La vida milagrosa


A veces la vida puede ser milagrosa, no porque ocurran grandes cosas, sino, quizás, porque no ocurra nada especial. Tal vez un pequeño paseo, una llamada, dar de comer a los peces, escuchar música, respirar profundamente y sentir la vida dentro de nosotros, y fuera, también fuera…
A veces la vida puede ser milagrosa, no porque seamos extremadamente pobres y ricos, sino porque soñamos que todos son extremadamente afortunados en sus grados y condiciones. Podemos recordar a los más necesitados y sentir su dolor, su hambre, pero también su esperanza y su valentía por despertar un día más.
A veces la vida puede ser milagrosa, porque sabemos que cada día puede ser un buen momento para reaparecer en protagonismo, para congratularnos de lo que somos y de lo que aspiramos, por sabernos partícipes de algo mayor, de algo inmenso, de algo extraordinario.
A veces, la vida es milagrosa, porque somos capaces de bailar con ella incluso en los momentos más difíciles… Aleluya…

Pd.- Estamos vivos… ese es el gran milagro…

4 respuestas a «La vida milagrosa»

  1. Siempre he pensado que, simplemente con estar vivos y gozar de buena salud ya tenemos mucho que agradecer ya que hay otras personas que no son tan afortunadas como nosotros porque ya no están aquí o bien porque se hallan enfermos.
    Además, creo, que casi todas las cosas buenas de la vida son gratis y a disposición de las personas que quieran y sepan apreciarlas y disfrutarlas. Me refiero a la felicidad que, en mi opinión, todas las personas felices la llevan principalmente en su interior, en su idiosincrasia y por contra, la gente desdichada también de alguna manera lo es de forma innata.
    Pues bien, la felicidad, la serenidad, la risa, la sonrisa, el buen amor, la amistad, el sol, la luna, las estrellas, el mecer del viento en los árboles, el arrullo del agua de la fuente, el trino de los pájaros … todo ello y más cosas preciosas, son gratis y están allí al alcance de casi todos.
    En este sentido, esta misma mañana he tenido la grandísima suerte, una vez más, de poder pasear por el precioso parque de mi ciudad que ha sido siempre mi particular terapia sosegadora y curativa de las dosis de tribulaciones, decepciones, tristezas y algún momento de enfado y crispación que haya podido yo tener como todos los demás mortales y me ha ayudado a mantener la cabeza y la dignidad en su sitio.
    A pesar de que podamos estar pasando momentos bajos, nunca debemos de dejar de saborear los buenos momentos y agradecerlos para seguir teniendo esperanza y continuar hacia adelante.
    Esta mañana, lucía el astro rey en todo su esplendor en un cielo azul maravilloso y he disfrutado de un hermoso momento de felicidad, siendo yo plenamente consciente de ello. Observaba la maravillosa orquesta otoñal de colores ocres, anaranjados, amarillos y verdes en los árboles, el canto de los pájaros, el rumor del agua de la fuente, y me he deleitado del sosiego, la soledad y el silencio que envolvía en ese momento al parque, prácticamente sin gente y me he sentido plena y en paz paladeando ese momento único e irrepetible.
    Podría parecer que tengo tan poco … pero lo cierto es que poseo tantísimo … Gracias, una y mil veces, Dios.
    Mil gracias, Javier, por tu bonito texto.
    Un abrazo para todos, especialmente para la buena gente.

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