La originalidad consiste en volver al origen



El origen de todas las cosas es la naturaleza, creada, además, por Dios. Así lo creía la inquebrantable fe de Gaudí, el cual apostó toda su vida por imitar la maravillosa eficiencia de la ingeniería natural. Reflexionaba sobre ello esta mañana movida, tras una breve charla con Mc que me sorprendió cuando desayunaba a punto de irme a Córdoba. Tras pasear por los interminables subterráneos del campus universitario me dirigí a un insustancioso tiempo en el taller mecánico que aproveché para repasar todo el correo postal de esta semana y algunas revistas recibidas, entre ellas, el número de este mes del National Geographic. Allí me empapé de la vida y obra de Gaudí. Me encantó la frase que encabezaba el artículo: “mi cliente no tiene prisa”, refiriéndose a Dios. Lo cierto es que si la naturaleza es la obra de Dios, hizo bien este excelente arquitecto en aprender de él e imitar en todo cuanto pudo a ese otro Gran Arquitecto del Universo. Realmente la geometría natural es increíble… ¿Geometría sagrada? Podemos verla en cualquier parte del cosmos. En las alas de una libélula, en el caparazón de un caracol, en el vuelo de un abejorro, en la esbelta figura de un sauce o un baobad, pero también en el sol, en las estrellas, en el viento, en la luz, en la energía, en la fuerza, en las fuerzas… Todo lo creado está perfectamente ensamblado, perfectamente pensado (¿?) y construido. La técnica natural, la metodología cósmica es asombrosa.

Hay que ver las cosas en las que se piensa en un taller mecánico… bueno, en estas y otras… especialmente las relacionadas con la Tormenta…

La vida y la lámpara de Diógenes


Ayer paseábamos por el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Mirábamos con atención los fósiles de hace millones de años, los minerales cristalizados, las siluetas que algunas formas habían construido de forma inimaginable. La visita, corta pero emocionante, vino acompañada de una pregunta: ¿tienen vida los minerales? El niño filósofo dijo que sí en una primera respuesta inspirativa. El sábado por la mañana habíamos tratado ese tema cuando hablamos durante una hora larga en Lérida sobre los átomos y el universo. Planteé allí la misma cuestión, lo interesante de pensar en los átomos y en todos los componentes del universo como entidades vivas, ya fuera un trozo de roca granítica o una supernova, un pequeño átomo o un molusco del Caribe. Cuestioné en voz alta dos aspectos del universo que para mí están llenos de misterio: la propia vida y la consciencia que, al menos en la especie humana, parece albergar. Vida y consciencia, para mí son atributos universales. Quizás la cuestión sea adivinar en qué grado o sutileza se manifiestan unos y otros. Hoy, siguiendo el ritmo de las sincronías, recibimos de J. T. un pensamiento simiente que habla precisamente de la vida que se expresa en todas las manifestaciones. Sea como sea, el sábado concluí mi intervención diciendo que el ser humano resulta ser como un grupo de ciegos murciélagos que intentan describir un universo luminoso. Una empresa inútil. Nuestro conocimiento con respecto al universo y sus misterios es como la lámpara de Diógenes, encendida en pleno día a la búsqueda de un hombre honesto. Sea como sea, la vida existe, la consciencia existe y la unión entre la una y la otra forma un aspecto aún mayor que podríamos llamar de alguna forma hermosa…

Cámara de reflexión


Tras el intenso jueves llegó el intenso viernes. Apuré los cuidados y los abrazos hasta el límite ya que a las siete debía estar en Lérida. Viajé desde Madrid, trabajamos en la preparación del sábado y marché corriendo a Barcelona. Tiempo suficiente para estar unas horas con la familia, acostarme, levantarme temprano y desayunar una hora con C. para analizar la tremenda situación política que se avecina en Cataluña. Los resultados de hoy confirman la catástrofe de la socialdemocracia y el escarmiento de los abusos partidistas que se reflejan en las urnas. Bien por el cambio, para qué vamos a decir lo contrario, aunque el cambio esté auspiciado por el rival.

A las pocas horas de nuevo en Lérida. Los príncipes desfilaban orgullosos por el trabajo realizado. La mañana transcurrió tranquila. Comida y una pequeña siesta de una hora porque estaba muerto. Lo hice medio tumbado en una de las salas del hotel, en un cómodo sillón donde reinaba el silencio y el recuerdo permanente de A. En la siesta tuve un sueño. Había hombres vestidos con extrañas vestimentas. Era la primera vez que dirigían unos trabajos con tanta responsabilidad. Nada más y nada menos que dar entrada a un «lobetón». Recordaba en la ensoñación las palabras de Blasco Ibañez: «se trata de liberarles de los males con que le amenaza la superstición; iniciarle en la vida de la inteligencia; quitarle el velo material que cubre sus ojos y purificando su cuerpo, llevar a su espíritu con el amor al estudio, la inspiración de la virtud y de la fraternidad universal, para que esta, su primera iniciación, le abra el camino de la felicidad«…

Me aproximé en el sueño al recuerdo de la cámara de reflexión y recordé sus símbolos: el gallo, el azufre, la sal, el mercurio, el Vitriol, la calavera que nos recuerda lo pasajero de todo, el reloj de arena, el trozo de pan, el agua, el testamento vital… Un útero perfecto para un segundo nacimiento perfecto. Todo estaba en orden mientras flotaba en los brazos de Morfeo. Me adentré en el lugar sagrado. De repente me vi a mi mismo como a un príncipe azul solicitando solemnidad para el acto y el psicodrama importante que íbamos a representar. Cogí una espada y un mallete con fuerza y di el primer golpe para reclamar silencio. La sala estaba a rebosar, pero el orden y la firmeza se impusieron. Música de Mozart y pensamientos simientes. Los trabajos transcurrieron justos y perfectos y todos nos sentimos orgullosos por ese día.

Cuando desperté de todo estaba conduciendo sin parar hasta Madrid. Llegué muerto a eso de las tres de la madrugada. Abrí despacio la puerta y entré, esta vez sí, en los verdaderos y augustos secretos de la vida. Resucité, o sería más justo decir que me resucitaron. Parece que haya pasado un siglo de todo esto y todo ocurrió hace unas horas. En ese espacio-tiempo, lo más sagrado fue el respeto, la amabilidad y el encanto por hacer las cosas bellas y dignas. La recompensa vino después, con los abrazos sentidos y el amor proyectado entre la penumbra de la noche añeja y el amanecer de un nuevo día. Por la mañana estaba rodeado de príncipes. Por la noche, la gran Princesa supo tocar a la perfección los acordes de la vida. Las sensaciones, indescriptibles, saltaban desde lo más profundo de cada poro. Ahora que intento relatar todo lo ocurrido estos días, no sé distinguir realmente qué fue sueño y que realidad. Príncipes y princesas que desfilan en mi mente sin entender qué está pasando realmente. ¿Será todo un sueño? ¿Será todo el maravilloso reflejo de alguna increíble realidad? Estoy cansado… voy a seguir sus pasos… otra vez…

Día de Gloria


La sala estaba llena. Pude disfrutar del espectáculo en primera fila. Pude saludar y abrazar a amigos, sentir su presencia, su latir. Había una mano que apretaba la mía. Unos ojos, diría luminarias, que acariciaban mi rostro y me dejaba mudo. MC estuvo a la altura, espectacular. Me miró y la miro a Ella. Me guiñó el ojo y M. dijo: «creo que te acaba de dar su aprobación». Apreté de nuevo con fuerza su mano. Estaba ahí, presente, podía sentirla, podía escuchar su latir. Hace un año yo estaba sentado en el escenario. Este año, por cosas del guión, no había sido así. No me importaba. Estaba feliz, muy feliz. La gloria, y sus días, son efímeros, duran un instante. Pero la felicidad compartida, el poder mirar a los ojos frente a frente a un ser al que amas, eso no tiene precio. Hubieron luego abrazos sentidos. De unos y de otros, de tantos que ya no podría ni siquiera nombrar. MC seguía firmando libros dos horas después. En la cena le envié un mensaje mientras nos mirábamos a los ojos. Nos dio tiempo a cenar y volver, volver y seguir caminando juntos, felices, temblorosos por la emoción de pensar que los momentos vividos solo están ahí en ese instante. Luego desaparecen y hay que volver a renovarlos, hay que volver a luchar por conquistar un nuevo segundo. Hoy se presentaba «Días de Gloria», seguramente un nuevo éxito de ventas. Pero hoy he comprendido la esencia de la verdadera gloria. Un beso, un abrazo, mi mundo, mi reino por un beso, un abrazo y su mirada…

El vuelo del solitario


Un día muy intenso, lleno de encuentros hermosos con gente hermosa. Por la mañana desayuno en la sede de Intereconomía con MC, repasando algunos asuntos antes de la presentación mañana de su esperado segundo libro de memorias. Mañana seguida de llamadas inesperadas y encuentros hermosos. Luego comida en el hotel de JL con los amigos de la Fundación A. Un encuentro agradable repasando el año ya pasado y proyectando el futuro. Luego vuelta y paseo agradable con K. hablando sobre cosas del camino. Paseo largo y vuelta a… Pues no lo sé, pero de repente me encontré, quizás porque hacía frío en la calle, en una biblioteca leyendo un libro recién comprado que trataba sobre antiguos ritos de Egipto. Interesante lectura hasta que cerraron las puertas del templo del saber y seguí con el paseo hasta… Creo que fue Ptolomeo el que hablaba sobre el vuelo del solitario. Hoy, mientras paseaba y sentía como la ola de frío llegaba hasta Madrid, recordé una noche de Navidad de hace muchos años en la que pasé, por cosas de la vida, unas largas y duras horas en un cementerio. Llegué hasta allí porque el dueño del pequeño hotel me pidió que lo abandonara en ese día tan especial, creyendo que tendría con quien compartir esa noche. Así que me fuí del hotel en mital de aquel frío invierno. Empecé a caminar y sintiendo una tremenda soledad terminé mi paseo en las puertas del cementerio de aquel pequeño pueblo perdido en la nada. La dureza de aquella noche me hizo pensar que cualquier noche podría ser especial si aguantaba esa extraña circunstancia. Algunas cosas fortalecen el alma. La soledad a veces también puede ser una llama… al menos eso dijo el poeta… Una soledad en la gran ciudad, rodeado de más de tres millones de criaturas… una soledad mientras que esperas el nuevo reencuentro…

Paseos anónimos


Los sueños se hacen realidad. Ocurre a veces, especialmente cuando creemos en ellos. Llevaba años soñando con acompañarla a ese musical. Años sin saber quién era, esperando el momento, esperándola a ella. Y cuando sueñas algo, cuando deseas algo ardientemente, inevitablemente sucede. Así lo demuestra la vida cuando menos te lo esperas. Y hoy era consciente, en esta especial mañana de otoño.

Miraba desde primera hora, angustiado, las noticias en la prensa digital sobre el conflicto de las Coreas. Estaba al mismo tiempo redactando las preguntas para una entrevista que debía hacer pero no podía concentrarme viendo que los tambores de guerra empezaban a sonar de nuevo: primero en el Sahara, ahora en Oriente.

Salí a la calle y paseé por Serrano pensando en ella, como hago a casi cada momento de estos últimos intensos veinte días. Compré vitamina C condensada en kiwis y naranjas ya que en las ciudades no puedes coger la fruta de los árboles. Está resfriada y deseaba cuidarla con ese amor que se exprime en los pequeños detalles, en las pequeñas atenciones. Se terminó el tiempo de las grandes gestas. Ahora vence lo pequeño. El día a día, la aventura del minuto compartido con atención, cariño y respeto. El amor condensado en miradas, en abrazos y en sonrisas.

Y a la vuelta miraba los rostros de la gente. La ciudad y sus ruidos, los cigarros que descansaban en las manos caídas y nerviosas. Los rostros sin voz, ausentes, anónimos. Nadie saludaba a nadie. Nada pasaba excepto el pasar. Mientras volvía leía un hermoso mail escrito con rebosante poesía. Me detuve en una frase: “qué sabe nadie lo que nos pasa por dentro».

Y eso me interrogaba mientras miraba a la gente y observaba cuanto me había alejado de la ausencia. Tanto tiempo en la Montaña había moldeado en mí una especie de forma de ser, incluso de forma de vestir, alejado de aquellas modas que antaño seguía en la gran ciudad. Creo que era el único en la gran manzana que llevaba vaqueros, zapatos marrones y forro polar. Los trajes de moda, las corbatas y los atuendos propios de la vanguardia invadían el decorado urbano. Pero detrás de los mismos, de nuevo soledad, angustia, preocupación.

Volví a casa por la Castellana con tal de cambiar el paisaje y fue a la vuelta cuando recibí con alegría el cantar de la sorpresa. Otro gesto, otro guiño. Hicimos setas con nata y comimos juntos mientras leíamos el prólogo del libro que traía consigo. Me rebelé ante el título: “al final de la utopía”. Lo cerré en la primera página, miré sus profundos ojos azules y dibujé en su rostro un nuevo prólogo: “el principio de la utopía”. Es así, en las pequeñas cosas, en los pequeños paseos anónimos donde se construye la vida, donde se crean los sueños, donde lo inevitable, acaba sucediendo…

El árbol de la Vida


La recepción en Madrid terminaba a las cuatro. A las nueve teníamos que estar en la otra punta del país. Tras un tranquilo viaje de más de cinco horas llenas de apasionantes charlas sobre política, cultura, filosofía o religión, llegamos justo a tiempo para la reunión. Había problemas que necesitaban soluciones y había también circunstancias que requerían vivencias para poder comprobar la salud moral de aquellos que se esfuerzan por mantenerla a flote. Tras despedirme de la reunión, ya por la noche, fuimos a cenar y retomamos de nuevo la emocionante tertulia sobre el árbol del conocimiento y el árbol de la vida. Tras la cena, más allá de media noche, necesitábamos encontrar un libro sagrado para salir de dudas con respecto a varias interpretaciones que habían surgido en la excitante charla. El templo estaba cerrado a esas horas pero disponíamos de llaves y acceso. Todo estaba oscuro. Abrimos la puerta y nos acercamos al ara con sumo respeto. La leve luz nos llevó hasta el libro sagrado y empezamos atentos la lectura del Génesis. La primera duda quedó aclarada con el siguiente pasaje: “(1:26) Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (1:27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Aquí encontramos la primera contradicción bíblica, ya que más tarde habla el texto de que Dios sacó a la hembra de una costilla del hombre, cuando en el primer relato ya habla de que creó Dios a varón y hembra. El segundo relato tenía que ver con la verdadera razón que motivó la expulsión del Paraíso por parte de Dios: (3:22) “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. (3:23) Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. (3:24) Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”. Dios estaba temeroso de que tras tomar del fruto del árbol de bien y del mal, tomáramos también del fruto del árbol de la vida y nos volviéramos inmortales… Las conversaciones siguieron apasionadas todo el sábado y el domingo hasta llegar rendidos a casa… Un viaje de ida y vuelta a tierras más allá de Argón y a lugares donde la experiencia requería afianzar algo que nació hermoso y que promete profundidad y entusiasmo. Tras vivir por situaciones completamente surrealistas de todo tipo y calado, el abrazo sincero y la mirada franca selló un fin de semana inolvidable, donde el árbol de la vida demostró que está por encima del árbol del conocimiento, del árbol del bien y del mal.

El Intelectual


Ayer me tocó presentar en el marco del Festival de Cine Europeo de Segovia el libro “Rodamos Historia”, escrito por los amigos Álvaro y Yannick. Un presentador normalmente nunca se presenta, pero ante la insistencia de Yannick, lo hice contando la anécdota que un día antes me había ocurrido en el poblado de Bembézar, en Hornachuelos, Córdoba. Llegué para la presentación del libro de Eugenia y como no sabía donde era, aparqué el coche en la plaza del pueblo. Estaba oscureciendo y había algo de niebla. El pueblo estaba absolutamente desierto hasta que apareció un hombre que se me acercó con paso tranquilo. Se me quedó mirando de arriba abajo y me dijo: “Usted debe ser el intelectual y viene a la presentación del libro”. Al día siguiente, curiosa sincronía, Yannick me llamó recién llegado de Brasil para decirme algo parecido: “Si te parece te presentas como un intelectual”. Decir hoy día que eres un intelectual o no puede resultar incluso despectivo. Sobre todo cuando algunos “intelectualoides” mediopensionistas nos quejamos tanto de la ausencia de los mismos en los momentos de crisis. En todo caso, me quedo con la definición wiki, sobre todo, de su segunda parte y su aportación crítica a la realidad: Un intelectual es aquella persona que dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad. A lo que yo añadiría, si los intelectuales me lo permiten: y a su transformación radical. En todo caso fueron hermosas las dos actividades que presenté en Córdoba y Segovia. La de Eugenia cariñosa por familiar, y la de Yannick, divertida y especial. Luego, todo el día en el festival de cine viendo visionados de películas y…

Cuando despertemos, hagámoslo juntos


Esta mañana A.A. me preguntaba como me sentía. Le explicaba alegre que después de un verano duro, el otoño se mostraba ante mí como un cuento de hadas, como una especie de historia de príncipes y princesas llena de magia y encuentros increíbles. Un momento que merece la pena saborear y conquistar a cada momento para hacerlo eterno y duradero. Ella, intuitiva, como si leyera en mi rostro de voz todo eso que siento, me envía este escrito que comparto:

Tus fantasías de cuento; un cuento  de personajes de lugares lejanos, que hablan lenguas inteligibles y se visten con ropajes hermosos y variopintos, que miran de modo diferente y en la enigmática mirada se refleja la belleza de un alma sin matices, personajes que se recrean en bellas mujeres que por lejanas parecen inalcanzables y entonces el héroe ,de tu cuento de princesas, plebeyo que se hace príncipe por amor, lucha desaforadamente por rescatar a la bella dama de las garras de cualquier dragón que la persigue de siglo en siglo, de vida en vida y de galaxia en galaxia…y entonces, en esa cadencia de los tiempos y espacios se pierde la mirada en el infinito y ohhhh, se cruza con la suya y un rayo fugaz, imperceptible a los adormecidos ojos de cualquier lector, crea la realidad del amor.

Añado a esta historia lo que la Princesa Real, además, me dijo: “Y cuando despertemos de este sueño, hagámoslo juntos”.

La rebelión de la masa


Paseaba hoy por el bosque colindante a mi casa. El sol otoñal, el sonido de los pájaros, el verde que todo lo cubre y las florecillas que nacen por todas partes hacían del paseo algo agradable a la vista y el alma. A la vuelta regresé por el sendero del Águila y de repente observé de nuevo como la vocación humana seguía su curso destructor. Había unas bonitas vistas del bosque de encinar, de la vega del Guadalquivir al fondo, de la sierra y el valle y de las montañas de Granada y Málaga a lo lejos cubiertas por la neblina. El cielo andaluz está radiante en estas fechas. También la nueva residencia de la tercera edad, casi acabada -y abandonada a su suerte- y reluciente bajo el sol. Ante el sol y los escombros de los vecinos, de la plaga humana que acumula y amontona bajo el beneplácito del poder establecido todo tipo de basuras. La imagen dantesca. Todo el pueblo en obras para poder decir en las próximas elecciones todo cuanto se ha hecho en ladrillo, pero ni un ápice de conciencia a la hora de limpiar eso que los propios vecinos, en su cínica inconsciencia, en ensuciado día tras día. Sí, bonita la estampa otoñal, pero majadera la reflexión que sacas al final del camino… absorto por las contradicciones de la naturaleza humana y el sinsabor de la dejadez y la ignorancia. Así se rebela la masa, a base de estupidez, incivismo e inopia.

El problema del Sahara


El sábado pasamos por casualidad por la manifestación que se había organizado en la Plaza del Sol de Madrid con motivo de las reivindicaciones sobre el Sahara Occidental. La postura de España no puede ser más que ambigua. Reconocer la soberanía del pueblo saharaui crearía un conflicto con Marruecos, la cual aprovecharía para reivindicar su soberanía sobre Ceuta y Melilla y quién sabe si algún día también, puestos a pedir, sobre las Islas Canarias. El tema de las colonizaciones es un tema no zanjado aún para ese territorio. Tampoco los problemas de la independencia, la autodeterminación y demás cuestiones nacionales. Resulta difícil valorar qué territorios tienen derecho a la autodeterminación. A mi parecer, todos los que libremente así lo decidan. El problema es cuando una minoría política impone cuestiones de ese tipo: véase lo que ocurre en Euskadi y Cataluña. Pero es que además Marruecos mantiene buenas relaciones comerciales con España, incluidas, valga la paradoja, las que tienen que ver con armamento. Así que el problema del Sahara puede ser comercialmente rentable para España en cuanto que Marruecos nos compra armamento precisamente para defenderse o atacar al Frente Polisario del Sahara. Más surrealista no puede ser la situación. Ni tampoco más cínica y embustera.

Compartir el Camino


En el camino de la vida no hay victorias ni derrotas. Uno puede llorar o reír por ambas cosas, de igual forma. Adentrarte en la proyección de un mundo, de una vida, sin que ninguna aflicción te embargue parece un reto difícil. Por eso, cuando ya has llevado un tiempo llenando tus campos vitales de derrotas y victorias, ambas igual de impostoras, descubres que lo verdadero no consiste en llegar primero, sino en saber llegar, como dice la canción. Y en esa reflexión descubres que no hay mayor camino que el que puedes compartir con amor, respeto y admiración con otro ser.

No hay mayor poder que el compartir todo lo que uno genera y regenera en el discurso vital. ¿Para qué entonces buscar afanosamente poder, dinero o influencia en aquellas cosas que producirán rancias derrotas o superfluas victorias? El verdadero poder y la verdadera riqueza consisten en estar bien con uno mismo y con el resto, en ayudar y en dejarse ayudar, en fabricar momentos generosos que iluminen el brillo de aquel que recibe, y también, del que da. No importa si se es rico o pobre, no importa si estás en la cima o el valle. Sólo importa el grado y la calidad del compartir, la exquisitez a la hora de tender la mano, de abrazar al otro, de sentirte partícipe del maravilloso canto de la vida. Mirar a los ojos a otro ser humano y leer en su brillo el libro de sus vidas vividas, de sentir su sentir, de penetrar en lo más profundo de su alma para desvelar sus necesidades, sus inquietudes, sus tristezas y alegrías. Leer y escuchar en su luz, bucear en su ritmo, en su musicalidad, en su aliento vital que le mueve y le conmueve. Y entonces, experimentar la gracia de poder ser uno con el otro y por lo tanto, de ser seres humanos abrazados a otros seres humanos que se sienten hijos de una familia. Compartir el camino es el mejor premio a una vida llena, plena y vivida.

La esperanza me sirve


El día nueve de enero escribía sobre el amor… Estaba desilusionado y había perdido toda la esperanza. Llevaba seis meses solitario y pasaron seis meses más sin que me faltara el aire. Hubo un leve respiro en verano, un halo de esperanza que se desvaneció en un abierto mediodía en el que la luz apretaba fuerte y la oscuridad presumía a sus anchas. Valga las contradicciones del universo, la esperanza se marchitó aquella misma tarde.

No deja de ser paradójico que pocos meses después paseaba con ella por las calles húmedas de Salamanca. Era de noche y paramos en un bar a tomar algo. Defendía en ese instante la ineficacia de la esperanza, la fragilidad de la misma, el sentido ridículo de pensar que todo puede ocurrir, o no. Y en ese momento, ingenuo y despistado, no era consciente de que la esperanza empezaba a pasear junto a mí. Fue revelador descubrirlo días más tarde, en una noche de ópera, en un paseo nocturno, en una interminable conversación y en un abrazo infinito, poderoso, sentido, muy sentido.

La vida nos abruma con sus lecciones. Creemos saberlo todo pero siempre tiende a sorprendernos. Por eso ahora pienso con precaución, o mejor dicho, por eso ahora prefiero no pensar y dejarme llevar por el devenir de la vida. Ella es más sabia que nosotros y sabe ajustar los tiempos, los ritmos y las pausas para que nuestro pasear sea espléndido. Incluso en los momentos amargos, en las frías noches de nuestro invierno, en los infiernos más temblorosos. Todo encierra una enseñanza. Todo enseña un aprendizaje. Y ya ni siquiera me pregunto para qué, si al fin y al cabo moriremos sin despejar ninguna de las más antiguas incógnitas. No importa. Fluir con la vida y experimentarla en cada segundo es lo más maravilloso que puede pasarnos. Respirar… conspirar… respirar… conspirar… Ahí, en esa sencillez, reside todo. Respirar… conspirar… Y por eso ahora, casi un año después de aquel escrito melancólico, puedo decir que la esperanza me sirve. Y me sirve porque el amor se encarna una y otra vez dulcemente a la espera, inevitable, de que nosotros nos unamos a él, de que bailemos con él, de que nos abramos a él. Y cuando nos abrimos al amor, la vida se abre a nosotros y el milagro ocurre.

Cuaderno de memoria


Cuando algo te ha sorprendido o maravillado resulta difícil escribir sobre ello. Llevo semanas intentándolo. Hicimos la presentación y normalmente siempre dedico unas letras a todo aquello que me impacta y sorprende. Pero esta vez me quedé mudo, sin palabras, al igual que hace dos fines de semana: lo maravilloso a veces nos paraliza.

Y conocer a Olga Palmero me paralizó. Sobre todo porque cuando editas un libro y no conoces al autor hasta el mismo día de la presentación siempre te haces una idea de cómo es su alma, de cómo es su sentir. A veces te llevas sorpresas desagradables, pero la mayoría de las veces, el autor siempre es más grande que su obra. Y a pesar que la obra de Olga es grande, increíblemente grande, la autora deslumbró al público con su luz, con su ternura, con su tacto. No sólo encendió una llama simbólica en recuerdo de la memoria, no sólo nos regaló flores y presentes a los que allí estábamos, no sólo nos inquietó con la música de violín que magistralmente acompañaba sus letras… Ella, por sí sola, irradió luz, fuerza y pureza. Así que una vez más me siento orgulloso de haber colaborado de alguna forma para que esa luz permanezca en la memoria de todos y, en forma de libro, llegue hasta nuestras almas y paisajes. Gracias Olga.

(Foto:  Presentación del libro Cuaderno de Memoria, en Palma del Río, otoño de 2010)

La otra primavera


A las tres y media, hora en la que escribo estas palabras, el silencio es absoluto. La digestión de los espaguetis con crema que he preparado hoy la he hecho en el rincón sur, dejándome mojar por los cálidos rayos del sol que por esa ventana entraban. Desde allí podía contemplar la visita de un nuevo inquilino que se ha instalado desde hace unos días en el jardín. Se trata de un pajarillo precioso, de plumaje amarillo en el pecho y marrón en la espalda. Tiene una larga cola y no sé diferenciar a qué raza pertenece, ya que en estas tardes otoñales lo que más abunda es la visita continua de petirrojos y demás aves insectívoras. Pero este me resulta peculiar porque lleva todo el rato intentando atravesar los grandes ventanales para entrar dentro de casa. Ya me ocurrió este verano con la entrada masiva de golondrinas. Pero ahora que la temperatura ha bajado, no me atrevo a recibir este tipo de visitas. Al menos las vistas son bellas. El cielo azul plagado de nubes que corren de un lado para otro. Algo de viento que mece los olivares. El verde que ya lo inunda todo y deja paso a esas preciosas florecillas blancas y amarillas que crecen entre las veredas de las rocas… El otoño es como una primavera inversa… es un placer sentarse un ratito y poder contemplarlo desde mi ventana… Os dejo una foto para que me acompañéis en la misma contemplación…

Paula y la sociedad ausente, la sociedad disidente.


Hace tiempo que no sé nada de los intelectuales. Los más carismáticos se dedican a desenterrar muertos u organizar marchas contra el Papa los de la izquierda o a meterse con la masonería y el aborto los de la derecha. Ese es su activismo. El resto, el noventa y nueve por ciento de la sociedad está ausente. No opina excepto de futbol, de mujeres o trabajo los unos o el culebrón de la Belén Esteban, el tiempo o la moda las otras. Todo lo demás son artilugios del vivir, promesas incumplidas que no sirven para el día a día.

Aún así, veo en esa cotidianidad una especie de rebeldía, una especie de disidencia. Esta tarde, tras comer algo ligero, salí a la calle para contemplar como iban las obras de la entrada de casa. Allí estaba la niña Paula. Me saludó alegre mientras acariciaba su gato desde la terraza de su jardín. Le devolví también alegre el saludo mientras  la miraba con ternura desde abajo. Hablamos del gato, de lo difícil que resulta cuidarlo, de lo difícil que resulta tratarlo. Así son los gatos, le decía mientras miraba al contraluz la imagen de su inocencia. La niña sonreía mientras acariciaba el gatito. Sí, así son los gatos. Decía ella. Nos mirábamos con complicidad, porque ese momento, esa conversación sobre gatos, era único y verdadero. El mundo no importaba porque el mundo se condensaba en ese instante. Hace tiempo tuve un gato. Le dije. Yo también, me dijo ella, pero se escapó. Pobre gato. El sol iluminaba radiante. No había intelectuales alrededor, ni futbol, ni Belén Esteban, ni modas ni trabajo. Solo un lindo gatito, cómplice también de la experiencia única. Y los tres, ausentes de todo, vivíamos un momento disidente. Sin creencias, sin espasmos, sin pretensiones. La niña, siempre que me ve, se alegra, porque conmigo puede hablar de gatos. Y yo también me alegro, porque con ella puedo hablar de gatos. Quizás en la próxima charla pregunte si el gato pasó frío. Y ella me responderá, seguramente, que lo protegió con su manta. Pura rebeldía, pura disidencia.

Somos joyas, somos esperanza




El sábado recibí la visita de M. y su bella mujer. Me traían una bolsa llena de mandarinas de forma generosa. Tuvimos un rato de charla agradable  y observaron que no tenía televisión. También se detuvieron en el tremendo silencio que había en toda la casa que sumado a la luz tenue, a la noche y a los grandes ventanales cubiertos de oscuridad debió intrigar a los invitados. “¿No te da miedo?” La verdad es que nunca me ha dado miedo esta soledad, pero admito que desde que me robaron ya no tengo las puertas abiertas por la noche y tomo la precaución de cerrar todo con llave. Creo que fue con ellos que hablé también sobre la tentación que alguna vez había tenido, especialmente tras algunos sucesos desagradables, de marcharme de este pueblo. Pero hay cosas que me lo impiden, como esas muestras de cariño que a veces vienen tan bien, especialmente para un lobo estepario como yo, de la gente que te aprecia y te quiere y se acerca para demostrarlo. La visita del sábado con esa generosa entrega de mandarinas, o la de la M. que también trajo un cargamento de mandarinas hace unos días o la llamada  hoy de C., una hermosa mujer que ha llamado emocionada porque me ha escuchado en la radio. “Llamo para felicitarte y para decirte que tenemos una joya en el pueblo”. La verdad es que sus palabras, más allá de la vanidad de expresarlas aquí en público, me han motivado, emocionado y alegrado este frío lunes de otoño. Me alegra poder contribuir, aunque sea con esos pequeños detalles, a la felicidad de las personas. Uno nunca sabe de qué manera puede ayudar, y digo todas estas cosas en voz alta para que todos busquemos la fórmula, especialmente en tiempos difíciles, de ayudarse los unos a los otros de la forma que sea, cada uno a su nivel. Seamos hombres para hombres, y no lobos para lobos… Somos joyas, somos esperanza… saquemos lo mejor de nosotros mismos… incluso con nuestros enemigos…

Felipe González: todavía no sé si hice lo correcto


«Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal… No sé cuánto tiempo antes, quizá en 1990 ó 1989, llegó hasta mí una información, que tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía. No se trataba de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo: nuestra gente había detectado -no digo quiénes- el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. De toda la dirección. Operación que llevaban siguiendo mucho tiempo. Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil. Aunque lo hubieran detectado nuestros servicios, si se reúne la cúpula de ETA en una localidad francesa, Francia les cae encima y los detiene a todos. En aquel momento no. En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Ni te cuento las implicaciones que tenía actuar en territorio francés, no te explico toda la literatura, pero el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije que no». Diario El País, 7-XI-10

El amor de Atala


Los que han paseado por las interminables galerías del Louvre saben que detenerse una eternidad sobre obras vivas puede llegar a inspirar emociones de todo tipo. Y a obras vivas me refiero a esas que de alguna forma te conmueven y nunca te abandonan. Hoy he recibido, incluido en un artículo para revisión, este impresionante cuadro de Girodet expuesto en el parisino museo. El reencuentro con “El entierro de Atala” me ha impactado de nuevo. Sobre todo porque representa ese ideal de amor perpetuo, aferrado a la vida incluso en la misma imagen de la muerte. Ese joven, el joven Chactas al que Atala ama hasta morir, según la novela de François-René de Chateaubriand, se aferra desesperado al cuerpo muerto de su amada. Es la viva muestra del amor que los románticos de cualquier época persiguen. Un amor sin medida, un amor que impresiona y que palpita a cada instante. Un amor que no exige, sino que da sin esperar nada a cambio. Un amor desesperante cuando no se encuentra y sublime cuando te envuelve. Un amor que se conquista a base de sueños pero también realidades, de magia, fantasía y momentos tangibles, próximos, plagados de música, abrazos y miradas infinitas. Hasta hace poco creía que este amor ya no existía, que se había esfumado de la faz de la tierra, que todo esfuerzo por buscarlo era inútil. Pero hoy, a las seis de la mañana, alguien recitó un poema infinito rematado con una emoción, con un sueño, con una promesa, con una esperanza. Debió ocurrir en las Pléyades, en un espacio infinito, pero no importa. Era real, estaba allí, y pude abrazarlo… Gracias a esa Tormenta misteriosa vuelvo a creer en las hadas, los príncipes y los sueños… Atala murió de amor… Ojalá todos, cuando muriéramos, lo hiciéramos envueltos en los abrazos de un ser querido y que esos intensos gemidos nos acompañaran hasta el otro mundo… o viceversa…

¿Por qué se suicidó Choi Yoon-Hee?


Choi Yoon-Hee era aparentemente una persona feliz. Había escrito más de veinte libros de autoayuda y la felicidad y era una persona muy conocida y respetada en su Corea natal. Todo iba bien hasta que un día se la encontró ahorcada en la habitación de un motel junto a su marido de setenta y tres años. Si era realmente feliz, ¿por qué ese doble suicidio?

Hay una obsesión en todo el mundo por ser feliz. Parece evidente. Todo el mundo desea alcanzar metas, sentirse en paz, bien consigo mismo y con su entorno, pero sobre todo, sentirse en plena armonía con todos y con todo, satisfecho y alegre. Siendo la alegría un síntoma de felicidad… ¿de qué es síntoma la felicidad? Creo que no hay que buscarla como meta. Uno es feliz cuando hace las cosas que tiene que hacer. O mejor dicho, uno es feliz cuando hace aquello que debe hacer. Si es cierto que los soles y las estrellas y los planetas y las lunas tienen su propio propósito en el orbe cósmico, nosotros, pequeñas estrellas humanas, tenemos el nuestro propio. Y sólo cuando fijamos la atención en nuestro propio propósito, en nuestra misión vital, es entonces cuando empezamos a ser felices… Síntoma inevitable del buen hacer… conquista de la existencia una.

Quizás Choi Yoon-Hee se marchó feliz y por la puerta grande. Quizás el suicidio solo fue una muestra de grandeza… una forma sublime de partir con los deberes hechos… Quién sabe…

Al-Malâmatî


Hablaba hoy con E. en la comida sobre la entrega en el campo de batalla. Sobre la necesidad de romper con el ego que nos ata a las cosas temporales para profundizar en la enseñanza del servicio y la entrega. Y hacerlo de forma invisible y desapegada, de forma en la que nadie sospeche sobre tu propósito o vacuidad. No hay mayor gloria que la de sentirte sensible a las cosas que merecen la pena como el amor, la amistad, la mejora de una raza humana que necesita con cierta urgencia y desesperación ese tipo de esfuerzos. En las creencias sufís, existe una categoría de hombres santos que llaman al-Malâmatî o «el hombre de la censura». El Malâmatî es un Santo que esconde su aptitud espiritual ante la gente, aspirando ser el objeto de su censura para liberarse de la influencia del Nafs (el ego). Esa actitud tiene mucho que ver con la figura del Bodhisatwa en la tradición budista o la del propio Jesús el Cristo en el cristianismo, el cual no tenía ningún reparo en decir las cosas como las sentías y predicar sobre todo con el ejemplo, independientemente de la censura de su tiempo. En el fondo se trata de eso. Uno debe ser fiel a sus principios, debe luchar por aquellos valores que desempeñan un modelo exigente pero necesario para la mejora de todos. Y debe premiar con la generosidad del compartir todo aquello que recibe a diario. Y no hay nada mejor para ser feliz que compartir todo cuanto se tiene, ya sea tiempo, esfuerzo, trabajo, objetos, deseos, pasiones, modos de vida o… Cuando damos recibimos algo que no tiene precio, y es la sonrisa del otro, la mirada del otro, el amor del otro. Cuando damos somos humanos de verdad y vencemos las barreras de todo cuanto creemos… Dar es recibir, y ese debería ser el principio y el valor máximo de nuestra existencia. La banda sonora de nuestras mágicas vidas…

El Cortao Party


Al salir de la fiesta política de nuestro particular Tea Party, algunos decían que era incomprensible que personas que ni siquiera tenían el bachiller pudieran gobernar un pueblo. Un panadero, una camarera y un guarda de seguridad han sido sus tres últimos dirigentes. Por supuesto, no estoy en nada de acuerdo en esa afirmación, a pesar de que cierta formación no viene nunca mal para organizar un presupuesto que supera más del millón de euros y para administrar una entidad que gestiona cientos de puestos de trabajo, nóminas, negociaciones a todos los niveles y el bienestar de más de cuatro mil personas. Y no estoy nada de acuerdo porque una de las conquistas de la democracia es precisamente dotar de los mecanismos necesarios para que cualquiera que lo valga pueda llegar a ser alcalde o presidente de un gobierno, ya sea éste jardinero o ingeniero. Otra cosa es cuando el jardinero o el ingeniero o quién sea se comporta de forma bochornosa, tal y como presenciamos en el circo de ayer. La verdad es que cualquier observador ajeno a la realidad peculiar de este pueblo podría haber aprovechado la ocasión para, cámara en mano, grabar una película digna de Almodóvar. Una cosa es segura, en Hornachuelos no necesitamos cine o circo, ya lo tenemos los jueves de pleno.  Cuando se pierde la compostura, las formas, se ataca en lo personal y se pierden los papeles de uno y otro bando el mal gusto se apodera de la política y la seriedad desaparece. ¿Qué decir de la confianza? Realmente, a los que mirábamos el espectáculo desde las gradas solo nos faltaban las palomitas y los kikos, porque aquello fue de película. Así que os recomiendo que vengáis a los plenos de mi pueblo porque no tienen desperdicio. La fiesta está siempre garantizada, y el bochorno, a los más sensibles, también. Supongo que de todo esto surgirá un movimiento al que llamaremos «Cortao’ Party» para emular al americano, eso sí, con nuestra peculiar gracia.