Hacia una consciencia de paz empezando por la comida


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Desde la rue du Stand hasta el bulevar Georges-Favon hay apenas dos minutos. Como en Suiza se suele comer a las doce de la mañana, suelo ir al Mikado, un restaurante de sushi donde siempre compro una tarrina de arroz y otra de espinacas con sésamo. Es lo más vegetariano que puedo encontrar. La chica morena siempre le dice a la pelirroja en un español perfecto: “siempre te toca a ti”. Se refiere a que siempre es la pelirroja la que, con una amplia sonrisa, me atiende a la hora de pagar la comida. Compartimos varias palabras y saludos y salgo corriendo para acompañar el arroz y las espinacas con una sopa de miso. También me he aficionado a unas algas coreanas nori que se preparan a modo de aperitivo. Todo en un ambiente cordial, amoroso, sencillo, alegre.

Antes de venir a Ginebra me dieron los resultados de las analíticas que me había hecho y tras muchos años de dieta galletariana pensé que serían catastróficos. Pero el resultado fue que estaba todo correcto. Ni azúcar, ni ninguna carencia ni desequilibrio aparente. Llegué a la conclusión de que lo importante de la comida es que no exista violencia alguna en ella. No tan solo me refiero a la hora de que no exista un sacrificio de sangre, sino también, a la hora de recibirla en nuestros cuerpos. Si comes una galleta o un alga nori con una sonrisa y agradecimiento a la hora de recibirla en nuestros cuerpos, no debería hacernos ningún mal.

Eso también ocurre con las relaciones humanas. Necesariamente tendemos a desconfiar, a ser egoístas con el otro, a mirar con recelo todo lo que venga de uno y otro. Es difícil mantener una posición alegre y tranquila. Muchos vivimos aún en la depredación, en el miedo a ser agredidos. Viendo las noticias te das cuenta de que aún estamos en un mundo violento donde unos agreden al otro simplemente por creer o pensar diferente. La violencia no tan solo es física, también es psicológica.

Me pregunto qué pasaría si desde pequeños nos educaran a amar lo que comemos. Alguien debería inculcarnos agradecimiento y actos pacifistas a la hora de comer. Ayer, millones de pavos fueron sacrificados y consumidos por esa tradición extraña del día acción de gracias (Thanksgiving Day en inglés). La fiesta original seguramente era secular y tenía que ver con el fin de las cosechas, a modo de agradecimiento o fiesta que daba por concluida las actividades propias de la recolección. Realmente deberíamos recuperar el sentido original, al mismo tiempo que deberíamos inculcar ese agradecimiento de forma diaria. Habría que llevar a los niños desde muy pequeñitos a granjas escuelas para que supieran la procedencia real de las alitas de pollo o de los nuggets. Cosas tan inofensivas en apariencia pero que llevan consigo una gran carga de violencia congénita. El código abierto de la violencia nace en nuestros platos, en nuestros hábitos, en nuestra propia ignorancia consumista.

Nos preguntamos muchas veces con cierta incredulidad como es posible que aún existan terroristas, o guerras o violencias de todo tipo. No debería extrañarnos tanto cuando aún, en ciertos hábitos, nos parecemos más a los animales que a los seres humanos completos. Un homo animal se alimenta de sangre. Una persona consciente y responsable adquiere hábitos de consumo más responsable consigo mismo, pero sobre todo, sensibles ante el resto de seres sintientes.

En el Mikado podría haber escogido cualquier cosa para comer. Incluso podría haber incluido en mi diera cualquier otro tipo de alimento de procedencia animal. Pero al no hacerlo, de alguna forma estoy evitando un trozo, aunque sea mínimo, de terror. Algo menos de violencia se ha generado hoy en el mundo cuando en vez de comprar un producto compramos otro. Algo menos de terror asoma por cada país cuando empezamos a elegir las cosas desde una consciencia diferente. Una sonrisa a la pelirroja del Mikado y un poco de arroz es suficiente para seguir viviendo. Alegría y sencillez ante un mundo excesivamente complejo y extraño.

Sembradores de luz


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«La Ciencia Oculta es una amante celosa y no permite ni una sombra de indulgencia para uno mismo; y es ´fatal´, no sólo para el que lleva una vida conyugal normal, sino incluso para la costumbre de comer carne y beber vino. Me temo que algún día, cuando los arqueólogos de la séptima ronda desentrañen y saquen a la luz la futura Pompeya de Punjab-Simla, en lugar de descubrir las preciosas reliquias de la ‘Ecléctica’ Teosófica, sólo descubrirán algunos restos petrificados o vítreos de la “Espléndida herencia”. Este es el más reciente vaticinio que corre por Shigatsé». KH, Carta de los Maestros, Nº 18/62

 

Me encuentro en Ginebra, en uno de los centros que más tiempo y recursos ha podido dedicar al estudio de la ciencia oculta. No se trata de una revelación exterior, sino de una suerte interior el poder estar aquí encerrado, trabajando discretamente como voluntario mientras camino atientas en búsqueda de inspiración. Mi apoyo es humilde. Uno siempre hace lo que puede cuando navega en el mar de la expansión de la consciencia imponiendo criterios de ayuda que muchas veces resultan ser tropiezos vagos en la penumbra.

Suiza es un lugar de paz. Lo he podido comprobar en estos días donde media Europa está tomada por las armas, los ejércitos y la sinrazón. Aquí no hay un resquicio de duda sobre cual es el camino a seguir. La paz solo puede existir si dentro de los corazones humanos se alberga algún tipo de esperanza sobre la propia humanidad. Y eso solo es posible sembrando semillas de misterio en el ser humano.

Sigo aderezado a los libros. Encuentro en ellos una fuente de inspiración capaz de transportarte a lugares tan lejanos como el valle de Shigatsé. Hay escritos antiguos que están cargados de misterios que albergan algún tipo de luz, algo que te hace sentir especialmente vivo, imprescindiblemente diferente. La vida atraviesa desde lo intangible a esos niveles moleculares capaces de movilizar las miríadas de energías necesarias para que una mano o un pulmón respire. El movimiento siempre es hacia fuera y hacia dentro, como el respirar. Cogemos algo de ahí fuera para transformarlo en energía aquí dentro. Luego surge la fuerza, el poder de transformar todo aquello que resplandece en lo que vagamente llamamos mundo tangible. Realmente lo material, contemplado desde los avisperos del misterio, parece algo plástico y cambiante, sumergido en un líquido acuoso donde poder navegar plácidamente. Por eso los libros producen paz. Por eso los libros son semillas amigables y necesarias.

La ciencia oculta no es más que ese brillo interior que podemos arañar con delicadeza para sustraer todo su néctar. En su sabor encontramos resquicios de verdad que nos asombran por su sencillez tan cargada de complejidad. Realmente todo es más sencillo de lo que parece. Solo hay que saber donde está la clave de la sencillez, el secreto y la llave que abre la puerta lúcida. Estudiar un libro, leerlo con detenimiento nos abre una puerta. Es la luz o el corazón lo que luego nos guía.

Todo está cargado de misterio. Estoy entregado a ese sublime espacio que derrama prudencia al mismo tiempo que anima a que todos puedan otear la maravillosa fiesta que se esconde tras el velo. No hay trama más oculta que aquella que maneja los hilos de nuestras vidas, ese secreto que alguien enterró dentro de nosotros para que, ignorantes y ciegos, seamos incapaces de descubrirlo.

Algo hermoso recorre este momento. Tiene que ver con la entrega, con la generosidad, con la renuncia. Ese sacrificio no es una inmolación, es una resurrección. Nada se pierde. Todo se gana. Hay que seguir sembrando.

Siendo, eso es todo. Libro de Mario Conde y Javier León


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A los herejes de todos los tiempos…

«Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió. Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento». Lucas 5, 27-32

Mario Conde siempre fue un personaje polémico, pero pocos conocen a la persona que se encierra detrás. Durante años trabó amistad con un joven antropólogo que pudo sacar lo mejor de sí, la más estrecha relación entre lo divino y lo humano, el sufrimiento y la alegría, la compasión y la lucidez. Se abre así una brecha diferente entre aquello que el imaginario social ha creído del autor y su otra cara más oculta, cercana y sincera.

En estas cartas íntimas y en algunos casos profundas, se intenta desenmascarar al hombre bueno, al amigo de sus amigos, al místico y poeta, al trovador que decide implicarse en la vida social pero también en lo personal y escondido. Mario Conde demuestra ser una persona compleja, pero al mismo tiempo generosa. Con amigos en el cielo y en el infierno, sin importarle en absoluto su condición social. Capaz de cenar con mendigos o con poderosos si ambos poseen algún tipo de lucidez o aprendizaje. Javier León, tímido y reservado antropólogo y escritor consiguió descubrir a ese otro hombre y lo devolvió a la humanidad de todos. Buceó en la polémica, descartó prejuicios y arriesgó su propia intimidad para desvelar los secretos de la fama y el éxito, pero sobre todo, del ser humano que todos llevamos dentro.

Mario deseaba desde hace años que editáramos este libro. Durante mucho tiempo pensé que no era buena idea. Ahora, que ya ha pasado el suficiente tiempo como para madurar interiormente muchos aspectos necesarios, especialmente en cuanto a fortaleza interior y valentía, nos hemos visto preparados para confesar algunos aspectos de nuestro pasado y de nuestro interior que ya pueden ver la luz. Ahora que ya no hay miedo, ahora que ya no hay presión, ahora que ya no necesitamos demostrar nada ni ocultar nada aparecen estas cartas. Para nosotros fueron importantes en un tiempo complejo. Y solo queríamos compartirlas.

Los autores, de forma generosa, han donado los beneficios de las mismas al Proyecto O Couso. Ha sido un gran esfuerzo, y ahora ya es de todos.

Podéis comprarlo con gastos de envío gratuito en este enlace:

http://www.editorialdharana.com/catalogo/siendo-eso-es-todo?sello=nous

 

Dolorosa iniciación


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Frágil, abandonado, a la deriva. Sucedáneos de momentos sin nombre, sin dueño, sin ley. No es posible abarcar en un sentir todo aquello que pretendemos amarrar desde la mano cerrada sin dejar escapar el aire que envuelve cada fulgor de más. Si sientes que debes volar pero no tienes alas entonces aprendes a arrastrarte con la sutileza de la tierra húmeda y henchida. Si te crees capaz de ser el más fuerte y la debilidad te arrastra hacia el abismo, entonces te comportas como un buzo capaz de llegar hasta las profundidades del abismo para ondear la bandera de lo incognoscible.

Somos pequeñas motas de un polvo frágil y voluble que deambula flotando por un inmenso océano de misterio. Si dibujamos un halo, un suspiro, nos creemos poseedores de algo. Pero realmente no somos más que una pequeña anécdota sufriente, nacidos de un dolor insoportable y vendidos a la muerte que nos espera paciente en cualquier esquina oscura.

Risueños, maleables, melancólicos como la otoñada que se esparce por los campos dorados, como el frágil alboroto de aquellos pájaros que abandonan las tierras frías para abordar la perenne ensoñación al tiempo.

Figuraos cuan frágiles somos. Nos arañan las emociones más toscas, nos sale el llanto cuando aquello que pensamos como posible abraza la realidad de lo imposible. Cualquier contrariedad, por mínima que sea, es capaz de hundirnos, otra vez, en la gruta oscura.

Nos cuesta abordar la cuestión emocional. Todavía somos animales que se rigen por instintos aún primarios. Cobijo, hambre, cópula. En nuestra ensoñación creemos que eso tan básico es un hogar con forma de chalet, un gran menú en el mejor restaurante y un gran amor nacido bajo las estrellas. Pero no hemos alcanzado aún el grado de sublimidad que nuestra inteligencia degüella con pertinencia. No somos aún capaces de abstraernos de lo frágil para abrazar la fortaleza interior. Ni siquiera albergamos sospechas de que exista, aún tan sólo en nuestras vagas creencias y rezos.

El dolor solo nos puede hacer más poderosos. De alguna forma nos inicia en los avatares de la vida. Nos prepara para enfrentarnos al reto mayor. Nos hace fuertes y audaces. La pérdida nos brinda la oportunidad de abrazar la impermanencia. Ese secreto universal al que le damos constantemente la espalda. Hasta que un día soltamos amarras y decidimos actuar en consecuencia con el Arte mayor, con la sublime llama de la vida, con la sutil abstracción de la existencia. En ese momento el dolor nos ha transformado, nos ha hecho seres completos y aspiramos al mayor de los sacrificios con inteligencia, amor y constancia.

Entonces vemos la luz, el resplandor, el camino estrecho, la corriente de la vida, la flor del corazón, el puente carismático que nos llevará a los universos y nos traerá el misterio a nuestro propio devenir. Entonces se abrirán los cielos y se cerrará la puerta del último templo. Es cierto, entramos por el septentrión, pero la salida solo puede ser orientada hacia la luz. Las sombras desaparecen. La luz nos guía.

Programa de apoyo a Editorial Séneca


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Los últimos trágicos acontecimientos que he vivido en estos últimos seis meses me han tenido un poco alejado de casi todo. Cuando ocurren cosas profundas terminas por despistarte un poco. Si eres un asalariado basta con darte de baja por depresión o cualquier otro tipo de cosa que sirva como excusa para reorganizar tu vida y volver a tu centro. Si eres autónomo o empresario o emprendedor los días pasan, sin más.

Cuando en estas semanas he querido retomar el trabajo ha sido un desastre porque me he encontrado con un panorama desolador. Facturas sin pagar, libros que llevaban meses esperando a ser editados, autores cabreados, royalties sin repartir, gestiones sin realizar… Durante estos diez años hemos ido tirando en una empresa que nunca ha tenido línea de crédito, ni préstamos ni ayuda estatal como casi todas las editoriales al uso. No hemos recibido subvenciones ni nada que hubiera podido ayudar a mantener a flote cualquier empresa cultural en tiempos de verdadera crisis. De alguna forma nos hemos valido por nosotros mismos con grandes sudores y disgustos. Ese ha sido el precio de dirigir un proyecto cultural editando libros no comerciales.

El momento de ahora no es nuevo, es algo que pasa con frecuencia. Así que la única forma que se me ocurre para proteger este peculiar proyecto es la de intentar ponerme el traje de vendedor y salir a la calle a buscar habichuelas. ¿Cómo hacerlo tal y como está el patio?

De momento ya he puesto en orden la parte puramente editorial. Ediciones atrasadas ya están listas en la imprenta para poder seguir su camino. Ahora falta la parte más compleja, vender esos libros. De ahí que se me ocurran algunas cosas.

  • Hacer bolos y presentaciones. Si eres autor y quieres que presentemos tu libro en algún lugar de nuestra bella tierra vamos a por ello.
  • Vender lotes de libros por Navidad. Pronto vendrán nuestras añoradas fiestas y a lo mejor, si eres de esos empresarios que dan lote de Navidad a sus empleados, deseas acompañar al tradicional cava con turrón con un manjar de libros, que además de ser original alimenta al alma y de paso al espíritu.
  • Si eres particular, no olvides que en nuestros sellos editoriales tenemos cientos de novedades que te encantará leer, compartir o regalar. Regala un libro y lo demás, es decir, la magia, vendrá por añadidura.
  • Si eres una empresa o una institución pública o privada también podéis apadrinar proyectos editoriales. Eso da prestigio al autor y también al filántropo o mecenas que lo apoya.

Por último recordar que los beneficios editoriales van dirigidos al proyecto O Couso y a la construcción de una futura Escuela de Dones y Talentos. Es decir, el dinero circulará siempre en beneficio de todos y para todos.

Sí, ya lo sé, soy un mal vendedor. Pero lo importante es el reto de seguir diez años más buceando en el misterio de creer en un mundo mejor. No olvides que detrás de estos libros se construyen muchos sueños. Así que sigamos soñando.

Algunas ofertas para este mes de octubre (poner en el pedido el número de referencia:

2×1. Compra un libro y te regalamos otro de igual o menor valor. Ref. 2121

Lote de 5 libros por 30€. Ref. 0530

Lote de 10 libros por 60€. Ref. 1060.

Lote de 30 libros por 195€. Ref. 3020

Lote de 50 libros por 395€. Ref. 5040

Lote de 100 libros por 795€. Ref. 1080

Lote de 200 libros por 1.495€. Ref. 2014

Gracias de corazón por vuestro apoyo.

El pago se puede hacer mediante transferencia bancaria al número de cuenta:

Triodos Bank (Banca Ética) ES52 1491 0001 2420 2926 1720

O mediante compra directa con tarjeta en nuestra página web:

www.editorialdharana.com

www.editorialnous.com

www.editorialseneca.es

(Foto: libros de nuestra editorial alimentando el bosque de O Couso)

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Practica los Caminos, algunas entrevistas


Me gusta más escribir que hablar. Nunca fui un buen comunicador. Pero más que escribir y hablar con lo que más disfruto es con el noble silencio. Allí me siento poderosamente vivo. Por eso cuando hablo, especialmente en entrevistas o en exceso, siento como si algo muriera.

Sea como sea, aquí comparto estas entrevistas que me hicieron en Barcelona con motivo del libro Practica los Caminos, editado en Editorial Sirio. Sirvan estas palabras como homenaje a Laura, la cual me acompañó por el Camino de forma intensa durante dos maravillosos años. Sirva también como homenaje a mi padre José León Santiago, el cual muere lentamente de un alzheimer y el cual lleva en sus apellidos parte del Camino.

Inspirando buena voluntad


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Ha sido gratificante poder participar en una conferencia que intenta inspirar buena voluntad en acción. Dar una charla en español ante un público de varias nacionalidades europeas en Ginebra ha sido una experiencia hermosa. Charlar no es algo que me guste especialmente, pero entiendo la necesidad de servir como instrumento inspirador allí dónde se demande.
La charla en cuestión hablaba sobre la complejidad de servir de forma desapegada al bien común. Expuse el ejemplo del Proyecto O Couso, el cual despertó cierta curiosidad. Hablé de la necesidad del trabajo en grupo, y de como enfocar nuestros recursos interiores en un mayor servicio.
Para ello debemos convertirnos en aquello que predicamos, debemos conducir nuestras vidas hacia el anhelo interior y practicar los caminos que conducen hacia una plena realización.
Mientras hablaba de todas estas cosas no se me iba de la cabeza las históricas elecciones a las que hoy nos enfrentamos en España. Históricas porque para los más optimistas suponen un cambio de tendencia. Un cambio de rumbo que debería inspirar cambios profundos en nuestro país, y sobre todo, renovar la moral y la dignidad de un pueblo excesivamente acostumbrado al servilismo y la mansedumbre.
Cuando terminó la charla justo en frente del complejo de las Naciones Unidas de alguna forma me sentí un pequeño embajador de buena voluntad. Recordé a esos miles de personas que hacen bien su trabajo, que tienen buenas relaciones con los suyos y que de forma anónima forman ese ejército de personas de bien que ejercen una correcta y necesaria influencia en el mundo. Todos ellos son embajadores de buena voluntad en sus propios ámbitos de actuación. Todas ellas ejercen una nota positiva en sus actividades diarias.
Estar algo mas expuesto al mundo realmente no significa nada. Puede alimentar algo al pequeño ego, puede satisfacer cierta necesidad de notoriedad, pero la verdadera inspiración no nace de las palabras, sino de los hechos que las acompañan. ¿De qué servirían sino las mismas? Ojalá hoy España entera se haya llenado de gestos capaces de cambiar el rumbo de todo un país. Ojalá esa masa crítica hubiera emergido para inspirar al mundo y a las futuras generaciones. Ojalá hoy todos hubiésemos ejercido de embajadores de buena voluntad.

700 + 28 + 1


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Un canto menudo para los 700 muertos en la tragedia del Mediterráneo, para los 28 cristianos asesinados por el Estado Islámico y para mí, cómplice humano de todas esas muertes.

Sentí que sería bueno darme un respiro y disfrutar del bonito fin de semana alegrándome las tardes con un poco de chocolate. No pensaba administrar la tableta, ni dejar algo para el resto de la semana donde paso prácticamente todo el día encerrado en la tesis. La licencia era esa: seguir trabajando pero acompañado con el sibilino placer del cacao deshaciéndose en mi boca.

Llegado el domingo por la tarde ya no me quedaba nada. Lo disfruté mientras miraba afortunado por mi ventana con estos majestuosos paisajes, con esta belleza indescriptible. Pero sobre todo, con esa paz y armonía de vivir en un país que no está en guerra, que tiene un buen nivel de vida, que ha organizado una estructura de protección social lo suficientemente avanzada para que sus gentes puedan pasear tranquilos por la bahía suspirando por la vida y sus misterios.

Simbólicamente me miré el ombligo y me sentí afortunado. Tengo comida, estoy abrigado en una buena casa con grata compañía, hay gente a la que tengo oportunidad de amar y ser amado. Desde esta perspectiva el mundo es bello, explosivamente extraordinario.

Pero mi mirada no se podía quedar en la miopía del placer temporal de un trozo de chocolate o de una vida rica y sencillamente amable. Cuando sube desde el ombligo hasta el corazón hay algo que se conmueve. Algo que de repente me hace sentir incómodo, triste. Empiezo a mirar la tableta de forma diferente. Miro esta casa y hay algo que me rechina interiormente. No es un malestar existencial. Es algo más profundo que todo eso. Admito que interiormente no me permito estar tranquilo cuando veo a un hermano que llora, cuando siento que unos miles de kilómetros más abajo seres anónimos pero tan cercanos a mí mueren ahogados, torturados o asesinados por la injusticia y la cerrazón humana.

Hoy me llamaba desde Madrid un amigo preocupado por la situación africana. Los muertos en esas pateras, los asesinados por los intolerantes del Estado Islámico, el caos que desde occidente provocamos con las guerras de Irak y todas las consecuencias posteriores (sí nosotros, los occidentales). Realmente, de alguna forma, me sentía totalmente responsable por todo lo que allí ocurre, y me preguntaba cuanto tiempo más iba a estar aquí sentado, disfrutando de los placeres sibilinos, absurdos y superficiales mientras allí abajo ocurren esas cosas terribles.

Es hermoso inspirar al mundo con bonitas ideas sobre la utopía, sobre lo bien que todo iría si hiciéramos esto o lo otro. La inspiración es imprescindible para poder dirigir nuestros pasos humanos un poco más adelante. Pero siento que ya no es suficiente. ¿Qué más poder hacer? ¿Qué más debo perpetrar para salir de esta rueda hipócrita donde la indiferencia se apodera de nosotros de forma tan desmedida? ¿Es suficiente con hacernos instrumentos de la Paz? ¿Es suficiente con llevar la nueva buena del amor y la bendición del nuevo mundo a todas partes? ¿Dónde están ese trozo de pan y justicia para el que no tiene? Hay algo de todo esto que aborrezco. Y es mi propia incapacidad humana para poder reaccionar debidamente ante la tragedia. Me siento hipócrita escribiendo estas letras. Me siento huérfano de cierta sensatez. Me siento humillado por no poder levantarme y gritar al mundo aún más fuerte. Pero sobre todo perdido, muy perdido… ¿qué más poder hacer?

(Gracias J. por la inspiración).

Elien en el Contigo Somos Más Paz


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Queridos amigos,

Un año más, compartimos con mucha alegría la convocatoria al IX Contigo Somos + Paz, que este año tendrá lugar DM el domingo 21 de septiembre —Dia Internacional de la Paz–  a partir de las 11 de la mañana en el Teatro Nuevo Apolo, Tirso de Molina 1, 28012 Madrid, con aforo para 1.150 personas.

Tendremos como ponentes a Elien, Fidel Delgado y Carlos Fiel. Cada uno de ellos hablará por espacio de 30 minutos para dar su punto de vista sobre cómo para que haya paz en el mundo es necesario primero que haya paz en cada uno de nosotros. Hablarán pues sobre esa conquista personal e intransferible que es la paz interior, que nos puede llevar a la calma profunda en un mundo agitado.

Este año contamos con cuatro interpretaciones musicales de 15 minutos cada una. Los invitados son Ravid Goldshmidt, José Carlos Gómez, Mark Walden y la sangha de Thay en Madrid, que nos propondrá cantar juntos dos preciosos temas sobre la plena consciencia. Haremos también un tiempo de OM colectivo, como en años pasados.

A la salida tendremos el precioso regalo de nuestros amigos de Plantamos Árboles, que entregarán a cada uno de los asistentes un arbolito que han plantado y hecho crecer amorosamente durante un año, con la idea de que cada uno de nosotros lo plante en un lugar ya definitivo y lo cuide, contribuyendo así con 1.150 nuevos árboles al planeta.

La contribución a este encuentro son 10€. Los posibles beneficios se destinarán a financiar las Causas Solidarias de Fundación Ananta (ver enlace). El acto durará hasta las 14 horas y se abrirán las puertas a las 10 de la mañana.

http://www.fundacionananta.org/web/index.php/causas-solidarias-ananta

Los ponentes y músicos participan sin recibir remuneración alguna, y les agradecemos su entrega y generosidad.

Las entradas pueden adquirirse en los siguientes 6 puntos:

Materia Gris, Mejía Lequerica 12, 28004 Madrid
Lunes a viernes de 10 a 14 horas
Por favor llamar antes al 91 445 76 64

Ecocentro, Esquilache 2-12, 28003 Madrid

Lunes a domingo de 10 a 20 horas
Teléfono 91 553 55 02

Hotel Princesa de Eboli, Pablo Picasso, 10 (junto al CC Princesa de Eboli), 28320 Pinto
Permanentemente en recepción

Desdes el 23 de agosto: Pista de hielo La Nevera de Majadahonda
Fresa 14, 28220 Majadahonda
En taquilla de entrada de lunes a viernes de 10 a 14 horas

Centro de Yoga Sivananda Eraso 4, 28028 Madrid, Telef. 913 61 51 50
De lunes a viernes de 10 a 22 horas, sábado y domingo de 10 a 18 horas

El día del evento, desde las 9am en las taquillas del Teatro Nuevo Apolo
Tirso de Molina 1, 28012 Madrid

Para más información por favor enviar un mail a info@fundacionananta.org y contestaremos en el mismo día.

Os animamos a ser parte de este encuentro.

Con el afecto de siempre,

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Puedes comprar el libro de Elien en: http://www.editorialdharana.com/catalogo/reflexiones?sello=nous

Somos lo que comemos


En un rato nos vamos de viaje a Almería para participar en el encuentro nacional de Ecoaldeas. Antes de irme visualizaba de nuevo este video. La reflexión que podemos sacar de esta visión tiene, de alguna forma, que hacernos pensar, reflexionar. Estar atentos a todo cuanto hacemos, decimos y pensamos es difícil. Hay una emoción estremecedora cuando vemos toda esa crueldad inconsciente que vamos acumulando día a día. Nos quejamos del mundo pero no hacemos para por cambiarlo. Sólo tenemos que mirar nuestro plato de comida todos los días. ¿Cuantos gramos de crueldad hemos derrochado en nuestro paladar? ¿Cuantos cadáveres han entrado hoy por mi boca, acumulando muerte, sufrimiento y dolor en nuestros estómagos? Sí, nos quejamos, pero no hacemos nada. Preferimos seguir con nuestras costumbres y esperar que los otros cambien. Esta es la gran mentira de nuestro siglo. La irresponsabilidad de delegar en el otro lo que a nosotros nos corresponde. Vivimos en una insoportable hipocresía difícil de entender. Vivimos en un mal vivir del que no somos totalmente conscientes.

La verdad de la pura unidad


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Decía el Maestro Eckhart que las condiciones previas para lograr una consciencia absoluta son tener amor, despreocupación, paz y tranquilidad en el lugar donde estemos, cesando todas las actividades del cuerpo, no hablando en exceso, no escuchando lo burdo y torpe, no viendo lo irreal, eliminando toda pereza y todo cansancio. Y las recompensas por practicarlas, según el Maestro Eckhart, son la capacidad ampliada para ver más allá, la elevación hacia la maravillosa sabiduría divina y la eternidad sin tiempo y espacio, solo el presente (el “ahora”), que no es más que la penetración en la verdad de la pura unidad.

Esa penetración en la unidad es posible en condiciones favorables. Uno se da cuenta de que las rectas relaciones humanas no son una mera utopía. Es posible realizarlas si los valores que los sostienen nacen de la fraternidad, del cariño, de la comprensión, del anhelo de trabajar por un mundo más verdadero y justo. Es cierto que cada uno de nosotros somos diametralmente diferentes, pero es posible llegar a acuerdos de mínimos, a buscar un mismo fin humano desde esa unidad.

En O Couso estamos en fase experimental. Todo funciona bien, en armonía, paz y equilibrio gracias a la buena energía que entre todos creamos. Cuando llega el momento de marcharnos de aquí a todos nos cuesta. Cuando se está lejos existe una especie de melancolía grupal, como si algo bonito y único se hubiera tejido en la malla invisible de la condición humana. Hay una red donde los valores pueden compartirse sin dolor, sin sufrimiento, desde la felicidad y la paz más absoluta.

Ahora que tan sólo nos quedamos seis almas en el lugar es como si aún así esa fuerza que todos dejaron aquí siguiera viva. Aquí hemos tenido momentos de mucho amor, mucha despreocupación por los problemas y los abismos personales, una paz y un tranquilidad sincera. Por eso, como decía el Maestro Eckhart, era fácil llegar en algún momento de lucidez a una consciencia absoluta. Hemos podido gozar estos días de la capacidad de ver más allá, hemos elevado nuestros espíritus hacia ese egregor donde lo humano roza el estado angélico y donde las miradas se entrecruzan con esa complicidad propia de almas viejas. Hemos vivido inmersos en el eterno ahora, sin saber a qué día estábamos, ni qué hora del día transitaba en esos momentos. Cogíamos el pico y la pala, la azada en el huerto o nos fundíamos en un eterno abrazo y podíamos disfrutar inmensamente de cada segundo, de cada instante.

Siendo así, me preguntaba qué más se podía esperar de la vida. Y la respuesta siempre es inmediata: compartir todo esto con el resto. Alguien me lo decía en un mensaje: no dejéis de compartir todas vuestras vivencias. La experiencia nos está mostrando que otro camino es posible y que la única y verdadera posibilidad de que sea real es si tenemos la capacidad sincera de poder compartirlo. A eso nos debemos, desde el amor, desde la paz interior, desde el respeto absoluto. Nuestro verdadero gozo reside en esa misión. Nuestra verdadera tarea consiste en cumplir nuestra parte desde ese punto de partida. La vida tiene sentido cuando nos ofrecemos a los demás. El mundo cobra significado cuando hacemos de nuestro propósito vital una constante entrega al resto. Cuando eso ocurre, nace la visión de la verdadera y pura unidad.

 

Aquello que es justo para nuestra felicidad


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El otro día mientras trabajaba quitando grandes lajas de pizarra de la “ladeira” de la casa cayó una enorme encima de mi pie. Sentí un profundo dolor mientras observaba como todo se paraba de repente. Fuimos a urgencias, me hicieron una radiografía y por suerte solo tenía alguna pequeña fisura en uno de los dedos. Una semana de reposo y supuestamente como nuevo. El dolor fue intenso. La niña Francesca me preguntaba porqué no lloraba. Sostenía el dolor y le respondía que la meditación diaria a veces sirve para algo. Sobre todo para no perder la calma ni los nervios en momentos traumáticos, en tragedias a las que no sabes como responder como ser humano. Respiraba y miraba su inocencia con ese cariño que los adultos muestran en los infantes y dejaba que impusiera sus manos para sanar mi dolido pie.

El intenso golpe quiso parar mi ritmo. En cierta forma sentía que necesitaba unas pequeñas vacaciones y la vida forzó las mismas. No nos damos cuenta que cuando atendemos excesivas cosas perdemos la mirada sobre lo esencial. Creo que eso me estaba pasando. Mirando y atendiendo las diez mil cosas de la casa, las goteras del tejado, las maderas de las vigas, las piedras que hay que recolocar, el pensar cuando podremos tener ducha, agua corriente, electricidad, un lavabo en condiciones, una cocina, camas, suelos, nuevos tejados, ventanas, el atender las visitas, el estar con los amigos que llegan y se van… Son tantas y tantas cosas que a veces perdemos la perspectiva de lo verdadero y necesario y es entonces cuando la vida nos para con un accidente, con una enfermedad, con un acontecimiento traumático, con una depresión, una pérdida.

Cuando perdemos la perspectiva de nosotros mismos la vida nos recuerda que hay mucha más existencia de la que somos capaces de abarcar. Que debemos tener tiempo para nosotros, para nuestras limitaciones, nuestros sueños, nuestros deseos. Que debemos retirarnos de aquellas cosas que ya no producen satisfacción y arriesgar todo por aquello que nos da vida, ilusión, alegría, felicidad. No importan los costes de la perdida o la ganancia, lo que importa es que mientras perdemos o ganamos estamos haciendo aquello que es justo para nuestra felicidad.

Es importante comprender que no hemos venido a este mundo a sufrir, a padecer, a endiablarnos con esa mala suerte que aparentemente para nuestras vidas. Cuando recibí fuertemente el impacto de la piedra comprendí enseguida el mensaje. No me quejé, no lloré, no grité. Sólo acepté el mensaje, el aviso de que debía mostrar más atención a las cosas sencillas, disfrutar aún más de cada instante, de saber parar cuando estoy cansado y disfrutar de la pereza de no hacer nada si eso es lo que pide el cuerpo.

Así que eso haré esta semana de inmovilización. Disfrutar del “no hacer”, de mirar por la ventana el flujo continuo de vida, de ver como se mecen los árboles en su recorrido vital, de escuchar el grito del gallo y ver pasar las nubes hacia ese horizonte infinito. Me encantan estas cosas, como ahora, mientras escribo y la gata Gaia observa atenta el movimiento rápido de mis dedos sobre el teclado. Pone cara de curiosidad, de intriga, sin comprender en absoluto el acto creador de este instante. Pero atendiendo a cada uno de mis dedos con asombro. A veces la vida te pide que pares y que te asombres de las cosas simples, de las cosas ordinarias. A veces las desgracias sólo son avisos para que atendamos las cosas imprescindibles de la vida. A veces, como decía el otro día, es necesario andar despacio. 

Vivir es un viaje


 

 

Ayer bien entrada la tarde improvisamos un viaje a tierras de María Santísima. En el mediodía siempre hace un clima envidiable, y siempre es apetecible pasear por sus bellas tierras.
Esta mañana paseábamos por la sierra cordobesa y por la tarde terminamos cenando y durmiendo en casa de los generosos amigos P. y D., los cuales nos tratan siempre con verdadero cariño y amor.
Sin duda la vida es un viaje, y es hermoso celebrar la vida viajando, descubriendo y compartiendo. Es todo tan provisional e instantáneo. Y la vida pasa tan rápido…
¿Cómo eternizar cada instante? Ayer nos visitaba un ser maravilloso que está dispuesto a dejarlo todo por perseguir la utopía. A su edad ha descubierto que la vida es un instante que desea vivir completamente. Se ve en su alma limpia el deseo de disfrutar cada segundo no ya para metas egoístas o de autorealización. Desea compartir su vida con la vida. Ser expresión líquida con lo existente. Es cierto que la vida es única e irrepetible, de ahí nuestra responsabilidad para sacar las mejores experiencias. Gracias a los seres que hoy habéis compartido vuestra vida con la nuestra…

Séptimo aniversario de Editorial Séneca, GRACIAS A TODOS


Resulta difícil condensar en palabras todos estos años de aventuras culturales y literarias, de poesía comprometida y búsqueda continua de ese espíritu de los tiempos que nos dota de carácter y personalidad. Siete años de incertidumbre empresarial, pero también de renovada alegría personal y grupal por haber conseguido lo más difícil: ser mediadores.

Mediadores entre el cuerpo y el espíritu, entre el arte y la palabra, entre los creadores y los cocreadores, entre el duende que dicta la esencia de las cosas invisibles y aquellos que en sus espacios íntimos disfrutan de sus susurros.

Este no ha sido un proyecto individual, ha sido grupal, colectivo. Autores, editores, lectores, maquetadores, correctores, ilustradores, empresarios, amigos, mecenas, utópicos, amantes del arte y consumidores de belleza, de arte, de amistad, de amor. Crear cultura es traer al mundo esa cosa invisible que nos hace diferentes, pero que nos aproxima al sentimiento de unidad, de humanidad, de fraternidad. Por eso, a pesar de la crisis, a pesar de la dificultad, a pesar de todo, seguimos aquí un año más con renovada ilusión y preparando muchas más sorpresas para este año. Sorpresas que nos dotarán de la fortaleza suficiente para seguir adelante, juntos en este proyecto común, sincero, compartido, vuestro.

Gracias de corazón por confiar en nosotros, gracias de corazón por ser copartícipes de este proyecto vuestro. Gracias de corazón por seguir ahí año tras año… Gracias, gracias, gracias por este vuestro séptimo aniversario.

De vuelta…


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Existen muchos motivos para sacrificar la vida fácil a favor de la experiencia que nos ha de acercar aún más a nuestro particular camino. Incluso existen motivos suficientes para intentar acomodar la realidad a los requisitos de ese Camino, inmolando prioridades para que el largo plazo resulte potencialmente enriquecedor.

Tres días de viaje, primero atravesando toda Escocia e Inglaterra y luego dos días para atravesar toda Francia por las interminables nacionales que intentaban evitar los abusivos peajes y que a cambio nos regalaba la visión profunda de un país hermoso y aparentemente ordenado y cuidado. Ayer hicimos parada obligatoria en la Comunidad de Taizé, en la Borgoña francesa, donde pasamos unas horas orando con sus cantos y los miles de visitantes que estos días pasan allí su particular semana de experiencia. Acostumbrado a cantar en pequeños grupos, ayer fue emocionante ver a tantos miles de jóvenes en el modesto pero inmenso templo de Taizé orando y cantando tras un mismo mensaje de paz y unión fraternal.

Nos dio tiempo a visitar, a pocos kilómetros, la antigua e importante, en sus días, abadía de Cluny, la cual, en un tiempo memorable, fue cuna de una gran influencia intelectual y espiritual en Occidente, sosteniendo bajo su mandato a más de dos mil prioratos. Cuando hace años visité por primera vez estos lugares pude sostener cierta analogía entre la antigua influencia en el mundo espiritual de la Orden de Cluny y la ahora adoptada por la Comunidad de Taizé en el nuevo mundo espiritual. Es como si Taizé fuera una reminiscencia de la antigua Cluny que vuelve a manifestarse y a congregar a unos nostálgicos monjes vestidos de modernidad.

Curiosamente, siguiendo el hilo de las sincronías, en la Comunidad de Findhorn, donde todos los días sin excepción se cantan los cantos de Taizé, existe un lugar llamado Cluny, que fuera anteriormente palacio victoriano, hotel y ahora parte anexa de la comunidad. Allí he pasado todas estas últimas mañanas, trabajando en la cocina de la comunidad y aprendiendo la importancia de trabajar en paz y armonía.

Repasaba todo esto mientras llegábamos esta noche a la Costa Brava, casi exhaustos, cansados pero con muchas ganas de seguir adelante. Mañana de nuevo viajes y más viajes. Esta vez a Córdoba, donde iré a llevar a mis padres que pasarán en la casa familiar un mes de descanso. En un par de días regreso a Madrid y a seguir empujando a la vida hacia sus misterios más recónditos. Seguiremos vestidos de modernidad, aunque por dentro llevemos ese monje que trasgrede el tiempo y se reúne con sus hermanos época tras época.

El cansancio de todas las civilizaciones


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Hay días que nos sentimos cansados, muy cansados. No es un cansancio físico, ni vital. Es algo mayor. Es como si el cansancio de todas las civilizaciones, de todas las existencias, de toda la especie humana se ciñera sobre nosotros. Nietzsche lo llamaba el gran hastío. Algo así como un agotamiento metafísico que llega ante la impotencia de todo lo que hay por hacer, y la poca voluntad existente por mover un solo dedo ante el reto que se nos presenta como especie.

En estas fechas en las que el linaje de los embusteros parece no dar tregua, algunos se ríen ante esos grandes titulares donde aparece el escándalo de escuchas y países enteros espiados por vete tú a saber qué mecanismos de seguridad. ¿Pero acaso alguien lo dudaba? Y no en Reino Unido o Estados Unidos, ocurre en todas partes, a todas horas. Puedo dar fe y testimonio porque de alguna forma participé en esas siniestras entrañas del Leviatán. Pero os aseguro que eran otros tiempos.

Vivimos en un mundo mentiroso, de seres débiles que frecuentan la moralina del resentimiento. Realmente todo este mundo, este imperio que hemos creado y cuyos cimientos están carcomidos por la podredumbre no tiene muchos atisbos de futuro. A no ser que creamos fielmente en la espera, en la esperanza, o en la acción irremediable de la rebeldía metafísica, y todos, absolutamente todos, nos volvamos de repente seres profundamente espirituales, despiertos, vivos, responsables y comprometidos con nuestra raza humana y con nuestra madre naturaleza.

Pero esta es la descripción pesimista de un mustio y consternado melancólico que asume su rol de indignado cuando se da una vuelta por el mundo, lejos del paraíso del laborioso trabajo de lo armónico. ¿Qué ocurre ahí fuera, cuando asomamos tímidamente la cabeza lejos de la quinta dimensión donde habitan ángeles y devas?

Ocurre que dentro del horror de todo lo que pasa calladamente en los barrios que viven ciegos a la macilenta realidad, a veces nacen flores entre el asfalto, o se escucha el tímido y leve silbido de un gorrión o podemos contemplar la sonrisa abierta de un recién nacido. Y entonces nos acordamos de la esperanza, de la regeneración que nace de lo podrido y lo muerto y de la vida que retorna una y otra vez, día tras día, vida tras vida, galaxia tras galaxia.

Por eso el cansancio del que hablábamos antes podrá ser digerido en cuanto volvamos a salir a la calle y nos reencontremos con el infinito anhelo de la existencia. ¿Estáis cansados? Dormid, desconectad la máquina, respirar profundamente y buscad vuestra flor en el asfalto. Mañana vendrá el nuevo día cargado de esperanza, de espera, o de acción irremediable…

El anacrónico día de la mujer


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En un mundo extemporáneo como el nuestro resulta casi un insulto dedicar un día a la mujer. Hipócrita, falso y humillante. Denigra en primer término a las personas humanas, independientemente de su género. Es como si un día la ONU declarara cualquier momento el día del negro o el día de los arios. Es cierto que históricamente la mujer ha sido humillada, ultrajada, mancillada, lapidada, agraviada, ofendida, vejada, deshonrada, violada, maltratada y cientos de crímenes más que podríamos enumerar desde el origen de los tiempos. Pero acaso, ¿no estamos haciendo lo mismo cuando destacamos un día específico para ellas?

Nunca me ha gustado hablar en términos de género. Siempre he preferido usar al ser humano como medida de su condición, y no diferenciar entre hombres o mujeres, aunque ciertamente mil años de costumbres hayan podido confundir el vocabulario, las expresiones o incluso los pensamientos tan arraigados en el machismo de una sociedad enferma como la nuestra. También es cierto que hay mujeres (y hombres) que han luchado destacadamente por sus derechos. Pero insisto, no era por sus derechos de género, sino por los derechos de cualquier ser humano que se considere digno de ser llamado así.

¿Y por qué ahora seguimos denigrando a la mujer de forma tan encubierta? ¿Por qué hacemos una fiesta de lo que debería ser una normalidad? ¿O es que acaso nuestra hipócrita sociedad se da cuenta de su propia falsa y reclama para sí misma la festividad y el reconocimiento oportuno?

¿En qué clase de mentalidad arcaica estamos perviviendo? ¿En qué clase de burla o miserable subconsciente nos manejamos? Claro que las mujeres merecen todos los derechos y oportunidades, claro que históricamente eso no ha sido así, claro que todos somos iguales en obligaciones y derechos y oportunidades. ¿Pero acaso no debería ser eso el fundamento de toda sociedad civilizada? ¿Y por qué lo seguimos poniendo en duda aclamando, golpes en pecho, el día de la mujer? Y en todo caso, ¿qué pasa con los hombres? ¿Por qué no celebramos el día del ser humano y dejamos de una vez nuestro machismo prepotente y soterrado al margen?

No son suicidios, son asesinatos


De nuevo en la calle. Las últimas muertes desesperadas justifican que estemos de nuevo aquí. ¿Qué otra cosa podemos hacer? También he perdido mi casa en esta crisis, así que puedo empatizar con este problema en primera persona. Y de nuevo somos legión… Un abrazo desde Paseo de Recoletos…

Éramos diez, ahora somos legión


Gran Vía. Ha prendido la mecha. Son casi las diez. La gente se une eufórica. Éramos pocos. Ahora somos legión…

Pd unas horas después… Estoy ya en casa, algo cansado, muy cansado. Fuera hacía mucho frío aunque por un momento de euforia en la Gran Vía creía por un momento que la primavera había llegado. El helicóptero sigue zumbando encima de Madrid. Eso significa que algunos muchachos aún andaban dando vueltas y cortando calles. Hemos hecho un gran recorrido donde cada vez más se unía más gente. La estrategia, a diferencia del año pasado, ha cambiado. Sol ha dejado de ser una referencia. La gente se ha dado cuenta de que aquel lugar servía de ratonera perfecta. Hoy se han buscado calles anchas como el Paseo de Recoletos o la Gran Vía. Íbamos paseando de un lado para otro, volviendo una y otra vez hasta Génova desde diferentes lugares, sin parar más de cinco minutos en ningún lugar y así evitar las desmesuradas cargas policiales.

Pero la sensación, además de cansancio, sigue siendo de impotencia. Ya no es suficiente salir a la calle. Llevamos así desde el 15 de mayo de 2011. Y la triste realidad es que no se ha conseguido nada. Más bien todo lo contrarío porque las cosas siguen empeorando día a día. ¿Qué más podemos hacer? ¿Qué más se puede hacer?

Con tanta luz, parece un puticlub


Hasta los policías se ríen con algunas de las proclamas:
«así va España, con tanta alimaña»…
«eo, eo, eo, nos vamos de paseo»…
En fin… La gente que está aquí se pregunta, entre otras cosas, donde están los seis millones de parados… entre otros… Si la sal de este mundo no sala… ¿quien lo hará?

De nuevo en Génova


No deja de ser paradójico que cuando salía hacia la revolución me tropezara con mi vecina Esperanza Aguirre, que vive puerta con puerta a mi zulito. Ley de opuestos, que diría el Tres Veces Grande. Hace frío, pero los gritos del «pueblo» avivan la hoguera…

Desde Génova


Algunos españoles hemos venido a reivindicar nuestro sobre. Al grito de dimisión y ladrones, sigue siendo aún todo muy anecdótico. ¿Donde está la gente? Sigue siendo un misterio sociológico.

Nos equivocamos


De pequeños siempre nos frenaban si íbamos demasiado rápido o nos empujaban si éramos lentos. Luego en el colegio nos llamaban vagos si sacábamos un cero o insuficientes si no llegábamos al tres. En el instituto, tenias que sacar un cinco o te convertías en el estigmatizado repetidor. En la universidad solo eras algo si llegabas al notable y luego te pedían la excelencia en el master o el cum lauden en la tesis doctoral.
Luego en la vida social sólo gozabas de éxito si tenias un buen puesto de trabajo que te permitiera conquistar a la mejor pareja, comprar la mejor casa y tener el mejor coche.
Y luego no eras nada si no comprabas una segunda residencia y tu hijo estudiaba un año académico en Londres o Canada.
Ahora, pasado nuestro tiempo nos damos cuenta de que algo hicimos mal. De que se equivocaron con nosotros al no respetar nuestros ritmos de niños y nuestros anhelos de jóvenes y de que nosotros caímos en la misma trampa.
Despreciamos la palabra libertad podando nuestra vida con las tijeras del qué dirán y amputando nuestros deseos profundos con la esencia de la normalidad.
Nos inyectaron la norma y la competitividad y nos convirtieron en egoístas marionetas de un perverso y oscuro sistema.
Pero llega el tiempo del optimismo, del cambio de paradigma y del aniquilamiento de las viejas y caducas estructuras. Llega el momento de la rebelión metafísica, de la conspiración silenciosa y de la autoconfirmación de nuestros anhelos. Ya nada ni nadie podrá domarnos. Nada ni nadie podrá guiar nuestro destino. Llegó el momento. Llegó nuestro momento.

Surcos en el mar


Los habitantes del agua crean surcos en las olas del mar. Navegan labrando sus profundidades y espaciando semillas de almas brillantes con deseos de crecer hacia todas las orillas. Crean proezas y esperanza.
Estas letras son sonetos que intentan colarse entre las noticias de guerra en Mali, la podredumbre de una generación corrupta no solo política, también social, de los egoísmos periféricos… Violencia por todas partes, y ante ella, sonetos, poesía y surcos en la mar…

Lo que nos transforma


A las siete sonaba el despertador y pocos minutos después andaba de nuevo en la carretera donde hoy al mediodía haré entrega en Granada de un lote de libros.
Mientras veo amanecer entre molinos y campos de Castilla La Mancha me viene a la memoria la hermosa charla de Agustin y Ramiro. Especialmente cuando Ramiro insistía, y quizás por eso también lo haga yo, que en la vida solo es valido aquello que nos transforma.
Los sinceros buscadores muchas veces se pierden en conjeturas y dilaciones sin penetrar la verdadera transformación. Y esta enseñanza del conocernos a nosotros mismos para así conocer a Dios solo puede ser valida cuando somos capaces de aplicarla en la vida diaria. En lo sublime de la vida diaria, en los pequeños gestos de lo cotidiano.
Lo que verdaderamente nos engrandece y transforma como seres humanos es nuestra capacidad para ser amables con nuestro entorno, para llevar a cada rincón un trozo de luz y alegría allí donde mas falta haga.
Esa debería ser nuestra mayor expectativa vital. El ofrecer lo mejor de nosotros mismos en el trabajo, en la familia, en la comunidad, con el prójimo y la prójima. Compartir y ayudar de forma inteligente a aquellos que lo necesiten. Y quiero subrayar la palabra «inteligente» para que la ayuda no se convierta en un obstáculo para nosotros y para quien la recibe.
Estas cosas me vienen a la cabeza y al corazón mientras viajo al sur, al antiguo y deseado reino de Granada.