Sobre la incomodidad de amar a nuestros enemigos


Cuando las palabras resultan cómodas, todos nos sentimos seguros. Nos encanta que nos susurren al oído cosas bonitas, agradables, sensatas. Los enamorados recrean ese juego con cierta gracia: más se enamoran cuanto más endulzan las palabras. Pero ocurre que más allá de nuestras cómodas realidades, más allá de los encantos del empalagoso testimonio de nuestro amor, existe un mundo doloroso, sufriente, maldecido por la epidemia de la sinrazón y la barbarie. Existe un mundo más allá de nuestro mundo. ¿Lo pueden creer? La pregunta les parecerá irónica y estúpida, pero presten atención al sufrimiento más terrible que pueda estar ocurriendo ahora, en este instante. Indaguen por un segundo sobre la barbarie más horrorosa que esté pasando en cualquier parte del mundo, y digan, por asomo, cuanta empatía y compasión han sentido por ese momento. Realmente no podemos creer que exista ese otro mundo porque jamás lo hemos vivido cerca, ni siquiera por el asomo de imaginarlo.
Bastaba que habláramos del materialismo espiritual en el primer artículo para todos sentirnos verdaderamente agusto con nuestras recetas, con nuestros argumentos, con nuestras creencias. Algunos las vendíamos al por mayor. Recetas para adormecer, recetas para despertar, recetas para iluminar, recetas para creernos verdaderamente útiles y eficaces. Vimos un abanico de argumentos, críticas feroces y simpáticas teorías para pensar que lo correcto era hablar sobre tal o cual cosa, especular sobre el sexo de los ángeles o la penetrante visión de cualquier mesías de turno. Pero en el segundo diván, girando a mano izquierda, nos topamos de repente con palabras malsonantes que agitaban en cierta forma todo nuestro marco de seguridad. Como era de esperar, todos mostraron sus facetas, y algunos hasta sus fauces y tragaderos, ya fueran nacientes del orgullo, el miedo o la ignorancia. La razón es obvia. No hay sonido más ensordecedor, más orgulloso, miedoso e ignorante que aquel que se expresa con palabras que no vienen acompañadas por actos. Y nosotros, que tanto nos gusta hablar tras una máscara virtual, filosofar sobre las razones de la vida y la existencia, juzgar y prejuzgar con gracia o ironía qué está más a la izquierda de lo correcto y qué más a la derecha de lo singular, sentimos que estamos salvados, porque razonamos mejor, porque criticamos mejor, porque alabamos mejor, pero sobre todo, porque nos escondemos, tras la máscara, de nosotros mismos.
Nadie juzgó a nadie, nadie utilizó a nadie, todos nos expresamos. Había dos palabras que juntas zumbaban mal en nuestros oídos en el segundo encuentro: Jesús y homosexualidad. Fueron elegidas expresamente, y ahí la trampa. Cada uno tenía sus razones para pensar que estaban por encima del bien y del mal. Pero a partir de ahí, sin que el artículo hablara ni de lo uno ni de lo otro, en nuestro subconsciente empezaron a recrearse situaciones incómodas, a veces incluso de pánico.
Hay tótems en nuestras inamovibles vidas que no pueden ser tocados. Son dioses, y por lo tanto, así deben permanecer. No había más intención en la voluntariosa elección que la de agitar esos tótems sagrados para que reluciera el polvo que los estaba enterrando. Y fue ahí cuando el materialismo espiritual quedó al descubierto y membrado por los sinsabores de la crueldad metafísica. Fue precisamente en ese instante cuando de repente nos vimos desnudos ante una sala de horrores nacida de nuestra nostálgica hipocresía.
¿Qué es ser espiritual entonces? Nadie lo sabe, sin embargo, y ya que hablamos el otro día de Jesús el Cristo, él mismo nos dio algunas pistas: “Amaros los unos a los otros”, “amad a vuestros enemigos”, “haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian”. Su mensaje tiene tanta fuerza que preferimos olvidarlo porque es un mensaje incómodo. ¿Cómo amar a nuestros enemigos? ¿Cómo bendecir a los que nos maldicen? Eso crea incertidumbre, y como mínimo, imposibilidad. Nuestro espíritu, que es pobre, no puede asumir el peso de tanta responsabilidad. Vivimos en el orbe de nuestras cargas y miserias, y con tanto peso, no queda espacio, ni tiempo, para volcarnos sobre el acierto de sentirnos indignos ante el Infierno o la Gloria. Somos moradores de nuestros desiertos y preferimos seguir a nuestras anchas con tal de que el “otro” no nos incomode. Y amar es incómodo, más aún cuando se trata de nuestro enemigo disfrazado del nefasto vecino, de nuestro indomable extranjero, de nuestro cualquiera, con tal de culpar al otro por nuestros errores y fracasos. Es la curiosa experiencia de la muerte… aún cuando estamos vivos.
Pero el asunto es más peliagudo. No se trata de que seamos más o menos espirituales. ¿Cómo demostrar lo contrario? Se trata de observar nuestras vidas, de mirarnos al espejo con un catálogo de razones obvias, de acciones que nos hagan enorgullecernos de ese producto humano que tenemos frente a nosotros, de ese día que pasa, de ese otro al que hoy hemos, o no, ayudado. Y una vez fuera del espejo, tener la capacidad suficiente de salir al mundo, y contemplarlo con la misma fijeza y amor con la que hemos mirado nuestro rostro.
Es difícil saber qué es espiritual y qué no lo es. No es algo que se pueda enseñar o diseñar, sino más bien, es algo que debe ser experimentado en lo profundo de nosotros mismos. Pero cuando miramos al mundo, ¿cuántos nos creemos aptos para espiritualizarlo? ¿No se trataba entonces de amar a nuestro enemigo? ¿Y no hay mayor enemigo que el hambre, la precariedad, las injusticias, las lapidaciones, los fanatismos, el egoísmo, todo cuanto está ocurriendo ahí fuera? No, hay un enemigo aún peor… y somos nosotros mismos… ¿Y como amar a nuestro peor enemigo? No nos conocemos a nosotros mismos, nosotros los conocedores… Por eso, preferimos seguir viviendo en nuestras cómodas plazas, en nuestros bonitos rellanos y pasillos adornados de lugares comunes. Y el mundo virtual que creamos a nuestro alrededor resulta ser aún mucho más cómodo y seguro, alejándonos en todo momento de la incertidumbre y el dolor de ahí fuera. Es la maldita ambición plebeya, es la jerarquía que nos imponemos con tal de sopesar hasta qué punto el mundo nos pertenece.
La fosa ya está cavada. No es necesario precipitarnos hacia ella. Ella vendrá a buscarnos en cualquier momento. Nuestro linaje nos empujará a su encuentro, pues corre por nuestras venas la muerte en vida. Y en el reino de las estrellas nos observan con cierta impaciencia, e incluso, a veces, con cierta demora y hasta tristeza… ¿Cuándo brillarán como nosotros? Se interrogan… ¿Cuándo alcanzarán nuestra plenitud? Qué difícil resulta en máquinas autómatas, cuyo único recuerdo es bucear en las entrañas de la esclavitud que nosotros mismos nos hemos impuesto. Ese muro de creencias que nos reconfortan, esa migraña incómoda que es el mundo y que toleramos a base de aspirinas calmantes de angustias. ¿Dónde está la bondad hacia el mundo? ¿Dónde quedó la misericordia hacia los condenados? ¿Qué haremos hoy para salvar al que nos quitó la túnica?
Sigamos disfrutando… acomodemos nuestra vida y huyamos de los desafíos… Sigamos pensando sí Jesús era o no homosexual, interrogándonos sobre frases estúpidas, pensamientos diáfanos, creencias que aborrecen el verdadero espíritu de la trascendencia y la libertad de sentirnos realmente vivos. Sigamos poseídos por nuestros propios demonios, como el hombre de Gerasa, que vivía desnudo y endiablado. Busquemos nuestra propia piara de cerdos con la esperanza de que sean poseídos por nuestras legiones inmundas y acaben todos ahogados en el lago.
No hay mayor ignorancia mórbida que la hipocresía que nos alienta a ser lo que somos, a pensar lo que pensamos y a creer lo que creemos.
¿Cuándo nos vamos a trascender? ¿Cuándo nos vamos a superar? ¿Cuándo vamos a comportarnos como dioses? Para los espíritus buenos, esos que actúan e interactúan en la realidad sintiéndose cómplices de todo lo que ocurre, creyendo en la posibilidad de cambio y de justicia, todo nuestro mayor respeto y admiración… Para los otros, esos que nos sentamos en nuestra cómoda posición de muertos vivientes, para esos, todo nuestro amor, porque son ellos, realmente, nuestro peor enemigo. Que el alba nos proteja y nos anime… Espero haber sido incómodo, o al menos, algo aguafiestas. La próxima prometo ser más dulce, como esos enamorados que se susurran cosas bonitas al oído.

4 respuestas a «Sobre la incomodidad de amar a nuestros enemigos»

  1. Jesús dijo que amáramos a nuestros enemigos, pero no a los enemigos de Dios. ¿Podríamos amar a Satanás? Dios no perdonó a Judas, porque fue tan mezquino que lo vendió por unas monedas. Pero sí perdonó a Pedro, aunque lo negó tres veces. ¿Veis la diferencia?Jesús dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Pero no pidió el perdón para los que mandaron crucificarlo.A continuación escribo uno de los Mensajes de los libros de Ana García de Cuenca:No hay palabras en la Tierra para poder decir el valor de estos libros. La cobardía del hombre los ha tenido ocultos. Dios da la libertad, hasta que a la libertad inclina a que sea su derrota. Dios no tiene prisa, pero tiene Mando de fuerza, Mando en espíritu y carne, Mando de espíritu a las tinieblas, y carne que deja sin espíritu y ya el hombre tiene que enterrarla. Éstos son los hombres que Dios juzga sin oír sus llantos. Éstos son los hombres que Él no llama pecadores, porque Él el perdón no les da.Dijo uno:Dios llama pecadores a los que el perdón sí quieren. Pero estos otros, no es que estén pecando sin acordarse de Dios, éstos están pensando siempre en cómo derrotar a Dios. Éstos no son pecadores de los que piden perdón. Éstos son hombres diabólicos, que su espíritu y materia están al servicio de Luzbel. Éstos son de la familia de éste que Dios mandó a los Infiernos. Éstos no son pecadores de los que piden perdón. Esto no era hacer pecado sin ocuparse de Dios. Éstos van persiguiendo la Voz de Dios en el Instrumento que va cumpliendo las Leyes que Dios Padre manda en el Cielo. Éstos no son pecadores, éstos van persiguiendo a Dios. Éstos no matan a Dios porque no le ven su Cuerpo.Desperté, oí: ¡Que bien describen en Gloria a pecadores de pecados y a hombres que su alegría sería matar a Dios, si otra vez lo vieran en Tierra!Éstos no piden perdón,porque cuanto más ven a Dios,más se llenan de soberbia.Éstos no son pecdoresde los Santos de la historia.Éstos son el perseguiral que Dios trae a su Gloria.Estos abundantes libros harán que quede en la historiaque en época de estos libros¡qué poco sabían de Gloria!Fue época de cultura,de batalla, de adulterio,de que se mataban los hombresolvidando a Dios del Cielo.Fue época de anular lo que Dios tenía hechoantes de a Tierra bajar.Cuando esto lean los hombres de siglos que no han llegado,no les dirán hombres cultos a los que esto tuvieronsin entenderlo ni amarlo.Éstos no son pecadores,ni cómo la Magdalena,ni como Agustín el Santo.Éstos hicieron pecadossin acordarse de Dios.Y cuando miraron al Cielo,Dios les mandó su perdón.Vivían en el pecado,sin perseguir a este Dios.Éstos sí son pecadores de los que piden perdón.

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  2. Enhorabuena amigo El Loco de la Montaña. Un tercero certero. Gracias,Enhorabuena jonamu, una aportación interesante, correcta, expresada en tono cordial, pues no es hiriente, refleja, que no es poco, lo que sientes y lo expresas con crudeza y sin titubeos. Me alegra la diversidad de los pensamientos, de los actos, de los hechos, reales o no, ficticios o no, pero al fin y al cabo, respetados por ser realizados desde la expresión libre de un ser humano. Gracias a ti también.Que difícil se hace encontrar diferencias, de verdad, de las buenas, entre los dos escritos, de momento. Uno el de Javier. Otro el de jonamu.Para mi los dos apuntan a razones diferentes, válidas en el momento actual. Correctas en su dicción.Me sensibilizo más con el artículo de Javier, pero no me molesta el de jonamu, para nada.Me gustaría que las personas pudieran debatir con tranquilidad sobre sus opiniones, sin faltar, sin insultos, y aquí he detectado que ello es posible. Vamos a probarlo. Los siguientes tres links hablan desde el conocimiento de una persona que no deja dudas de su FE y su "conocer".http://ec.aciprensa.com/o/origjesucri.htmhttp://ec.aciprensa.com/d/documentos.htmhttp://ec.aciprensa.com/j/jesuscrono.htm

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  3. y esta otra……El cuarto links, es el resumen de una entrevista de una persona que ha dedicado un tiempo a recopilar información. Expone otro "conocer".De la lectura de cada uno de los artículos que aparecen, hay muchos más de los 3 que he puesto yo, se puede entender que su exposición es supuesta y potencial en base a lo que dicen los libros que nadie sabe quién escribió sobre personas que dicen que vivieron en aquella época con él, con Jesús.De la lectura del 4º podemos sacar también cosas que no definen muy bien, pero que si aportan algo de claridad. Pruebas, hechos demostrables, que existen y hablan de la existencia, también supuesta de unos descendientes de Jesús y de María Magdalena, su compañera, y además hablan de tres hijos. Insisto, con pruebas demostrables de ADN. ¡Ojo al dato!Resulta que desde mi propia forma de mirar los temas propuestos, por los creyentes y por los no creyentes, me encanta la segunda, la que da valor demostrable a las pruebas aparecidas. es que me motiva la historia de los Templarios, enjuiciados cuando les quisieron quitar del medio, ¿por qué? sabían demasiado. Y ¿por qué siguen existiendo? Por qué esto no me lo niega a mí ni el Papa de Roma, ni el Papa Negro, ni la Paloma ni….Todo es circunstancial a la opinión del interesado, y por ende hay muchas opiniones, interesadas y no interesadas, que difieren entre si. ¿Qué ocurre ahora? Pues el sumo poder va desvaneciéndose, y van apareciendo nuevas maneras de afrontar el misterio, qué siempre existieron, pero que fueron perseguidas por los del poder…..La creencia del pecado es una invención. Pues hasta Usted tendría su libreta repleta. Una no, varias. Pues habla con mucho conocimiento del pecado, por ello de haberlos cometido en abundancia, vamos lo entiendo así. Uno es conocedor por conocimiento práctico, no solo teórico. Y de teorías llevadas a la práctica mejor no hablemos, pues yo no estoy dispuesto a compartir su Cielo con pederastas perdonados por su Dios. Esta claro verdad. Hablamos y decimos lo que nos interesa, y callamos lo que nos interesa. Y Usted, si le ofrecen 100 millones de euros renuncia a sus creencias, aunque aquí me diga que no. Pues es Usted Dios o no o si. Dígamelo.Yo creo en lo real de este Mundo, en El Universo y en todo lo fascinante de él. Pero este estaba mucho antes que el Hijo y el Espíritu Santo, y sobre todo del Dios Padre. O me explica por qué es cierto lo que hombres doctos de la Iglesia de Roma solo pueden explicar con dogma de FE. O crees o no crees, es tú FE la que te mueve.Y de Lucifer, el Demonio y los demás atributos o nombres que dice Usted, y otras personas, me río, con respeto, pues es el miedo de siempre metido en el cuerpo. O haces esto o llamo al Demonio, o demonio de niño, o que demonios dices…..Por favor me gusta su apertura y su cierre. Un día le dedicaré unas frases como respuesta a este. Verá como de lo mismo, usando sus mismas palabras, le doy la vuelta al tema. Son procederes nada más.Mire, esto puede ser algo importante para Usted o no, pero yo le digo, que antes de que Pedro le vuelva a negar 3 veces a Osnofla, Usted me dará la razón y dirá que equivocado estaba.Suyo respetuoso y no creyente de su Dios, pero si del mío.http://www.aluzinformacion.com/chat/vezelay.htm

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  4. Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos: Esta es la Ley y los profetas. (Mt VII, 12)Paradojicamente la sentencia de Jesús, llamada “regla de oro”, ofrece un criterio práctico para reconocer el alcance de nuestras obligaciones y de nuestra capacidad de caridad hacia los demás, hacia el prójimo.Sin duda, la consideración superficial de la gran mayoría de nosotros (creyentes y no creyentes) de dicha regla, precepto o decreto, la ha convertido en un móvil egoísta de nuestro comportamiento (de nuestra conducta, como gusta decirse aquí).Tristemente hemos transformado ese mensaje del Señor en una especie de do ut des (”te doy para que me des”), y no en su verdadero significado: hacer el bien a los demás sin poner condiciones, como en buena lógica no las ponemos en el amor a nosotros mismos (a nuestro ego).Difícil realidad la que plantea El Loco en esta jornada. Pero cuidado. El propio Jesucristo dijo y repitió hasta la saciedad que, el espíritu vivifica y la letra mata, lo cual no incita a tomar su discurso a la letra. Y así mismo, tomarse “al pie de la letra” la bronca de “san” Javier puede hacernos suicidas.El ideal que propone nuestro compañero y asceta ermitaño de la Montaña de los Ángeles parece destinado a las elites, ya que, apunta a una meta que todos/as sabemos inalcanzable y que puede resumirse en una de las frases del Nazareno: Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto (Mt V, 48)Luego, ¿quién se atreverá a pretender alcanzar la perfección divina?Yo os respondo: Nadie. ¿Por qué nadie? Porque todos somos (estamos “siendo”) masa y algunos/as, ni siquiera quieren ser elite.Buenos días nos dé Dios y líbremos de nuestro esquema de vida.

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