
Llueve en La Montañay eso me hace feliz. El día gris, ese fresquito que con gusto repele el calor de estos días… Llueve, me revuelvo entre las gotas que caen partidas por el diccionario de la naturaleza. Ese olor a tierra mojada que entra por el ventanal abierto… Esas nubes preñadas de agua…
Y me recuerda la parodia de la vida, donde se abre el telón, se nos arroja a la escena de la vida y tenemos que actuar, que ser sin un guión previo. De repente descubrimos en la seriedad del drama que todo es ficción. Entonces viene la diversión y nos tomamos un descanso existencial, un descanso de nosotros mismos, de la seriedad de la vida, de su dureza y tensión. Eso ocurría hoy mientras la Tormenta volvía, mientras leía entre sus mensajes un aliento fuerte de esperanza…
Esta mañana tenía preparada la mochila cargada de buenos deseos para estar dos semanas merodeando por el Camino… Pero cuando me levanté me di cuenta de que ese viaje iba a ser una huida hacia delante, y que todo lo que soy y siento me iban a acompañar. Así que desistí, con el deseo de terminar pronto los libros que estoy preparando. Y ahora sigue la parodia, con deseo bello y sublime, a la espera, de nuevo, a que la vida se llene de milagros… Como la lluvia de hoy en La Montaña, como la Tormenta que arrecia todo cuanto soy…
Foto: gotas de lluvia hoy en La Montaña…
A mi modo de ver, a los seres humanos nos sobrecogen sobremanera los fenómenos que se desatan en la Naturaleza porque somos meros espectadores ya que asistimos sólo contemplándolos, o sufriéndolos, abrumados, no intervenimos, en absoluto, en ellos, no tenemos ningún control sobre ellos. Y podrían también, a veces, verse como un reflejo de nuestras tormentas interiores, las de nuestra alma que se agita, propalada, asimismo por los acontecimientos internos y externos que suceden en nuestra vida y que nos zozobran, sacuden y turban hasta límites tempestuosos y paralelamente a las tempestades naturales, no podemos controlar, en algunas ocasiones.
De esa forma, pienso yo, del mismo modo que la necesaria y esperada lluvia alivia y sacia la sed de la tierra, sufriente y seca en esta época del año y anhelante de agua y siempre prontamente o bien tardíamente acaba por llegar, puntual a su cita, derramándose, sólo hay que ser paciente y no azorarse.
Así, la esperada y bálsamica lluvia, en mi opinión, podría contemplarse como una anticipación para la llegada de nuestro personal maná, solaz, alivio para nuestro estado abatido, dolorido, apesadumbrado, cansino y que, como todas las cosas de la vida tiene su proceso de renovación y curación en compañía del inexorable factor tiempo que impone su caprichoso tempo a cada uno de nosotros. Pero todo acaba superándose …
Por otro lado, como bien dices tú, no importa cuán lejos viajemos para poner distancia a aquello que nos atribula y de lo que queremos escapar, olvidarnos, ya que lo portamos dentro de nosotros y no podemos zafarnos de ninguna manera.
En este sentido, hace algunos años hice amistad, que hemos conservado durante años, con un americano que coincidió conmigo en un curso en una Universidad de Italia. Pues bien, mi inteligentísimo amigo C., suspendió el curso anticipadamente y regresó precipitadamente a los Estados Unidos debido a que sufría una enorme añoranza de su amor. Yo le dije que nunca había estado allí, en Italia ya que su mente todo el tiempo estuvo en S. Francisco al lado de su amor … y allí voló …
No obstante y a pesar de la enormidad de la tribulación, del dolor, de la extenuación, del abatimiento, del malhadado momento, impasse en el que nos podamos encontrar, en mi opinión, siempre acaba saliendo el sol y nunca podemos olvidar de que el día sucede a la noche y que la luz derrota a la sombra, a la negrura … siempre.
Muchas gracias, Javier, y mucho ánimo.
Un abrazo para todos.
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