Papá, de mayor quiero un «Mersedes»


La morosidad ha entrado en un círculo a cual pescadilla devorando su propia colita de la cual es difícil salir. Hace unos meses, los viernes por la tarde un famoso humorista reflejaba esa realidad cuando dos amigos se encontraban y uno le demandaba a otro que le pagara una vieja deuda y el otro, con cara de hola y adiós decía eso de «mañana»… Nunca pensé que yo mismo, tan acostumbrado a pagar siempre por adelantado cualquier cosa, llegara a caer en ese concurrente «mañana» tan plagado de promesas. Burofax reclamando deuda, llamadas a todas horas y algunas con amenazas, abogados, rompepiernas, en fin, la construcción de la casa y la quiebra de mi constructor me dejó en una situación alta delicada que aún no he solucionado del todo, quedando algunos «mañanas» por cumplir. Ayer ocurrió una anécdota que me hizo reflexionar sobre nuestras decisiones y lo que ellas implican. Siempre intento pagar a unos y otros aunque sea algo para que todos vayamos tirando, mientras que a su vez yo mismo espero que terceros me paguen a mí y las cosas no se demoren en el tiempo y todos podamos ir tirando gracias a la filosofía del apoyo mutuo en tiempos difíciles. A veces es complicado decidir a quién vas a pagar antes o después. Pues ayer me llamó alguien solicitando que le liquidara cuanto antes la deuda pendiente. Su tono me pareció tan amenazante que incluso me asusté, así que cogí todo el dinero que me quedaba en el bolsillo y fui a pagar todo cuanto le debía. Lo asombroso, lo increíble, es que antes del tono amenazante hubo un tono de súplica y reproche, diciendo que no tenía dinero, en fin, algo patético porque dinero no tenemos nadie con esta dichosa crisis y todos debemos comprender que los pagos se están retrasando hasta que salgamos de los baches del camino y nos pongamos al día y todo se regularice de nuevo. Pues decía sobre lo asombroso… cuando fui a pagar a este buen hombre y vio con cierta alegría y satisfacción que le liquidaba la deuda pendiente, empezó a embaucarme con el discurso de que son malos tiempos, de que los clientes no pagan, de que hay poco trabajo, de que todo está muy mal… Hasta veinte minutos de diálogo describiendo lo mal de la situación cuando al terminar, me dice: «A ti te gustan los coches, ¿verdad?» A continuación fuimos a la calle y me enseñó su última adquisición: un coche deportivo de lujo de trescientos caballos y cuyo precio en el mercado supera los cien mil euros… Me quedé helado… «¿Te gusta mi nuevo coche?» Sentí como me derrumbaba por dentro… No entendí nada. Estaba claro que ese dinero era suyo y que cada uno hace con su dinero lo que le da la gana. Lo que no me quedaba claro es que para recuperarlo utilizara artimañas mafiosas para luego, una vez recuperado, sacara a relucir el tema del coche, con una falta de tacto y sensibilidad fuera de lo común. Me pareció todo tan ridículo que me fuí helado y sin palabras, ya que había decidido pagar a este hombre antes que a otros que a lo mejor realmente necesitan más ese dinero.
Esa anécdota me hizo recordar otra duda ética. Trata de si es mi responsabilidad pagar a aquellos que el constructor de mi casa dejó tirados y no pagó y que ahora me reclaman a mí ese dinero cuando yo se lo había adelantado al constructor y cuando, además, he tenido que volver a contratar esos servicios porque no fueron acabados o simplemente fueron abandonados, costándome la casa casi el doble de lo que debería haber costado y con la mitad de las calidades con las que había pactado (de ahí mi particular crisis en la gran crisis mundial). En fin… ya nada de eso me importa excepto quedar bien con mi conciencia y dejar de pensar en este asunto escabroso que tantos quebraderos de cabeza me ha dado… Todo se andará… soy optimista…

(Foto: Con mi hermano Iván montando muebles baratos del Ikea como forma de adaptación al medio crítico).

3 respuestas a «Papá, de mayor quiero un «Mersedes»»

  1. A los franceses y a los alemanes no les gusta endeudarse y (qué curioso) no les está machacando tanto la crisis…Yo creo que el «mañana» es un tema recurrente en España. Orwell decía que durante la Guerra Civil todo llegaba «mañana»-tanques y provisiones necesarias, efectivos de cualquier tipo… y claro, aquello no aparecía jamás.No te preocupes que la próxima vez que coincidamos (no mañana pero espero que pronto) me toca a mí invitarte a un café (;

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