Suena el Dixit Dominus del barroco Vivaldi. La música, como el baile, es una buena forma de descubrirse a uno mismo, a nuestros sentimientos, es una manera de alabar la grandeza de Dios. Como esta mañana mientras meditaba frente a frente con Joaquin en su maravilloso y particular jardín del Morya. Había un coro de ángeles que anunciaban el ritmo del océano, el esbozo de la luz, la música suave de la verdad que caía sobre nosotros en ese manto otoñal. Dejábamos atrás los ríos moribundos de esas cosechas estériles para abrirnos paso, estrecho paso, hacia los matices del corolario átmico. Frente a frente, con los ojos cerrados para que pudieran abrirse los ojos del alma mientras recitábamos de memoria la Gran Invocación rematada con tres acertados ommmmmmssssss…
Desde allí contemplábamos la grandeza de todo cuanto existe, y veíamos con claridad esas palabras contundentes que dicen: “He aquí Señor, toda mi vida consagrada a tu servicio”. No sonaban extrañas en ese jardín pues así resuenan en cada ápice de átomo, en cada árbol, en cada rosal, en cada caña de bambú consagrada. Y esas semillas me acompañaron en todo el camino de regreso a casa. Comprendía en la vuelta fulminante que al final, cuando la claridad se instala en nuestra mente, solo cabe seguir un camino: el camino del corazón.
El razonamiento es fácil. La mente analítica solo desea comprender, y en el análisis, comete errores y desvía el rumbo de nuestras vidas pensando que quizás este o aquel camino serían los más indicados y certeros. Escucha a uno y otro consejo, escucha a una y mil voces que claman a la vez una dirección. Y en ese ruido olvida el camino.
Pero cuando la mente es calmada con la píldora somnífera del silencio, de la meditación profunda, entonces el camino se ve claro, y uno termina siguiendo las huellas del corazón, la gloria que proviene de lo más alto de nuestro ser.
Por eso ahora suena el Dixit Dominus: el Señor dice, la palabra del Señor, entendiendo Señor como aquello más elevado de nosotros, aquello que llena nuestras vidas de verdad y honestidad, de alabanza y agradecimiento por la luz.
A veces hay caminos que resultan incomprensibles vistos desde nuestra perspectiva presente y limitada. Solo una realidad amplia puede dar explicaciones a esas decisiones que provienen del alma. Por eso gloria in excelsis al Dixit Dominus. Porque la morada de los dioses puede estar en jardines, miradas y meditaciones, y pueden conducirnos inevitablemente hacia el correcto camino, ese que nos acerca a ser capaces y atrevidos con aquello que es la vida en amor, que es la mayor riqueza para aprender a mostrarnos exhaustivamente generosos.
(Foto: Desayuno angélico en casa de Joaquin).

Bon dia Xavi!
DEberíamos conectarnos todos los dias a una hora concreta para recitar juntos La Gran Invocación
🙂
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Me apunto querido Joaquin a esa conexión.
Te mando todo mi afecto y mi gratitud por ese hermoso encuentro que habéis organizado en favor de Colores. Ojalá cada año seamos más las personas que apoyemos vuestra labor, desde aquí, desde allí. No importa el donde.
1 abrazo fuerte Joaquin.
Jaime
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Podría decirte que lo entiendo; incluso escribir una respuesta con aspecto coherente. Pero no entiendo nada, aunque es cierto que me gustaría.
Un fuerte abrazo.
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Es muy sencillo… un grato momento con un grato hombre… Vamos, unos días hermosos con Joaquin, con el que he compartido buenos ratos…
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Todo esto esta muy bien pero de verdad si no lo sientes no eres capaz de llevarlo a a práctica.
Pero en muchas ocasiones no es necesario refugiarse en que tipo de cosas o creencias para tener luz en tu vida, en tu propio camino.
Porque uno debe ser capaz de encontrar su propias vivencias, su propia luz en su camino y seguirla, esa luz la tenemos todos, unos necesitan refugiarse en esas formas de ver y actuar y otros no lo necesitamos porque nos sentimos llenos y con gran gozo sin necesiad de meditar, sin necesidad de recitar ningún mantra…
Hemos aprendido que lo sencillo, lo mas sencillo de nuestra propia existencia se encuentra en nuestro interior y queremos creer que nuestra luz es la que nos conduce por el verdadero camino de la vida, porque antes de pensar asi hemos batido records de incertidumbre, de vacios y penumbras y por fin hemos descubierto nuestra verdadera paz.
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Estoy de acuerdo contigo en la búsqueda de la sencillez, pero que gran momento sencillo y hermoso que la de poder compartir un rato de meditación… La meditación es como cuando vas a desayunar con un amigo… pero en vez de alimentar al cuerpo físico, alimentas el cuerpo espiritual, y si eso se puede compartir con un pequeño mantra, tres om en un bonito jardín y con un amigo del alma, pues la felicidad es completa… 🙂
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Totalmente de acuerdo, un amigo es un tesoro y de los grandes, y con un amigo de verdad uno puede compartir casi todo…
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