El hombre estuvo hasta ocho horas sentado, sin inclinar la cabeza ni para un lado ni para otro, buscando en el centro de la posición la verticalidad suficiente para conducir sus energías y fusionarlas con el cosmos. Esa quietud inmóvil, física, emocional y mental, junto con un elevado control de la respiración, eran la clave para acercarse a lo que los orientales llaman samadhi, satori o iluminación. Más allá de las formas, de las apariencias, de la ilusión, del maya, estaba la rectitud contemplativa del infinito. Sin embargo, en la hora séptima, se le apareció una gallina que aseguraba ser la reencarnación viva del mismísimo Buda. La gallina búdica le suplicó que extendiera su mano para poder ver de cerca cuanto había el aspirante progresado en su meditación. El hombre, sin inclinar su eje vertical, extendió la mano hacia el gallinazo iluminado mientras que al mismo tiempo recibía, justo en el hombro izquierdo, un gran golpe propiciado por su mentor. «Maestro, se apareció el Buda con forma de gallina». «Mata al buda», le increpó el maestro. Y matar al Buda es matar a la ilusión, es matar las imágenes que formamos en nuestra mente, es matar los prejuicios, los temores, los miedos. Todo forma parte de la ilusión, del teatro al que nos debemos, en el que nos movemos y tenemos nuestro ser. Unos parecen altos y otros bajos, unos parecen guapos y otros feos, pero lo único cierto es que tras la apariencia, se esconde una chispa de vida que desea transmitir urgencia. La mujer le pide al hombre que sea firme en sus decisiones, en sus actos, que sea inquebrantable y dirija su vida con seguridad, en ese eje vertical que conecta su centro con el infinito. Sólo así la mujer puede bailar la danza de Shiva y avivar el fuego en ese espacio de seguridad. Pero puede ocurrir que el hombre se deje arrastrar por la ilusión y olvide matar al Buda, y extienda su mano a cualquier gallinazo aparentemente iluminado por la radiante luz… solar…

¡No he entendío na!
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yo tampoco
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que poca conexión tenéis… está muy claro, la gallina es Fofito y la gallinita dijo eureka… por eso el maestro quería matar la gallinita, para que dejara de decir eureka y de paso, acabara en la olla, en un estofado…
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Gracias, pencil, qué torpeza no adivinarlo. Conque era fofito… Este jodido fofito aparece por todas partes. Se podía ir de vacaciones.
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