La fortuna de ser rey


Resultó paradójico que ayer, antes de entrar al encuentro para hablar de nueva consciencia, me encontrara con esta imagen, justo en frente del Palacio de Congresos. Inspirar consciencia debería ser suficiente para acercarnos a este hombre y preguntar si necesita algo. Inspirar consciencia no debería permitir que cosas así ocurrieran. Resulta increíble de qué forma nos hemos inhumanizado a este tipo de situaciones. Seguramente, en una pequeña comunidad de cincuenta o cien habitantes esta imagen sería imposible. Alguien, sino todo el pueblo, se acercarían al hombre para arroparle y ayudarle en todo cuanto fuera posible. Pero en la gran ciudad… Yo mismo podría haberme acercado, y haberle preguntado cualquier cosa. Estuve trabajando muchos años con transeúntes y era frecuente acercarme a ellos, frecuentarlos, darles compañía, abrazarlos cuando hacía falta, que era casi todos los días. Y ayer, tanto tiempo sin ver a uno por eso de vivir aislado en el mundo rural, me quedé un rato a su lado, saqué la foto y me fui con cierta incomodidad y rabia ante la impotencia de casi todo. Hay que hacer algo para inspirar consciencia y para que este tipo de cosas no ocurran… pero… ¿qué? Quizás hubiera bastado con que uno solo de los dos mil asistentes al acto se hubiera acercado a ese hombre para empezar a creer en el milagro de un mundo nuevo…

(Foto: Las nueve de la mañana en el Palacio de Congresos de Madrid. Persona humana durmiendo en la calle. Madrid: más de dos millones de habitantes. De ellos, ninguno se paró a preguntar si todo andaba bien. Ni siquiera yo, que vengo del mundo rural y a veces, ante situaciones como esta, nos preocupamos por el prójimo).

Una respuesta a «»

  1. El cariño que les hace falta a estás personas es inmenso. Es muy triste que en vez de acercarnos a darles un abrazo,-o bien preguntar si les hace falta algo-pasemos de largo (y con temor)cual de un leproso se tratase. Cierto,estamos cada vez más y más deshumanizados. Siempre con el miedo por delante.

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