Es el título del libro que estoy leyendo, regalo de dos buenas almas que con sus caricias están recreando en este nuevo tiempo una esperanza nueva. No deja de ser curioso como las historias pasadas, incluso las más remotas, influyen continuamente en nuestros actos presentes. Miedos, temores, dudas, recelos, aprensiones… Hay tanto que pulir ahí dentro. El libro parece ser una guía para despertar en nosotros ese interés en pulir nuestras relaciones amorosas.
Hoy venían Isabel y Antonio para traer unas cosas desde Sevilla. Ayer estuve a punto de comprar una gran maceta para decorar con vida vegetal el salón. Pero al final no lo hice. Y hoy Isabel y Antonio se presentaban con una gran planta gigantesca preciosa y toda vestida de verde como regalo para la casa. Me he quedado algo de piedra por la sincronía hermosa. Han estado en casa compartiendo una rica merienda con chimenea, algunos acordes de guitarra y una rica meditación para completar el encuentro. Hablaban de la sonrisa… “Lo que más nos gusta de venir a tu casa es tu sonrisa”… Me he sentido ciertamente halagado y coqueto. Especialmente ahora que mi sonrisa es pura, alegre y feliz. Traspasaría a cualquiera porque la armonía ha vuelto de nuevo a mi vida, y eso, de alguna u otra forma se nota.
Y mientras meditábamos y escuchábamos la guitarra que tocaba uno y otro y merendábamos y sonriamos, me daba cuenta de que ya no deseo temer al amor. Sólo deseo hacer lo que he hecho hoy desde el corazón: sonreírle. Todo lo que puedo hacer es abrirme a él, con exceso, con locura, con arrebato y desesperación… como decía Julie de Lespinasse a su enamorado. Es lo único que deseo… sin miedos, sin forcejeos, sin manipulación… Sonreír al amor desde la complicidad y el compartir, desde la generosidad y lo amable… El alegrarme infinitamente cuando sabes que hay alguien que está ahí, pendiente, y toma la increíble iniciativa de cuidar hasta el más mínimo detalle para que todo esté bien… Y todo está bien, en armonía, en total y plena armonía…
(Foto enviada desde Mount Abu, India, por Joaquin)

Esto no necesita más comentario… solo una 🙂 !!!
Un beso y me alegra tu alegría!
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Me encantan las sincronías. Y si, además, son hermosas y llegan acompañadas de buena gente, ufff, suelen arrancarme alguna sonrisa.
«Hablaban de la sonrisa» Hay que sonreir más, reir más, Javier. Se nos olvida y hacemos mal.
Celebro que hables de la armonía y de que esté presente en tu vida. Se agradece y se nota. Ayuda en todas nuestras acciones, nuestros pasos, pensamientos…
Belleza y armonía, i m p r e s c i n d i b l e s.
Las corazas que vienen acompañadas de los miedos sirven, por un tiempo. Sobre todo porque las necesitamos en «otros» momentos. Pero hay que volver a guardarlas, ponerles anti-polilla y seguir arriesgando, caminando, viviendo, amando.
No hacerlo implica perderse tantas cosas bellas [y dejar de sonreir, que ya sabes que está prohibido ;-)]
«Todo está bien en mi mundo» (el tuyo). Me alegro.
Abrazos.
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Se me ha borrado el comentario. Cachis!
Intento resumir:
Risas y sonrisas, bien!!! Hay que incorporarlas, definitivamente, a nuestras vidas. Belleza y armonía. I m p r e s c i n d i b l e s.
Me encantan las sincronías. Cada día más.
No podemos vivir con miedos. Hay que guardar los escudos que les acompañan (en el armario con antipolillas), lo más rápido posible, y volver a lanzarse al camino. No hacerlo implica perderse todo lo bueno que nos está esperando.
Celebro que todo esté bien en tu mundo. 😉
Abrazo.
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