en estos tiempos necesitados de una era de paz y sosiego para el progreso definitivo.

6. El trabajo del sexto grupo es la de entrenar al ser humano para que siga con un deseo ardiente la necesidad de reconocer las ideas del bien, alejadas de cualquier fanatismo, y dirigirlas hacia lo bueno, lo verdadero y lo bello, de modo que los ideales puedan desplazarse del plano mental y abstracto hacia el mundo real. Este es uno de los trabajos más difíciles de todos, porque intenta plasmar en la vida cotidiana todo aquello por lo que los otros grupos han trabajado insistentemente.

7. Y por último, está el grupo que consolida la construcción de dichos ideales, vigilando la correcta actuación de los anteriores en la ejecución del alto ideal, no ya desde la personalidad individualizada de algunos pocos sino desde la actuación grupal.

Los miembros de cada grupo deben proteger y cuidar a los demás, ya que la tarea de unos no puede existir sin la de otros. Y aquellos que están más arraigados en el mundo de las ideas y por lo tanto, aparentemente desconectados del mundo real, necesitarán el apoyo del resto para seguir sustentando su labor. Y también viceversa, ya que los unos no pueden seguir su labor sin la guía de los otros. Esta es la importante tarea de los pensadores, y esta es la importante tarea de los constructores. Los arquitectos no pueden existir sin los constructores y tampoco viceversa. 

La vida salvaje


Estaba leyendo, buscando inspiración, el libro de Thoreau donde describía su experiencia de dos años, dos meses y dos días de vida eremítica en los bosques. Quería ejemplarizar que era posible vivir una vida sin cosas. Una especie de aritmética entre la pura supervivencia, la profunda existencia y el saber vivir.

Cuando terminas el ciclo de un proceso, de repente se abren ante la imaginación abstracta una infinitud de posibilidades. Y quiero matizar lo de abstracto, porque la realidad, que siempre se impone, es posible transformarla.

Y en esas ando, reflexionando durante los próximos dos meses, qué camino de mi vida tomar. Lo bonito de mi situación, diría casi lo privilegiado de la misma, es que puedo elegir entre una infinitud de posibilidades. Las más reales pasaban por volver a la Montaña donde allí encontraría refugio durante un tiempo, o compartir piso con alguien que ya se ha ofrecido a ello o alquilar un local y montar un viejo sueño que tiene que ver con librerías, y dormir y vivir de paso allí, al estilo mandarín… También podría viajar al extranjero… Tengo amigos por todas partes del mundo que seguro me darían refugio por un tiempo, o permitirme la libertad y licencia de vagabundear por países lejanos, ya fuera trabajando de camarero o de paje o lo que fuese con tal de experimentar los confines de la tierra.

No le tengo miedo a la aventura, así que también surge con fuerza la idea de marcharme a un pueblo abandonado y terminar mi tesis doctoral entre bosques, montañas y supervivencia pura y dura, intentando recrear la utopía de Walden y seguir las enseñanzas del maestro Thoreau.

Por suerte no debo obediencia ciega a ningún oráculo, de esos que hacen lanzar piedras sin reparar en donde caen. Tampoco debo grillete a ningún amo, más que el sustento diario y la deuda pasada. Y mi Dios, porque todos tenemos un Dios, me abre las puertas del campo para que sea capaz de seguir el curso del fruto que debo dar, sin temor a perder en el camino aquella mala hierba que no crece más que en los bastos dominios de la insensatez. Me atrevo a decir, pues, que estando en un momento privilegiado, debo bucear en el abstracto aquellas realidades que haré caer desde el mundo de los arquetipos. Ensoñaciones decían los antiguos. Posibilidades prefiero sostener. En todo caso, seguir la llamada de la selva, y vivir completamente la vida salvaje de nuestro interior.

Le culebrón


La alegría emocional apenas duró lo que dura un instante, un instante intenso, feliz, pero fugaz. Hoy de nuevo me desperté en un sillón vacío, plagado de incógnitas, resbalando alguna lágrima ante la incomprensión, solo, distante de la realidad y sumiso ante los acontecimientos. A pesar de ello, había cierta fortaleza interior a prueba de bombas. Al menos el derrumbamiento emocional no ha sido desastroso, sino necesario y controlado, como una de esas detonaciones que se hacen para derribar un edificio antiguo en mitad de una ciudad.

A veces llega un momento en el que debes agotar todas las vías para comprender que ninguna de ellas era el camino a seguir. Así que me siento con ganas de mirar al cielo para comprender que todo lo que ocurre no es producto de nuestra voluntad, ni siquiera de nuestras torpezas o errores, sino de alguna voluntad mayor que desea lo mejor para ambos. Que así sea entonces…

¿Qué hacer a partir de ahora? Le he pedido a mis queridos caseros dos meses más de reflexión en su casa antes de partir hacia no se sabe muy bien donde. ¿Qué opciones tengo? Ahora mismo infinitas… Así que debo valorarlas todas con calma, mucha calma, para volver a empezar en el camino y no errar en exceso a no ser que esas piedras sirvan de nuevo para hacernos madurar, para hacernos ver la vida desde otra perspectiva. Por supuesto, se aceptan sugerencias.

Mil años más


Hermoso fin de semana con viejos amigos del alma en la verde y hermosa Cantabria. Llegué ayer a casa, cálida gracias a la calefacción central que ya funciona en todo el residencial y gracias también al reencuentro y la reconciliación con la mujer amada. Así que doble alegría y doble oportunidad para seguir profundizando en la universidad de las relaciones humanas. Y es esa universidad la que nos hace mejorar, la que nos hace progresar y la que nos permite crecer como seres humanos. Lo compartíamos ayer: no hay mayor enseñanza que la de estar unidos.

Y mientras eso pasaba en lo interno observaba con inquietud lo ocurrido en lo externo, especialmente en las elecciones de nuestro país. En Galicia no han funcionado los experimentos con gaseosa nacidos de no sé sabe qué energía del bajo vientre. Era de esperar y ese era mi más próximo diagnóstico. La sociedad no necesita despertar a ninguna nueva verdad. Está consolidada en el antiguo régimen y ese posible despertar puede ocurrir en mil años, pero no en mil días.

En el País Vasco vuelve a polarizarse la política a favor de los nacionalistas, por lo que tendremos unos años calentitos a nivel de reivindicaciones. Eso será una nueva oportunidad para España, la cual debe seriamente plantearse su deriva o naufragio como entidad y ver qué rumbo tomar a partir de ahora. Veremos qué ocurre con el voto prestado de los catalanes al nacionalismo. Los intelectuales e ilustrados, que fueron tachados de comunistas en la segunda guerra mundial, apostaban siempre por la unión de los pueblos, por una humanidad. Ese es el camino futuro, pero como digo, no el que se perfilará en mil días, sino más bien en mil años.

Desde Santander con viejos amigos


Ayer el viejo amigo E. vino a recogerme a Madrid con la intención de ayudarle a llevar unas cajas a Santander, a casa de su hermana y también amiga X. Unos días entre amigos para coger distancia y ver el mundo con otro color.

Y toda oscuridad se alejará de ti


“La actividad de la mente no tiene limite, ella constituye nuestro entorno vital. Una mente impura se rodea de impureza y una mente pura se rodea de pureza; por ello, todo lo que nos rodea no tiene mayores limites que las actividades de la mente. Al igual que un cuadro creado por un artista, nuestro entorno es creado por la actividad de la mente”. (El Sutra del Diamante)

A todas las tradiciones iniciáticas han llegado desde el origen de los tiempos aspirantes al discipulado con deseos sinceros de trascender su vida y sus conocimientos. Fueron guiados por la fe, esa sustancia de las cosas que no se ven, hasta el propio portal de la iniciación. Iniciación no es otra cosa que nacer a otra realidad, a otra forma de ver y entender la vida. Eso crea en el discípulo aceptado una responsabilidad inquietante: la de ser transmisor. Transmisor de luz, de conocimiento, de belleza, de arte, de comprensión, de humanidad, de sabiduría, de ciencia, de saberes, de espiritualidad, de frescor, de esperanza, de fe y de amor.
Las primeras etapas sirven para conocer esos valores que le acercarán cada vez más a esa humilde y primera sabiduría. La consigna siempre es clara: no se puede transformar el mundo si antes no has transformado tu mundo. Esto es inquietante, y sin duda, una tarea ingente que dura vidas. Pero una vez madurado todo ese saber, puesto en práctica y experimentado en sus carnes, el siguiente paso es aún mucho más significativo.
De todo esto se habla en un interesante libro que vamos a editar próximamente titulado Arcano, una especie de compendio gnóstico muy bien argumentado y tejido por un científico cuyo trabajo en Japón le impide mostrar su verdadera identidad, lo que suma aún de más misterio sus letras.

(Nota: el título de estas letras está inspirado en La Tabla de la Esmeralda, texto con el que estamos trabajando en Nous).

Desde el punto de luz


Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un címbalo que retiñe. Si tengo Profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy. Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (Corintios 13,1-13)

Cuando estamos al borde de un abismo o en situaciones límite la reacción siempre es dar bandazos, ir de un sitio a otro a ciegas, buscar salidas de emergencia, a veces desesperadas e irracionales. Hay que salvar el pellejo y no se nos ocurre otra cosa que huir hacia delante. Pero, ¿cuál es la siguiente etapa del crecimiento cuando la vida nos pone a prueba? ¿Debemos huir, arrinconarnos como perros heridos, sufrir la desesperada carrera hacia cualquier ventana abierta? ¿Qué es aquello que realmente nos hace grandes y humanos en momentos de desesperación? Esta mañana me levantaba con la certeza de no precipitar ningún tipo de decisiones en momentos de angustia y miedo. Ambos no son nunca buenos consejeros, y siempre se agarraran con fuerza al orgullo para demostrar que son capaces de arremeter contra las inclemencias de la vida. Pero las inclemencias de la vida solo pretenden mostrarnos el camino de la fortaleza, el camino de la compasión, del amor que todo lo sufre, que todo lo espera y que todo lo soporta.
Hay otros caminos, hay otras sendas que recorrer, y todas nos son familiares, porque siempre hemos tejido, siempre hemos podido buscar nuestro centro, nuestro punto de luz, y desde allí, ver con claridad. Le he pedido al tiempo y al mundo una tregua, un momento de lucidez, de espera hasta que todo se pueda ver desde ese punto de luz, desde esa maraña de fuerzas que guían nuestras vidas hacia el camino correcto. Lo mejor ante una tormenta es poder estar en nuestro centro, sin confundir ese centro con nuestro ego, sino con nuestra alma libre que siempre desea lo mejor para nosotros, aunque a veces, lo mejor no sea lo que nosotros habíamos deseado.