¿Miedo o amor?


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Cuando trabajaba en mi árbol genealógico, entendí la extraña comunión del destino que me une a mis antepasados. Tuve el fuerte presentimiento de que estaba bajo la influencia de actos y problemas que quedaron incompletos, no resueltos por mis padres, mis abuelos, y mis otros antepasados. Tuve la impresión de que a menudo en la familia hay un Karma impersonal transmitido de padres a hijos. Siempre pensé que tenía que responder preguntas ya hechas a mis antepasados o que tenía que concluir, o continuar los problemas no resueltos previamente” C. G. Jung

Jung tenía razón, tenemos deudas pendientes con nuestro árbol genealógico. Deudas que de alguna forma nos corresponde pagar, ya sea a modo de karma filial o compromiso con aquellos que permitieron que hoy estuviéramos aquí. Es una cuestión difícil porque nunca sabemos como afrontar algo que no nos pertenece excepto a oscuros apartados de nuestra consciencia. Creo, como Jung, que no solo heredamos genes físicos, rasgos de caracteres indefinidos, sino, además, algo de alma familiar.

Esa es sin duda nuestra lucha, porque si observamos bien nuestras vidas, un noventa por ciento de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que están impuestas desde algún “yo” antepasado. ¿Cuántas cosas decidimos realmente por nosotros mismos?

Eso se ve claramente en las relaciones de pareja. El noventa por ciento de las cosas que hacemos y decimos cuando estamos ante nuestra pareja no corresponde con lo que verdaderamente sentimos por ella, sino por lo que nuestro subconsciente e inconsciente perciben de la amenazante realidad. Y normalmente esa percepción está basada en un solo requisito: el miedo. Miedo al compromiso, miedo al qué dirán, miedo al error, miedo a la entrega, miedo, en definitiva, al amor. Y cuando el miedo vence, buscamos quejas, cosas que nos separan, excusas, diferencias, pretextos, exigencias y un largo etcétera de exquisitas bombas de nitrógeno capaces de dinamitar cualquier tipo de relación. En cambio el amor, el verdadero amor, solo alza puentes indestructibles, alianzas y arco iris multicolor allí donde antes había tormenta y rencor.

Por eso es necesario resolver esa extraña comunión de la que nos habla Jung, y solo se me ocurre hacerlo de una forma: amando. Entregarte al otro sin esperar nada a cambio, dar todo lo que puedas, hasta que duela, con tal de crear espacios comunes y relación. Porque amor es relación, no es miedo, ni evolución, ni reflexión, ni autismo, ni soledad. Así que vamos todos al fango, relacionémonos los unos a los otros, sin miedo, con amor, entregándolo todo, dándolo todo, y disfrutando con todo… Lo demás, si tiene que venir, ya vendrá por añadidura.

No me tienen paciencia


amor y fieras

Hoy alguien me ha dicho que el amor estaba ya finiquitado. Me he quedado helado y extrañado porque aún no sé como se puede finiquitar el amor. Nadie puede finiquitar el amor o la vida… Y he pensado, tras ducharme y calmarme, que el amor no se finiquita, sino que se traspasa.

Seguramente más pronto que tarde, por eso de que el amor es relación, habrá otra persona, otra ilación, donde se pueda provocar el amor, o admirarlo, o sentirlo, o explorarlo. Como toda relación deja un imprescindible aprendizaje, la próxima vez siempre promete ser mejor, más profundo, más verdadero, más sincero. Porque no podría ser que uno aprendiera para luego tirar ese conocimiento al olvido.

Por ello es necesario que no nos durmamos en nuestro propio y cansino aprendizaje y autoperfeccionamiento. Es inútil buscar o desear la perfección en cosas imperfectas, en laureles imposibles, por eso debemos adaptar nuestras vidas y corregirlas en la medida de lo posible, con tiempo y calma, para que dos cosas imperfectas y diferentes puedan acoplarse en una relación, sin que ninguno de los dos se pierda en la autocomplacencia.

Y nuestra juventud nunca ha tenido paciencia para esas cosas. Creen que el amor se acaba cuando a los dos o tres años la pasión se ha trasladado al plano de la amistad. Y esa amistad es la continuidad del amor en la relación. Ya no hace falta tirarse desde el armario para intentar colocar la postura 45 del Kama Sutra ni hacer piruetas cilíndricas en la vagina amada mirando hacia Bilbao mientras la pierna izquierda gira hacia Cuenca. Esas vicisitudes del amor está bien para darle cierto vigor y fuerza al momento inicial. Pero luego todo es más tranquilo, y es en esa tranquilidad donde se empieza a explorar lo verdadero. Y lo verdadero es una carrera de fondo que requiere mucho tiempo y mucha paciencia. No se puede descubrir fuego en una mañana, ni conquistar el verdadero amor en unos meses…

Así que voy a finiquitar lo absurdo para dar paso a lo sincero, aunque reflexionaré si lo absurdo se puede finiquitar. Sea como sea, el amor sigue ahí, en todas partes. Nosotros solo somos sus vehículos. Esta ha sido toda una revelación, toda una prueba para enfrentarme a la diferencia entre amar como sujeto y amar como objeto, o mejor dicho, amar sin importa el sujeto ni el objeto amado, puesto que ambos son impostores necesarios para su expresión.

Vida y Amor


vida y amor

«El artista apela a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración; a nuestra intuición del misterio que rodea la vida; a nuestro sentido de piedad, belleza y dolor; a la latente sensación de hermandad con todo lo creado, y a la sutil pero invencible fe en la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones, y enlaza estrechamente a toda la humanidad». (Joseph Conrad)

‎»La vida es preciosa como es. Todos los elementos para tu felicidad ya están aquí. 
No hay necesidad de correr, luchar, buscar o presionar. Sólo ser…» Thich Nhat Hanh

Ayer leía algo hermoso sobre la Vida. La pongo en mayúsculas para diferenciarla de la otra vida, la que se cuece en nuestras mentes y se derrumba ante la adversidad. Decía el autor que la Vida nunca desaparece, siempre está, se transforma, se muta, pasa de las ramas al suelo, de la hierba verde al dorado cabello de un león, del agua al viento y de allí a la tierra húmeda. La Vida “pasa” de unos a otros, pero nunca se destruye. La podemos compartir, admirar, sentir, intuir, amar… Siempre está ahí, y mientras tengamos capacidad para sentirla y observarla, veremos que la vida circula por nuestra sangre, por nuestro talento, pero también más allá de nosotros, en esa hormiga que atraviesa nuestra vista, en ese cantar mañanero de algún pájaro cansado del frío invierno, o en el replicar incesante de las piedras que crujen en las entrañas de la tierra… ¿alguien ha podido sentir esa Vida plena, extensa, Unida?

El Amor, y lo pongo en mayúsculas para diferenciarlo de ese amor minúsculo y estreñido, agarrotado y reducido a escombros emocionales, también se encuentra en todas partes. Es la amalgama que sostiene todas las cosas. Es la substancia invisible que atrae entre sí elementos que aparentemente están separados. Por eso la separación y los separatistas viven en una constante ilusión. No es posible separar todo aquello que está unido por el Amor y la Vida.

Y por eso resulta hermoso desnudarse ante esa vida que fluye y amar todo cuanto crece y se expande en ella. Amar en el amando constante, en la intención infinita, desde el secreto o desde la pasión, desde la increíble hoja de ruta de tener un ser a tu lado y poder ver la Vida y el Amor que alberga. Por eso resulta sencillo, desde esta perspectiva, vivir en un mundo amoroso, donde todo se estrecha y se reduce a formas vivientes, a momentos de cariño perpetuo.

Mirad la singularidad de nuestras parejas, de aquellas que fueron, son y serán. Están ahí, sonriendo, llorando, buceando en la existencia, capaces de respirar al únisono con todo aquello que respira en el universo. Están ahí, en cualquier parte, y podemos tocarlas, rozarlas suavemente con nuestro tacto, con nuestro sabor, con nuestro aliento. La vida es una especie de orgía constante, donde todo sucumbe en una danza imparable de amor y vida. Un deleite infinito del que podemos disfrutar con un poco de atención al otro que tenemos al lado, o al mismísimo cosmos que nos preña constantemente de Vida. Belleza, latente hermandad con todas las cosas y con todo lo creado. Esa es la sutil e invencible fe de los corazones sintientes. La evidencia de que vivimos en una infinita sinfonía.

Carta no escrita


familia

«No es cierto que vengamos a este mundo a vivir;
venimos sólo a soñar.» (Poema azteca, anónimo. Recogido por Joseph Campbell en «Imagen del Mito», ed. Atalanta)

A veces me siento un poco estúpido escribiendo… pero no me tomen por loco… escucho una música aquí dentro y deseo bailar entre palabras y gestos, guiños y desaciertos… Un baile hermoso, templado, rítmico, de palabras, con palabras sujetas a sentimientos, a emociones arrinconadas, con cierta mueca y desequilibrio, pero nadie dijo que fuéramos perfectos… Es algo sonoro, algo que nace dentro y necesita salir y provocar el baile necesario… Porque la vida es baile, movimiento, dulce canto de esferas que colisionan en el tímpano del alma sensible… y uno se deshinibe en el baile… y entonces solo expresa… solo puede expresar…

Sé que hay cosas que no debería escribirlas, que forman parte de ese plano que los humanos llamamos privado o personal… Pero hace tiempo que no me dejo llevar por lo que se «debe» o no se «debe», sino por lo que se siente, y como sentía y deseaba escribir, pues lo hago… y siempre con el paciente permiso del lector atrevido que se atreve a seguir el ritmo de esta música… Porque de alguna forma sé que ahí fuera hay personas que desean bailar cierta música… Y qué mejor que poder compartirla sin miedo, sin temor al qué dirán. Desnudos, sin disfraces…

Y hoy lo hago porque me preguntaba como estará esa hoja de roble verde. Sólo deseo que esté bien, que las decisiones que se han tomado hayan servido para limpiar un poco esa saturación, o lo que fuera que haya sido más fuerte que el nosotros.

Me da pena esta huída hacia adelante, el no haber dedicado más tiempo a escuchar, a estar como hay que estar, a comprender. Ciertamente me da pena y siento una gran tristeza por haber dejado que el tedio pudiera vencer el regalo que la vida nos da. Las personas de nuestra edad y condición somos difíciles, de fuerte carácter y personalidad muy definida. Me doy cuenta que con la edad cada vez soportamos menos según qué cosas. Pero me pregunto porqué una y otra vez esas cosas, esas diez mil cosas que nos caracterizan, siempre son más poderosas que la reconciliación, que el encuentro, en definitiva, que el amor…

Menudo mochilón que traemos… a veces pienso que deberíamos darnos treguas constantes para descargar ciertas pesadas piedras, ciertos anclajes que nos adormecen o nos atontan o nos alejan de lo realmente profundo y necesario.

En otoño, cuando el frío invita a la reflexión interior, es natural que se echen muchas cosas de menos… Esas cosas de la esperanza… esa que te hace soñar con cosas hermosas y mágicas… con reencuentros casi imposibles… pero tan reales en el mundo invisible como son la fe, el amor, los abrazos lumínicos que trascienden cualquier barrera.

Llevo dos días sin comer… no lo digo por pena, simplemente lo digo porque es una señal de que las cosas que importan se fundamentan en otros principios. Y estoy francamente desganado, quizás porque hace dos días que me pegué un inmenso atracón con unos amigos… lo cierto es que no tengo apetito. Al menos hoy he conseguido meterme en la ducha y afeitarme, beber un vaso de agua, leer un par de páginas de un libro e intentar trabajar un poco… He visto algunas fotos… eran  realmente radiantes… luminosas… me he quedado mirándolas y he apreciado con más detalle la hermosura de esos rostros alegres y despreocupados… Había chimenea, una manta descansando en el suelo, los pies entrecruzados, esas melodías que terminan convirtiéndose en bandas sonoras inolvidables… era otoño, era, también, una primavera…

Hay personas que estas cosas no les conmueven en absoluto… en cierta forma sé que los poetas dan hoy día algo de pena, quizás porque no saben vivir en la vida racional, lógica y pragmática que esta existencia requiere… No me importa… soy así… y me gusta expresarme como soy, aunque a veces me esconda entre letras encriptadas para no llamar mucho la atención… sin hacer mucho ruído, sin esperar un trueque mínimo, ni siquiera con el deseo de conmover o de recibir ninguna respuesta ni ningún saludo… Sólo lo hago porque me apetece, porque lo sentía, como decía al principio… Escribir unas letras para decir: ¡ey amiga, vaya cabreo que hemos pillado, pero aquí estamos, igual que hace un año, casi en el mismo lugar, y casi sintiendo lo mismo, pero en una vuelta de espiral mucho mayor, más intensa, más cargada de deseo!

Y sí, en esos sueños, es natural, siempre crees que aún es posible el milagro… quizás por eso aún no soy capaz de hacer ningún duelo, ni de soltar ninguna lágrima… Es como si esa hoja de roble verde no se hubiera ido, como si pudiera abrazarla todas las noches y besarla todos los días… A veces incluso me levanto buscándola o miro por la puerta para llamarla y decirle eso de «cariño, vamos a ver un Doctor en Alaska»… Era un gesto tan simple, algo tan sencillo, y sin embargo tan profundo… Ver un «Doctor en Alaska», como si ese fuera nuestro mantra diario, nuestro necesario puente, aquello que unía en un sentido abrazo nuestras necesarias diferencias…

Me doy cuenta de que esta sociedad vive en una absoluta y extraña mentira… No somos capaces de vivir relaciones profundas, comprometidas, de esas que te hacen sentir la piel del otro como si fuera la tuya propia. Estamos en una especie de sálvase quién pueda, de indiferencia absoluta y salvaje hacia aquello que nos diferencia. Me pregunto que será de nosotros y nuestra deriva. A qué tabla de náufrago nos agarraremos cuando pasados los años y la vida, la sombra venga a recogernos. ¿Quién sostendrá nuestras manos? ¿Quién estará allí para desearnos el mejor de los viajes? No pienso estas cosas porque me sienta solo. La soledad también es un camino y todas sus sendas me son familiares. Pienso en estas cosas porque también conozco los otros ramales, y cuando has saboreado las mieles de la relación, tú único deseo es volver a abrazarlas.

Por eso, te abrazo en silencio, respetando tu decisión, y arrugando esta hoja virtual en la papelera de reciclaje. Lo hago por amor, ese amor desprendido, incondicional, que acepta al otro y lo respeta, revolviendo su aliento en la desesperada búsqueda del sentir. Te deseo el mejor de los caminos. Te deseo el mayor de los logros.

Con amor…
Y aquellos que fueron vistos bailando fueron considerados locos por quienes no podían oír la música” NIETZSCHE

Los pilares para una buena relación de pareja


  1. Atracción. Para que una buena relación funcione tiene que existir algún tipo de atracción, tanto física, como emocional, intelectual y espiritual. Es la base principal de cualquier tipo de relación, y no se puede edificar ningún buen edificio sin esta base.
  2. Respeto mutuo. No se puede basar ninguna relación si hay falta de respeto. Cada uno puede atravesar cualquier tipo de situación, algunas muy duras, y no podremos estar con esa persona si no respetamos dónde se encuentra y cómo está buscando salida a dicha situación. Además, cualquier persona tiene sus propias creencias, sus formas de relacionarse con el mundo, sus amigos, su familia, sus manías, sus hábitos, sus innumerables pensamientos con respecto a la existencia. Es necesario profundizar en ellos para conocer al otro y poder así entablar una sana relación respetuosa.
  3. Confianza. El respeto debe venir acompañado inevitablemente de la confianza. Si no podemos confiar en el otro la relación nunca llegará a buen puerto. La confianza también hay que lucharla y ganarla. Si nos equivocamos mil veces en la misma piedra, podemos crear una potencial imagen de desconfianza. Pero podemos pulirla reconociendo nuestros fallos y remediándolos en el futuro.
  4. Comunicación. No se puede entender una relación sin comunicación, aunque el ideal último sería una relación que no necesitara comunicarse, por poseer un entendimiento absoluto de ambos. Comunicación no significa grandes monólogos donde cada uno expresa lo que le parece. Significa atención, escucha activa y connivencia emocional, aunque se piense diferente o se tengan puntos de vista antagónicos sobre cualquier tema. Ahí precisamente estriba la riqueza del diálogo, en la aceptación de nuestras diferencias para engrandecer nuestras perspectivas.
  5. Empatía. Para desarrollar una buena empatía se ha de conocer al otro, cuales son sus virtudes y cuales son sus carencias, sus puntos flojos, para así intentar entender porqué reacciona de una u otra forma ante problemas y conflictos. Además, nos facilita poder aportar visiones diferentes ante conflictos o problemas que el otro quizás no pueda ver.
  6. Actualización. Las relaciones se tienen que actualizar constantemente. Sentarse a hablar de cómo uno se siente, de qué cosas habría que mejorar, o cambiar, o modificar para que todo fluyera de forma más armónica. Es algo que no se tiene en cuenta, pero toda relación necesita conocerse y actualizarse siempre.
  7. Compromiso. No podemos mirar a ninguna parte sino es bajo el prisma del compromiso. Y compromiso significa apostar por algo o por alguien en cualquier tipo de reto que la vida nos ponga. Compromiso significa estar ahí, presente y firme ante los obstáculos, pero también ante las grandezas y maravillas de la vida. Compromiso no significa caminar atados, sino libres por una misma senda.
  8. ¿En lo bueno y en lo malo? Sólo una pareja que ha establecido como bases sólidas el afecto, la atracción física, intelectual y emocional, la afectividad, el compromiso, el respeto y la confianza podrá prever y atravesar situaciones difíciles sin que con esto se rompa el lazo común. No sirve tener una pareja solo para lo bueno, o los buenos ratos. Ahí nos estamos engañando. Debemos aprender a caminar firmes y seguros en cualquier situación, y ayudar al otro cuanto más lo necesite. Si no hay apoyo mutuo ni cooperación, al final todo se quebrará.
  9. Generosidad. La vida es relación, y relacionarnos implicar dar y recibir. Este es el principio por antonomasia de la vida, de la existencia. Un constante flujo de dar y recibir, recibir y dar. Por eso la base fundamental de cualquier tipo de relación siempre será la generosidad, tanto para poder dar como para poder recibir.

Las relaciones de pareja en la «Generación X»


“La madurez es aquella edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo” Ralph Waldo Emerson

Ayer paseaba con un amigo por el centro de Madrid. Hablamos de nuestra generación, y de lo difícil que resulta para la que fue conocida como Generación X (aquellos que nacimos en los años setenta), el establecer rectas y correctas relaciones de pareja, entre otras cosas. ¿Por qué? No llegamos a conclusiones claras. Quizás por miedo al compromiso, quizás por miedo a la responsabilidad, quizás por miedo atroz a todo aquello que tenga que ver con establecer algo que se asienta en las bases de la tradición –por ejemplo, la familia- o quizás simplemente por vivir una situación dramática totalmente desestructurada en los aspectos materiales y emocionales.

A esta desastrosa y desgarrada generación también se la conoció como la «Generación de la Apatía» o la «Generación Perdida». Se caracterizaba por el rechazo sistemático a casi todo, por una rebeldía constante, rechazando cualquier tipo de autoridad que viniera de la religión, de las tradiciones generacionales, patriotismos o instituciones como la de la familia. Con ese bagaje cultural y generacional, no es de extrañar que ahora las cosas, en el plano afectivo nos vaya como nos va. Es decir, totalmente ausentes, apáticos y perdidos.

Una generación que se topa, tras las dificultades propias de la transición, con una edad madura complicada, en la que llegamos a los cuarenta años en plena crisis económica, perdiéndolo todo y sin mucha expectativa de futuro. Lo curioso y patente es que nadie se fía de nadie. Si un hombre conoce a una mujer desestructurada huye como la peste, y si es al revés, es la mujer la que conoce a un hombre desestructurado, ni le mira.

Reflexionábamos que quizás esta generación empezaría, algunos, a establecer ciertas relaciones serias a partir de los cincuenta, no ya para crear una familia o algo que se le parezca, sino para intentar, como mínimo, estar en agradable compañía. Un triste futuro, visto así. Lo que nos quedaba claro es que éramos la generación trampolín o puente entre la vieja tradición familiar y el nuevo concepto de relaciones de pareja, que aún no se ha definido del todo, pero que en todo caso, a día de hoy, no son duraderas, están faltas de compromiso y confianza y nunca superan las primeras crisis importantes.

Sea como sea, estamos atravesando un momento muy duro, y es una pena que no seamos capaces de razonar tranquilamente sobre estas cosas, de asentar bases sólidas de confianza, de cooperación, de apoyo mutuo, de empatía y de solidaridad emocional y material. Es una pena que sea la cobardía y el rechazo, la falta de respeto y la desconfianza la que domine el plano de las relaciones de esta generación. Es una pena, como digo, preferir la soledad tan desolada al abrigo del abrazo y la confianza, el respeto y el amor.

Pd.

Primero debemos saber de dónde venimos: Nacimos en plena transición política, de una generación acostumbrada al garrote vil, la dictadura y la mano dura. Eso nos afectó considerablemente, relacionando el aspecto “familia” con la dureza de una dictadura, distorsionando con ello todo el panorama afectivo-emocional, rechazando, por lo tanto, cualquier tipo de autoridad y cualquier tipo de compromiso, responsabilidad o estatus que tuviera que ver con la tradición.

En esta primera definición, ya sabemos que tenemos unas carencias, unos conflictos y unas distorsiones con respecto al mundo de la pareja (intentaré evitar el concepto “familia”, el cual trasciende lo que aquí queremos detallar).

Nuestra generación nació de la escasez de la transición pero entró de lleno en la abundancia material de los años ochenta y los noventa. Aquí hubo una nueva distorsión, porque creíamos a pies juntillas que la fiesta consumista y materialista en la que ahora navegábamos duraría de por vida. De ahí la decepción ante la gran crisis financiera de principios de siglo y la falta de perspectivas futuras.

¿Dónde estamos? Nos encontramos en una situación incómoda y complicada, nada halagüeña. Muchas parejas se están rompiendo debido a la dificultad material en la que nos encontramos. Al menos aquellas parejas que no nacieron bajo un espectro sólido y que ahora, a la mínima de cambio, terminan por explotar. Otras ven con dificultad el empezar una relación seria ante todo tipo de inestabilidades, ya sean financieras, materiales o afectivas. ¿Desde qué punto de vista revisar todos estos parámetros y distorsiones que nos afectan en el plano personal y afectivo?

Le culebrón


La alegría emocional apenas duró lo que dura un instante, un instante intenso, feliz, pero fugaz. Hoy de nuevo me desperté en un sillón vacío, plagado de incógnitas, resbalando alguna lágrima ante la incomprensión, solo, distante de la realidad y sumiso ante los acontecimientos. A pesar de ello, había cierta fortaleza interior a prueba de bombas. Al menos el derrumbamiento emocional no ha sido desastroso, sino necesario y controlado, como una de esas detonaciones que se hacen para derribar un edificio antiguo en mitad de una ciudad.

A veces llega un momento en el que debes agotar todas las vías para comprender que ninguna de ellas era el camino a seguir. Así que me siento con ganas de mirar al cielo para comprender que todo lo que ocurre no es producto de nuestra voluntad, ni siquiera de nuestras torpezas o errores, sino de alguna voluntad mayor que desea lo mejor para ambos. Que así sea entonces…

¿Qué hacer a partir de ahora? Le he pedido a mis queridos caseros dos meses más de reflexión en su casa antes de partir hacia no se sabe muy bien donde. ¿Qué opciones tengo? Ahora mismo infinitas… Así que debo valorarlas todas con calma, mucha calma, para volver a empezar en el camino y no errar en exceso a no ser que esas piedras sirvan de nuevo para hacernos madurar, para hacernos ver la vida desde otra perspectiva. Por supuesto, se aceptan sugerencias.

Desde el punto de luz


Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un címbalo que retiñe. Si tengo Profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy. Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (Corintios 13,1-13)

Cuando estamos al borde de un abismo o en situaciones límite la reacción siempre es dar bandazos, ir de un sitio a otro a ciegas, buscar salidas de emergencia, a veces desesperadas e irracionales. Hay que salvar el pellejo y no se nos ocurre otra cosa que huir hacia delante. Pero, ¿cuál es la siguiente etapa del crecimiento cuando la vida nos pone a prueba? ¿Debemos huir, arrinconarnos como perros heridos, sufrir la desesperada carrera hacia cualquier ventana abierta? ¿Qué es aquello que realmente nos hace grandes y humanos en momentos de desesperación? Esta mañana me levantaba con la certeza de no precipitar ningún tipo de decisiones en momentos de angustia y miedo. Ambos no son nunca buenos consejeros, y siempre se agarraran con fuerza al orgullo para demostrar que son capaces de arremeter contra las inclemencias de la vida. Pero las inclemencias de la vida solo pretenden mostrarnos el camino de la fortaleza, el camino de la compasión, del amor que todo lo sufre, que todo lo espera y que todo lo soporta.
Hay otros caminos, hay otras sendas que recorrer, y todas nos son familiares, porque siempre hemos tejido, siempre hemos podido buscar nuestro centro, nuestro punto de luz, y desde allí, ver con claridad. Le he pedido al tiempo y al mundo una tregua, un momento de lucidez, de espera hasta que todo se pueda ver desde ese punto de luz, desde esa maraña de fuerzas que guían nuestras vidas hacia el camino correcto. Lo mejor ante una tormenta es poder estar en nuestro centro, sin confundir ese centro con nuestro ego, sino con nuestra alma libre que siempre desea lo mejor para nosotros, aunque a veces, lo mejor no sea lo que nosotros habíamos deseado.

Caída libre…


A pesar de todo llevaba un año optimista, creando cosas nuevas, apostando por el futuro, sembrando semillas de cierta pureza para, con cierta paciencia y esperanza, recoger algo en el mañana. Me sentía centrado a pesar de la centrifugadora en la que nos encontramos. Y me sentía optimista a pesar de que a veces, inevitablemente, podamos tener un mal día. Y empezaba a hacer las cosas bien, poniendo orden aquí y allá, pagando viejas deudas y reajustando mi vida a las circunstancias. Pero al parecer nunca es suficiente, o al parecer, la vida debe seguir cobrándose uno por uno todas las torpezas pasadas, sin margen al perdón.

Lo que más me duele de todo es no haber estado a la altura de lo que debería ser lo más importante de nuestras vidas. De haber descuidado, sin darme cuenta, ese susurro y ese aliento que daba calor todas las noches. Me duele mi torpeza, por creer que todo estaba bien atado, que todo se sostenía en un sólido cimiento de apoyo y confianza mutua.

Pero la conclusión, vista desde la otra parte, era muy distinta. Me había convertido, casi sin darme cuenta, en un auténtico ogro neurótico, en un egoísta esperpento que tan solo pretendía salvar su pellejo. ¿Y sabéis una cosa? Creo que realmente ha sido así. De ahí que la vida me castigue de nuevo y se empeñe en derrumbar todo lo construido.

Mi vida es un culebrón con un guión retorcido, o plagado de renglones torcidos. O quizás todas nuestras vidas tengan algo de culebrón y la mía parezca aún más por compartirla de vez en cuando en estas epístolas torpes y sin sentido. De hecho hacía tiempo que no gemía para revivir el drama, tan centrado en la lucha (exterior e interior) y tan concentrado en eso que damos por llamar el nuevo mundo. Pero siempre cometo la misma torpeza: no habrá nuevo mundo ahí fuera hasta que no sepamos construirlo aquí dentro. Y aquí dentro me refiero poniendo orden en nuestras cosas, atendiendo las necesidades de nuestros seres queridos y más próximos y siendo lo suficientemente honestos para no engañarnos a nosotros mismos, y por ende, a los demás, incluso en las más duras circunstancias.

No sé cual es el calificativo que se le da a los hombres que teniéndolo todo no saben conservarlo. Hoy he perdido uno de los tesoros más hermosos y maravillosos que he conocido. Ha sido todo tan rápido que ni siquiera he tenido tiempo de digerir como ha ocurrido. Bueno sí, todo ha sido producto de mi bajeza cobarde, de mi forma de huir de las cosas y de mi habilidad para estropear las cosas sencillas y bellas. Una calamidad de hombre, nada que ver con esa imagen distorsionada del antropólogo idealista y romántico que habla constantemente del amor y luego no tiene ni idea de como ponerlo en práctica (quizás por eso hable tanto del mismo, para descubrirlo o reflexionarlo. Pero el amor hay que sentirlo, no leerlo ni pensarlo).

Aprovecho para darle las gracias a la santa que me ha estado soportando durante estos maravillosos pero duros doce meses. Que Dios la bendiga durante muchos años y que sepa perdonar algún día mi desgraciada y desquiciada forma de relacionarme. A ti la maga, mi audaz melancolía que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio… Dios sabe que he intentando amarte, aunque doliera…

La agraciada primavera


Acabo de tomarme un cuenco cargado de trozos de pera y melón que me ha preparado amorosamente. Luego una “tosta” (así lo llaman aquí en Madrid) de pan tostado con tomate, aceite y algo de queso. Desde el gran ventanal del salón contemplo los árboles, la piscina y detrás de todo el paisaje imagino el bosque que tenemos cerca y por el que paseamos cuando hace buen tiempo. Pero hoy llueve. Y trabajo con la luz grisácea mientras ella estudia en la planta de arriba algo de medicina china. Estamos algo nerviosos porque pronto habrá una nueva mudanza. Ella me podría haber dicho que me buscara un piso o una habitación en Madrid. Pero fue contundente. Había que apostar por el amor y eso solo se puede hacer desde la convivencia, juntos, unidos en la experiencia del compartir. Cuando los pilares de cualquier relación se basan en el amor y el respeto, en la sinceridad y la confianza, eso aporta tranquilidad, creatividad. Esa paz interior te permite ser uno mismo, expandirse, alejarnos de las partes menos comerciales de cada uno, sin necesidad de vender ningún producto, simplemente mostrándonos como somos, sintiendo como somos, sin ocultar nada, sin esconder nada. Los dos trabajamos en casa, pasamos veinticuatro horas juntos pero no añadimos ni quitamos nada, aceptamos como somos y estamos a gusto, sin roces, sin disputas, compartiendo cada segundo, cada instante. Eso nos demuestra muchas cosas, pero sobre todo, nos empuja a ir más lejos. Cuando alguien se muestra generoso en todos los sentidos y nosotros estamos a la altura y correspondemos de igual forma, se crea algo milagroso y profundamente hermoso en el contacto humano. No existen saturaciones ni diques, ni justificaciones para no comprometernos aún más. La implicación proviene de la complicidad de haber encontrado a un igual, de una persona libre en un mundo que nos permite mostrarnos libres. Sí, el cielo está gris ahí fuera. Pero aquí dentro, luce el sol y nace una agraciada primavera.

El valor del compromiso


Vivimos unos tiempos en los que el valor, los valores, se están tirando por la borda. Lo vemos en la política, en las relaciones, en todo cuanto ocurre en lo más inmediato de nuestro entorno. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué clase de humanidad estamos construyendo? ¿Qué clase de valores nos rigen? Qué bueno y necesario resulta rodearnos de personas buenas. Qué bueno y necesario resulta ser buenas personas. Ahora y siempre, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos lleve a mejor vida.

Gracias Maga


El “ama hasta que te duela” se ha convertido en “duele hasta que amas”. Eso es lo que la maga me ha mostrado. Un amor incondicional, en lo bueno y en lo malo, en lo hermoso y en lo sumamente difícil. Jamás había conocido a alguien no solo capaz de transformar la vida de forma tan radical, sino de hacerlo con maestría, con amor, con entrega. No dejo de aprender a su lado, no dejo de maravillarme por su cariño y atención, por su alegría y profundidad ante todas las cosas, por su misterio de mujer, por su siempre buen humor y buen carácter, por su fortaleza y determinación, por su sentido común y madurez, por su simpatía y trato agradable, por su infinita paciencia con todo este proceso que estoy viviendo, pero sobre todo, por su siempre completa presencia y apoyo en todo, siendo capaz de hacer de todas las cosas buenas, cosas mejores.

Soy consciente de que cualquier palabra que diga sobre ella será siempre corta e innecesaria. Pero hoy sentía la necesidad de hacerlo, de abrazarla de la mejor forma que sé, con sentimiento, con agradecimiento, con necesidad de gritar al mundo el entusiasmo que siento a su lado.

En ella he encontrado a una amiga, pero sobre todo a una compañera entregada, a una amante hermosa y cariñosa, a un ser inteligente, libre y fraternal, que sabe desde su alma profunda que lo único que importa en el mundo son los pequeños gestos que nos hacen humanos. Y su humanidad y amor me sirve, como decía el poeta, porque aquel que es capaz de ver en nosotros la luz desechando nuestra oscuridad, es porque tiene un corazón limpio, una mirada pura y una vida ejemplar. Gracias Maga por todo. Gracias por estar a mi lado.

En la trémula noche


He trabajado algo y he paseado mucho. Y te he pensado más. Y te he sentido como aquella vez que viajamos a aquella galaxia lejana y atravesamos universos buscando la llama original. Te he llamado pero no estabas, así que he fingido que subíamos a la llanura del alma para galopar libres entre el frondoso amanecer. Y te he echado de menos. Como cuando gritas un llanto a expensas de que al otro lado del valle se encuentre el susurro acogedor.

Me he duchado y he puesto leña en el fuego. Vivo, ardiente, compartiendo momentos con el espíritu de la noche. He escuchado música irlandesa mientras imaginaba el verde de sus colinas y valles, con esas gaitas y violines y flautas que retumban en mi memoria colectiva como si se tratara de mi tierra virgen. No todo se puede atrapar en un momento, pero sí el suspiro que nos une cuando respiro y conspiro, conspiro y respiro.

Había un silbido susurrante. Había una espera. Había una antigua pintura rodeada de niebla. Un ser cautivo. Y un viaje, y un éxtasis en el goce. Y un círculo de emoción pura, y un rayo cosmicamente nativo, y una aspiración a ser eterno y un sentir de alma desprendida.  Quedo cautivo, sellando los ojos en el valle hondísimo, con llovizna y trémula calma.

Ya cae la noche. Ahora toca volar al otro lado… allí te espero… allí te abrazo… seas quien seas…

Del miedo al Amor…


Es el título del libro que estoy leyendo, regalo de dos buenas almas que con sus caricias están recreando en este nuevo tiempo una esperanza nueva. No deja de ser curioso como las historias pasadas, incluso las más remotas, influyen continuamente en nuestros actos presentes. Miedos, temores, dudas, recelos, aprensiones… Hay tanto que pulir ahí dentro. El libro parece ser una guía para despertar en nosotros ese interés en pulir nuestras relaciones amorosas.

Hoy venían Isabel y Antonio para traer unas cosas desde Sevilla. Ayer estuve a punto de comprar una gran maceta para decorar con vida vegetal el salón. Pero al final no lo hice. Y hoy Isabel y Antonio se presentaban con una gran planta gigantesca preciosa y toda vestida de verde como regalo para la casa. Me he quedado algo de piedra por la sincronía hermosa. Han estado en casa compartiendo una rica merienda con chimenea, algunos acordes de guitarra y una rica meditación para completar el encuentro. Hablaban de la sonrisa… “Lo que más nos gusta de venir a tu casa es tu sonrisa”… Me he sentido ciertamente halagado y coqueto. Especialmente ahora que mi sonrisa es pura, alegre y feliz. Traspasaría a cualquiera porque la armonía ha vuelto de nuevo a mi vida, y eso, de alguna u otra forma se nota.

Y mientras meditábamos y escuchábamos la guitarra que tocaba uno y otro y merendábamos y sonriamos, me daba cuenta de que ya no deseo temer al amor. Sólo deseo hacer lo que he hecho hoy desde el corazón: sonreírle. Todo lo que puedo hacer es abrirme a él, con exceso, con locura, con arrebato y desesperación… como decía Julie de Lespinasse a su enamorado. Es lo único que deseo… sin miedos, sin forcejeos, sin manipulación… Sonreír al amor desde la complicidad y el compartir, desde la generosidad y lo amable… El alegrarme infinitamente cuando sabes que hay alguien que está ahí, pendiente, y toma la increíble iniciativa de cuidar hasta el más mínimo detalle para que todo esté bien… Y todo está bien, en armonía, en total y plena armonía…

(Foto enviada desde Mount Abu, India, por Joaquin)

La chimenea del amor


Vuestros deseos son órdenes. Pero permitid primero que os cuente como llegó esta chimenea al hogar, a vuestro hogar… Realmente uno nunca saber porqué ocurren las cosas. De alguna forma, están relacionadas, todo está conectado. Existe un proceso creativo donde todo es relación, aunque a veces se nos escapen los resortes por los que ocurren las cosas.

Este verano ha sido duro en lo interno. Mi deseo de familia, mis ganas de comprender el verdadero sentido de la entrega se truncaron de forma radical. Al principio no lo entendía, porque sentía unas ganas terribles de formar un hogar y de sentir el calor de los míos. Pero todo tiene un significado profundo y todo ocurre siempre para bien.

Y en ese proceso de ruptura aparecieron ángeles verdaderos que quisieron demostrarme con gratitud, generosidad y entrega que hay otra familia más allá de lo aparente. Una especie de familia espiritual que te protege y te cuida, que te alza y realza todo lo positivo que hay en nosotros. Realmente me he sentido muy cuidado estos meses, como si estuviera en frente de una chimenea rodeado de los seres queridos.

Y la manifestación física de lo que digo vino cuando un ser muy especial me dio un sobre en el que, de forma muy pulida y bien decorada, había una frase hermosa: “De parte de S. y J. para la chimenea del amor”. Nunca nadie me había regalado una chimenea. Pero lo asombroso era que ese alguien solo me había visto dos veces en mi vida. Y eso no le importaba. Su amor incondicional hizo que mi sueño de tener una familia, un hogar, una chimenea, se hiciera realidad. Y ahí está esa chimenea del amor, del amor espiritual que brota desde lo más profundo del alma… desde lo más auténtico de las almas.

Esta mañana me despertaba a las seis. Era muy temprano pero empezaba a recordar todas estas muestras de amor incondicional. Recordaba la caja de naranjas que hace unos días me trajo Manolo. Y recordaba la leña que Franc me había dispensado para que la chimenea empezara a funcionar. Y los huevos de corral que de forma espontánea había traído el Aguililla para rematar la magia. Y de repente, ahí estaban todos los ingredientes para formar un bonito decorado lleno de magia y ternura.

Y como nunca estamos solos y como la vida es relación, apareció ella, la maga, majestuosa, increíblemente hermosa, deslumbrante. Nos abrazamos intensamente mientras comíamos naranjas, mientras disfrutábamos de una excelente tortilla de patatas con cebolla, mientras echábamos leños en la chimenea del amor y nos dejábamos llevar por lo excepcional de la vida. Ella se había colado tímidamente en mi vida y supo desplegar de repente todo un maravilloso universo. Llegó de la nada para completar ese decorado, ese sueño que alguna vez se tejió en lo sustancial. Joven, hermosa, valiente, despierta pero sobre todo, preñada de alma, de generosidad, de riqueza.

Sí queridos, así fue el primer fuego, así obró la magia. Así vemos como está todo relacionado, conectado. Todo se dibuja de forma maravillosa cuando estamos abiertos al mundo… Así que aquí tenéis vuestra chimenea… Espero que podamos seguir disfrutando de su fuego interior…

La vida es relación, la vida es compartir


“Todas las cosas se mueven por estar quietas, y el vértigo del torbellino es el último tránsito para su quietud. Atracción es amor, y amor es gracia extática”.  Valle-Inclán

Sobre los fondos de las veredas transitadas aún queda el olor a esas riberas donde posábamos los ecos del tiempo kairos, un tiempo sin tiempo en un espacio sin espacio. El dinámico pincel que tiñe el destino de posos y trazos se manifestó irremediablemente en ese círculo cabalístico en el que el arquetipo resurgía sacado de la tierra con nuestras manos, en forma de concha vestida de nácar, arrancada al tiempo, completa, dándonos la pista sobre aquello que evocaba la significación profunda.
Los siete principios del hermetismo nos guiaban por la senda del Kybalion. Las horas parecían días y los días años. Las miradas nos recordaban a otros tiempos donde las indias resonancias revolvían el cúmulo de aprendizajes sobre la ciencia del chamán. Las esencias conducían los revoltosos caprichos de las palabras. Las flores y sus elementos descifraban el contorno del brillo y el crujir del fuego nocturno.
Otra vez el círculo del caprichoso destino. Abriendo y cerrando, cerrando y abriendo el encanto del hechizo, la frescura de esa linterna mágica capaz de iluminarnos cuando la luz se apaga. Y el baile obligado del alma ante el gozo de una música que por celeste acompañaba el pase mágico del momento único. El yoga eterno que se manifiesta en consonancia con la alquimia encerrada en la bella imagen del círculo prodigioso.
La visión cíclica, la imperecedera unidad de la conciencia, la ciencia de los preparados altamente diluidos con la única misión de mejorar el espíritu vital que nos rodea.
Nada más se puede pedir al universo excepto la perpetua visión del bien y la valentía suficiente para permanecer vivos en el mismo epicentro de la bondad. La felicidad acompaña al peregrino. Es tiempo de gozo.

Encontrad lo que amáis


Hoy todo el mundo habla de la muerte de Steve Jobs… Supongo que porque de alguna manera ha representado una revolución para todos nosotros, al menos para todos aquellos que aún nos dejamos seducir por las sorpresas tecnológicas. Pero yo quiero pensar en la poderosa flama de la vida que le acompañó… Creo que de alguna forma el sentía desde dentro la intensa llama de poder estar consciente y presente en este infinito ahora… ¿Sois conscientes? Parad un instante, respirar profundamente tres veces y sentir como la vida fluye por vuestro cuerpo… ¿os dais cuenta? ¿Verdad que es una enérgica y poderosa sensación? Jobs sentía así, por eso prendía de ilusión todas nuestras expectativas. Por eso tenía esa poderosa fuerza a la hora de llenar nuestras vidas con algo diferente, algo espectacular y nuevo. Él tenía el poder y la visión de saber conectar los puntos de la vida, de saber comprenderlos y aceptarlos, tenía la capacidad de creer en algo, lo que fuera. Cuando amas lo que haces, nada puede impedir que suceda.

Eso fue lo que ayer aprendí como una gran lección: no hay que luchar ante nuestras exigencias a la vida, sino rendirse con plena y absoluta humildad ante lo que ésta nos ofrece, porque todo de alguna forma está conectado con un hecho mayor. Respirar profundamente tres veces y dar gracias por todo aquello que recibimos, aunque en ese momento nos duela, aunque en ese instante no lo entendamos.

Sin saberlo, mientras ayer desayunaba con un amigo en Olesa de Montserrat por la mañana y viajaba por tierras sorianas por el día, atravesando aldeas perdidas por esos increíbles paisajes castellano leoneses y luego seguía por dos horas en Madrid para atravesar con llanto todo el sur de España hasta La Montaña, de alguna forma, todo ese viaje estaba conectado. Desde algún remoto futuro, todo tendrá sentido cuando se vea con perspectiva y sabiduría.

Hay una luz en nosotros, un brillo mayor, algo que cuando podemos abrazarlo, alcanzarlo, comprendemos que todo está enlazado en esa red invisible que nos une. Y cuando respiras conscientemente puedes sentir la fuerza y el poder, el carácter de la vida que se imprime en cada una de nuestras moléculas. Lo he sentido hoy cuando hablaba con A. por teléfono, cuando tocaba la guitarra en el jardín con fuerza y sentimiento, cuando intercambiaba ilusiones con unos y con otros. He sentido como estamos aquí de paso y debemos aprovechar cada segundo, cada instante como si fuera único e irrepetible. He sentido y comprendido que todos moriremos, como Jobs lo decía claramente en su discurso. Y al sentirlo, respiraba profundamente, sintiendo la vida recorrer mis venas. Por eso la nostalgia de estar vivos, de poder abrazar a los nuestros, de estar agradecidos a todos y a todo cuanto tenemos. No importa lo difícil de cada momento, no importa lo impactante de algunas decisiones o palabras erróneas. Lo que importa es lo que late dentro de nosotros, lo que sentimos con fuerza y anhelo. Lo que importa, y de esto ya no hay duda, es poder encontrar lo que verdaderamente amamos…

Feliz, muy feliz


En la despedida nos abrazamos los tres. Esa imagen se me quedó grabada, muy adentro. Para mí fue impactante. La retina quería cincelar ese momento y alargarlo hasta el infinito. Durante todo el viaje no paraba de pensar en ese instante único. Al despertar esta mañana pensé que lo había soñado todo, que había tenido uno de esos hermosos y oníricos momentos que tanto se han repetido este verano. Pero cuando fui al coche y vi el espejo retrovisor roto recordé que había sido real. Que había estado en Madrid, que los había visto, que los había abrazado con amor y cariño. Ya no podía pedir más a la vida porque una gran paz interior se apoderó de mí. Una sensación de alivio, de bienestar, de plenitud.

Por la mañana fue hermoso estar en “Contigo somos más paz”. Qué curioso que fuera precisamente paz lo que tanto necesitaba y lo que encontré estos días. Estoy muy agradecido a Koldi y Carlitos que arrimaron el hombro con todo de forma incondicional, como siempre. A Joaquin y José Luis que me cuidan como si fuera ese hermanito pequeño que necesita cierta guía y apoyo. También a Rosa y Mari Paz que de forma espontánea estuvieron en la cita ayudándome a “venderme”. Me emocionaba ver como “Ama hasta que te duela” se lo llevaban con entusiasmo y alegría unos y otros. Firmé muchos ejemplares y fue emotivo cuando venía esa gente bonita a abrazarme y animarme a que siguiera escribiendo. Disfrutaba mucho cuando alguien compraba el librito, lo hojeaba o leía un poco y venía a comprar dos o tres más para regalar. Esa fue una sensación hermosa, no la propia de un autor que se confiesa vanidoso ante el pequeño éxito de su obrita, sino hermosa en cuanto agradecimiento infinito por todos los momentos increíbles y únicos que este librito está ofreciendo.

Y la predicción del primer párrafo de la página 221 se cumplió. Terminé el libro y hablamos, claro que hablamos, pero sobre todo, hablaron los corazones. Más allá de toda circunstancia, más allá de las barreras críticas y propias de nuestro tiempo, más allá de crisis, de fracasos, de miedos, de dificultades, los corazones pudieron expresarse en el silencio, en la mirada, en los abrazos, en las caricias perdidas que caían como bálsamo entre momentos y espacios.

Fueron momentos increíbles. De esos que ya no puedes olvidar por la magia de todo lo que lo rodea. Quizás, ahora que estamos en el día después ande totalmente entusiasmado y engrandeciendo todo momento. Quiero ser cauto y precavido, y lo seré además de paciente, muy paciente. Pero no quiero borrar de aquí dentro esa llama de esperanza. Porque ella ha sido la que ha mantenido con vida todo el deseo ardiente. Ahora solo queda esperar a que la Fuerza del Destino haga todo lo demás… Estoy feliz, muy feliz, símbolo inequívoco de que todo está bien y de que lo que ha pasado es lo que inevitablemente debía suceder.

Feliz


Ayer fue uno de los días más felices de mi vida. Es como si hubiera ido al mismísimo infierno o volviera de una terrible guerra y de repente me reencontrara con la familia, sintiendo sus abrazos, su amor, su calor, su presencia. Me sentí liberado de ese infierno por el que he atravesado por las circunstancias de la vida y me sentí totalmente libre para seguir el camino en paz, sea cual sea.

Mientras volvía al hotel inmensamente feliz por haber podido abrazar a la mujer a la que amo, me di cuenta de lo hermoso y profundo que es el amar en silencio, el amar incondicionalmente a sabiendas de que ese amor no conoce de más fronteras que las que nos imponemos en nuestras pequeñeces. Y el descubrir de que serías capaz de cualquier cosa con tal de alargarlo un segundo más.

Ahora de nuevo toca afrontar el reto del vivir. Con ilusión, con desapego, con amor incondicional. Y feliz por haber expulsado mi propio infierno y mentira de mis adentros para afrontar lo verdadero. El triunfo del amor siempre podrá con todo…

La dama del lago azul


La dama estaba sentada en un jardín encantado, más allá de las tierras del norte… Tuvo la valentía de escribir estas letras que ahora acompaño, y tuvo la valentía de compartirlas… Así que con su permiso, y para que no caigan en el olvido, tomo la iniciativa de volcarlas al infinito… Es hermoso compartir la belleza compulsiva de un momento realmente emotivo…

 

El avatar se despierta en el ahora, el presente… lleva guardando su espada en silencio, es su secreto de hace vidas… Es para defender a los seres de luz…

La dama del lago resurge bajo su disfraz siendo realmente Alexandra, cuyo color de siempre es el azul como sus ojos… Siempre viste de azul, así realza los portales de su alma para que quien la mire, pueda navegar por ella.

La sincronicidad unirá a los dos después de tanto tiempo ansiando ese encuentro mágico. Lugar del encuentro…La Montañade los Ángeles. Otro no sería adecuado para ese gran momento de magia cósmica.

Como mariposa azul lleva un tiempo visitando el lugar para rozar cariñosamente con sus alas el aura del avatar y dejarse notar sutilmente… Así, preparando el terreno para ese momento que pronto será señalado en el calendario para nunca ser olvidado.

El vuelo se tomará para alcanzar las más elevadas aspiraciones jamás imaginadas y estando ya libre la autopista de amor, el jumbo ya podrá tomar tierra para no despegarse nunca jamás de su dama del lago azul… El amor ha dejado de doler… Y sólo puede vivirse con el más increíble deleite que provoca lágrimas de placer, gozo, felicidad, y AMOR… infinito. Dos almas gemelas en sincronía… en armonía, encantados.

Texto inspirado de este otro, un original canalizado para seguir inspirando a Alexandra…

Y todo un avatar se despierta en el ahora…. y una espada es defendida en silencio y socorre en la luz que la contiene… Y un santo grial lleva por estandarte en su empuñadura… la dama del lago vuelve a resurgir… Alexandra en la azul llamarada se hace presente… En la santidad del santo ermitaño… el amor no duele… El amor contiene mariposas azules en el aire… silencios eternos en la Montaña…Caminos que ahora son reales porque dejaron de ser una utopía… La sincronicidad es el milagro de lo que se siente imposible… El amor dejó de doler al ser uno mismo en todos y todos en uno mismo y así nacen los hijos de Alexndra, la dama del lago, que abraza el santo grial en su propia alma… Y aquel que la vea la verá como una mariposa azul volando libre con el viento… Y su soledad será calmada porque verá a su gemela alma…

 

Hace un mes


Hoy hace justamente un mes que abandoné Madrid después de casi un año de periplos por esa ciudad. Me he exorcizado de mis demonios en treinta días que han parecido un infierno interminable. Me he quedado con la embriaguez del corazón, con la lentitud espantosa de la limpieza del alma. Rabia sí, mucha rabia, porque cuando pierdes un tesoro en alta mar y ves como se te escapa de entre las manos sientes una rabia inmensa. Pero con el paso del navegar empiezas a aceptar las cosas e intentas comprenderlas. Y entonces nace el orgullo, un interminable orgullo que pretende mirar hacia delante de forma arrogante, como si el pasado no existiera, como si la brevedad de la que gozamos ante la felicidad inmediata tuviera irremediablemente que vérselas con nosotros.

Mi escenario no era posible en la vida real… Hoy me lo han recordado. Si hay un ápice de entrega incondicional no hay tonos grises, no hay indecisión, no hay espera, ni orgullo. Y si el orgullo es mayor que el amor entonces no había amor, había otra cosa, quizás capricho, instinto de cacería, asqueo. No puedes volver atrás si te domina el cansancio y prefieres una vida tranquila. Por muchas veces que nos busquemos a nosotros mismos muchos escenarios no son posibles en la vida real a no ser que la magia reine en nuestras vidas, o lo milagroso.

Ahora toca gozar de esa dulzura discreta a la hora de ahogar la tristeza con desprendimiento, con serenidad, delicadeza y rectitud. La felicidad es un reloj que marca las horas despacio, escuchando cerca el tintineo que viene de sus anclajes. Hay personas que sufren por no saber querer, otras que sufren porque no las quieren y otras que lo hacen porque cuando las quieren, se molestan. Y el reloj pasa, y marca el mediodía mientras se encamina irremediable hasta el septentrión. Pasan las horas que hoy, como hace justamente un mes, contaba una a una. Y al parecer, mi escenario mágico, milagroso, no será posible en la vida real… Es una lástima, porque era hermoso, profundamente hermoso. Pero quizás, como pensaba Benjamín Constant: “en el fondo, mi vida sólo está en mí mismo”… y no en el mundo real…

Sueños cumplidos


Me he pasado todo el día repasando las fotografías que desde enero de 2007 tenía sobre las Comunidades Utópicas visitadas en estos años. Las quiero incluir en el libro ya terminado sobre la tesis doctoral. Y la nostalgia y el recuerdo han perseguido las horas de este final de agosto. Un agosto extraño, diferente, lleno de descanso, muy tranquilo aquí en esta casa que cada vez aprecio más por su luz, por sus espacios, por su silencio y calma.

Me daba cuenta que había conseguido por fin aquello a lo que años atrás siempre había aspirado. Una casa luminosa y tranquila para dedicar mis horas a escribir. Precisamente es eso lo que he hecho en este peculiar agosto: escribir. ¿Y no era eso lo que siempre había querido hacer?

Pero a pesar de eso aún me persigue esa terrible aptitud para sufrir, quizás derivada de esa necesidad tan humana de amar y ser amado. Son aullidos que me acompañan por la noche, una especie de purgatorio que comprende esos deseos enormes de abrazar y ser abrazado. El otro día lo decía una amiga con cierto tono amargo: estoy cansada de mi soledad, estoy cansada de no poder abrazar. Es el vacío desgarrador que se abre en el tragaluz de nuestros días. Todos tenemos nuestro carácter y todos padecemos de nuestros errores, pero luego, cuando lo tienes todo excepto el amor, te das cuenta de que ese murmullo sordo y continuo no puede abandonarnos.

Cuando hoy repasaba las fotografías para el libro, tenía la lacerante impresión de no haber comprendido a los seres con quienes me he cruzado, personas hermosas y profundas que me amaron y que ya no veré nunca más. Ha sido una sensación terrible porque de repente quería abrazarlos a todos. Intentaba inútilmente aferrarme a los recuerdos, a las fotografías. Recordaba todos los momentos como en una rápida película cuya heroica exposición quedaba agazapada en la inquietud que provocaba.

Me acordaba de esas parejas longevas que felices paseaban por las calles y me sentía feliz por ellas. Mis tíos me visitaban hoy después de décadas juntos y él, de forma muy espontánea y natural me decía: “la única verdad es el matrimonio”. Lo ha dicho de corazón, mirando a su compañera de toda la vida ya en su cenit existencial. Sus palabras sinceras me han conmovido. Los miraba y veía lo perdida que nuestra generación se encuentra.

Sí… he conseguido aquellos viejos sueños. Un agosto preñado de aquella substancia que provocó esta realidad. Escritor en una luminosa y gran casa. Pero faltaba algo… Faltaba ese crujir que se siente cuando alguien se abalanza hacia ti con urgencia, abrazándote como si el mundo terminara en ese instante, como si el amor cósmico pudiera derramarse en ese segundo de ternura. Sí, este mes ha sido heroico. He terminado dos libros y he sobrevivido a muchas cosas. Pero faltó la grandeza del amor, los hoyuelos de esa caricia capaz de tranquilizar el alma inquieta que me posee… Hoy hacía treinta grados en La Montaña. Había mucha luz aquí en el sur… y quería escribir…

 

( Foto: mi madre, mi tío y mi padre al fondo en el momento en que hablaban sobre el mundo de las parejas… hace unas horas…)

Duele, claro que duele…


Hoy, obediente, despierto, vivo, creciendo en el dolor me he encerrado en mi palacio. He cogido primero el texto de Alexandra y he profundizado en los misterios de esa historia más allá de la historia. He sufrido viendo sufrir a Alexandra, he revivido en mis carnes ese rayo mortal que casi la mata en esa travesía por el desierto junto a su amor, Atis. Luego, obediente, despierto, vivo, creciendo en el dolor he continuado repasando las notas que ella había escrito en la corrección de mi texto ya casi terminado. “Ama hasta que te duela” es el título de este segundo libro. Qué paradójico. Porque obediente, despierto, vivo, creciendo con el dolor puedo amar, aún cuando todo aquello en lo que había creído ya no exista. Así es la esperanza humana, así es su dolor, así es la forma en la que crecemos. Cuando algo está vivo crece, y todo lo que crece duele, porque se mueve, porque se expande, porque roba espacio al universo para preñarse de más vida. Por eso el amor es obediente a ese dolor, y vive creciendo constantemente… Duele, claro que duele, ya lo dijo el poeta, mejor vivo y dolido que dormido como hasta ahora… Ahora sigo escribiendo, corrigiendo, bajo la atenta mirada de Virgilio, de Dante, de Homero, de Nietzsche, que son los que me acompañan estos días, buscando en sus relatos inspiración para los míos… ¡ay el viejo viaje a Itaca!

Amor Incondicional


Hoy he recibido una triste pero maravillosa historia de amor. Se trata de la historia de Katie Kirkpatrick y su novio Nick. Katie tenía un cáncer terminal de pulmón. Ambos deciden casarse y cinco días después, ella muere.

En un mundo donde el amor ha quedado en un segundo plano, reducido a algo anecdótico, donde lo importante es la seguridad, el dinero y los valores que acompañan al materialismo en el que vivimos constantemente, esta historia me ha conmovido profundamente.

Al mismo tiempo, una amiga me escribía estas hermosas palabras de amor esta misma mañana:

Aprendí hace unos años una gran lección sobre el amor incondicional….Pude amar a un hombre que era absolutamente todo lo contrario a lo que yo hubiera pedido jamás (muy feo, barbudo, 60 años, impotente, muy pobre de bolsillo, pero muy rico en el amor). Duró 4 meses, él murió, pero me enseñó tanto sobre la incondicionalidad del amor…


He conocido el amor verdadero en dos personas (ambos maravillosos y tan diferentes/tan opuestos) y he aprendido que nunca hay que juzgar a nadie, y menos aún por las apariencias…. un amor puede ser una persona disfrazada de vagabundo que está en tu camino para enseñarte la verdad…

Para los románticos que aún creen en este tipo de cosas, estas historias llenan la vida de esperanza e ilusión…

Dolor


Ya no tengo rabia, he depurado la misma con el dolor, con el dolor intenso que todo lo purifica, que todo lo limpia volviendo las cosas a su lugar ,a su justo equilibrio. A muchos les cuesta entender lo maravilloso del dolor, lo balsámico del sufrimiento. Son agentes limpiadores. Te limpian por dentro, restituyen el equilibrio y amansa para siempre todo lo malo que hemos acumulado durante mucho tiempo. Por eso, cuando siento dolor, sé que es algo bueno. Sé que es necesario para elevar el alma y nuestra inteligencia a lugares más elevados. Por eso es bueno tomar consciencia del dolor y dejarlo trabajar. Sólo está haciendo su trabajo. Sólo nos está fortificando, haciendo más duros, más humanos, más fuertes. Cuando el dolor se marche, habrá depurado todo nuestro ser y veremos la vida con mayor resolución, con mayor amplitud. Por eso ya no hay rabia, ni rencor, ni cólera, ni furia, ni ira. El dolor me devolvió a la vida y despojó de mi ser todo aquello irracional que me ofuscaba. Ahora toca volver a empezar desde la enseñanza y el aprendizaje. Toca compartir lo maravilloso que llevamos dentro. Toca abrazar con amor y sabiduría todo cuanto el universo nos regale…

Desde mi ventana


Sigo mirando por la ventana con la esperanza abierta. Estos meses he aprendido la importancia de esa palabra que ya había desterrado hacía tiempo de mi vocabulario. Por eso, por esperanza aprendí a esperar a que las cosas cambiaran, aprendí a soportar los malos momentos con la fe en que el mañana sería distinto. La esperanza me mantenía cerca y unido, a pesar de que las circunstancias no eran precisamente halagüeñas. Y ahora noto que ese aprendizaje sigue vivo, por eso, cada vez que un coche entra en mi jardín y escucho el rumor de su motor se me erizan los cabellos. Salgo corriendo a la ventana y… y sigo soñando de nuevo… Y en ese sueño hay dolor porque a veces nos cuesta aceptar la realidad, nos cuesta comprender que los silencios son señales que nos indican cosas. Pero incluso en el silencio de la noche, al menos en las noches de esta última semana, me despertaba a cada instante pensando, creyendo que todo era ilusorio y que nada había cambiado. Que todo estaba bien, que podría girar mi cuerpo y abrazar su cuerpo, que podría extender mi mano y apretar la suya. Pero resulta que su cuerpo es mi almohada empapada de sudor, de lágrimas, de pena. Resulta que cuando giro mi mano para buscar la suya solo hallo un reguero de vacíos, de amables ausencias que asisten y me asisten. Un silencio inquebrantable, un venero de empeño por creer en esa fuerza superior que mueve todas las cosas, incluidos los corazones humanos… Ayer, tras regar el jardín mientras miraba esa entrada sin puerta, me senté un rato, contemplando el vacío que separa el umbral de la calle y mi mundo. Rozaba con mi dedo un fósil que tenía a mi izquierda bordeando el árbol que sobrevivió a la obra. Mientras lo hacía… recordaba de nuevo las sabias palabras… “Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar”…

Reencuentro onírico


Anoche ocurrió algo milagroso. Parecía irreal, parecía un sueño. Estaba regando el seco jardín cuando de repente vi una silueta que subía por la rampa del coche. Era ella, sonriente, feliz, con los brazos abiertos, cargados de emoción y cierto nerviosismo… Lo había dejado todo y había venido al encuentro, a la reconciliación, al poder de estar por encima de las cosas infusas. Dejé la manguera y salí corriendo a su encuentro. Pude ver como sus hermosos e increíbles ojos azules temblaban de alegría. Nos abrazamos fuerte, muy fuerte, como si hubieran pasado cien años desde la última vez. Se abrazaron nuestros cuerpos, pero también nuestras almas y nuestros espíritus. El amor lo había sanado todo y no hizo falta ninguna otra palabra. Solo nuestras miradas profundas y felices, agradecidas por la experiencia y la enseñanza. Nos dimos la mano, subimos un poco hacia arriba y nos volvimos a abrazar… Sí, habíamos superado todas las pruebas, habíamos conquistado todos los castillos y habíamos expulsado a todos los guardianes del umbral que tanto esfuerzo habían puesto para que ese abrazo nunca se diera… Habíamos vencido todos los obstáculos y ahora, por fin, de nuevo, nos volvíamos a abrazar… Llegamos al lugar donde todo empezó. Pusimos “La Forza del Destino”, de Verdi, y nos sentamos en el mismo sillón donde aquel maravilloso día nuestros labios se sellaron por primera vez… A veces la vida es tan mágica y maravillosa que parece un sueño… a veces todo es tan increíble que parece un auténtico cuento de hadas… Que así sea por siempre…

Esperanza


Cuando salí por la puerta miré hacia atrás. La esperanza siempre golpea fuerte los corazones. También miraba hacia atrás cuando encendí el coche. Estuve esperando un rato, imaginando su silueta cruzando la calle hasta mí. Nunca apareció. Arranqué y seguía mirando por todas partes. Me imaginaba que en un arrebato de última hora habría cogido su coche y me habría seguido por todas las calles de la gran ciudad. Cuando entré en la autopista las lágrimas ya no me dejaban ver. Pero seguía mirando, por si acaso. Me la imaginaba pitando en mitad de la carretera, haciéndome señales con esa sonrisa suya, con esa mirada suya.

A media noche paré el coche. No podía seguir conduciendo en ese estado. Intenté dormir en algún sitio, intenté conciliar el sueño entre sollozos que no veían su fin. Al despertar pensé que todo había sido una pesadilla. Que la encontraría tumbada a mi lado, como todas las mañanas. Palpé con la mano pero sólo pude tocar las cajas con mis cosas. No había más que ásperas cajas de cartón. Creí morirme en ese instante.

Volví a encender el coche, mirando una y otra vez por todas partes. Sentí que la única terapia era seguir adelante, hasta el final. Llegué por fin al destino. Un destino desierto, abandonado, sin sentido. Las lágrimas seguían empañando todo cuanto tocaba. No deseaba escuchar nada, no deseaba cruzarme con nadie, evitando durante días llamadas y contactos. Solo tuve fuerzas para poner unas fotos suyas en mi nuevo rincón. Me siento acompañado con ellas, como si nada hubiera cambiado, como si todo hubiera sido un mal sueño y solo hubiera que esperar el grito solitario…

A pesar de los ánimos de uno y otro lado, resultaba difícil reponerse. Aún sigo mirando por la ventana… Aún sigo creyendo que aparecerá de un momento a otro… mientras las cosas que toco siguen empañándose… Sigo mirando por mi ventana… creyendo que la esperanza y su mano aún están por llegar…

Mientras espero… el dolor… ese dolor de alma…

A un hombre bueno


Ayer, a dos luces, paseaba con la bicicleta por los montes y los bosques cercanos. Los riachuelos, normalmente secos en estas fechas, portaban abundante agua. A esas horas, un agradable fresquito recorría los caminos. Cuando me dejaba caer por las veredas me sentía libre. Deseaba que las sendas no acabaran nunca y que la caída fuera infinita.

Horas antes había llamado LV y mantuvimos una larga charla donde tratamos temas profundos, trascendentes para nuestro presente y futuro inmediato. También empezamos a hablar de mujeres. Por ser quién es, él ha tenido experiencias y me dijo muy contundente: “las mujeres inteligentes no buscan a un hombre rico, sino a un hombre bueno”. Su afirmación me hizo gracia viniendo de quién venía. Pero lo dijo con mucha seriedad y cierta tristeza en sus palabras. Los hombres buenos son constantes, fieles y firmes. Si además de bueno es rico, entonces el círculo es más perfecto. Pero medir el amor por la pobreza o la riqueza es una entelequia estúpida. O hay amor o no hay, nada más. Todo lo demás es hipocresía e interés. La conversación venía a cuento por alguna experiencia pasada que él mismo había sufrido. Con el tiempo y cierta madurez interior te das cuenta de que lo que vale en el amor son las cosas sencillas. Lo demás es pasajero, provisional. Y nadie ni nada puede sujetarlo. SP, quizás para darme algo de ánimos, me escribía desde las Islas Afortunadas: “eres el hombre perfecto”. Si lo fuera, le contestaba, no habría tenido tantos fracasos con las mujeres. Quizás sea porque soy demasiado exigente, como le decía, y entre otras cosas, no les permito, bajo ningún pretexto, que no sepan volar… Ya lo dijo el poeta… Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo… Sea como sea, haré caso a SP, y voy a estar seis meses de vacaciones emocionales… Estoy cansado, triste y aturdido… Así que me dejaré llevar por el eco dormido, esa recopilación de emociones que se intuyen acurrucadas en un rincón, como esperando una mano que las lleve hacia un mundo inofensivo…

Junto a los ríos de Babilonia


Suspiro en las orillas contemplando el aletear del colibrí que cubre el resplandor de su plumaje con la vida que le recorre. Suspiro creyendo que lo de ayer fue un mal sueño, una confusión del cansancio, y que pronto todo volverá a la rutina hermosa, a la complicidad y la creencia. Suspiro junto a la orilla, porque al otro lado espera siempre al barquero. Suspiro mientras miro hacia atrás, creyendo que el roce volverá, que la espaldita requerirá sus caricias y ese beso venerable de buenas noches volverá a su lugar. Suspiro porque el cielo atraviesa todas las orillas de los ríos de Babilonia, aquellas donde nos sentábamos cogidos de la mano, llorando recordando a Sión.  Y cuando lo perverso nos arrastró hacia esta tierra extraña, nos llevó a la cautividad y la separación. Y mientras la noche cae, las meditaciones de nuestro corazón nos abrazan con la fortaleza de ser inseparables a las asperezas de la vida. Oscuras lágrimas caen en las orillas. Todos necesitamos nuestro Dios, por eso ten el poder de seguir mirando hacia delante. Todos necesitamos la complicidad y la creencia de que el cielo nos une junto a los ríos de Babilonia… Thank you for hearing me…