Ángeles


Están ahí. Me abrazan, me susurran, me miran y me guiñan el ojo. Sujetan mi mano, no la dejan caer. Se retiran en silencio. Suspiran conmigo. Atienden mis súplicas. Vacían su amor en el pecho que sujeta el cuenco del alma. Pintan lienzos hermosos. Me acompañan en los viajes. Elijen colores, perfumes, sabores para adornar el pasar de las horas. Me abrigan cuando hace frío y rozan el cabello cuando siento que algo va mal aquí dentro.

Están ahí. Me aprietan, me musitan hermosas canciones. Cierran los ojos cuando pervierto las emociones. Aprietan sus dedos contra los míos, fuerte, muy fuerte, para que pueda sentir su calor. Acuden a mi llamada. Anhelan. Compartimos. Y su sabiduría me llena de calma. Esparcen su imaginación para que siga soñando. Entonces me llevan a volar hasta lo más alto y danzamos en estrellas y soles, en mundos del hiperespacio, en dimensiones desconocidas.

Están ahí. Su aliento inconfundible resopla detrás de mis orejas. Sin dañar, suaves, me asisten cuando me convierto en larva. Y entonces se reúnen ante mi cuerpo inerte y lo elevan, lo reviven hasta convertirlo en mariposa azul. Y nunca piden nada a cambio, excepto alguna gota de optimismo, alguna sonrisa por mi parte, o simplemente, el que siga respirando, sintiendo la vida en su más extensa profundidad.

Están ahí y me dan las buenas noches cuando en la horizontal del día el sol se arruga para dar paso a la noche. Y están ahí, puntuales, cuando regresando del otro mundo, el cuerpo obedece a la verticalidad de nuestras vidas y se levanta perezoso para saborear lo maravilloso del nuevo renacer. Están ahí y me ayudan con suaves promesas, con leves gemidos de alegría y paz. Están ahí… mis amigos… los ángeles…

 

Pd. Gracias a todos los amigos que estáis ahí susurrando cosas hermosas…

2 respuestas a «Ángeles»

Replica a MARLON Cancelar la respuesta