Vientos otoñales, soplos desde la estepa



Me comentaba la amiga Y. que cuando el viento otoñal, según la sabiduría china, sopla sobre las estepas de nuestras almas y estos se juntan con los desequilibrios de la vesícula, aparecen brotes de agresividad e ira contenida que desean salir como sea. No lo había pensado, pero llevaba unos días, desde el viernes, con un ataque de ira incapaz de controlar. No sé si me habían poseído los siete jinetes del Apocalipsis, o la luna creciente de libra me estaba afectando a los “yoes” o la bilis se había transformado en ajenjo y azufre.

Los que me conocen bien saben que por norma disfruto de un carácter amable y pacífico, quizás un carácter marcado por ciertos halos de rabia por las injusticias de cualquier tipo, ya sean sociales, universales, personales, emocionales… La rabia actúa a veces como ese fuego purificador que desea destruir lo añejo, lo injusto. Y a veces creo que funciona siempre que sea un fuego controlado donde se vayan echando a sus llamas los espectros del pasado o las amarguras y grilletes de lo inicuo.

Al parecer, estos días han sido una procesión de leños que iban a la pila depuradora. Un leño verde, un leño seco, un leño podrido. Todos dentro, pagando las tributaciones y las tribulaciones que la vida nos pone delante.

Así que ahora, de nuevo, otra vez, una vez pagado el peaje, toca mirar hacia delante. Con fuerza y optimismo, con energía renovada para seguir caminando en esta pequeña mota de polvo estelar. Toca rendir homenaje a la triple llama, a las voces que se alzan sobre las colinas y siembras, sobre las veredas verdes y los floridos caminos. Dejaré que la divina música golpeé de nuevo las brasas del abismo para ser transportado en arrebato hacia las cumbres sabias. El verbo poético, que venga a nosotros de nuevo, y nos posea el espíritu de la comprensión clara y sucesiva. Que el Misterio siga los avatares del trono milagroso. Que la dulce sonrisa haga temblar al corazón frío.

Suspiro… suspiro… suspiro… para que los vientos otoñales limpien la estepa clara y deliciosa de este lobo que canta de nuevo a la rosa, a lo frondoso, al campo, al céfiro poniente, al susurro… Ofrezco de nuevo mi corazón a cambio de mi pobreza… ¿Dónde estás de nuevo, hechicera?

6 respuestas a «Vientos otoñales, soplos desde la estepa»

  1. ¿Dónde estás de nuevo, hechicera?

    Un título precioso para un nuevo libro.

    Si te vuelven a hechizar, cuando despiertes no serás tú, mejor quizás que tu seas el hechizador…

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