La postura perfecta


Ayer fue una noche dura. Una noche de aceptar lo que no se puede cambiar. Una noche de dolor porque a veces hay cosas que no comprendes hasta que caes en la cuenta de que lo que ocurre siempre es lo mejor. Todas las cosas que suceden, que ya están sucediendo, no puede ser más que dirigidas desde algún perfecto orden que no comprendemos. He recibido un bonito texto que decía algo así: relájate y acepta lo que ocurre. Todo es perfecto, todo está en su mejor momento. Esa es la mejor postura, la postura perfecta, la vibración perfecta. Aceptar lo que la vida nos da, sea bueno o malo, porque siempre ocurre para mejor, para hacernos más humanos, para hacernos más generosos y sensibles con el universo.

 

Foto: ayer sentí ganas de coger la bicicleta y marcharme a un lugar solitario para meditar. Sentía que debía prepararme para estar fuerte, sentía que esa noche iba a ser eterna…

4 respuestas a «La postura perfecta»

  1. Vamos a subir a la montaña más alta que exista en la tierra, en todo el planeta y desde allí vamos a tirarnos al vacio, cuando nos encontremos volando entre las nubes, entonces hay que elegir qué hacer con tu, con nuestras vidas… con tus pensamientos… antes de llegar al fondo del destino deberas saber qué camino tomar, de no hacerlo el final será temeroso, oscuro e incierto.

    No te sigas castigando, no merece la pena… sé generoso contigo, con la vida, con las situaciones, aceptemos todo, lo bueno y malo y sigamos.

    Vas a perder todas las fuerzas, y después es difícil y complicado recuperarlas.
    Grita Javier, grita al Universo y dile que no quieres seguir por ahi, después guarda con agradecimiento todo y sigue con ilusión, merece la pena, es lo mejor.
    Te quiero amigo.

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    1. No hay límites, no lo hay… el límite lo marca cada uno de nosotros, dependemos de ellos de nuestra propia interpretación de la vida, de las cosas; nuestra mente nos gobierna.
      No hay límite… es el infinito, el propio de cada uno y su circunstancia e interpretación de la propia existencia, de la propia realidad.

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