Cuarenta grados a la sombra pero de vez en cuando una agradable brisa acompañan los movimientos de mi mano derecha en el vasto campo de la actividad. En la India lo llaman el karma-kshetra, al cual se llega mediante el kshetra-gñá, es decir, el conocedor del campo, el alma espiritual.
Arriba, abajo, arriba, abajo. Mientras todos duermen su tradicional y necesaria siesta, mi mano prefiere pintar la casa, arreglar grietas, cuidar el jardín. Practicar sin descanso el karma yoga… Resulta ser una buena terapia. Compensa un poco el exceso de actividad mental con el ejercicio físico. Es una forma de que toda esa energía acumulada en la cabeza baje un poco al cuerpo y así se armonicen todos los centros.
Arriba, abajo, arriba, abajo. Hoy habré quitado unas cuantas grietas y habré pintado unas pocas paredes. Así la casa parece más joven. Rejuvenece al mismo tiempo que mi alma también lo hace. Pinto sonrisas en las paredes con la brocha mientras que en el lienzo del alma aparecen sin cesar. Ahora está todo más ordenado, más limpio, más hermoso. Como en las tres columnas de la tradición: Sabiduría, Fuerza y Belleza, las columnas Jónica, Dórica y Corintia.
Antes de empezar me he cortado el pelo casi al cero. Así el sudor del trabajo no se acumula en el cuero cabelludo y chorrea libre de entre los poros. Qué sensación más liberadora. Unión a través de la acción, o como dice el Bhagavad Gita: «Renuncia en Mí todas tus acciones y empeña la batalla libre de esperanza y egoísmo, posada la mente en el Supremo Ser»…
Pues eso… arriba, abajo, arriba, abajo… Mientras pinto, de reojo, con cierta desconfianza, miro lo que ocurre en Inglaterra, y en el mundo y reflexiono sobre ello. Porque como es arriba, es abajo, al igual que cuando la brocha sube y baja en un incesante bailoteo profundo y consciente…

Jajajaj, Javier, me encanta…pinta sonrisas…arriba, abajo…dentro y afuera…Redecora, rejuvenece…así arriba como es abajo.
Solo quería dejarte santo y seña…aquí seguimos.
Abrazo grande, grande ¡¡como de osa mayor!!
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