En la lejanía que nos separa imaginamos mundos, algunos posibles y otros imposibles. El deseo se vuelve puro y se entremezcla entre la ilusión pasajera y el ardor por no poder estrechar aún más nuestros cuerpos. Pero en lo invisible todo es posible, por eso estoy paseando y tú paseas conmigo. Aprieto tu mano contra la mía. Respiro. Respiras y siento cierta melancolía. Lo admito mientras tú me miras, comprensiva y amorosa desde el espacio infinito. Y aquel globo que te llevó tan lejos se convierte en estrella. Y mientras lees estas letras decides parar, estrechar de nuevo mi mano y abrazar la infinitud. Ese que ahora cubre todo mi recuerdo y peregrina como pequeños dioses entre todo aquello que nos separa y nos aproxima. Deseo tanto estar contigo… Respiras, respiro, ahora juntos, ahora conspirando de nuevo en la noche y en el día, tal y como habíamos deseado cuando realmente suspirábamos al amanecer. Ya queda menos para el reencuentro, ya queda menos para la eternidad… Tengo ganas de ti, te dije, tengo ganas de sentirte dentro de mí, decías…
