Seres vitales


En un momento en el que se está poniendo en duda el tratado de Schengen sobre libre circulación de personas y mercancías, conocí ayer a una persona exquisita y encantadora, con una experiencia vital que deja a cualquiera boquiabierto y que, debido a su vida agitada, viajó y vivió por todo el mundo. Habíamos quedado a eso de las nueve, primero llegó F. y luego R. Las dos mujeres preciosas, de increíble belleza interior y exterior. F. rozaba los setenta, pero si la escuchabas hablar, era como estar hablando con una entusiasta jovencita cargada de vitalidad y ganas de vivir. Relataba sus viajes, la supervivencia a tres terremotos, sus largas estancias en países de todo el mundo, su trabajo con Allende del cual, por cierto, no dijo cosas muy positivas. Era un libro abierto lleno de sabiduría y conocimiento sobre cosas de la vida. Escucharla, sobre todo escuchar el entusiasmo y la felicidad que ponía en cada palabra, era como trasladarte a otro mundo.

R. también entró por la puerta grande. Llena de inquietudes sobre los viajes que se contemplan en los planos causales, hablamos de ello con entusiasmo y cariño por encontrar en esos espacios cósmicos e infinitos lugares comunes. Conservadora de un importante museo, era hermoso escuchar con la dulzura y atención que hablaba de su mundo, de sus cuadros, de sus sueños y proyectos. Dulzura y atención que seguramente debía mostrar a la hora de restaurar cada cuadro, cada elemento pictórico de la vida y los sueños de los artistas. Una noche hermosa donde A. y yo disfrutamos en profundidad de una compañía agradable con personas excepcionales.

 

Hacia el cambio posible


Ayer por la mañana me tocó llevar un libro a la Librería Andaluza, en la judería cordobesa. Me metí un poco osado por calles prohibidas y sin darme cuenta terminé en un laberinto imposible. Aparqué risueño el coche en una bonita entrada cerca de la muralla y me fui caminando hasta el lugar. Andaba con esa seguridad con la que andan los intrepidos que no tienen miedo a lo que pueda ocurrir. Luego ocurren cosas, pero ahí está la llama de la aventura. Y hoy de nuevo en Madrid. Mientras paseaba por sus calles, especialmente entre Ayala y Goya sentía cierta reconciliación con la capital. Incluso me gustó la calle Ayala, más tranquila que López de Hoyos y mucho más acogedora. Así que ahora noto cierta tranquilidad, cierta paz. Alegre, optimista, lleno de esperanza. También con mucho trabajo y muchos proyectos en la mente, como siempre. Y lo más importante, con muchas ganas de trabajar, a pesar del horizonte incierto, pero tan incierto como casi todo hoy día. Hablaba el otro día con un buen amigo que a nuestra generación, especialmente los que rondamos entre los 35 y los 45 años, nos ha tocado vivir una crisis económica precisamente en los años donde debemos demostrar nuestra valía, donde debemos desarrollarnos profesionalmente y donde deberíamos asentar todo nuestro espectro material para un futuro tranquilo y seguro. Por eso esta generación, si la crisis no avanza hacia parámetros de mejora, será una generación prácticamente perdida y sin un horizonte claro. Es cierto que siempre vivimos anclados en la incerteza, pero la incerteza de ese cuarenta por ciento de jóvenes que aún no saben como van a salir de esta, o mejor aún, que aún no saben ni siquiera como entrar en esta, no es muy claro. Hoy, en la reunión de la fundación, hablábamos precisamente de eso. Todo es absolutamente provisional, incluso la vida. Pero en lo marcadamente social, lo marcadamente político, algo debe cambiar. No podemos seguir parcheando la realidad, improvisándola hasta que se agoten las vías. Algo grande debe ocurrir que transforme el caduco Sistema en el que nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser. Es hora de cambios, o mejor dicho, es hora del Cambio.

 

Osama Bin Laden, ¿héroe o villano?



Para nosotros, el Cid fue un héroe. Nadie recuerda a cuantos mató, ni siquiera las causas por las que los mató, porque a veces servía a moros y otras a cristianos, según le pagaran. Aún así, es uno de nuestros más recordados héroes. Para mí no es un héroe, como tampoco lo es Osama Bin Laden. Quizás para parte del pueblo musulmán lo sea de aquí a cien años, quizás lo veneren como a un santo que fue capaz de hacer frente el solo al demonio Occidental.

Y quizás en algo tengan razón, porque el demonio Occidental da cada vez más muestras de decadencia. Primero, matando, como si estuviéramos en el lejano oeste, a un hombre con un tiro en la cabeza. Segundo, legitimando esa muerte en nombre de la justicia universal, olvidando de un plumazo, o mejor dicho, de un balazo, todo ese rollo progre de los derechos humanos, la paz mundial y la venida de un mundo feliz.

Pero, ¿qué clase de justicia es esa? ¿Qué clase de valores estamos promoviendo y defendiendo? ¿Es esa la libertad y el derecho del que se nos llena la boca aquí en Occidente?

¿Por qué matar a Bin Laden? Evidentemente no sólo por rabia, sino, además, porque sabía demasiado de muchas cosas horrendas que los propios americanos, aliados de antaño, le habían enseñado… Pero… ¿sólo por eso?

No, no sólo por eso… hay mucho más… Cosas que se sabrán cuando el declive ya sea insoportable, y Occidente termine, como terminó la Atlántida, bajo el mar… La verdad es que siento repugnancia por ciertos héroes, sean del bando que sean. Pero siento más repugnancia por aquellos que los exaltan.

 

 

En el ámbito de la felicidad


El fin del camino interior no es la felicidad. La felicidad es un síntoma claro de que se está en el camino, en nuestro camino, y no realizando el camino de otro, o perdido en los diez mil caminos. La felicidad tampoco es un estado hipnótico donde parece que todo está bien. Eso es iluso, porque vivimos en un mundo complejo donde la dualidad se refleja en todas las cosas, en las interiores y en las exteriores. A veces hace frío, a veces calor, unas horas es de día y otras de noche, verano e inverno, norte y sur. En lo humano ocurre lo mismo, a veces se está alegre y a veces se está triste, y no es malo ni bueno más felicidad o más tristeza. Sólo debemos aceptar esos estados como parte de la vida, como consecución irremediable de la dualidad vital. No podemos aspirar a ser dioses, sino a ser buenos humanos, por eso debemos aprender a amar humanamente, dando y recibiendo, compartiendo y expresando. Debemos caminar en nuestro camino como un deber, como una obligación y como un derecho. Nos equivocaremos, nos tumbaremos, a veces tendremos a alguien a nuestro lado que nos animará y nos ayudará, otras veces, la mayoría, estaremos solos enfrentándonos a las grandes incógnitas de la vida. Y el fin último, el fin de todos los caminos siempre serán las cosas sencillas. El poder compartir un sueño o una esperanza, el poder abrazar a unos y a otros, el respirar juntos en esa conspiración ideal. Todo lo demás es ilusorio y nos sirve para seguir jugando. Todo lo que hay fuera es un maya, un matrix que pervive como un escenario donde cada uno representa el papel que desea como protagonistas o espectadores, dependiendo, en todo caso, del grado de compromiso con la película. Algunos aspiran a sentarse en la butaca, que le sirvan un buen plato y una buena bebida. Otros desean sentir, sufrir, respirar en el ser o no ser, embarrarse en las entrañas del delirio humano. La pasión, la fuerza y el destino serán vocablos indispensables. Si limpiamos nuestras vidas de los escombros externos y sentimos la experiencia del vivir directamente, seremos amos de nuestra ingeniosa manifestación.

 

El desvelo del ser amado


Escribo de nuevo desde la feria del libro de Córdoba. Hace algo de fresquito y el cielo amanece gris. Esta mañana ha llovido algo, ahora de momento aguanta. Ayer fue un día interesante, lleno de intrigas cósmicas. Me senté a escribir un rato en la novela. Pero de repente vi a mucha gente que salía de la nada. Casi podía ver sus almas transitar con sus cuerpos pesados y lentos. Y en eso me fijaba, y al ser consciente de que dentro de cada uno de esos bultos había almas, seres inteligentes, pensantes, cocreadores con la naturaleza del absoluto, quise salir con ellas para saludarlas a todas. Saqué mi mejor sonrisa y salí un poco a la calle. Luego volvía a la caseta, donde me apoyaba justo en el umbral de la puerta, dejando caer mi hombro derecho sobre el poste que sostiene el techo de aluminio. Tenía ganas de abrazar a todo el mundo, así que lo hacía con la sonrisa. De repente, me dieron muchas ganas de abrazar a un ser muy especial. Un ser que aguarda en alguna parte a que el interior responda a la llamada. Miré de izquierda a derecha, porque justamente la conocí ahora hace un año por estas calles, y pensé ingenuamente que a lo mejor volvía a aparecer por entre el tumulto. Un año disfrutando, a veces más, a veces menos, de sus profundos ojos azules, de su exquisita sabiduría y de su increíble trayectoria vital, cargada de experiencias y vivencias únicas y privilegiadas. Y miraba una y otra vez por si aparecía para abrazarla estrechamente, sentidamente, con el deseo de ese que ama en la larga espera, con el eterno desvelo del ser amado.

Ella no apareció, no esta vez. Pero sí lo hizo M.P. Fue ex ministro con Aznar y lo conocí en Sevilla hará ahora unos cinco años. A., una buena amiga de Madrid, se empeñaba en que asistiera a reuniones elitistas donde se hablaba de economía y política en estrecha relación con personas cercanas al poder. Gracias a sus contactos, me conseguía de forma excesivamente generosa invitaciones para asistir a esas reuniones y en aquella ocasión le tocó el turno a MP. Éramos pocos los elegidos para aquella charla. No más de diez personas. Sin saber como, terminé cenando con MP. Nos intercambiamos teléfono y mail y emprendimos una relación cariñosa y cómplice. Y ayer repasamos la situación editorial en un mundo marcadamente cambiante. Un mundo al que nos enfrentamos con cierto desconcierto porque ambos sabemos que la edición no es un negocio rentable, y que, además, resulta ruinoso. Ambos lo hemos vivido en nuestras carnes, pero ambos concluimos con una misma idea: “aquí seguimos”. Y seguimos ya no por un afán de hacer negocio, sino por un afán que va más allá de lo meramente mercantil. Se podría llamar por amor al Arte, pero al Arte en mayúsculas, ese Arte que, como al principio del relato, espera con devoción el eterno desvelo del ser amado. Que espera el abrazo sentido, la cálida presencia de la sonrisa y la cómplice advertencia de que el caminar siempre entraña peligros y fracasos, pero sobre todo, verdadera satisfacción. Y en esa satisfacción deseo moverme, en el amor y en el Arte.

 

Amar en tiempos de crisis


Tras un fugaz viaje a Sevilla de más de cuatro horas, sigo en la feria del libro de Córdoba, ciudad increíble que se está poniendo hermosa porque hoy empieza sus populares fiestas de «Los Patios». Y aún da tiempo para escribir algo más… Me ha visitado J., un arquitecto que tiene un estudio aquí en Córdoba y que me contaba lo mal que lo está pasando el sector desde que empezó la crisis. De un tema pasamos a otro y tras una charla entretenida, compró dos libros de MC, con el compromiso de que se los firmara no el personaje, sino la persona. Esto último me gustó, pues es precisamente el fundamento de mi relación con él. Fue tan agradable que acepté el compromiso taoísta, como lo hemos llamado. Sin saber porqué, y de forma muy natural, hablamos de amores. Me decía que él lo estaba pasando mal en el plano material dada la crisis de su sector, el de la construcción, pero que su novia, con la que lleva algo más de un año, rica, bien formada y con un buen trabajo, aún no la había dejado. La broma, o la anécdota tenía un trasfondo. El propio J. dijo: “en estos tiempos de crisis, si tu novia no te deja, es que es amor verdadero”. Le he guiñado interiormente y me ha encantado su complicidad con la vida. Al mismo tiempo me escribía mi querida RM desde México. Nuestra relación amorosa, ella ya recién octogenaria, nació hace muchos años, cuando vivía aún en Barcelona allá en los años noventa. Ella publicó un hermoso librito que yo reseñé para una revista. A ella le gustó tanto la reseña y a mí tanto su libro, que empezamos un idilio amistoso que ha durado por siempre. A ella le quiero dedicar esta anécdota porque sé que me está “escuchando” y leyendo. El amor, querida RM, se pone a prueba en estos momentos de crisis, y si triunfa, será para siempre. Le mando desde aquí todo mi amor y respeto, con la esperanza de que algún día podamos abrazarnos sentidamente.

 

Los disipadores de la oscuridad


 

Habían quedado en un remoto lugar para tomar ayahuasca, una planta alucinógena muy usada en América por los chamanes y popularizada especialmente por los libros del antropólogo norteamericano Carlos Castaneda en los movimientos milenaristas y de la nueva era. Eran una veintena, y el Camarada Cuerpo Espín, que así se hacía llamar en nuestros años universitarios, tuvo que tomar doble dosis para que el efecto empezara a funcionar. Era de noche y todos empezaron a entrar en la oscuridad de sus miedos, de sus fantasmas, de sus miserias. El camarada, más que nadie, penetró en un laberinto terrible, de dolor y tensión profunda. De repente, entre el miedo y la bruma, apareció un ser luminoso tocando la flauta. Entre sus bestias y horrores, apareció ese manto blanco lleno de luz. Era H., que había oído voces terribles cerca de su casa y fue a ver de qué se trataba. Al ver el dantesco espectáculo, decidió tocar su flauta, y así fue como el camarada conoció a H. y se transformó al Islam dejando atrás una vida de excesos y desvaríos.

Conocí al camarada en los años noventa. El había terminado psicología y emprendió en mi facultad la carrera de trabajo social, siguiendo más tarde con sociología. Era un tipo inteligente, de una memoria y cultura amplia y muy crítico en todo lo que concierne a la vida cotidiana. Militante activo del partido comunista, mantuvo siempre puestos relevantes en el mismo, llevando su militancia inclusive a un intenso contacto con el entorno de ETA. En la época de estudiantes, criticaba mi radical compromiso con la mística desde su ateísmo también radical. No entendía mi purismo vegetariano, mi abstinencia con respecto al alcohol y las drogas especialmente en una época en la que los estudiantes entremezclaban todo eso en una vida desordenadamente académica.

Hace un año, R. llegó una mañana a mi casa interesado por conocer a ese ermitaño de la Montaña vestido de modernidad. Hablamos de misticismo, de las nuevas tendencias espirituales y pronto se entusiasmó con mi biblioteca, hasta el punto que terminé regalándole 24 tomos de las obras completas de AAB. A los pocos meses me presentó a J.A., un militante con todo lo referente al mundo de la homeopatía. El me mandó tiempo más tarde un libro escrito por un musulmán de nombre S. y titulado “El desvelo del ser amado” para intentar publicarlo en Séneca. El libro me entusiasmó y le pedí paciencia para poder hacerlo, dados los tiempos que corren.

Ayer conocí a H. En la finca, cosas de la vida, estaba además el camarada Cuerpo Espín, que fue rescatado por el flautista H. hace algunos años de su atormentada vida. Además, cosas de la vida, el camarada era el mismo S. que había escrito el libro que tanto me había gustado y que me había enviado su cuñado, J.A. Cuando lo vi allí, transformado en un creyente islámico, casi no daba crédito a lo ocurrido. ¿El mundo como pañuelo o las sincronías de nuevo haciendo de las suyas? Lo cierto es que la vida está entrelazada y a veces hay nudos que se cruzan una y otra vez, como si quisieran transmitir algo, como si quisieran guiarnos hacia alguna parte. Mientras sigo escribiendo intensamente y con pasión mi novela Alexandra, entremezclo las vivencias de ayer en el relato mítico de la experiencia. Y la princesa Alexandra, una disipadora de la oscuridad, absorbe con viva voz todas estas riquezas. Que la luz brille en los corazones de los hombres, y que Alexandra resplandezca desde su isla incógnita.

 

An-Nur


 

Estaba escribiendo algo sobre mi libro Alexandra, en el capítulo que habla del emperador Asoka y la Rueda de la Ley. En ese momento, una hermosa mujer se acercó decidida al stand de Séneca y me dijo: “tú eres Javier León”. Afirmé no muy extrañado porque esta semana ya me habían visitado para pedir autógrafos o firmas o cosas. La mujer continuó hablando. “H. te quiere ver a las seis. Quedamos si te parece en la iglesia Santa Marina y de allí vamos a su finca”. La verdad es que la contundencia de la cita me obligó a decir que sí. Sobre todo porque llevaba días tras H. con la intención de hacerme un perfil sobre él. Me habían pedido, dado el nerviosismo que existe por la muerte de Bin Laden, que contactara con la comunidad islámica en Andalucía para comprobar su sentir. Y de alguna manera, ella había contactado conmigo. Mi sorpresa fue que cuando llegué a la finca, todos me conocían, habían leído mis libros sobre masonería y utopías y tenían un perfil muy confeccionado sobre mi persona. Estuvimos casi cuatro horas de charla agradable. A las nueve y siete minutos, hora en que el ocaso empezaba, participé en el salah, el rezo musulmán, uno de los cinco pilares del Islam. Nos colocamos mirando a la Meca y por primera vez pude inclinar mi cabeza por debajo del corazón. Bonita alegoría mientras recitaban un sutra dedicado a An-Nur, la Luz. Los miembros de la comunidad, practicantes en su mayoría de la rama sufí, me sorprendieron por su alta cultura, su basto conocimiento de casi todas las materias tratadas y su infinita sabiduría con respecto a cuestiones profundas. Disfruté de una charla agradable y de un sentimiento renovado con respecto al Islam. Nunca pensé que podría fascinarme por el Corán o por sus enseñanzas como lo he hecho esta noche. Sin duda, una experiencia con hombres notables que me ha llenado de sorpresa y admiración. H., un ser pacífico que aborrece la violencia, me ha perfilado un Islam muy diferente al que se vende en los medios de comunicación. Assalamoe `alaykum para todos los hombres y mujeres musulmanes de buena voluntad.

 

Alá es la luz de los cielos y la tierra. Semeja su luz a una hornacina en la que hay una lámpara. La lámpara está dentro de un cristal; el cristal es un astro brillante. Se alimenta  del aceite de un olivo bendito, que no es ni de oriente y ni de occidente, cuyo aceite resplandece aunque no haya sido tocado por el fuego. Luz sobre luz. Alá guía hacia Su luz a quien quiere. Dios propone parábolas a los hombres; y Su sabiduría está por encima de todas las cosas”. (24:35)

 

Resistir en tiempos de crisis


 

Hay dos grandes secretos para poder soportar momentos difíciles. Uno, quizás el más importante, es el de aguante, el de la paciencia, el de la resistencia. Ayer leía un libro de Ram Bhavnani que explicaba en alguno de sus capítulos como se hizo millonario en momentos difíciles. La respuesta siempre era la misma: hay que saber aguantar, resistir. Con un lenguaje muy diferente, también terminé de leer el librito del francés Stéphane Hessel, titulado “¡Indignaos!” Paradójicamente, y aún defendiendo tesis totalmente diferentes a ls de Bhavnani, este militante y prolífero diplomático nos habla de cómo la Resistencia aguantó el envite del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. De nuevo nos habla de lo mismo: resistencia, aguante, terquedad en los momentos más difíciles.

Ya sean crisis económicas, de pareja, de amistad, de fe, de cualquier tipo, lo importante siempre es resistir. Y cuando eso ocurre, cuando la fortaleza interna es superior a todos los avatares de la vida, entonces es hora de aplicar el segundo secreto para vencer: tener fe y esperanza en todo aquello que realmente deseamos. Esa fe y esperanza deben venir unidos en actos que armonicen nuestros deseos con lo que realmente sentimos. Cuando estamos mal no debemos regocijarnos en el dolor, sino buscar puertas abiertas que nos hablen de belleza y armonía. Debemos atraer pensamientos positivos y debemos resolver en la actitud la necesidad de querer estar mejor, ser mejores. La ley de atracción funciona. Ya lo explicaba hace milenios la Tabla de la Esmeralda, y el Kybalion. Atraemos sin duda lo que pensamos, tan de moda ahora este mensaje gracias a libros como El Secreto. Lo que pensamos, pero sobre todo, lo que sentimos. Por eso debemos organizar nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestra actitud ante la vida. Eso modificará nuestros patrones internos, y el universo, que funciona de forma asombrosa, se pondrá a trabajar. Así que ante las crisis, fortaleza, aguante, resistencia, y sobre todo, pensamientos positivos… Y luego, si conseguimos vencer a la misma, vendrá la recompensa inevitable. Que así sea…

 

Lo complicado de ser complicado


Recibía esta mañana un comunicado desde la embajada de USA en España sobre un comunicado del presidente Obama con respecto a los últimos acontecimientos ocurridos estos días. Veía lo complejo y complicado de estar ahí y tomar algunas decisiones difíciles. Me acordaba de que el otro día me decían que yo mismo era una persona compleja, complicada. Y es totalmente cierto. ¿Quién no lo es? Desde un presidente de USA a un jardinero irlandés, todos somos complejos. En el fondo todos somos así, y además, a algunos nos gusta complicarnos un poquitín más la vida. Me acordaba de mi vida fácil y sencilla de hace diez años. Tenía un buen trabajo, algo aburrido pero suficientemente organizado para mantener una vida puramente organizada y sencilla, donde vivir bien sin un exceso de problemas. Decidí complicarme la vida y lo hice a lo grande. En lo material dejando trabajo y casa y aventurándome en el mundo de la empresa y la construcción justo en tiempos de crisis. En lo emocional dejando una relación estable que podría haber durado toda una vida justo en un momento crítico. Como eso no era suficiente, me embarqué en una tesis doctoral y en una editorial justo cuando el mundo de la edición, está atravesando un momento delicado. Y todo esto sin contar mi tiempo en la política y en otros cuantos berenjenales de los que mejor no hablar. Complicarse la vida en momentos complicado no es de ser complejos, sino más bien, algo estúpidos. Y a veces arrastro esa sensación de estupidez que me persigue como un fantasma inquisidor. ¿A quién se le ocurre ser un guerrero en batallas tan imposibles? Ahora me siento algo cansado, con ganas de reposar, de volver a una vida tranquila donde pueda ver alguna película los domingos o pasear relajado por la calle. Tanto exceso de tensiones pasan factura, y ahora deseo pagarlas todas juntas para olvidarme durante un tiempo de la extensa actividad del mundo profano. Deseo algo de paz, algo de vida tranquila, no porque esa sea mi naturaleza, sino porque a veces necesitamos de cierto reposo para seguir adelante…

El principio de incertidumbre


Fue enunciado por Heisenberg en 1927. En resumen, el principio de incertidumbre viene a decir que la mirada del observador modifica el comportamiento del observado. Al observar cualquier tipo de realidad, la perturbamos, la modificamos, la alteramos. Nosotros mismos somos modificados cuando somos observados por otros, cuando somos vividos y experimentados en el interior de otros. Alguien cercano nos puede alterar el orden de las cosas, nuestro ánimo, nuestro sentir, y también viceversa.

Escribo esto desde la feria del libro de Córdoba. Llegué a eso de las dos y parecía que iba a hacer buen tiempo. A las cinco y media había que abrir y a las cinco y treinta y un minutos empezó a caer el diluvio hasta ahora que escribo, a eso de las siete sin parar de llover. Así que no hemos vendido aún ningún libro en lo que llevamos de tarde porque lo único que pasea por este hermoso bulevar cordobés son estas gotas de lluvia inoportuna. Así que la lluvia está modificando muchos parámetros de nuestra observación y de nuestra vivencia objetiva. Al igual que las relaciones, esta lluvia catapulta hasta la incertidumbre el promedio de variables futuras… Veremos a ver qué nos depara la semana…

 

Las Garras del Rey Salomón


Días intensos, muy intensos. De mucho agotamiento físico, emocional y mental. De mucho trabajo en planos intangibles, allí donde se teje el destino y desde donde administramos la energía y la fuerza que nos ha de llevar por la vida. Viajes, muchos viajes… Uno muy especial el sábado hacia la muerte y la resurrección. Me tocó, en la ceremonia de exaltación de dos nuevos maestros, interpretar según el arcano ritual, la elevación mediante la garra del Rey Salomón, siendo Príncipe y representante de tan admirable patriarca. Los muertos yacían sobre el ataúd simbólico. Los cogí con fuerza y los elevé a la nueva vida. En mi alocución, tras investirlos como maestros del arte, les advertí sobre la necesidad del servicio, de la entrega y de la renuncia personal en pro del advenimiento de la luz en la consciencias de lo humano. Cuando la espada flamígera golpeó sus cabezas, a la antigua usanza caballeresca, me sentí un poco privilegiado por poder transmitir los conocimientos perdidos, la sabiduría arcana, el proyecto genéticamente simbólico de la psique humana. La transmisión, esa potente arma contra la ignorancia y los vicios que nos pervierten como individuos y como raza, ha sido de nuevo depositada. Ahora toca silencio, trabajo y esfuerzo, porque aún hay mucho por hacer… Seguiremos invisibles hasta que el crisol sea completado, hasta que la alquimia sea transmutada. Mañana más viajes, esta vez hacia el sur… o mejor dicho, hacia el Mediodía…

 

Desde Barcelona


Ayer fue un día especial. Especial porque por primera vez en más de veinte años no desaparecí el día de mi cumpleaños. Contesté todos los mails, todas las llamadas y todos los mensajes. Además, invité a comer al niño C., con el cual pasé prácticamente todo el día en interminables paseos por Madrid. En el Retiro, mientras tomábamos un helado, se sentó un cubano que vivía en California y con el que estuvimos un buen rato hablando. Fue un rato agradable. Hoy viaje hasta Barcelona, donde está su madre y donde nos hemos reunido. Mañana estaré en Lérida y pasado de vuelta a Córdoba para el lunes estar al pie del cañón en la feria del libro. Luego… pues luego la providencia dirá hacia donde deberé dirigir mis pasos… Llevo ya algo más de cuatro semanas repitiendo ese hermoso mantra cristiano que dice eso de “hágase tú voluntad y no la nuestra”. Pues en esas estoy, contemplando desde cualquier estrella la luz que irradia el camino de la personalidad por este sendero tan lleno de cosas. Que el propósito nos guíe hacia le meta propuesta.

 

Transito solar


 

Hoy el sol está en Tauro. Hace unas horas que volví a nacer astrológicamente. Siempre, por tradición, solía desaparecer estos días en alguna montaña o monasterio. Era una especie de retiro exterior para analizar todo lo ocurrido en lo interior. Este año es diferente. No existe un retiro exterior, pero sí un retiro interior para analizar lo exterior. Se han invertido los términos tras un año increíble de hermosas experiencias. ¿Qué deparará el próximo año? Veremos… pero sin duda no nos dejará indiferentes… Como siempre…

 

Cosas del devenir


Hoy hicimos un bonito paseo por el Monte del Pilar, muy cerca de Madrid, en Majadahonda. J. vive muy cerca de ese lugar y estuvimos paseando casi durante cuatro horas entre pinares y verde. Me vino bien el paseo para despedirme del año solar, pero sobre todo para compartir inquietudes con J. sobre la vida material, la vida del alma y la vida del espíritu. Terminamos descalzos en su hermoso jardín, bebiendo un refresco de cola ecológica y terminando la charla con una pequeña meditación.

 

Desde allí, me fui corriendo a la reunión que teníamos en la FC. Allí estaban MC y el resto de patronos. Hablamos de estrategias y de futuros, de elecciones y de proyectos. Un reto importante para el próximo año que deberá remover el panorama de la sociedad civil… Veremos qué ocurre…

 

Por la tarde tuve un desagradable recuerdo mientras paseaba por las calles de Madrid. Recordé la historia que un amigo me había contado con respecto a una experiencia que le había ocurrido en un hotel. Una amiga, de visita en la ciudad, le invitó a subir a su habitación. Empezó a flirtear con mi amigo y cuando ya iban a empezar a tener relaciones, le llamó la pareja de la chica. Ella, ni corta ni perezosa, empezó a disimular ante los dos. “Cariño, todo bien, estoy fenomenal, echándote de menos, te quiero mucho”, le decía la mujer a su pareja mientras miraba sensualmente al atónito de mi amigo. Éste, que no soporta la mentira y el engaño, se marchó sin mediar palabra. Recordé la situación mientras ayer una amiga me engañaba en una estupidez. Quizás fue un engaño piadoso, un engaño sin importancia, pero al fin y al cabo, una mentira. Y cuando eso ocurre, cuando siento que alguien me engaña, la confianza desaparece y el sentido de comunión y amistad queda herido. La decepción es enorme y cuesta mucho recuperar el ánimo. En fin, espero que con el tiempo todo quede en anécdota…

 

Ley armónica: Spain is different


Habría que incluir en nuestra Constitución alguna ley que se llamara “de armonía y decoro”. Cuando viajas por carretera por países del tercer mundo, enseguida te das cuenta de que el subdesarrollo se hace patente en el caos arbitrario y el desorden que impera en casi todo: los edificios, las calles, los caminos, los decorados de fondo… No existe un concepto claro de armonía, siendo todo anárquico, sucio y horrible a la vista. Cuando viajas por países desarrollados, enseguida puedes notar en sus calles, en sus gentes, en sus paisajes, cierto orden y decoro. Puedes ir por cualquier carretera del norte de Europa, por poner un ejemplo, y ver como están decoradas armoniosamente por hermosos árboles, jardines cuidados y belleza singular en la estructura de sus objetos y su mobiliario urbano. Nada parece puesto al azar. Las casas están integradas en el paisaje, cuidadas, pintadas y fluyendo con cierta lindeza. En España tenemos algunos lugares así, pero la mayoría luce aún los síntomas del subdesarrollo. Viajas por las carreteras y a nadie se le ocurrió plantar algo bonito. Las vallas lo inundan todo, además, no vallas armónicas, de madera quizás, sino de horribles alambres grises, en el mejor de los casos, o de somieres superpuestos unos sobre otros para formar algún tipo de cercado extraño. Las casas son dispares, horrendas a la vista, superpuestas unas sobre otras sin ningún tipo de decoro. Leía el otro día en la prensa que a España, a pesar de la crisis, siempre le quedará el turismo. No sé qué clase de turismo atraemos, pero está claro que la imagen del desorden y la desarmonía que nuestro país proyecta no debe servir mucho para el boca a boca.

 

Viaje a la Alcarria


La complejidad de ser editor se manifiesta sobre todo a la hora de administrar y gestionar en muchas ocasiones las frustraciones de autores que no vieron cumplidas sus expectativas. Hoy ha sido un día de reproches de algunos de ellos, incluso en algunas ocasiones hasta de insultos debido a las pocas ventas de sus libros. La verdad es que este tipo de “agradecimientos” a veces desaniman. Apostar por autores noveles a veces es grato, porque he conocido a muchos que no han parado de agradecer todo lo que esta editorial ha hecho por ellos. Pero luego hay otros cuantos que piensan que les engañamos, que les estafamos o que les mentimos cuando decimos tristemente para nosotros que no han vendido lo que esperábamos. Además, esto repercute negativamente en nuestra inversión, la cual, resulta, además, perdida. En fin… supongo que serán los gajes del oficio.

El día tuvo sus agridulces con respecto al mundo editorial, pero como en algunas partes aún era festivo, aprovechamos para dar un paseo por la Alcarria conquense. Fuimos a un lugar recóndito donde solía pasar algunos veranos y donde descubrí hace muchos años una veta llena de fósiles coralinos. Al principio no recordaba el sitio, confundiendo una veta con otra, pero luego encontramos el lugar y pudimos llenar una bolsa de pequeños corales fosilizados. Fue emocionante y grato y ayudó para despejar la mente.

Ahora seguiré respondiendo mails ingratos intentando explicar que nuestra editorial no juega con las ventas ni engaña a sus autores. Lo haré mientras recuerdo los hallazgos del día de hoy. Ojalá sigamos hallando autores nobles que enriquezcan el mundo cultural y literario.

 

La Pascua y la resurrección de la vida


El tránsito del invierno a la primavera siempre ha venido acompañado de múltiples celebraciones, ritos de paso y liturgias de toda índole. Desde hace milenios se representa este tránsito en la primera luna llena del equinoccio de primavera. En estos periodos de transición se reclamaban los Misterios y se producía el acercamiento entre las Enseñanzas y la Vida. El huevo, símbolo alquímico por excelencia del principio vital, era utilizado como representación del cosmos. Y es en la entrada de la primavera, estación fértil por excelencia, donde el hombre ha pervivido con la tradición de comer el huevo cósmico, mito de la creación, del ser primordial y de la existencia. Del mismo nació el dios Fanes, deidad hermafrodita de hermosas alas doradas que se le representa naciendo del huevo cósmico. La cristiandad también recuperó la tradición del huevo de Pascua, un rito judío que se trasladó al mismo momento de la resurrección de Jesucristo, simbolizando con ello la victoria de la vida (la primavera) sobre la muerte (el invierno). Así, los ritos paganos se trasladaron a las religiones institucionalizadas, sirviendo de vehículo cohesionador para la cultura del momento.

Y ayer tuve una experiencia antropológica de primer orden cuando vi como se realizan los huevos de pascua en el norte de Europa. Primero se seleccionan los huevos, los cuales son rodeados con flores o granos de arroz o hierbas. Se cubren con capas de cebolla cuidadosamente, metiéndolos posteriormente en unas viejas medias. Se crea con ello una tira de huevos que se tiñen con cebolla hirviendo en agua. Las hojas de cebolla sueltan un tinte especial que da color a los huevos. Cuando están hervidos, se retiran las capas de cebolla, las flores y demás ornamentos y se crean fantásticos dibujos. La verdad es que el resultado es sorprendente. Al día siguiente, cada uno coge un huevo y nace un nuevo rito, que consiste en golpear tu huevo con el resto. El que resiste el golpe, habrá ganado y sus deseos se cumplirán para el nuevo año solar. Que así sea y que todos los sueños cósmicos se cumplan, más allá de nuestras pequeñas voluntades.

 

La leyenda áurea


También conocida como “Leyenda Dorada” o “Leyenda Sanctorum”, fue una recopilación del siglo XIII realizada por el dominico Santiago de la Vorágine sobre la vida, obra y milagros de cientos de santos de la cristiandad. Una de las más conocidas es la leyenda del romano Jorge de Capadocia, lugar de la actual Turquía, el cual, ante el inminente sacrificio de una bella princesa en la cueva de un dragón, éste le alcanzó el corazón con su lanza dándole muerte al mismo. Dicen las crónicas que Jorge de Capadocia murió el 23 de abril del 303, considerado por sus hazañas santo de la cristiandad.

Las leyendas son profundas y encierran un velado mensaje, un arquetipo que se transmite generación a generación en la psique de la humanidad. Y las leyendas y los mitos acaban, a veces, en tradiciones. Tradiciones hermosas como la de Sant Jordi en Cataluña. Al parecer, cuando la sangre del dragón cayó a la tierra, de sus gotas surgieron rosales rojos. De ahí que con el tiempo surgiera la costumbre de regalar una rosa a la persona amada…

Esta mañana, mientras volvíamos de la Montaña a Madrid, pasamos por las Navas de Tolosa y empezamos a recordar las batallas de las antiguas hordas cristianas contra los reinos musulmanes. Mientras pasábamos por el estrecho de Despeñaperros entre lluvias y montañas inmensas, me imaginaba la dureza de la batalla y lo hermoso de la paz presente. Esa paz que estalla en la decadencia de occidente necesita cada vez más de mitos y leyendas. Por eso, aunque de forma simbólica, no he podido con la tentación de regalar una rosa cargada de cierta emoción y esperanza… Por eso, algo se mueve dentro de mí cuando el arquetipo de San Jorge atraviesa con su lanza el dragón que todos llevamos dentro…

 

De amigos y tendencias en la taberna


Habíamos quedado en Sevilla para comer con unos viejos amigos. E. estaba como siempre. El cariño y la amistad permanecen intactos a pesar de los años que andamos soportándonos ya casi como hermanos. Había venido a pasar unos días con su abuela de noventa años, enferma de alzheimer, nuestra querida Abu… También estaba su primo J. y su novia N., catedrática de derecho internacional, amable y hermosa, arrastrando las dudas existenciales que en temas del amor siempre surgen “in the beginning”, que dirían en inglés. Tarde tranquila, acompañada de espaguetis y pestiños de Pascua y charla agradable.

Aprovechamos para dar un corto paseo por la mojada Sevilla. Daba realmente un poco de pena el ver tanto esfuerzo pasado por agua, sin posibilidad de que las procesiones pudieran siquiera asomar un ápice. Nos dio tiempo de entrar entre lluvia y chubasco en una taberna para tomar un refresco y unas papas bravas. Daba gusto entrar a un sitio así libre de humos de tabaco. Me gustó la estampa del camarero que intentaba ligar con dos mozas guiris, o quizás fuera viceversa, porque hoy día tanto monta monta tanto. El camarero me sirvió a mí la cerveza y a ella el refresco. Le dije que era al revés, y me guiñó el ojo diciendo que ahora todo era al contrario. Los tiempos cambian, y también las tendencias. Hace unos años era admitido socialmente, como un valor cultural, la imagen del hombre fumando y bebiendo una copa de coñac o vino. Ahora esa imagen caduca ya no vale. Y parece que vende más el hombre sensible, deportista, sano, sin esos ademanes de macho caduco y presumido en cuanto sabe que su poder no se perfila en esa imagen de duro de películas de western, sino más bien en esa imagen socarrona de hombre bueno, amable y sincero que tanto gusta hoy día. Su poder no reside en lo que muestra, sino en lo que oculta. Aún así, el macho camarero parece que tuvo éxito porque las guiris terminaron pidiendo su teléfono. Y es que las tendencias no son patrones fijos y duraderos, sino magmas cambiantes que fluyen de un lado para otro y siempre, siempre, siempre, provisionales. Sea como sea, que cada uno se muestre indefinidamente como es, porque atraerá hacia sí mismo aquello que resulta afín…

 

Paisajes de una tarde de primavera


Suena fado. Llueve. De aquí a unas horas, dado que no podremos ir a ver las procesiones, vendrán unos amigos a comer ensalada y pasta. Entre caballos y diosas, caerá la noche. La tierra mojada, olores intensos, el verde, las flores, algún jilguero despistado, recostado sobre algún nido en el pequeño olivar de una docena de árboles, no más. La roca húmeda, ahora ya sin lagartijas, pero plagada de caracolillos que emulan el deambular de la vida en todo tipo de condiciones. Fincas que se remojan con el agua, espantando a las madrigueras los animalillos del bosque. En frente puedo ver dos de ellas, Nublos, con tantos recuerdos de la infancia, y San Bernardo, donde está insertada esta casa de estilo racionalista, blanca, extraña con sus grandes ventanales y la presencia de luz, más luz, mucha luz. La manta que cubre nuestros cuerpos porque hace algo de frío. La luz del sur atenuada por el gris de las nubes que pasan ligeras tiradas por los anemois, los dioses del viento: Bóreas, Noto, Céfiro y Euro en sus respectivos puntos cardinales. La suavidad del tacto, la complicidad de la tarde, y de las miradas, con su azul intenso y su fresca brisa de sueños órficos. El presente condensado en un aliento. Recordando la conspiración de acuario y los quehaceres del propósito, el propósito que los maestros conocen y sirven. Los paisajes también pueden ser una llama. Nuestras pequeñas voluntades deambulan sin mayor objetivo que el de vivir. Ayer, el camarero del Parador de Carmona se negó a servirnos un café. No fue una negación tácita, sino implícita en su mirada. Esas miradas destruyen un paisaje, son capaces de alterar el orden de cualquier hermoso paisaje, como el que se contemplaba desde ese increíble lugar. No le dimos importancia porque ya empezaba a hacer frío en la terraza. Por eso hay que tener cuidado con los detalles. Porque cualquier mirada o gesto es capaz de reventar la humedad de las piedras, el paseo de los caracolillos y el romanticismo de una tarde de primavera. Por suerte, hoy no es el caso, y todo transcurre con cierta tranquilidad y paz. Una paz a la que no me acostumbro a pesar de que a veces, es justa y necesaria.

 

Sobre la magia de la red


Día hermoso e intenso. Decía el tiempo que no iba a llover y hemos aprovechado para salir de casa a dar un paseo por pueblos de la campiña sevillana: Écija, Marchena, Carmona, La Campana… Cuando hemos regresado, una docena de familiares llegaron para saludarnos… Algunos venían de pueblos cercanos y la otra mitad de tierras catalanas… He sentido cierta emoción porque hacía tiempo que no los veía, y me ha impresionado como la vida corre y las marcas de la misma se tejen en los rostros y en los cuerpos.

Tras un grato agradable, bonita charla y bonitas miradas, ella tomó una manzana decorada con algunas flores del jardín y yo mi tradicional leche con galletas acompañadas con su chorro de miel y su cacao. Luego algo de trabajo, porque el trabajo, cuando eres empresario, siempre te acompaña sin importar las horas o la hora, ni el día, ni el momento.

Y cuando todo termina, me gusta leer los comentarios del blog y disfrutar de vuestra compañía sincera y fiel. De trescientas a quinientas visitas al día. Con una media de dos mil a tres mil a la semana y de diez mil a doce mil al mes dicen las estadísticas del mismo. Me impresiona y me llena de cierta responsabilidad porque uno nunca sabe qué desea la gente leer o qué le gustaría saber. Y me limito a expresar emociones, pensamientos, ideas y experiencias que enmarco en ese mundo medio real y mágico que nace de esta red de cambios e intercambios. Y me encanta leeros, y me encantaría poder ver también vuestros rostros y saber de vosotros, quiénes sois, de dónde venís y a donde vais. Pero en este mundo incierto debo conformarme con ciertos anónimos de vez en cuando, sin rostro ni voz, agradeciendo cuando algunos ponéis vuestro nombre o mail y así, de alguna forma, puedo tomar contacto con vuestro rostro de voz. Y me emociona saber que luego se crean amigos y contactos y personas interesantes acuden más tarde a mi casa real, y disfrutan de unos días de compañía de este loco de carne y hueso. Y entonces la magia se vuelve real y algo ocurre, algo que diría o llamaría casi milagroso. Y a veces me gusta mirar los países desde donde nos visitan y veo tantos y tantos lugares a los que me gustaría ir, a los que me gustaría conocer, y me pregunto si la magia también resultaría a la inversa. De momento me conformo con imaginaros, aunque a algunos ya os he conocido en el mundo real. En todo caso, sigamos compartiendo y no dudéis en escribir vuestras cosas, porque a mí también me gusta saber de vosotros…

 

Sobre lo extraordinario de la vida ordinaria


«Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado». Margaret Mead

La antropóloga norteamericana no estaba del todo equivocada. Esos pequeños grupos de ciudadanos pensantes, comprometidos, y añadiría eso de libres, existen y se reúnen con la intención de esforzarse para crear, no de forma ilusa, pero sí de forma comprometida, un mundo mejor. El añadido de libres es importante, porque resulta difícil dedicar parte de tu vida o de tu tiempo a esa transformación si no es porque la otra parte de tu vida y de tu tiempo está bien protegida y estable. Hace unos días me escribió el redactor jefe de una importante revista de tendencias para que le ayudara en un reportaje sobre mujeres pensantes y comprometidas. Le he puesto en contacto con algunas personas interesantes, y me preguntaba qué diferencia existe entre unas y otras, es decir, entre aquellas que prefieren vivir una vida tranquila y sin un exceso de acumulación de problemas, y aquellas, o aquellos, que además de llevar una vida con esa acumulación de historias de la vida ordinaria, deciden, además, comprometerse con alguna causa y ser, además, una ciudadana libre y pensante… ¿Qué clase de impulso nos sitúa en esas estratosferas cósmicas más allá de nuestro ombligo sideral? ¿Qué clase de envite nos catapulta a esa necesidad de expandir nuestras ganas de vivir a territorios que superan, a veces con creces, todas nuestras expectativas inmediatas? Cambiar el mundo, se puede cambiar, y creo que se puede cambiar incluso desde el ámbito ordinario, desde nuestra rutinaria vida diaria. Margaret Mead tiene razón, pero olvida que a veces lo extraordinario, y doy fe de ello, puede encontrarse en el fluir de la vida común.

 

De idas y vueltas…


Marchamos el sábado desde Madrid para llegar puntuales a la hora de comer. Allí, en A Cerca, en plena zona fronteriza entre Portugal, León y Galicia, nos esperaban M y MC para degustar un delicioso caldo gallego. Sábado tranquilo, de paseos y charlas, y disfrutando de la amistad y el encuentro. Nos acordamos mucho de amigos que no estaban allí pero que nos acompañaban con su presencia invisible. Especialmente de H. que lo está pasando mal por culpa de un cáncer, y de G., que recordamos con añoranza y cariño, imaginándolo en sus “illes” con sus nietos y su tenis. Por la noche fuimos a un lugar peculiar, conocido como el “Xeringa”, sitio que más que un restaurante parecía un museo, y además, lleno de records Guinnes. Hablamos y compartimos, compartimos y hablamos, reduciendo la vida precisamente a eso: a compartir.

Al día siguiente, Domingo de Ramos, fuimos a misa cargados de cierta emoción y curiosidad antropológica, especialmente por la peculiaridad de asistir a la misa de una perdida aldea en la Galicia rural de nuestro tiempo. Luego, tras comer con el párroco y algunos amigos más, un viaje vertiginoso desde Galicia a Guadalajara y de allí a Madrid para, casi sin respirar, seguir ruta al día siguiente hasta tierras del sur, donde pasaremos esta semana que llaman Santa. Y aquí andamos, rodeados de familia, cariño y paz, cierta paz que repercute positivamente en el balance contable de las emociones sentidas. Cierta paz interior y cierto respeto, al mismo tiempo, por lo que la vida nos da y nos quita. Esta vez tocaba dar, y ha sido francamente generosa en los planos sutiles de lo vital. Qué siga así, generosa… Y ahora, en la noche calma, sonando la Forza del Destino, que todo se alargue, y que la paz y el amor reinen en los cielos, y también aquí abajo, en la tierra…

 

Venta de armas


Llevo tiempo denunciando en este blog y en otros medios la hipocresía con la que nos enfrentamos como país y como nación a la hora de, por un lado, estar en contra de las guerras, y manifestarnos cuando hace falta o cuando interesa. Y luego, por otro lado, permitimos, casi mirando hacia otra parte, como el que no quiere la cosa, o como si la cosa no fuera con nosotros, la venta de armas a terceros países. Y hoy los medios vuelven a sacar a la palestra lo malos que hemos sido por vender bombas de racimos a Gadafi. La hipocresía, estatal y social, es de tal calaña, que me avergüenzo como ciudadano y como persona de todo este asunto. Para empezar me parece repugnante que tengamos fábricas de armas en nuestro país. Me parece aún más repugnante que en su día vendiéramos esas fábricas, especialmente la de Santa Bárbara, a empresas como  General Dynamics, de capital norteamericano. Y me parece aún más hipócrita y repugnante que todo eso se haga en nombre de salvar unos puestos de trabajo. ¿Tanto cuesta reconvertir un sector como el militar y la venta de armas? ¿Por qué Santa Bárbara no se dedica a fabricar plantas potabilizadoras de agua para los países pobres? Quizás, con eso, se evitarían las grandes migraciones, los grandes conflictos y todo lo que al final acaba provocando guerras y para algunos, suculentos beneficios. La reflexión es terrorífica, de película de miedo. Pero así es… Sigamos pues por ese camino…

 

De nuevo en el camino


 

Cuando miras a tus seres queridos a los ojos parece como si cierta paz te embargara, como si cierta tranquilidad de ver que están bien y de poder sentirlos cerca, tocarlos, abrazarlos, pudiera calmar todas las angustias del alma. Han sido dos semanas lejos, pero hoy, tras cinco horas de viaje, parece que la cercanía hacia los mundos amados resuelven todas las pruebas del laberinto… El mes de abril, bendito mes de abril, aguarda más experiencias, más encuentros, más vida de la que se puede abarcar… Veremos qué ocurre…

 

La buena gente


Hay gente especial en el mundo. Estos días que andaba perdido en ese mar de deseos elásticos y sutiles he recibido la llamada o la escritura de gente bonita, de personas que pasean por un parque y te envían la foto de un árbol para alegrarte, de seres que mientras ponen orden en su castillo en la lejana Alemania te manda buenos deseos y hermosas vibraciones, otras que, tras años sin saber de ellas, te llaman con caluroso abrazo que podía traspasar los hilos de cobre del teléfono, o esa que te trae flores, o plantas, para que las cuide y las riegue… Gente bonita que te saluda, que te sonríe, que te protege con su mano amiga, que te calma el dolor mientras trabaja en la fábrica y se escapa diez minutos para llamarte a escondidas, o aquellos que te ofrecen sus apartamentos en la playa para que descanses, o ese autor que te llama animado para colaborar como sea en empujar a tu empresa, o ese amigo que te envía una poesía, o un texto que te inspira, o una canción que te anima. He recibido escritos y llamadas desde montañas y desiertos, desde lugares remotos y cercanos. Y cuando eso ocurre, cuando la gente reacciona ante los baches del camino, uno se siente inmensamente rico, plenamente recompensado por un universo generoso y lleno de tanto y tanto amor… Así que a todos os doy las gracias por estar ahí, por forma parte de ese “equipo grande” que tantas veces me habéis acompañado por desiertos africanos, por selvas asiáticas y por montañas americanas. Pero también por estos pequeños paseos de la vida cotidiana que necesitan, de vez en cuando, en esta peregrina existencia, sentiros cerca. Gracias de corazón, y ojalá pudiera estar atento y despierto cuando vosotros también necesitéis de mi mano franca… Os habéis comportado como auténticos príncipes y princesas… y ahora solo me queda desearos el mejor de los palacios…

 

El acróstico de los magos



Me envía mi padrino espiritual un hermoso texto que recoge sabias palabras sobre el acróstico de los magos: el Querer, el Saber, el Osar y el Callar. Esa cruz mágica que se puede encontrar en muchos templos abandonados y que por suerte, algunos rescatan y protegen para ser transmitidos en la cadena inmortal de la Enseñanza. Había en el texto una frase que me ha gustado sobradamente y que venía a cuento de una hermosa conversación que esta mañana tuve con A. “La valentía unida a la inteligencia es la madre de todos los éxitos en este mundo. Para iniciar, uno debe conocer, para cumplir uno debe querer, para querer realmente hay que atreverse, y para recoger en paz los frutos de la propia audacia hay que mantener silencio…” La frase, de Eliphas Levi, entraña en sí misma un valor incalculable en cuanto a la intuición de nuestro sendero, de nuestro propósito en la vida, de nuestra apuesta por diseñar y ser partícipes de la existencia. No se trata meramente de palabras, si bien las palabras también pueden ser fuente de inspiración y creación, sino de puesta en práctica de un cúmulo de enseñanzas que incitan precisamente a la acción.

Decía A. que para poner en práctica proyectos era indispensable la ayuda de la gente. Sin duda tiene razón, porque nada hay más triste en la tierra que intentar emprender proyectos en solitario. No se puede crear una familia en solitario, ni construir una catedral de forma individual, aunque haya un hombre, Justo, que lo esté intentando el solo en Mejorada del Campo, cerca de Madrid. Pero sí que hay un recorrido solitario donde tienes que atravesar cierta travesía en el desierto para comprender y entender en toda su medida cual es tu verdadero proyecto vital. Ese esotérico “yo persisto”, que pretende tomar consciencia de todo cuanto se es, dominar la energía misma porque nosotros somos en sí la energía. El que domina y el dominado son uno, y por eso su afán es seguir trabajando en silencio, porque el trabajo creador nace de la consciencia del creador que cada uno es. Y cuando esa consciencia se revela, el único afán es el de servir. Ser un servidor del Propósito.