El pájaro que quería volar


Cayó demasiado pronto del nido. Lo recogí triste, lo arropé en una caja de cds y le puse algunas hojas rotas de la factura del móvil, intentando imitar, sin mucho éxito, su nido. Ahora que lo observo, veo en su impaciencia la fragilidad del error, el infortunio de la imprudencia. Moribundo se bate por sobrevivir un minuto más mientras que intento imitar, de nuevo sin mucho éxito, los brazos de su madre agolpados entre mis dedos ventrudos. Y lo miro, exhausto, impotente, viendo como su vida se va por haber querido saltar demasiado pronto en búsqueda del vuelo. Lucha, sin éxito, por una supervivencia llena de dolor y sufrimiento inútil. Y la fragilidad humana pervierte el destino intentando, bajo el absurdo de una esperanza baldía, creer que bajo el espectro de la fe los milagros son posibles.

Estos cuatro días de intenso viaje me veía como este pobre pajarito que hoy, mientras regaba el jardín, caía al vacío de la incertidumbre. Pude darme cuenta y salvarlo de un sol mortal. Pero la noche larga espera paciente la huida de un alma cansada por luchar inútil por la vida que se va, una vida reventada por dentro debido al inmenso choque con el barro de la casa. Por eso, en el viaje, observaba cada segundo, cada rincón perdido, ya fuera en ese hermoso valle riojano, o entre los campos secos o las montañas lluviosas, chorreantes. La vida se va, a cada instante, a cada minuto que pasa, y nunca somos conscientes de ello. Vivimos el día a día como si fuéramos inmortales. Desperdiciamos las horas y los minutos y los días haciendo cosas estúpidas que no nos reportan nada. Sin saber, sin ser conscientes, que en ese segundo de nada se marchita una eternidad del todo. Quizás por eso, mientras abrazaba con intensidad ayer a B. y vi como sus ojos brillaban llenos de humanidad, decidí volver a la Montaña. No quería precipitarme y lanzarme a un vuelo en caída libre. No quería saltar demasiado pronto y achicharrarme bajo el sol… Deseo vivir con intensidad… deseo pensar y sentir la vida…

Y mientras reflexionaba sobre todo esto, la triste noticia de una muerte. Otra más. Otra más como la de Israel estos días, la insensatez de querer saltar del nido… Por qué nos empeñamos en morir cuando lo que toca es vivir… vivir con intensidad, con consciencia, vivir como si esta fuera la única oportunidad en toda la eternidad de poder hacerlo…

7 respuestas a «El pájaro que quería volar»

  1. Prematura la decisión del pajarillo de querer volar, pero valiente. Y, además de valiente, quizá haya servido al resto de los polluelos para sobrevivir con la comida que la madre les traía al nido y que con él resultaba escasa. Puede ser que el polluelo acabe muerto, pero ha sido una muerte no baldía de valor y esperanza. Ha sido su final para otros comenzar.
    Que no se acaben los actos de valentía. Que no se olviden de nuestra memoria y agradecimiento. Que no haya final, sino volver a empezar.

    Otros nuevos barcos cargados de valentía y buena voluntad volverán a saltar del nido para cruzar el cerco de Israel, aunque ello les suponga la vida.

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  2. …solo hay una cosa cierta cuando nacemos… y esta es que moriremos…
    antes, después, pronto, tarde…el cuando? El Tiempo.
    solos, acompañados, felices, tristes…el como? El Estadio.
    en tu casa, en el hospital, en la calle…? El Dónde.
    No puedo dar respuestas a estar preguntas… sólo sé que cuando la muerte llega, la Paz lo invade todo… lo ví, lo intuí…
    Así que Vivo, siento, rio, lloro, camino cada día, doy Gracias a Dios a la Vida cada día…y cada día es un oportunidad, cada momento es especial, cada circunstancia tiene una razón… En algún punto…las respuestas fluiran…

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  3. Me viene al pelo tu texto, esa inquietud de no saber cuando llegara el final, hace que mi espera se haga larga muy muy larga, y la ansiedad me acompañe todos los dias, es algo que nunca antes habia sentido, porque nunca desee quizas con tanta ilusion algo, lo que para ti es tiempo… para mi parece un sueño inalcansable
    por el simple hecho de haber nacido, sabemos que moriremos algun dia. y yo quiero tenerle entre mis manos antes de que eso ocurra. y no hablo de amor para que nadie se llame a engaño, tu sabes bien de que hablo. un abrazo.

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  4. Cada día que puedo disfrutar en este plano existencial, es como una página en blanco que debo rellenar con mis actos. Doy gracias a quien o al que le dio vida a mi envoltorio con piernas. Lo importante, seguirá evolucionando y transitando conmigo.

    Como no creo en la muerte, sino en el tránsito evolutivo hacia otro estado; ni siquiera me preocupa.

    ¡Todo es tan sencillo y comprensible, cuando andas feliz con tu conciencia en consciencia!.

    Rafael

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  5. Resulta que no me han llegado en estos días el aviso de tus post al correo y yo ya estaba preocupadilla por ti…
    Entonces he venido a tu casa, ésta donde se crean utopías y te encuentro recogiendo vida. Me he alegrado mucho al leerte, ya me extrañaba tantos días de silencio.
    Me encanta que sigas bien, que el pajarillo siga luchando y que nos sigas regalando tantas y tantas cosas 🙂

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