El poder de la supervivencia


 

Siempre me he cuestionado si arrendaría o vendería mi dignidad por un plato de lentejas. Creo no haberlo hecho nunca, incluso si eso iba en mi perjuicio absoluto. A veces la vida te pone pruebas difíciles que debes afrontar y ponen a prueba la fortaleza de tus ideales, de tus convicciones, de tus creencias. Una persona se forma especialmente a raíz de toda esa parte psicológica y espiritual que no se ve, pero que fundamenta su existencia. La conducta, esa conducta tan necesaria en nuestros días, muchas veces se pone a prueba. Es compleja la cuestión de la dignidad cuando ves que Sócrates murió en manos de la cicuta y otros muchos quemados en la hoguera por no renunciar a sus creencias, ideales o fe. Ahí, el poder de la supervivencia desapareció, quizás porque lo que nos hace dignos y verdaderos es afrontar la vida como un acto continuo de generosidad extrema. Y la dignidad forma parte de esa generosidad, especialmente con uno mismo. Recuerdo una vez una conversación donde intervenía una persona muy rica y una persona muy pobre. Había un tercer interlocutor, que mirando a ambos amigos, dijo algo así: todo Arturo tiene su Merlín. Al menos su observación fue diplomática, por eso de que todo palacio tiene su payaso. Pero lo que no entendió esa tercera persona es que en esa amistad no había ni pobres ni ricos, ni palacios ni payasos. Era una relación entre iguales, de iguales. Y esa igualdad no nace de la riqueza o la pobreza, sino de la oportunidad de poder mirar de frente al otro y hablarle de tú a tú. Si perdemos la conducta, si perdemos la dignidad, perdemos el bien más preciado que la naturaleza nos ha dado: la oportunidad de ser y comportarnos como seres humanos. Y ser conscientes de esto es ser conscientes de que no somos nada ni nadie sin los otros seres humanos. En cuanto perdemos el sentido de esto, de nada nos sirve la supervivencia, ni las conductas, ni las creencias, porque si el otro no existe para nosotros, nosotros dejamos de existir para la naturaleza y para el mundo y perdemos el sentido de nuestra existencia, nuestra existencia humana. Termina el abrazo, empieza la selva.

 

Luna Creciente


 

La luna crece en el cielo… ¿qué desea la princesa lunar? Quizás arrojar a los cien mil hijos de San Luis contra la incertidumbre del mañana. O tal vez arropar con su llanto al hijo de la luna. La luna provoca siempre mareas, porque el agua que contiene este mundo está hecha de esa substancia voluble. Pero, ¿como se calman las mareas? Sólo se me ocurre una forma: nadar en la profundidad. Penetrar en los abismos de la oscuridad para desentrañar los misterios que allí nos esperan. Lo superfluo no basta para calmar la ansiedad, la incertidumbre, el desdeño. Hay que arropar con calor humano al que sufre para saber qué hay dentro de su vacilación, de su titubeo ante la experiencia. No se pueden postergar las cosas porque se acrecientan. Mejor aniquilarlas de cuajo en el mismo momento que surgen. Sin fluctuaciones, sin pena. La vida es cíclica y la luna lo sabe bien. Y ahora crece, y es tiempo de siembra…

 

El día de la mujer


Es rebelde, no acepta los viejos patrones. No desea seguir los pasos de sus madres sumisas, ancladas a las tradiciones más arcaicas. Son independientes. Van solas a la ópera y viajan a su antojo sin, por fin, tener que pedir permiso a nadie. Se han liberado del yugo de esa esclavitud palpitante que las sumía en la apatía del mandato. Ahora trabajan, tienen su dinero, su independencia, sus momentos, su casa, su vida. Pero hay un camino del medio donde algunas mujeres han fracasado porque, de forma incierta, han querido navegar por el extremo. Han preferido ver al hombre como a un enemigo y no como a un amigo. Han preferido hacer de su independencia una tiranía vengativa a los patrones pasados. Y algunas se han visto solas, o se verán solas, porque no soportan la idea de compartir espacios, de proteger la normalidad de una relación, de saborear las mieles del compartir. Hoy es el día de la mujer, pero como hombre moderno, perdón, quise decir posmoderno, aún celebrando los triunfos por la igualdad de género, reclamo que la igualdad sea total, y que la discriminación positiva termine de una vez, y que el hombre y la mujer se vean como iguales y que ambos sean capaces de compartir espacios y tiempos, si ese es su deseo libre, en una madurez plena, olvidando viejos rencores del pasado y permitiendo que la libertad, la tolerancia, la igualdad y la fraternidad sea siempre entre iguales, independientemente de que tengas un hombre o una mujer en frente. El concepto de familia está en crisis, también el concepto de relación, de pareja. Los hombres no soportan a la mujer y la mujer no soporta al hombre. Ya no hay un pacto económico que reclame unión, ni un pacto moral o conductual, ni tradicional ni impositivo. ¿Cómo reinventar la familia? O quizás… ¿ya no sea necesario? Y si no es necesario… ¿Cuál será nuestro destino como especie, como comunidad?

 

Exilio y desarraigo


Leo todos los días las noticias sobre lo que ocurre en Libia y en los países árabes que están escribiendo un nuevo capítulo de la historia universal. Intento fijarme en los detalles de todo lo que ocurre, pero sobre todo, en los detalles del drama humano. Ya no tan sólo de los cientos de personas que han perdido o perderán la vida en este conflicto, sino la de los miles que se han visto obligados a desplazarse, a exiliarse lejos de su hogar. Y pienso en lo terrible que resulta dejarlo todo, a veces, incluso a los seres queridos, porque algo te obliga a abandonar lo que más amas. Hablaba el otro día de la importancia del concepto, o la concepción de hogar. Porque hogar es algo más que un refugio, que una casa, que una comida todos los días; es además, afectos, familia, historias, momentos, sentimientos arraigados a un espacio y a un tiempo que nos protegen de las cuestiones existenciales y vitales de la vida. Si te arrancan eso te arrancan todo y te sientes perdido, desorientado, sin rumbo. Ojalá los conflictos terminen rápido y que todos puedan regresar a su hogar si ese es su deseo…

 

Vendo Parapente


 

Vendo Parapente nuevo de la marca Windtech, modelo Pulsar 1500.

Medida 25 con casco incluido.

Precio: 1500 €

Por si alguien tiene ganas de volar. Casi no utilizado. Pocos vuelos. Totalmente nuevo.


Arrojados al abismo


 

Recuerdo que A. me llamaba cariñosamente El Vagabundo… No me importaba, incluso casi me gustaba pues había trabajado muchos años con vagabundos y en cierta forma, mi vida errante, siempre viajando, se asemejaba a ello. Ella, sin embargo, se quejaba de ese desarraigo, de ese no estar quieto. Supongo que necesitaba una persona estable, una persona que le diera seguridad, equilibrio, serenidad, paz, en definitiva. Y en mi caso, siempre deambunlado por el mundo, esos adjetivos se alejaban de lo que yo deseaba: independencia, libertad, autonomía. Con el tiempo comprendí que a veces resulta difícil compaginar mundos, o llamémoslos, adjetivos. El movimiento, hijo predilecto de la inquietud, a veces surge inevitablemente de las ansias de descubrir, de explorar, de encontrar algo que se escapa a los desasosiegos y reflexiones. Cuando creces, cuando maduras, uno se torna más calmo. Desea estar más con la familia que vagabundeando. Desea disfrutar más de un pequeño paseo por cualquier parque que deambulando por cualquier sabana africana. La quietud, la tranquilidad, desea disfrutar de las cosas sencillas. Por eso el año pasado puse tanto empeño en hacer de mi casa una especie de refugio, algo así como un hogar, a la espera del calor humano que todo hogar requiere. Sólo quería encender el fuego de la chimenea interior y permanecer tranquilo, intentando atrapar el tiempo en la paz de una tarde para que no escapara a los arrojos del abismo. Y cuando crees encontrar ese sentimiento de hogar, ese calor humano, no deseas que se escape. Cuando encuentras un lugar tranquilo, donde poder abrazar a los tuyos, entonces, quieres dejar de ser un vagabundo. Mi querida A. no pudo atraparme en esa paz. Quizás aún necesitaba experimentar más la vida, necesitaba explorar más el mundo. Ahora ya me siento listo para comprenderlo desde un sencillo atardecer, un tierno abrazo o un suspiro compartido. Ahora solo requiero de un hogar lleno de calor humano. Ya no busco palacios ni honores, ni príncipes ni princesas, ni montañas altas ni valles profundos, ni historias imposibles ni espacios infinitos. Sólo busco la paz de un abrazo, la complicidad de una mirada, el silencio plagado de trofeos de lo inmediato.

 

La complejidad de amar al ser humano


Hablaba el lunes con un amigo joven, guapo, con dinero. Pasea por Madrid con descapotables y le encanta disfrutar de la buena vida. Habla siempre de las mujeres como trofeos. Es un cazador nato, pero siempre amable y sincero, incluso cuando el cazador a veces se ve cazado. El lunes parecía enamorado. Me dijo una frase que me gustó mucho: «S. es la mujer con la que deseas ir cogido de la mano por la calle, la mujer que deseas presentar a toda tu familia y a todos tus amigos». Me gustó ese cambio de actitud, esa madurez repentina. Su frase me acompañó toda la semana y cuando paseaba por la calle iba mirando a la gente, a sus rostros. Veía a parejas cansadas, que se besaban sin mirarse a los ojos, que apenas hablaban, más preocupados por los mensajes de la Blackberry que de cualquier otra cosa. Parejas que preferían pasear con distancia, sin rozarse, sin tocarse, sin mirarse, como si fueran dos desconocidos para los demás. Me acordaba tanto de la frase: “S. es la mujer con la que deseas ir cogido de la mano por la calle”. Más que una frase es una actitud ante la vida. Me interrogaba sobre esos detalles, especialmente en estos tiempos en los que las muestras de amor parecen vetadas al ámbito privado. Amar se ha convertido en una religión, donde sólo es posible confesarse en templos cerrados y oscuros. Y ante la frase de mi amigo, me preguntaba: ¿por qué encerramos el amor al ámbito privado? Quizás por miedo, quizás por moda, quizás porque las expresiones del amor han cambiado… No lo sé, y realmente nunca le había dado importancia, hasta que un día vi a una pareja que iban cogidos de la mano y de repente se separaron cuando uno de ellos vio a un amigo. ¿Por qué ese cambio? ¿Por qué ese rechazo? ¿Por qué esa actitud? Lo cierto es que la frase de mi amigo me ha recordado esta semana esa imagen y no he podido más que pensar en ella en voz alta. Creo que el amor debe ser algo natural, en el ámbito privado y en el público. Sin excesos, sin empalagos, simplemente natural y cómplice. El amor adolescente requiere de aprendizaje, el amor maduro de complicidad. En todo caso, el amor siempre es difícil, porque se trata de conocer y compartir algo tan importante como la vida con el ser más complejo del universo: el ser humano.

 

¿Hay que negociar con ETA?


Claro que sí, dicen algunos. Pero si negociamos con ETA, también habría que hacerlo con violadores, asesinos, delincuentes, ladrones y demás presos que se encuentran en la cárcel. ¿Por qué negociar con unos y no con otros? ¿Qué diferencia hay? Yo no la veo… Así que si negociamos con un asesino de ETA también tenemos que negociar con un asesino común, y con un ladrón de coches y con un violador de menores. ¿Acaso la sangre de unos es más negociable que la de otros? Me parece increíble el debate… Lo que ETA y sus “muchachos” tienen que hacer es dejar las armas, pedir perdón, cumplir sus penas y empezar de nuevo sus vidas. Si quieren independencia que se metan a políticos profesionales y luchen por sus ideales con la palabra, y no con las armas. En pleno siglo XXI, creo que la era del cromañón pasó hace mucho tiempo, y ni la gente vive en las cavernas ni se matan por la calle por pensar de forma diferente… Al menos, ese es el siglo XXI que todos deseamos… Y no es esto un discurso radical –el no negociar con asesinos de una banda terrorista-, lo radical es vivir asustado toda tu vida porque no sabes si te van a matar o no. O peor aún, lo radical es tener que llorar un muerto porque algún día decidió meterse a político, guardia civil o juez. Eso sí que es radical, y aquí no valen medias tintas… No se puede justificar a ETA, ni rendirle ningún tipo de homenaje o tregua o negociación. Los héroes de la patria pasaron a mejor vida. Ahora queremos héroes de la sociedad, no héroes de ninguna patria, ya sea vieja o de nuevo cuño… Lo que vale son las personas, y no los territorios, y un patriota que mata por una patria es un gorila, un cromañón de las cavernas, y no una persona de carne y hueso…

La paz no se puede negociar… es un estado del ser, es un derecho de la sociedad. Se está en paz o se está en guerra… Y la guerra ya no se lleva, no está de moda, no mola, no interesa, escuece y hace subir el petróleo o el precio de los seguros de vida. No queremos más tripas en la calle, ni más miedo, ni más complicidad con los «muchachos»… La bajada del monte significa pagar las deudas pendientes y volver al redil… al menos al redil humano…

 

Palacio de Cristal


Hoy ha sido un día intenso. La verdad es que llevo una semana intensa. Como si de repente hubiera aceptado mi vivencia en Madrid tras más de dos meses en esta ciudad y me hubiera conectado a su energía. Y así ando, con ropas diferentes, con gente diferente, de reuniones a todas horas y en todas partes. Hoy han sido tres encuentros. El primero por la mañana temprano con C., con el que he tomado un té y hemos hablado de nuevo de la situación económica con los nuevos y preocupantes datos del paro. De nuevo he intentado mostrarme positivo y optimista. No queda otro remedio.

Más tarde he quedado con G., una autora de Lleida que ha venido con su hija M. expresamente para mantener un encuentro con Joana Bonet, la directora de la revista Marie Claire. Llegué algo tarde y ya me esperaban las tres en las oficinas centrales de la revista. Joana, además de periodista y directora de la revista es una excelente escritora y muy buena persona. G. está emocionada con su libro, la verdad bastante bueno y con muchas ganas de editar. A ver si lo conseguimos antes de abril si todo va bien. Es tan emocionante cada proyecto, cada nueva edición…

Tras este encuentro, he dado un agradable paseo con LV por el Retiro. Hemos tratado temas diversos, también de la editorial. Vamos a ver si los nuevos proyectos salen adelante. Tengo muchas ganas de seguir luchando, a pesar de que a estas horas de la noche me siento totalmente cansado y con ganas de ir a la cama…

Han pasado otras cosas importantes con amigos importantes que deberé reflexionar… A veces ocurren hechos que no sabemos como sopesar. Pensaba mucho en J. y sus decisiones. Mientras paseábamos por el Retiro con LV había una pieza en exposición de Jessica Stockholder de la colección “Atisbar para ver” en el Palacio de Cristal. Me ha gustado el título, tan inspirador, y una frase suya: “el conocimiento de que hemos inventado nuestro mundo no borra la posibilidad de que podamos creer en él”. Pensaba en J. y en la frase, y veía qué hermoso resulta creer en lo que creamos, amar lo que hacemos, verter nuestro afán en todo aquello en lo que participamos. En estos momentos difíciles, de crisis que parece no terminar nunca, debemos creer en nosotros mismos, en nuestro mundo, en la gente que amamos, en todo lo que participa de la realidad que hemos creado… Y sobre todo, creer en la esperanza…

 

Ser Socio tiene sentido…


Editorial Séneca es algo más que una editorial. En estos años nos hemos esforzado por proteger, fomentar y difundir la cultura para que nuestros pueblos y gentes no pierdan sus rasgos de identidad y proximidad. Llevamos ya cuatro años potenciando todo tipo de iniciativas culturales que poco a poco van creciendo con optimismo y fuerza. Además de compartir nuestra editorial con más de cincuenta autores, hasta ahora, sólo un grupo reducido de socios habían sido partícipes del proyecto. Mario Conde, César de la Mora, Luis Valls-Taberner o Javier León habían sido los padres del proyecto económico y cultural que poco a poco ha ido creciendo para abrazar ilusión y esperanza. Muchos otros como Oscar Morales, Sara Clavijo, Carlos Oyague, José María Palencia, Julia Carú y muchos más nos han ayudado sin tregua en el proyecto cultural, siendo también padres de la criatura que ahora demanda crecer. Queremos por ello abrir las puertas al mismo ofreciendo la oportunidad para que otros socios puedan participar del mismo. Queremos ser más porque pensamos que ser socios tiene sentido. Te invitamos y te esperamos para que juntos hagamos historia. Tu apoyo y fuerza serán nuestro valor. Infórmate en:

http://editorialseneca.es/socios.htm

 

 

Soldado que huye sirve para otra batalla


Día de contactos y día para la reflexión. Desayuno de leche con galletas con Y., el cual se marcha a Brasil para dirigir más de cerca sus empresas dada la situación económica. Encuentro más tarde con J., el cual andaba preocupado por asuntos financieros en los que andaba en juego millones de euros. Y comida en un chino con C., el cual está desanimado tras más de dos meses en Madrid sin encontrar trabajo. Tres realidades bastante pesimistas sobre una situación quebrada y de la cual no se sabe muy bien como saldremos. Pero lo más abrumador era la sensación de cansancio que veía en sus rostros. A pesar de que nuestras empresas también están sufriendo los coletazos de la crisis, intentaba hablarles en términos de optimismo. Quizás la charla del desayuno ha sido la más distendida, las otras dos me han parecido preocupantes. Uno porque me hablaba de que podía perder la friolera de seiscientos millones y el otro porque me hablaba de que no podía perder nada porque en estos años de duro trabajo no había conseguido acumular ningún bien, ninguna familia, ninguna casa, ni siquiera un coche para desplazarse, y ahora, además, se encontraba sin trabajo. Entre tener mucho y no tener nada, no veía ninguna diferencia, porque ambos estados creaban malestar. No sabría describir el cúmulo de sensaciones extrañas que me han invadido. Pero por alguna razón extraña, lo único en lo que podía pensar era en la esperanza, en el optimismo, en la alegría. Sólo quería pensar en esas cosas y no en otras, porque si bien el fondo parece tocado, podrían levantarse nuevos precipicios hacia la terra incognita… En todo caso, y como bien decía C., soldado que huye, sirve para otra batalla… Esperemos que no huyamos todos a la vez y en desbandada…

ONU contra Libia, Libia contra Wall Street


Hablábamos de la corrupción a todos los niveles con un alto representante del Banco Mundial de visita familiar por Madrid. Resulta curioso observar como la corrupción en los países con menos tradición democrática salpica a todos los estamentos sociales. Sin embargo, en los países con mayor tradición democrática, la corrupción sólo aparece en los altos estamentos. Es Wall Street quién dirige a Washington, y no al revés, en pocas palabras. Tratábamos estos temas en San Ginés, una de las chocolaterías más tradicionales de Madrid, y luego en casa, mientras veíamos la hipocresía de las Naciones Unidas a la hora de referirse a la situación Libia. Mientras el loco dictador Gadafi se ceba con la población civil, el Consejo de Seguridad de la ONU se limita a decir, tras más de diez horas de negociación, que Gadafi no podrá viajar al extranjero y además, se le congelarán sus fondos. Bendita lluvia de declaraciones hipócritas. Menos mal que ante la indecencia de todo lo que está pasando, además, le han declarado, por si acaso, criminal ante la opinión internacional. Bendita también la opinión internacional que tan alejada se encuentra de la realidad. Y la realidad es que ya no se sabe cuantas personas han sido eliminadas en Libia y cuantos se han visto obligados a refugiarse en otros países. No deja de ser paradójico que el declarado “Líder y Guía de la Revolución” Libia sufra una revolución en el seno de su país. No deja de ser paradójico que Estados Unidos se alíe con los revolucionarios árabes. ¿Dije Estados Unidos? Perdón, quise decir Wall Street… Y la ONU, pues que siga con su burocracia dando palmaditas a unos y otros. Nauseabundo.

De vuelta a…


Hemos vuelto tranquilos a Madrid. Hacía tan buen día en el sur que daba pereza desengañarse de su clima, de sus gentes, de su tierra. Tuvimos tiempo de pasear algo por la ciudad mora, la ciudad judía, la ciudad cristiana… Se respiraba un aire limpio entre juderías y patios, entre calles blancas y plazas rebosantes. Siempre me ha enamorado el concepto de plaza. Sentarte en algún banco esperando que pase alguien para interrogarme por su camino, por sus vivencias, por su pasado y su presente y su futuro.

Estuvimos en el lugar donde nos conocimos. Fue en mayo de hace ahora casi un año. El reflejo de aquel momento derivó en algo grande y hermoso, profundo y misterioso que se derrama en nuestras vidas con atisbos de esperanza. Por un momento me quedé contemplando el escenario que ya no estaba, pero sí la escena. Por un momento a veces pensamos que la realidad, que cierta realidad parece surgida de un sueño, o de algún tipo de fantasía capaz de plasmarse en eso que llamamos vida. Y si miramos cada instante, y si podemos destripar cada segundo importante, nos damos cuenta de la finitud que albergamos en nuestro interior, y de lo provisional que todo parece. Sólo la esperanza alimenta nuestras vidas. La esperanza de que el mañana, el presente y el ayer jamás mueren, ni nos abandona, sino, simplemente, nos acompaña eternamente…

Sur


Hoy subíamos al pico más alto de la finca, un lugar privilegiado rodeados de bosques, ríos y montañas. El cielo estaba azul y radiaba una luz hermosa. El intenso verde era sacudido con retazos de flores que amasaban con la brisa los atisbos del paisaje. Al fondo sólo había esperanza que gritaba con sacudidas leves las entrañas de toda tierra. Las sensaciones son extrañas cuando subes a un monte y divisas su horizonte. Deseaba tanto fusionarme con el paisaje, con la estructura invisible de la naturaleza… El sur, con su primavera adelantada, está radiante…

Ayer conocimos a R. y decidimos que sería una buena oportunidad para dar un empujón al futuro. Esperemos que así sea. Tras pasar con ella un tiempo prudencial, caminamos tranquilos y sofocados por el calor del sur hasta el centro del pueblo. Horas más tarde nos vimos rodeados de amistad y proyectos en la ciudad de Palma del Río. Tuvimos la gran suerte de ser invitados a comer una excelente pizza en Michelangelo, lugar que os recomiendo encarecidamente. Pero hoy la ruta gastronómica tampoco tuvo desperdicio. El arroz caldoso de T. era tan irresistible que he repetido dos veces y no hubo una tercera porque ya no podía más. Así que han sido dos días de gourmet en los que el disfrute de las cosas sencillas en la mesa con buenos amigos ha sido lo mejor del viaje.

Y por la noche, reencuentro con los amigos de viejas batallas políticas. Ha sido reconfortante pero también extraño. Hace unos meses estaba conspirando con ellos en los entresijos políticos y ahora sólo me apetecía estar con ellos, sin más. M. y su mujer nos han abrazado y hemos sentido su calor. Pero también el calor de J., de M, de P. y de todos los que allí estaban. Unos días llenos de extrañas sensaciones, pero sobre todo, preñados de sur…

Macbeth en Bilbao


Comimos algo en el restaurante Kikara, en la calle Iparraguirre. Muy bueno el arroz caldoso de verduras. Seguimos el paseo hasta el Guggenheim, donde pudimos ver, cortesía del hotel Ercilla, la exposición de turno. No entiendo mucho de arte abstracto, pero me gustó una exposición sobre pintura de entre guerras, donde el pintor parisino Amédée Ozenfant clamaba por el absurdo de lo que estaba ocurriendo en esa época. “¡Pobres soldados heroicos! Pero cuando caéis, ¿no sería más decente que miráramos para otro lado?” Decía el pintor… y es que ante la agonía, el civilizado corre la cortina, un poco lo que ha hecho Europa ante las revoluciones árabes que se están protagonizando en estos días. Si bien USA ha hecho una apuesta contundente por las mismas, Europa, de nuevo, ha mirado hacia otro lado… Quizás porque Europa sigue excesivamente enmarañada en su estética clásica y sigue buscando la llamada al orden, como expresó Jean Coctueau, buscando aún sus personajes arquetípicos en la antigua Grecia.

Tras el museo, tocó Ópera. Esta vez en el palacio Euskalduna. Nos llevaron al parco de honor, desde donde pudimos ver a la lituana Violeta Urmana haciendo de lady Macbeth en la ópera de Verdi. Al final del acto, nos acompañaron a los camerinos para saludar a la soprano y pudimos ver todo el entresijo que hay detrás del escenario. Una experiencia hermosa. Y hoy seguimos con la ruta. Iremos a Vitoria (ahora sí), y de ahí a Córdoba. Ella tiene reuniones y yo debo reparar un cristal que ayer nos rompieron en alguna parte de Bilbao. Cosas del camino…

Desde Bilbao


Ayer acompañamos a K. hasta Estella. Un viaje agradable donde pudimos conversar de temas diversos, interesantes, necesarios. Hoy con X. en Bilbao. Hacia tiempo que no nos veiamos y hemos aprovechado un viaje de trabajo para estar con ella. Mañana a Vitoria y corriendo a Cordoba. Semana de viajes, intensa, llena de aprendizajes y compartir. Me siento bien, tranquilo. Parece que las cosas van encajando poco a poco y sedimentando aquellos fangos que se revuelven ante cada cambio… Pronto todo estara asentado y sera momento de empezar a construir un nuevo y solido edificio… Como buen arquitecto, andamos ya rastreando los planos para que la construccion sea justa y perfecta… Ahora a seguir compartiendo… hay tanto por hacer en el vasto campo de la experiencia…

Conducta y consciencia


Ayer a las seis de la mañana estaba de viaje hacia Cataluña. Tenía que dirigir unos trabajos y en mi alocución final hablé sobre conducta y consciencia tomando como inspiración unas palabras que días antes había expresado MC en la presentación de la Fundación Civil. Me llamó mucho la atención la fortaleza a la hora de diferenciar palabras y acciones puntuales de la conducta diaria. Sé a lo que se refería, y por eso sé lo fácil que resulta decepcionarse cuando la conducta de las personas que nos rodean, o que creemos de confianza, no son lo que nos gustaría que fueran. Llegué a las tres de la madrugada a casa en un viaje de ida y vuelta relámpago en el que reflexioné mucho sobre la importancia de la conducta, y sobre todo, a la importancia de que dicha conducta, tal y como señalé en mi discurso final, venga acompañada de consciencia. Una conducta con consciencia es lo que mejor debemos desear para que el bien común y propio se manifieste en la vida diaria. La conducta debe ser ejemplarizante, y no digo perfecta, pero sí tendiente a la perfección. Porque al final de nuestros días nos valorarán no por lo que tengamos, ni por lo que dijimos, ni por lo que hicimos puntualmente, sino por la conducta para con los demás, para con nosotros mismos, para con el mundo…

Fundación Civil


El día de antes habíamos estado dos horas charlando en alguna parte de la calle Maldonado, hablando sobre las ideas capitales del discurso del día siguiente y el contenido de las ideas-fuerza que se querían desarrollar. En el recuerdo surgían los años en que soñamos con esta fundación. El siempre hablaba de la Fundación del Hombre como un proyecto que no cuajó en la época en que fue proyectado y luego, por cosas del destino, cuando empezábamos a vislumbrar el retorno a esa nueva fundación que quizás hubiera visto la luz en La Montaña, el hachazo de la enfermedad y la muerte de su mujer terminó por diluir cualquier propósito. Pero cuando algo corre por la sangre, cuando algo está inyectado en el Adn genético, casi me atrevería a decir que cuando algo está inscrito en el libro de la vida, inevitablemente tiene que ocurrir. Y ayer ocurrió. Formaba parte del guión, del destino. Era algo ineludible. Me encantó poder verlo y presenciarlo desde dentro. Viendo el esfuerzo ingente de personas de buen corazón como Joaquín, como César, como Javier, como Daniel, como Iñigo, como Manolo, como todos aquellos que estuvieron organizando el acto de la presentación desde las barricadas, aportando cada uno su gota de arena, aunque esa gota fuera una mueca de silencio comprensivo y de vigía. Cuando el catedrático Merino apareció media hora antes del acto estaba a solas con Mario, repasando las ideas que el día anterior habíamos comentado. Ya faltaba poco para que todo empezara. Los incondicionales venidos de toda España ya estaban dentro. Más de mil personas esperaban a que la esperanza tomara el relevo a la apatía y la pasividad. Mario estaba tranquilo, sereno, atendiendo con fuerza la importancia del momento. Le dije que este día no era un día de cosecha, sino de siembra. Estamos sembrando una semilla. La Fundación Civil nacía al mundo en un momento de crisis, un momento difícil, un reto pero también una oportunidad para cambiar todo aquello que sirva para que la convivencia y la felicidad de los humanos sea cada vez mayor. Esa es la felicidad que todos queremos y anhelamos… y esa es la misión de la Fundación Civil.

Compartiendo


Ayer fue un día bonito, de amistad, de compartir. Estuve con el niño preparando unas riquísimas croquetas vegetarianas. Un trabajo laborioso pero que supo a poco por lo emotivo del momento. Hacerlas, prepararlas, rebozarlas, freírlas y comerlas. Y como el niño ha salido además de filósofo un excelente cocinero, tras terminar de preparar el rebozado, se atrevió con una sopa de leche y un excelente postre a base de fresas y chocolate derretido que el sólo se encargó de preparar. Además, puso unas bonitas copas y trajo unas velas porque era consciente de que era un día especial, un día para compartir amistad y amor. Realmente todos los días deberían ser así, especiales, y creo que lo son porque siempre hay algo que compartir, algún motivo para mostrar generosidad, atención, respeto, dedicación, empatía, alegría, algún motivo para que los que te rodean sean ante tus ojos los mejores del mundo, aquellos por los que darías una vida.

Amor ideal


El ideal del amor siempre ha sido una persecución obstinada generación tras generación. Todos aspiramos a estar con la persona ideal, con el ser amado perfecto que nos acompañe en este viaje sideral en la nave Tierra. Pero muchos confundimos el amor ideal con el amor sentido, experimentado, frecuentado. Para algunos psicólogos, hay personas que son incapaces de encontrar el amor debido a carencias afectivas del pasado. Una mujer que haya tenido carencias afectivas de su madre, pasará toda su vida buscando ese afecto o carencia en muchos hombres. Necesitará tener a su lado muchos hombres para cubrir el amor de madre, siendo su vida un cúmulo de insatisfacciones continúo. El vacío que posee nunca podrá ser cubierto por nadie, de ahí su infinita búsqueda del hombre ideal. Lo mismo ocurre en los hombres que carecieron de afectividad paterna. Nunca encontrarán a su mujer ideal porque su vacío resulta enorme. Nunca será un hombre satisfecho y de ahí nacerá su necesidad de búsqueda continua de placer en muchas mujeres.

Por eso el ideal debe desarrollarse en lo real. En nuestra pareja, en nuestra relación, en nuestra experiencia diaria. Hacer de la persona que tenemos enfrente la mejor de las experiencias posible, y crear, con esfuerzo y trabajo, la relación ideal, el amor ideal. Por eso el ideal siempre estará dentro de nosotros, y será mejor o peor dependiendo de todo aquello que hagamos para que así sea. Amar es entregar, es servir, es dar sin esperar nada a cambio… Todo lo que hagamos en ese sentido para nuestra pareja, será amor ideal… El amor ideal, el amor completo, deberá aportar intimidad, compromiso y pasión… pero sobre todo, generosidad… una inmensa generosidad…

La revolución árabe


2011 se va a recordar por muchos motivos.  Ni siquiera llevamos dos meses y ya han ocurrido cosas importantes que están cambiando el aspecto geopolítico del planeta. La revolución árabe en sin duda un acontecimiento importante que puede cambiar el sentido de muchas cosas. Los países democráticos esperan que el proceso revolucionario termine con la conquista de libertades y derechos inexistentes hoy día en muchos regímenes dictatoriales. Pero existe el temor de que dichas revoluciones terminen como pasó en Irán, es decir, pasar de regímenes autocráticos a otros teocráticos. En ese caso, las dictaduras llamadas blandas serían añoradas por muchas democracias que veían con cierta simpatía este juego de delicados equilibrios. Pero los pueblos, los verdaderos portadores de la antorcha de la libertad, sabrán articular con sabiduría este proceso irreversible. El mundo árabe necesita un cambio radical, y ese cambio radical y camino hacia la libertad y los derechos acaban de comenzar.

Mentiras…


La luz pervierte la realidad. Pensamos que lo que vemos es cierto y quizás lo único que vemos, observamos y percibimos es tan sólo una perversión de la “realidad”, de lo que realmente es, una gran mentira natural. Ya lo explicaba de forma magnifica Platón con su alegoría de la caverna. Vivimos en un mundo de sombras… Pero, ¿qué es real? Ocurre lo mismo en las relaciones humanas. Hablamos, compartimos, exageramos y mentimos. De forma consciente o inconciente damos datos incorrectos, información desvirtuada, decimos cosas que no existen y cambiamos la realidad a nuestro antojo o simplemente, adaptamos el discurso al interlocutor que tenemos en frente. En el mundo “real”, -ya ni siquiera hablemos del virtual donde detrás de un nick cambiamos todo lo cambiable-, sostenemos un discurso falso, mentiroso y obscenamente farsante. ¿Somos falsos o simplemente imitamos a la naturaleza pervirtiendo la razón de las cosas? ¿Es necesario mentir para sobrevivir en el mundo real? ¿Es una defensa para adaptarnos al medio, al trabajo, a las relaciones, a las dificultades diarias? ¿O es un síntoma de debilidad, de inseguridad, de anemia espiritual?

Para algunos sí… la mentira es necesaria, imprescindible, ineludible, vital… Hay mucha gente que desea, necesita vivir en la falsa, en las tinieblas platónicas…

Pero hay otra que se esfuerza, o al menos quiero pensar en eso, para vivir en un mundo donde la luz rescata al mundo de las sombras. Gente que se esfuerza, sin pretender ningún tipo de perfección, en tener como bandera la honestidad, la sinceridad, el pudor y la modestia de vivir limpios de corazón. Eso no significa ser puros, ser perfectos, ser semidioses de ningún Olimpo imaginado. Sólo significa, y quiero creerlo así, que hay personas que se esfuerzan por practicar la virtud y huir de los vicios, que pretenden crear-creer en un mundo mejor, cada día mejor… Hacer de hombres buenos, hombres mejores, no sólo es una opción de vida de muchos constructores de la honradez, sino, además, un propósito de vida, una actitud ante la vida, una visión a la hora de compartir experiencias y vivencias con el resto del mundo.

Prioridades en la vida


A veces resulta difícil discernir sobre las prioridades en la vida. Para unos, lo primordial es la familia, para otros el trabajo, para otros el sexo, para otros los amigos y para otros el dinero. El como administramos la importancia de cada prioridad denotará el tipo y la calidad de vida que llevemos en el futuro. También el tipo de persona que somos. Hay un pequeño test que nos ayuda a entendernos un poco y saber cuales son nuestras propias prioridades. El test empieza así (la respuestas las pondré en comentarios).

Estás sentado tranquilamente en tu casa, y de repente suceden cinco cosas. Las cinco suceden simultáneamente, y cada una de ellas requiere tu atención y solución inmediata.

1.- El teléfono está sonando.

2.- El bebé está llorando.

3.- Alguien está llamando insistentemente a la puerta.

4.- Tienes ropa secándose en el exterior y notas que comienza a llover.

5.- Te has dejado abierto el grifo del lavabo y la casa se está inundando.

Se trata de analizar fríamente todas las opciones y a continuación decidir en qué orden nos ocuparíamos de ellas. Cada una representa una faceta de nuestras vidas, y nos servirá para descubrir a que le damos importancia y a que no.

Mi opinión sigue siendo la misma. Hay que buscar el justo equilibrio en todas las cosas, sin descuidar ninguna de las facetas de la vida. No puedes descuidar el trabajo, ni el dinero, ni a los amigos, ni el sexo, pero sobre todo, jamás hay que descuidar a la familia. Nunca entendí como era posible en países como India encontrar a niños abandonados en la calle, sin madre ni padres que cuidaran de ellos. Quizás los padres tenían otras prioridades, o quizás carecían de las mismas. En occidente puede darse las mismas circunstancias, pero quizás de forma más civilizada. Padres todo el día trabajando sin tiempo ni ganas de cuidar luego a sus hijos, tarea que relegan normalmente a terceros. O padres, como podía ver a veces en ciertos barrios de Barcelona que iban con coches y la placa de “bebé a bordo” a pasar un buen rato con la prostituta de turno. Cuando su mujer o hijos llamaban por teléfono él estaba excesivamente ocupado en sus quehaceres como para contestar esa incómoda llamada. Ambos ejemplos son extremos, pero ocurren en la vida real. Los pequeños gestos de cada día nos darán una idea clara de cuales son nuestras mayores prioridades y de cuanto estaremos dispuestos a sacrificar por ellas. Maslow tenía su propia teoría… Bueno, pues que cada uno saque su propia conclusión.

Flirtear


Hace un tiempo hablaba con mi amigo C. sobre los problemas del flirteo en contextos de parejas estables. El origen de la palabra flirtear nace en Francia como un eufemismo de hacerle la corte a una dama. Actualmente, se utiliza como método superficial a la hora de mantener una relación sin que suponga compromiso alguno. Suele tener una marcada carga sexual, pues la pretensión del flirteo no es tan solo llamar la atención de una persona que nos atrae, sino, además, expresar una respuesta positiva a la posibilidad de esa atracción. Hay personas que utilizan el flirteo para ligar, otras para sentirse seguras o para llenar sus vacíos interiores. Al menos eso hablaba con C. de forma desapegada y objetiva. Flirtear puede ser una excusa o un pretexto, puede ser muchas cosas, y esas cosas no tienen porqué ser buenas o malas. Una persona soltera que flirtea para ligar puede ser positivo porque tendrá una herramienta útil para llamar la atención del opuesto. Una persona con pareja estable que utiliza el flirteo para relacionarse con los otros puede ser síntoma de carencias o inseguridades, o simplemente, una actitud ante la vida. Los extremos, en todo caso, siempre son negativos. Y de ahí venía la preocupación de C., el cual mantenía una relación aparentemente estable con P. Mi amigo se quejaba de que P. siempre estaba flirteando con todos los hombres. No podía tener relaciones normales con ellos sin que en medio apareciera cierta carga de coqueteo. Dicho así, aisladamente, no tenía porqué ser un problema. El problema vino cuando P. prefería no salir en público con C., o cuando lo ignoraba porque estaba excesivamente ocupada contestando cientos de llamadas y mails de sus conquistas, o cuando prefería no presentarlo ante sus amigos victimas del coqueteo como su pareja, sino tan solo como su amigo. Aquí la situación empezó a ser preocupante, porque una cosa es flirtear con otros y otra cosa es hacerlo a costa de tu pareja, relegándola a un segundo plano e incluso ignorándola por completo. Intenté tranquilizar a C. porque empezó a pasarlo mal. Y no me di cuenta de lo bochornoso de la situación hasta que P., su pareja, empezó también a coquetear conmigo. No contaré lo que pasó después porque la historia es totalmente rocambolesca. En todo caso, personas sanas y maduras no tienen necesidad de buscar fuera lo que ya tienen dentro, a no ser que lo que tienen dentro no les satisfaga, y en ese caso, habría que tomar medidas, aunque estas conllevaran la inevitable ruptura. Ser simpático y alegre es necesario a la hora de entablar relaciones sanas con los otros. En una relación turbia como la de C. con P., lo mejor es cuestionarse todo desde el principio. Evidentemente, quien juega con fuego acaba quemándose. Y P. se quemó, y casi salimos ardiendo C. y yo.

¿Y cual es mi opinión? Pues que flirtees todo lo que puedas si alguien te gusta de verdad. Si no te gusta, no lo hagas, pues puedes confundir al otro, o incluso hacerle daño. Si lo haces con todos, eres un cazador en busca de una presa, sin importar mucho el tipo o la calidad de presa. Eso tiene sus peligros. Si flirteas cuando estás soltero, pues te vendrá bien para ligar. Si lo haces cuando tienes pareja, hazlo si lo necesitas para sentirte seguro, pero nunca lo hagas a costa de tu pareja, sino desde una actitud sana y pactada. O en todo caso, flirtea con tu pareja a todas horas, que esa carga sexual siempre viene bien para llenar la vida de chispa y amor…

Desde La Montaña


Como ella iba a pasar prácticamente toda la semana fuera de casa, aproveché esta mañana para escaparme a La Montaña y respirar algo de aire puro ahora que parece que los niveles de contaminación en Madrid están al máximo de sus alertas. Y la llegada a La Montaña no pudo ser mejor. Hacía un sol espléndido que me acompañó toda la tarde. Llegué, vi que la casa seguía en pie y enseguida me fui corriendo al bosque, a dar un paseo. Era gracioso como me paraba en todas partes a hacer fotos a las flores y los árboles y al manto verde que todo lo cubría. El paseo por el bosque fue increíble. Necesitaba tanto respirar algo de aire puro. Sentir los olores del sur, la brisa fresca del monte teñido de tonos increíbles, los cantos de la naturaleza brindando por la vida…

Cuando llegué a casa esperaba en la oficina el Aguililla. Le di un sentido abrazo, hablamos algo y mientras charlamos empecé a ordenar cientos de cajas de libros. El otro día hablaba de la importancia de las ventas y me dio un poco de pena el ver tantos libros esperando a ser compartidos y leídos. Algo habrá qué hacer… Tras poner algo de orden, tiré algunas cajas vacías y tres pares de zapatos viejos. Creo que en este viaje voy a hacer algo de limpieza y tiraré todo lo inservible, todo aquello que hace milenios que no utilizo. Vendrá bien aligerar el equipaje…

Tras la corta limpieza fuimos a casa de O., el cual nos invitó amablemente a comer una riquísima tortilla de patatas con pimiento verde la cual agradecí en el corazón y en el estómago pues no había comido nada en todo el viaje. Charla agradable y tarde tranquila entre amigos…

Y ahora tumbado en el sillón de mi casa. Escuchando los sonidos de la noche… Admito que echaba de menos estos casi cuatrocientos metros de casa acristalada, con maravillosas vistas a la campiña y el monte. Mañana pintaré alguna pared y quitaré algunas hierbas del jardín. Estaré aquí unos días… intentando apoderarme de la fuerza y belleza de este lugar…

(Foto: Bosque junto a mi casa… Paseando hoy por La Montaña…)

De gestos y promesas


A veces los días no requieren de cosas considerablemente extraordinarias. Baste un gesto, un solo gesto, para hacer de un día cualquiera, un día especial. Hoy el gesto vino de forma inesperada. Llegué a mi nueva oficina, la de correos, y a diferencia de la anterior,ésta es muy grande y está regentada por más de seis mujeres que en el turno de tarde ya empiezan a conocerme. Tanto que hoy, de forma curiosa, estaban hablando del “chico de los libros” justo cuando he entrado. Eso me ha gustado, pues tras un mes en esta gran ciudad llena de individuos anónimos, al menos ya hay un grupo de personas que toman consciencia de mi pequeña huella, de mi pequeño deambular por este lugar que va tomando luz primaveral. Así transcurren los días… de forma tranquila, sin grandes desajustes, sin grandes aventuras por países lejanos, sin grandes ni excesivos problemas… Así transcurren también las noches, deambulando en el imperio de los sueños sin más pretensión que la de seguir un día más, viviendo, sintiendo la vida.