Me fui de Cataluña por una decisión política e intelectual. Sentí que había carencias en la libertad, en la expresión, en la cultura. Me exilié buscando más libertad, más expresión, más cultura, y me topé de nuevo con el producto humano, único capaz de excluir a su prójimo por su condición de clase, raza, nación o religión. En estos días me solidarizo más que nunca con los rumanos, los gitanos, los «moros», los negros, los mulatos… Aquí donde vivo escasea el trabajo y buscan chivos expiatorios con los que derramar la cólera. Esta vez les ha tocado a los rumanos. Estamos enfermos en todas partes, pero en algunas se disimula la enfermedad y en otras se expresa abiertamente, como en Cataluña. Allí, el chivo expiatorio parece ser el castellano-parlante. La mayoría de los catalanes son bilingües. Entienden, hablan y escriben a la perfección tanto el catalán como el castellano. Desde un punto de vista cultural, les enriquece como pueblo, como país y como nación. Desde un punto de vista político, se utiliza para, en tiempos de Franco anular el catalán y en tiempos del postfranquismo anular el castellano. Caras de una misma moneda: totalitarismo. Y el totalitarismo actual, que utiliza al nacionalismos ciego, excluyente y xenófobo, está desfasado, es medieval, absurdo, ridículo y propio de protozoos con poca o nula inteligencia. Algún día alguien se derá cuenta que estos complejos con la identidad no llevan a ninguna parte y que hay un idioma universal, el humano, que no necesita intérpretes ni totalitarismos. La pluralidad de las culturas hay que ejercerlas de forma natural y dinámica, y nada más plural y dinámico que dominar dos o tres idiomas y utilizarlos por igual. Dejo la noticia para que cada cual juzgue por sí mismo.
(Foto: algún día los hombres se verán como hermanos, por encima de razas, religiones y naciones. Foto de Pedro Primavera, Etiopía, octubre de 2009)
