El educador mercenario


Ayer estaba leyendo el libro de Pedro García titulado “El educador mercenario”, de la editorial amiga Brulot. Sus tesis atacan directamente al sistema educativo negándolo e invalidando sus programas. Soy una muestra viva del fracaso escolar, o mejor dicho, del fracaso del sistema escolar. Siempre fui un muy mal estudiante. En aquello que antes se llamaba Educación General Básica no daba pie con bola. Recuerdo que una vez vino a mi colegio un ejército de psicólogos para hacer un estudio exhaustivo. Pidieron que se eligiera al mejor estudiante de todo el colegio y al peor. Como mejor estudiante eligieron a Olga, una niña muy educada y hermosa que aún recuerdo. Como peor estudiante me eligieron a mí. Al terminar las pruebas que duraron meses y sacar la tabla de actitudes y aptitudes de cada uno, resulta que mis resultados fueron los mejores, dando en algunos valores aquello que por aquel entonces llamaban “inteligencia superior”. Fue un escándalo notorio. ¿Cómo aquel niño vago, perezoso y que no daba pie con bola podría tener una inteligencia superior y además dar como “superdotado” en los test psicológicos? Como por aquel entonces era muy niño no entendía nada de lo que hablaban, ni tampoco nada de sus enfados. Desde aquel día no cambió absolutamente nada. Me seguían tratando igual, seguía embobado con las musarañas, bostezando en las clases y siempre con problemas de adaptación y atención. Al terminar la EGB, sin haber recibido ningún tipo de estimulación extra, seguía siendo el peor estudiante. Recuerdo que la orientadora del instituto aconsejó a maestros y padres que estudiara formación profesional. Así lo hice sin mucho éxito. Recuerdo que por las mañanas me escapaba al instituto de al lado para ser oyente en las clases de BUP, ya que mi sueño era estudiar filosofía y eso era algo que no podía hacer desde la FP. Pasé allí siete años de mi vida de los cuales no recuerdo absolutamente nada. Nada aprendí sobre balances, ni sobre tratos comerciales, ni sobre albaranes o facturas. Un auténtico fracaso. Siete años absolutamente inútiles de los que no he podido aprovechar nada. No había motivación, y por lo tanto, no había aprendizaje. Algo ocurrió, sin embargo, en mi primer año de universidad. Como no había estudiado nada en la EGB ni en la FP, no sabía ni siquiera hacer un comentario de texto. El primer año en la universidad fue un auténtico fracaso. No aprobé ninguna asignatura en un sistema que primaba la memoria y no la crítica o la deducción o la imaginación o… Gracias a la buena voluntad de un profesor que me aprobó una asignatura para evitar que me echaran de la universidad, pude seguir estudiando. Y seguí hasta que comprendí que la motivación tendría que salir de mí mismo si quería llegar a alguna parte. Y así aprobé mi primera carrera universitaria con cierto éxito, la segunda con mejor éxito y pude entrar gracias a mis expedientes en los programas de doctorado. He querido relatar esta historia personal para alabar las tesis de Pedro García. El sistema educacional es un auténtico fracaso. No nos hace más libres, sino que nos adoctrina y nos alinea en un sistema perverso donde la competitividad está por encima de la colaboración o el apoyo mutuo, donde la memoria es la reina de todos los saberes en contra de la espontánea imaginación o el cultivo de nuestras propias capacidades. Realmente, con mi propia experiencia, no puedo creer en el sistema educativo actual, a pesar de que una de mis vocaciones es la de ser profesor, o quizás, aún mejor, como Pedro García, un antieducador, que es lo que siempre he sido cada vez que he dado alguna clase en el instituto o en la universidad. Un antieducador que enseña a sus alumnos a ser independientes y libres, a pensar por ellos mismos y a ser críticos con la realidad. Por eso creo en la desobediencia educacional. Si tuviera hijos, me encantaría poder educarlos en un entorno totalmente diferente. Me seducen las escuelas Waldorf por su pedagogía totalmente diferente, o incluso, me seduce esa pedagogía que nace en casa, en el hogar, fuera de las aulas. Esa pedagogía insumisa que pretende educar a los hijos, hasta cierta edad, en casa, y no en las escuelas, proveyendo al niño de un ambiente no competitivo sino cooperador, altruista y generoso. Quiero niños que piensen, no quiero niños que respondan como autómatas o loritos a entornos vacíos de contenido y motivación… El arte de hacer pensar tendría que ser una asignatura no solo para los niños, sino también para sus educadores. El arte de inculcar nuevos valores de libertad y fraternidad, de igualdad y solidaridad tendría que ser asignaturas obligadas.

7 respuestas a «El educador mercenario»

  1. Con tu permiso yo cambiaría la autodefinición utilizada «antieducador» por la de «verdadero educador».

    Es muy importante el consenso, la cohesión y la unión entre familia y escuela para poder llegar a una verdadera educación del ser humano que no cabe otra que ha de ser hu-ma-na, pero humana de verdad no según intereses individuales.

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  2. Me quedo con una frase de este artículo tan real, como la vida misma…» El arte de hacer pensar tendría que ser una asignatura no solo para los niños, sino también para sus educadores».

    La historia de la humanidad está repleta de genios que fueron «malos estudiantes» en el sistema educativo oficial. No debemos de ser simples engranajes en una maquinaria social que solo tiene como finalidad un resultado…BENEFICIOS MATERIALES.:

    Rafael

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  3. Javier gracias…quizás, si apruebo el acceso a la Uni el año que viene os cuento mis tristes aventuras en las aulas. Ahora solo puedo decir que ésta reflexión me ha sentado de maravilla…¡¡¡que buen educador que eres leches!!!

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    1. m recuerdas ami , q era una niña q sacaba malas notas porque no me gustaban los profesores , no me caian bien , y cuando saque un nueve y medio en matematicas sin estudiar, no se lo creia el maestro, por q penso q m habia copiado, q rabia m dio.

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  4. ¡Menos mal!, aparece Waldorf en la pedagogía, un desconocido, oficialmente, no existe, y así nos va el sistema: hacia ninguna parte, mejor dicho: por una vía muerta, con muchos ramales que se intercambian o intersecan, a toda velocida o ninguna, con mucho o poco entusiasmo, con ojos abiertos o mirando a otro lado, pero todos conscientes de un viaje en vía muerta, aunque, según el ramal elegido, esté próximo (angustia, prisas, soluciones-parches comprometidas, malvestidos….) el fin y el camino no se vea, o esté lejano (¡ya no viviremos, utopías!, largo me lo fiáis…, en 100 años todos calvos, incluso la Tierra… ), y visible

    Las tribus no necesitan escuerlas, el juego, la familia, el acontecer diario, las reuniones, las fiestas, la caza y comida comunal, los ritos, son escuela…
    La familia primera y casi única educadora, luego la comunidad pequeña.

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  5. A propósito de educación, Krishnamurti dice cosas interesantes en su libro «Un Nuevo Mundo» y alude a una conferencia pronunciada en Bombay allá por 1948.

    Habla de educar al educador, lo cual entiende mucho más dificil que educar al niño, porque el educador ya está definido. «Su función es raramente rutinaria porque en realidad no le interesa el proceso del pensamiento ni el cultivo de la inteligencia. No hace más que impartir la instrucción y un hombre que solo brinda informaciones cuando el mundo entero cruje en sus oidos, no es ciertamente un educador».

    «Podéis proporcionar el ambiente apropiado, los útiles necesarios y todo lo demás, más lo importante es que el propio educador descubra lo que toda esta existencia significa. ¿Por qué vivimos, por qué luchamos, por qué educamos, por qué hay guerras, por qué hay luchas comunales entre hombre y hombre?…Estudiar todo este problema, hacer que entre en acción nuestra inteligencia es por cierto la función de un verdadero educador»….

    Y es así….Un presente…este presente…nuestro presente es el resultado de la educación.

    Abrazos

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