Fatídico Viernes 13


Llegué como todas las mañanas a Correos con mi carga de paquetes de libros. Estaba rellenando algún certificado cuando de repente entró J. Es un tipo que siempre me ha caído muy bien por ser diferente y pensar diferente. Despierto, intuitivo, alegre, sencillo y buena persona a pesar de sus excentricidades. Lo vi cambiado totalmente, como si fuera otro. De repente, sin motivo aparente, se abalanzó hacia mí y me cogió del cuello arrastrándome hasta un rincón de la oficina. Empecé a reírme pensando que se trataba de una broma. Eso lo encolerizó más. Empezó a gritarme y a insultarme. De nuevo pensé que se trataba de una broma hasta que lo miré a los ojos y lo vi totalmente fuera de sí. Empezó a golpearme mientras seguía insultándome, reclamándome un libro que me dejó hace unos meses. No podía creerme lo que estaba pasando hasta que entre puñetazos y forcejeos fue a coger un bolígrafo con el ademán de clavármelo en la yugular o hasta donde diera de sí el golpe brusco. No podía defenderme, ni agredirle porque era J., una persona querida por todos y por mí. Así que cuando iba, bolígrafo en mano a dar la estacada aproveché el ademán para escaparme y huir corriendo hacia el coche. El me siguió totalmente fuera de sí. Le dije que no se moviera del sitio, que iba a por su libro. Y con cierta sangre fría, eso hice. Fui hasta mi casa y volví para devolverle su libro. Estaba en la plaza del pueblo y empezó de nuevo a gritarme furioso. Le clavé la mirada a los ojos mientras seguía paso firme hacia él dispuesto a todo. Cuando llegué hasta él, tratando de tranquilizar su brote de locura le pedí perdón por el retraso en devolverle el libro. Fue entonces cuando volvió en sí, empezó a abrazarme con fuerza y a besarme en la mejilla mientras me pedía perdón por la agresión, advirtiéndome, eso sí, de que me estaba haciendo un favor ya que había mucha gente en el pueblo que deseaba agredirme. Y es cierto que ya he recibido varias amenazas sobretodo por temas políticos, pero nunca llegué a pensar que el odio visceral llegara a manifestarse con fuerza bruta. Justamente en un momento en el que me planteo seriamente si merece la pena seguir luchando o mejor retirarme al anonimato por un tiempo. En fin, aún queda algo de agosto para seguir reflexionando sobre este tema. Por cierto, como en los pueblos las noticias corren como la pólvora, agradezco de corazón y sinceramente el gesto de M., la cual, al enterarse me ha llamado y me ha invitado a dar un paseo por Córdoba para despejarme de la tensión sufrida. Por suerte, siempre aparecen ángeles para aliviar el dolor y la angustia en los momentos difíciles… otra cosa serán los moratones y cardenales que seguirán ahí unos días… Dura la profesión de un editor perdido en la montaña… si algún día os dejan un libro, devolverlo rápidamente… no vaya a ser que un viernes 13 te lo reclamen con los ojos ensangrentados y…

Armamento y farmacéuticas


Ayer J. me escribió preocupado por lo que está pasando en Irán. Quizás Estados Unidos e Israel estén preparando ya una nueva guerra. No me extrañó esta noticia. Las dos mayores industrias del mundo son las de armamento y las farmacéuticas. Así que seguramente en algún oscuro despacho se esté buscando nuevos clientes para dar salida a armas y medicamentos. Y nada mejor para esto que una nueva guerra o una nueva gripe. Dicho así parece escalofriante. Pero lo más escalofriante es que nadie denuncia todo esto. Nadie advierte de los peligros de tener industrias de guerra, fábricas donde se fabrican armas de destrucción masiva, lugares donde la tecnología tiene que ver con como matar a seres humanos. Y esas fábricas necesitan cash flow y balances financieros que sólo pueden existir si hay guerras. Así que, aviso para navegantes: un nuevo conflicto se está tejiendo en alguna parte del planeta.