Palestina


Hace unos días me llamó K. para meditar sobre nuestro viaje a Palestina y ofrecer alternativas si veíamos que las cosas allí se ponen difíciles. Las muertes de los voluntarios en Afganistán y el ataque por parte de Israel a la flota con ayuda solidaria a Palestina recrea en nuestras mentes el miedo y la obvia peligrosidad de nuestra empresa. Hoy hablaba de ello con J. precisamente cuando me mostraba las imágenes aparecidas en el New York Times de los diez voluntarios cruelmente asesinados. Cuando les pones cara a toda esta injusticia el miedo se vuelve terror. Como el universo siempre conspira de forma extraña, mientras intercambiaba mails con J. sobre este asunto, B., desde Suecia, me manda un mail que hemos recibido desde una ONG de Cisjordania dándonos la bienvenida y apoyándonos en todo lo que esté en sus manos. Lo cierto es que cuando leemos noticias sobre el gran conflicto que existe en esa zona uno se siente impotente, sobre todo ante la idea romántica de viajar hasta allí para hacer sonreír a un puñado de niños. Sin embargo, creo que no se trata tanto de esa idea romántica como de observar in situ todo lo que allí ocurre. Concienciar forma parte de nuestro trabajo, no solo del horror del hambre, de la pobreza extrema, de la sinrazón de la muerte injusta, sino también de situaciones políticas y religiosas que enturbian el panorama de paz irreductible al que toda la humanidad estamos abocados. Esa idea es la que me fortalece. Contribuir a la paz con un gesto, por muy pequeño que sea. Contribuir a la paz con una sonrisa. ¿Qué hacer? ¿Qué es más noble para el corazón?