Concierto otoñal en Do Mayor


La luz tenue. La chimenea alimentada. El tacto suave de las cuerdas. La música, algo de música. La atención perruna al máximo. Buen público, educado, respetuoso, entusiasmado por sonidos que nunca antes habían escuchado. Todo el jardín verde por las lluvias otoñales ahí fuera. Y rebosante de flores blancas y amarillas. El olor a tierra mojada mezclado con los humos que salen por encima de los tejados andaluces. El silencio, indicativo de que todos están recogidos alrededor de los braseros. Los peces deambulando de un lado para otro en su fugaz océano.

Un buen momento para invocar a los espíritus de la naturaleza. Para ver como los duendes del jardín van de un lado para otro, afanados por perseguir el orden estacional. Para responder a la llamada de los adentros con sigilosa melancolía, despejando los remordimientos, atentando a la conciencia para que dirija el alma, suplicando que todo lo que ocurre y ocurra sea para el mejor de los proyectos. Las almas sagradas, los senderos sagrados, los arroyos cristalinos en las mesetas y los ocasos donde las ramas gimen y las aves de grandes alas salpican el cielo y sus celestes entrañas.

Ya llega la noche, anhelando paz, suplicando auroras en los valles arados por la emoción mística de la suma. Ya llega el alma, despojada de errores y martirios, ataviada con su entraña blanca y pura. Ya llega gozada en quietud, arrebatada, en torno a las hogueras del fuego extático. Ya llega la dama blanca, suplicando obertura por la alineación celeste…

 

6 respuestas a «Concierto otoñal en Do Mayor»

  1. Vaya cosa bonita de foto. Me gustan las dos, pero la de los perros mirándote y escuchándote, con esa atención que va más allá de la imagen, me ha impresionado. Qué ternura, amor, fidelidad. No sé si tendrás, alguna vez, mejor público 😉
    La magia vaga por el aire, acompañada de la chimenea y de esas notas que han dejado inmóviles a tus nuevos amigos.
    Besos,
    Sonia

    Me gusta

  2. No ha huido el dolor, ni huirá, Javier, por los secretos caminos de la noche.
    No podemos vivir como Sísifos incapaces de abandonar la roca y romper el círculo.
    Quizá ahí esté la enseñanza, y no haga falta que el pelota sumiso del Visir venga a explicártela.
    No sé, quillo. Tú mismo.

    Un fuerte abrazo solidario.

    Me gusta

Replica a Isabel Cancelar la respuesta