De gestos y promesas


A veces los días no requieren de cosas considerablemente extraordinarias. Baste un gesto, un solo gesto, para hacer de un día cualquiera, un día especial. Hoy el gesto vino de forma inesperada. Llegué a mi nueva oficina, la de correos, y a diferencia de la anterior,ésta es muy grande y está regentada por más de seis mujeres que en el turno de tarde ya empiezan a conocerme. Tanto que hoy, de forma curiosa, estaban hablando del “chico de los libros” justo cuando he entrado. Eso me ha gustado, pues tras un mes en esta gran ciudad llena de individuos anónimos, al menos ya hay un grupo de personas que toman consciencia de mi pequeña huella, de mi pequeño deambular por este lugar que va tomando luz primaveral. Así transcurren los días… de forma tranquila, sin grandes desajustes, sin grandes aventuras por países lejanos, sin grandes ni excesivos problemas… Así transcurren también las noches, deambulando en el imperio de los sueños sin más pretensión que la de seguir un día más, viviendo, sintiendo la vida.

3 respuestas a «De gestos y promesas»

  1. Dejate llevar y veras como todo tiene al final su sentido.

    Para cuando en las redes sociales (mira que suena mal eso de «redes»), el tema de venta de libros?

    Por cierto, qué ilustraciones tan bellas adjuntas siempre a tus escritos

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