Viví cerca del mar y portentosamente en lo alto de cualquier montaña. Sentí el helado gemido de la noche quebrada y penetré en los abismos de la oscuridad brillante. Sentí la brisa y el llanto y no supe reaccionar a tiempo para valorar el final feliz. La fortuna se estremece, la paz inunda el silencio. El alma se muere de soledad, pero el alma resucita ante una mirada cualquiera, una mirada intensa que comunica la esperanza de un mañana posible… Hoy es un día para mirar, para penetrar en el instante de la ocasión única todo aquello cuanto merezca la pena… El alma se muere, pero resucita ante el encuentro inevitable…

Gatito, no estés triste que desde los madriles Pedro y yo te mandamos un abrazo y un guiño! 🙂
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preciosa foto ¡¡
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