Hemos tenido una rápida conversación para ponernos al día, para contar que tal ha ido el verano y para sugerirme, como ya hace tiempo que lo hace, que me vaya a vivir a Madrid. No solo me lo ha sugerido hoy JL, sino que desde hace meses también lo llevan haciendo M., J., L., C. y el grupo de amigos que me ven excesivamente enclaustrado y encerrado en la Montaña. Piensan que he concentrado excesivamente tiempo y esfuerzo aquí y que esa misma energía en otro lugar habría dado más frutos. Me sugieren que todos los proyectos que llevo en mente se desarrollarían más rápidamente en un lugar donde encontrara más apoyos y no tantos obstáculos. Ahora, con B. en Madrid, la verdad es que no necesitan de muchas ideas para convencerme. Sin embargo, me vine de Barcelona huyendo un poco del exceso de ruido de la gran ciudad. Y no estoy convencido de que en Madrid fuera a disminuir ese ruido, cosa que sí consigo aquí en la Montaña. Quizás sea sugerente una fórmula mixta, algo así como vivir en ambos puertos y repartir el tiempo entre Madrid y la Montaña… Creo que eso sería lo más justo, pues si bien es cierto que siempre he sido un apátrida y un culo inquieto, como dice mi madre, tengo ganas de estar tranquilo una temporada, dejarme abrazar y sentir la sutileza de un mar en calma. Veremos qué ocurre en septiembre. Lo cierto es que los proyectos continúan y la ilusión también.
