El inesperado vuelo


Hacía un día precioso de primavera. Los grandes bloques no dejaban respirar los pocos trozos de cielo que brotaban más allá de nuestras miradas. Sin embargo, el niño, en un tranquilo paseo hacia el Retiro, pudo contemplar, casi milagrosamente, la formación de cientos de gaviotas que migraban hacia el norte. Sus movimientos circulares, quizás mirando desde su altura la pequeñez de nuestras vidas, creaban esculturas que el niño imaginaba como peces saltando de un lado a otro de un ficticio arroyo. Me pareció extraño el obligarme a mirar hacia arriba, muy hacia arriba, sorteando los obstáculos de la calle, los ruidos, las sombras de los grandes bloques de macizo gris, para tener que contemplar un trozo de cielo azul, un poquito de luz luminosa. Antes era algo normal. Sólo tenía que mirar por alguna de las grandes ventanas que cubren con cierto decoro y amplitud los valles y paisajes. El niño también se quejaba del asfalto y recordaba con cierta melancolía bosques y ríos lejanos. El alma se seca ante tanto pavimento, empedrado, alquitrán y enlosado. Y esa sequedad puede resultar peligrosa, porque nos aleja de la vida, del sentido y la comunión a la hora de abrazar a un hermano árbol, al viento o a la plenitud de un paisaje. Quizás en mi próximo viaje traiga un poco de tierra y siembre algo en ella. Así, creeré en la ficción de que la esperanza también puede hallarse en una maceta.

2 respuestas a «El inesperado vuelo»

  1. También ha sido un día precioso aquí, en la montaña, hemos subido a S. calixto. Imagina como se ve esa sierra llena de sol y de flores silvestres de numerosos colores, como ha llovido tanto este año, todos los arroyos por pequeños que sean, pasean sus aguas cristalinas por los regajos y se pierden entre maleza, bueno como ya conoces esta zona muy bien, que te voy a contar,!QUE YA HUELE A PRIMAVERA! besitos

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  2. Hoy aquí ha salido un pedazito de SOL…

    A las cinco salí al bosque con las perras, la brisa era maravillosa, el resplandor del sol escondiendose en la lejanía del bosque era un canto a la vida.

    Se siente que tenemos cerca nuevamente la primavera; cientos de bandadas de gansos vuelan en formacion de v, dándonos una lección digna de tener en cuenta, la colaboración de unos con otros por el bien comun, los gansos comprenden el valor de trabajar juntos.

    La naturaleza es el ejemplo que la sencillez es la esencia de la vida.
    Un abrazo.

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