Nunca había visto un capuchino tan bien presentado, con tanta hermosura, y además, tan bueno. Se lo he dicho a la camarera ante mi sorpresa por esa flor estampada en la espuma. Ella me ha mirado sonrojada por el piropo artístico y sincero. No suelo tomar café pero de vez en cuando me gusta pecar y hoy, mientras hablaba en la estación del AVE con JL, he disfrutado doblemente con ese delicioso café. La conversación hacía aún más placentero su sabor intenso y su aroma envolvente mientras nos despedíamos hablando de la importancia del amor y la dificultad que entraña desvelar todos sus secretos. Todo esto tras un día intenso de trabajo, ya que JL ha venido desde Madrid a pasar el día y trabajar un poco en La Montaña sobre un libro de próxima edición
Conocí a JL en un lugar maravilloso, el desierto del Gobi, en Mongolia, hace más de tres años. En ese momento estaba fusionando grandes empresas en una importante operación de muchos millones de euros mientras ejercía como patrono de la fundación A., presidida por el amigo común J. Yo acababa de separarme y empezaba una odisea crítica, el final de una relación y el final de una época de bonanza. Todo eso ocurrió en junio, pocos meses después de mi vuelta de Escocia y pocos días antes de mi vuelta de mi primer viaje a Alemania. En ese viaje singular a la búsqueda de Shamballa, empezó un calvario económico para JL y para mí, y además, coincidió con el tormento de media sociedad occidental debido a la crisis que dos meses después se destaparía en medio mundo. Tres años después de ese viaje, quizás por las circunstancias paralelas, aunque en dimensiones diferentes, pues mientras que yo perdía varios cientos de miles de euros el perdía varios cientos de millones de euros y mientras que él empezaba a prescindir de chofer y muchas otras cosas adquiridas durante muchos años yo empezaba a prescindir de paseos en bici y salidas al cine, creó una complicidad entre nosotros que dura a día de hoy. Y hoy, tres años después, en el sótano de mi casa de La Montaña, un lugar fresco y apacible, entre libros y pantallas, recordábamos esos difíciles momentos y las grandes lecciones que de toda esta experiencia hemos sacado. Desprendimiento, desapego hacia todo, amor incondicional hacia las cosas imprescindibles como la amistad, la sinceridad y la honestidad… Un día de trabajo intenso donde hemos reído de todo y hablado de todo. Ahora nos queda el presente y un trozo de futuro que esperamos disfrutar en calma. Nos queda la esperanza de un nuevo mundo que llevamos marcado en nuestros dígitos internos. Proyectos comunes, porque en el fondo, somos una humanidad que desea despertar y anhela hacerlo… Y una única obsesión, la mutua obsesión de servir lo mejor que nuestro talento y nuestra inteligencia nos permita. En esas estamos… Gracias pues JL por tu visita, tu complicidad y sobre todo, por ese sentido abrazo… Seguimos siendo “más fuertes que un roble”…

¡Toda una obra de arte.! Solo con verlo apetece tomarse uno. Los que somos muy cafeteros echamos de menos que nos sirvan un cafe asi.
Se aprecia el cuidado y el esmero con el que se ha hecho. Piropos merecidos querido Javier los que le has brindado a la camarera. Que poquito cuesta dar las gracias y cuanta felicidad reporta ese agradecimiento.
Tienes una capacidad maravillosa de traspasar con tus palabras cualquier pagina, cualquier pantalla de ordenador. Consigues que el mensaje cale hondo y sobre todo que disfrutemos de tus lineas, de tus escritos, de tus vivencias.
¿Me invitas a un cafelito?
1 abrazo fuerte y agradecido querido Javier por compartir tu vida con nosotros.
Jaime
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Siempre hay lugar para dos tazas de café y un buen amigo.
Aquel día decidí cambiar tantas cosas…aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad…desde aquel día ya no me duermo para descansar…ahora simplemente duermo para soñar.
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Estáis invitados a todos los cafés que queráis en este hermoso lugar… mi casa es vuestra casa, las puertas están siempre abiertas, simbólica y literalmente hablando…
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