El vuelo zen


Estimada M.,

Muy interesante esa disyuntiva entre el cristianismo, entiendo, y la posibilidad de mudar de chaqueta fenoménica a otra religión. Muchos sabios lo hicieron antes y muchos lo harán, no hay nada de malo. Guenon, al que Mario admira mucho, lo hizo sin mayor pudor tras años y años de investigación místico-espiritual. El verdadero camino está debajo de tus pies, lo demás, como digo, son fenómenos que nos ayudan a entender la realidad infinita en la que estamos sumergidos gracias a esa encerrona que la naturaleza nos puso: la inteligencia y la autoconsciencia. De ahí que ser de una u otra religión es como decir que vivimos en Japón o Australia. Son manifestaciones culturales para entender o interpretar las manifestaciones llamadas espirituales. Quitando por lo tanto la palabrería, seas lo que seas, estés donde estés, no dejes nunca de caminar. La inteligencia se manifiesta precisamente aupando momentos de agudeza visual, vislumbrando ese monte allá en frente y atrevernos a escalarlo con la esperanza de que más allá del mismo, habrá infinitos caminos y posibilidades. Si pensamos que todo es estático y que ya nos va bien como estamos, estamos yendo contra natura. La vida es dinámica, adquiere diferentes formas y sobrevive gracias a que se adapta a cualquier medio. Está en todos los elementos y de alguna forma pervive porque no hace ascos ni a musulmanes ni presbiterianos, ni a moscas ni alcachofas. Está ahí, en todas partes. Y mantener la vida, reproducirla, alimentarla, es una proeza que, añadiendo inteligencia, produce placer y admiración. Comprendo que pueda resulta difícil, dadas tus limitaciones físicas, el poder entonar un brindis a la vida en todas sus posibilidades. No te recluyas en esa idea. He conocido a monjes tibetanos que son capaces de percibir la vida en su más profunda dimensión sentados en una silla, meditando, contemplando, respirando. Siente el pulso y el compás de esa respiración y ya habrás ganado cien maratones y doscientas medallas. Así, siendo conscientes de la vida que nos atraviesa y nos alimenta, de esa que nos permite ver y respirar, penetramos en algo más que el simple hecho de vivir. Si somos capaces de vislumbrar un solo rayo de luz y separarlo de los demás, subirnos al mismo y atravesar el cosmos infinito galopando entre sus fotones de iluminación, habremos conseguido algo mucho más grande, hermoso y primordial de todo cuanto conocemos. Habremos escapado a las limitaciones de nuestra generación y habremos adelantado en miles de años la función principal de nuestra naturaleza humana: la imaginación creativa. Y esa imaginación creativa que algunos cuerdos tildan de locura y otros de extravagancia no es más que la aproximación más humana a eso que algunos llaman el estadio angélico. Es como rozar el ala de un ángel que sólo viviera en nuestras mentes para desarrollar, a continuación, un trozo de pluma tras nuestras espaldas. Einstein dijo: si no chocamos contra la razón nunca llegaremos a nada. Que bonito sería poder estar allí, navegando continuamente y rozando estadios angélicos. Siéntate junto a los tuyos, abrazaros y miramos cara a cara. Empezad el viaje…

2 respuestas a «El vuelo zen»

  1. "Más allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia,se encuentra la realidad Substancial, la Verdad Fundamental"."Lo que constituye la Verdad fundamental, la Realidad substancial, está más alláde toda denominación pero el sabio lo llama el TODO".El TODO es mente viviente e infinita, los iluminados lo llaman Espíritu.EL KYBALION. EL KYBALION.

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