Siempre me ha parecido una falacia el término o la idea de búsqueda de la verdad, como si la verdad fuera un requisito imprescindible para proclamar como válidas nuestras posturas e ideas en nombre, precisamente, de esa búsqueda incansable. Y la realidad, así como la verdad, son elementos que se construyen a partir de nuestra subjetividad, la cual, viene determinada por nuestra memoria, nuestros sentidos y nuestro lenguaje. Pensamos según recordamos y actuamos según nuestras creencias, construcciones teóricas e irracionales nacidas de nuestras experiencias pasadas, de nuestros traumas, de nuestros miedos. Y a esa realidad dibujada en nuestra mente de forma confusa y atormentada la llamamos verdad. Todos los días vemos discusiones a cualquier nivel en nombre de una supuesta verdad. Incluso a veces, de una supuesta realidad. Pero la realidad es una construcción mental, una mentira ilusoria desvirtuada por la luz de las otras «verdades» que plácidamente hacemos nuestras a cual dormideras.
Aquí vemos un claro ejemplo de juegos del lenguaje, donde cada cual utiliza sus palabras para legitimar sus ideas. Volvemos a repetir lo mismo: ¿qué verdad, de qué realidad? Recordemos de nuevo a Wittgenstein y sus juegos del lenguaje, donde cada sujeto construye su realidad según la ha mamado. Pero insisto… ¿qué realidad?
(Foto: Realidad distorsionada. La luna vista desde otra perspectiva, esta vez conduciendo hacia Barcelona, enero de 2009)

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