Hacer posible lo imposible…


Sigur Ros me acompaña en esa melancólica soledad cuyo discurso arrasa con cualquier duda o atisbo. El momento yermo se colma de gratitud ante la incerteza de lo imposible… Aún así, en este tiempo, es posible conectar con el corazón libre, dejando los suspiros de hace tiempo para poetas y adivinos. ¿Se imaginan poder escuchar el sonido de una flauta en mitad de un desierto? En el desierto del Gobi tuve esa sensación… Me alejé del campamento base, incurriendo en la imprudencia de avanzar en la oscuridad de la noche sobre una multitud de incertidumbres. La primera sensación es de miedo, y la oscuridad sólo puede ser vencida ante la valentía de un caminar seguro. Luego, a medida que te alejas del calor del grupo y ya no escuchas el griterío ni percibes las luces del campamento, cierto terror se apodera de uno, siendo la disciplina y el autocontrol la única salvaguarda posible. Y luego… la calma, una calma profunda y extraña, como si todo lo que existiera estuviera condensado en ese momento, en ese lugar… las estrellas, los universos, los seres sintientes, el murmuro de todo cuanto existe escuchado en una melodía próxima. Cuando ocurre eso, cuando sientes la síntesis de todas las cosas posibles, entiendes que lo imposible también está permitido… somos dioses… y lo hemos olvidado…
(Foto: Pasos perdidos en el Desierto del Gobi, Mongolia, junio de 2007)

2 respuestas a «Hacer posible lo imposible…»

  1. A propósito de Mongolia, en la meditación de Escorpio de antes de ayer se reunieron 60 personas (!!). El grupo va a más. Contó con una excelente introducción y epílogo de Jorge Carvajal. Abrazo

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