No deja de ser paradójico que cuando salía hacia la revolución me tropezara con mi vecina Esperanza Aguirre, que vive puerta con puerta a mi zulito. Ley de opuestos, que diría el Tres Veces Grande. Hace frío, pero los gritos del «pueblo» avivan la hoguera…

¿a que a su marido no le ves?
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