La lección de un niño


Cocinó él. Fideos con leche. Nunca lo había probado pero le salieron exquisitos. Tras la cena, nos fuimos al salón y empezamos a ver los videos de Kili Kili & Kolo Kolo en África e India. A petición suya, mostrando un gran interés a pesar de su corta edad, estaba ansioso por saber todo lo que ocurría al otro lado del mundo. Sentí cierta inquietud por su entusiasmo. Antes de que terminara el último video, poseído por la emoción,  corrió hasta su habitación. Primero trajo una gran caja llena de juguetes y luego su hucha. Sacó todo el dinero y dijo que era para ellos. Su generosidad me pareció abrumadora. Le expliqué que la solidaridad tenía que empezar por nosotros mismos, que él debía guardar algo para sí mismo y luego donar lo que pudiera. Hicimos una selección de juguetes y le hablé de Joaquin para donárselos a los niños y niñas de Colores de Calcuta. El gesto me pareció hermoso y humano. Sobre todo el interés que mostró y la generosidad que surgía de forma innata, como si fuera consciente de todo lo que hay que hacer aún por el mundo. Ese equilibrio me resultó grato y ojalá todos los niños de la Tierra nacieran con la semilla de la generosidad y la virtud de la compasión hacia el resto de los mortales. Agradezco la lección de este niño de ocho años y agradezco el que me haya dado la oportunidad de creer de nuevo que otro mundo es posible. Hablemos con nuestros niños, y escuchemos todo lo que traen para nosotros. Seguro que no dejarán de sorprendernos. Sólo hay que estimularlos hacia los caminos verdaderamente humanos.

6 respuestas a «La lección de un niño»

  1. Es impresionante la humanidad y generosidad que tienen los niños pequeños, pero aún lo es más el proceso de des-humanización (¿se dice así?) de nuestra sociedad. Seria muy interesante ver que opina ese niño dentro de 20 años, si sería capaz de donar algo a las personas más desfavorecidas, si sería capaz de privarse de algun caprichito para que otro en otra parte del mundo pueda comer.
    La sociedad nos corrompe y nos roba poco a poco la humanidad que tenemos cuando nacemos.
    Saludos Cordiales

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  2. Los niños son seres inocentes e indefensos que se alimentan y crecen con las semillas de su entorno…
    La generosidad de los niños y sobre todo la inocencia es algo que todos deberiamos conservar.
    La sociedad no nos corrompe, somos nosotros los que nos dejamos…

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  3. Las enseñanzas de Jesús (al margen de fuera un «enviado de Dios, haya existido o no, o sea todo un imaginarium popular «) son eternas y llenas de humanidad y misericordia, renovación-ampliación-desarrollo de otras antiguas. Ello no le quita ni ún ápice del valor que tienen, por tanto sagradas. La sociedad según está montada (sociedad del consumo…., más allá de las necesidades, pues éstas se crean, inventan, se venden con adecuado marketing) hace posible que consumir un caprichito, aunque inmoral, pasa a ser moral y «caritativo» al comprar, por ejemplo 30 tallas de madera hechas por un tribu «mísera» en un lugar lejano a nosotros, les estamos dando algo de pan (aunque la ganancia importante se quede en el camino), o trabajo. El mal está en que se vean obligados a fabricar/trabajar (integrarse, colonización- destrucción de su cultura…) esos objetos para cambiarlo por alimentos. Creo que me explico bien.
    El juego es sagrado, y es su forma de aprender-interactuar con los arquetipos, la naturaleza y con sus gentes, y «realizarse» como se dice ahora. ¡saLÚDICOS!

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