Jaimito y su puta madre en el trampolín de la muerte…


La frase no es mía pero se la escucho decir con esa gracia que le caracteriza a un amigo afamado. Y hoy me apropio de ella porque estos días se cruzan por mi vida muchos Jaimitos que les gusta jugar y tantear el destino en el trampolín de la muerte, saltando a diestro y siniestro encima de él para tentar aún más su suerte. Además, lo hacen recordando aquella frase de Nietszche que tanto me gusta: cuando algo esté a punto de caerse, empújale. Así que empujar a Jaimito cuando hace malabares que lo único que pretenden es acabar con la escena cayendo al vacío es un favor que se le debe. No es por maldad, sino por compasión. Hay cosas que no se pueden tolerar como el engaño, el odio o el interés personal por encima del colectivo, así que lo mejor es que Jaimito caiga por su propio peso, soplando un poquito por aquí y por allá para ver si tropieza de una vez. Y ese Jaimito podemos ser cada uno de nosotros en situaciones absurdas, estúpidas, sin sentido, que requieren un tropiezo a gran escala para volver a situarnos en nuestro centro. Ese Jaimito, utilizando de nuevo el plano de lo simbólico, porque a estas alturas, para qué hablar claro si lo claro asusta y no se entiende, puede ser cualquiera en una situación de indecisión, de cobardía, de idiotez absoluta, donde lo único que necesita, ya sea por fuerzas externas o por movimientos internos de cada uno, es un pequeño empujoncito. Pues eso, sigamos con nuestros malabares hasta que alguien o algo nos ponga en nuestro correcto camino…

Una respuesta a «»

  1. En poca o gran escala nos has identificado a todos queriendo o sin querer, sin meter o metiendo la pata siempre necesitaremos ese empujón de corrección. Pero algunos/as lo hacen por pura maldad ¿Qué empujón se merecen? ….. Solo hay que esperar Me ha parecido muy interesante al igual que divertido Un saludo Javier

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