Misión cumplida en Suiza y de nuevo en Madrid tras más de cuatro mil necesarios kilómetros de viaje submarino. Y digo necesarios porque a veces uno entra en trance meditativo cuando circunda el mundo de un lado para otro, buceando en los pareceres de la vida cósmica, esa que se manifiesta en todas las cosas, en todo lo que ocurre.
La vuelta ha sido dura porque ahora sí, y definitivamente, la incertidumbre se abre de nuevo. El reto es volver a caminar en la soledad, buscar un nuevo hogar y hacer una nueva mudanza. Y todo eso en doce días de vértigo… A pesar de la tristeza del momento, llevo ya tiempo mirando al cielo y suplicando ese “hágase tú voluntad, y no la mía”, así que pongo en las manos del destino este nuevo cruce de estrecho.
Atrás queda un año increíble, cargado de enseñanzas, de abrazos sentidos con una mujer excepcional, un año que me ha hecho crecer y vivir con intensidad la relación con la vida. Un año que termina, necesariamente, para que nazca algo nuevo, diferente, cargado también de enseñanzas que nos harán más sabios.
Ahora toca profundizar, sin apegos, en la tristeza necesaria. Toca revivir uno a uno todos los recuerdos para poder liberarnos de ellos. Toca el necesario duelo ante la realidad que se impone. Una vez quemadas todas las naves, ya solo queda seguir navegando, aunque sea con la tabla de náufrago.
¿Dónde ir? De momento empezaré la búsqueda en el centro de Madrid. Paradójicamente, me apetece estar rodeado de gente y de ruido. Vivir la experiencia, después de muchos años de aislamiento, de estar en una gran ciudad. En este atardecer, me apetece bucear en nuevas consignas. No sé… todo vuelve a arrastrarnos a la incertidumbre… Estoy convencido de que eso nos hará más sabios.
Pd.- Si alguien sabe o conoce de algún piso o apartamento en Madrid que no dude en decirlo…




























