Algunas palabras sobre la lealtad


Esta mañana he salido muy temprano a pasear por el bosque cuestionándome cosas que me planteo estos días con cierta seriedad. ¿Qué es la lealtad? ¿Es lealtad decir a la persona que quieres lo que quiere escuchar? ¿Es lealtad la adulación y el agasajo barato con tal de que esa persona se sienta confortable, aunque esté a punto de estrellarse contra un abismo? ¿Es lealtad estar ahí para lo bueno, pero desaparecer cuando las cosas van mal? ¿Es leal aquel que imprime en nuestras vidas mentiras con tal de seguir un rato más a nuestro lado? ¿Es leal aquel que se deja arrastrar por lo epidérmico, por encima de todo y de todos, sin tener en consideración lo profundo de una relación? ¿Es leal aquel que te coge de la mano para luego dejarte caer desde lo más alto? ¿Qué es lo verdaderamente leal en los tiempos que corren? Llevo semanas planteándome la importancia o no de la lealtad en las relaciones humanas, quizás porque en los últimos meses he sentido de nuevo cierta decepción con algunos hechos que imprimen desconfianza y cierta desidia.

Es cierto que siempre debemos salir al encuentro de los demás con las manos llenas de amor y cariño sin esperar nada a cambio. Pero a veces es inevitable sentir cierta pena cuando en vez de recoger los frutos que se ofrecen en dichas manos estas son arrancadas o mancilladas con desagradable intención. Aún así, la responsabilidad moral, la verdadera lealtad, está en permanecer impasibles ante el desconcierto aparente. El amor hacia los demás debe manifestarse inclusive en aquellos momentos donde la rabia y el desconcierto parecen apoderarse de nosotros. La ceguera propia de esos momentos no debe impedir que el afecto y el cariño continúen… La lealtad se medirá por estar siempre ahí, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe…

4 respuestas a «Algunas palabras sobre la lealtad»

  1. Cierto lo que dice Celia, que está en Canarias: la primera lealtad, es, hacia nosotros mismos. Hacia nuestros propios principios.

    Si yo me creo digno, no puedo pensar, por lealtad, que nadie me arrebata nada de las manos. Si quiero preservar algo valioso no lo llevo expuesto y, si siendo valioso lo expongo, soy consciente de que lo ofrezco voluntariamente.

    Cuando esto no es así pasamos a hablar de empresas; no de relaciones, tan ajenas al trueque.

    En la intimidad podemos mugir como toros castrados, incluso aprovechar el hombro solidario de un amigo. Pero la arquitectura debe permanecer entera sin nada que reprochar. Ya la aventura de lanzarse al encuentro merece mutuo respeto; cualquier resultado, aun más.

    ¡Canarias! ¡Qué ilusión! Tanto tiempo sin vivir ese mar continuo. La última vez me vine sin arena volcánica del Teide: no coleccionaba todavía tierra sagrada.

    Un abrazo, Javier.

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  2. Cuando nos hacemos preguntas sobre la lealtad suele ser a raiz de algún desencuentro con alguna amistad o persona especial en nuestra vida.

    Hay que darle la importancia justa porque si esta persona que se siente decepcionada, o el decepcionado eres tú, es inteligente y te quiere o aprecia, sabrá siempre que el decir a todo amén no es la verdadera lealtad.

    Cuando aparecen las dudas sobre lealtades es porque otra cosa no funciona, porque ha habido un malentendido (siempre subsanable) o porque no se ha hablado lo suficiente o escuchado de la manera adecuada.

    Podemos estar dispuestos, siempre, a dar acciones amorosas, pero si no son bien recibidas deberemos esperar y dar un tiempo. Si la amistad es fuerte, honesta y de cariño el tiempo y la voluntad lo solucionarán.

    Un abrazo para todos (te copio Nefertiti 🙂 )

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