Buceando en un texto de budismo zen me he encontrado con un texto cristiano muy hermoso. Habla sobre la caridad o el amor, y quiero compartirlo para la reflexión. Hay textos, independientemente de su procedencia, que merecen ser leídos y pensados. Espero que os guste.
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
(Epístola a los Corintios, 13)

Así es Javier, la caridad, el amor, no pasa, no se acaba nunca!Gracias por compartir este bello texto.Abrazos desde el almaMaria
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Gracias, es preciosoUn abrazo 🙂
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