Todos los días son milagrosos… todos los días ocurren pequeñas cosas que hacen única la existencia… Ayer, mientras daba de comer a las hormigas que se han instalado en mi cocina y observaba su comportamiento a la hora de organizarse de forma asombrosa para rescatar ese trozo de magdalena gigante que de repente había caído como maná del cielo, pensaba en como la naturaleza se organiza a todos los niveles de forma asombrosa, increíble. Cualquiera que me viera tumbado en el suelo, viendo a cientos de hormigas correr de un lado para otro de forma organizada, pensaría que estoy como una cabra con cencerro incluido… Como últimamente me tomo muy en serio eso de la práctica de la ahimsa, iba recogiendo las hormiguitas y dejándolas en algún lugar del jardín con la esperanza de que abandonaran la cocina, a pesar del buen servicio de limpieza que me hacen al recoger todo tipo de migas (principalmente migas de galletas y magdalenas, que es en lo que se basa mi dieta principalmente)… Pues lo milagroso resultaba de la observación hacia esa unidad en la que vivían, todos a una, como un conglomerado armónico y para nada fragmentado que en unidad se disponían a arrancar hasta el último trozo de maná-magdalena.
Y en esa unidad estaba pensando cuando de repente esta mañana sonó el teléfono. Era una mujer que deseaba comprar un libro… Me dijo su nombre y el corazón me dio un vuelco. No dije nada hasta que no me dio el nombre del libro que deseaba comprar a lo que yo contesté, para su sorpresa y arriesgándome a equivocarme: “el libro de tu amigo Javier León”… A pesar de que habían pasado más de veinte años, pude reconocerla. La última vez que nos vimos le prometí que siempre le escribiría una carta, al menos una carta al año. Y eso hice durante casi veinte años por Navidad, hasta que en 2008, mientras vivía en Alemania y escribía la última tradicional postal de Navidad a los viejos amigos, sin saber porqué, las cogí todas y las lancé al fuego de la chimenea sin volver a recuperar esa hermosa tradición. Y cuando hoy M. me lo ha recordado diciendo que todos los años esperaba con alegría esa carta, esa postal, me he emocionado, y he visto que la unidad no se ha perdido. Pueden pasar años, eternidades, pero hay algo que nos une, un lazo misterioso que nunca muere y que, como ocurre en el increíble mundo de las hormigas, nos mantiene cohesionados y vivos. Quizás este año vuelva a retomar mi promesa, y siga alimentando el lazo místico del amor humano. Gracias M. por tu llamada… Nunca imaginamos hasta donde puede llegar la verdadera amistad…

En una ocasión le dije a una amiga que no tuviera reparos en expresar lo que sentía, lo que pensaba, porque nadie, absolutamente nadie, era exclusivo en pensamientos y que, por tanto, siempre habría alguien que entendería su sentir.
Esto viene a que es increíble como desde que entro en este blog me encuentro con personas que han vivido, sentido, pensado… situaciones análogas a las mías, aunque sean pequeñeces cotidianas que van conformando el seguir de la vida diaria.
Al final, resulta que todos estamos más unidos de lo que, en principio, parece.
Buenas noches 🙂
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Supongo que esa ley universal de la afinidad hace que lo afín atraiga a lo afín… Hay una gran familia de almas ahí fuera, y cada vez se reúnen en alguna especie de comunión espiritual, por llamarla de alguna forma…
besitos i bona nit…
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Bona nit 🙂
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