Hace un mes


Hoy hace justamente un mes que abandoné Madrid después de casi un año de periplos por esa ciudad. Me he exorcizado de mis demonios en treinta días que han parecido un infierno interminable. Me he quedado con la embriaguez del corazón, con la lentitud espantosa de la limpieza del alma. Rabia sí, mucha rabia, porque cuando pierdes un tesoro en alta mar y ves como se te escapa de entre las manos sientes una rabia inmensa. Pero con el paso del navegar empiezas a aceptar las cosas e intentas comprenderlas. Y entonces nace el orgullo, un interminable orgullo que pretende mirar hacia delante de forma arrogante, como si el pasado no existiera, como si la brevedad de la que gozamos ante la felicidad inmediata tuviera irremediablemente que vérselas con nosotros.

Mi escenario no era posible en la vida real… Hoy me lo han recordado. Si hay un ápice de entrega incondicional no hay tonos grises, no hay indecisión, no hay espera, ni orgullo. Y si el orgullo es mayor que el amor entonces no había amor, había otra cosa, quizás capricho, instinto de cacería, asqueo. No puedes volver atrás si te domina el cansancio y prefieres una vida tranquila. Por muchas veces que nos busquemos a nosotros mismos muchos escenarios no son posibles en la vida real a no ser que la magia reine en nuestras vidas, o lo milagroso.

Ahora toca gozar de esa dulzura discreta a la hora de ahogar la tristeza con desprendimiento, con serenidad, delicadeza y rectitud. La felicidad es un reloj que marca las horas despacio, escuchando cerca el tintineo que viene de sus anclajes. Hay personas que sufren por no saber querer, otras que sufren porque no las quieren y otras que lo hacen porque cuando las quieren, se molestan. Y el reloj pasa, y marca el mediodía mientras se encamina irremediable hasta el septentrión. Pasan las horas que hoy, como hace justamente un mes, contaba una a una. Y al parecer, mi escenario mágico, milagroso, no será posible en la vida real… Es una lástima, porque era hermoso, profundamente hermoso. Pero quizás, como pensaba Benjamín Constant: “en el fondo, mi vida sólo está en mí mismo”… y no en el mundo real…

4 respuestas a «Hace un mes»

  1. Cada tesoro es irrepetible y su pérdida una lágrima. Por ello tenemos dos ojos: al menos uno debe quedar despejado de la humedad que nubla.
    Pa’lante es, quizá, la expresión más bella que no aparece en los diccionarios.

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