Desde mi ventana


Sigo mirando por la ventana con la esperanza abierta. Estos meses he aprendido la importancia de esa palabra que ya había desterrado hacía tiempo de mi vocabulario. Por eso, por esperanza aprendí a esperar a que las cosas cambiaran, aprendí a soportar los malos momentos con la fe en que el mañana sería distinto. La esperanza me mantenía cerca y unido, a pesar de que las circunstancias no eran precisamente halagüeñas. Y ahora noto que ese aprendizaje sigue vivo, por eso, cada vez que un coche entra en mi jardín y escucho el rumor de su motor se me erizan los cabellos. Salgo corriendo a la ventana y… y sigo soñando de nuevo… Y en ese sueño hay dolor porque a veces nos cuesta aceptar la realidad, nos cuesta comprender que los silencios son señales que nos indican cosas. Pero incluso en el silencio de la noche, al menos en las noches de esta última semana, me despertaba a cada instante pensando, creyendo que todo era ilusorio y que nada había cambiado. Que todo estaba bien, que podría girar mi cuerpo y abrazar su cuerpo, que podría extender mi mano y apretar la suya. Pero resulta que su cuerpo es mi almohada empapada de sudor, de lágrimas, de pena. Resulta que cuando giro mi mano para buscar la suya solo hallo un reguero de vacíos, de amables ausencias que asisten y me asisten. Un silencio inquebrantable, un venero de empeño por creer en esa fuerza superior que mueve todas las cosas, incluidos los corazones humanos… Ayer, tras regar el jardín mientras miraba esa entrada sin puerta, me senté un rato, contemplando el vacío que separa el umbral de la calle y mi mundo. Rozaba con mi dedo un fósil que tenía a mi izquierda bordeando el árbol que sobrevivió a la obra. Mientras lo hacía… recordaba de nuevo las sabias palabras… “Dios me concedió la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar”…

3 respuestas a «Desde mi ventana»

  1. Somos muchas personas las que hemos sentido lo que tú estás expresando con tanto sentimiento sobre lo que supone estar viviendo un desamor que es grandemente doloroso y dificil de sobrevellar y olvidar porque la sensación de abandono, de desazón, de tristeza, de soledad, es demoledora y ocupa casi todo tu pensamiento y tu existencia, apenas hay sitio para más en tu cabeza. Pero, sólamente si está de Dios fructifera el amor que brotó una vez y echa raices, de otra forma, se apaga y fenece.
    Lamentablemente, en ocasiones, hay ausencias de algunas personas a las que tenemos una gran querencia, que pesan más en nuestro ánimo y nuestra existencia, que la presencia misma de otros seres humanos a los que, quizás, no tenemos tanto afecto y que, sin embargo, nos une proximidad física. Así de ingrata e injusta es a veces la vida …
    Para mí los silencios son, a veces, más elocuentes y significativos que las palabras, caen cual losas en nuestro espíritu y son verdaderamente devastadores para nuestro corazón al cual dejan rodeado como una fortaleza inexpugnable y te hacen sentirte desolada, abatida, frustrada … y tan sola …
    No obstante, pienso que, a pesar de que cuando eres sufridor del desamor, no importa que sea larga o brevemente la duración del túnel sentimental, se tienen momentos muy duros, devastadores y plañideros y sientes enorme desilusión, aún entonces hay que pensar de forma esperanzadora y positiva. A mi modo de ver, la persona que ha tenido la suerte de vivir un amor, no importa si ha sido sólamente un instante o más extensamente en el tiempo, tiene la inmensa fortuna de haber recibido las emociones y sensaciones de la creación más bella y mejor del ser humano que es el amor, aunque muchas veces no sabemos cuidarlo ni mantenerlo. Mas lo importante, es haberlo experimentado, en mi opinión y quedarnos con los buenos momentos vividos. Por ello, en vez de desanimados y malhadados, debemos sentirnos felices y agradecidos a la vida y merece tanto la pena … siempre …
    De este modo, debemos atesorar los buenos momentos que, cuando las heridas están abiertas, supuran y escuecen, pero luego nos dejan un poso de emociones, sensaciones, vivencias, alegrias, amor … De hecho, pienso yo, nos quedamos dentro de nosotros, en nuestro corazón, una parte de las personas que hemos querido a lo largo de nuestra vida, los portamos siempre con nosotros. De la misma forma que nosotros vivimos en ellos, en sus corazones y eso es maravilloso, es mi opinión.
    Como, bellamente, decía mi admirado poeta chileno D. Pablo: » … es tan breve el amor y tan largo el olvido …».
    Pero es tan bello y emocionante mientras estás inmerso en el amor, diría yo …
    Gracias, Javier.
    Un abrazo.

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