Aprendiendo a soltar


Ayer en el viaje dirección Barcelona ocurrió algo maravilloso. A unos cuarenta kilómetros de Calatayud, en un paraje totalmente inhóspito, una de las ruedas del coche reventó. Por suerte no hubo accidente y pude detenerme al borde de la autovía sin mayor percance. Como viajo mucho, suelo apurar la vida de las ruedas al máximo hasta que al final las pobres no aguantan más y me dan estos pequeños sustos. En septiembre ocurrió lo mismo con la delantera y ahora en octubre ha tocado las traseras. Vino la asistencia en carretera y me ayudaron a llegar, no muy lejos de allí hasta un taller perdido en la nada al borde del camino. Fue todo muy rápido, excepto el cambio de las dos ruedas traseras. Mientras ocurría, vi un camino yermo que se adentraba en un paisaje desértico. El camino, árido y agotado, me pareció sugerente y me adentré durante un rato interminable por el mismo. Mientras lo hacía, me acordaba de la conversación de la noche anterior. Daba vueltas a la misma y me centré en los detalles de eso que a veces tanto nos cuesta a los humanos: el plano emocional. Especialmente aquello que tiene que ver con el desapego hacia las cosas, las personas y los momentos. Lo difícil que resulta cerrar círculos, no volver sobre los pasos perdidos de antaño y no mirar hacia atrás. Resulta difícil entender que todo tiene su tiempo, que todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. No se puede insistir en permanecer en una etapa que ya ha terminado. Cuando esto se hace, se pierde la alegría y el sentido de la vida. No podemos retornar una y otra vez a ese momento, lugar o persona que ya no está con nosotros, que ya no nos pertenece. Hay que aprender a cerrar los círculos, los momentos, lo que nos une a las personas que ya no desean estar vinculadas con nosotros. No podemos pasarnos toda la vida preguntándonos sobre los porqués de un final o de una pérdida. Lo único que merece la pena es despedirnos con un sincero abrazo deseando lo mejor al otro, dando gracias por sus enseñanzas y los momentos compartidos y observando en la esperanza futura el despertar de un nuevo día, de un nuevo encuentro, de una nueva oportunidad. Sólo si cerramos esas puertas se pueden abrir otras. Y eso pensaba en el paseo, gracias al reventón de una rueda, gracias a la tardanza de su recambio, gracias a la oportunidad que la vida nos brinda a veces para parar en un camino errado y reflexionar sobre todas estas cosas.

17 respuestas a «Aprendiendo a soltar»

  1. Pues sí porque si una puerta se cierra es porque antes se ha abierto y una puerta que ni se abre ni se cierra deja de ser puerta.

    Tanto abrir como cerrar están cargados de tensión, pasión, alegría, dolor, esperanza, desasosiego, luz, color… Como decían Jarabe de Palo «depende, todo depende según con el color que…

    Siempre habrá alguna puerta esperándonos.

    PD: en ocasiones cuando me leo pienso: qué????

    Y «bumba» las puertas en las narices 😉

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  2. Efectivamente Javier, hay que seguir caminando.
    Cerrar episodios pasados, para poder avanzar en lo nuevo.

    Hacer limpieza de espíritu para ensanchar el alma y volverla a llenar de nuevas y maravillosas experiencias, que nos ayudaran a seguir haciendo nuestro propio camino, el camino de la vida.

    Quedarse con el recuerdo de lo vivido y aprendido, esbozar una sonrisa en silencio por aquellas cosas gratas vividas, aprender de lo observado y experimentado…

    Hemos venido aquí para amarnos, aprender, dar, recibir, observar, caminar, compartir.

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  3. ¡Qué suerte tuviste Javier con la maravillosa rotura de la rueda! ¡Qué suerte poder despedirte de tu querida rueda cerca de Calatayud! ¡Qué dicha poder cerrar el círculo de la vida de la rueda dándole un sincero abrazo por el deber cumplido! ¡Qué jubilación la de la rueda, trabajando hasta el final, muriendol con las botas puestas!

    Carlos Ch

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  4. ¡quien es Mumiah? , se encarga de cerrar las puertas y abrir las puertas ha un Nuevo ciclo , con las bases de las semillas, planeta regente :Marte , color:rojo , naranja , piedra:rubí.¡que tío este no? que cosa mas rara de tío !, PERO IGUAL MERECE LA PENA CONOCERLO NO? ADEMAS DICE QUE NO HAY DIOS QUE LO VEA!, TEORICAMENTE.

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  5. Estimado amigo Javier: No se si te habrás percatado, de que el cambio necesario de esas ruedas…es lo que vienes a plasmarnos en tu magnífico comentario con referencia a renovarnos-cerrar puertas para abrir otras nuevas-.

    Todo lo que existe en este Planeta, tiene fecha de caducidad. Solo quienes llenan su interior de riquezas, se las llevarán consigo a ese otro Verso que nos espera.

    El que no sabe cerrar las puertas del pasado y vive en un contínuo círculo sin saber abrir nuevas oportunidades/puertas a su futuro; es que aún no ha aprendido el sentido de la vida.

    Faltan muchas alegrías y muchas risas en la vida de muchos Seres humanos, estimado Javier. Te dejo una frase de F. Nietzsche, que habla por sí sola…:»La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño».:

    Rafael

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