El regreso de Abu


Ella ya no estaba aquí. Había un cuerpo que se movía frágilmente, consagrado a la soledad de una silla de ruedas, hiriéndose en las rejas de la incertidumbre, compartiendo algo de oxígeno en una de esas residencias que parecen aparcamientos para personas que esperan su viaje final.

Siempre fue un ser excepcional, elegante, madre excelente y abuela ejemplar. Me gustaba cruzarme con ella en las calles de Barcelona y comprobar su fortaleza, su integridad, su seguridad ante la vida en la que vivió por casi un siglo. De pequeños la respetábamos y de grandes la admiración por su vida seguía intacta.

En agosto la visité dos veces en la calurosa Sevilla. Pero no era ella, al menos no era aquella alma que suspiraba con frecuencia entregándose al orgullo de haber vivido una vida larga, cargada de impresiones y experiencias, de nostalgias y emociones.

Sus nietos le hablaban, la besaban, la abrazaban como podían, pero ya se había marchado. Así que cuando la semana pasada abandonó definitivamente su cuerpo me alegré. El fino hilillo de plata se rompió. Se quebró el último aliento despejando el camino. Su átomo simiente se elevó a otras esferas con una mochila cargada de experiencias, de enseñanzas, de sabiduría que quedaría impregnada para siempre en sus membranas atómicas. Murió su cuerpo y su ego, pero la esencia de todo lo vivido se marchó con ella en una cápsula diminuta, invisible al ojo humano.

Sentí cierto gozo hacia eso que llamamos muerte, cierta liberación y regocijo. Intenté inútilmente llorar sobre su cadáver, pero sólo me salían muecas atrevidas, sonrisas y una profunda alegría interna. Ahora descansa en paz, ahora sigue su viaje, su camino. Ahora se aleja por un tiempo de los avatares del sufrimiento para perseguir un nuevo proyecto, un nuevo trabajo en otras esferas. Misión cumplida y un nuevo porvenir que empezó ya hace tiempo. Me siento feliz por su muerte, perdón, quise decir por su regreso al periplo cósmico.

 

(Foto: la última cama de Abu, la abuelita de mis mejores amigos, de mis hermanos… también, por lo tanto, mi abuelita querida).

2 respuestas a «El regreso de Abu»

  1. Hermoso texto! La muerte no es el final, es sólo parte del camino.
    Me encantó esta frase final: «Me siento feliz por su muerte, perdón, quise decir por su regreso al periplo cósmico.» ¿ Por qué duele tanto la muerte? qué bonito sería entenderla como un viaje feliz…así la celebran en Hawai.

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